viernes, 7 de marzo de 2008

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1 comentario:

José Luis Hernández Zurdo dijo...

Aquí te dejo otra de mis ya clásicas "tortillas mentales, como repulsa al maltrato y asesinato de MUJERES.

Una de mis más angustiadas “tortillas mentales”, que nunca deberían ocurrir, para no darme motivos de tenerlas que escribir.

Rosas rojas para una mujer.

Esta es la historia de una niña como otra cualquiera de nuestra sociedad, que siendo joven se enamoro locamente de un compañero del instituto, ambos se procesaban amor eterno y su convivencia era de lo más feliz, sus padres y hermanos estaban encantados con su relación.

Un día de un mayo cualquiera Samuel que así se llamaba el, apareció con un enorme ramo de rosas rojas que le regalo a María, su chica amada pues así se llamaba ella, el nombre de ambos es un echo intrascendente en esta su historia de amor, solo sirve como mero detalle que amplia la información.

Ni que decir tiene que a María el regalo de su amado la estremeció, no tanto, por su regalo, si no las palabras que Samuel dijo a continuación, ¡María!, ¿te quieres casar con migo? Que las dijo con rubor y ella, con un si quiero loca de amor respondió y sellaron esa petición suya, con un gran beso, el que se dieron abrazados con gran demostración de amor.

Ya con el paso del tiempo, compraron casa, donde cultivaron su amor, siendo el producto del mismo la niña que al poco tiempo les nació.

Samuel encontró un empleo nuevo, que en un principio a ambos les convenció, fue, el de camionero y pensaron que con el paso del tiempo ahorrarían el dinero suficiente y con el mismo, poder comprar un camión.

El tiempo transcurría en la pareja con gran deseo y amor, ya que su estancia con María era corta, pues se pasaba semanas sin regresar por su casa, conduciendo el camión.

En uno de sus regresos Samuel pregunto a María, con quien as pasado el día, a lo que esta le contesto ¡con quien quieres que lo pase!, si me falta lo importante, tu anhelado regreso la esperanza del momento, el de encontrarnos los dos.

Sin mediar palabra alguna Samuel la abofeteo, estaba mas bien cargado, cargado por el alcohol y siguió dándola golpes, hasta que uno mas fuerte, sin sentido la dejo.

A la mañana siguiente, a María, su familia pregunto ¿Qué te ha pasado en la cara? ¡Handa que menudo moretón tienes! Y María con aplomo les respondió, me he caído en la bañera y me he dado un buen coscorrón.

A la otra semana su marido regreso, siguiendo con insultos y golpes, sin motivo ni y ninguna explicación, dejándola cara y cuerpo con un terrible moretón.

La Madre y sus hermanas al verla días después, en tal estado, la preguntaron las dos y María sin consuelo a ellas al final se confeso, es que Samuel me pega, sin ningún motivo o razón, no se que hacer, pues no soporto mas que me pegue y me someta a semejante humillación y es delante de la niña, que queda muda de rabia corriendo a su habitación.

Con ayuda de su familia, María no sin protestar, por que no quería, lo denunció en los Juzgados, quedando listo para sentencia, al cabo de un año o dos, dándola alojamiento, entretanto su familia, a María y a su hija Concepción.

Transcurridos unos dos años el juzgado los cito a María y a Samuel, para pronunciar sentencia de separación, con medidas cautelares, según la legislación.

María se hallaba sentada en un banco del juzgado, en el pasillo a la entrada, esperando que empezara la vista de resolución, de tan penoso suceso, que vino, sin ton, ni son, no se explicaba María, cuales habían sido las causas, que les llevo a esta situación, si fueron por culpa suya, o tal vez fueran culpa del alcohol, o tal vez fueran circunstancias ajenas, las que llevaron a Samuel a actuar de esa manera, del maltrato sin ton ni son.

Al cavo de un rato la puerta de entrada al juzgado se abrió, apareciendo por ella Samuel, llevando en su mano izquierda, un enorme ramo de rosas rojas, y la de la derecha dentro del bolsillo de su pantalón, en su cara se percibía una leve sonrisa, María al verle se quedo muy sorprendida, pues no hallaba explicación, a ese ramo de rosas rojas, su corazón latía con enorme excitación, mientras por dentro decía, ¡no puede ser!... ¡Será!.. ¡Realidad ó Dios!... ¿acaso?..... ¿Ó tal vez?… Que se yo… en esto estaba María, cuando Samuel se acerco, sacando de su bolsillo una pistola descargándola el cargador y gritándole fuertemente mente, ¡Rosas rojas yo te traigo!… ¡Rosas rojas!.... ¡para tu entierro María!... ¡para tu entierro mi amor!.....

Espero y deseo que este relato mío, no vuelva a reproducirse jamás.
Dedicado a toda persona en iguales o parecidas circunstancias, mi más sincero respeto hacia todas ellas.