martes, 24 de mayo de 2016

- Etna........ el volcán de los remotos Dioses

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El omnipresente Etna, junto con el barroco, los templos griegos, la mafia y los cannolis, forma los emblemas y la identidad de Sicilia. Abarcando y dominado la silueta de la isla por su parte oriental, el volcán define la personalidad no solo de sus gentes, también de este pedazo de tierra en medio del latino mar, al que la península itálica parece querer dar una patada para desprenderse de ella enviándola hacia el norte de áfrica, a la que perteneció durante la dominación cartaginesa, allá por los siglos VI y V a.C. 

Conocido también por su nombre siciliano de Mongibello o Gibello, que deriva de la palabra árabe " ŷébel" (monte), el Etna, emblema de la civilización mediterránea, es con sus 3.350 metros de altura el volcán activo más grande de Europa. Situado en la costa Este siciliana, entre Messina y Catania, ocupa un área de unos 1.200 km2, creando su base una circunferencia casi perfecta de 140 km.  

La formación de este gigante del averno empezó hace 700.000 años, en el lugar donde se asentaba una tranquila bahía. Un incipiente volcanismo subacuático comenzó abrir una grieta en ella por donde comenzó a salir el magma, solidificándose capa sobre capa hasta crear una isla. Miles de años más tarde, esta isla denominada Kalanna (del griego "bella"), cesó de escupir fuego, sufriendo una explosión interior y grandes deslizamientos hacia el Este, creándose una impresionante depresión que hoy conocemos como Valle de Bove;  uniéndose finalmente las capas de lava a tierra firme, desapareciendo la ensenada y conformando la estructura de la actual Sicilia. Parece que esto pudo ocurrir hace unos 8.000 años, provocando un formidable maremoto que afectó a gran parte del mediterráneo oriental. Inclusive se ha llegado a especular con que este gigantesco cataclismo pudiera ser el hecho que originó el mito del Diluvio Universal. 

La mitología colma de fábulas estas humeantes lavas, y hasta ellas acercaron sus quimeras las deidades más gloriosas de la antigua Grecia. Al interior de este coloso volcánico vino a poner sus fraguas el dios griego del fuego Hefestos (Vulcano para los romanos), donde, en compañía de ciclopes y gigantes, forjaban el hierro de forma infatigables en la elaboración de armas para el dios del universo Zeus. Precisamente este ultimo durante su gloriosa victoria contra los titanes, aniquila al terrible Tifón durante una brutal lucha, en la que el monstruo arrojaba rayos y tormentas sobre el dios, que le respondía lanzando montañas y cordilleras. El gran Zeus en vez de eliminar para siempre su inmensa potencia, lo soterra bajo la majestuosa mole del Etna; provocando al monstruoso Tifón, que corroído por la ira desde entonces, crea los frecuentes terremotos y erupciones de humo y lava, azotando periódicamente toda la región, arrojando torrentes de fuego que devastando cuanto encuentran en su camino, terminan precipitándose en el mar. 

Tifón, concebido por la diosa Gea con el fin de acabar con la supremacía de Zeus, era un grandioso y aterrador monstruo alado, con una corpulencia tal que lograba alcanzar las estrellas, como así mismo abarcar el este y el oeste a la vez con los brazos extendidos. Con cabeza y torso humano, gozaba de testuces de dragón por dedos, y gran cantidad de serpientes se ceñían repartidas en sus muslos. Lograba incendiar todo lo que se le resistiese con su candente mirada, así como arrojar fuego y lava por su boca, creando terremotos y huracanes al mover sus alas. 

Cuando Tifón agitaba su furor, Plutón recorría Sicilia para ver los daños causados por el monstruoso gigante. Durante uno de estos recorridos Plutón se fija en una hermosísima doncella llamada Proserpina, quedando al instante seducido de ella. Al negarle esta sus favores decidió secuestrarla. Esto fue visto por una ninfa que intentó detenerlo, pero solo consiguió retener el cinturón de la muchacha.

Ceres, madre de la retenida, buscola por todo lugar hasta que se topó con la ninfa que había intentado socorrer a su hija, pero esta no podía articular palabra mostrándole solo el cinturón. Al ver el cinto Ceres se dirigió al Olimpo, haciéndole saber Júpiter, que era Plutón el responsable de su rapto y que la había hecho su esposa. El supremo rey de los dioses, al verla tan triste decidió ayudarla yendo a parlamentar con Plutón. Comunicándole que Proserpina solo podía regresar a la tierra si no había comido ningún sustento en los infiernos (los abismos del Etna), pero desdichadamente, había ingerido seis granos de una granada. Acordando que la muchacha pasara medio año con su esposo en el averno y el otro medio en la tierra con su madre.
 

Siendo esta la razón de la productividad de la tierra en una época del año, frente a la otra, ya que Ceres, diosa de la agricultura, se siente contenta cuando esta con su hija Proserpina, haciendo que los campos sean fértiles, no siendo así cuando le toca estar en las entrañas del volcán. 

Esto nos lo ha sido narrado por Esquilo, en su "Prometeo encadenado":
"De Tifeo (Tifón), terrible monstruo de las cien cabezas... el imponente y tendido cuerpo yace bajo las raíces del Etna, mientras en las cumbres reside Hefestos y con el martillo bate el hierro. De allí brotarán un día torrentes de fuego para destruir con salvaje violencia los vastos cultivos de la fértil Sicilia". 

También se creé que en las fauces del volcán fue donde nació Dionisio, el dios del vino, a quien se le rendían cultos desenfrenados en torno a la cultura del liquido fruto de la vid, la fiesta, el éxtasis y la orgía....  

Protector de Dionisio fue Sileno, gordo, viejo y peculiar sátiro, dios menor de la embriaguez, quien mató al gigante Encélado con su lanza, enterrándolo en las profundidades del Etna, ocasionando su jadeo las llamaradas del volcán; en donde más tarde el viejo sátiro, fue hecho preso por los colosos ciclopes que habitaban la isla siciliana. El más famoso de todos estos gigantescos titanes de un solo ojo, Polifemo, también habitaba las entrañas del volcán, que ante la llegada del héroe de la Guerra de Troya, Odiseo (Ulises), le hizo su prisionero, tal y como nos los comenta Homero en su "Odisea", pero eso es otra historia que os contare algo más adelante. Precisamente, para ayudar a impulsar las naves de Ulises, en su huida de Sicilia y retornar a Ítaca, Eolo, el dios griego de los vientos, conseguía los aires de las profundas cavernas del Etna. 

También Virgilio nos describió la fuerza de esta gran mole en el siglo I a. C. en su obra Geórgicas (ya dedicada en aquel tiempo al mantenimiento de la agricultura tradicional): "Sí, cuán a menudo hemos visto / Etna, con sus paredes de horno hendidas, / En ondosos flujos hervir sobre los campos de Cíclope / Y rodar globos de fuego y rocas derretidas" 

Cuanta deidad junta, y que compendio de singulares personajes moraron esta cónica cima desde la noche de los tiempos, que fantásticas historias nos han dejado relatadas sobre las porosas piedras de sus laderas, y que despilfarro de imaginación se gastaban los antiguos griegos, dueños y señores del Mediterráneo por aquellas lejanas fechas. Un coloso por sus caracteres físicos, pero sobre todo por su fuerza literaria y mítica, al que Píndaro, Homero, Virgilio, Esquilo o Platón le consagraron inmortales párrafos. 

Se tiene conocimiento incluso, de que en la cúspide de esta montaña de fuego hubo un templo dedicado al gran dios Júpiter, y de que en uno de sus cráteres se arrojaban personas y tesoros, con el fin de predecir el futuro y sobre todo, alejar las corrientes del hirviente magma. 

Desde este lugar, el insigne y controvertido sabio Empédocles se lanzó a la lava incandescente, para de esta forma ser admirado como un dios inmortal por sus conciudadanos. Filosofo, poeta, físico, astrónomo, profeta, chamán y mago, autor de milagros, revelador escondidos misterios y de ocultas verdades. Esbozó la teoría de los cuatro elementos, juntando la tierra de Jenófanes, el agua de Tales de Mileto, el aire de Anaxímenes y el fuego de Heráclito.

El nombre con el que conocemos a esta montaña le viene de la ondina Etna, hija del gigante Briareo y de la ninfa Cimopolia. Convirtiéndose en la diosa de este glorioso volcán, gracias a su mediación, al resolver la contienda sobre el dominio de Sicilia entre Hefestos y Deméter, respectivamente divinidades del fuego y las cosechas. Superando la mitología, su nombre proviene de la palabra cananea o fenicia "attano" (horno), posteriormente de la griega "aithos", y finalmente de la romana "aetna". En la Edad Media, durante la ocupación árabe de Sicilia, se le conocía como Yébel Uhamat (Montaña de Fuego). 

El Monte Etna es indiscutiblemente el volcán mejor documentado del mundo, ya que comienza la crónica de sus erupciones con Diodoro Siculo en el siglo I a.C. existiendo por lo tanto referencias de ellas desde hace mas de 2.000 años. La pirotecnia del volcán no es nueva, teniéndose contabilizadas más de 80 de erupciones de importancia desde los tiempos pretéritos, arrasando poblaciones enteras, acabando con la vida de miles de habitantes de sus alrededores, dejado a su paso una huella de terror y desolación.  

La primera erupción registrada del Monte Etna fue documentada en el año 1500 a.C. y desde entonces ha salpicado de ardiente magma toda la zona unas doscientas veces. En el 475, también antes de Cristo, se produce otra erupción de importancia y como tal nos dejan reseñas de ella los literatos Esquilo, Hesioto y Píndaro, sobre la fuerza y vigor del monstruo de fuego. Se vuelve a tener referencia histórica sobre la acontecida en el 396 a.C. que llegando hasta el mar, truncó las intenciones de los cartagineses por conquistar Catania durante la Primera Guerra Púnica.

Una erupción especialmente explosiva y violenta sobrevino en su cumbre en el año 122 de la anterior era, originando una pesada lluvia de cenizas, que llegó hasta la ciudad de Catania donde muchos tejados se derribaron. Durante la autoridad del Imperio Romano y antes de la llegada Cristo, se tiene constancia de por lo menos de otras 15 potentes estampidas de material volcánico. 

Comenta la tradición popular siciliana, que cuando el Etna entró en erupción en el año 252, un año después del martirio de Santa Ágata, los pobladores de Catania imploraron su mediación, tomando el velo rojo de la santa al que cosieron su nombre, logrando contener la lava a las puertas de la ciudad. Convirtiéndose desde entonces en su patrona y en la de toda Sicilia, invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes. También se recurre a ella con los males de los pechos, partos difíciles y problemas con la lactancia. En general se la considera protectora de las mujeres, de las casadas especialmente, y es así mismo patrona de las enfermeras. .

Durante la época en que el Imperio Romano dominaba el mundo conocido, Ágata era una joven catanesa, sobre la que se antojo un senador llamado Quintianus, siendo rechazado ya que ella era cristiana, habiendo consagrado su vida a la "fe" cristiana. El senador, en desagravio por el desprecio, enviola a un burdel donde, según cuenta la leyenda, conservó su virginidad de forma milagrosa. Ante lo cual Quintianus mandó apresar a la joven haciéndola torturar y ordenando le fueran cortados los pechos, martirizándola hasta la muerte, siendo declarada santa de la cristiandad.  

Otra leyenda, esta de origen inglés, dice que el alma de la poderosa y longeva Isabel I de Inglaterra "la Reina Virgen", se encuentra en lo más profundo del Etna, debido a un pacto que hizo con el diablo a cambio de su apoyo para regir el complicado reino de la Gran Bretaña. 

Se tienen noticias, de que en 1144 el cono central del volcán se derrumbó y al precipitarse creo tal estruendo, que los habitantes de la zona pensaron que era el fin del mundo, el Apocalipsis. Entre los años 1169 y 1183, se calcula que la violencia del Etna originó unas 15.000 víctimas. Parecida tragedia sufrieron las gentes de la zona de Catania en los años 1329, 1381 y 1537, cuando se repitieron nuevas erupciones, sembrando el terror de tola la población. 

Pero las más catastróficas de la memoria histórica, acontecieron entre marzo y julio 1669, cuando las lavas destruyeron parte de la ciudad de Catania, devastando decena y media de aldeas cercanas a ella, modificando sustancialmente el perfil de la costa Este siciliana, causando la muerte a unas 20. 000 personas y dejando tras de sí un escabroso y vacío desierto de 100 km2. 

Poblaciones como Nicolosi, Zafferana, o la propia Catania, vieron como el infierno se quedaba a sus puertas, o incuso entraba por ellas como un indeseado visitante. La erupción comenzó un 11 de marzo (curiosa y trágica fecha también para nuestro recuerdo), nadie alcanzaría suponer que escasamente un mes después, y tras asolar una decena de localidades cercanas, las incandescencias del volcán estarían a las puertas de la ciudad de Catania, por aquel entonces fortificada. Fue precisamente este hecho el que salvó a la ciudad, ya que los flujos de magma se desviaron hacia el inmediato mar. 

El mismo día que comenzó la erupción, en la ladera sur de la montaña se abrió una grieta de 9 km. de longitud, de la que sucesivamente fueron manando 830.000.000 de m³ de lava (casi 100 m³ de magma por segundo), que de forma continuada fluían cuesta abajo, teniendo el aliviadero de mayor importancia cerca Nicolosi, formándose el cono de ceniza que hoy conocemos como Monti Rossi (Monte Rosa), quedándose esta pequeña urbe rápidamente sepultada por las mareas de lava. Después de aniquilar varios poblados de considerable tamaño, la lava alcanzó las afueras de Catania a principios de abril, acumulándose sobre los muros de la ciudad, que eran lo bastante fuertes para soportar el empuje del flujo. A pesar de que la ciudad quedaba localmente resguardada, el magma se arrastró hacia el puerto, destruyéndolo totalmente. El 30 de abril, los muros cedieron ante la presión, superándolos y penetrando en la ciudad. Sus habitantes levantaron unos nuevos, cortando las arterias más importantes de la población, en un intento de detener los flujos de lava, que tras arrasar algunas viviendas, se detuvieron en las proximidades del Monasterio de los Benedictinos. 

Pocos años después, en 1693, la ira del volcán adquirió forma de terremoto acabando con la vida de más de 60.000 personas. Catania, la segunda ciudad en importancia de la isla de Sicilia quedó en ruinas, destruyendo completamente numerosos palacios iglesias y ciudades enteras de toda la zona oriental siciliana. El 11 de enero de ese año, sigue aun en la memoria de los pobladores de estas tierras; el levante siciliano fue sacudido por el terremoto más violento en Italia de los tiempos históricos. Sentido desde Calabria hasta Malta, devastó una gran parte de todo asentamiento en el área comprendida entre Catania, Ragusa y Siracusa; dejando un rastro de muerte y desolación, en el que se calcula que decenas de miles de personas perecieron, en gran parte por el tsunami que provocó, con olas de entre 5 y 10 metros de altura. Las crónicas de su tiempo lo narran como demoledor, con una intensidad de 11 grados de la escala Mercalli, o lo que es lo mismo, la destrucción absoluta. 

Los narradores de la época describen como los destrozos iban acrecentándose progresivamente desde Taormina hacia Siracusa, alcanzando el máximo en Avola y Noto, ciudades en las que prácticamente nada había quedado en pie. El saldo de esta catástrofe, que combinó terremoto con erupción, fue de 60.000 muertes y 45 ciudades destruidas, cercenado la vida de dos tercios de las gentes de Catania. Este hecho sin embargo impulsó, en su reconstrucción el florecimiento de la arquitectura barroca más avanzada en la zona, levantándose nuevos palacios, catedrales y edificios, generándose un diseño urbano nuevo, como ya he comentado en el artículo de este blog dedicado al "Barroco Siciliano". 

A partir del siglo XVIII las convulsiones de la montaña están cada vez mas documentadas, repitiéndose aproximadamente cada dos o tres años algunas de importancia, provocando un fenómeno mediático en informativo mundial, como la que se produjo en 2013. 

Además de estas últimas son destacables: la ocurrida en 1755 (que coincidió con el terremoto de Lisboa), la de 1811 creando el monte Simone en el valle del Bove, la de 1852 (cuando la lava arrasó la ciudad de Zafferana y causó un centenar de muertes), la de 1865 que seguida de un devastador terremoto destruyó la villa de Macchia exterminó a más de 70 personas en sus proximidades. En 1886 la población de Nicolosi se convirtió en el blanco de su furia, amenazando con devastarla sin el menor tipo de miramiento. Siendo entonces cuando surgió otra leyenda, en la que se cuenta como el arzobispo de Catania logró desviar el magma al colocar en su camino una estatua de San Antonio, según lo describe Giovanni Verga, patriarca de las letras sicilianas. Si bien en aquella ocasión el Etna dominó su mal temperamento, no tardó en soliviantarse nuevamente. La erupción de 1892 provocó el afloramiento de los montes Silvestri, situados a unos 1900 metros de altura, cerca de donde hoy se sitúa el aparcamiento de la estación de esquí. 

En 1914 se produjo otro terremoto, y en 1928 la lava expulsada por la erupción sepultó la aldea de Mascali en tan solo dos días, alcanzando casi el mar, siendo utilizado este desgraciado suceso por el régimen de Mussolini con fines propagandísticos, al hacer de las operaciones de evacuación, auxilio y reconstrucción como ejemplos de planificación fascista.  

Se repitieron erupciones durante los años 1949, 1971, 1981, 1983 y 1991-1993. Durante la de 1971 la lava enterró el Observatorio Vulcanológico (construido a fines del siglo XIX), destruyendo así mismo también la primera generación del teleférico instalado en su ladera, amenazando seriamente varias poblaciones de la vertiente Este del volcán. En 1983 las autoridades italianas recurrieron infructuosamente a explosiones de dinamita para desviar el río de magma que continuó cuatro meses fluyendo hacia zonas habitadas. Potente fue también la del verano de 2001, que devastó la estación de esquí levantada en su ladera Sur. 

En los últimos años el Etna ha tenido repetidos episodios de actividad, la última erupción de importancia tuvo lugar en 2002, teniendo conatos relevantes como el de diciembre de 2013. Una de sus últimos arrebatos fue el 26 de enero de 2014, y en nuestra visita a sus conos volcánicos y coladas de lava el 10 de abril de ese mismo año, pudimos comprobar cómo por algunos de los lugares por donde transitábamos aun salía humo, desprendiendo ese característico olor a azufre de estos lugares................ habitados por Satán. El "Gehena" de los hebreos, donde se quemaba la inmundicia y a los ajusticiados, las puertas del camino que nos lleva a los infiernos. 

Los fatales sucesos del siglo XIX terminaron con la formación en su cumbre de un cráter que en la actualidad mantiene un diámetro de más de 3 km. donde se sitúan las cuatro bocas principales, habiendo unos 200 cráteres secundarios más en sus alrededores. Le llaman "el volcán bueno", pero no lo es tanto. Hecho curioso es que cuantiosas de sus múltiples erupciones se producen en febrero, mes en el que se agasaja a la patrona Santa Ágata, siendo ella al parecer la que se dedica a que las lavas no originen infortunios mayores.  

Para seres místicos como Goethe, ascender al Etna, era como una exaltación iniciática, acariciar la cima de antiguas civilizaciones y morada de ancestros dioses. Hoy ascender su cumbre está más controlado que por aquel entonces, pues desde 1987 el Etna y su contorno están declarados Parque Regional. Justamente como el teutón, nos proponemos ascender hasta las cercanías de su cima, para lo cual partimos desde la idílica y costera urbe de Taormina, que pasando por la población de Zafferana Etnea en algo más de 50 km. llegamos al Refugio Sapienza del Club Alpino Italiano (1.910 m.) y base de la estación de esquí. Un teleférico o unas furgonetas todo terreno (depende de los días) nos trasladan hasta los 2.648 m. en las proximidades de La Montangola, en donde se halla un esplendido mirador que domina todo el valle del Bove, lugar de las más impresionantes erupciones. A lo largo de la subida se pasa por encima de las impresionantes coladas de lava procedentes de las últimos estallidos, pudiendo observar el típico efecto “espejismo” por el calor que despiden, ya que algunos de estos ríos de lava aun retienen en su interior temperaturas de unos 80º. 



Desde la estación superior del teleférico, las furgonetas todoterreno nos acercan hasta superar los 2.900 m. lugar situado en la base del cráter superior y último punto accesible a pie, al que se le conoce como Torre del Filósofo, donde se hallan los restos de un antiguo refugio,.......... que de letras y filosofía sabrían bastante sus constructores, pero de ubicación poco, pues quedó sepultado tras uno de los cabreos del volcán. Desde este punto y obligatoriamente acompañados por unos guías, realizamos un paseo por los cráteres cercanos en un asombroso y caótico entorno volcánico, donde nos explican los principales aspectos de este impetuoso fenómeno que a menudo ocurre en estas latitudes del Etna. Vemos como grupos de operario, que imaginamos son expertos en el tema, están continuamente haciendo mediciones, informándonos de que la actividad interior del volcán es alta, por lo que hay la posibilidad de en días posteriores haga algún exabrupto. Si el día está despejado las vistas desde este punto son extraordinarias, pudiendo divisar frente a vosotros en el horizonte la isla de Malta, pero no es nuestro caso, hemos ido viendo en nuestra ascensión como las nieblas se iban apoderando de las cumbres poco a poco en la mañana, y solo vislumbramos algunas panorámicas en los escasos momentos que hacen clarear a nuestro rededor, pero cada vez son más intensas. Esto junto al frio de estas latitudes nos hace desistir de estar más momentos en el lugar elegido por los remotos dioses para morar y realizar sus hazañas, teniendo que dejar para otros instantes la magia de estas escorias…………… siempre en los viajes hay que dejar algo para poder volver. 

Ya de regreso a la base, junto al enorme aparcamiento, nos acercamos también entre las insistentes nieblas, hasta los Cráteres Silvestri. Dos sugerentes conos secundarios que se formaron durante la erupción de 1892. Tapizados de flores y escorias de distinta coloración, desde su perimetral cima se puede admirar un panorama sugestivo, que abarca desde el pueblo de Nicolosi hasta el Golfo de Catania.  

La levantina y costera Catania es la segunda ciudad en importancia de Sicilia. Edificada sobre la lava escupida por el Etna, sus cuadriculas calles, diseñadas a principios del siglo XVIII, rebosan actividad. Debido a la ferocidad del cercano volcán, la población ha sufrido virulentas erupciones y terremotos durante su historia, siendo tres las ocasiones en que ha sido destruida, siendo la capacidad de resistencia de sus gentes irrefrenable. Dice un refrán italiano que "Cuando el Etna estornuda, Catania tiembla", resumiendo en estas letras, el pavor histórico de quienes habitan estas tierras expuestas a los antojos del volcán. 

Situada continua al Mercato della Pescheria (Mercado de Pescado), la Piazza del Duomo, presidida por celebre estatua de un elefante, es el centro neurálgico de la ciudad. De ella parten la Vía Atenea y la de Vittorio Emanuele II, las calles más importantes de la cuidad y desde donde se reparten los lugares interesantes de ser visitados. En la plaza se halla la catedral dedicada a Santa Ágata. Construida en el siglo XI sobre unas termas romanas, de las que todavía quedan importantes restos a la derecha de su fachada. En su interior podremos ver la pintura representando la gran erupción de 1693 que se encuentra en la sacristía. 

Resulta muy relajado y sumamente interesante, después de algunos días de ajetreo recorriendo las tierras del Sur Siciliano, el dedicar parte de una jornada a circundar toda la ladera de la impetuosa mole volcánica en el llamado Tren del Etna (La Ferrovia Circumetnea). Se trata una histórica línea ferroviaria que lleva funcionando desde 1898, uniendo todas las poblaciones que se encuentran en los flancos de la humeante montaña. Un curioso, sereno y magnifico circuito de unos 110 kilómetros alrededor del Etna, una de las mejores formas de ver desde la tranquilidad de las ventanillas de sus vagones la perspectiva del grandioso volcán, los admirables paisajes que lo envuelven y las gentes que habitan sus poblaciones. 

Parte de la estación "Catania Borgo", a la que se accede fácilmente caminando (unos 2 km.) desde el centro de la ciudad (Piazza del Duomo) pues se sitúa en las proximidades del final de Vía Etnea, a la altura de Vía Caronda, donde en su cercanía hay un aparcamiento público muy útil para este menester (Vía Narciso - Vía della Carvana).  

Su sinuoso, aunque esplendido, recorrido, nos llevara algo más de tres horas, alternando lunares paisajes de tortuosas lenguas de lavas con campos verdes cultivados en trabajados bancales, por los que a través del repetitivo traqueteo observamos añejos olivos, cuidados limoneros o punzantes chumberas, salpicados de vez en cuando por las coquetas aldeas que circundan el volcán, en las que sus gentes, humildes campesinos, utilizaban el tren para alcanzar sus cultivos. Hoy en día este trayecto por los raíles de hierro se usa como base de partida para interesantes excursiones por las faldas de la enconada montaña. A la altura de la meseta de Maletto se llega al punto más alto de todo el recorrido que coincide aproximadamente con la mitad del trayecto, desde donde se observa una buena panorámica los cráteres cimeros del volcán.  

Comenzamos a ver cultivos de almendros que se asientan en las pendientes más escarpadas, ocupando las vides las laderas rasas y soleadas. Es precisamente el producto de estas uvas enraizadas en las lavas, con el que se elabora ese vino denominación de origen "Etna", bastante apreciado y con merecida fama. Otro cultivo afamado que resulta de estas yermas laderas es el pistacho, considerados los de aquí como los mejores del mundo. Y que introducido por los árabes; al constatar que estos achaparrados árboles se desarrollaban sin ningún problema sobre los campos de lava; son ahora una de las riquezas más rentables de la zona. Oro verde, que será transformado en magníficos helados de insuperable sabor, siendo así mismo a las faldas de este volcán donde los sarracenos introdujeron los refrescantes "gelati", al mezclar la nieve de la montaña con el producto de esta planta.

Si se quiere volver a Catania en tren, hay que apearse en Giarre la penúltima estación antes de Riposto que es la última y allí coger la línea Messina-Catania, las estaciones están juntas. Llegando a Catania en la estación "Catania Centrale" (Piazza Papa Giovanni XXIII), con esto cerraremos el anillo de dar la vuelta completa al Etna en ferrocarril.


Nos cuenta Homero es su "Odisea", que un grupo de marinos griegos dirigidos por uno de los héroes de la Batalla de Troya recaló en la isla de los Ciclopes, entrando en una cueva en las laderas del Etna, en la que encontraron abundante sustento. Desconociendo que esa oquedad era la morada de Polifemo, quien al darse cuenta de su presencia los hizo presos comiéndose a algunos de ellos, teniendo su capitán "Ulises" que tramar un plan para evadirse. Para ello, tuvo que ganarse la confianza del gran Ciclope hijo de Poseidón emborrachándolo con el mejor de sus vinos, conseguido su objetivo y dormido el enorme Polifemo, con una lanza le cegaron su único ojo. Al despertar el ciego Polifemo, se percato de que los presos habían escapado y estaban huyendo en sus barcos, lanzándoles una maldición que les acompañaría durante el resto de su "odisea" de vuelta a casa en la mítica Ítaca. Lanzándoles también enormes piedras que cayeron próximas a las naves, pero sin hacerles ningún daño. Estos enormes peñascos en medio del mar los podemos aun contemplar en la costa llamada de los Ciclopes, al norte de Catania, por donde discurre la ruta que nos lleva a la idílica Taormina. 

Ubicada bajo el Monte Tauro, a doscientos por encima de la costa y con vistas a la encantadora Isola Bella (Isla Bella), Taormina forma una espléndida terraza natural junto al mar, siendo una de las joyas que ineludiblemente se tiene que visitar en esta isla, aunque esto mismo la convierte en un lugar excesivamente concurrido. Su romántico encanto y su tolerante permisividad hacia el colectivo "gay", la convirtieron durante el pasado siglo como reclamo para la comunidad culta homosexual de Europa y la América norteña. Aun se pueden ver en sus escaparates los retratos sepia del fotógrafo alemán Wilhelm von Gloeden, representando a genuinos mancebos de rizados cabellos, jóvenes y cobrizos efebos en postradas poses, motivando que la población fuera en su época considerada por algunos como "un educado sinónimo de Sodoma".
 
A finales del siglo XIX apenas era una sola calle, el ahora peatonal Corso Umberto I (repleto de tiendas de reclamo turístico y floreados balcones), con entrada por la Porta Catania y salida por la de Messina, y a mediados del siglo pasado era poco más, con alguna "vía" añadida a este. Hoy en día ha crecido, pero su limitación de espacio constructivo ha mantenido ese bucólico sabor del pasado, aunque los horrorosos y altivos (de alto, hasta siete pisos) parkings de hormigón en las entradas de la población, deslucen en parte su encanto. Encanto, en parte debido a los hispanos que la gobernaron en tiempos de su pertenencia a la corona de Aragón en el siglo XV. También por Taormina anduvo el romanticón Goethe a finales del siglo XVIII y donde contó el cantar de los ruiseñores, como cantidad de otros nostálgicos de la serenidad como: Guy de Maupassant, Thomas Mann, Tennessee Williams o Truman Capote. 

Pero uno de los mayores atractivos de esta villa en sin duda su Teatro Griego, situado en la parte más alta de la urbe, bajo el "Tauro" monte que da nombre a la coqueta población. Alzado al más puro estilo griego aprovechando la morfología de la colina, fue posteriormente acondicionado por los imperiales romanos. La visión desde su graderío nos hace observar una panorámica hacia el mar, con la bahía de Naxos y el Etna al fondo, que durante las horas en las que el sol se despides de estas tierras nos dejara fascinados, un sugerente efecto al que nuestros ojos deberían ya haberse acostumbrado en nuestro periplo por la isla, pero aun así no deja de sorprendernos. Imagen, sensación y secuela que aparte de formar una de las postales más recurrentes de toda Sicilia, también inspiró a cantidad de artistas plásticos que pasaron por este lugar, como Paul Klee y Gustav Klimt, tal vez esta visión inspiró su "beso". 

No se puede partir de Taormina sin acercarse uno a Castelmola, que además de ser una medieval población anidada encima de unas rocas, se convierte a su vez en el mirador perfecto para ver el gran volcán siciliano. El verdadero motivo de acercarnos hasta aquí es la aldea en sí, manteniendo una traza de empedradas callejuelas, que a diferencia de otras poblaciones sicilianas ha sabido conservar las antiguas construcciones pétreas, cercenando nuevas edificaciones que turbasen su milenaria apariencia. 

Rodando a septentrión, nos vamos dando cuenta, como a nuestra derecha el inmenso mar se va poco a poco estrechado hasta convertirse en un canal, estamos llegando a Messina, punto de entrada de los continentales a esta maravillosa isla. Al otro lado se asienta Reggio Calabria, ambas simétricas, las dos infaustas, pues la una y la otra fueron arrasadas en 1908 por un seísmo seguido de un poderoso maremoto, pereciendo más de 60.000 personas y quedando derribados casi la totalidad de sus edificaciones. 

Ensombrecida por la belleza de otras poblaciones sicilianas, Mesina también merece una parada aunque sea breve. Nos acercamos a las inmediaciones del puerto donde se encuentra su Catedral y  su hermosa Torre del Reloj, de la que se conserva poco Pues después de sufrir el terremoto de 1908 que la dejó medio destruida, tuvo que sufrir los estragos de los bombardeos de la segunda Guerra. Nos dirigimos también a la cercana y restaurada iglesia de la Annunziata (María Santissima Annunziata dei Catalani), construida en el siglo XII, tal vez sobre los restos de un templo pagano preexistente dedicado a Neptuno. Su excelente ábside combina al estilo normando, las aportaciones románicas, las influencias árabes y los elementos bizantinos. Su nombre "Catalani" hace crónica de los mercaderes catalanes instalados en la ciudad, propietarios de ella durante mucho tiempo.  

De Mesina partimos a poniente, recorriendo toda la Costa Norte de la isla camino de Palermo, pero eso ya os lo contare en otro momento, pues la capital siciliana bien merece unas letras.





Felicidades "Bobby", hoy es tu cumple…….. siempre me han llegado las respuestas con el viento: 

miércoles, 11 de mayo de 2016

- Estambul Otomano

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Acercarme a Estambul siempre ha creado en mi gratas emociones, los que seguís este blog y la página de mis fotografías habréis podido observar que me gusta transitar los zocos de países musulmanes, ¿será porque es donde aun se reconocen los aromas auténticos de las cosas,
porque el color de la luz es mas intenso, porque sus gentes estas desinhibidas de los que pasamos a su rededor o será porque están envueltos en papeles mágicos que para los ojos occidentales se nos asemejan regalos a la vista?.............sea lo que sea Estambul siempre me ha creado esas sensaciones, y en este último viaje (marzo de 2010) una impresión más agradable aun que las dos anteriores. He encontrado una ciudad que sin perder su identidad y su bullicio ha sido transformada, recuerdo tengo de las otras visitas, ese maremágnum de gentes, ese casi interminable comercio a pie de calle, ese sonido callejero de vida......pero todo esto que hace que una ciudad respire, estaba envuelto en suciedad, dejadez y abandono; ese es el milagro y la nueva sensación que he palpado, me he encontrado una ciudad vivaz, pero limpia, cuidada y hasta diría que ordenada, en gran parte restaurada de edificios que había visto ruinosos.......... una ciudad más de nuestro viejo continente, esperando que el resto de sus ciudadanos vecinos le demos la bienvenida a una Europa abierta, plural y articulada, en base a sus gentes y no a sus intereses.
 
Estambul es la síntesis de culturas, la unión de continentes, la visión diferente de concebir un credo, el Islam, la fusión de oriente y occidente, Estambul es la forma de entender un mundo plural en donde el foráneo no se siente extraño, donde el viajero es absorbido por la ciudad sin quedar maltrecho. 

En un artículo anterior ya os he relatado la parte bizantina de esta urbe, no se puede comprenderla entera sin conocer la otra porción, la parte islámica,......... la Otomana. Esta comienza lejos de ella, en los áridos desiertos de Arabia, cuando sobre el año 610 de nuestra era le es revelado el Corán por el Arcángel Gabriel al profeta Mahoma, con el mandato de extender el Islam por todos los territorios "infieles". Y después de conquistar sus seguidores el sur y el este dedican sus esfuerzos hacia el norte, a Bizancio a lo que fue el símbolo del Imperio Romano de Oriente, siendo Constantinopla usurpada por los turcos el martes 29 de mayo del año 1453, fecha que marca el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, denominándose desde entonces Estambul. 

De origen mongol, los turcos están entroncados con los hunos (del notorio Atila), tierras lejanas situadas en el asía central, siendo su legendario fundador Oguz Kagan. Pueblo que tuvo una relevante importancia en la provincia de Sinkiang (china nororiental) en tiempos de Gengis Kan. Trastocando el destino de muchos de sus vecinos, al asumir como religión el Islam durante la segunda mitad del siglo X, consiguiendo derrotar el Califato Abásida en oriente medio, fundando el suyo propio con Otmán I, de donde les viene en nombre de "otomanos". El rey Osmán, reverenciado por los turcos como el fundador de la actual Turquía, se declaro independiente extendiendo considerablemente sus territorios hacia la costa de la actual Grecia. Su hijo y sucesor Orján, se fue apoderando poco a poco durante el siglo XIV de las ciudades bizantinas situadas en la península de Anatolia, creando el estado otomano al pie de los Balcanes. Tierras que fueron paulatinamente conquistadas en el siglo XVI, llegando el gran Solimán a las puertas de Viena en 1532, estando esta defensa apoyada personalmente por nuestro Carlos I (V para los teutones), aunque no participaron sus tropas directamente en su protección. 

Es justo entre 1520 y 1566 con el gobierno de Solimán "El Magnífico", la época de máximo esplendor del imperio otomano. La mayoría de África del norte, el este europeo y de todo el Oriente Medio estaba controlada por los turcos de Estambul. Durante los siglos XVI y XVIII, en la ciudad se construyeron hermosas mezquitas, madrazas y palacios. Siendo durante la primera parte de su mandato cuando se elaboró la segunda y más definida edición del famoso y controvertido "mapa" de Piri Reis, del que regalo una copia al sultán Süleyman. Fue también en tiempos del "Magnifico", cuando Barbaroja, nacido en la isla de Lesbos (ahora convertida en la vergüenza de Europa); hizo de las suyas por los mares de "Ulises", primero como corsario y posteriormente como almirante de la armada turca. Precisamente estas correrías y el poder controlar las aguas mediterráneas, fueron los motivos fundamentales de la contienda naval de Lepanto en 1571, donde una gran colación cristiana apodada como la "Liga Santa", con Juan de Austria al mando, se enfrentó contra la flota turca, frenando su expansión por todo el Mediterráneo. En la contienda participo como soldado bisoño en la galera "Marquesa" Miguel de Cervantes, donde al parecer fue herido en una mano quedando en parte inutilizada, pero no "manco" tal y como ha pasado a la historia su sobrenombre. Sirvan estas humildes letras de un mal escritor, como homenaje al insigne autor de las peripecias de "Rinconete" en el IV centenario de su óbito. 

Poco a poco el imperio de los otomanos va decayendo. En el siglo XIX, la ciudad de Estambul se quiere hacer europea, aproximándose su arquitectura a la del resto de su norteño continente declinando las construcciones puramente otomanas, floreciendo el estilo barroco y rococó. Son los tiempos del Sultán Abdulhamid que rigió los destinos de Turquía entre 1876 y 1909, siendo el último de los sultanes con gran poder. Siendo los anglosajones (ingleses) quienes dan la puntilla al Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial, como buitres que se comen la carroña, lo mismo hicieron con nuestro país durante algunos siglos hasta que lo consiguieron. La noche del 15 de marzo de 1919 los aliados ocuparon la gran capital turca. Tras la Guerra de la Independencia, después de la disolución del califato y del sultanato, se proclama la República fundada por Mustafá Kemal Ataturk y el 13 de octubre de 1923 Ankara se convierte en la capital de la nueva República. En 1938 muere Ataturk, padre de la nueva Turquía. 

Muchas son las informaciones que de sus edificios más emblemáticos podemos encontrar: Mezquita Azul, Mezquita Solimán, Gran Bazar, Palacio de Topkapi, Palacio de Dolmaçhe, La gran Cisterna, etc. Es por ello que solo de estos hare someras reseñas, dedicándole más grafía a los menos conocidos pero que sin embargo por sus circunstancias o ubicación les confiaren un encantamiento especial. Haciendo un especial homenaje a través de estas letras al gran maestro de la arquitectura otomana del   siglo XVI y posiblemente de todos los tiempos "Mimar Sinán", este gran constructor prácticamente desconocido en tierras occidentales, construyo en la ciudad
de las 1.500 mezquitas una docena de las mejores. Contemporáneo de Juan de Herrera (El Escorial) y Miguel Ángel (El Vaticano), es comparable a estos en el ámbito musulmán, partiendo de sus obras la influencia y calidad de muchos de los arquitectos islámicos. Siéndole atribuidas por sus estudiosos una prolífica labor constructiva en su dilatada vida (murió a los 100 años, aunque comenzó a edificar a los 50), convirtiéndose posiblemente el arquitecto más productivo de la historia, asignándole alrededor de 374 obras: 94 grandes mezquitas y 52 más pequeñas, 57 medersas (escuelas coránicas),  colegios, 22 sepulcros y mausoleos, 50 oratorios, 35 palacios, 48 baños públicos o " hammam", 24 hospitales, 20 caravansar (posadas en rutas de caravanas), 8 puentes y 7 acueductos entre otras edificaciones. Sus edificaciones forman parte de la silueta más característica de la cuidad de Estambul, donde desarrolló gran parte de su obra. 

Las 7 colinas de Estambul; que al igual que Aman, Roma, Lisboa, Barcelona, Edimburgo, Granada, Sucre, Praga, Toledo, Vilna en Lituania, Bamberg en Alemania o Cagliari en la italiana Cerdeña; conforman junto al Bósforo y el Cuerno de Oro sus tres asentamientos geográficamente bien diferenciados. Comenzamos nuestro recorrido por el Estambul Otomano, justo debajo del impresionante puente del Bósforo (el primero) que une los dos continentes. A su sombra, en la parte europea, se encuentra el barrio de Ortakoy, y como no podía ser de otra manera iniciamos la visita de esta gran ciudad comenzando con una mezquita. No es una más del millar y medio que hay por toda la urbe, ni la más grande, pero si una de las más sugerentes. La pequeña y
coqueta mezquita de Büyük Mecidiye, está situada bucólicamente justo en la orilla del mar que junto con su refinado estilo barroco de mediados del siglo XIX, le proporciona un encantamiento especial, además de ser especialmente uno de los lugares no muy concurridos por el turismo. 

Atravesando las callejuelas de este antiguo barrio pesquero de Ortakoy, hoy distrito fundamentalmente estudiantil y con un cierto aire bohemio, dirigimos muestro caminar hacia el Palacio de Ciragan, destruido por un sospechoso incendio en 1910, y que reconstruido nuevamente aloja en la actualidad es el lujoso hotel Kempinski. Sus precios son prohibitivos, pero su arquitectura y ubicación en la orilla de Bósforo le convierten en bastante interesante. 

A continuación entramos en el Barrio de Beşiktaş, y justo a nuestra derecha se encuentra el Parque de Yıldız (en turco, estrella). Toda esta zona era en la época bizantina un bosque de coníferas, convertido durante los últimos decenios del siglo XIX en un centro administrativo de los últimos sultanes otomanos. En el interior del parque se halla el Palacio de Yildiz, el segundo más grande de Estambul. 

Más adelante, y dejando a nuestra derecha en una plaza la mezquita de Sinán Pasha (construida por Mimar Sinán), nos topamos con el ostentoso e impresionante Palacio de Dolmabahçe. Como la mayoría de todas las antiguas edificaciones de esta zona edificadas a la orilla del mar, está construido en estilo neobarroco. Edificado entre 1843 y 1856 cuando el poderío turco ya perdía su poder, sirvió de residencia del último sultán otomano. Tras la revolución y la entrada de la republica en 1923, fue asignado al servicio de Ataturk, transformándose en su residencia de verano. Este pomposo palacio quiere exaltar el poder y la riqueza del Sultán: con sus 248 dormitorios, 43 salones, 6 baños turcos y aproximadamente unas 2700 ventanas, nos traslada al majestuoso declive de los últimos monarcas. Es muy recomendable si queremos visitar el Palacio, hacerlo a primera hora de la mañana, toda vez que después se llena de visitantes, y cuantiosas filas para acceder a su interior. Los martes a las 11 horas, se puede disfrutar en su entrada principal, de la música interpretada por la Mehter Band de los jenízaros (la elite del ejército turco).
 
Dirigimos nuestros pasos ahora hasta la colina de Beyoglú, convertida durante siglos en la zona residencial de los extrajeros que vivieron en la ciudad. Siendo los genoveses los primeros en instalarse en ella, motivo por el cual al barrio que desciende hasta el Cuerno de Oro se le conoce como Gálata. Aquí es donde se ubica la famosa plaza de Taksim, zona comercial y el barrio más europeo de la gran urbe, lugar donde respira renovación, con unos establecimientos modernos como en cualquier ciudad de las llamadas occidentales. Taksim significa “centro de distribución del agua”, pues era este lugar desde donde se suministraba el agua procedente del Bosque de Belgrado hasta el acueducto de Valente. Al igual que la Puerta del Sol madrileña, es el lugar donde últimamente los jóvenes turcos se enfrentan al régimen de Endogan, con añoranzas de los tiempos de Ataturk, evocando las revueltas de las "primaveras árabes". 

El núcleo principal de Beyoglú es la concurrida y peatonal calle Istiklal, antiguamente conocida como Le Grand Rue Pera, que repleta de tiendas modernas, únicamente se ve transitada por un curioso y colorido tranvía que une la Plaza de Taksim con el Monasterio Mevlevi. La avenida bulle en actividad, a cada paso encontramos vendedores ofreciéndonos todo tipo de productos, y en ella podemos encontrar algunos de los mejores restaurantes de kebab de la ciudad. Estrechos pasajes se ocultan desde ella por el barrio de Beyoglú y Pera, uno de estos callejones es el "Çiçek Pasaji" (Pasaje de las Flores), que fue edificado en 1876 en estilo rococó, es afamado por sus "típicos" restaurantes, el mercado de pescado y sus pequeñas tiendas. 

Merece la pena desviarse un poco para acercarnos al Hotel Pera Palace, uno de los hoteles más lujosos de su tiempo, que con su testimonio de suntuosidad y esplendor, sus valiosas cualidades arquitectónicas y técnicas, favorecieron la fama de este alojamiento como leyenda del siglo XIX. Pocos grandes hoteles en la historia, han sabido trasladar con tanta intensidad, la atmosfera y el lujo de los viajeros del memorable Orient Express que hasta aquí se acercaban, así como haber acogido a espías de la categoría de Mata Hari, Kim Philby o Cicero. Si se quiere tener una excelente visión del Cuerno de Oro, deberemos subir hasta la terraza del Orient Bar y desde ella divisar el panorama con el que somos obsequiados. 

Situado en la calle Galip Dede (continuación de Istiklal), nombre de uno de los grandes poetas de la doctrina "sufí", se encuentra el Monasterio-Museo Mevlevi (Derviche). Aunque el contenido del museo no es de gran interés el edificio es una maravilla (en realidad se trata de una posada del siglo XVIII), con una bella sala de planta octogonal construida en madera, que se utiliza como salón de los Bailes Derviches. Si bien Atatürk abolió el sufismo (doctrina mística del Islam) en 1.924, este edificio se preservó como Museo de la Literatura del Diván (poesía clásica otomana). El monasterio pertenecía a la rama más reputada sufismo, la de los derviches danzantes, discípulos del poeta místico y el más grande de los maestros sufíes del siglo XIII, "Mevlana" (nuestro líder) Jalaluddin Rumi. Es aquí donde podemos contemplar la danza ritual que cada último domingo del mes realizan para desahogo de los visitantes, una docena de danzantes enfundados sus grandes faldones blancos, bailando en giros continuados alrededor de sí mismos, y al son de una monótona música, hasta conseguir un estado de éxtasis mediático. 

Referirse al sufismo es describir a la mística ascética del Islam, su finalidad es fundirse con el "todo" y desaparecer del "yo" que nos distancia del resto de los seres. El modo para conseguirlo es a través la ceremonia llamada "sema", en la que a través de una sutil, serena y bellísima forma, al son de la música emanada por una flauta, los derviches danzan sobre sí mismos. Una mano hacia al cielo y la otra a la tierra, personificando la fusión de los dos mundos, estando el derviche en el medio como conexión. Esta ceremonia simboliza lo divino, el amor y la pasión, la madurez espiritual y el camino de unificación con la verdad divina. Sema es un viaje espiritual para que el alma alcance la madurez en la unión con Dios, volviendo después a una vida de amor dedicada como servicio a la humanidad. Hoy en día, los derviches combinan su faceta mística y espiritual con una existencia normal dentro de la sociedad, separándose de esta solamente durante su etapa de formación. 

Si realmente estas interesado en saborear la autenticidad de este rito, en vez de conformarte con el que ofrecen multitud de restaurantes y lugares de "guiris" por toda la ciudad, debes acercarte a la mezquita "Canfeda Hatun Camii", situada en Dervis Ali muy cerca de la concurrida Fevzi Paşa Caddesi (barrio Fatih), donde se reúnen estos danzantes cada lunes a las 20 horas, donde se permite la entrada a personas de otros credos siempre que se respeten sus normas: los hombres y mujeres (estas siempre con la cabeza cubierta y una vestimenta acorde al lugar) están separados, estando las damas situadas en un piso superior del templo. Durante las más de dos horas que dura el rito, comenzando por algunas lecturas del Corán, los danzantes, entre canticos, no paran de girar hasta que consiguen entrar en éxtasis. Para retornar en la noche al centro de la ciudad es aconsejable contratar un taxi……… sic. 

Después de este prosario espiritual, retornamos la ruta hacia la cercana Torre Gálata. En el lugar donde se sabe ya existía otra en el siglo V, fue levantada por los genoveses hacia 1348, quienes la llamaban Torre de Cristo, formando parte de la fortaleza amurallada que los protegía de los ataques bizantinos. Con sus casi 70 metros de altura y 9 de anchura, se eleva a 140 metros sobre el nivel del mar, habiendo sido durante mucho tiempo una de las construcciones más altas de la ciudad. 

Descendemos hasta la cercana orilla marina llegando al "Cuerno de Oro", ese entrante de mar que divide la ciudad, donde se halla el puerto pesquero de Karakoy, que igualmente animado y lleno de económicos chiringuitos en los que tomar algún bocadillo de pescado recién elaborado sentaditos en el suelo junto al borde del mar. 

El Puente Gálata nos traslada al otro lado de la urbe, seguimos observando gran cantidad de actividad en él, siendo utilizado por infinidad de pescadores para lanzar sus cañas desde sus balaustradas. En su parte baja se asientan cantidad de restaurantes con terraza en donde sirven comida rápida: mejillones cocidos, delicias de pescado e incluso calamares fritos, todo acompañado con frías jarras de cerveza. 

Ya en la otra orilla nos situamos en el embarcadero de Eminönü, desde el que parten todos los ferris y las visitas turísticas por el Bósforo. A cualquier hora del día pletórico de bullicio, siendo por las tardes cuando llega a su clímax, al instalarse aquí un mercadillo callejero donde podremos encontrar cualquier cosa. 

Nos desviamos, no mucho, para buscar la mezquita de Rüstem Pasha, otra de las obras maestra del arquitecto Sinán. Construida entre 1550 y 1561 por del Gran Visir que lleva el nombre del templo y yerno de Solimán, su ubicación no era de lo más adecuado, obligando al gran proyectista a levantarla por encima de una plataforma de comercios que aun hoy existen, para que pudiera ser vista des cualquier lugar del barrio Tahtakale donde se sitúa. Todo su reducido y armonioso interior y una buena parte de la pared exterior de la mezquita están revestidos con exquisitos y valiosos azulejos de İznik (Nicea) del siglo XVI. Más de 2.300 piezas de estas delicadas cerámicas cubren sus paredes, sus vivos colores con diseños florales o geométricos la hacen estar considerada, a pesar de su pequeño tamaño, como una de las mezquitas más distinguidas de Estambul. 

Recuperando nuestra ruta, nos encontramos el Bazar de las Especias o Egipcio (Misir Çarsisi) al ser levantado con los impuestos que se gravaban a las mercaderías, fundamentalmente especies traídas de Egipto. Construido en 1660 para poder sufragar el Külliye de la Mezquita Nueva, sus beneficios sirvieron para financiar las obras de caridad de la mezquita. Con planta en forma de L y accesible a través de seis puertas que se abren en distintas direcciones, sus abovedadas cúpulas cubiertas de plomo resguardan las casi cien tiendas de su interior. Donde, entre acogedores cafés y restaurantes con vistas al Cuerno de Oro, nos ofertan productos como la miel,
dulces turcos, frutos secos, especias, té, "henna" para teñir el cabello, etc. Merece así mismo la pena acercarnos al mercado de pájaros y flores situado en un patio anexo al bazar. 

Saliendo por otra de las puertas de Bazar nos topamos con la Mezquita Nueva o Yeni Camii, que situada prácticamente en la orilla del Cuerno de Oro junto al Puente Gálata, se ha convertido en una de la clásica postales del horizonte de Estambul. Su interior, al igual que la de Rüstem Pasa, está cubierto con miles de piezas de azulejos de Iznik, así como mármoles y oro, haciendo resaltar la grandiosidad de sus bóvedas. Se inicio su construcción en 1597 por un discípulo de Sinán (Da'ud Aga), llegando en aquellos tiempos el mar hasta la plataforma donde se levanta la mezquita, generando ello problemas en su edificación, prolongándose esta durante sesenta y seis años. 

A la salida y siendo hora de un receso, ya sea mañana, tarde o noche, debemos a cercarnos al número 84 de la cercana Hamidiye Caddesi, para confirmar que los pastelillos que aquí se fabrican son de los mejores de Estambul, se trata de la confitería "Hafiz Mustafá 1864", seguro que no os defraudaran. 

Ya no estamos muy lejos de la estación de Sirkeci (Sirkeci Gari), una de las principales estaciones de trenes de Estambul y la más importante en la zona europea, convirtiéndose en el fundamental nudo de enlace de la red ferroviaria de Turquía con el resto de Europa. Fue construida inicialmente para ser la última parada del famoso Orient Express, que partiendo desde Londres llegaba a Estambul, aun queda algo de ese pasado glamour en su atmosfera. 

La sinuosa calle Alemdar, una de las principales de la cuidad desde la época otomana, nos asciende hasta "El Serrallo", denominación que tiene la Boscosa colina que marca el punto de entronque entre el Bósfor, el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, situación estratégica que explica el motivo de que las primeras construcciones de la ciudad se efectuaran aquí. Lugar donde se hallan, tanto el Palacio de Topkapi, como la Plaza de Sultanahmed, con la Mezquita Azul (Sultanahmed) y los jardines que la separan de la Basílica de Santa Sofía. 

Nos desviamos a siniestra para coger la calle Sogukcesme Sokagi, quedando a nuestra diestra las tapias posteriores de Santa Sofía. Recorremos en toda su longitud esta estrecha, empinada y peatonal vía, que sin embargo nos ofrece como recompensa el encanto de sus casas de madera edificadas a partir del siglo XVIII y que ahora lucen su esplendor después de haber sido rehabilitadas. Recuerdo la situación en la que se encontraban en l978, cuando visité esta ciudad por primera vez…………. uffffff. 

Entramos al recinto palaciego de Topkapi, donde nada más traspasar su acceso se encuentra la Iglesia de Santa Irene. Tras cruzar la "Sublime Puerta", nos encontramos ante un mítico mundo que hacen trasportarnos a los cuentos de Las mil y una noches. Solo debemos dejarnos llevar por nuestra vista, haciendo especial atención a la zona del "harem". En su parte posterior, una bien
situada y servida cafetería con vistas al Mar de Mármara, nos puede servir de relajo mientras nos tomamos un sereno y exquisito té.  

Salimos del recinto para buscar la fuente de Ahmet III, reputada como la más hermosa de las numerosas fuentes que podamos encontrar por toda la ciudad. Esta espaciosa construcción, erigida a principios del siglo XVIII en estilo rococó turco con 5 cúpulas, se encuentra aislada en medio de una plaza. 

Nos introducimos ahora en el rehabilitado barrio de Cankurtaran, que con sus casas de madera descendiendo hacia la orilla del mar, nos genera la sensación de pasear por una ciudad de finales del siglo XIX, o incluso antes. Aun estando de moda ahora toda esta zona no deja de tener su hechizo, sobre todo si sabemos recorrer las calles que aun no han sido trasformadas en restaurantes y tiendas………. todo un encanto. Siendo el lugar elegido para nuestro hospedaje durante esta visita el Amiral Palace Hotel, en Cankurtaran Mah, Bayram Firini. Sok No-7, muy bien situado y especialmente recomendable.

Ascendemos a la zona Sultanahmet en busca de los Baños de Roxelana (Haseki Hürremi), que situados al sur de los jardines que separan Santa Sofía y la Mezquita Azul, conforman uno de los mejores arquetipos de "hammam" en Estambul. Aunque el mismo ya no es utilizado como baño público, al estar reconvertido en una gran sala de exposición de alfombras, podemos ver su interior haciéndonos una idea de cómo eran los baños turcos, sin tener que contratar un lavado completo en uno de ellos. Estamos en la zona más significativa y turística de la ciudad, su espacio es amplio, los jardines cuidados y la atmosfera que se respira es intensa. A un lado Santa Sofía (de la que ya he comentado en otro artículo), al otro los seis minaretes de la Mezquita Azul, hacia ella nos dirigimos. 

La Mezquita del Sultán Ahmed, como así se llama, es la más elegante, famosa y visitada de todas las que existen en Estambul. Situada en el entorno privilegiado de la colina de Sultanahmed frente a su competidora Santa Sofía, es sin lugar a dudas uno de los lugares que todo el mundo debería visitar al menos una vez alguna vez en su vida. Tampoco quiero entretenerme mucho en aclaraciones y datos sobre su majestuosidad, porque de este edificio ya hay bastante información en cualquier folleto o guía, incluso en este virtual medio, pero sí que quiero trasladar la sensación de recogimiento, su diáfana amplitud y sobre todo lo especial de esa trasparente y suave luz azul que te envuelve y te hechiza al entrar en ella. 

Dejando el Hipódromo Romano a la derecha, descendemos a los bajos de la gran mezquita en búsqueda de algunos de los dos cafetines allí existentes para relajar nuestros ojos de tanta belleza, pudiendo elegir entre el Café Mesale y el Café Serbethane. La terraza del primero es uno de los rincones preferidos por locales y turistas, siendo el segundo es un tranquilo y cómodo lugar, con una terraza interior alejada del bullicio callejero, en donde tomarnos un té (también es restaurante) se puede convertir en un delicioso momento. 

Descendiendo por intrincadas callejuelas buscamos la Mezquita Sokullu Mehmet Pasa, que situada en el barrio de Kadirga muy cerca de Kumkapi y de la Pequeña Santa Sofía, es prácticamente una desconocida. Otra obra maestra del arquitecto Sinán que dedicó tiempo a definir su diseño al estar ubicada en un difícil terreno sobre una colina de prominente inclinación. En su interior, que asemeja agrandarse por el acertado diseño de su bóveda, sorprende el ornato del "mihrab", revestido por finísimas porcelanas de Iznik, en un sorprendente conjunto de verdes, rojos, azules y púrpuras. Así como sus pródigas cristaleras y los tres fragmentos de la “kaaba” (piedra sagrada que se venera en la Gran Mezquita de La Meca) que hay en su interior. Acceder al "sahn" (patio de lavatorios) cuando el muecín llama a la oración, rodeados por la "midha" (galería de abluciones), frente al "şadırvan" (fuente de abluciones), el "riwaq" (pórtico) y la asombrosa composición de cúpulas y semicúpulas sobre el "haram" (sala de plegaria), traslada a los seguidores del islam directamente a los jardines del Paraíso. 

Pasear por el barrio de Kumkapi, fuera de los lugares más frecuentados por multicolores foráneos y a tan sólo cinco minutos a pie de Sultanahmet, nos dará una idea muy aproximada de cómo es la cotidianidad de los habitantes de Estambul, aunque su entorno esté un poco ajado y deslucido, no tan limpio y peripuesto como en los lugares turísticos, pero es la ciudad real, sus gentes y su entorno natural……….. el encanto es único al descubrir el verdadero hechizo de la autentica Estambul. Ya hechos a la ciudad, merece la pena olvidar por algunas horas las guías y los recorridos predeterminados, para perderse y dejarnos atrapar con el genuino Estambul, el que te llena y te hace respirar: los barrios de Kumkapi, Kardiga y Fatih, sus puestos a la orilla del Cuerno de Oro, sus perdidos mercados, los pescadores del Bósforo………. Aunque; siempre hay peros; no es muy aconsejable hacerlo en la noche (el que os remite estas letras lo ha paseado a esa hora de crepúsculo oscuro en avanzada tarde, y no ha tenido ningún problema), ya que la iluminación es casi inexistente pudiendo resultar un poco arriesgado. 

Retornamos de nuevo a la realidad de la gran urbe, ascendemos hacia la céntrica calle Yeniçeriler Caddesi para adentrarnos en el Gran Bazar "Kapalicarsi" (bazar cubierto), ese enorme espacio comercial con más de 5.000 tiendas que llena gran parte del centro de Estambul. Al entrar en él, pienso que todo estaba ya inventado antes, por lo menos después del siglo XVI que es cuando se edificó este, que los "Harrows", "Galerías Lafayette" o los "Corte Inglés" de hoy, no son más que una copia en vertical de este en el que me encuentro. Si bien merece la pena perderse por sus intrincadas callejuelas donde se vende de todo, no es más bien cierto que para mí es una simple curiosidad más de esta ciudad, toda vez que ya lo he recorrido más veces. Y aunque para los que acceden a esta urbe como primerizos es de obligada visita, yo prefiero perderme por los entresijos de la ciudad en busca de los pequeños mercados,
siempre más cercanos al vecindario y más reales para mis ojos. Es por ello que cuando viajo a una nueva ciudad, hay dos sitios a los que siempre me gusta acercarme: uno son los mercados para ver cómo viven sus gentes, y otro son los cementerios para ver como tratan a sus muertos. 

Muchas de las mercancías que antiguamente se podían adquirir en este enorme Bazar, eran fabricadas en los “hans” que hay en sus proximidades. Estos, son lugares donde en tiempos pasados se hospedaban a los viajeros y peregrinos que llevaban a Estambul, soliendo constar de 2 o 3 pisos rodeando a un patio. Hoy, muchos de estos preciosos hans de la época otomana están desvencijados o ruinosos. Dos ejemplos de estas construcciones las podemos encontrar en la calle Çakmakçilar Yokusu (al norte del Gran Bazar): el Han Büyük Yeni y el Han Valide. El primero es un barroco edificio de tres cuerpos levantado en 1764, al que se entra por el nivel superior, estando lleno de jaulas de pájaros, y rodeado de un laberinto de callejones donde se instalan artesanos agrupados por oficios. El segundo, construido en 1651, consta de varios patios uno de los cuales acoge una mezquita de rito "chií", reminiscencia de cuando este lugar era el centro del mercado persa de la ciudad, ahora sus ocupantes de dedican a la confección de telas y alfombras en los telares existentes.

Para relajarnos de la vorágine que nos crea la visita del Gran Bazar, podemos ir a los cercanos los baños turcos de Çemberlitas, una de las edificaciones con las que el arquitecto Sinán agasajo a la ciudad. Este hammam junto con el de Cagaloglu (Cagaloglu Hamani Sok, nº 34 del Barrio Alemdar) son de los más recomendables de la ciudad. Siendo este ultimo uno de las más famosos de Estambul, además de por el primor que guarda su interior belleza, al hecho de que se ha conservado prácticamente igual que cuando se erigió en 1741. Aunque tiene el inconveniente de que hombres y mujeres deben de estar separados, cosa que no ocurre en los hammans más pequeños. 

Otro de los lugares próximos en los que poder descansar un rato es la "medersa" (escuela coránica) Çorculu Ali Pasa, ahora reconvertida en lugar donde tomar un agradable té y fumarnos una pipa de agua "narguile" (shisha en marroquí). No es de extrañar la transformación de este lugar en espacio de ocio, pues ya en tiempos del Imperio Otomano, en los salones de té de las medresas se dedicaban a servir té, café y opio. 

Muy cerca de este fumadero se encuentra la Mezquita de Atil Alí Pasa, una de las más antiguas de la ciudad. De aspecto sencillo, con un pequeño jardín y un original "mirhab" ya que está ubicado en un ábside, fue mandada construir 1496. 

Aledaño a la parte de poniente del Gran Bazar y al levante de la merquita Beyazit, encontramos en un gran patio y sus aledaños el Bazar de los Libros "Sahaflar Carsisi", uno de los más antiguos mercados de la ciudad. Lugar donde al parecer se asentaba el de Chartoprateia, que en tiempos de Bizancio era donde por aquella época se mercadeaba con libros y papel. En él podrás encontrar páginas sueltas de antiguos Coranes dibujadas en hermosos colores. Sigue siendo punto importante en la venta e intercambio de libros de la época imperial, así como un lugar de reunión para los ambientes literarios e intelectuales de Estambul. 

La Plaza y mezquita de Beyazit que separan el Gran Bazar y la Universidad de Estambul, son uno de los lugares más encantadores y con más vida de toda la urbe. En tiempos de Bizancio se llamaba el foro de Teodosio, siendo el más extenso de la ciudad. Hoy en día estudiantes, turistas, viandantes locales y vendedores de comida transitan por ella con total normalidad. La mezquita
Beyazit que se encuentra en todo su centro, es el gran ejemplo de arquitectura clásica otomana que podemos admirar sin cambios destacados desde prácticamente su construcción en 1506. Entre sus 25 cúpulas sostenidas por 20 columnas de granito y de pórfido, se encuentra una hermosa "Şadırvan" (fuente de abluciones). 

Frente a la mezquita y la plaza está el espectacular pórtico que marca la entrada a la Universidad de Estambul, una de las más antiguas de toda Europa pues data su origen de 1453, y cuyo acceso en la actualidad está prohibido habiendo policías o guardias de seguridad controlando las entradas. En sus jardines halla la Torre Beyazit, que con sus 85 metros de altura, fue construida en 1828 como torre de vigilancia frente a los comunes incendios que había en la ciudad. 

Ubicada por detrás de la universidad, nos encontramos la mezquita de Süleymaniye, la más importante de Estambul, y una de las más bellas, famosas y visitadas. Mandada levantar por Solimán I al prestigioso Mimar Sinán, es la que le rinde homenaje siendo su obra maestra, teniendo el honor de estar enterrado en ella junto al gran Sultán y su esposa Roxelana, mujer intrigante y poderosa. Su exterior, vigilado por cuatro estilizados minaretes y cubierto por una serie de escalonadas cúpulas, domina el horizonte de la orilla occidental del Cuerno de Oro al estar situada en la cima de una colina. El gran maestro de la arquitectura otomana logró en este edificio un espacio de gran claridad a través de las 138 ventanas que dispone. Los rayos de luz al
atravesar sus coleados cristales, se reflejan en los mármoles de su interior creando una sensación única, dejándonos impresionados por su grandeza, sencillez y armonía, destacando los azulejos de Iznik que adornan el mihrab. 

A la diestra de la mezquita, pero dentro del mismo recinto, se encuentra un pequeño cementerio con los mausoleos regios, asemejando en miniatura la Mezquita de la Roca en Jerusalén. El conjunto también incluye cuatro madrazas o escuelas coránicas, una biblioteca, una escuela de medicina, un hospital, un caravasar, un comedor de beneficencia y un hospicio para los pobres, donde en su tiempo se atendía sin importar el culto que profesaran a más de mil indigentes, viajeros y peregrinos. 

También contempla un baño turco, el hammán de Suleymaniye (Mimar Sinán Street, 20), que construido en 1557 también por el gran Sinán, el más añejo de la ciudad, y uno de los pocos donde pueden estar juntos mujeres y hombres en las mismas salas. Siendo uno de los baños mas regentados por el turismo por este motivo.

Camino de nuestro próximo destino la mezquita Sehzade, podemos hacer un alto y relajarnos un poco en el Vefa Bozasiki (Kapit Çelebi, 104), un bonito café donde podemos tomar la típica bebida "Boza". Un tradicional brebaje hecho a base de semillas fermentadas de mijo, con una gran variedad de sabores. Aunque las gentes de Estambul conocen al afamado Vefa por ser un fabricante de vinagres y jarabe de granada, su dedicación principal hoy en día es por la fabricación de este néctar. Receta que ha mantenido en secreto desde que inauguró su establecimiento en el siglo XIX. 

Muy próxima se encuentra la Mezquita Sehzade o Mezquita de los Príncipes, siendo de nuevo otra de las obras de Sinán que podemos contemplar en Estambul. Terminada de construir en 1548, fue testigo de la trágica y turbia muerte de Mehmet, uno de los hijos de Solimán. A raíz de este hecho, su hermano el Príncipe Cihangir enloqueció de pena, pereciendo muy joven en la siria ciudad de Aleppo, por aquel entonces era parte del Imperio Otomano, y ahora famosa por las
terribles imágenes que nos trasladan los telediarios.  Apenado por estos hechos, Solimán hizo levantar la mezquita donde reposan los restos de los dos hermanos, en el mausoleo situado en el jardín.  

Alejada en parte del bullicio turístico, la mezquita de Sehzade se alza majestuosa en la tercera de las colinas de Estambul, dando vistas al Cuerno de Oro y al mar de Mármara. Situada contigua a una transitada calle, su espacio sin embargo nos trasmite paz y serenidad a través de sus jardines y de la simetría de sus formas. De su interior, en medio de una cuidada ornamentación, destaca la belleza de su cúpula central. 

A la salida, nos topamos con el Acueducto Valente que dejamos a nuestra izquierda, y a nuestra derecha el Kadınlar Pazarının (Mercado de las Damas), concentración de tiendas de carnes y quesos del genuino barrio Zeyrek con sus originales y ruinosas casas de madera. Más adelante, en descenso hacia el Cuerno de Oro, se extienden los barrios de Fener y Balat, auténticos desconocidos para la inmensidad de los multiformes foráneos que visitamos esta magnífica urbe. Fener es el barrio griego, donde se instalaron y asentaron muchos de estos, cuando poblaron Constantinopla en la época de Constantino. Semirruinoso, de empinadas y estrechas callejuelas con escaleras, y casas destartaladas pintadas con vistosos pero descoloridos tonos.......... aunque autentico, receloso.

En el barrio de Balat residen (o residían) los judíos de origen griego desde los tiempos de Bizancio, y posteriormente los sefarditas expulsados de España en 1492 por los Católicos Reyes. Los últimos acontecimientos ocurridos por el radicalismo islámico ha producido un descenso considerable de hebreos en los países musulmanes y Estambul no es una excepción, quedando en pie menos de la mitad de las sinagogas de las que hubo en la ciudad. Recuerdo de mi primer viaje, que al intentar contratar un taxi y saber su precio se organizó un revuelo que no veas y no fue una discusión, simplemente la forma de ser de los de aquí y la los problemas idiomáticos; pues en medio del fragor, apareció un judío sefardí que con su castellano del siglo XV nos hizo de interprete; curioso momento que de nuevo viene a mi mente. Como el de extrañarme de ver así mismo, un periódico escrito en la lengua de Jorge Manrique o del Marques de Santillana........... ¿Dónde estará?, pues creo que me traje un ejemplar para aquí.

Estamos inmersos en pleno barrio Fatih, la zona musulmana mas ortodoxa, donde residen los devotos más fervientes del Islam y donde este credo está representado como forma de vida a través de sus gentes, comercios, en
la manera de vestir y me atrevería a comentar que hasta en la forma de mirar. Cantidad de hombres llevan aquí largar barbas, como representación de su exaltación religiosa y sus mujeres van mucho mas cubiertas que en el resto de Estambul. 
 
De este conglomerado de calles y gentíos que nos traslada el dogmatismo de su religión sobresale la mezquita Fatih, una de las más grandes de la ciudad. Rodeada por un amplio y barroco patio, como antesala de un admirable e impresionante despliegue arquitectónico, se encuentra este enorme complejo religioso, asistencial y funerario. Su origen se remonta a la mezquita construida sobre una antigua iglesia bizantina dedicada a los Santos Apóstoles, donde estaban enterrados la práctica totalidad de los emperadores bizantinos.  Sufriendo desperfectos a lo largo de los siglos, resultando prácticamente destruida en el terremoto de 1754, fue posteriormente reformada. 

Por esta zona de la ciudad hay diseminados e importantes restos de le época bizantina que podéis seguir a través del artículo dedicado al Estambul Bizantino.

Nos queda por visitar la muy interesante zona de Eyüp, a la que muchos de los coloridos visitantes que hasta esta ciudad llegan ni siquiera se acercan, tal vez por desconocimiento, tal vez por falta de tiempo o por simple desinformación. Hasta ella se puede llegar desde el puerto de Eminönü cogiendo el autobús 99, pero lo mejor y lo que aconsejo desde estos humildes párrafos, es hacerlo en trasporte público "fluvial" recorriendo casi en su plenitud el Cuerno de Oro (Haliç). Ese estuario natural que divide la parte europea de Estambul, considerado por muchos el
puerto natural más importante del mundo. Esta especie de pequeño fiordo o ría gallega, es un antiguo valle fluvial inundado por las aguas marinas con salida al estrecho del Bósforo. Históricamente, esta embocadura atrajo los primeros pobladores en el siglo VII a.C. convirtiendo mas tarde a Constantinopla en un poderoso puerto, concentrando los intereses comerciales de Bizancio primeramente y después los del Imperio Otomano. 

Este paseo en ferri público, pasa sucesivamente de una a otra orilla del Cuerno de Oro haciendo breves paradas en los barrios costeros de: Kasımpaşa, Fener, Hasköy, Balat, Sütlüce, llegando por ultimo a Eyüp. 

Es aquí, en este último lugar, donde en medio de un entorno relativamente sereno, libre del caos generalizado que se desarrolla en el centro de Estambul, se halla un complejo religioso de indudable valor, tanto histórico como artístico, con la Mezquita de Eyüp (Eyüp sultán Camii) como su máximo exponente. Supuesta ubicación del lugar donde encontró la muerte Abu Ayyub al-Ansari (Eyüp El Grande) en el año 668, quien era el portaestandarte del Profeta Mahoma durante
el primer asalto musulmán a Constantinopla. Siendo la primera mezquita que se edificó después de la conquista de la ciudad por los otomanos, convirtiéndose en un reverenciado lugar de peregrinación al ser el recinto donde se veneran de sus restos, que se hallan protegidos por una celosía realizada en plata. 

Al pasar a su interior nos encontramos un magnifico espacio cubierto con preciosos azulejos de Iznik, en el que su suelo está cubierto con alfombras en tonos carmesí, refinados candelabros y algunos ornamentos en oro. En su pulcro patio interior, a la sombra de unos enormes arboles, se realizaba la ceremonia de entronización de los sultanes otomanos, con la mítica espada de Osmán. En sus alrededores, durante la temporada de primavera y verano, nos encontraremos con cantidad de niños ataviados con trajes de príncipe celebrando su circuncisión. 

Al estar este templo dedicado fundamentalmente a una famosa tumba, todo su contorno se ha ido convirtiendo con el tiempo en lugares de enterramiento, donde nos podemos encontrar con de cantidad de sugerentes y pequeños recintos funerarios, topándonos con valiosas obras de arquitectura funeraria, compuestas por sepulcros con más de doscientos años de antigüedad de sultanes y personas importantes. Entre los que destacan el Mausoleo de Sokullu Mehmet, también diseñado por Minar Sinán, así como el barroco Külliye (complejo) de la Sultana Mihrisah. Algo menos inmediato y ocupando totalmente la ladera situada al norte de la mezquita, guardan reposo eterno las gentes del pueblo, los humildes, en otro cementerio que también merece la pena transitar, ya sea para pasear o para acercarnos hasta el café de Pierre Loti, que situado en lo alto de la colina, también podemos llegar hasta él por medio de un moderno teleférico.

Mítico y tentador establecimiento aterrazado, que lleva el nombre del famoso escritor francés (Pierre Loti era un pseudónimo ya que en realidad se llamaba Julien Viaud), El momento es cautivador, la sensación de serenidad asegurada, y hasta podremos observar con "suerte" mientras tomamos un café o un "narguile", como alguna comitiva fúnebre pasa entre las mesas con el óbito incluido........... surrealista escena, pero no extraña en este fabuloso y original café-mirador.

Como siempre es inspirador navegar por el mar, os propongo como colofón y despedida de esta ciudad de los minaretes, recorrer el Bósforo en uno de los ferris que salen cada nada del embarcadero de de Eminönü, y que recorriendo las dos orillas de este estratégico estrecho marino nos llevará hasta Anadolu Kavagi, un pueblo de pescadores donde desde su cúspide, junto a los restos de una iglesia románica, se puede observar el Mar Negro, ocasión casi única de verlo tan próximo. 

Estambul a pesar de haber perdido la capitalidad del Estado, ha seguido creciendo muy rápidamente y se ha mantenido como el verdadero centro comercial e industrial del país. Su población también continúa aumentado sobre todo por el gran porcentaje de inmigración rural que llega cada año a la ciudad. En los últimos veinte años, Estambul con sus importantes centros comerciales, culturales y modernas autovías, se ha convertido en una gran metrópolis moderna. Pero aun así mantiene esa atmosfera particular a través de cientos de rincones y lugares
sugestivos, donde se llega a sentir la impresión de que el tiempo no existe o se para. Siendo una constante al recorrerla, el tenerse que detener para admirar desde el mismo lugar varias imágenes diferentes, e incluso personajes callejeros que nos dejaran totalmente absortos. Cafés y restaurantes por doquier, la gran mayoría con terrazas callejeras desde donde contemplar el ajetreo cotidiano de la ciudad. Coger, como si de Lisboa se tratara, el tranvía que desde las murallas de la ciudad antigua nos llevará hasta las proximidades de Taksim (T1) y el nostálgico T5 que recorre la bulliciosa Istiklal Caddesi, fumarse un "narguile" (pipa de agua) en Çorlulu Alipaşa Medresesi o dejarse llevar por el olor de las especias de algún mercado perdido entre callejuelas…… son sensaciones que uno no puede perderse en esta mágica urbe. 

Intenso es este artículo, como intensa es esta ciudad, donde recostados al atardecer a la orilla de ese mar que parece un rio grande, vislumbramos esa mágica y rojiza luz destellando sobre las construcciones de la orilla asiática, llegando a descifrar como este lugar fue escogido por distintas culturas para asentarse en él. Estambul………. estuario donde Leonardo Da Vinci esbozó un proyecto de puente, colina donde Pierre Loti firmó su amor por una doncella turca, tren donde Agatha Christie  urde un asesinato, Serrallo donde Mozart rapta a Constanza………….. espacio donde el gran maestro Sinán diseñó sus fantásticas mezquitas. Cada vez que retorno de ella, mi alma me pide volver.