jueves, 14 de abril de 2022

- Ucero y su Castillo Templario

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De nuevo por tierras del poniente soriano, recorriendo esos paramos a través de los infinitos sabinares de la Sierra de Cabrejas que se prolongan hasta las tierras burgalesas del Arlanza. Territorios de parcos suelos pero con historia cargada de ajetreo, cuando menos hasta finales del medievo. Nos situamos nuevamente en la franja que delimitan las dos vías principales del oeste de Soria: la conexión con Burgos N-234 y la que nos lleva a capitalidad comunal en Valladolid N-122. Estamos a orillas del Ucero, al que iremos ver nacer en su fundir con el Lobos. 

Ubicados a las puertas del escarpado paisaje que nos regala la naturaleza a través del Rio Lobos, barranco o cañón que no hace mucho, me indujo a rellenar unos párrafos con sus mágicas historias de monjes-guerreros y misterios. Aunque hoy ni siquiera accederemos, manteniéndonos solo por sus proximidades, sobre todo en las cercanías de la población que sirve de principal centro de acceso al Parque Natural. 

En fresca mañana nos recibe la aldea Ucero, que situada sobre la orilla del río y ocupando una buena solana al medio día (sur), se asienta rodeada por un entorno agreste de paredes calizas cortadas a pico, que se levantan sobre la testuz de los que hasta aquí nos allegamos. Es para recorrer sus alrededores a lo que nos hemos acercado hasta la orilla del rio que pone nombre a la población. 



Ucero, que ahora se nos muestra como una aldea pequeña, casi insignificante, fue durante la edad media una villa de importancia, y en su comarca aun quedan mudos testigos de aquel pasado lustroso, prueba de ello es la existencia en sus cercanas poblaciones de un destacado patrimonio, con sus iglesias de ese románico rural soriano, tan sobrio y natural, que tanto nos llama la atención. 

Durante la Edad Media esta población fue una importante villa, logrando ser cabecera de la "Comunidad de Villa y Tierra de Ucero" en la Extremadura Castellana. Manteniendo vigente esta circunscripción desde el siglo XII hasta el XIX, jurisdicción que comprendía entre 6 y 11 aldeas o poblaciones (hasta 17 pudiera haber tenido bajo su demarcación), administradas en derecho de "abadengo" (señorío relativo a un monasterio). Llegando a tener, -la ahora humilde población-, una fábrica de chocolate, varios molinos y un lavadero de lanas, instalación esta ultima que precisaba de Licencia Real. Si bien lo que más resalta de todas sus construcciones es sin duda su señero y altivo castillo, al que se señala de "templarios". Y aunque se encuentra, como tantos otros, en un estado calamitoso, aun nos sorprende con su porte desafiante e inescrutable. 



Es muy posible que durante las campañas de Almanzor entre 977 y 1002, donde el caudillo musulmán recupero para el califa Hisham II las plazas de Osma (989), San Esteban de Gormaz y Clunia. La parte cristiana creara un sistema defensivo que controlara el acceso de esta parte del Duero hacia el interior de Castilla, siendo cuando posiblemente se erigiese el estratégico Castillo de Ucero a la entrada del rio Lobos. Acaeciendo en las primeras décadas del siglo XI; al recuperarse definitivamente el dominio castellano de esta parte del Duero y sobre todo la ciudad de Osma (1011); cuando comenzase la repoblación del corredor que comunicaba la ribera del Duero con las tierras del Alfoz de Lara por el río Lobos-Ucero. 

Siendo por aquel entonces cuando el núcleo de población existente alrededor del castillo comenzaría a consolidarse, pero la falta de soporte documental durante estas fechas nos mantiene en el desconocimiento sobre los orígenes de Ucero. Habiendo de pasar más de 100 años, para tener los primeros conocimientos sobre el lugar. Datando del siglo XII la primera referencia sobre la villa, teniendo fecha del 12 de abril de 1157, la primera mención escrita sobre la población de Ucero, un documento de donación al obispo de Osma. 

Se menciona así mismo a la población en las postrimerías de 1212, a través de un nuevo legajo de donación. Siendo en ese año cuando se señala a Juan González de Ucero como primer señor del castillo, asegurándose así mismo que fue un baluarte templario desde los tiempos de Alfonso I de Aragón (principios del siglo XII). Durante el s. XIII perteneció a Juan García de Ucero y a la muerte de este a su esposa María Alfonsa de Meneses (María de Ucero), quien debió tener amoríos extraconyugales con quien fuera rey de Castilla y León "Sancho IV". Producto de esta relación nació Violante Sánchez de Castilla (nieta de Alfonso X "El Sabio", a quien pasó el dominio de la fortaleza. 



A través de argucias legales y pleitos, a Dª. Violante le "guindaron" en 1325 el señorío de Ucero los leguleyos proclives al obispo de Osma. Litigios en los que hubo de intervenir hasta el papa Juan XXII (segundo Papa de Aviñón), quien como lógica reflexión dio la razón al mitrado oxomense, terminando la propiedad de todo el territorio perteneciendo al obispado de Burgo de Osma, quien lo ocupaba ya desde 1302. 

Durante el siglo XV el castillo es rehecho a instancias del obispo de turno. Siendo un siglo después cuando otro de los insignes prelados de Osma, sitúa sobre el acceso al recinto su escudo de armas, blasón que aun se puede contemplar. El uso que se le dio a la fortaleza de Ucero durante su pertenencia a la diócesis de Osma fue muy variado y dispar, habiéndose utilizado como finca palaciega y de recreo para los prelados, donde estos acudían a expansionarse con la pesca de las truchas en su coto del río Ucero. Posteriormente se le dio uso como presidio para clérigos, manteniendo encerrados a los miembros del clero que se habían "salido del rebaño" o quebrantado los mandamientos de Moisés. Hasta que un incendio acaecido en 1668, marcó el inicio de la decadencia de este baluarte, declive que se fue ido acrecentando hasta nuestros días, dejándonos la imagen que ahora podemos observar de sus altivas y bizarras ruinas. 

El bastión de Ucero se descubre sobre lo alto de una potente peña que en dirección a levante domina la población y el rio. Esta ubicación y su esbeltez, generan la singularidad de poder ser divisado en lontananza desde distintos lugares, componiendo su porte una de las siluetas más espectaculares y escénicas de toda Soria. Esta vetusta fortificación debiera ser obra anterior al siglo XII con reformas posteriores, especialmente en el XVI, pero la falta de documentación sobre sus orígenes nos impide ser más conciso sobre sus inicios. 

El recinto templario de Ucero poseía una triple defensa amurallada, con foso y puente levadizo, baluartes de las aún mantiene bastantes restos. Un diseño de arquitectura medieval defensiva poco usual, que nos sorprenderá nada mas observarla por su originalidad y empaque. El equilibrio de sus formas, su proporcionalidad, su ubicación dentro del privilegiado entorno donde se encuentra, los imaginativos sistemas defensivos, su elegante torreón y su elegante silueta aun en ruinas, hacen del castillo de Ucero uno de los merecedores de ser promocionado como centro de interés y atracción en complemento con el Parque Natural del Río Lobos. 

Desde su interior y en medio de un patio de armas de lo más ruinoso y totalmente destruido, como si de un bombardeo hubiera sido objetivo, destaca la torre del homenaje que conserva un relativo buen estado. Con bordes de buena sillería esta elegante y espigada atalaya se nos muestra con balconadas del siglo XIII, entre las que se encuentra una ventana de arcos ojivales de diseño gótico. Aunque lo más sugerente y misterioso son las gárgolas por donde desaguaba la cubierta, poseedoras de una especial simbología, en las podemos observar un águila con grandes orejas que se presenta asiendo dos serpientes, así como una ménsula que representa un personaje de larga cabellera con túnica que sujeta en sus manos un objeto de  difícil identificación. El resto de las ménsulas también representan personajes de indudable iconografía misteriosa, lo que añade mas magia a la raíz oculta de sus originarios moradores, los templarios. 



Entre los desparramados restos de su patio, podemos adivinar lo que fuera en otro tiempo un abovedado aljibe, junto a una escalera y al acceso de la torre. Pero lo que sí que añade más encantamiento y fascinación es la existencia de un pasadizo-corredor subterráneo que, recorriendo en zigzag la ladera del cerro desde el exterior del castillo, desciende hasta el río. Situado bajo la muralla norte del castillo, su finalidad no era otra de poder acceder hasta el agua del rio en caso de asedio. Su estado actual no es de lo mejor, ya que se encuentra derrumbado en algunos tramos, pero se puede visitar en gran parte, manteniendo una anchura de algo más de un metro y una altura que varía entre los 2,10 y 1,50 mts. 

A unas decenas de metros en dirección suroeste divisamos las ruinas de los que algunos autores, como Ángel Almazán, sitúan fuera el Monasterio Templario de San Juan de Otero, controvertida ubicación que ha gastado bastante tinta y papel durante algunos siglos. Lo que sí está claro que, perteneciente al susodicho cenobio o no, el templo o las piedras que dé el quedan, fueron las de la iglesia del original y primer asentamiento de la población de Ucero, que se situaba a esta altura protegida por la sombra del castillo, por lo menos durante los doscientos años que duró el Duero como frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. Aun podemos encontrar restos de la muralla que protegían la villa por los alrededores de la fortaleza, en cuyo interior se sitúan las ruinas de lo que fuera la iglesia románica de referencia. 

De aire rústico y con gruesos muros de mampostería elaborados en "cal y canto", lo único que podemos observar de este antiguo templo son los restos que aun se encuentran medio en pie, compuestos por una única nave rematada con ábside semicircular, orientado hacia naciente como "dios manda". Expoliadas totalmente sus piedras más nobles, ya no queda nada que sustraer, habiendo desaparecido totalmente el pórtico de su entrada y los elementos identificativos de las ventanas del ábside, pero aun así se puede discernir su inconfundible origen románico. Triste destino de tantas iglesias sorianas que se encuentran abiertas al cielo (sin techumbre) para que en ellas sea más fácil llegar hasta el señor: son los casos de Villabuena, Sarnago, Castril, Martiana, San Pedro Manrique, Magaña, hasta algunas en el mismo Soria…… y así hasta una lista que llega a las cerca de 40 y las que no tardando formaran parte de la nueva relación. 



En el muro meridional aun quedan señas de que en tiempos existiera una galería porticada, lugar donde se congregaba la vecindad para distintos festejos o reuniones, y seña de identidad de este románico soriano. Frente a su entrada, en el interior del muro septentrional aun podemos observar cinceladas en yeso cruces de calvario tan típicas de estos lugares. También las piedras de sillería que formaron el campanario- espadaña fueron desmontadas, utilizándose con total seguridad en la construcción de la nueva iglesia del pueblo de abajo. Acaeció lo mismo con sus campanas, alguna de las cuales suenan todavía pero lo hacen a 500 mts. de distancia y 60 por debajo de donde originalmente estaban.  También en el nuevo templo se custodian y veneran dos imágenes marianas del siglo XIII, una de las cuales pudo ser originaria de la del castillo. Parece ser que fue a finales del Medievo, durante el siglo XV, cuando se fueron poco a poco bajando los vecinos del castillo hasta la orilla del río, lugar más cómodo y huertos más fértiles. Consumándose este periplo en el XVII, siendo durante el siguiente siglo cuando se levanta la nueva parroquia, usando para su construcción gran parte de las piedras del ya avejentado castillo. 



Pero antes de bajarnos hacia la población del valle, debemos de disfrutar de los soberbios panoramas que se divisan desde de este otero, un abanico de espléndidos paisajes que se nos muestran desde esta altura. Ante nosotros a apenas unos centenares de metros podemos nítidamente adivinar la entrada al Cañón del Río Lobos, la Cuesta de La Galiana, bajo nosotros mismos la modesta población de Ucero y la planicie por la que ahora discurre el río camino del Burgo de Osma. 

Una panorámica impresionante donde se intercalan el rio y sus meandros, con los coloridos farallones rocosos de barranco, la evidente silueta de los buitres leonados surcando los limpios cielos sorianos, las centenarias y retorcidas sabinas compitiendo el espacio a las bisoñas choperas, que durante el otoño se visten de "oro" creando llamativo, bucolismo y sugerente. Un equilibrio de diversidad en las formas y los tonos que sin duda nos hará disfrutar del instante. 

Y todo este rollo, simplemente para aconsejaros realizar uno de los senderos más variado, hermoso y nada penoso de toda la provincia de Soria, la "Senda del Castillo de Ucero. Un itinerario de apenas 9 km. con poca ascensión, apenas un desnivel de unos 100 mts. para llegar hasta el cerro donde se asienta la recinto amurallado. 

La ruta es un sendero circular de cómodo trazado por el entorno del río Ucero, permitiéndonos durante su travesía observar algunos de los valores paisajísticos más interesantes de este entorno natural. El trayecto nos muestra elementos históricos relevantes como: un sistema de abastecimiento de agua romano, el Castillo templario, la Casa de Parque y el conjunto urbano de la población de Ucero, así como todo el esplendor de naturaleza que se nos muestra en el entorno: choperas, sabinares, bosques de ribera, cantiles calizos y sobre todo esas inmejorables vistas de las que ya he relatado. 



Un itinerario variado, diferente, interesante y tranquilo, que podemos contraponer y realizar como alternativa a los que se desarrollan en el interior del "Cañón del Río Lobos", más saturados de gente y algarabía, una magnifica alternativa para conocer el lugar sin tener que "sufrir" la presión humana que sobre todo se concentra en los meses de verano. Se puede completar su recorrido en unas dos horas y media o tres, siendo la única ruta que no discurre por el interior de Parque Natural. 

Ruta

Parte su itinerario de la propia población de Ucero, recorriendo entre huertos un tramo de la orilla derecha del río aguas abajo, hasta llegar a un pasadizo escavado en la roca de 133 mts. restos de lo que fuera parte del "acueducto romano" que suministraba agua a la población de Uxama distante 18 km. al lugar los del pueblo lo conocen como "Cueva de la zorra". Circulando un breve tramo por la carretera que nos conduciría hasta Burgo de Osma, tomamos el repecho que nos lleva hasta el Castillo, para después de visitarlo coger una vereda en que en dirección noreste desciende bucólica hasta el seco cauce del río Chico (ojo en época de lluvias). 



Nos dirigimos ahora por la orilla izquierda del Ucero hasta llegar a su nacedero y la Cueva La Galiana Baja, muy cerca del puente donde el Río Lobos pierde su orondo nombre, comenzando el cañón y el "Parque Natural". Cambiamos de orilla y rio abajo pasamos por las afueras del camping, para posteriormente pasar por la antigua piscifactoría que ahora es el Centro de Interpretación (merece una visita). El camino rodea la instalación y busca una flamante y novedosa pasarela que tras cruzar el rio nos depositan nuevamente en la orilla izquierda y bajo el castillo. Solo nos queda continuar la vereda para llegar a la población, donde habremos finalizado el recorrido. Muy aconsejable si es la hora del almuerzo, buscar hueco entre las mesas del "La Parrilla de San Bartolo", seguro que agradeceréis esta recomendación. 











Una buena excursión de autentico sabor soriano……….. como si de mismísimos torreznos se tratase.

Un video servirá de complemento para visitar el lugar:




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