miércoles, 26 de agosto de 2026

- Rillo de Gallo / Barranco de la Hoz – Señorío de Molina de Aragón

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Visitamos a través de estos párrafos los rededores del río Gallo, afluente del Tajo en su parte más alta, situándonos en la Guadalajara más oriental. Completando un recorrido de 81 km. hasta su desembocadura al juntarse con el Tajo en el “Vado de Zaorejas” y Puente de San Pedro, desde su nacimiento en Orihuela del Tremedal, donde conforma un curioso “río de piedra” conocido como Borrocal del Río Gallo. Este curioso efecto geológico consistente en extensas y largas coladas de bloques de piedras de hasta un par de kilómetros de longitud. Originales canchales pétreos que tienen su origen en los procesos de fragmentación de las cuarcitas existentes en la zona por la acción del hielo/deshielo, probando que estas masas rocosas por efecto de la gravedad se desplazan hacia el valle, dando la visión de verdaderos “ríos de piedra”. Pedreras que podemos encontrar a lo largo de la Sierra del Tremedal y Montes Universales en el Borrocal de los Pradejones, Borrocal del Tremedal, Borrocal de la Majada de las Bacas o el Borrocal del Enebral.
 


En su recorrido el rio Gallo cruza por medio mitad la villa de Molina de Aragón, verdadera capital de toda la comarca y señorío que lleva su nombre. Por aquí el río que hoy ocupa nuestras letras, tenia fama de albergar buenos cangrejos, hoy inexistentes por la apreciable contaminación de soportan sus aguas, donde la vida animal debe ser prácticamente inexistente………….. “país”, diría Forges. Pero a Molina le dedicare aparte su buen merecido artículo, ya que tiene interesante historia, lugares reseñables y curiosas andanzas.



A poco de trecho de la población molinesa aguas abajo, nos encontramos la finca conocida como Casas de la Torrecilla y sobre ella una altiva atalaya con la misión de custodiar el valle, los caminos que transcurren por sus proximidades y la entrada a Molina de Aragón por el poniente de g entes castellanas. Apodada La Torrecilla, es una más de esas construcciones bereberes o mauras (de Mauritania / moras) que durante los siglo IX y X erigieron los musulmanes. Atalayas de vigilancia o torreones defensivos erigidas en estratégicos lugares que a la vez pudieron servir en el control de mercancías y como refugio para los caminantes.

 

Se encuentra en estado de ruina, aunque bastante entera. Su interior fue convertido en palomar, abriéndole una puerta en la base para su fácil acceso, toda vez que estas construcciones tenían su entrada a la altura del primer piso, para complicar los ataques a ella. Parece que no tardando (estamos en 2026) se va a efectuar una restauración completa, devolviéndole su original finalidad observadora. Como curiosidad, indicar que esta gallarda atalaya al septentrión del valle del Gallo, sirve de habitar para una familia de cernícalos, siendo un lugar normal su uso para este tipo de rapaz.

A tiro de piedra o vuelo de cernícalo nos encontramos la población de Rillo de Gallo, conjunto urbano a orillas de la N-211 (Alcolea del Pinar / Fraga (Huesca)) que no pasa desapercibido, pues desde la misma carretera podemos observar la singular, extraña y modernista edificación que cuenta ya 15 años (consta como fecha final de construcción 2011), aunque siguen adosándose detalles en la actualidad. Conocida como el Capricho Rillano, la casa trasmite de forma absoluta e inequívoco el estilo “gaudiano” que su dueño Juan Antonio Martínez le ha querido conferir.

 

Al obsérvala percibimos que ningunos de sus elementos es lineal, siguiendo todos las formas onduladas o curvas: columnas helicoidales o salomónicas, cubiertas alabeadas, cúpulas y aleros paraboloides o hiperbólicos en llamativos tonos, encorvadas crestas de sugerentes matices, etc. Todo integrado con puertas, ventanas y escaleras de imaginativas filigranas realizadas en forja, complementado todos los lugares con mosaicos de atrayentes colores. Donde podemos percibir elementos mágicos como girasoles, ranas, esfinges, ojos....... y hasta una enorme serpiente que recorre todo (de arriba abajo) el esquinazo sur, rememorando la que, según leyendas, existió en lo que hoy es el despoblado de Villacabras.

Abandonada ya en 1478, Villacabras se sitúa 7 km. al norte de la población de Rillo, quedando de aquella solamente las ruinas románicas de la ermita de la Virgen de la Carrasca, de las que aun sobresale su sugerente arco triunfal. Templo que aun después de ser deshabitado mantuvo un santero durante bastante tiempo. Pero Villacabras fue anteriormente un buen castro celtibero, y según el ilustre historiador, masón y librepensador molinés Anselmo Arenas López, Viriato pudo ser incinerado y sepultado aquí, así lo traslada en su crónica de 1900  “Viriato no fue portugués, si no celtíbero”, pues sus incursiones y enfrentamientos contra los romanos se pudieran situar en las sierras del Maestrazgo y de Molina. Pudiéndose situar en Villacabras…….. Villa Arcabrica, la antigua ciudad celtibero - romana de Arcabrica.




También en Rillo encontramos grabados rupestres (petroglifos) en las rocas adyacentes del Prado Burbullón, en la margen derecha del arroyo Viejo. Correspondiendo la datación de los más antiguos posiblemente al periodo de transición entre el “calcolítico” y la Edad del Bronce o Bronce Antiguo (mediados del III milenio y principios del II a. de C.). Correspondiendo en una segunda etapa a la protohistoria, y finalmente a los que nos acercan a la iconografía religiosa con la intención de acentuar la cristianización de estas tierras. 



No muy alejados se encuentran los petroglifos o grabados de Peña Escrita (Piedra del Moro la llaman los lugareños) ubicados en Canales de Molina, representando símbolos exotéricos y figuraciones humanas de complejo discernir, pero esa visita la realizaremos en época de menos canícula.

Si que nos hemos acercado hasta el escarpe rocoso de Rillo I, donde no sin dificultad pudimos encontrar sus pinturas rupestres (declarados Patrimonio de la Humanidad en 1998) que allí se muestran sin ninguna a protección. Abrigo del Llano es como se conoce este lugar y en donde podemos observar las no muy bien conservadas cinco representaciones más destacables (de las 11 que compones el panel), clasificadas por los expertos en el conjunto de “arte esquemático levantino” y datadas entre el neolítico y el calcolítico (edad del cobre). Destacando especialmente una figura de perfil femenino por el relieve de sus formas, siendo las demás restos y fragmentos de otras figuraciones. Quedando, al igual que Peña Escrita, para mejor época la visita del abrigo de Rillo II situado en la zona de Las Aguaderas.


Cambia el rio Gallo la dirección noroeste que había mantenido hasta aquí, por la de suroeste dirigiéndose a las poblaciones de Corduente y Ventosa. Debiendo de visitar antes de llegar a la primera el Castillo de Santiuste, que de propiedad particular se encuentra en muy buen estado de conservación. La localidad de Corduente ejerce de puerta de entrada al Parque Natural del Alto Tajo por su flanco noreste, siendo una aldea tranquila y acogedora que cuenta con los servicios mínimos de abastecimiento y ocio para sus locales y foráneos. Habiendo existido en ella una Fábrica de armas, que llegó a ser el 5º alto horno del país durante el siglo XVII, fundición que ordeno construir el pasmado y “picha brava” monarca Felipe IV, que tras su visita a la zona y probar las truchas del Gallo ya no dejo de degustar otras. Figurando en el escudo de Corduente tres bombas de artillería en reconocimiento de su pasado como manufactura bélica.

A algo más de 2 km. al noroeste de Corduente por la carretera hacia Cobeta y Zaorejas nos encontramos el Centro de Interpretación de la Dehesa. Instalado en un ecosistema de “dehesa húmeda” caracterizado por la sucesión de recogidos prados, aisladas lagunas y matas de pinar que van transformándose en verdaderos pinares a medida que cogemos altura. Praderas que se extienden hasta las cercanías de la población de Torremocha del Pinar en donde estos pastizales están declarados como “Microrreserva”.

 

Volviendo al río Gallo y al poco de seguir el sentido descendiente de sus aguas, estas se introducen en una zona de accidentado relieve, conformando el conocido y espectacular cañón fluvial del Barranco de la Hoz, que compuesto por esas características rocas rojas del triásico inferior (250 millones de años), donde la acción del viento y el agua ha ido erosionando y moldeando esas magnificas formas en columnas o bloques estratificados, generando poderosos contrastes geológicos que desde los distintos miradores existentes podemos observar.

Un espectáculo desde el que es casi imposible poder extraerse de observar la portentosa naturaleza que se presenta ante nuestros ojos. Panorámica que se nos presenta completa, con unas vistas que abarcan desde las partes altas donde se sitúan los extraordinarios riscos de arenisca, hasta llegar con nuestra mirada a las partes bajas donde se disponen los conglomerados. Ambas formaciones rocosas que la erosión fluvial durante millones de años ha dejado al descubierto a través de interesantes estructuras sedimentarias en forma de pilastras, torreones y murallones marcados por los estratos como enormes cicatrices.




Cantiles estratigráficos de una soberbia calidad por el detalle con que se aprecian sus rasgos, convirtiéndose sus “conglomerados” en ser los primigenios sedimentos del triásico en toda la zona la península ibérica. Riscos que nos regalan extravagantes y vistosas formas de las que destacan los “tormos” (pilares aislados y separados de las paredes) como La Tinaja y El Uso, altivos roquedos que aun destacan más por sus cálidos matices.

 

A través de millones de años las aguas de río han ido labrando y modelando bellas y caprichosas formas en los rojos cantiles que colmatan sus orillas, configurando uno de los espacios naturales más sublimes de toda la provincia. Considerado como lugar de notabilidad por el Instituto Geológico Minero de España y calificado de relevancia internacional, ha alcanzado la declaración de “Lugar de Interés Geológico” dentro del Geoparque de Molina de Aragón - Alto Tajo.

Este conjunto de altos roquedales, donde la acción de los elementos ha generado gran cantidad de oquedades, grietas y repisas, sirven de morada y abrigo a variedad de aves como el águila real y perdicera, halcón peregrino, buitre, alimoche, chova, cuervo………, y otros de menor índole como la grajilla, vencejo, avión, gorrión, roquero azul o collalba negra. Lugar propicio para que se generen cavidades y cuevas como la sima de la Muela, la cueva del Horniciego, cueva del Vía Crucis…… así como espléndidos miradores.




Oteros que son sin duda uno de los puntos más sugerentes de todo el recorrido, destacando por su espectacularidad el que asciende a lo alto del barranco por encima del Santuario de la Virgen de la Hoz. Ascensión, a pie, que transcurre a través de una sinuosa senda con “unos cuantos” escalones tallados en la propia roca, pasando por tres de los más atrayentes miradores de la zona. Los dos miradores intermedios proporcionan vistas interesantes del cañón y el superior, una visión más general. El segundo de ellos o intermedio es conocido como “La Cueva”, pudiendo observar en él marcas de raíces de plantas que se dieron en tiempos pretéritos en los sedimentos arcillosos de las orillas de antiguos ríos, estando situados hoy cientos de metros más altos.

 

En 1753 el misionero franciscano José Torrubia visito esta cueva, toda vez que un pastor de la zona había encontrado unos huesos de gran tamaño. El clérigo ascendió hasta la cueva de la hoz, y sin tener conocimiento hoy en día de que inauguraron la espeleología científica en nuestro país. Sirviendo de germen a esta nueva rama científica este lugar repleto de valores paisajísticos, ecológicos, culturales así como espacio de gran atracción geológica.

Si bien los pinos resineros repueblan sus laderas, un bonito bosque de ribera escolta sus márgenes. Arboleda que durante el otoño adquiere una gama de tonalidades, generando multitud de imágenes dignas de ser captadas por la cámara fotográfica. Siendo en el ocaso del día, con esa luz especial iluminando las antediluvianas rocas, cuando se producen una sensación en el ánimo, transformando la visión panorámica en un elemento mágico.




A mitad del barranco, incrustado entre altas paredes de rocas, se ubica el afamado Santuario de la Virgen de la Hoz, encontrándose custodiado por llamativos farallones, que en ocasiones pueden hacernos parecer extrañas figuras creando en nuestras mentes fantásticas historias. Un lugar de desbordante encanto y majestuosidad donde se respira serenidad y silencio. Aunque su original románico pertenece al siglo XIII, ya aparece documentado en el siglo XII (1168) como Santuario de Santa María de Molina, casi cuarenta décadas más tarde de que el “rey batallador” Alfonso I se apoderara de estas tierras sarracenas.

 

De aquellos tiempos viene la fantasiosa leyenda de la aparición de una virgen guardada entre unas rocas ante la invasión de los árabes allá por el siglo VIII. Viviendo un episodio más de apropiación en “exclusiva” por parte de la iglesia católica; como ha ocurrido en tantos otros lugares de la geografía española; de un espacio a nuestro alrededor con una poderosa y bella naturaleza que debería estar exenta de cualquier ideología, credo o religión. Esto que comento no es nuevo, se lleva produciendo desde que el papa San Gregorio Magno lo estableciese por escrito en al año 601 en una carta dirigida al abad Melito (Epístola ad Mellitum) donde trasladaba instrucciones de como cristianizar lugares paganos, redirigiendo el culto hacia el Dios verdadero.
 

Se cree que desde la “milagrosa” aparición de la figura virginal: los Señores de Molina (Casa de Lara) a partir de 1231 hasta 1245, los Templarios hasta 1314 y los monjes Cistercienses de Ovila (Trillo) en 1321, serían los encargados de custodiar el monasterio. 


Hasta que sobre el año 1503, el caballero molinés Fernando de Burgos reedificase el santuario, levantara una casa para ermitaños y lo convirtiese en lugar de culto y peregrinaje, que no sin algunas vicisitudes ha llegado a nuestros días.

En donde descubrimos bajo unas grandes rocas, a orilla y cauce del rio Gallo, un templo no muy grande de una simple nave en estilo “gótico-renacentista”, que custodia una imagen románica de la virgen datada en el siglo XII. Complementando el conjunto la Casa del santero y una hospedería que desgraciadamente se encuentra cerrada.

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