Las lluvias de estos días atrás y las que nos avisan aun quedan por llegar, han producido que se revitalicen viejos manantiales y naceros, como es el caso de los conocidos “chorrones” de Cabrejas del Pinar, nombre que aquí se les da a las surgencias de agua que con fuerte ímpetu brotan de los cortados calizos después de abundantes precipitaciones. Estos elementos nos han regalado estampas e instantáneas que solo se repiten cada cierto tiempo, si bien con más o menos virulencia este fenómeno ocurre periódicamente durante la primavera y el deshielo. Siendo únicamente con la impetuosidad de este año y durante los días que las lluvias son tan abundantes, cuando los ríos vuelven a recuperar sus antiguos cauces, produciéndose como nos ha contado la prensa (y en algunos puntos nuestros ojos han podido observar), el caso de los desbordamientos del río Izana en Matamala, el Tera en Garray, Abión y Ucero en el Burgo de Osma, Duero en el Soto Playa de la capital soriana, Escalote entre Caltojar y La Riba (Berlanga / Barcones) e incluso el arroyuelo de Pedrajas en Valonsadero, teniendo en este último caso que rescatar a un centenar de personas de La Casa del Guarda (restaurante en domingo), así como los destrozos ocasionados en el posible bimilenario puente de San Esteban de Gormaz.
Estas abultadas manifestaciones atmosféricas que en muchos lugares generan estragos, en el mejor de los casos solo materiales, se deben a que los ríos recuperan gran parte de lo que es suyo, siento una vez mas el “ser humano” y su codicia los que trastocamos el sentido racional de la naturaleza. No siendo este el caso de los fenómenos a los que me quiero referir hoy en estos párrafos, pues desde los tiempos inmemoriales las aguas han brotado libremente de los mismos lugares a los que nos dirigiremos, los cuales no se sitúan muy alejados de la población, apenas 500 mts. en cualquiera de ellos, pero sin disputar su espacio.
El primero de ellos, menos conocido y más modesto, es el Chorrón de Maldifrades que aflora bajo el mirador del mismo nombre, balcón ubicado sobre el cortado calizo que domina la población por el sureste. Esta estacionaria (en verano está seca) surgencia, es el origen del denominado arroyo de la Hoz que más tarde se transformara en el río Cabrejas. Conformando nada más brotar del interior de la roca a través de cueva, la sucesión de entre siete y ocho escalonadas cascadas de hasta un metro de altura, que ante nuestra vista descubrimos en medio de la empinada barranca que forman los farallones de La Llana, componiendo un espectáculo que además de solitario es sumamente atrayente en medio de un entorno de delicada aspereza.
El otro se ubica al final de la villa, al sur de esta y en la orilla de lo que fuera el viejo camino a Muriel de la Fuente, apenas 500 mts. del casco urbano siguiendo las indicaciones que nos orientan. El manadero al igual que el anterior brota en medio de la pendiente/pared caliza que culmina con la especie de meseta/muela precisamente apodada La Llana, en cuyo vértice a 1.243 m. y cien verticales metros por encima de la actual población se instalaron los pelendones hace más de 2.500 años.
Pero volvamos a el “Chorrón” como aquí se le conoce o Chorrón de Fuentetoba, que nos encontramos en las cercanías de la población y a la izquierda del arroyo al que vierte sus aguas, poco después de desaguar y serenarse en una laguna de limpias y cristalinas aguas en el lugar conocido como Vallicodo. De la lámina de agua parte la vereda que por su margen (orográfica) derecha, asciende en tramos no muy largos pero de cierta pendiente, por la derecha (natural) de la sugerente cascada, con partes escalonados con piedras y troncos de árboles para facilitar el ascenso ya que el terreno es algo empinado y resbaladizo. Llegando hasta una especie de no muy amplio mirador junto a un singular pino que nos sirve de referencia y sujeción, desde donde podemos observar, como fluye y con que fuerza brota el agua desde el interior de la tierra.
Comienzan su andadura las limpias y puras aguas que afloran por entre las peñas calizas como si de un arroyo más se tratara, pero a la decena de metros estas se transforman de forma impresionante, abriéndose en forma de “cola de caballo” sobre la multitud de rocas cubiertas por una gruesa capa de un musgo verde esmeralda espectacular, multiplicándose además con nuevos afloramientos subterráneos, extendiéndose este efecto durante los pocos más de 200 mts. de longitud que existen hasta su desagüe en la laguna. Esto produce al caer el agua que esta se disperse generando cientos de pequeños y plácidos chorros que hacen del lugar un sitio sugerente y placentero, además de generar una sinfonía que solo el agua sabe componer e interpretar. El momento puede llegar a ser sublime si somos capaces de apreciarlo en toda su dimensión…………… y el resto de los asistentes que nos puedan acompañar en este banquete de sensaciones, saben apreciar este prodigio de la naturaleza a la puerta de casa.
A medida que descendemos por la empinada vereda que circunda el “chorrón” observamos como ese manto verde y cano se va agrandando, alcanzando una anchura próxima a los treinta metros en su parte baja. No dejando de acompañarnos el para nada estruendoso rugir del agua, al contrario, escuchamos en nuestro caminar como el líquido elemento nos escolta con su dulce armonía hasta llegar de nuevo al cristalino lago, desde donde volvemos la vista para contemplar ya en la lejanía esa mancha menta y ceniza en medio del boscaje.
La surgencia que forma la preciosa catarata del Chorrón durante el estiaje normalmente se encuentra seca, pero en época de fuertes lluvias alcanza aflorar 300 l/s, pudiendo haber llegado a brotar hasta los 500 l/s durante nuestra visita, dadas las excepcionales condiciones acuosas durante estos días. Siendo su lugar de absorción los sumideros kársticos de Cabeza Gorda, Cerro Arriero, Las Muelas, La Llana, etc. Dando salida al agua por los Chorrones de Maldifrades y la Fuentetoba, al poniente de la alineación montañosa, como antaño lo hicieron por las cuevas de Covaloira y los Murciélagos al levante, conformando el Barranco del Tolillo o Majallana que se extiende hasta llegar al centenario Sabinar de Calatañazor
El volumen de agua que fluyen de ambos chorrones desagua en el Arroyo de la Hoz (denominado también como río Cabrejas), recorriendo un trayecto de poco más de 11 km. camino hasta su confluencia con el Abión en el idílico y misterioso espacio de La Fuentona, generando poco antes de su desembocadura la Cascada de la Fuentona o Chorro Despeñalagua (nombre original del elemento). Con lo que su visita nos sirve como indicador para obligarnos a visitar la Fuentona y su Cascada, ya que cuando abunda el agua en las surgencias de la zona, lo hace en todas.
La pinariega población de Cabrejas se sitúa al norte de la línea que conforman las sierras Llana y Cabrejas, prácticamente ininterrumpido perfil que desde Soria capital observamos a nuestra izquierda cuando transitamos la N-234 en dirección a Burgos. Barrera natural que ya desde tiempos dividía a las tribus “arévacas” de las “pelendonas” ambas de la misma raiz celtibera, habiendo dejados estas últimas restos de su hábitat en el Castro Pico justo por encima de la actual población cabrejana. Siendo durante la romanización (siglos I al IV) cuando se crea la actual urbe, habiendo dejado restos de ello en la Fuente Romana aun existente. Con la llegada de los árabes a comienzo del siglo VIII, la población existente en el momento abandona el territorio o se adhieren a las costumbres y creo de los nuevos ocupantes, siendo entonces cuando en nuestra población se levanta una fortificación (origen del actual castillo) y la atalaya musulmana ante el avance de los ya reorganizados reinos cristianos (otra podemos encontrar en la vecina población de Abejar), situándonos en el siglo X.
Siendo en este periodo de jurisdicción obispal y al ser Cabrejas una de las poblaciones por las transitaba la Cañada Real Soriana Occidental, es el mitrado de Osma junto con el Alcalde de la Villa, los que implantan el cobro de tasas y derecho de asadura (pago de un animal vivo por cierto número de animales trashumantes), a todos los rebaños de La Mesta que pasasen por su término, planteándose un litigio que fue resuelto por los tribunales en 1494, dando la razón a los pastores, permitiendo el libre acceso de los rebaños por la cañada a su paso por Cabrejas .
Es a partir del siglo XVI cuando se levantan los edificios más relevantes como la Iglesia de San Millán, que se erigió sobre las ruinas de una anterior románica, quedando de esta época la parte inferior de la torre donde encontramos una sala abovedada con un arco cegado de medio punto, también la dudosa adscripción románica de su pila bautismal. O las ermitas de Santa Ana y la Virgen de la Blanca, esta última del siglo XVIII, de importantes dimensiones y levantada a tres km. de la población a costa de tres familias de indianos emigrados a Méjico.
Siendo ya en el siglo XVII (1629) cuando Cabrejas se incorpora a la Cabaña Real de Carreteros como lo estaban ya los pueblos de alrededor, y que tan buen resultado les ha generado al estar regados con importantes privilegios reales. En conjunto la comarca de “pinares” Burgos-Soria contaba a finales del XVII con 5.000 carretas, ascendiendo a 8.642 y más de 22.000 bueyes a mediados del siglo XVIII (catastro de Ensenada). Esto produjo una gran prosperidad a la zona no siendo Cabrejas ajena a ella, dejándonos el mencionado “Catastro” del Marques de la Ensenada comentarios que nos dan una pista sobre este oficio y sus gentes “ Los carreteros visten y calzan a sus mujeres e hijos y familiares con esplendidez, además de aumentar sus caudales más que los médicos, boticarios, escribanos y maestros”. Concretando que en Cabrejas se dedicaban a ello: 10 mayorales carreteros, 60 carreteros de oficio, existiendo 142 carretas de porte con 500 bueyes destinados a este tipo de trasporte.
Es el mismo censo del Marques (D. Zenón de Somodevilla y Bengoechea) quien nos da más datos, trasladándonos que en 1752 Cabrejas tenía 500 habitantes, 36 viudas y 116 casas habitadas, además de majadas, cuadras y dehesas. Contando con los siguientes servicios: una taberna, una panadería, una carnicería, hospital de pobres, dos molinos, una sierra de agua, dos curas, un sacristán, un escribano, cirujano, maestro, zapatero, tejedor de paños, un sastre, dos carpinteros, un vendedor de miel y cera, pastores, labradores, un herrero, vigilantes de los montes y dehesas, alcalde, juez, verdugo...
Siendo el devastador incendio que se produjo el 26 de agosto, 1872, quien afecto de forma muy negativa a la población, pues prácticamente la redujo a cenizas. Efecto de esta calamidad y con la añadidura de la práctica desaparición de la carretería por la introducción del ferrocarril como medio de trasporte, entro en franca recesión produciendo la primera migración, sustancialmente hacia a América, en especial a Méjico. Generando a su regreso, al igual que en el noroeste peninsular (Galicia /Asturias), el efecto de los “Indianos”, personas que se enriquecieron en tierras Américas (no todos los que se fueron pudieron volver), favoreciendo a sus poblaciones de origen con inversiones, arreglos y la construcción de suntuosos caserones, generando un grado de ojeriza al resto de las familias que se quedaron.
Vuelto a recuperarse a principios del siglo XX, sufre desde la década de los 60 como tantos otros pueblos sorianos el estigma de la despoblación, aun cuando sus vecinos se benefician de la “suerte de pinos” que reconocida como “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, es un gran aliciente para estos habitantes de las tierras pinariegas.
Un saludo y que tengáis buen día.
1 comentario:
Que buen paseo amigo
Tanta agua rellena los paisajes de fábula
Los chorro es de agua verde lo más
Gracias Amigo
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