jueves, 6 de julio de 2017

- Nazca…… las misteriosas líneas (Perú)

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Catorce horas de autobús separan las poderosas ruinas incas de Cuzco de los polvorientos desiertos de Nazca. Una ruta que discurre por una serpenteante carretera de unos 650 km., en la que se desciende casi 4.000 metros a través de una bajada que parece no tener fin. Llegados sobre las 8,30 de la mañana a la terminal de autobuses, a las 10 ya estábamos en el aeródromo montados en la avioneta para observar desde el aire las misteriosas líneas y sus enigmáticos dibujos. 

La costa peruana es prácticamente una sucesión de zonas desérticas que se extienden desde la Atacama chilena hasta la frontera ecuatoriana, y Nazca se asienta en una de esas zonas desoladas a mitad de camino ente la línea costera y los Andes Occidentales. Lugar donde prácticamente nunca llueve, lo que ha generado junto a la aridez del terreno, que los rastros dejados por sus antiguos pobladores los "nazcas", sigan aun siendo magníficamente visibles. Es lo que ha ocurrido con las enigmáticas y famosas "Líneas de Nazca", compuestas por varios centenares de trazos que incluyen: estrías, figuras de animales, dibujos y formas geométricas cuidadosamente trazadas sobre la superficie terrestre, integrando uno de los ejemplos más prodigiosos de las culturas precolombinas, y que curiosamente solo son apreciables desde el aire.
 

Estos sorprendentes rasgos fueron realizados por la “Cultura Nazca” entre los siglos I y VII de nuestra era, superando en algunos casos los dos mil años de antigüedad.  Se extienden sobre una superficie superior a los 750 Km². oscilando su tamaño entre los 50 y 300 metros. Su misterio reside en lo ininteligible que pudo representar el haberse realizado desde el suelo y únicamente perceptibles desde la altura a varios cientos de metros. Son imágenes ejecutadas a un solo trazo, surcos a ras de suelo de no más de 30 centímetros de profundidad, obtenidos al descarnar la pedregosa capa somera del terreno, que debido a la oxidación por lo general es más oscura, dejando al descubierto un fondo más claro, generando un perceptible contraste entre el color del terreno y la figura en cuestión. 

Están elaboradas con una perfección increíble, aun cuando algunas de ellas alcanzan varios kilómetros de longitud. No siendo este fenómeno "artístico" único en estas latitudes, ya que se pueden encontrar ejemplos similares en Chincha y Paracas también en Perú, las del valle de Azapa, Chiza, Tiviliche y Atacama en Chile, ……… a más de 1.500 Km. o incluso en la selva amazónica brasileña y en Kazajistán, pero sí que las de Nazca son las más numerosas y de las mejor conservadas. Asombrosas manifestaciones que dejan un sinfín de dudas por resolver, los cuales terminan convirtiéndose en verdaderos e indescifrables enigmas, superando los límites de la lógica y transportándonos hacia lo imposible. 

Los primeros datos documentados sobre estos anómalos grafitis pétreos fueron del conquistador Pedro Cieza de León, que allá por el 1547 dejó una crónica escrita sobre las hoy afamadas líneas, expresando que había visto “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca”. Poco después de que el cronista hispano observara “señales” sobre la llanura desértica, el corregidor Luis de Monzón quiso darles una explicación, adjudicándoles en 1568 el adjetivo de "carreteras", meridiana simpleza para todo un alto dignatario del virreinato de Toledo en Perú. Siendo los pilotos aéreos, ya bien entrado el siglo XX, quienes trasladaron que lo que observaban desde la altura carecía de toda lógica. Posteriormente llegaron los primeros vuelos científicos, y personajes como Mejía Xesspe, Paul Kosok o la reconocida arqueóloga María Reiche, verdadera
estudiosa de este fenómeno, al que ha dedicado su vida. Siendo estos entre otros, los que dedicaron gran parte del siglo pasado intentando aclarar los misterios (o acrecentarlos más si cabe) alrededor a uno de los descubrimientos arqueológicos más inexplicables que existen. Pasando las tesis de lo normal a lo paranormal, dejando teorías sobre: un calendario astrológico, mapas o dádivas a los dioses celestiales. 

Las conjeturas de los científico e investigadores, van desde la probabilidad de que estos trazos fueran primarios "centros ceremoniales" del oriundo pueblo Nazca, a las conjeturas sobre grafismos hechos para enaltecer a los viajeros de otros mundos. Hay incluso quien plantea que se tratan de pistas de aterrizaje para Ovnis. La ciencia y la arqueología aún no han sabido dar una explicación lógica a tan extraño fenómeno, por lo que las elucubraciones prosperan en la bibliografía pseudocientífica, y más en las que dedican a lo paranormal, lo ignoto y el misterio, acrecentando las tesis sobre la existencia de seres “extraterrestres”. Ya nos dejó alelados en 1968 el controvertido escritor helvético Erich Von Daniken, cuando nos trasladó pródigamente esta teoría en su libro “Recuerdos del futuro”, donde exponía que las "Líneas de Nazca" eran un reflejo de visitas venidas de lejanos planetas que dejaron huella a sus pobladores. 

Para mí la tesis más verosímil es su uso como rito invocación del agua, buscando convertir estos estériles socarrales en las húmedas selvas amazónicas, por ello dibujaron los arboles y los animales en ellas existentes, como un llamamiento a los dioses para que sus tierras se convirtieran en u vergel. 

Pero yendo a lo práctico, y ya comenzado el sobrevuelo por encima de estas áridas tierras, lo primero que divisamos es una mezcolanza de “líneas y figuras geométricas” sin orden ni harmonía aparente. Como si desde la altura alguien hubiese usado un "cúter", rasgando de forma indiscriminada sobre las planicies rectas y planimetrías de cientos de metros. 

Unas de las primeras figuras reconocibles que observamos se encuentras en la ladera de un áspero y terrizo cerro. Es la conocida como el "astronauta", una figura de semejanza humana de unos 30 m. con el brazo extendido, como si quisiera saludarnos y desearnos buen vuelo. Magnifico comienzo en una de las figuras más representativas de este singular paseo, pues su silueta parece simbolizar algo que escapa de cualquier razonamiento lógico. 

Las figuras se suceden una tras otra hasta que distinguimos “El mono”, una de las más celebradas, con sus más de 135 m. y su enorme cola formando una perfecta espiral, que para justificar su significado algunos dicen que es la representación de la Osa Mayor. Pues una de las teorías sobre su utilidad, es el que estas líneas y dibujos fuera un calendario en el que estuvieran recogidas algunas de las constelaciones celestes. 
 

Seguidamente avistamos un “pequeño perro” y de inmediato un “colibrí”. Esta ultima una de las más sugerentes por lo equilibrado de sus dimensiones. Le siguen “El cóndor”, de ciento cuarenta y dos metros, el gigante de Nazca. Y a continuación “La araña”, uno de los de mejor realización y detalle. Cruzamos por encima de otros dibujos de aves que representan “El Papagayo”, "el Pelicano”, “El Alcatraz o Pájaro gigante”. Sobrecoge la precisión de estas delineaciones, para las que quizás haría falta algo más maña, debiendo de ser inevitables complejos cálculos matemáticos, así como herramientas inexistente por aquellos tiempos, tal y como hemos visto en otros lugares como Tiahuanaco o el Valle Sagrado de los Incas.

Nuestro piloto nos conduce ahora por encima de tres dibujos diferentes, los únicos que son apreciables mínimamente desde un mirador situado 20 km. al norte de la población de Nazca, en un lateral de la Carretera Panamericana, donde apreciamos las siluetas conocidas como “El árbol” y “Las manos”. La tercera " El Lagarto", perfectamente definida, ha sido amputada por la carretera Panamericana, que la ha partido en dos por su mitad. Siendo en la actualidad este tipo de infraestructuras y el acceso que es su día se realizo con el paso de vehículos todo terreno por la zona, el problema más significativo para la conservación de este enigmático patrimonio.  

Líneas kilométricas, dibujos que se aproximan al millar, sensaciones, y la permanente duda sobre su motivación que posiblemente nunca alcancemos a conocer. Obligándonos a seguir una búsqueda amasada en mil teorías y conjeturas, tantas como señales hay marcadas en su suelo. Dudas ante nuestra ignorancia, pero… reflexionamos, dándonos cuenta de que en el pasado hubo quienes fueron capaces de destrozar la lógica consiguiendo sacar al mundo de su aburrida rutina…………… esta vez con la magia de uno de los lugares más increíbles y únicos del planeta. 

Independientemente de las imágenes puestas aquí, y de las que podéis observar en el enlace que antecede estas notas, para los curios@s que estéis interesados en indagar y curiosear, las líneas y las figuras son visibles en la página de Google Earth, buscando por Nazca y situándose al noroeste de la población. 

Pero lo que también nos ha traído hasta aquí, es conocer algo más de estos pueblos precoloniales y preincaicos, cuya cultura se extinguió hace cientos de años. Para ello, nada más descender de la avioneta, ya nos estaba esperando un coche que habíamos contratado para que nos acercase a través de la carretera Panamericana y una polvorienta pista, hasta el Cementerio de Chauchilla, un lugar en medio de la nada, separado de población de Nazca unos 30 kms. hacia el sur. Un sito que no puede ser más inhóspito e inhabitable, rodeado de campos yermos de arena y cerros calcinados por el omnipresente sol.  

Es uno de los pocos lugares donde se encuentran algunos de los restos existentes de la "Cultura Nazca, desarrollada entre el 300 y el 1000 de nuestra era a partir de la de "Paracas" (que más adelante veremos), pero posterior a esta. No existiendo conocimiento de ella hasta el año 1901, fecha en que fue descubierta, siendo la civilización prácticamente desconocida. La cerámica es su elemento más característico, sobresaliendo sobre manera de ella, el dibujo y su magnífico colorido que abarca hasta once coloraciones diferentes. También se conocen sus tejidos que son de una gran calidad, superando aún a la cerámica por su colorido y la fantasía de la decoración.  

Aunque el fin primordial de la totalidad de los turistas que viajan a Nazca, es sobrevolar las líneas, hay lugares arto interesantes no lejos de ella que pasan desapercibidos, o no generan interés en la mayoría de los visitantes. Siendo uno de ellos el mencionado Cementerio de Chauchilla, un lugar que no nos dejará indiferente al visitarlo. Una de las necrópolis más antiguas y mejor conservadas que se puedan visitar no sólo en el sur peruano, sino en toda América Latina. Remotos mausoleos en los que fueron enterradas gentes muchos siglos antes de que surgiera en el lago Titicaca el gran Imperio Inca.

Nada más comenzar la visita observamos esparcidos por los laterales del camino que nos lleva de una tumba a huesos humanos por todas partes, así como trozos de telas e inclusive cabellos enredados en las piedras, restos de los escarnios realizados por los malotes. Pues durante muchos años este cementerio “pre incaico” no se libró de los buscadores de tesoros y "robatumbas, que desvalijaron los enterramientos y sustrajeron todos los tesoros y objetos de valor que yacían junto a las momias, dejando a su paso cadáveres semidesnudos y un gran número de tumbas arruinadas. 

A cielo abierto, con apenas un rustico y pajizo techado como protección, esta original y extraña necrópolis aún deja a la luz a un buen número de cadavéricas momias, que a través de sonrientes rostros nos observan desde la profundidad de un buen número de tumbas abiertas en el suelo, que a pesar de tener en algunos casos más de mil años, se conservan en un aceptable estado. Cuerpos colocados en posición fetal y envueltos en fardos de tela, donde atónitos observamos el contraste de la blancura de sus cráneos con sus oscuras mortajas de ajadas ropas, que se nos asemejan rancios y podridos sacos de esparto. Entre los esqueletos y cráneos de este ancestral hipogeo, distinguimos largas trenzas de cabello humano, que en algunos casos llegan a tener más de 2 metros, cuerpos momificados de niños en perfecto estado, así como vasijas de esa vistosa cerámica, que al parecer guardaban restos de comida en ese viaje final hacia la morada de los dioses. Estos restos momificados de Chauchilla se conservaron en excelente estado gracias a las características climáticas de una región árida y seca como pocas. Solo están acondicionadas entre 20 y 30 hipogeos, pero al parecer son cientos los huecos excavados en la zona, que revelan la actividad de una necrópolis de unos 2 kms. de extensión. 

Están datadas por los científicos que las han estudiado entre el año 200 y el 600 de nuestra era, pero las teorías sobre su antigüedad disienten de tal modo que hay arqueólogos que aseguran ser anteriores a Cristo, mientras que otros afirman que su datación se acerca más al siglo X. En lo que sí coinciden la mayoría, es que los enterramientos pertenecen a una importante cultura pre-incaica denominada “Ica-Chincha. 

Las decrépitas momias del Cementerio de Chauchilla parecen mantienen un callado diálogo con el silencio que las rodea, destierro con soledad. Apartada de todo y de todos, esta Necrópolis es mucho más sorprendente de lo que podamos llegarnos a imaginar. Llegar a este lugar, puede convertirse en una de las paradas más sorprendentes de Perú, un acercamiento a la historia perdidas culturas de las que casi todo se desconoce, ejemplo palpable de que la Arqueología todavía tiene mucho que hacer en este país. Museo al aire libre de muchas riquísimas y antiguas civilizaciones, que aún oculta en sus entrañas múltiples tesoros y secretos por revelar. 

Otro importante situado de la "Cultura Nazca" es Cahuachi, que ubicado en el curso medio del río Nazca, está catalogado como el lugar mas importante de esta civilización preincaica. Paraje remoto bajo la arena del desierto de Nazca, es hoy en día un lugar poco frecuentado, estando aun sin terminar de desenterrar y restaurar. Pues no ha sido hasta hace apenas 35 años, en 1982 cuando es "descubierto" por el arquitecto y escritor italiano Giuseppe Oreficci, aunque hace menos de 100 años, ya se sabía de su existencia y se habían descubierto algunos restos. 

Se encuentra ubicada a unos 28 km. al oeste de la ciudad y al sur de las líneas de Nazca, abarcando una extensión de aproximadamente 24 km2. En Cahuachi se hallan enterrados por las arenas un número indefinido de de elementos constructivos, entre los destaca la "pirámide" y su Gran Templo, centro ceremonial de primer orden para estas gentes, que vivieron su época de máximo esplendor entre aproximadamente el año 400 a.C. hasta el 500 d.C. Sin duda un emplazamiento sagrado habitado por una gran casta religiosa, que en periodos de apogeo recibía miles de peregrinos que venían de todos los valles aledaños, del que se cree que sus moradores fueron los constructores de las Líneas de Nazca. Como ocurrió en otros lugares y de otras latitudes, los amantes de lo ajeno no tardaron en llegar, desvalijando gran cantidad tesoros arqueológicos, sustrayendo principalmente cerámicas y elementos rituales. Las autoridades locales desafortunadamente no tienen suficientes medios y recursos para controlarlos, motivando que en la actualidad se siga despojando el yacimiento.  

De regreso a Nazca, nos da tiempo visitar el taller de un alfarero quien nos da detalles sobre la evolución de la cerámica Nazca y nos indicara como las gentes de esta cultura realizaron sus bellos y coloridos trabajos de arcilla hace dos mil años. Así como un rustico taller minero, donde ver a los operarios separar el cieno de oro mediante unos enormes rodillo, mucha agua y el contaminante mercurio. 

Nos dirigimos por la yerma línea costera hacia el norte, observando un pálido y sutil atardecer desde el autobús que nos deposita ya de noche en Paracas. Esta interesante costera y marina población ahora está tranquila, pues aun no es temporada playera, los que nos acercamos hasta aquí, a finales de su invierno austral, no es por las playas ni el dorado de pieles, la bien definida península que la protege ostenta una de las reservas marinas más grandes del Perú, con una gran variedad de especies marinas y más de 200 tipos de aves, formando parte de uno de los ecosistemas más importantes de nuestro maltrecho planeta. Lo primero en la mañana, es embarcarnos para disfrutar de un paseo marino hasta el pequeño y rocoso archipiélago de Islas Ballestas. Durante el recorrido observamos en la orilla del mar, en medio de una arenosa y altiva duna, la inconfundible imagen de un candelabro perfilada en su ladera. No se sabe su misteriosa procedencia, ahí quien le atribuye 2.500 años de antigüedad, pero su tamaño 180 m. de altura por 60 de ancho, pudiera tener como origen la cultura de Nazca. Llegados a las islas descubrimos una importante colonia de: pelicanos, pingüinos, lobos marinos y cientos de miles de aves guaneras, siendo precisamente estas las que generaron en su día la explotación del "guano" como primordial abono agrícola. Las sugestivas imágenes de estos animales es complementada por las formas y contrastes de sus rocas con el mar. 
El resto de la mañana y gran parte de la tarde lo dedicamos a la zona terrestre, que como el resto del litoral peruano es de una aridez absoluta. La visita terrena a la Reserva de Paracas (en quechua "Lluvia de arena") nos permitirá recrearnos no solo de magníficos y desérticos paisajes costeros, sino también de sus rosados flamencos, que según algunos historiadores, sus colores inspiraron la creación de la bandera roja y blanca del Perú, cuando desembarco en estas costas el general San Martín durante la lucha contra la colonización española. Durante el recorrido aprenderemos algo sobre la "Cultura Paracas" (del 700 a.C. al 200 d.C.), gentes que habitaron este litoral hace mas de 2.000 años, dejando como evidencia en sus necrópolis y enterramientos de una gran diversidad de ricos tejidos, de tal calidad que asombran al mundo actual por su gran perfección, los cuales podremos visionar junto con sus curiosos cráneos alargados en el Museo Julio Cesar Tello, celebre antropólogo peruano que dedico su vida al estudio de esta cultura. 

No quiero terminar este apartado de Paracas sin hacer referencia al impresentable, maleducado, impertinente y déspota Sr. Zarcillo, gerente de la terminal de los autobuses Cruz del Sur y propietario del hospedaje contiguo, así como dueño de media población de Paracas, elemento al que en el pueblo detestan de forma unánime, adjetivándole como un "ojo de pato", sic de libre interpretación.

Desde Paracas, dedicamos una jornada para ir a la población de Ica, son apenas 70 km. lo que las separa, pero un monumental atasco en la "panamericana" que cruza la ciudad por la mitad, nos atrasa nuestros propósitos. Nos dirigimos directamente a las dunas de Huacachina, donde contratamos un "buggi" para zascandilear un rato por las arenas. Esto es de lo más loco, aunque pensándolo mejor, el loco es el conductor y todos los que en él nos hemos subido, pues nada más arrancar ya la velocidad y los saltos por los arenosos montículos son una prueba de fuego para mi serpenteada columna vertebral, pero la experiencia merece la pena, aunque solo sea por escuchar los gritos de las mozalbetas "cholitas" que nos acompañaban. Una vez ya terminado el paseo y depositados en tierra firme y segura, dedicamos unos instantes en visitar y recorrer el curioso oasis allí existente. En medio de este mar de dunas y arena, sin ningún signo de la más insignificante vida a nuestro alrededor, se halla una curiosa laguna de verdes aguas y frondosa ribera, eso sí, totalmente urbanizada en su rededor, pues se sitúa apenas 5 km. y 10 minutos de la turbulenta urbe de Ica. Como una gota de agua que subsiste, resiste y sobrevive entre las dunas de arena, el oasis de Huacachina es una discordancia de la estéril naturaleza de su entorno, pudiendo estar su origen en la ancestral leyenda que nos habla de las infinitas lágrimas de una desdichada princesa incaica.

Transformado ahora en lugar de actividades de "rezume adrenalítico", en tiempos este vergel, en medio de lo inhóspito, fue lugar de reposo y recreo de la burguesía más notable del Perú, aun se nota un toque vintage y decadente de aquellas épocas en sus palacetes y balaustradas. 
De retorno pasamos por polvorienta y desastrosa ciudad de Ica, y de nuevo el gran atasco. En ella visitamos el esqueleto del Santuario del Señor de Luren, derruido en parte por un terremoto de 7,9 grados en 2007. Temblor que solo ocasionó una víctima mortal en la persona del niño "Chicho", suceso ocurrido justo al lado del templo Luren, lugar que han convertido la superstición lugareña en un rancio y decrépito centro de peregrinaje en busca de curaciones milagreras. Nosotros buscadores de milagros más piadosos y terrenales, nos acercamos hasta las bodegas "Lazo", uno de los templos del país donde se produce el mejor "pisco" de Perú, que por cierto tuvimos la obligación de catar, como es menester.  
 
Nuestro recorrido por los "altiplanos andinos" termina en Lima, populosa población de cerca de 10 millones de personas, ubicada a orillas del océano Pacífico y en la ribera del río Rimac del que le viene su nombre. La capital peruana es el centro político, financiero y comercial más importante del país, estando su centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO desde 1991, dado que posee gran parte de la arquitectura de su época colonial, sobresaliendo sus vistosas y trabajadas balconadas.  

Lima fue fundada el 18 de enero de 1535 por Francisco Pizarro, como Ciudad de los Reyes, ya que fue el 6 de enero del año de creación, cuando tropas del conquistador hispano encontraron el sitio ideal para establecer la ciudad que pasaría a ser la capital de Nueva Castilla y posteriormente del virreinato. 

Suele ser la puerta de entrada al país (en nuestro caso de salida), y en ella podemos disfrutar tanto del descanso como de la generosa y buena gastronomía peruana. Pasear por las calles de casco antiguo, nos acerca a la idea de cómo fue en el pasado, ofreciéndonos y sorprendiéndonos con una gran diversidad de atractivos: iglesias y edificios coloniales, multitud de espacios museísticos, galerías de arte, espacios arqueológicos, y una agitada y callejera vida social. Solo por hacer una reseña destacar de entre los espacios más interesantes: la Plaza de Armas o Mayor, la Catedral, el Palacio de Gobierno, la iglesia y convento de San Francisco, la Plaza de San Martin o el curioso barrio chino entre otros, sin dejar de visitar el Barrio de Miraflores y realizar un sosegado paseo por su malecón. Podría resaltar más cosas, pero creo que ya está bien de letras, para vosotros se os hará trabajoso el leerlas, y para mi, un tanto vidrioso ya trasladar aquí todas esas vividas imágenes. 

Termina con este párrafo un recorrido de casi un mes por interesantes tierras de los altiplanos andinos, comenzado en tierras chilenas de Atacama y finalizado en las aguas peruanas del pacifico sur, recorriendo entre medias las bonitas y sugerentes tierras bolivianas y los feudos del antiguo imperio Inca………….. espero que os halla resultado cuando menos interesante.