jueves, 6 de julio de 2017

- Nazca…… las misteriosas líneas (Perú)

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Catorce horas de autobús separan las poderosas ruinas incas de Cuzco de los polvorientos desiertos de Nazca. Una ruta que discurre por una serpenteante carretera de unos 650 km., en la que se desciende casi 4.000 metros a través de una bajada que parece no tener fin. Llegados sobre las 8,30 de la mañana a la terminal de autobuses, a las 10 ya estábamos en el aeródromo montados en la avioneta para observar desde el aire las misteriosas líneas y sus enigmáticos dibujos. 

La costa peruana es prácticamente una sucesión de zonas desérticas que se extienden desde la Atacama chilena hasta la frontera ecuatoriana, y Nazca se asienta en una de esas zonas desoladas a mitad de camino ente la línea costera y los Andes Occidentales. Lugar donde prácticamente nunca llueve, lo que ha generado junto a la aridez del terreno, que los rastros dejados por sus antiguos pobladores los "nazcas", sigan aun siendo magníficamente visibles. Es lo que ha ocurrido con las enigmáticas y famosas "Líneas de Nazca", compuestas por varios centenares de trazos que incluyen: estrías, figuras de animales, dibujos y formas geométricas cuidadosamente trazadas sobre la superficie terrestre, integrando uno de los ejemplos más prodigiosos de las culturas precolombinas, y que curiosamente solo son apreciables desde el aire.
 

Estos sorprendentes rasgos fueron realizados por la “Cultura Nazca” entre los siglos I y VII de nuestra era, superando en algunos casos los dos mil años de antigüedad.  Se extienden sobre una superficie superior a los 750 Km². oscilando su tamaño entre los 50 y 300 metros. Su misterio reside en lo ininteligible que pudo representar el haberse realizado desde el suelo y únicamente perceptibles desde la altura a varios cientos de metros. Son imágenes ejecutadas a un solo trazo, surcos a ras de suelo de no más de 30 centímetros de profundidad, obtenidos al descarnar la pedregosa capa somera del terreno, que debido a la oxidación por lo general es más oscura, dejando al descubierto un fondo más claro, generando un perceptible contraste entre el color del terreno y la figura en cuestión. 

Están elaboradas con una perfección increíble, aun cuando algunas de ellas alcanzan varios kilómetros de longitud. No siendo este fenómeno "artístico" único en estas latitudes, ya que se pueden encontrar ejemplos similares en Chincha y Paracas también en Perú, las del valle de Azapa, Chiza, Tiviliche y Atacama en Chile, ……… a más de 1.500 Km. o incluso en la selva amazónica brasileña y en Kazajistán, pero sí que las de Nazca son las más numerosas y de las mejor conservadas. Asombrosas manifestaciones que dejan un sinfín de dudas por resolver, los cuales terminan convirtiéndose en verdaderos e indescifrables enigmas, superando los límites de la lógica y transportándonos hacia lo imposible. 

Los primeros datos documentados sobre estos anómalos grafitis pétreos fueron del conquistador Pedro Cieza de León, que allá por el 1547 dejó una crónica escrita sobre las hoy afamadas líneas, expresando que había visto “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca”. Poco después de que el cronista hispano observara “señales” sobre la llanura desértica, el corregidor Luis de Monzón quiso darles una explicación, adjudicándoles en 1568 el adjetivo de "carreteras", meridiana simpleza para todo un alto dignatario del virreinato de Toledo en Perú. Siendo los pilotos aéreos, ya bien entrado el siglo XX, quienes trasladaron que lo que observaban desde la altura carecía de toda lógica. Posteriormente llegaron los primeros vuelos científicos, y personajes como Mejía Xesspe, Paul Kosok o la reconocida arqueóloga María Reiche, verdadera
estudiosa de este fenómeno, al que ha dedicado su vida. Siendo estos entre otros, los que dedicaron gran parte del siglo pasado intentando aclarar los misterios (o acrecentarlos más si cabe) alrededor a uno de los descubrimientos arqueológicos más inexplicables que existen. Pasando las tesis de lo normal a lo paranormal, dejando teorías sobre: un calendario astrológico, mapas o dádivas a los dioses celestiales. 

Las conjeturas de los científico e investigadores, van desde la probabilidad de que estos trazos fueran primarios "centros ceremoniales" del oriundo pueblo Nazca, a las conjeturas sobre grafismos hechos para enaltecer a los viajeros de otros mundos. Hay incluso quien plantea que se tratan de pistas de aterrizaje para Ovnis. La ciencia y la arqueología aún no han sabido dar una explicación lógica a tan extraño fenómeno, por lo que las elucubraciones prosperan en la bibliografía pseudocientífica, y más en las que dedican a lo paranormal, lo ignoto y el misterio, acrecentando las tesis sobre la existencia de seres “extraterrestres”. Ya nos dejó alelados en 1968 el controvertido escritor helvético Erich Von Daniken, cuando nos trasladó pródigamente esta teoría en su libro “Recuerdos del futuro”, donde exponía que las "Líneas de Nazca" eran un reflejo de visitas venidas de lejanos planetas que dejaron huella a sus pobladores. 

Para mí la tesis más verosímil es su uso como rito invocación del agua, buscando convertir estos estériles socarrales en las húmedas selvas amazónicas, por ello dibujaron los arboles y los animales en ellas existentes, como un llamamiento a los dioses para que sus tierras se convirtieran en u vergel. 

Pero yendo a lo práctico, y ya comenzado el sobrevuelo por encima de estas áridas tierras, lo primero que divisamos es una mezcolanza de “líneas y figuras geométricas” sin orden ni harmonía aparente. Como si desde la altura alguien hubiese usado un "cúter", rasgando de forma indiscriminada sobre las planicies rectas y planimetrías de cientos de metros. 

Unas de las primeras figuras reconocibles que observamos se encuentras en la ladera de un áspero y terrizo cerro. Es la conocida como el "astronauta", una figura de semejanza humana de unos 30 m. con el brazo extendido, como si quisiera saludarnos y desearnos buen vuelo. Magnifico comienzo en una de las figuras más representativas de este singular paseo, pues su silueta parece simbolizar algo que escapa de cualquier razonamiento lógico. 

Las figuras se suceden una tras otra hasta que distinguimos “El mono”, una de las más celebradas, con sus más de 135 m. y su enorme cola formando una perfecta espiral, que para justificar su significado algunos dicen que es la representación de la Osa Mayor. Pues una de las teorías sobre su utilidad, es el que estas líneas y dibujos fuera un calendario en el que estuvieran recogidas algunas de las constelaciones celestes. 
 

Seguidamente avistamos un “pequeño perro” y de inmediato un “colibrí”. Esta ultima una de las más sugerentes por lo equilibrado de sus dimensiones. Le siguen “El cóndor”, de ciento cuarenta y dos metros, el gigante de Nazca. Y a continuación “La araña”, uno de los de mejor realización y detalle. Cruzamos por encima de otros dibujos de aves que representan “El Papagayo”, "el Pelicano”, “El Alcatraz o Pájaro gigante”. Sobrecoge la precisión de estas delineaciones, para las que quizás haría falta algo más maña, debiendo de ser inevitables complejos cálculos matemáticos, así como herramientas inexistente por aquellos tiempos, tal y como hemos visto en otros lugares como Tiahuanaco o el Valle Sagrado de los Incas.

Nuestro piloto nos conduce ahora por encima de tres dibujos diferentes, los únicos que son apreciables mínimamente desde un mirador situado 20 km. al norte de la población de Nazca, en un lateral de la Carretera Panamericana, donde apreciamos las siluetas conocidas como “El árbol” y “Las manos”. La tercera " El Lagarto", perfectamente definida, ha sido amputada por la carretera Panamericana, que la ha partido en dos por su mitad. Siendo en la actualidad este tipo de infraestructuras y el acceso que es su día se realizo con el paso de vehículos todo terreno por la zona, el problema más significativo para la conservación de este enigmático patrimonio.  

Líneas kilométricas, dibujos que se aproximan al millar, sensaciones, y la permanente duda sobre su motivación que posiblemente nunca alcancemos a conocer. Obligándonos a seguir una búsqueda amasada en mil teorías y conjeturas, tantas como señales hay marcadas en su suelo. Dudas ante nuestra ignorancia, pero… reflexionamos, dándonos cuenta de que en el pasado hubo quienes fueron capaces de destrozar la lógica consiguiendo sacar al mundo de su aburrida rutina…………… esta vez con la magia de uno de los lugares más increíbles y únicos del planeta. 

Independientemente de las imágenes puestas aquí, y de las que podéis observar en el enlace que antecede estas notas, para los curios@s que estéis interesados en indagar y curiosear, las líneas y las figuras son visibles en la página de Google Earth, buscando por Nazca y situándose al noroeste de la población. 

Pero lo que también nos ha traído hasta aquí, es conocer algo más de estos pueblos precoloniales y preincaicos, cuya cultura se extinguió hace cientos de años. Para ello, nada más descender de la avioneta, ya nos estaba esperando un coche que habíamos contratado para que nos acercase a través de la carretera Panamericana y una polvorienta pista, hasta el Cementerio de Chauchilla, un lugar en medio de la nada, separado de población de Nazca unos 30 kms. hacia el sur. Un sito que no puede ser más inhóspito e inhabitable, rodeado de campos yermos de arena y cerros calcinados por el omnipresente sol.  

Es uno de los pocos lugares donde se encuentran algunos de los restos existentes de la "Cultura Nazca, desarrollada entre el 300 y el 1000 de nuestra era a partir de la de "Paracas" (que más adelante veremos), pero posterior a esta. No existiendo conocimiento de ella hasta el año 1901, fecha en que fue descubierta, siendo la civilización prácticamente desconocida. La cerámica es su elemento más característico, sobresaliendo sobre manera de ella, el dibujo y su magnífico colorido que abarca hasta once coloraciones diferentes. También se conocen sus tejidos que son de una gran calidad, superando aún a la cerámica por su colorido y la fantasía de la decoración.  

Aunque el fin primordial de la totalidad de los turistas que viajan a Nazca, es sobrevolar las líneas, hay lugares arto interesantes no lejos de ella que pasan desapercibidos, o no generan interés en la mayoría de los visitantes. Siendo uno de ellos el mencionado Cementerio de Chauchilla, un lugar que no nos dejará indiferente al visitarlo. Una de las necrópolis más antiguas y mejor conservadas que se puedan visitar no sólo en el sur peruano, sino en toda América Latina. Remotos mausoleos en los que fueron enterradas gentes muchos siglos antes de que surgiera en el lago Titicaca el gran Imperio Inca.

Nada más comenzar la visita observamos esparcidos por los laterales del camino que nos lleva de una tumba a huesos humanos por todas partes, así como trozos de telas e inclusive cabellos enredados en las piedras, restos de los escarnios realizados por los malotes. Pues durante muchos años este cementerio “pre incaico” no se libró de los buscadores de tesoros y "robatumbas, que desvalijaron los enterramientos y sustrajeron todos los tesoros y objetos de valor que yacían junto a las momias, dejando a su paso cadáveres semidesnudos y un gran número de tumbas arruinadas. 

A cielo abierto, con apenas un rustico y pajizo techado como protección, esta original y extraña necrópolis aún deja a la luz a un buen número de cadavéricas momias, que a través de sonrientes rostros nos observan desde la profundidad de un buen número de tumbas abiertas en el suelo, que a pesar de tener en algunos casos más de mil años, se conservan en un aceptable estado. Cuerpos colocados en posición fetal y envueltos en fardos de tela, donde atónitos observamos el contraste de la blancura de sus cráneos con sus oscuras mortajas de ajadas ropas, que se nos asemejan rancios y podridos sacos de esparto. Entre los esqueletos y cráneos de este ancestral hipogeo, distinguimos largas trenzas de cabello humano, que en algunos casos llegan a tener más de 2 metros, cuerpos momificados de niños en perfecto estado, así como vasijas de esa vistosa cerámica, que al parecer guardaban restos de comida en ese viaje final hacia la morada de los dioses. Estos restos momificados de Chauchilla se conservaron en excelente estado gracias a las características climáticas de una región árida y seca como pocas. Solo están acondicionadas entre 20 y 30 hipogeos, pero al parecer son cientos los huecos excavados en la zona, que revelan la actividad de una necrópolis de unos 2 kms. de extensión. 

Están datadas por los científicos que las han estudiado entre el año 200 y el 600 de nuestra era, pero las teorías sobre su antigüedad disienten de tal modo que hay arqueólogos que aseguran ser anteriores a Cristo, mientras que otros afirman que su datación se acerca más al siglo X. En lo que sí coinciden la mayoría, es que los enterramientos pertenecen a una importante cultura pre-incaica denominada “Ica-Chincha. 

Las decrépitas momias del Cementerio de Chauchilla parecen mantienen un callado diálogo con el silencio que las rodea, destierro con soledad. Apartada de todo y de todos, esta Necrópolis es mucho más sorprendente de lo que podamos llegarnos a imaginar. Llegar a este lugar, puede convertirse en una de las paradas más sorprendentes de Perú, un acercamiento a la historia perdidas culturas de las que casi todo se desconoce, ejemplo palpable de que la Arqueología todavía tiene mucho que hacer en este país. Museo al aire libre de muchas riquísimas y antiguas civilizaciones, que aún oculta en sus entrañas múltiples tesoros y secretos por revelar. 

Otro importante situado de la "Cultura Nazca" es Cahuachi, que ubicado en el curso medio del río Nazca, está catalogado como el lugar mas importante de esta civilización preincaica. Paraje remoto bajo la arena del desierto de Nazca, es hoy en día un lugar poco frecuentado, estando aun sin terminar de desenterrar y restaurar. Pues no ha sido hasta hace apenas 35 años, en 1982 cuando es "descubierto" por el arquitecto y escritor italiano Giuseppe Oreficci, aunque hace menos de 100 años, ya se sabía de su existencia y se habían descubierto algunos restos. 

Se encuentra ubicada a unos 28 km. al oeste de la ciudad y al sur de las líneas de Nazca, abarcando una extensión de aproximadamente 24 km2. En Cahuachi se hallan enterrados por las arenas un número indefinido de de elementos constructivos, entre los destaca la "pirámide" y su Gran Templo, centro ceremonial de primer orden para estas gentes, que vivieron su época de máximo esplendor entre aproximadamente el año 400 a.C. hasta el 500 d.C. Sin duda un emplazamiento sagrado habitado por una gran casta religiosa, que en periodos de apogeo recibía miles de peregrinos que venían de todos los valles aledaños, del que se cree que sus moradores fueron los constructores de las Líneas de Nazca. Como ocurrió en otros lugares y de otras latitudes, los amantes de lo ajeno no tardaron en llegar, desvalijando gran cantidad tesoros arqueológicos, sustrayendo principalmente cerámicas y elementos rituales. Las autoridades locales desafortunadamente no tienen suficientes medios y recursos para controlarlos, motivando que en la actualidad se siga despojando el yacimiento.  

De regreso a Nazca, nos da tiempo visitar el taller de un alfarero quien nos da detalles sobre la evolución de la cerámica Nazca y nos indicara como las gentes de esta cultura realizaron sus bellos y coloridos trabajos de arcilla hace dos mil años. Así como un rustico taller minero, donde ver a los operarios separar el cieno de oro mediante unos enormes rodillo, mucha agua y el contaminante mercurio. 

Nos dirigimos por la yerma línea costera hacia el norte, observando un pálido y sutil atardecer desde el autobús que nos deposita ya de noche en Paracas. Esta interesante costera y marina población ahora está tranquila, pues aun no es temporada playera, los que nos acercamos hasta aquí, a finales de su invierno austral, no es por las playas ni el dorado de pieles, la bien definida península que la protege ostenta una de las reservas marinas más grandes del Perú, con una gran variedad de especies marinas y más de 200 tipos de aves, formando parte de uno de los ecosistemas más importantes de nuestro maltrecho planeta. Lo primero en la mañana, es embarcarnos para disfrutar de un paseo marino hasta el pequeño y rocoso archipiélago de Islas Ballestas. Durante el recorrido observamos en la orilla del mar, en medio de una arenosa y altiva duna, la inconfundible imagen de un candelabro perfilada en su ladera. No se sabe su misteriosa procedencia, ahí quien le atribuye 2.500 años de antigüedad, pero su tamaño 180 m. de altura por 60 de ancho, pudiera tener como origen la cultura de Nazca. Llegados a las islas descubrimos una importante colonia de: pelicanos, pingüinos, lobos marinos y cientos de miles de aves guaneras, siendo precisamente estas las que generaron en su día la explotación del "guano" como primordial abono agrícola. Las sugestivas imágenes de estos animales es complementada por las formas y contrastes de sus rocas con el mar. 
El resto de la mañana y gran parte de la tarde lo dedicamos a la zona terrestre, que como el resto del litoral peruano es de una aridez absoluta. La visita terrena a la Reserva de Paracas (en quechua "Lluvia de arena") nos permitirá recrearnos no solo de magníficos y desérticos paisajes costeros, sino también de sus rosados flamencos, que según algunos historiadores, sus colores inspiraron la creación de la bandera roja y blanca del Perú, cuando desembarco en estas costas el general San Martín durante la lucha contra la colonización española. Durante el recorrido aprenderemos algo sobre la "Cultura Paracas" (del 700 a.C. al 200 d.C.), gentes que habitaron este litoral hace mas de 2.000 años, dejando como evidencia en sus necrópolis y enterramientos de una gran diversidad de ricos tejidos, de tal calidad que asombran al mundo actual por su gran perfección, los cuales podremos visionar junto con sus curiosos cráneos alargados en el Museo Julio Cesar Tello, celebre antropólogo peruano que dedico su vida al estudio de esta cultura. 

No quiero terminar este apartado de Paracas sin hacer referencia al impresentable, maleducado, impertinente y déspota Sr. Zarcillo, gerente de la terminal de los autobuses Cruz del Sur y propietario del hospedaje contiguo, así como dueño de media población de Paracas, elemento al que en el pueblo detestan de forma unánime, adjetivándole como un "ojo de pato", sic de libre interpretación.

Desde Paracas, dedicamos una jornada para ir a la población de Ica, son apenas 70 km. lo que las separa, pero un monumental atasco en la "panamericana" que cruza la ciudad por la mitad, nos atrasa nuestros propósitos. Nos dirigimos directamente a las dunas de Huacachina, donde contratamos un "buggi" para zascandilear un rato por las arenas. Esto es de lo más loco, aunque pensándolo mejor, el loco es el conductor y todos los que en él nos hemos subido, pues nada más arrancar ya la velocidad y los saltos por los arenosos montículos son una prueba de fuego para mi serpenteada columna vertebral, pero la experiencia merece la pena, aunque solo sea por escuchar los gritos de las mozalbetas "cholitas" que nos acompañaban. Una vez ya terminado el paseo y depositados en tierra firme y segura, dedicamos unos instantes en visitar y recorrer el curioso oasis allí existente. En medio de este mar de dunas y arena, sin ningún signo de la más insignificante vida a nuestro alrededor, se halla una curiosa laguna de verdes aguas y frondosa ribera, eso sí, totalmente urbanizada en su rededor, pues se sitúa apenas 5 km. y 10 minutos de la turbulenta urbe de Ica. Como una gota de agua que subsiste, resiste y sobrevive entre las dunas de arena, el oasis de Huacachina es una discordancia de la estéril naturaleza de su entorno, pudiendo estar su origen en la ancestral leyenda que nos habla de las infinitas lágrimas de una desdichada princesa incaica.

Transformado ahora en lugar de actividades de "rezume adrenalítico", en tiempos este vergel, en medio de lo inhóspito, fue lugar de reposo y recreo de la burguesía más notable del Perú, aun se nota un toque vintage y decadente de aquellas épocas en sus palacetes y balaustradas. 
De retorno pasamos por polvorienta y desastrosa ciudad de Ica, y de nuevo el gran atasco. En ella visitamos el esqueleto del Santuario del Señor de Luren, derruido en parte por un terremoto de 7,9 grados en 2007. Temblor que solo ocasionó una víctima mortal en la persona del niño "Chicho", suceso ocurrido justo al lado del templo Luren, lugar que han convertido la superstición lugareña en un rancio y decrépito centro de peregrinaje en busca de curaciones milagreras. Nosotros buscadores de milagros más piadosos y terrenales, nos acercamos hasta las bodegas "Lazo", uno de los templos del país donde se produce el mejor "pisco" de Perú, que por cierto tuvimos la obligación de catar, como es menester.  
 
Nuestro recorrido por los "altiplanos andinos" termina en Lima, populosa población de cerca de 10 millones de personas, ubicada a orillas del océano Pacífico y en la ribera del río Rimac del que le viene su nombre. La capital peruana es el centro político, financiero y comercial más importante del país, estando su centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO desde 1991, dado que posee gran parte de la arquitectura de su época colonial, sobresaliendo sus vistosas y trabajadas balconadas.  

Lima fue fundada el 18 de enero de 1535 por Francisco Pizarro, como Ciudad de los Reyes, ya que fue el 6 de enero del año de creación, cuando tropas del conquistador hispano encontraron el sitio ideal para establecer la ciudad que pasaría a ser la capital de Nueva Castilla y posteriormente del virreinato. 

Suele ser la puerta de entrada al país (en nuestro caso de salida), y en ella podemos disfrutar tanto del descanso como de la generosa y buena gastronomía peruana. Pasear por las calles de casco antiguo, nos acerca a la idea de cómo fue en el pasado, ofreciéndonos y sorprendiéndonos con una gran diversidad de atractivos: iglesias y edificios coloniales, multitud de espacios museísticos, galerías de arte, espacios arqueológicos, y una agitada y callejera vida social. Solo por hacer una reseña destacar de entre los espacios más interesantes: la Plaza de Armas o Mayor, la Catedral, el Palacio de Gobierno, la iglesia y convento de San Francisco, la Plaza de San Martin o el curioso barrio chino entre otros, sin dejar de visitar el Barrio de Miraflores y realizar un sosegado paseo por su malecón. Podría resaltar más cosas, pero creo que ya está bien de letras, para vosotros se os hará trabajoso el leerlas, y para mi, un tanto vidrioso ya trasladar aquí todas esas vividas imágenes. 

Termina con este párrafo un recorrido de casi un mes por interesantes tierras de los altiplanos andinos, comenzado en tierras chilenas de Atacama y finalizado en las aguas peruanas del pacifico sur, recorriendo entre medias las bonitas y sugerentes tierras bolivianas y los feudos del antiguo imperio Inca………….. espero que os halla resultado cuando menos interesante.

 

martes, 27 de junio de 2017

- Machu Picchu…… la ciudad perdida de los incas

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Sobre Machu Picchu está todo comentado y contado: maravilla, fascinación, magia, embeleso, encanto, etc. Cualquier adjetivo de admiración se ha dicho ya sobre este lugar escondido a mitad de camino entre las altivas cumbres de los andes y las frondosas selvas de la cuenca amazónica. Miles de imágenes tenemos en nuestras retinas de este destino tan visitado del meridión peruano, pero aun así, el estar bajo sus piedras y muros genera una sensación especial que no se pueden encontrar palabras para definirla……….. Porque Machu Picchu es así, no tiene definición, es un lugar único, un sitio mágico entre  las nubes y la tierra, perdido en el tiempo y en la distancia, por mucho que lo hayan querido acercar a los visitantes que por miles se acercan hasta este destino todos los días. Dudo que muchos de ellos vuelvan con la sensación de haber sentido sus entrañas, haber escuchado sus piedras, haber bebido sus aires, haber saboreado su visión, haber tocado su cielo, haber olfateado su historia, haber encontrado su alma o haber notado sus enigmas. Pues para acercarse hasta estas altozanas y mágicas ruinas ha de poseer el curioso viajero alguno más de los cinco sentidos que dicen tenemos. Para recorrer sus calles y caminos hay que detentar la capacidad de sentir y de amar, y diría más, la de poder volar como los cóndores que la sobrevuelan, para flotar y poderla contemplar en toda su inmensidad. 

Qué sensaciones debió experimentar el Gran Inca Pachacútec, al observar culminada esta obra, máxima expresión de las construcciones incas. Y que sosiego debió recorrer su cuerpo al sentirte en este lugar, a mitad de camino del mundo terrenal y el celeste, más próximo que nunca a la morada de sus dioses. Un espacio repleto de misticismo, un emblema a la divinidad, donde el ser humano se siente realmente empequeñecido ante las deidades, en el que una poderosa fuerza nos sitúa en un mágico lugar en el que cualquier cosa es posible de modo incomprensible. Un emplazamiento, donde las extrañas fuerzas de naturaleza nos transportan a un estado onírico, percepciones únicas que en pocos lugares se puede percibir como en Machu Picchu………. uno de los grandes enigmas en piedra de toda América. 

La construcción de Machu Picchu constantemente ha estado rodeada de misterio y asombro. Muchos han sido, y son aun hoy en día, los arqueólogos y estudiosos que han rivalizado en sus teorías sobre cuál era el verdadero significado de este lugar. Pues se asienta sobre dos fallas geológicas, donde el terreno está quebrado como consecuencia del movimiento de las placas telúricas. Estando la zona expuesta a constantes terremotos, una ubicación nada aconsejable para cualquier asentamiento…………. pero aun así los incas lo eligieron. Calculándose que en la época de su mayor esplendor debió de estar habitada por unas 10.000 personas. 
 
"La ciudad perdida”, como la tituló Hiram Bingham en su libro de 1948, publicado 37 años después de haberla redescubierto. Y que en realidad lo es, escondida y resguardada de los foráneos gracias a los profundos barrancos que la rodean, al ubicarse por encima de un abismo en la mayor dificultad topográfica, agreste e inaccesible de la zona, en cuyo vertiginoso fondo discurren las turbulentas aguas del río Urubamba, motivos por los cuales los conquistadores españoles nunca llegaron a conocer su existencia. Ciudad Sagrada de los Incas a la que solo se permitía el acceso a las clases nobles de elite inca y a sus servidores, levantada como amparo de lo más distinguido de la aristocracia incaica. Lugar insuperable para percibir el desplazamiento celestial de las estrellas y el sol, máximas divinidades incaicas, perfecta ubicación para erigir un centro ceremonial.
 
Su estratégica situación a unos 2.500 m. de altitud, en un gran collado entre los cerros Machu Picchu y Huanya Picchu, fue seleccionada con notable acierto, pues además de su natural belleza en medio de un magnífico entorno paisajístico, rico suelo y benigno clima, está encerrada entre abruptos precipicios, y aislada de la vista de intrusos por una enmarañada selva, con el añadido tacto de tener una única y angosta entrada. Su sorprendente conjunto arqueológico, ha sido calificado en todo el orbe como una obra maestra, tanto por su traza arquitectónica como en la técnica usada para su construcción, probamente culminada en el siglo XV. 

Aun no se puede determinar quiénes fueron sus primeros pobladores, pero si se puede casi confirmar que estuvo habitada desde aproximadamente el 1300, hasta su declive en 1572, quedando prácticamente comprobado que su periodo de máximo esplendor y la configuración de como la conocemos hoy en dio, se debe al más grande de los emperadores incas "Pachacútec". Quien estuvo a la cabeza del Tahuantinsuyo (imperio inca) desde 1438 a 1471, expandiendo su territorio durante su gobernanza. Habiendo sido ocupada desde entonces, por al menos tres generaciones de "Grandes Incas" (emperadores). 

Tras la colonización y el declive de la cultura inca, Machu Picchu, debido a su inaccesibilidad y aislamiento fue abandonada de una forma repentina y misteriosa. Entrando poco a poco en la desolación, la ruina y el olvido, siendo cubierta progresiva e inevitablemente por la selva, invadida de vegetación y alejada de cualquier influencia cultural y humana. El olvido de su propia existencia y su desaparición en la memoria colectiva de los lugareños, pudo estar motivada por ser un lugar desconocido para las clases sociales inferiores, y sus rutas vedadas para cualquiera que no formara parte del círculo de poder del Gran Inca. Perdida, abandonada e ignorada pasó así sus últimos 400 años, hasta su hallazgo en 1911. 

Hiram Bingham; profesor en las universidades de Harvard, Princeton y Yale, miembro del Senado de Estados Unidos y gobernador de Connecticut; emprendió en 1909 un primer e infructuoso viaje a Perú en busca de la ciudad perdida de Vilcabamba, último refugio de los incas destronados por los colonizadores. Siendo durante su segunda expedición, que tuvo lugar en el verano de 1911, cuando escuchó la historia de unas viejas, olvidadas e impresionantes ruinas en medio de la selva, lo que le dispuso para internarse en los Andes en
busca del último cobijo del imperio inca. Fue en una lluviosa mañana del 24 de julio de 1911, cuando le dieron señas de la posible existencia de su objetivo, partiendo hacia la zona donde se encontró a unas familias campesinas a varias horas de caminata, quienes le señalaron el lugar guiándole hasta las ruinas. Encontrándolas prácticamente intactas tras más de tres siglos de abandono. 

Durante los tres años posteriores, Bingham dirigió dos nuevas expediciones con las que desbrozó de maleza los vestigios, adecentó los andenes (terrazas), escarbó las antiguas tumbas y extrajo gran cantidad de objetos arqueológicos. Siendo en 1913, cuando traslado al mundo su descubrimiento a través de un artículo publicado en la revista National Geographic. Haciéndose eco seguidamente a bombo y platillos la prensa anglosajona, pararse a comprobar si en realizad el americano fue el primer descubridor de Machu Picchu. Pues el mismo Bingham ya dejo constancia de haber encontrado señales irrefutables de que nueve años antes (por lo menos) había estado por allí Agustín Lizárraga. Como nos traslada Americo Rivas, quien publico un libro en 2011, a los 100 años del supuesto descubrimiento del estadounidense, haciéndose eco de este hecho y reivindicando la autoría del hallazgo por parte de un ciudadano peruano. "Lizárraga no tenía periódico, ni revista, e Hiram Bingham tenía al presidente estadounidense William Howard Taff, al presidente de Perú Augusto B. Leguía, la National Geographic, la Universidad de Yale y sus amigos millonarios". 



Estos hechos, repetidos una y otra vez a lo largo de la historia a través de la propaganda informativa anglosajona, no son nuevos. Ya ocurrió con el descubriendo de las fuentes del Nilo, atribuidas a John Hanning Speke, siendo en realidad el jesuita español Pedro Páez quien las encontró dos siglos y medio antes. 
 
Pero hay más, aunque sin fortuna Machu Picchu fue visitada antes que el norteamericano por otros investigadores y naturalistas: Antonio Raimondi, el Conde de Sartiges y Charles Wiener. Otra visita realizada en julio de 1909, fue la de los hermanos Santander, cuya inscripción se halla cincelada en la base del Templo del Sol.  

Siendo hasta posible que con antelación zascandilease por el lugar un foráneo espoliador de tesoros, pudiendo haber sido descubierta por el aventurero y empresario alemán Augusto Berns, en 1867. Documentos y archivos encontrados recientemente han dejado al desnudo, como se crearon empresas entre este filibustero teutón y algunas autoridades peruanas (entre ellas el presidente del país por aquel entonces) para esquilmar todo lo que de valor por allí se encontrase, repartiéndose sus lucros. 

Llegar ella no es tarea fácil, aunque tampoco excesivamente compleja, pero siempre cara,al ser un significativo polo de atracción turístico a nivel mundial, por lo que todo el mundo pretende sacar el máximo beneficio posible (incluido el gobierno). Teniendo varias opciones para llegar hasta allí, aunque todas pasan por el ferrocarril (excluyendo la caminata de cuatro días por el Camino del Inca), único medio de llegar a Aguas Calientes o pueblo de Machu Picchu como le denominan algunos. 


Muy conveniente es llegar a la pequeña pero animada población Aguas Calientes por la tarde, pernoctando allí. Para en temprana mañana coger el autobús hasta la entrada de la Ciudadela de Machu Picchu (14 curvas de herradura, en apenas 7 km. (en línea recta 700 m.) salvando un desnivel de unos 400 m.). Yo aconsejo al regreso, haber reservado un alojamiento en Ollantaytambo para descansar, y así poder, madrugando al día siguiente, para ver sus interesantes ruinas sin apenas gente. 


La visita puede durar lo que uno quiera, pero te impregnas de la magia de este lugar puedes estar horas y horas recorriendo sus senderos. Diez horas nos llevó escrudiñar los lugares más interesantes: temprano ascenso hasta la Puerta del Sol "Inti Punku", disfrutando de unas hermosas panorámicas de la ciudadela, así como de las montañas y barrancos que la rodean. Esta afamada puerta, es la entrada a la fortaleza de Machu Picchu al realizar el "Camino del Inca", una de las caminatas (ahora se le llama trekking) más sugerentes y afamadas de todo el Perú. 
Lo que nos queda de la aun fresca mañana, lo dedicamos a la ascensión de la Montaña Machu Picchu de 3.100 m. (700 de desnivel), o a subir sus interminables y pinas escaleras hasta que te aburras y te bajes en alguno de los descansillos que en el ascenso hay, así si con una magnificas vistas de todo el complejo, con la clásica imagen del Wayna Picchu como fondo. Merece la pena resoplar un poco a esta altitud, pues seremos recompensados por las irrepetibles imágenes que desde la altura observaremos, además de sentirnos como los incas del pasado.  

Descendidos de los abismos, iremos a realizar el cómodo paseo hasta "Puente Inca". Transitando una trocha a media ladera por la mitad de un impresionante precipicio, pero muy segura, recorriendo uno de los lugares menos visitados de todo Machu Picchu. Angosto y audaz paso escavado en la roca de la pared, que produce sensación de vértigo aún viéndolo de lejos, pero que nos regalara unas panorámicas de la Ciudad Sagrada y alrededores desde otra perspectiva.
 
Y ya superado gran parte del día; próximos al comienzo de la tarde, cercanos a las 14 horas; llega el momento de penetrar en la amalgama pétrea de la ansiada ciudadela de los incas. Es a esa hora cuando prácticamente han desaparecido el 80% de los coloridos visitantes que cada día flanquean su entrada (más de un millón de visitantes/año) y cuando más tranquilidad y sosiego rezuman sus muros. Siendo estas horas, de casi exclusividad para los que aun permanecemos en ella. Pudiendo transitar cada una de sus áreas reposada y plácidamente, así como tomar fotografías que podíamos decir del tiempo Bingham, en las que fácilmente no aparezca personal alguno, y sobre todo percibir con fuerza esa energía que este legendario santuario nos transmite. 

La ciudadela está dividida en dos sectores de amplias dimensiones: el agrícola y el urbano, de unas 20 y 10 hectáreas respectivamente, en los que se hallan alrededor de 172 construcciones. Estimándose que el 50% de la construcción está dedicado a los cimientos rellanados con grava para su sistema de drenaje, siendo esto lo que no vemos. Los dos sectores se encuentran separados por un longitudinal y enorme "Foso Seco" que fue construido como una barrera, para que no accedieran las clases bajas a la zona de la nobleza. 

El sector agrícola está compuesto por una serie de terrazas-andenes de diferentes tipos y tamaños con la lógica finalidad hacer crecer los cultivos y detener la erosión causada por las lluvias. El urbano; con la indiscutible y característica silueta del Huayna Picchu como fondo; contiene los elementos arquitectónicos más importantes, pudiéndose apreciar en ellos el talento, el esfuerzo y la
calidad de los constructores prehispánicos, ya que las edificaciones son totalmente de duro granito. No quiero extenderme en las distintas construcciones (cívicas, religiosas, astronómicas, etc.) por las que debemos transitar, ya de ello hay bastante literatura e información, pero si deciros que merece la pena tomárselo con tranquilidad e ir bien informado para ver los detalles de cada una de ellas. 


Machu Picchu es una reliquia del pasado y un lugar perdido en el tiempo, pero no es el último gran descubrimiento de la cultura incaica. Casi 100 años después de que Bingham anduviese por estas alturas, casi ya en el siglo XXI, en 1999 el arqueólogo Peter Frost acompañando a un grupo de turistas, se encontró por casualidad las ruinas de Corihuayrachina, una ciudad de unos 6 kilómetros cuadrados, erigida a unos 3.500 metros de altitud. Y posiblemente no será la última en ser descubierta por estas latitudes.


Solo deciros que una vez allí, en algunas de sus cúspides y alejados de la mundanal multitud, extendáis y alcéis los dos brazos hacia los celestes astros, llenando vuestro ser de la enorme energía que este lugar desprende. Justa recompensa de los costes materiales (la pasta que cuesta llegar hasta aquí) que soportamos cualquier humano que quiera acceder a Machu Picchu…………….. pero merecidos son.



 

sábado, 24 de junio de 2017

- Cuzco y el Valle Sagrado de los Incas

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Con la sagrada misión de fundar uno de los mayores imperios de la historia americana, los primeros "incas" Manco Capac y Mama Ocllo, salieron desde la Isla del Sol en el lago Titicaca, hacia la búsqueda del lugar propicio para satisfacer el mandato del gran "Viracocha" (dios sol y creador del universo), en establecer una nueva cultura que reorganizase el mundo. Debían para ello, ir tanteando con un "báculo de oro" el terreno por el que iban pasando hasta encontrar un lugar donde se hundiera con facilidad. Encontrando el sitio idóneo a orillas del río Huatanay, donde hoy se sitúa la actual Cuzco "Qosqo" (ombligo), fundando la antigua capital del Tahuantinsuyo (Imperio incaico). 

Como si fuéramos Mama Ocllo y Manco Capac, seguimos su mismo itinerario para descubrir nosotros también Cuzco, claro que nosotros en autobús y sin el dichoso bastón áureo, trayecto que también se puede realizar en el mítico y glamuroso tren Andean Explorer pero bastante más caro. Pasar a estas tierras es entrar directamente a los pilares de cultura "Inca" y aunque durante nuestro recorrido ya hemos podido contemplar parte de esta civilización, son estos valles situados al pie de las montañas andinas los que mejor representan, y aun hoy en día nos trasladan la forma de vida de esa gran civilización.  

Partimos de Puno dejando el gran lago Titicaca a nuestra espalda, internándonos de nuevo en tierras baldías y desprovistas de vegetación, haciendo una primera parada a los aproximadamente 110 km. donde se sitúa la población de Pucará. Donde sus antiguos pobladores, entre los años 250 a. C al 380 d. C, desarrollaron la que se conoce como "Cultura Pukará", que ocupando un territorio al norte del lago Titicaca desde Tiahuanaco hasta Cuzco, comenzaron a controlar la agricultura respetando la naturaleza y domesticando a los animales que tenían en su proximidad, como son la alpaca y llama, consiguiendo con ello avanzar en la confección de tejidos.  

Se sabe que alcanzaron amplios conocimientos sobre el uso del agua y la arquitectura. En esta civilización de nuevo aparecen las "pirámides", ejemplos que encontramos de forma escalonada y truncada, al que daban un uso de carácter ceremonial, como la de Kalasaya. También fueron diestros en la elaboración de cerámicas y esculturas, sobresaliendo de estas últimas la "Estela de Pukará", la cual podemos admirar en su museo local. En medio de la población destaca la enorme Iglesia Santa Isabel construida por misioneros jesuitas, posiblemente su tamaño lleve concordancia por ser un lugar donde los colonizadores encontraron resistencia a que los indígenas abrazasen la nueva "fe" importada. 

Cien kilómetros más adelante, en medio de un espectacular aunque nublado paisaje montañoso y rodeados de cantidad de puestos de baratijas y quincallería, volvemos hacer una parada. Estamos en el puerto de Abra La Raya (o simplemente La Raya), a 4.435 m. de altura, divisoria de aguas entre el océano Pacifico y el Atlántico. Se puede considerar como el lugar donde empieza el Valle Sagrado, pues es aquí donde nace (en el nevado Cunurana de 5.443 altitud) el rio Vilcanota, que posteriormente se llamara Urubamba y cuyas aguas, pasando bajo la ciudadela de Machu Picchu, llegan al océano atlántico por medio del Amazonas. Los incas lo consideraban un rio sagrado al que denominaban Wilkamayu (en quechua "río sagrado"), simbolizando la "Vía Láctea" para los antiguos pobladores de estas tierras. 

Poco después, a unos 60 km. se encuentra Raqchi, en el linde entre Puno y Cusco (ruta del Collasuyo), sitio estratégico por su ubicación. Se trata de los vestigios más evocadores de los incas, resto de lo que fue uno de los templos más impresionantes erigidos en la época del Gran Inca Pachacutec dedicado al dios Viracocha, en la actualidad se encuentra rodeado de un espectacular entorno verde, con praderas y plantaciones de maíz. Totalmente diferente a la arquitectura de esta cultura que veremos en Cuzco, Valle Sagrado o en el mismo Machu Picchu, se halla cimentado en piedra pero con paredes de adobe, se sitúa en medio de una pequeña ciudad, donde se encontraban más de 200 "qolqas" o graneros para almacenar alimentos en previsión de épocas de sequia, terrazas agrícolas, "canchas" (recintos cercados) y "wayranas" (albergues techados de solo tres paredes). 

Media hora rio abajo, en la población de Checacupe, paramos de nuevo para cruzar un "puente inca" sobre el río Pitumarca, que se ubica contiguo a otro de piedra de la época colonial. Situado sobre lo que fue el Camino Real Cuzco-El Collao, el reconstruido puente, es una réplica del que en su día existió construido con sisal (especie de esparto que se extrae de unas pequeñas palmeras) entre dos tajos rocosos. 

Antes de llegar nuestro destino, solo nos queda ya parar en Andahuaylillas, una pequeña población a unos 45 minutos de Cuzco. El motivo es visitar la iglesia colonial de San Pedro Apóstol, que los jesuitas mandaron edificar en el siglo XVI en piedra y adobe, sobre algunas construcciones incas anteriores. Localizada en la plaza y al costado de tres pétreas cruces, su portada e interior nos muestra una interesante decoración con pinturas murales del siglo XVII y XVIII, siendo por ello denominada como la "Capilla Sixtina de América". Durante su historia el templo fue pasando de los instruidos Jesuitas a los inquisidores Dominicos, estando afortunadamente de nuevo en manos los primeros. No solo en la formas de evangelización se diferencian estas órdenes religiosas, en esta iglesia podemos contrastar el concepto del lujo entre unos y otros, siendo claras y flagrantes las diferencias.  

Todas las pinturas fueron realizadas por artistas nativos, dejando de forma subliminal algunas pinceladas ocultas con características quechuas como reivindicación ante los conquistadores hispanos, encontrando de forma aislada algunas plantas de "coca", así como cruces incas "chacanas" y otros elementos de sus paganas creencias. No dejan los jesuitas fotografiar su interior, estando encargado de ello una "resuelta y eficaz" señora, pero para compensar esta desventurada censura somos obsequiados a la entrada con un CD, en donde se muestran sus interesantes lienzos así como la historia del templo.
 
Llegamos a Cuzco mediada la tarde, solo con tiempo para encontrar acomodo en el céntrico Hotel Virrey Boutique y entretener un poco nuestros estómagos con una ligera cena, pero aun pudimos en esos breves instantes respirar la mágica esencia de esta ciudad, a la que dedicaríamos unos meritorios días. Desde el "colonial" balcón de nuestro alojamiento frente a la Catedral, vislumbramos en la penumbra de la noche y en cálido despertar de la mañana el transitar de las gentes por la Plaza de Armas centro neurálgico de su Casco Histórico. Trama urbana, edificada por los incas asemejando la forma de un puma recostado, animal que representa al "guardián de las cosas terrenas". 

Reedificado por los españoles sobre las originales edificaciones incas, sirviéndolas como basamentos, sobre los primitivos muros se alzan las paredes blancas como encaladas y por encima de ellas asoman los aleros característicos del estilo colonial. Con la llegada de los hispanos, cada templo, palacio o caserón fue reemplazado por una casona colonial o un templo cristiano, con la intención de usurpar no sólo el espacio físico, sino también los dogmas de sus moradores. Poco queda del esplendor de su originaria civilización quedando solamente los asientos de sus edificaciones, pero formando una extraordinaria mezcla arquitectónica, convirtiendo a Cuzco en una de las urbes más hermosas y atrayentes de todos esta los Andes. 

Transitamos por el Barrio de San Blas con sus empinadas y adoquinadas calles, atravesando el estrecho Callejón de las Siete Culebras y la calle de Hatun Rumiyoc con la piedra de los 12 ángulos en los muros de lo que fue el palacio Inca Roca, hoy sede del Palacio arzobispal, para desembocar en el interesante Museo Inca, acogido en un flamante palacio colonial. Cruzamos por la magnífica, luminosa y soportalada Plaza de Armas, engalanada con los coloridos balcones de madera de la época del virreinato. En ella se sitúa la iglesia de San Francisco, y como no la Catedral, construida justo encima de donde se hallaba emplazado el palacio del Inca Wiraqocha. Al otro lado de la Plaza de Armas visitamos la también criolla casa de Garcilaso de la Vega "el Indio Garcilaso". No pudiendo dejar de visitar el misterioso y mágico templo Coricancha, encima del cual se construyo el convento y la iglesia de Santo Domingo, menos mal que un terremoto que sacudió la ciudad en 1950 destruyo parte, y al rehacerlo respetaron la construcción incaica que hoy podemos admirar en su interior. Refinados templos de la última etapa de la cultura incaica, de los que se cuenta tenían partes cubiertas de oro y plata. 

Los alrededores situados al norte de Cusco no son menos sugerentes. Apenas unos tres kilómetros y situada sobre una colina, nos encontramos de bruces con la impresionante y grandiosa fortaleza de Saqsayhuamán, levantada con enormes bloques graníticos en forma de zigzags a tres niveles como baluartes defensivos. Las vistas de Cuzco desde su cúspide son verdaderamente extraordinarias, dando la sensación que estamos encima de la antigua capital de los incas. 

Esta majestuosa fortificación se sitúa en la cabeza de la figura del puma que antes he mencioné, siendo en las praderas que se sitúan en ella donde cada solsticio de invierno (24 de junio), se celebra la afamada fiesta del Inti Raymi (Fiesta del Sol).  

Más meridional y mas alto nos encontramos Puca Pucara y Tambomachay, interesantes vestigios de la cultura del Tahuantinsuyo. El primero por su carácter defensivo y militar en la cúspide de un cerro y el segundo, conocido también como "baño del Inca", es un complejo dedicado al culto del agua. En el que podemos observar una serie de acueductos, canales y varias cascadas que discurren por las rocas. Lo curioso de este complejo es la división de una cascada creando dos fuentes exactamente iguales, si ponemos dos botellas a llenar en cada una de ellas, se colman al mismo tiempo. 

De vuelta paramos en Q’enqo, un adoratorio ritual y lugar donde se presume realizaban sacrificios. Ya llegando a Cuzco nos acercamos hasta el enorme Cristo Blanco. Nueva representación y ostentación de la religión cristiana (hasta se enciende todo él por la noche) en lo alto de un cerro dominando la población, eso sí, con unas vistas inmejorables de la capital incaica. 

Bien madrugados y desayunados nos disponemos a conocer el impresionante y tentador Valle Sagrado de los Incas, para lo cual hemos apalabrado con un taxista su asistencia durante toda la jornada…………… y el día de retorno de Machu Picchu, con lo que veremos todos los lugares interesantes por los que nos llevará el recorrido. El primero de ellos; tras cruzar el pequeño puerto de Abra Corao (3.834 m. de altitud) donde paramos en el mirador Quillahuata; es observar las magnificas vistas de la zona de Yuncaypata. Descendemos y nueva parada en el mirador de Taray, primer punto desde donde se divisa realmente el Sagrado Valle, por el que vemos discurrir el venerado río Urubamba aun denominado por aquí Vilcanota. Sorprendente es la primera visión que tenemos ante nuestros ojos, apareciendo montañas y cerros que aprisionan el valle observándolo en toda su amplitud, logrando apreciar en días claros los nevados Pitusiray y Huancalle, si no es así podemos conformarnos con las vistas de Pisac, situado bajo nosotros y los "Senos de la Ñusta". Estos últimos, situados al pie de las montañas y cercanos a la población, son apenas cuatro hileras de andenes (terrazas) que representan los senos de una mujer, pudiendo haber sido un homenaje a la fecundidad. 

Yucay, fue como nominaron los incas a este fértil valle, uno de los más productivos de todo Perú por su excepcional clima y la calidad de sus suelos. Habiendo sido estas tierras "bienes de abolengo" del Gran Inca y sus sucesores, a quienes los españoles después de su conquista, siguieron reconociendo como tales mediante las dádivas reales que concedieron a la nobleza incaica. De este valle dijo Garcilaso de la Vega: "Aquel valle se aventaja en excelencia a todos los que hay en el Perú, por lo cual todos los Reyes Incas... lo tuvieron por jardín y lugar de sus deleites y recreación, donde iban a alentarse la carga y pesadumbre que el reinar tiene consigo...". 

En la cabecera del valle se encuentra Pisac, el actual (colonial) junto al rio y el originario (inca) en las laderas de sus montes, dirigiendo nuestros pasos hacia los tres mil metros de altitud, donde se sitúa este último. Conformado por extensas e impresionantes terrazas o "andenes", acueductos, templos, túneles, murallas, puertas, canales, puentes y cementerios, sus seis barrios urbanos estratégicamente situados y once sectores agrícolas todos ellos separados y desperdigados por distintas lomas, pero unidos mediante un sendero que recorremos durante algo más de dos horas, sirviéndonos para disfrutar con impresionantes vistas sobre el valle que se abre a nuestros pies por debajo de sobrecogedores precipicios………. y sobre todo en la práctica soledad. Nos genera la sensación de volver a un tiempo de hace 500 años, aun solo manteniéndose sus ruinas, pues esta maravilla de la arquitectura e ingeniería inca fue destruida por Pizarro en 1530.  

Pisac es un lugar mágico, no solo por su ubicación y el buen estado de sus vestigios, también de ella nos han llegado mitos y leyendas que, al escucharlas en el mismo lugar de donde se han producido, nos dejan seducidos. Cuenta una de ellas que el cacique de la población Huayllapuma tenía una hija llamada Inquill Chumpi, quien debería desposarse con el hombre que pudiese construir, en sólo una noche, un puente sobre el río Willcamayo (actualmente "Vilcanota" ó "Urubamba"). Una obra de gran importancia estratégica y
defensiva, pero inverosímil de realizar para la mayoría de sus pobladores, al ser una tarea prácticamente imposible. Tras el rechazo de numerosos pretendientes por la dificultad de esta construcción, un día se presento ante el cacique el apuesto príncipe Asto Rímac aceptando el reto y solicitando la mano de la princesa, quedando mutuamente prendados el uno del otro en la primera mirada. Dispuestos todos los elementos y materiales, Asto Rímac se puso a iniciar la obra. Pero la bella Inquill debía cumplir una condición, ascender por el cerro sin volver la cabeza hasta que su amado terminara la construcción, de lo contrario ambos serían convertidos en piedra. Casi ya amaneciendo y con el puente a punto de ser terminado por el príncipe, Inquill, no pudiendo soportar más, miró hacia abajo para ver a su prometido, quedando los dos convertidos en piedra hasta el día de hoy. De tal manera, que hoy en día, ascendiendo desde la población hacia el cerro Ñustáyoc y mirando hacia el sur, se puede observar un grupo de rocas que los lugareños conoce como la “ñusta encantada”, pues tiene la forma de una mujer que lleva sus bultos en la espalda, siendo la personificación de aquella princesa que no cumplió la condición que se le demandó. 

Si bien Pisac es la primera población del Valle Sagrado, Ollantaytambo es la última antes de llegar a Machu Picchu. Entre ellas hay un rosario de aldeas con importantes restos de la cultura incaica, pero de todas ellas es la inexpugnable fortaleza-santuario de Ollantaytambo, la que destaca sobre manera. 


 
La visitamos en la mañana temprano, después de haber regresado y descansado de un intenso día ecorriendo la magia de Machu Picchu. Es a esta hora, poco después del amanecer, cuando se contemplan en su perfección y grandiosidad los pétreos y pulidos muros de sus contrafuertes, geométricamente cincelados con enorme precisión, de tal manera que no dejan resquicio en sus juntas para que pase ni siquiera el aire, y menos las malas sensaciones. Momentos, en los que la tranquilidad se respira y aun no se siente el bullicio multicolor y ruidoso de los miles de visitantes que hasta sus gradas llegan desde Cuzco mediada la mañana, instantes en que podemos sentir el estimulante magnetismo de este lugar. Ollantaytambo forman parte del origen de la mitológica historia del pueblo inca, pues en él dicen emanar energías telúricas de gran fuerza, siendo estas el origen de su construcción, aparte de incidir los rallos solares en determinados lugares, y en días y horas señaladas de su calendario. 

Dedicado fundamentalmente al culto del agua, elemento que discurre por todo su entorno, está compuesto por complejos religiosos y astronómicos que revelan su importancia. Ascendiendo sus gradas, por los 150 escalones que las salvan, llegamos a través de pasajes y calles encofradas por paredes de poderosas rocas perfectamente esculpidas y ensambladas, hasta llegar su cúspide. La visión es majestuosa, el aire limpio, el frescor de la mañana nos acaricia y a nuestros pies la población comienza a despertarse. Desde allí observamos a nuestro frente, al otro la de de un secundario valle y en la ladera del cerro Pinkuylluna, la silueta de un hombre esculpido en las rocas de la pared. Un sorprendente perfil de 140 m. que al parecer se trataría de Wiraccochan, un mensajero enviado desde Tiahuanaco por el gran dios creador "Viracocha" para establecer un nuevo centro de luz en el mundo. Recorriendo las tierras desde Bolivia instruyendo a los hombres en la agricultura así como el uso de las plantas curativas. “Vestía una túnica andrajosa, el cabello corto, una corona y un báculo como los que llevaban los sacerdotes y astrónomos antiguos. Dicen que llevaba a cuestas un bulto en el que transportaba dones con los que premiaba a los pueblos que lo escuchaban”. 

A nuestros pies, situada en el valle, pero pegada a la base del cerro que forman las sugestivas ruinas de Ollantaytambo, se encuentra la pirámide de Pacaritampu (Posada del Amanecer), hoy un campo agrícola muy cercano a la población. Según nos traslada de nuevo una leyenda inca: de esta pirámide salieron por unas ventanas los hermanos "Ayar" con la función de organizar el mundo creando el imperio incaico. Como si
estuviera medida con regla, sus terrazas situadas en forma de abanico, y observadas desde la otra orilla del río Urubamba en lo que se denomina observatorio Intipuncu, constituyen una representación trapezoidal en la cual pueden verse las "ventanas" por las que emergieron los hermanos. Esta creencia se ve afianzada por el hecho de que durante el solsticio de invierno (finales de junio) un rayo de luz se proyecta sobre una pequeña parcela, por donde “salieron” los mitológicos fundadores del Cusco. 

Es también aquí, en el cenit de la ciudadela, la parte más añeja (a la que algunos la datan con 12.000 años de antigüedad), donde se halla el "Templo del Sol", un nuevo enigma como los que todavía están sin resolver en la boliviana Tiahuanaco. Un grupo de seis enormes piedras alineadas que cada una de ellas superan las 50 toneladas de peso traídas de una cantera situada a más de 4 km. Pulidas y encajadas a la perfección, sin la más mínima fisura entre ellas, debiendo haber sido usados para su confección y traslado elementos tecnológicos demasiado avanzados para su época de construcción. Están tan perfectamente engastadas y dispuestas de tal manera, que no cabe ni un alfiler
entre ellas,como si hubieran sido soldadas unas a otras con algún tipo de rayo laser o soldadura especial, aseverando científicos de rigor, que estos trabajos no son una cuestión de técnica, sino más bien de tecnología. Nuevamente leyendas del pueblo inca nos trasladan, que estas construcciones fueron realizadas con la denominada "cuña dorada", usada por los hijos de los dioses, pudiendo cortar la roca y hacerla flotar hasta su ubicación definitiva en los paramentos. Pero quienes eran estos seres superiores y tecnológicamente avanzados…….. he ahí la incógnita y el misterio de esta mágica ciudad. 

Las culturas precolombinas y en especial la incaica, poseyeron grandes conocimientos sobre la astronomía y las matemáticas, por lo que erigieron observatorios astronómicos y otros elementos para comprobar eventos cósmicos y planetarios importantes para ellos como los solsticios y equinoccios. Con el objetivo de relacionarlo con las labores agrícolas de la siembra y la recolección, además de los festejos al dios sol "Inti" y las celebraciones en loor a los cambios estacionales.



Una simbiosis del cielo y la tierra, como alianza de lo celestial con lo terrenal, vivir de la naturaleza con lo que esta nos aporta. Una armonía de los movimientos y fuerzas cósmicas, con el entorno del espacio temporal humano, convirtiéndose Ollantaytambo como máxima expresión arquitectónica de esta concordancia. Siendo hoy en día la única ciudad inca que sigue habitada por familias locales. Todo el diseño y estructura del pueblo inca original salta a la vista en las quince manzanas que componen la población. 

Una manera de vivir que hoy desafortunadamente hemos olvidado o estamos ignorando, pero aquí y en algunas otras comunidades de estas tierras de Cusco aún viven con esas formas y no lo olvidan, indagando a las estrellas y a las montañas vecinas por el momento idóneo para cultivar los campos, demandando a las constelaciones salud para la familia, y dedicándole siempre a la Madre Tierra, su "Pachamama" el primer sorbo de la producción de cerveza. 

Pura poesía en la naturaleza, formas de vida que nos ensañan cómo vivían los hombres por aquel entonces, en contraposición de hoy, donde todas las maldades que le estamos haciendo al planeta se justifican en el crecimiento y en el progreso………… ¿progreso de quienes?. Mientas estamos sufriendo a pasos agigantados el cambio climático, mientras algunos miran para otro lado (para que dar nombres si solo hay que mirar la prensa) y nos condenan a perder nuestra forma sustancial de vivir en un entorno natural. Debemos, como en Ollantaytambo, volver sensatamente a la tierra, reivindicando a la "Pachamama"...................... pero esto es un sueño, una verdadera utopía. 

El camino de retorno a Cusco lo realizamos hacia el sur, por los desolados paisajes que nos adentran n una meseta que ronda los 3.500 m. de altitud. Siendo a través de este recorrido donde podremos visitar lugares tan interesantes como: Moray, Maras con sus salinas y Chinchero. 

Los aproximadamente 25 km. que separan Ollantaytambo de Moray, salvan una altitud de unos 700 m. por caminos no muy transitados, sin señalizar y en no muy buen estado, pero merece la pena acercarse hasta aquí, para ver esta especie de cráteres escalonados, Moray está formado por un sistema de andenes, enormes terrazas que se superponen concéntricamente, generando la forma de un increíble anfiteatro. Estas terrazas fueron utilizadas por los incas como zona experimental agrícola, un verdadero laboratorio para los cultivos. Donde se desarrollaban experimentos a distintas alturas para mejorar la agricultura, consiguiendo con ello producir el maíz a alturas en las que nunca se había podido desarrollar. Además el día que nos toca visitarlo, 8 de octubre, se celebra el Moray Raymi o Fiesta del Sol, donde cientos de pobladores locales, muchos de ellos engalanados con vistosos colores, y comunidades vecinas se reúnen en este lugar, para agasajar y gratificar a la Pachamama la "Madre Tierra" por la buena cosecha. 

La población de Maras no posee restos le la cultura incaica pero es un referente notorio en otros aspectos, pues a ella migraron muchos ciudadanos incas de Cusco con la llegada de los colonizadores españoles, abandonando sus palacios y trasladándose a otras poblaciones más pequeñas. Es por ello que al recorrer sus cuadriculas calles nos encontramos con curiosos ejemplos de de una nívea arquitectura urbana, compuesta por adintelados portalones con interesantes trabajos de cincelados relieves, como soporte de sugestivas puestas de intenso y azulón añil. Lo que genera una agradable visión al pasear sus calles para estirar un poco las piernas camino del siguiente destino. 

Hacia el norte de la población se encuentran las conocidas y muy visitadas "Salinas de Maras”. En la ladera a poniente de un encajonado barranco nos encontramos este curioso lugar formado por unas 3.000 balsas de secado de unos 5 m2 cada una, abastecidas por salobres aguas de los manantiales que se encuentran en su cabecera. Si el espectáculo desde la altura en el recorrido por el que se llega hasta ellas es sorprendente, una vez en las mismas la sensación de estar viviendo en algunos de los siglos pasados es absoluta. Escalonadas, para mantener la orografía de su entorno, y manteniendo todas las tonalidades de los blancos existentes, el pasear por entre sus laminas salinas se convierte en un espectáculo que nos gustaría no tuviera fin. Un mundo fantástico de luz, color y formas para los gustosos de la fotografía. 

Llegamos a Chinchero a media tarde, cuando ya han desaparecido los coloridos y curiosas visitantes de los tours organizados, encontrándonos la población con un agradable ambiente pueblerino. Donde resalta la tranquilidad de sus gentes que también se trasmite al ambiente, así como la fusión de las culturas incas y colonial. Que sobre todo se hace notar en su Plaza de Armas situada junto a la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat o de la Natividad. Templo levantado sobre los muros incas del Palacio de Inca Túpac Yupanqui, con la finalidad de extirpar las idolatrías de los nativos en los primeros años de colonización. En las proximidades del santuario encontraremos una magnífica huaca (lugar de ofrendas) labrada en la roca con una serie de posaderas, que posiblemente sirvieran para marcar trayectorias privilegiadas del horizonte y fenómenos astronómicos.
 
Ya solo nos queda recorrer los apenas 30 km. para regresar a Cusco y volver a pasear por su animado casco histórico, del que aun nos queda alguna sorpresa por visitar. Estando emplazado a trasladaros en la próxima entrega la magia y las maravillas de Machu Picchu.