sábado, 24 de junio de 2017

- Cuzco y el Valle Sagrado de los Incas

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Con la sagrada misión de fundar uno de los mayores imperios de la historia americana, los primeros "incas" Manco Capac y Mama Ocllo, salieron desde la Isla del Sol en el lago Titicaca, hacia la búsqueda del lugar propicio para satisfacer el mandato del gran "Viracocha" (dios sol y creador del universo), en establecer una nueva cultura que reorganizase el mundo. Debían para ello, ir tanteando con un "báculo de oro" el terreno por el que iban pasando hasta encontrar un lugar donde se hundiera con facilidad. Encontrando el sitio idóneo a orillas del río Huatanay, donde hoy se sitúa la actual Cuzco "Qosqo" (ombligo), fundando la antigua capital del Tahuantinsuyo (Imperio incaico). 

Como si fuéramos Mama Ocllo y Manco Capac, seguimos su mismo itinerario para descubrir nosotros también Cuzco, claro que nosotros en autobús y sin el dichoso bastón áureo, trayecto que también se puede realizar en el mítico y glamuroso tren Andean Explorer pero bastante más caro. Pasar a estas tierras es entrar directamente a los pilares de cultura "Inca" y aunque durante nuestro recorrido ya hemos podido contemplar parte de esta civilización, son estos valles situados al pie de las montañas andinas los que mejor representan, y aun hoy en día nos trasladan la forma de vida de esa gran civilización.  

Partimos de Puno dejando el gran lago Titicaca a nuestra espalda, internándonos de nuevo en tierras baldías y desprovistas de vegetación, haciendo una primera parada a los aproximadamente 110 km. donde se sitúa la población de Pucará. Donde sus antiguos pobladores, entre los años 250 a. C al 380 d. C, desarrollaron la que se conoce como "Cultura Pukará", que ocupando un territorio al norte del lago Titicaca desde Tiahuanaco hasta Cuzco, comenzaron a controlar la agricultura respetando la naturaleza y domesticando a los animales que tenían en su proximidad, como son la alpaca y llama, consiguiendo con ello avanzar en la confección de tejidos.  

Se sabe que alcanzaron amplios conocimientos sobre el uso del agua y la arquitectura. En esta civilización de nuevo aparecen las "pirámides", ejemplos que encontramos de forma escalonada y truncada, al que daban un uso de carácter ceremonial, como la de Kalasaya. También fueron diestros en la elaboración de cerámicas y esculturas, sobresaliendo de estas últimas la "Estela de Pukará", la cual podemos admirar en su museo local. En medio de la población destaca la enorme Iglesia Santa Isabel construida por misioneros jesuitas, posiblemente su tamaño lleve concordancia por ser un lugar donde los colonizadores encontraron resistencia a que los indígenas abrazasen la nueva "fe" importada. 

Cien kilómetros más adelante, en medio de un espectacular aunque nublado paisaje montañoso y rodeados de cantidad de puestos de baratijas y quincallería, volvemos hacer una parada. Estamos en el puerto de Abra La Raya (o simplemente La Raya), a 4.435 m. de altura, divisoria de aguas entre el océano Pacifico y el Atlántico. Se puede considerar como el lugar donde empieza el Valle Sagrado, pues es aquí donde nace (en el nevado Cunurana de 5.443 altitud) el rio Vilcanota, que posteriormente se llamara Urubamba y cuyas aguas, pasando bajo la ciudadela de Machu Picchu, llegan al océano atlántico por medio del Amazonas. Los incas lo consideraban un rio sagrado al que denominaban Wilkamayu (en quechua "río sagrado"), simbolizando la "Vía Láctea" para los antiguos pobladores de estas tierras. 

Poco después, a unos 60 km. se encuentra Raqchi, en el linde entre Puno y Cusco (ruta del Collasuyo), sitio estratégico por su ubicación. Se trata de los vestigios más evocadores de los incas, resto de lo que fue uno de los templos más impresionantes erigidos en la época del Gran Inca Pachacutec dedicado al dios Viracocha, en la actualidad se encuentra rodeado de un espectacular entorno verde, con praderas y plantaciones de maíz. Totalmente diferente a la arquitectura de esta cultura que veremos en Cuzco, Valle Sagrado o en el mismo Machu Picchu, se halla cimentado en piedra pero con paredes de adobe, se sitúa en medio de una pequeña ciudad, donde se encontraban más de 200 "qolqas" o graneros para almacenar alimentos en previsión de épocas de sequia, terrazas agrícolas, "canchas" (recintos cercados) y "wayranas" (albergues techados de solo tres paredes). 

Media hora rio abajo, en la población de Checacupe, paramos de nuevo para cruzar un "puente inca" sobre el río Pitumarca, que se ubica contiguo a otro de piedra de la época colonial. Situado sobre lo que fue el Camino Real Cuzco-El Collao, el reconstruido puente, es una réplica del que en su día existió construido con sisal (especie de esparto que se extrae de unas pequeñas palmeras) entre dos tajos rocosos. 

Antes de llegar nuestro destino, solo nos queda ya parar en Andahuaylillas, una pequeña población a unos 45 minutos de Cuzco. El motivo es visitar la iglesia colonial de San Pedro Apóstol, que los jesuitas mandaron edificar en el siglo XVI en piedra y adobe, sobre algunas construcciones incas anteriores. Localizada en la plaza y al costado de tres pétreas cruces, su portada e interior nos muestra una interesante decoración con pinturas murales del siglo XVII y XVIII, siendo por ello denominada como la "Capilla Sixtina de América". Durante su historia el templo fue pasando de los instruidos Jesuitas a los inquisidores Dominicos, estando afortunadamente de nuevo en manos los primeros. No solo en la formas de evangelización se diferencian estas órdenes religiosas, en esta iglesia podemos contrastar el concepto del lujo entre unos y otros, siendo claras y flagrantes las diferencias.  

Todas las pinturas fueron realizadas por artistas nativos, dejando de forma subliminal algunas pinceladas ocultas con características quechuas como reivindicación ante los conquistadores hispanos, encontrando de forma aislada algunas plantas de "coca", así como cruces incas "chacanas" y otros elementos de sus paganas creencias. No dejan los jesuitas fotografiar su interior, estando encargado de ello una "resuelta y eficaz" señora, pero para compensar esta desventurada censura somos obsequiados a la entrada con un CD, en donde se muestran sus interesantes lienzos así como la historia del templo.
 
Llegamos a Cuzco mediada la tarde, solo con tiempo para encontrar acomodo en el céntrico Hotel Virrey Boutique y entretener un poco nuestros estómagos con una ligera cena, pero aun pudimos en esos breves instantes respirar la mágica esencia de esta ciudad, a la que dedicaríamos unos meritorios días. Desde el "colonial" balcón de nuestro alojamiento frente a la Catedral, vislumbramos en la penumbra de la noche y en cálido despertar de la mañana el transitar de las gentes por la Plaza de Armas centro neurálgico de su Casco Histórico. Trama urbana, edificada por los incas asemejando la forma de un puma recostado, animal que representa al "guardián de las cosas terrenas". 

Reedificado por los españoles sobre las originales edificaciones incas, sirviéndolas como basamentos, sobre los primitivos muros se alzan las paredes blancas como encaladas y por encima de ellas asoman los aleros característicos del estilo colonial. Con la llegada de los hispanos, cada templo, palacio o caserón fue reemplazado por una casona colonial o un templo cristiano, con la intención de usurpar no sólo el espacio físico, sino también los dogmas de sus moradores. Poco queda del esplendor de su originaria civilización quedando solamente los asientos de sus edificaciones, pero formando una extraordinaria mezcla arquitectónica, convirtiendo a Cuzco en una de las urbes más hermosas y atrayentes de todos esta los Andes. 

Transitamos por el Barrio de San Blas con sus empinadas y adoquinadas calles, atravesando el estrecho Callejón de las Siete Culebras y la calle de Hatun Rumiyoc con la piedra de los 12 ángulos en los muros de lo que fue el palacio Inca Roca, hoy sede del Palacio arzobispal, para desembocar en el interesante Museo Inca, acogido en un flamante palacio colonial. Cruzamos por la magnífica, luminosa y soportalada Plaza de Armas, engalanada con los coloridos balcones de madera de la época del virreinato. En ella se sitúa la iglesia de San Francisco, y como no la Catedral, construida justo encima de donde se hallaba emplazado el palacio del Inca Wiraqocha. Al otro lado de la Plaza de Armas visitamos la también criolla casa de Garcilaso de la Vega "el Indio Garcilaso". No pudiendo dejar de visitar el misterioso y mágico templo Coricancha, encima del cual se construyo el convento y la iglesia de Santo Domingo, menos mal que un terremoto que sacudió la ciudad en 1950 destruyo parte, y al rehacerlo respetaron la construcción incaica que hoy podemos admirar en su interior. Refinados templos de la última etapa de la cultura incaica, de los que se cuenta tenían partes cubiertas de oro y plata. 

Los alrededores situados al norte de Cusco no son menos sugerentes. Apenas unos tres kilómetros y situada sobre una colina, nos encontramos de bruces con la impresionante y grandiosa fortaleza de Saqsayhuamán, levantada con enormes bloques graníticos en forma de zigzags a tres niveles como baluartes defensivos. Las vistas de Cuzco desde su cúspide son verdaderamente extraordinarias, dando la sensación que estamos encima de la antigua capital de los incas. 

Esta majestuosa fortificación se sitúa en la cabeza de la figura del puma que antes he mencioné, siendo en las praderas que se sitúan en ella donde cada solsticio de invierno (24 de junio), se celebra la afamada fiesta del Inti Raymi (Fiesta del Sol).  

Más meridional y mas alto nos encontramos Puca Pucara y Tambomachay, interesantes vestigios de la cultura del Tahuantinsuyo. El primero por su carácter defensivo y militar en la cúspide de un cerro y el segundo, conocido también como "baño del Inca", es un complejo dedicado al culto del agua. En el que podemos observar una serie de acueductos, canales y varias cascadas que discurren por las rocas. Lo curioso de este complejo es la división de una cascada creando dos fuentes exactamente iguales, si ponemos dos botellas a llenar en cada una de ellas, se colman al mismo tiempo. 

De vuelta paramos en Q’enqo, un adoratorio ritual y lugar donde se presume realizaban sacrificios. Ya llegando a Cuzco nos acercamos hasta el enorme Cristo Blanco. Nueva representación y ostentación de la religión cristiana (hasta se enciende todo él por la noche) en lo alto de un cerro dominando la población, eso sí, con unas vistas inmejorables de la capital incaica. 

Bien madrugados y desayunados nos disponemos a conocer el impresionante y tentador Valle Sagrado de los Incas, para lo cual hemos apalabrado con un taxista su asistencia durante toda la jornada…………… y el día de retorno de Machu Picchu, con lo que veremos todos los lugares interesantes por los que nos llevará el recorrido. El primero de ellos; tras cruzar el pequeño puerto de Abra Corao (3.834 m. de altitud) donde paramos en el mirador Quillahuata; es observar las magnificas vistas de la zona de Yuncaypata. Descendemos y nueva parada en el mirador de Taray, primer punto desde donde se divisa realmente el Sagrado Valle, por el que vemos discurrir el venerado río Urubamba aun denominado por aquí Vilcanota. Sorprendente es la primera visión que tenemos ante nuestros ojos, apareciendo montañas y cerros que aprisionan el valle observándolo en toda su amplitud, logrando apreciar en días claros los nevados Pitusiray y Huancalle, si no es así podemos conformarnos con las vistas de Pisac, situado bajo nosotros y los "Senos de la Ñusta". Estos últimos, situados al pie de las montañas y cercanos a la población, son apenas cuatro hileras de andenes (terrazas) que representan los senos de una mujer, pudiendo haber sido un homenaje a la fecundidad. 

Yucay, fue como nominaron los incas a este fértil valle, uno de los más productivos de todo Perú por su excepcional clima y la calidad de sus suelos. Habiendo sido estas tierras "bienes de abolengo" del Gran Inca y sus sucesores, a quienes los españoles después de su conquista, siguieron reconociendo como tales mediante las dádivas reales que concedieron a la nobleza incaica. De este valle dijo Garcilaso de la Vega: "Aquel valle se aventaja en excelencia a todos los que hay en el Perú, por lo cual todos los Reyes Incas... lo tuvieron por jardín y lugar de sus deleites y recreación, donde iban a alentarse la carga y pesadumbre que el reinar tiene consigo...". 

En la cabecera del valle se encuentra Pisac, el actual (colonial) junto al rio y el originario (inca) en las laderas de sus montes, dirigiendo nuestros pasos hacia los tres mil metros de altitud, donde se sitúa este último. Conformado por extensas e impresionantes terrazas o "andenes", acueductos, templos, túneles, murallas, puertas, canales, puentes y cementerios, sus seis barrios urbanos estratégicamente situados y once sectores agrícolas todos ellos separados y desperdigados por distintas lomas, pero unidos mediante un sendero que recorremos durante algo más de dos horas, sirviéndonos para disfrutar con impresionantes vistas sobre el valle que se abre a nuestros pies por debajo de sobrecogedores precipicios………. y sobre todo en la práctica soledad. Nos genera la sensación de volver a un tiempo de hace 500 años, aun solo manteniéndose sus ruinas, pues esta maravilla de la arquitectura e ingeniería inca fue destruida por Pizarro en 1530.  

Pisac es un lugar mágico, no solo por su ubicación y el buen estado de sus vestigios, también de ella nos han llegado mitos y leyendas que, al escucharlas en el mismo lugar de donde se han producido, nos dejan seducidos. Cuenta una de ellas que el cacique de la población Huayllapuma tenía una hija llamada Inquill Chumpi, quien debería desposarse con el hombre que pudiese construir, en sólo una noche, un puente sobre el río Willcamayo (actualmente "Vilcanota" ó "Urubamba"). Una obra de gran importancia estratégica y
defensiva, pero inverosímil de realizar para la mayoría de sus pobladores, al ser una tarea prácticamente imposible. Tras el rechazo de numerosos pretendientes por la dificultad de esta construcción, un día se presento ante el cacique el apuesto príncipe Asto Rímac aceptando el reto y solicitando la mano de la princesa, quedando mutuamente prendados el uno del otro en la primera mirada. Dispuestos todos los elementos y materiales, Asto Rímac se puso a iniciar la obra. Pero la bella Inquill debía cumplir una condición, ascender por el cerro sin volver la cabeza hasta que su amado terminara la construcción, de lo contrario ambos serían convertidos en piedra. Casi ya amaneciendo y con el puente a punto de ser terminado por el príncipe, Inquill, no pudiendo soportar más, miró hacia abajo para ver a su prometido, quedando los dos convertidos en piedra hasta el día de hoy. De tal manera, que hoy en día, ascendiendo desde la población hacia el cerro Ñustáyoc y mirando hacia el sur, se puede observar un grupo de rocas que los lugareños conoce como la “ñusta encantada”, pues tiene la forma de una mujer que lleva sus bultos en la espalda, siendo la personificación de aquella princesa que no cumplió la condición que se le demandó. 

Si bien Pisac es la primera población del Valle Sagrado, Ollantaytambo es la última antes de llegar a Machu Picchu. Entre ellas hay un rosario de aldeas con importantes restos de la cultura incaica, pero de todas ellas es la inexpugnable fortaleza-santuario de Ollantaytambo, la que destaca sobre manera. 


 
La visitamos en la mañana temprano, después de haber regresado y descansado de un intenso día ecorriendo la magia de Machu Picchu. Es a esta hora, poco después del amanecer, cuando se contemplan en su perfección y grandiosidad los pétreos y pulidos muros de sus contrafuertes, geométricamente cincelados con enorme precisión, de tal manera que no dejan resquicio en sus juntas para que pase ni siquiera el aire, y menos las malas sensaciones. Momentos, en los que la tranquilidad se respira y aun no se siente el bullicio multicolor y ruidoso de los miles de visitantes que hasta sus gradas llegan desde Cuzco mediada la mañana, instantes en que podemos sentir el estimulante magnetismo de este lugar. Ollantaytambo forman parte del origen de la mitológica historia del pueblo inca, pues en él dicen emanar energías telúricas de gran fuerza, siendo estas el origen de su construcción, aparte de incidir los rallos solares en determinados lugares, y en días y horas señaladas de su calendario. 

Dedicado fundamentalmente al culto del agua, elemento que discurre por todo su entorno, está compuesto por complejos religiosos y astronómicos que revelan su importancia. Ascendiendo sus gradas, por los 150 escalones que las salvan, llegamos a través de pasajes y calles encofradas por paredes de poderosas rocas perfectamente esculpidas y ensambladas, hasta llegar su cúspide. La visión es majestuosa, el aire limpio, el frescor de la mañana nos acaricia y a nuestros pies la población comienza a despertarse. Desde allí observamos a nuestro frente, al otro la de de un secundario valle y en la ladera del cerro Pinkuylluna, la silueta de un hombre esculpido en las rocas de la pared. Un sorprendente perfil de 140 m. que al parecer se trataría de Wiraccochan, un mensajero enviado desde Tiahuanaco por el gran dios creador "Viracocha" para establecer un nuevo centro de luz en el mundo. Recorriendo las tierras desde Bolivia instruyendo a los hombres en la agricultura así como el uso de las plantas curativas. “Vestía una túnica andrajosa, el cabello corto, una corona y un báculo como los que llevaban los sacerdotes y astrónomos antiguos. Dicen que llevaba a cuestas un bulto en el que transportaba dones con los que premiaba a los pueblos que lo escuchaban”. 

A nuestros pies, situada en el valle, pero pegada a la base del cerro que forman las sugestivas ruinas de Ollantaytambo, se encuentra la pirámide de Pacaritampu (Posada del Amanecer), hoy un campo agrícola muy cercano a la población. Según nos traslada de nuevo una leyenda inca: de esta pirámide salieron por unas ventanas los hermanos "Ayar" con la función de organizar el mundo creando el imperio incaico. Como si
estuviera medida con regla, sus terrazas situadas en forma de abanico, y observadas desde la otra orilla del río Urubamba en lo que se denomina observatorio Intipuncu, constituyen una representación trapezoidal en la cual pueden verse las "ventanas" por las que emergieron los hermanos. Esta creencia se ve afianzada por el hecho de que durante el solsticio de invierno (finales de junio) un rayo de luz se proyecta sobre una pequeña parcela, por donde “salieron” los mitológicos fundadores del Cusco. 

Es también aquí, en el cenit de la ciudadela, la parte más añeja (a la que algunos la datan con 12.000 años de antigüedad), donde se halla el "Templo del Sol", un nuevo enigma como los que todavía están sin resolver en la boliviana Tiahuanaco. Un grupo de seis enormes piedras alineadas que cada una de ellas superan las 50 toneladas de peso traídas de una cantera situada a más de 4 km. Pulidas y encajadas a la perfección, sin la más mínima fisura entre ellas, debiendo haber sido usados para su confección y traslado elementos tecnológicos demasiado avanzados para su época de construcción. Están tan perfectamente engastadas y dispuestas de tal manera, que no cabe ni un alfiler
entre ellas,como si hubieran sido soldadas unas a otras con algún tipo de rayo laser o soldadura especial, aseverando científicos de rigor, que estos trabajos no son una cuestión de técnica, sino más bien de tecnología. Nuevamente leyendas del pueblo inca nos trasladan, que estas construcciones fueron realizadas con la denominada "cuña dorada", usada por los hijos de los dioses, pudiendo cortar la roca y hacerla flotar hasta su ubicación definitiva en los paramentos. Pero quienes eran estos seres superiores y tecnológicamente avanzados…….. he ahí la incógnita y el misterio de esta mágica ciudad. 

Las culturas precolombinas y en especial la incaica, poseyeron grandes conocimientos sobre la astronomía y las matemáticas, por lo que erigieron observatorios astronómicos y otros elementos para comprobar eventos cósmicos y planetarios importantes para ellos como los solsticios y equinoccios. Con el objetivo de relacionarlo con las labores agrícolas de la siembra y la recolección, además de los festejos al dios sol "Inti" y las celebraciones en loor a los cambios estacionales.



Una simbiosis del cielo y la tierra, como alianza de lo celestial con lo terrenal, vivir de la naturaleza con lo que esta nos aporta. Una armonía de los movimientos y fuerzas cósmicas, con el entorno del espacio temporal humano, convirtiéndose Ollantaytambo como máxima expresión arquitectónica de esta concordancia. Siendo hoy en día la única ciudad inca que sigue habitada por familias locales. Todo el diseño y estructura del pueblo inca original salta a la vista en las quince manzanas que componen la población. 

Una manera de vivir que hoy desafortunadamente hemos olvidado o estamos ignorando, pero aquí y en algunas otras comunidades de estas tierras de Cusco aún viven con esas formas y no lo olvidan, indagando a las estrellas y a las montañas vecinas por el momento idóneo para cultivar los campos, demandando a las constelaciones salud para la familia, y dedicándole siempre a la Madre Tierra, su "Pachamama" el primer sorbo de la producción de cerveza. 

Pura poesía en la naturaleza, formas de vida que nos ensañan cómo vivían los hombres por aquel entonces, en contraposición de hoy, donde todas las maldades que le estamos haciendo al planeta se justifican en el crecimiento y en el progreso………… ¿progreso de quienes?. Mientas estamos sufriendo a pasos agigantados el cambio climático, mientras algunos miran para otro lado (para que dar nombres si solo hay que mirar la prensa) y nos condenan a perder nuestra forma sustancial de vivir en un entorno natural. Debemos, como en Ollantaytambo, volver sensatamente a la tierra, reivindicando a la "Pachamama"...................... pero esto es un sueño, una verdadera utopía. 

El camino de retorno a Cusco lo realizamos hacia el sur, por los desolados paisajes que nos adentran n una meseta que ronda los 3.500 m. de altitud. Siendo a través de este recorrido donde podremos visitar lugares tan interesantes como: Moray, Maras con sus salinas y Chinchero. 

Los aproximadamente 25 km. que separan Ollantaytambo de Moray, salvan una altitud de unos 700 m. por caminos no muy transitados, sin señalizar y en no muy buen estado, pero merece la pena acercarse hasta aquí, para ver esta especie de cráteres escalonados, Moray está formado por un sistema de andenes, enormes terrazas que se superponen concéntricamente, generando la forma de un increíble anfiteatro. Estas terrazas fueron utilizadas por los incas como zona experimental agrícola, un verdadero laboratorio para los cultivos. Donde se desarrollaban experimentos a distintas alturas para mejorar la agricultura, consiguiendo con ello producir el maíz a alturas en las que nunca se había podido desarrollar. Además el día que nos toca visitarlo, 8 de octubre, se celebra el Moray Raymi o Fiesta del Sol, donde cientos de pobladores locales, muchos de ellos engalanados con vistosos colores, y comunidades vecinas se reúnen en este lugar, para agasajar y gratificar a la Pachamama la "Madre Tierra" por la buena cosecha. 

La población de Maras no posee restos le la cultura incaica pero es un referente notorio en otros aspectos, pues a ella migraron muchos ciudadanos incas de Cusco con la llegada de los colonizadores españoles, abandonando sus palacios y trasladándose a otras poblaciones más pequeñas. Es por ello que al recorrer sus cuadriculas calles nos encontramos con curiosos ejemplos de de una nívea arquitectura urbana, compuesta por adintelados portalones con interesantes trabajos de cincelados relieves, como soporte de sugestivas puestas de intenso y azulón añil. Lo que genera una agradable visión al pasear sus calles para estirar un poco las piernas camino del siguiente destino. 

Hacia el norte de la población se encuentran las conocidas y muy visitadas "Salinas de Maras”. En la ladera a poniente de un encajonado barranco nos encontramos este curioso lugar formado por unas 3.000 balsas de secado de unos 5 m2 cada una, abastecidas por salobres aguas de los manantiales que se encuentran en su cabecera. Si el espectáculo desde la altura en el recorrido por el que se llega hasta ellas es sorprendente, una vez en las mismas la sensación de estar viviendo en algunos de los siglos pasados es absoluta. Escalonadas, para mantener la orografía de su entorno, y manteniendo todas las tonalidades de los blancos existentes, el pasear por entre sus laminas salinas se convierte en un espectáculo que nos gustaría no tuviera fin. Un mundo fantástico de luz, color y formas para los gustosos de la fotografía. 

Llegamos a Chinchero a media tarde, cuando ya han desaparecido los coloridos y curiosas visitantes de los tours organizados, encontrándonos la población con un agradable ambiente pueblerino. Donde resalta la tranquilidad de sus gentes que también se trasmite al ambiente, así como la fusión de las culturas incas y colonial. Que sobre todo se hace notar en su Plaza de Armas situada junto a la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat o de la Natividad. Templo levantado sobre los muros incas del Palacio de Inca Túpac Yupanqui, con la finalidad de extirpar las idolatrías de los nativos en los primeros años de colonización. En las proximidades del santuario encontraremos una magnífica huaca (lugar de ofrendas) labrada en la roca con una serie de posaderas, que posiblemente sirvieran para marcar trayectorias privilegiadas del horizonte y fenómenos astronómicos.
 
Ya solo nos queda recorrer los apenas 30 km. para regresar a Cusco y volver a pasear por su animado casco histórico, del que aun nos queda alguna sorpresa por visitar. Estando emplazado a trasladaros en la próxima entrega la magia y las maravillas de Machu Picchu.


jueves, 27 de abril de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

- Valle del Jerte…… los cerezos en flor

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Una vez más buscando la luz y el color nos acercamos hacia donde se funden las graníticas sierras de Gredos y Béjar, camino del puerto de Tornavacas, en la unión de la Vieja Castilla y la Extremadura. Esplendida balconada para divisar en toda su magnitud la panorámica que nos ofrece el amplio y sosegado Valle del Jerte, sus poblados y la tenue blancura que desde él ya podemos apreciar de los tonos níveos de sus frutales en flor, que junto con el verdor primaveral y las lluvias recientes hacen resplandecer en toda su hermosura este altozano del norte extremeño. Trocha por donde antiguamente cruzaban los pastores, arrieros, trashumantes gentes y milicias, que buscando un paso generoso a su caminar, atravesaban las altivas sierras carpetovetónicas para buscar mejores pastos de temporada, o tal vez una mejor vida. 

Antes que ellos, trajinaron estos lares los Vetones, que de origen celta tuvieron en liza por su guerrería a los romanos del Imperio, que también estuvieron por estas tierras dándole la denominación de "Comarca del Gozo"…………. por algo seria, dejando a posterioridad la impronta, como no, de sus novedosas vías de comunicación. También cruzó este concurrido collado el emperador Carlos V (primero de los apodados así en la nueva Hispania), que camino de su último destino en Yuste, atravesó por esta trocha cerca de las siete de la tarde un miércoles 11 de noviembre de 1556, acomodándose en la población de Tornavacas en la casa de Juan Méndez Dávila, fiel servidor y criado del ya dimitido monarca.  

Hemos llegado hasta aquí por tierras abulenses del Barco de Ávila, cruzado el Puerto Castilla (anticipo del de Tornavacas), circulando por encima de que en su día fuera la posible y antigua calzada romana que unía Plasencia con Ávila por el Barco y el Puerto de Villatoro, hoy carretera N-110 que comunica Plasencia con Soria. Senderos también de trashumancia entre Castilla y Extremadura por los que discurría el "real Cordel de Tornavacas” adscrita a la Real Cañada Segoviana, transitado durante cientos de años por incontables migraciones. Sirviendo este paso natural de comunicación, como itinerario ideal para cruzar los ganados a los frescos agostaderos de los estivos castellanoleoneses, pasando los inviernos en las cálidas dehesas extremeñas. Cañada por la que se trasladaba fundamentalmente el pastoreo y el imprescindible abastecimiento de carne y sal, actividades reguladas por el "Honrado Concejo de la Mesta", que creado en 1273 por el "sabio" rey Alfonso X, fue abolido en 1883, con las ya precoces, por aquellas épocas; normas liberalizadoras que hoy en día sufrimos. 

Descendiendo ya el afamado valle al que da nombre el incipiente rio Jerte, con el que nos cruzamos a los pocos centenares de metros en nuestra bajada, todo parece transformarse, comienza a aparecer el algodonado blancor de las flores de sus cerezos que todavía a esta altitud no están en su esplendor, pero ya una vez descendidos e inmersos en serenidad de la vega sí que se dejan notar, haciendo que nuestras sorprendidas miradas se hagan insaciables en la búsqueda de las mejores vistas. 

También contribuye a este espectáculo la abundancia de agua, alimentada por los deshielos primaverales y las lluvias recientemente caídas, generando que a través de las 15 gargantas salpicadas de espumosas cascadas que descienden vertiginosamente hacia las zonas donde se sitúan las poblaciones del valle. Esto genera que esta época sea la ideal para recorrer este idílico rincón de la geografía hispana, convertida en un autentico vergel en el que disfrutar de sus aterrazados campos, sus cristalinas aguas, sus bosques de castaños o robles, sus barrancales y por supuesto de la enorme floración de ese millón y medio de cerezos que parecen querer despertar del sueño invernal. No quiero comentar mucho de la arquitectura de sus localidades y aldeas, pues sería muy crítica mi opinión sobre este tema, solo dejar el comentario de que salvando algunos elementos aislados en algunas de sus antiguas calles, no ha sido muy afortunado su desarrollo y mantenimiento urbanístico……… y aquí queda. 

Para conocer bien sus rincones es casi imprescindible escudriñar además de con las rudas del vehículos, el recorrer caminando los senderos que ascienden sus gargantas llenas de rincones luz y color. Recorrer los algo más de 20 km. por la no muy conocida y poco transitada carretera de Iryda, partiendo de El Torno por Rebollar, hasta la intersección de la carretera que asciende al Puerto de Honduras desde Jerte, es unas de las experiencias que no se olvida. Recorre a media ladera esta parte occidental del valle, con unas vistas impresionantes y cruzando una a una las gargantas que por ella descienden crea la sensación de estar en un mundo cuasi mágico e irreal. Donde las plantaciones de cerezos que situadas en los empinados bancales por entre los que circulamos, parecen que nos saludan a nuestro paso, donde el sol de la mañana los hace más sugerentes al traspasar la luz por entre sus pétalos blancos y a lo bajo el valle entre las luces y las sombras. 

Los caminos que trepan por las gargantas forman parte de la magia de este lugar, el ronroneo del agua y el verdor son nuestra compañía, las subidas cuestan pero el paisaje que se encuentra en nuestro rededor lo compensa de manera soportable. Hay lugares de umbría en donde el intenso verde del musgo es el casi único protagonista, las cascadas se suceden de charca en chaca y el rumor de la cercana agua es la música de ambiente. 

La garganta de Las Nogaleas es posiblemente la más altanera e impetuosa, la de los Infiernos la más conocida pues en ella se haya el paraje de Los Pilones, donde casi todo el mundo acude en la época que sea, para observar las pulidas pozas que la erosión del agua y el tiempo han formado, creando un paisaje continuado de pequeños pero hermosos y sutiles saltos de agua, dignos de cualquier documental televisivo. Pero también si la recorremos entera retornando por el Puente Nuevo o de Carlos V hasta Jerte, es la más costosa y altiva. La de La Puria situada entre las poblaciones de El Torno y Rebollar es mas domestica y domesticada, pero no por ello menos hermosa y atractiva, con el añadido de poder rebuscar en su parte superior esos chozos donde se refugiaban los pastores de antaño en tiempos de inclemencia. 

Otra también accesible en vehículo es la garganta Bonal, donde está situada la cascada del Caozo, posiblemente el salto de agua más llamativo y hermoso de toda la zona, pero también el más visitado con lo que ello conlleva. Y también próxima la garganta de Marta, esta algo decepciónate si se la compara con las demás………. pero de todo tiene que haber en la viña del señor……………. marques. 

Estas últimas se pueden recorrer por la también panorámica carretera, que partiendo de Cabezuela del Valle hasta Casas del Castañar pasa por Valdastillas y Cabrero, otro empacho de cerezos en flor y vistas del valle en toda su extensión, una nueva maravilla. 

Para alojarnos elegimos la Casa Rural El Regajo en el Trono, en todo lo alto del pueblo, y creo que no nos equivocamos, las vistas son esplendidas y el edificio con amplitud y espacio. Para tomarla por la tarde (unas cervezas sin más, pues el "más" es poca cosa más), también en la población de El Torno pero esta vez en la parte baja, Casa Aurelio, con una magnifica terraza con vistas al atardecer del valle. Para comer el "Camping Rio Jerte" de Navalconcejo, buena atención y cordialidad por parte de cocinero que nos atendió directamente por falta de personal ese día, buena carne y buenas ensaladas. Y para tomar un café de mañana en Piornal "Mesón Los Truenas", que además de amabilidad y agrado ponen churros gratis y recién hechos de "aperitivo". 

Pero las meridionales lomas de las sierras del norte extremeño dan para más deleitosos escarceos, escrutando lugares de singular encanto. Habiendo de atravesar los montes de "Tras la Sierra" para introducirnos en el Valle de Ambroz, por donde hoy discurre la autopista A-66 que une Sevilla con Gijón y por donde pasaba en tiempos la Calzada Romana de la Vía de la Plata. Justo por donde transitaba esta ruta del Imperio, nos acercamos a conocer las ruinas de la solitaria y olvidada ciudad romana de Cáparra, que sin ser comparables a otras de nuestra geografía, si que tienen la originalidad de hallarse en ellas el único arco romano cuadriforme que existe en nuestro país. 

La construcción del embalse de Gabriel y Galán, para remansar las aguas extremeñas del rio Alagón, que se realizó durante la fiebre "pantanil" de los años 50 en plena dictadura, concretamente entre los 1952 y 1961, produjo la expropiación de las tierras de labor de algunas localidades de la zona, como es la singular población de Granadilla, antes llamada Granada y a quien le cambiaron el nombre los Católicos Reyes después de la toma del último reducto musulmán en tierra hispana. 

El nombre de este embalse "extremeño" fue puesto a propuesta de los familiares del poeta "charro" (salmantino) José María Gabriel y Galán, quienes eran los terratenientes-propietarios de la mayoría de las tierras colindaste, que en su día formaron parte del señorío de la Casa de Alba……………. señor marqués. Hoy sus aguas sirven para irrigar 20.000 hectáreas de tierras situadas en zonas alejadas, pero el municipio más cercano, Guijo de Granadilla, no posee ni una hectárea de regadío…………… todo el agua para las posesiones del señor marqués. 

Como si fuera un islote en medio del mar de agua, rodeada de verde y primaveral arbolado, Granadilla es una sorpresa más ante nuestra vista. Se nos presenta como un monumento a la impotencia, al desarraigo, al exilio, al desdeño. Completamente abandonada de forma obligada por sus antiguos pobladores, posee sin embargo el encanto de lo inaccesible, de lo alejado y distante, de lo olvidado, pero con esa magia especial que nos trasladan sus piedras y todo su entorno. Totalmente circundada por su
muralla árabe (almohade), la tercera en importancia de nuestra maltratada piel de toro después de las de Ávila y Lugo, nos recibe su hermoso castillo almenado, invitándonos a recorrer sus desmantelas calles, plazas y rincones, hasta llegar a su medieval iglesia. 

Como recompensa de su trágica misión, en 1980 Granadilla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, seria en desagravio del forzado destierro al que fueron condenados sus aproximadamente 1.500 vecinos dejando abandonadas alrededor de 250 casas. 

Partimos de las histriónicas y bucólicas calles de este grato lugar camino hacia las solaneras faldas del Valdeamor y Pinajarro, para recorrer la población de Hervás, que situada a orillas de la "Ruta de la Plata" fue considerada tenedora de "todas las proporciones para ser uno de los pueblos más felices del reino” por lo menos para el infame borbón Fernando VII en el año 1816, quien por ello la declaró "Villa Libre", villa que fue de templarios. 

Estrecho y empinado laberinto de empedradas callejuelas que forman su buen conservada "judería", antiguo barrio hebreo formado por casas de arquitectura tradicional y popular, donde no faltan las edificaciones construidas enlienzo  mampuesto de hasta tres alturas, armadas con vigas de madera de castaño entre adobes y ladrillo, con airosos aleros. Estando muchas de sus fachadas cubiertas de tejas para sobrellevar mejor los rigores del invierno.

Es en este arrabal, donde medio centenar de familias mosaicas convivieron con el resto de los credos durante el siglo XIV, hasta que la comunidad fue expulsada por decreto de los Católicos Reyes "Isabel y Fernando", partiendo en su mayoría hacia la cercana Portugal. 

"Sabedes o devedes saber que porque nos fuemos ynfonnados que en estos nuestros reynos avia algunos malos christianos que judayzavan e apostatavan de nuestra santa fé católica, de lo cual era mucha cabsa la comunicación de los judios con los christianos, en las cortes que hecimos en la cibdad de Toledo el año pasado de mill e quatrocientos e ochenta años. mandamos apartar a los dichos judíos en todas la qibdades, villas e lugares apartados donde biviesen, esperando que con su apartamiento se remediara". 

Edicto redactado por Tomas de Torquemada, quien fuera máximo responsable de la "Inquisición" por aquellos tiempos. No es fácil conocer el dato exacto de los judíos de Hervás que fueron desterrados de su patria, pudiendo estar la cifra entre 250 o 300 los que tuvieron que exiliarse a tierras extrañas. Pero dejaron una huella cultural que aún pervive, pues aunque algunos se quedaron al reconvertirte forzadamente al cristianismo dominante, siguieron manteniendo algunos de sus hábitos, formas de vida, tradiciones y leyendas. 

Ya en avanzada tarde, retornamos al florido Jerte cruzando los Montes Tras la Sierra por el Puerto de Honduras, paso que permite la comunicación entre el Valle del Ambroz y el del Jerte.  Ubicado a 1.450 metros de altura, mil por encima de cualquiera de las depresiones vecinas, su sinuosa carretera de algo más de 30 km. es recompensada con las vistas y espacios por los que la ruta pasa, con frondosos bosques de robles y castaños, sin duda una trocha que bien merece la pena transitar, observando en la lejanía Las Hurdes, las sierras de Gredos, Gata y Francia.
 
Si bien para acercarnos a ver los floridos almendros del Valle del Jerte tomamos la ruta que bordea la zona norte de la Sierra de Gredos, para retornar al bullicio capitalino elegimos recorrerla por el sur, haciéndolo por los hermosos, soleados y bien conservados caseríos de La Vera, una verdadera maravilla en estos extraordinarios días primaverales, un espectáculo de luz, color y vida que aconsejo a todos los que tengáis necesidad de respirar……… buen viaje.

 

martes, 20 de diciembre de 2016

- Titicaca…… el mar en los Andes

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Por fin vemos las azules aguas del Lago Titicaca, para mi mítico, alejado e inalcanzable destino desde hace muchos años, cuando lo descubrí por primera a través de las fotos de una vieja revista de los años 70. Ahí está, ante mí, sereno y tranquilo, esperando ser descubierto por mis ojos, mi mente y el objetivo de la cámara. Las sensaciones de lejanía e inaccesibilidad se han borrado de mi imaginación al contemplar la inmensidad de sus oscuras aguas como si de cobalto líquido se tratase, calma, serenidad, sosiego, es lo que nos trasladan estos míticos paisajes en la lejanía mientras nos acercamos hasta ellos. Lugares de singular cultura andina e inigualable belleza, que a todos los viajeros que hasta aquí nos acercamos no deja de trasmitirnos, en algunos momentos misterio y turbación y en otros una relajante placidez. Uno de esos destinos que esparcidos por el mundo convierten su visita en mito. 

A casi 4.000 metros de altura, y vigilado en su extremo oriental por las majestuosas cimas nevadas de la Cordillera Real que superan los 6.000 m. de altitud, el llamado "Mar de los Andes" por las grandes dimensiones que posee, se sitúa en una zona compartida entre Bolivia y Perú. Con una superficie de unos 8,490 km2, una profundidad límite de 280 metros, su máxima longitud de 204 kilómetros por 65 de anchura, un perímetro costero de 1.125 kilómetros y un volumen de agua que llega alcanza los 890 km3. Con un paisaje único en medio del Altiplano Andino enmarcado en un impresionante decorado, con la tramoya de las cumbres nevadas como fondo escénico. En el que sus aguas bañan y guardan a una población mayoritariamente indígena, que aún conservan gran parte de las tradiciones de la civilización inca, convirtiéndolo uno de los lugares más soberbios y misteriosos de América. Aguas tranquilas y transparentes; playas de colores claros; bosquecillos que mueren al borde del agua, a semejanza de los paisajes mediterráneos para los que nos acercamos hasta aquí provenientes de viejo continente. Cuando uno llega al lago navegable más alto del planeta, no puede entender tanta magia frente a sus ojos. 

Solo dos naciones del continente sudamericano no tienen mar, siendo Bolivia una de ellas, por los circunstancias históricas que ya he relacionado en artículos anteriores. A la espera de conseguir recuperar en el futuro una salida al mar, mantiene su flota "marina" en el Lago Titicaca. Conservando en su enseña nacional las diez estrellas, nueve por los actuales departamentos, más una por el litoral boliviano (Atacama) que ellos denominan Mejillones. 

Comenta una leyenda que, fue en este lago donde comenzó a generarse el linaje de lo que después sería el gran imperio inca, siendo un lugar sagrado para los apodados como "Hijos del Sol". Los descendientes de aquellas culturas siguen venerando estas aguas a través de vistosas representaciones folclóricas y religiosas, quedando seducidos por ellas cuantos visitantes se animan a llegar hasta estas latitudes. 

Las primeras noticias que llegan a occidente de estos lugares, son las que hacen seguir los colonizadores españoles que hasta ellos logran aproximarse. Siendo Pedro Sancho, secretario Pizarro, el que los menciona desde Cuzco, al tener noticias a finales de 1533 de los dos enviados a explorar el Kollasuyo (El Collado o Altiplano Andino) Diego de Agüero y a Pedro Martín de Moguer. Que a su retorno, después de cuarenta días recorriendo esos parajes, informaron de que: "había una gran laguna como de cien leguas y que la mayor población se encuentra a su alrededor, y en medio de ella hay dos islas pequeñas, en una de las cuales existe una casa del sol que es tenida en gran veneración… están al servicio de este santuario seiscientos indios y más de mil mujeres…". Aunque el más prolífico sobre las tierras andinas fue Pedro Cieza de León, quien posteriormente afirmó que en ellas “hubo un famoso y riquísimo templo del sol, en memoria de haber salido de allí su primer inca Manco Capac”, refiriéndose a la Isla del Sol del Lago Titicaca. 

A esta isla hace también reseña Antonio de la Calancha, comentando que en ella había un “ídolo de piedra azul vistosa, sin más figura que un rostro feo y el cuerpo como pez”. Que durante el proceso de “extirpación de idolatrías” ese y otros ídolos “fueron destrozados y arrojados a la laguna por los cristianos”. Como así ocurrió con los “gigantes ídolos esculpidos en piedra” que había en Copacabana, los cuales “fueron derribados y sustituidos por cruces de piedra y madera”. 
 

Es esta, la Isla del Sol, nuestro destino y a la que nos dirigimos directamente, llegando a ella el mismo día que salimos de La Paz y eso que tardamos más de una hora de lo previsto, unas 5 horas en recorrer los 155 km. que la separan de Copacabana cruzando en balsas el estrecho de Tiquina, lo que nos produjo gran parte del retraso. Aun así nos dio tiempo para contratar hotel para el día siguiente en la parte norte de la playa de Copacabana, justo al lado del muelle desde el que salen las embarcaciones para llegar a Challapampa, en el extremo norte de la Isla del Sol. Hacia la cual salimos de inmediato, pues no partían ya más barcos hasta el día siguiente. Incluso nos dio tiempo a contratar el alojamiento en la isla, que no hotel, y acercarnos hasta la zona de las ruinas de Chinkana, que distante unos 3 km. nos llevará unos 45 minutos, estamos rondando los 4.000 m. de altitud y eso se sigue notando. 

Teníamos noticias de que esta isla era uno de los lugares donde mejor se palpa la realidad de la cultura inca y la onírica magia del Lago Titicaca, y aunque ya llegamos con cierta facilidad los multicolores visitantes hasta sus costas, mantiene ese encantamiento que le da en parte su aislamiento de cientos de años. De todas las 36 ínsulas existentes en este enorme lago, la Isla del Sol es la más grande, unos 14 km², donde conviven y se relacionan tres comunidades autóctonas de origen quechua y aymara. En tiempos fue conocida como Titikaka ("titi" gato montés o puma y "kkakka" peña), la "sagrada peña del puma" desde la que salió el sol después de las tinieblas, en el por entonces conocido como Lago Chucuito, llamado después y hasta ahora como Titicaca por ser donde nació la saga origen del imperio inca. 

Es por ello lugar sagrado y custodio de tradiciones ancestrales, donde se encuentra la energía que creó el mundo y toda forma de vida según la mitología inca, donde brotó la luz y se elevaron la luna y el sol, y en el que la fabula ubica el mito sobre el origen de las culturas tiahuanaco e inca. Nos trasladan las leyendas que, la Isla del Sol era el legendario lugar donde nació el sol, y en la cual Viracocha (el dios sol y creador del universo) decidió engendrar a Manco Capac y Mama Ocllo (los equivalentes Adán y Eva de la cultura inca) para regenerar el mundo con un nuevo imperio. 

Nos lo comenta así el periodista y escritor Eduardo Galeano: “Al principio de los tiempos, la tierra y el cielo estaban a oscuras. Sólo noche había. Cuando la primera mujer y el primer hombre emergieron de las aguas del lago Titicaca, nació el sol. El sol fue inventado por Viracocha, el dios de los dioses, para que la mujer y el hombre pudieran verse”.

El gran dios, encomendó a la pareja la búsqueda de un lugar propicio y fértil para fundar la ciudad que fuera cuna de un imperio, proveyéndoles de un báculo de oro que deberían ir enterrando hasta encontrar un lugar donde quedara clavado con facilidad. Partieron en busca del lugar señalado, encontrándolo a orillas del río Huatanay en lo que un par de siglos después sería la ciudad de Cuzco, centro político y antigua capital de la cultura incaica, fundando uno de los mayores imperios de la historia americana, el Tawantinsuyu. 

Es por ello que la Isla del Sol, posee un especial peso histórico y mitológico al ser el mítico lugar de la creación inca, habiendo sido el territorio de peregrinaje más sagrado de aquella cultura. Existiendo por aquellos tiempos precoloniales un santuario de rituales dedicado al dios Inti (Sol) custodiado por jóvenes vírgenes, donde moraban, adoraban y hasta ofrecían su vida por el considerado padre de la cultura inca. Entre las que allí se practicaban, era de destacar la que efectuaban cada 21 de junio (solsticio de invierno) con la ofrenda a la "Pachamama" (Madre Tierra) de una niña virgen seleccionada por su hermosura, ofreciéndola en sacrificio a la "Madre Tierra" como símbolo de pureza y agradecimiento. Por aquellos tiempos la Isla del Sol estaba ocupada únicamente por "amautas" (sacerdotes), siendo vedada para los no iniciados en los cultos y s rituales ancestrales que se realizaban. Sin embargo hoy en día es punto de encuentro de turistas, arqueólogos y chamanes. 

Es su extremo norte se concentran la mayor parte de los restos arqueológicos del pasado, pudiendo llegar nuestra imaginación a sentir la presencia de Manco Kapac y Mama Ocllo naciendo de la Roca Sagrada o Roca de los Orígenes como también se la conoce. Que situada algo por encima y al levante de la Mesa Sagrada, esta ultima era lugar de ceremonias, destacando de entre ellas el sacrificio de las niñas vírgenes y animales para rendir homenaje al dios Inti. Unos centenares de metros más adelante nos encontramos las ruinas del Laberinto Chinkana, que según parece es el lugar donde vivían los sacerdotes que realizaban ceremonias espirituales. Estos lugares son sobrecogedores, no solo por las fabulas que sobre ellos recaen, su ubicación en la costa oeste de la isla, por encima de los acantilados y con unas vistas excepcionales, nos hace pensar que no fue mal lugar el elegido por los dioses para el nacimiento de un imperio tan mágico y enigmático como el de los Incas. 

Es en este lugar, donde la misma tarde de nuestra llegada a la isla y después de una algo costosa ascensión de casi una hora, subidos a la cúspide de una cercana colina, resguardados del fuerte viento por un parapeto de piedras y acompañados por un agradable y simpático argentino, vemos como el sol inicia su camino hacia el ocaso escondiéndose por las tierras peruanas del Titicaca. Dando paso un rojo crepúsculo que re refleja en las tranquilas aguas del lago. Un momento que no solo recojo en mi cámara, es uno de esos instantes de magia que se quedan guardados en la mente para mucho tiempo. Con este espectáculo ante nosotros, no es difícil imaginar como la magia y el misticismo del lago Titicaca ha deslumbrado a cuantos pueblos se han asentado en sus orillas, no solo a los Incas también a la cultura Chiripa (1.000 a 100 a.C.), los Pucará (siglos II a.C. a VI d.C.), y sobre todo la civilización Tiahuanacota, quienes controlaron este hábitat lacustre hasta el siglo XVI, cuando llegaron los conquistadores españoles.  

En este territorio rodeado por las aguas del Titicaca no existe vehículo alguno, tenido que realizarse cualquier recorrido caminado, tal y como se ha hecho desde tiempo inmemorial. Es así, a pie, como nos permite disfrutar de la magia del silencio en medio de este entorno inigualable. El Camino del Inca o “Ruta Sagrada de la Eternidad del Sol” (Willa Thak), que recorre de norte a sur en su totalidad el cordal de la isla, nos obsequia con las mejores panorámicas de todo su perímetro, así como de la gran planicie de agua que se extiende por más de 150 kilómetros a nuestro alrededor. 

Al poco de amanecer y ya pertrechados para realizar el recorrido que nos habíamos propuesto, el de recorrer el cresterío de la isla de norte a sur por el "Camino del Inca", nos sorprende una enorme tromba de agua que cual si fuera una analogía de "diluvio Universal", congela nuestras madrugadoras intenciones. Teniendo que trastocar nuestros planes diarios y dedicar nuestro tiempo a un buen desayuno y a replantearnos la jornada. Retornamos navegando hasta la zona sur de la isla para visita Yumani, población a la que ascendemos tras recorrer los 220 peldaños de la legendaria e infinita escalinata que se interna en el bosquete, donde se halla la Fuente de las Tres Aguas, donde confluyen sendos caños de los que beben los lugareños para prolongar la vida. Con sus aguas de diferentes sabores, sus manaderos representan los tres idiomas que se hablan en la colectividad: aymara, quechua y castellano, y que construida durante el dominio Inca, nos evidencia los avanzados conocimientos hídricos de las culturas prehispánicas. Cuenta la leyenda que al "Gran Inca" (rey), para conseguir que fuera inmortal, lo subían hasta aquí seis sacerdotes llevando en un trono de oro para que el monarca bebiera de las aguas de la eterna juventud. 

La visión desde la altura es impresionante, al margen de la belleza del panorama, se respira ese misticismo que nos envuelve. A nuestro rededor las esculpidas y trabajadas de terrazas agrícolas sustento de estos pobladores, al fondo, en medio de la azulada planicie observamos la Isla de la Luna, otro mágico y enigmático lugar dedicado Mama Killa (nombre quechua de la Luna), en donde se localizan las ruinas de "Iñak Uyu" o Templo de la Luna, edificio de 35 habitaciones en el que se encontraban las vírgenes del sol. Hacia el sur y por encima del acantilado se encuentra el Palacio Pilcocaina (donde descansa el ave), lugar de veraneo del Gran Inca en busca de reposo, y donde era atendido por las "niustas", sacerdotisas dedicadas al culto de Inti o dios Sol. Este lugar nos ofrece unas vistas únicas del lago con las nevadas cumbres andinas de fondo. 

Retornados a tierras continentales, dedicamos la mañana del día que habíamos decidido "de descanso" a visitar la población de Copacabana. Subimos al Cerro Calvario, al que llaman así por existir uno de esos "viacrucis" con sus 14 estaciones de la Pasión de Cristo y todo, que los cristianos conquistadores instalaron para llegar a su cumbre, en la que curiosamente había un templo de la cultura inca. Pero al ir ascendiendo nos dimos cuenta que su nombre también tenía otra connotación, pues se trata de un verdadero "calvario" remontar sus empinadas escaleras a casi 4.000 m. de altitud. Una vez en su cumbre y repuesto de los resoplos, las impresionantes vistas de la inmensidad del lago con sus placidas aguas como teñidas de lapislázuli nos hacen olvidar la cuesta. Abajo la población de Copacabana con su "vintage" playa y los embarcaderos, también la plaza donde se sitia la Basílica, en la que se adora la milagrera imagen de la "Candelaria" o
Virgen Negra del Lago, patrona de Bolivia e inmaculado (por su blancura) lugar de acogida de devotos peregrinos. Donde los domingos;……….. y coincidimos en que era el día que el "Señor" nos mandó descasar; bautizan a los automóviles nuevos, bautismo en toda regla, con cura e hisopo, vehículos emperifollados y dueños engalanados. También esta sacrosanta iglesia está erigida sobre anteriores templos incaicos, donde cada seis de agosto piadosos creyentes visitan este santuario, quedando trasformando así el antiguo culto inca, que por tiempo inmemorial se rindió a Huiracocha como creador del universo, a las prácticas cristianas.
 

Después de almorzar en el genuino mercado de Santa Marta unas riquísimas truchas del Titicaca, esa misma tarde del "día de descanso", partimos en autobús a Puno. Población que aunque no muy alejada, apenas 144 km, se demora bastante por encima de las tres horas, debido a los trámites aduaneros al pasar a Perú (los policías bolivianos son un poco quisquillosos). Ya situados en un nuevo país y una nueva ciudad, buscamos alojamiento en su más "seguro" Casco Histórico, encontrando albergue en el muy recomendable Hotel Plaza Mayor, que como indica su nombre está casi al lado de la céntrica Plaza de Armas. Dedicando el resto de la ya oscura tarde a buscar quien nos puede llevar al día siguiente a conocer algunas de las islas del lago Titicaca, a pasear por la animada y peatonal calle Lima y a disfrutar en la noche de algunos de sus edificios coloniales. 

Amanecido un nuevo y plomizo día que después se iría enderezando, embarcamos rumbo a las "Islas de los Uros". A unos 6 km. de Puno, una media hora de navegación, se encuentran unos 80 islotes artificiales que han servido como morada a la etnia "Uro" durante cientos de años, que empujados por los incas y despojados de sus tierras tuvieron que asentase en las aguas del lago para poder sobrevivir. Aunque lleven el nombre de esos originarios nativos, la verdad es que el último de los que habitaba estas pequeñas islas falleció en la década de los 50 del pasado siglo, estando habitadas en la actualidad por grupos de origen "aymara". 

No son islas como se pudiera entender, pues son creadas artificialmente por manos humanas aprovechando la "totora", planta acuática y recurso natural muy habitual en las zonas lacustres y pantanosas de la América sureña, como es el caso de esta zona del Titicaca en la que hay poca
profundidad. Las hojas y los tallos de este junco es fundamental para la economía y la forma de vida de estas gentes, con ella a parte de "fabricar" las islas, les sirve para confeccionar y techar sus chozas, crear habitáculos, o para combustible una vez secas, así como elaborar sus barcas para navegar por las aguas del lago, como lo han hecho durante cientos de años, en las curiosas y pequeñas embarcaciones conocidas como "caballitos de totora". Cuando descendemos de la embarcación para visitar alguna de estas islas se tiene la chocante impresión de estar pisando sobre un esponjoso y mullido suelo vegetal con la sensación de estar flotando sobre las nubes que reflejan las aguas del lago. También con ella realizan trabajos de artesanía y enseres para su vida cotidiana. La utilizan igualmente como alimento, pues al pelar su corteza muestra una lechosa sustancia sin prácticamente gusto, utilizada como suplemento de su alimentación. 
 

La comunidad indígena de los "uros"; que alegan ser los dueños de las aguas del Titicaca; hasta mediados del pasado siglo su cotidiana actividad se realizaba en complicidad con el lago, fundiéndose e identificándose con él en una extraordinaria armonía. Hoy se han convertido en un espectáculo o atracción turística más de la zona, pero no por ello deja de ser interesante ver sus formas de vida y sus costumbres. 

Por último nos desplazamos hasta la isla Taquile, donde somos recibidos por sus hospitalarios pobladores, que con sus rostros curtidos por el sol, aun mantienen sus formas de vida y vestimentas tradicionales. Destacando la calidad de sus coloridos y trabajados textiles, que se esfuerzan en realizar mientras realizan sus traslados por los senderos de la isla, o en sus ratos de asueto sentados a la sombra de algunos de los originales portales que engalanan sus caminos. Practica declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
 
Si bien el lago Titicaca ya no tiene el hechizo que me reflejaba aquella revista de los años 70, aun deja trasmitir ese encanto de los lugares únicos de los que el planeta no anda sobrado. Sigue siendo un emblema de misticismo y uno de los centros espirituales más significativos de los territorios andinos desde ancestrales tiempos, llegando hasta sus márgenes multitud de gentes para buscar los secretos de su añeja cultura. Siendo especialmente su misticismo, el que atrae durante los equinoccios a miles de viajeros en la búsqueda experiencias sobrenaturales. Pero nosotros no buscamos esas exotéricas sensaciones, el devenir del mundo nos ha hecho más pragmáticos y menos prosaicos, por lo que continuamos nuestro periplo hacia las incaicas tierras de Cuzco y el Valle Sagrado, para conocer su cotidianidad de hoy en día entre sus ancestrales ruinas.