Si ascendemos desde la capital soriana hacia los vecinos valles de los Cameros riojanos, antes de superar el paso de Piqueras iremos observando a medida que vamos cogiendo altura como a nuestra diestra y siniestra, entre la Sierra del Alba y la de Tabanera, se van conformando unas exquisitas dehesas donde, desde la noche de los tiempos han pacido todo tipo de ganado. Hoy nos toca ir a recorrer parte de una de estas, cuya historia se remonta más de 700 años, teniéndose constancia documental de ella allá por el año 1367 (año concreto de1329) a través de un litigio en el que tuvo que dirimir el por entonces monarca Alfonso XI de Castilla, sentenciando la propiedad de la dehesa “Mata” a favor de los pobladores de Cardos, Pipahón, San Andrés y Almarza, aldeas las dos primeras ya desaparecidas. Haciendo constancia de que por aquel entonces en los pueblos de Castilla y León, las dehesas boyales eran exclusivas del marqués o conde de turno, no de los vecinos.
Si bien hay constancia de su dominio privativo desde las primeras décadas del siglo XIV, mis entendederas me hacen reflexionar sobre una vetustez bastante anterior, toda vez que estas tierras por las que se pudo transitar fácilmente, a bien de su excelente y milenaria calzada romana que comunicaba el puerto fluvial de Vareia (Varea/Logroño) con Numancia (Soria), sirvió en tiempos de la mal llamada “reconquista” a llegar a las tierras de Magaña, Tera y Almarza los ejércitos del Reino de Pamplona en el año 976, situándose la línea fronteriza con el sarraceno al sur de las mencionadas poblaciones. La denominación de Almarza no puede ser más “arabesca”, pudiéndose traducir como ”Al puerto” o “tierra de pastos”, con lo que cualquiera de las dos definiciones nos valdría en este caso.
Por lo referenciado no sería muy difícil que ya a principios del siglo XI estuvieran sus tierras repobladas, bien por gentes venidas de tierras vasconas o de tierras segovianas (muchos de los pueblos de la zona tienen nominaciones relacionadas con Sepúlveda, Pedraza, Ayllón, Arévalo, Cuellar, etc.). Y esa repoblación conllevará la existencia de dehesas comunales o boyales donde pacer los ganados, con los consabidos pleitos entre las poblaciones por los lindes (antes menos definidos que ahora). Por lo que muy posiblemente ya se estarían aprovechando estos pastos durante el 1270 cuando el “Sabio” rey Alfonso X elaboró el primer censo de Soria, justo 151 años después de que “Batallador” Alfonso I de Aragón (1119) tomara estas tierras y fundara Soria como cabeza de una extenso alfoz (hoy convertido en la Mancomunidad de los 150 Pueblos).
La dehesa “Mata”; una de las que más historia y fama tienen en la provincia de Soria; destaca no solo por su especial naturaleza, también por la singularidad de la propiedad “bien de propios”, otrora de cuatro localidades hoy solamente dos Almarza y San Andrés de Soria, las otras fueron secuela de la despoblación como ya he comentado. Peculiaridad que se ha convertido en señera identidad de ambas poblaciones, que conjuntamente custodian (los años pares San Andrés y los impares Almarza) una centenaria “Arca” de nogal donde guardan los históricos documentos, litigios, dispensas, privilegios y vicisitudes que atañen a esta dehesa boyal. Arcón que es festivamente intercambiado entre ambas poblaciones desde tiempo inmemorial, cada 6 de enero (día de los Magos de Oriente) en el paraje de Cantogordo (linde entre ellas).
El actual cofre o baúl es del siglo XVIII, estando su peculiaridad en la férrea cerradura que se diseño para ser abierta con dos llaves (una para cada población). Que idénticas pero inversas (simetría de espejo) deben de usarse al tiempo y en dirección inversa para que la cerraja se desbloquee y permita su apertura. Siendo de esta forma y manera como se custodian los legajos en ella custodiados por siglos. No teniendo conocimiento hasta el momento de la existencia de un proceso así en toda la geografía hispana, por lo que se le puede catalogar como único.
El ilustre y controvertido arqueólogo soriano Blas Taracena fue de los primeros que relacionó hace más de 80 años parte de los 107 documentos en ella custodiados, a los que se ha añadido en 2024 uno más: el plano mapa de la “Dehesa Mata” elaborado por Carlos Sanz y Juan Ramón Muñoz (que yo expongo como cabecera de las fotos de este enclave) con los topónimos singulares de la zona proporcionados por los avezados abuelos del lugar, verdaderos conocedores del terreno.
Y después de esta ocurrente e inexcusable introducción histórica que no todos los lugares tienen la suerte de poseer, nos introducimos en la fructífera y nutrida dehesa pródiga en lugares de pasto para ganados, como en recursos forestales: leña, madera, etc. así como otros productos naturales: setas y frutos silvestres, completando toda una gama de acervos de los que se han valido y aun hoy se sirven los habitantes de la zona, como forma de completar su medio de vida, formando una parte importante del peculio de estas gentes.
A tan solo 23 km. al norte de la capital soriana se sitúa este esplendido trozo de naturaleza donde la mano humana ha intervenido bien poco (y si lo ha hecho ha sido de forma sostenible), trasladándonos un espacio de caprichosos lugares en un entorno paisajístico y visual de primer orden. Con una apreciable extensión de 1015 hectáreas y lindando con las recién nacidas aguas del inmediato río Tera, su morfología al contrario de la ya relatada Dehesa de Vilviestre de los Nabos o la de Arguijo que próximamente relacionare a través estos párrafos, asentadas sobre zonas llanas, esta se dispone en una ladera que cubre un desnivel de 500 mts. desde los 1170 a su entrada hasta los 1637 que tiene la mojonera próxima al Alto de Tabanera, su punto culminante.
Al acceder a ella (PK. 250,5 de la N-111) veremos el rustico cartel indicativo de la Ermita de los Santos Nuevos (sin saber hasta esta fecha a que santos modernos o noveles se refiere), benditos mártires trasladados de la iglesia de “Los Santos” aldea despoblada ubicada en las proximidades del vecino pueblo de La Póveda. Dejando a mitad del camino a diestra un majano coronado en cruz, sobre el que asignan la piadosa “leyenda de un caballero” y su porción de carne. Y ya antes de llegar junto al inicio de una rampa; que nos deposita en la “ingente iglesia“, pues el edificio es mucho más que una simple ermita; cruzamos por una bucólica fuente con bancos-merendero.
Es desde esta ermita-santuario de donde parte el itinerario que vamos a realizar, en una espléndida y fresca mañana de otoño, a través de amplias praderas, espesos rodales y bosquetes de robles, así como atractivas zonas de verdes pastos y acebos. La ruta comienza en leve ascenso para al poco traspasar la "Portilla del Aydilllo", desde donde acometemos una más fuerte pendiente por un camino pedregoso de aproximadamente un kilómetro, desde el que nos desviamos a siniestra en ir a la búsqueda de un “haya” de cierto porte, cruzando por medio mitad de un intrincado y espinoso bosquete. Una vez
encontrada, retornamos a la senda principal para continuar la ascensión por entre un buen rodal de acebos, culminando la cuesta en el “Portillo Somero”, donde al parecer existe un “cache” para los practicantes del “geocaching”. Nos rodean unos buenos ejemplares de robles rebollo “quercus pirenaica”, considerados de los más vistosos de estas laderas sorianas,Salimos del bosque ya tomando dirección sur y camino de regreso, con la impresionante estampa de un fornido roble, sirviéndole de fondo las siluetas de las Sierras del Alba y del Madero con el omnipresente Moncayo sobre el horizonte. Observando en el descenso un par de arbustos bien cubiertos de muérdago, para no tardando llegar a la zona de la Mesilla. Siendo aquí donde nos detenemos para visitar un refugio de pastores conocido como "Choza de la Mesilla", una construcción circular en piedra seca, con más de 300 años de antigüedad y bastante bien conservada. Siendo un tipo de construcción que aún se puede encontrar en estado y numero apreciable por estas comarcas del norte de Soria, tales como son las chozas pastoriles de: la de la Dehesa de Gallinero, la del Acebal de Garagüeta, la de Zarranzano (Arévalo / Castellanos de la Sierra), el chozo de la Peñuela (cercano al pico Terrazas) o los tampoco lejanos chozo de El Calar y chozo de la Soriana.
Desde la Mesilla una buena vereda en descenso y dirección noreste nos devuelve por entre curtidos robles a la Ermita de los Santos Nuevos, donde nos dedicamos a escudriñar las curiosidades que el templo en su exterior nos muestra. Después de comer en Almarza (nada aconsejable el restaurante Cuatro Vientos), nos dirigimos a San Andrés donde teníamos referencia sobre el pórtico de su iglesia, pero prácticamente nada pudimos observar puesto que esta protegido con un plástico casi opaco que impide su contemplación. De aquí tomamos el camino hacia el Polígono Industrial para desde allí ascender por el Camino de las Celadillas pudiendo observar a nuestra derecha en el lugar conocido como el Sestil Somero un enorme “roblón” (roble grande) que sigue desafiando a los años.
Esta notable planta con unas considerables dimensiones, se encuentra en el catálogo de Árboles Singulares de la Provincia de Soria del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Tiene las características de contar con una altura próxima a los 13 metros, un perímetro de 7,4, proyectando su copa una extensión de 171 m2. aunque algunos de sus tallos/varas se encuentran marchitos por falta de luz. Se sitúa a una altitud de 1385 m. en coordenadas 0540113 / 4646310, calculándosele una edad de entre 200 / 300 años. Datos que sirven para aseverar que puede ostentan la consideración de ser uno de los acebos más fornidos de toda Castilla y León.
Poco mas os puedo reseñar de esta esplendida dehesa boyal, solo quedar a la espera de próximas entregas donde aun podré trasladar algo mas del formidable otoño soriano.




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