Rodeados absolutamente por buenos ejemplares de pinos silvestres (pino albar), atravesamos la novedosa y metálica portilla que indica la ubicación que buscamos. El día amanecido húmedo y gris plomizo, pero aun así hemos decidido conducir una hora para allegarnos hasta aquí. Antes de acercarnos hasta nuestro objetivo, nos aproximamos hasta la inmediata balsa de El Lagunazo que en medio del boscaje y rodeada de verdor nos regala una hermosa imagen preludio de la jornada, aun lloviendo.
Una sutil vereda nos dirige por el pinar durante unos centenares de metros, comenzando a vislumbrar ante nosotros aislados elementos de dispar arbolado del que hasta ahora nos había acompañado, que al avanzar por la senda cada vez se hacen más copiosos y abundantes. Los elegantes y poderosos pinos de recta hechura, tupida cabellera y rojiza piel, han dado paso a un conjunto de abundante bosquete, que incluso sin vestidura (aun no le han salidos sus hojas) se nos presentan alegres y juveniles. Llamándonos la atención sobre manera el sorprendente e intenso tono plateado de sus troncos…….. efectivamente hemos llegado al sugerente, interesante y singular “Abedular de la Cuba”.
Su nombre “betula” es un derivado de la palabra latina “ betūle” de origen celta que expresa betún o asfalto. Elemento que se utilizaba en la antigüedad como un adhesivo natural o betún vegetal, el "alquitrán de abedul". También hay quien lo relaciona con el verbo latino “batuo” (castigar), pues antiguamente se dedicaban las ramas largas y flexibles del abedul para flagelar a los malhechores. Usado También con este fin para sancionar a los colegiales que no eran aplicados, recibiendo por ello el sarcástico sobre nombre de “árbol de la sabiduría”.
El “abedul” es un elegante árbol planocaducifolio (de hoja plana que se cae cuando llegan los fríos), alcanzando a tener una altura de entre 10 y 30 m. siendo su implantación en nuestras latitudes sorianas de escasa propagación, toda vez que al ser una especie típicamente eurosiberiana (norte de Europa y Asia), le gustan los climas húmedos y frescos, encontrándose en nuestro país de forma aislada en umbrías, trampales, lagunas y riberas de ríos. Localizándose en la península ibérica de forma más habitual en el norte y en áreas de montaña entre los 1.000 y 2.000 m. de altitud, ocupando terrenos de turberas y zonas húmedas propias de ubicados fríos.
En la zona por donde nos movemos del sistema ibérico soriano, el abedul se nos presenta como una especia relicta (abundante en otros tiempos pero escaso en la actualidad) que crece de forma aislada), recuerdo de periodos donde una climatología húmeda era más habitual. Su nominación científica “betula alba” (abedul blanco) ya nos da señas de tu topología ALBA = BLANCO, definiendo su característica más señera, el color que lo hace resaltar por su lisa corteza blanco-plateada, donde radica la mayor parte de su elegante belleza. Presentando su envoltura líneas o bandas horizontales algo más oscuras que se desprende en tiras, derivando hacia una tonalidad más pardusca en la base del tronco. Tallos que se suelen ramificar desde su base (multitronco), generando varias plantas a la vez.
Sus verdes e irregularmente dentadas hojas, en otoño, antes de caer, se tornan en amarillo dorado. Hojuelas que poseen un peculiar, aromático y penetrarte olor, con un sabor amargo cuando se secan. Sus originales y colgantes flores (amentos) surgen en primavera (abril).
Este árbol, símbolo y representación de los extensos bosques escandinavos y rusos, es toda una fuente de riqueza. Su madera, casi blanca, blanda y poco duradera, huele a cuero, siendo usada para ahumar carne o pescados en los países del norte europeo. Utilizándose principalmente para la elaboración de pasta de papel, contrachapados, fabricación de toneles, carpintería, torneados y obtención de carbón vegetal, usándose así mismo en la construcción de puentes, cercados, cordeles, madreñas, aparejos de labranza y utensilios de cocina.
Conocida como "pergamino de abedul", su sutil y fina corteza, casi transparente fue usada para transcribir, dándole la nominación de “librum” origen de la actual palabra "libro", conservándose en la actualidad gracias a ello valiosas y arcaicas escrituras realizadas en alfabeto cirílico.
Con las ramas de abedul se hacían las escobas de barrer la paja en las eras después de trillar las “parvas”. Recuerdos me llegan de esos días de verano; en donde fueran las “eras”, hoy piscinas y campo de futbol; viendo a mis ti@s (fundamentalmente ellas) barriendo hasta el último resquicio de grano en suelo, con esas rusticas escobas de baleo confeccionadas con las finas ramas ya tostadas por la sequedad y agavilladas un par de veces con rudimentarios cordeles para su sujeción y apaño……….. que veranos aquellos en Quintana Redonda.
Siendo el Abedular de la Cuba en Muriel Viejo el que sobresale por su conservación ocupando la singular turbera, que si bien, sus orillares han sido mancilladas inconscientemente, en parte por el desconocimiento y la ignorancia de la mano humana a fin de fomentar la repoblación de los pinos que nos rodean, se ha salvado milagrosamente de la desaparición.
Encontrándonos en un pequeño bosquete monoespecífico (dominado por una única especie, donde casi todos sus ejemplares son parecidos en tamaño, desarrollo y tipología) de abedul (Betula alba) con una extensión de entre 4 y 4, 5 hectáreas. Que asentado sobre un trampal (zona de turbas húmedas), rodeado por extensas y tupidas formaciones de pino silvestre o pino negral de repoblación, conforman el extenso y denso bosque, justo en la unión de la Comarca de Pinares de Soria-Burgos con los Sabinares de la Sierra de Cabrejas.
Bajo su sombra y a sus pies se desarrollan otras especies vegetales de interés, que aprovechándose los húmedos suelos comparten hábitat. Destacando una variedad autóctona y endémica en el Sistema Ibérico de narcisos “Narcissus Eugeniae”. Que tapizando totalmente gran parte del bosque de abedules, al florecer entre finales de marzo y principios de abrir, lo convierten en una atrayente alfombra amarilla, contrastando de forma sugerente con el plateado de los troncos convirtiendo el lugar en un insinuante juego de luces y tonos.
Para poderlo observar en su magnitud sin dañar tan frágil espacio existe la posibilidad de realizar dos recorridos, que si bien son muy similares, se diferencian en la distancia a recorrer que en ningún caso es excesiva:

- El primero de ellos es una ruta circular de unos 4 km. que se puede comenzar dejando el vehículo al comienzo del Camino de las Raíces (ver en el mapa itinerario azul) en la que podemos no solo observar el bosque de abedules, también el conjunto de su entorno, así como El Lagunazo.
- El otro, parte del pueblo de Muriel Viejo (itinerario rojo) y por la orilla del rio en un recorrido de alrededor 6 km. nos devuelve al origen por el Camino de las Raíces después de haber visitado el abedular, los elementos singulares de la zona y el humedal de El Lagunazo, si vamos en época propicia.
En invierno, cuando el árbol se encuentra desnudo sin hojas, su atrayente corteza destaca más todavía de entre lo que se observa a su alrededor. Siendo en ese momento cuando deberíamos ir a hacerles una visita, pero sobre todo en primavera época en la que su base se cubre de amarillo con las flores de los narcisos como si fuera una alfombra. También durante el otoño donde sus hojas lo visten de dorado, siendo en este momento del año cuando el Abedular de la Cuba, al contrastar su tonalidad con el pinar aledaño, su efecto es aún más sorprendente y espectacular.
La fragilidad de este espacio a promovido la intervención de la Junta de Castilla y León hacia su protección declarándolo Microrreserva de Flora, impidiendo su deterioro por la creciente presión humana.
En Muriel Viejo encontraremos el Hotel /restaurante El Cielo de Muriel, de categoría “starlight” (en defensa de la calidad de los cielos nocturnos, la protección contra la contaminación lumínica y la observación de estrellas como patrimonio), con un observatorio para poder desarrollar esta actividad, no os molestéis en llamar para contratar en el día del gran eclipse de 2026 (12 de agosto), porque esta todo ya reservado. Y en los alrededores podemos disfrutar de lugares tan especiales y sorprendentes como: La Fuentona, el Sabinar de Calatañazor, Calatañazor pueblo e historia, los sabinares de la Sierra de Cabrejas (el más grande de Europa), la misma población de Cabrejas con su tipismo, El Chorrón y las ruinas del Castillo e incluso el Cañón del Río Lobos y su entorno.
No es un árbol que se prodigue mucho por nuestras latitudes, estando su hábitat natural en regresión, pudiendo encontrar en nuestra geografía agrupaciones de abedules más o menos densas sobre todo en la franja atlántica y zonas montañosas del norte y centro, aunque su dispersión puede llegar hasta las montañas del Riff marroquí, situándose estos en altas cotas. Encontrando aun abedules de cierto porte en: Montes de Areta (Navarra), Garganta de Escuaín (Huesca) Clot de Baretja (Valle de Arán), Setcases (pirineo gerundense), Pena Trevinca, Texeido y Sierra de Queixa-San Mamede (Ourense), Sierra de Ancares (León/Lugo), Laciana y Leitariegos (León), Bosque de Muniellos, Puerto de pajares y Puerto Connio (Asturias), Liébana, Tres Mares y Collados de Asón (Cantabria), Bosque de Canencia y Somosierra (Madrid), Pico Rocigalgo (Toledo), Abedular de Riofrío (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real), Sierra de la Las Villas (Jaén). Queriendo hacer una mención especial a los abedules existentes y resistentes de la madrileña La Pedriza de Manzanares, tanto en el Circo de la Pedriza como en la Hoya de San Blas y en las laderas de La Najarra. Con mención especial al “Abedul de Hinojosa de la Sierra” (Soria), conocido por su forma como el “candelabro”, que después de 250 años de existencia nos dejó en el 2015.
Estos lugares sí que son las verdaderas “minas de plata” para la prosperidad y contra la despoblación de estas tierras sorianas, no las macro-granjas porcinas que sin parar autoriza la Junta de Castilla y León, poblando de podredumbre, purines contaminantes y malos olores algunos de las zonas más distintivas y específicas de esta singular geografía castellana.














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