sábado, 11 de abril de 2015

- Costa de Namibia………..un desierto de diamantes

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Según nos vamos acercando a la costa, divisamos frente a nosotros una cortina de bruma que se prolonga hacia nuestro destino, esos horizontes con los que hasta ahora habíamos disfrutado han desaparecido, en unos instantes la niebla nos absorbe por completo y nos traslada como arropados por ella hasta ese atlántico sur, ese mar tenebroso y temido por los navegantes europeos de mediados del milenio pasado. 

Desde el río Kunene en la frontera norte con Angola, hasta el río Orange al sur en la linde con Sudáfrica, la costa de Namibia se extiende a lo largo de más de 1.600 km. por territorios ocupados prácticamente en su totalidad por el desolado desierto. Mares tenebrosos y neblinos, que durante siglos fueron temidos y respetados por los navegantes que transitaban las nuevas rutas comerciales entre Europa y las Indias Orientales. Por todo lo largo de su litoral un sin fin de despojos y osamentas de ballenas y otros grandes cetáceos se calcinan con el tiempo dejando evidencia de su furia. Siendo estos restos testigos de numerosas tragedias náuticas provocadas por la fuerza de sus corrientes y por las densas nieblas que se forman, induciendo a designar este lugar con el siniestro nombre de Costa Esqueletos "Skeleton Coast", habiendo sido motivo de inspiración de numerosos literatos. A lo largo de toda ella solo tres ciudades de cierta relevancia rompen esa invariable monotonía de arena y agua: Luderitz, Walvis Bay y Swakopmund.  

La serena y colorida Luderitz, puede ser el referente de la historia de este joven país, donde ya los portugueses llegaron a finales del siglo XV, aunque se sabe habitado desde hace mas de 25.000 años, como atestiguan las pinturas rupestres que nos han dejado de herencia sus primitivos pobladores. Siendo sus primeros moradores identificados los "san", que llegaron a estas tierras a principios del siglo I, posteriormente los "khoikhoi" se asentaron sobre el siglo VI, haciendo lo más tarde los "herero" y los "ovambo". 

Su historia se ha visto condicionada en gran parte por su complejo e inhóspito litoral. La impenetrable Costa de los Esqueletos repelió durante siglos a los ocasionales colonos europeos, que ya se habían apropiado de otros territorios africanos. Los primeros "occidentales" que llegaron sus costas fueron los navegantes portugueses en 1.486, con Diego Cão al mando de una pequeña flota, desembarcando en lo que actualmente es Cape Cross. Siendo a partir de entonces cuando solo un puñado de misioneros, exploradores y cazadores, llegaron hasta ella, permaneciendo intacta mientras tanto esta parte del continente africano. Sus nativos pueblos: namaquas, bosquimanos, bantúes, ovambos y hereros mantenían sus ancestrales costumbres, mientras la civilización europea empezaba a establecerse en otras zonas del áfrica colonizada, debido fundamentalmente a la aridez del territorio, y a la falta de recursos naturales con los que comerciar. 

Durante mucho tiempo este territorio permaneció olvidado para los europeos, que no mostraban interés por colonizarlo debido a su extremada aridez y a las muchas dificultades que planteaba hacerlo, solo utilizado como un fondeadero más en la importante ruta de las especias con las indias orientales, teniendo que esperar más de un siglo para que sus tierras fueran exploradas por los holandeses. En la segunda mitad del siglo XVIII llegaron hasta sus costas balleneros franceses, ingleses y americanos comenzando a utilizar sus puertos como base, no siendo hasta mediados del siglo XIX cuando la Royal Geographic Society continuó con la exploración de las tierras del interior del país. 

Pero los que controlarían este trozo del áfrica suroccidental desde el siglo XVIII hasta el XX fueron verdaderamente los alemanes, apoyando entre otros comerciantes al "bremense" (nacido en Bremen) Franz Adolf Lüderitz, que llevaba ya varios años navegando por esas costas, quien adquirió en 1883 tierras en Angra Pequeña ("ensenada pequeña" en portugués) al jefe trivial de los "namas" Joseph Fredericks II, que puso bajo la protección del imperio alemán. Comenzando de esta forma el control de estos territorios por parte del Canciller Otto von Bismarck convirtiéndolas en la "Deutsche Kolonialgesellschaft für Südwest-Afrika" o África del Sudoeste Alemana. 

Desencadenando un verdadero exterminio de las poblaciones tribales, al revelarse los nativos contra ellos por apropiarse sus mejores y más productivas tierras, siendo masacrados por ello. La barbarie con que los soldados alemanes actuaban, logró su máxima expresión en la batalla de Waterberg en 1.904, cuando los Hereros fueron masacrados y los escasos supervivientes que quedaron se vieron obligados a huir hacia el desierto del Kalahari, donde muchos perecieron también de sed y   hambre. Dos de sus legendarios líderes murieron combatiendo al ejército alemán, Hendrik Witbooi en 1905 y Jakob Morenga en1907, el tercero de sus dirigentes Samuel Maharero, consiguió huir a Bechuanalandia, la actual Bostwana, donde murió en 1923. En estos conflictos perecieron unos 65.000 hereros (un 80% de su población), más de 10.000 namaquas (el 50% de sus nativos), y 1.749 alemanes. Comenzando el genocidio perpetrado por los germanos, del que relatare más adelante. 

Al estallar la Primera Contienda Mundial la colonia alemana fue atacada por fuerzas Sudafricanas y portugueses, y aunque los teutones resistieron se tuvieron que rendir. Pasando estos territorios, al terminar la guerra, a ser tutelados por la Unión Sudafricana, que posteriormente intento anexionarla como una provincia más, a lo que la O.N.U. puso reparos. Pero si que imponiendo su sistema racial del apartheid, a lo que se revelaron de nuevo las etnias tribales, ya reclamando su independencia. A mediados del siglo pasado comienzan a crearse, auxiliados por angoleños y cubanos, los primeros grupos nacionalistas y guerrilleros, siendo el SWAOPO (Ejército de Liberación del Pueblo de Namibia) y su líder Sam Nujoma, el Nelson Mandela namibio, quienes consiguieron en 1990 la independencia del país, con una enorme y democrática mayoría parlamentaria.

Namibia es un país con tan sólo 25 años de vida, y aunque su nombre significa "tierra de nadie" en lengua "namaqua", lo cierto es que muchos pueblos, como hemos visto anteriormente, se la han disputado: portugueses, holandeses, ingleses y alemanes, incluso surafricanos en la época del apartheid. Un país poco poblado, menos de dos millones y medio de habitantes (más o menos como la provincia de Valencia) debido fundamentalmente a que no es fácil soportar la dureza de su desértico clima, donde solo el 1% de la tierra es cultivable, no resultando tampoco muy apto para la ganadería, donde una oveja necesita siete hectáreas para poder sustentarse. En el que la minería fundamentalmente de uranio y sobre todo diamantes, así como la pesca, son los sectores que tradicionalmente han sustentado su economía. Un territorio desértico tanto en su costa, desierto del Namib, como en el interior donde comparte el desierto del Kalahari con Botswana y Sudáfrica. Destacando su gran diversidad étnica e idiomática, siendo el Owanbo, el afrikáans, el alemán, el inglés e incluso el portugués los idiomas con los que nos podremos encontrar hablando con sus gentes. Su población está compuesta por al menos once grupos nativos diferenciados, desde cazadores-recolectores hasta agricultores y habitantes urbanos; conservando el influjo de sus colonizadores alemanes, ingleses y afrikáners.  

Luderitz
En medio de la nada, rodeada de agua y arena, Lüderitz es una localidad no muy grande, de apenas 15,000 habitantes. Su nombre está tomado de su fundador Adolf Luderitz quien en 1883 creó una factoría pesquera de la que emergería la localidad. También en sus inicios, la recolecta de guano producido por los cormoranes, fue una actividad importante para su crecimiento.

El navegante portugués Bartolomeu Díaz, fue uno de los primeros que por estas tierras pasó allá por 1488 y donde dejo seña de su llegada erigiendo es su costa una cruz de piedra, parecida a la que puede observarse en la actualidad en la Punta de Díaz "Díaz Point". La riqueza de sus aguas, originada por la corriente fría de Benguela que le llega desde el sur antártico, provocó que a partir de finales del siglo XIX el negocio de caza de ballenas y la explotación del guano atrajeran a los primeros occidentales hacia este remoto asentamiento, haciéndolo florecer con rapidez, construyéndose un puerto y una moderna factoría ballenera, convirtiéndose después en el primer enclave alemán en la costa austral de África. Pero fue el hallazgo de diamantes a principios del siglo pasado quien la transformó completamente, produciéndose su boom industrial y económico. Ocurrió a principios del siglo pasado, durante la construcción de la línea del ferrocarril, cuando en sus proximidades se encontró de forma fortuita en el suelo, un pequeño cristal muy brillante. La noticia se extendió rápidamente y a Luderitz empezaron a llegar aventureros, comerciantes, gentes a la caza de fortuna y hasta buscavidas. En apenas cuatro años pasó de ser un pequeño, olvidado y remoto puerto de pescadores a ser una de las ciudades más importantes y prosperas del cono sur africano. Es de durante esta época cuando se construyen las numerosas y encantadoras edificaciones coloniales que encontraremos en ella, la mayoría en estilo ‘art nouveau’.  

Hoy en día no mucho ha cambiado en la ya no tan floreciente Luderitz manteniendo su encanto de entonces. Sus pulcras casas pintadas con coloridos tonos, intentando romper la uniformidad del paisaje circundante, contrastan con que gran parte de sus calles siguen siendo de arena, elemento que el viento bate casi de continuo, generando esa luz especial que en ella podemos contemplar. Los establecimientos comerciales de antaño subsisten en el mismo lugar que hace cien años, siguiendo regentados por los biznietos de aquellos oriundos colonos, conservando ese aire de ciudad apartada, fronteriza, somnolienta y algo surrealista, con ese toque especial y contrastado de ser a su manera como un pequeño pueblo bávaro en otra latitud. Y aunque el ferrocarril dejó de funcionar hace tiempo y sus restos se hacen notar, su aceptable carretera por lo menos la mantiene conectada con el resto del país. Pues Luderitz sigue estando a trasmano de todo, en medio de la nada, al situarse embebida en medio del desierto, entre dos grandes territorios diamantíferos intensamente vigilados, inaccesibles y prohibidos a los mortales humanos que hasta ellos nos acercamos. 

Llegar a este puerto de mar y ciudad minera (donde vivían los directivos y encargados de las cercanas minas de diamantes), es como estar en una Alemania de rostros negros, con edificios como los que podrías encontrar en Baviera, Múnich o Baden-Baden, genuinamente teutones. Ahora, que la búsqueda de este cristalino carbono se ha trasladado al sur con modernos y tecnológicos métodos de explotación, su actividad principal de la pesca.
 
Su proyección marina siempre impulsó al desarrollo pesquero en sus poco profundas aguas, es por ello que la pesca ha actuado en esta población como un importante motor de desarrollo económico. Las dos factorías que Pescanova mantiene en la población dan trabajo a 800 personas, para que nos comamos la merluza que nos encontramos en los mercados y las barritas de pescado congelado que encontramos en los súper. Pudiendo decir sin ninguna exageración que Lüderitz es Pescanova y su puerto el Vigo namibio, pero con las condiciones laborales (de los locales) como si de la misma áfrica se tratase. 

Disfrutando de la placidez al pasear por sus tranquilas calles, ya que la afluencia de turismo es mínima, es destacable de su arquitectura la herrumbrosa estación de ferrocarril, la Casa Goerke, la más bella del pueblo, o la Casa de Troost, construida al estilo colonial. No debemos dejar de dar un paseo marino en el velero "Sedina", para examinar la península de Lüderitz y la bahía de Redford en busca de delfines, focas o pingüinos, se convierte en una actividad relajante a no ser que los vientos que por aquí azotan, la trasforme en entretenida y excitante aventura, como suele ocurrir normalmente. Esta interesante zona costera se caracteriza, además de por sus gélidas aguas, por las innumerables bahías, lagunas y vírgenes playas que en sus alrededores se sitúan.  

Recuerdos me trae escribir ahora, casi cuatro años después, de los marineros gallegos conocidos allí, que pasan gran parte de la existencia alejados de sus familias, también de unos orujos con ellos a mas de 8.000 km. de su terruño. De una fiesta alemana a la que fuimos invitados por los teutones namibios, pues éramos los únicos foráneos en esas latitudes, y que afortunadamente no fuimos, pues criticaron las formas de ser, de "nosos" los hispanos. También de encontrarte en el culo del mundo con una muchacha con la camiseta de la selección española de "balón pie", en un bar de los de por allá, donde juagaban al billar; es fuerte esa sensación de proximidad en la lejanía. Y por sus coloridas casas y todo el color en sus gentes, tonos solo quebrados por el monótono paisaje ocre del desierto circundante y el intenso azul del mar. 
 
Por supuesto hay que acercarse a cenar en el puerto donde se encuentra el Ritzi's Seafood Restaurant, o ir a degustar ostras a la granja que de estos moluscos hay en la punta del muelle, junto a una de las factorías de Pescanova. Para alojarse un sitio aceptable es Hratzplatz, justo al lado del restaurante "Barrels" (Barriles), en la calle de las casas de colorines que asciende a la Iglesia de la Roca "Felsenkirche", donde, desde unas lomas rocosas próximas a ella se domina toda la ciudad y su bahía.

El Genocidio namibio y el primer campo de exterminio del mundo
Aunque la creada tardíamente, con respecto a las demás potencias europeas, la colonia alemana del áfrica occidental no era de lo más rentable para el Reich, debido fundamentalmente a su árido territorio, los alemanes administraron con dureza la región, utilizando los mismos mecanismos de control y represión de restos de las potencias presentes en el continente, usando los mismos métodos que los colonos anglosajones con los indios americanos, o los descendientes hispanos en Argentina, con los nativos de allí: usurpándoles las tierras y marginándoles en los peores territorios hasta casi hacerlos desaparecer. Como ejemplo de estas tácticas empleadas en la áfrica germana, podemos comprobar la diferencia entre los derechos de europeos y nativos, la "Liga Colonial Alemana" legisló en lo referente a cuestiones jurídicas, que el testimonio de un hombre blanco era equivalente al de siete africanos. 

Estas diferencias y las incesantes apropiaciones de las tierras con mejor aprovechamiento agrícola por parte de los germanos, que desde 1883 ocupaban su país, despojándoles de sus tierras más productivas, fueron creando entre la población nativa un creciente resentimiento contra los alemanes. Desencadenando los primeros enfrentamientos en el norte del país, siendo el más sangriento de ellos el antes comentado de 1904, cuando el líder del pueblo herero "Maharero" se levantó en armas contra los teutones, siendo vencidos, teniéndose que exiliar. Decretándose su expulsión por parte del comandante alemán Lothar von Thotha, con la orden de exterminio y posterior genocidio: 
 "La nación herero tiene que abandonar el país, y si no lo hace, la obligaré por la fuerza. Todo herero que se encuentre dentro de territorio alemán, armado o desarmado, con o sin ganado será fusilado. No se permitirá que permanezcan en el territorio mujeres o niños, y se les expulsará para que se unan a su pueblo o serán pasados por las armas. Estas son las últimas palabras que dirigiré a la nación herero". 

Cuando fue declaró dominado por completo la rebelión nativa, y para "restaurar el orden público", las tropas del káiser Guillermo II utilizaron contra la población civil indígena la violencia y el regicidio a gran escala. Desde esa triste derrota y hasta 1908 lo nativos fueron sometidos y exterminados, en lo que se cataloga como el primer genocidio del siglo XX, muriendo unos 80.000 africanos. Cinco son los hechos que definieron este "holocausto", la muerte por inanición, el envenenamiento de los pozos utilizados por los herero y namaquas, la dispersión de los nativos en el desierto del Namib, la guerra química, y la reclusión en campos de internamiento.  

Sobre este último método y su relación con la población de Luderitz, investigaciones de la Universidad de Namibia, relacionan el nivel del rápido crecimiento de esta ciudad con el campo de prisioneros que se instaló en "Shark Island" (Isla del Tiburón), situado al final de una península rocosa con vistas al puerto.  Pues independiente de desarrollo previo que tuvo por las actividades pesqueras (en 1904 solo había levantados 5 edificios), en realidad la ciudad se expandió  realmente durante los años de la contienda con los nativos entre los años 1904 y 1908, cuando su puerto sirvió como centro de desembarque de las provisiones para las acciones militares alemanas. Transformando las rocas de Shark Island en un verdadero campo de concentración, el lugar más cruel e inhumano de toda la reciente historia de Namibia, estando considerado como el primer campo de exterminio del mundo. Donde eran alojados los prisioneros en tiendas de campaña, construidas con cualquier material disponible, prácticamente desprotegidos de las duras condiciones existentes. Muriendo la mayoría de ellos por la exposición al sol, el hambre, enfermedades o frío, y todos ellos, incluyendo niños, siendo obligados a trabajar en la construcción de las líneas ferroviarias u otras instalaciones en los alrededores de Luderitz,; sufriendo las mujeres por parte de sus captores vejaciones agresiones y violaciones múltiples. Pereciendo por estos motivos una media de unos dieciocho reclusos al día, siendo sus cuerpos sepultados en la playa, en tumbas poco profundas durante la marea baja, para que cuando la marea levantase y los sacase al mar, sus restos fueran pasto de los tiburones, de aquí su nombre "Isla Tiburón". Siendo así mismo algunos de ellos enviados a la europa teutona, sirviendo en las incipientes investigaciones que sobre la anatomía racial, comenzaban a desarrollarse por aquel entonces en Alemania. 

Isla Tiburón, es un lugar apacible y sereno cuando el "mal viento" que sopla sobre el islote está en calma, pero como si la fuerza de la naturaleza nos quisiera trasladar a aquellos tiempos, casi siempre azotan el lugar los crueles y fríos vientos del Atlántico Austral, mostrándonos la dura realidad de la vida en estos peñascos, testigos de la cruel y brutal historia en ellos vivida hace mas de cien años. Hoy en día hay un monumento en honor a Cornelius Fredericks (otro de los más destacados guerrilleros indígenas durante la guerra), así como a los valerosos hombres, mujeres y niños que fallecieron en la isla, pero la historia no ha retratado de una manera sensible la odisea allí sufrida, ya que aún quedan numerosas placas en honor a los opresores alemanes que perecieron durante estos hechos.  

Ya, treinta y cinco años antes de que Adolf Hitler empleara "la solución final" para eliminar a seis millones de judíos europeos, el gobierno alemán del Reich perpetró en su colonia africana del Sudoeste un primer holocausto: el asesinato masivo y a sangre fría de miles de nativos de las etnias herero y namaqua. Fue también por entonces en 1908, a iniciativa de "elementos" como Eugene Fischer (más tarde miembro del Partido Nazi), catedrático de antropología y eugenesia (ciencia que estudiaba el control, la pureza y mejora de la raza humana con manipulaciones y métodos selectivos), cuando Namibia se convirtió en uno de los primeros países del mundo, donde por ley se prohibió y declaró nulo el casamiento entre personas de distinta raza. Cinco años más tarde el siniestro profesor publicó su libro "Los bastardos de Rehoboth y el problema de la bastardización humana" (Rehoboth era la principal ciudad donde vivían mestizos). En su "obra" exponía, de forma radical y clara que los llamados "baster", eran seres defectuosos, refiriéndose a los mulatos descendientes de uniones entre varones europeos (alemanes o bóer) y mujeres africanas. Recomendando a las autoridades coloniales: "Se les concederá justamente la protección que necesitan como raza inferior a la nuestra, para que logren apenas subsistir, y no por más tiempo del que puedan sernos útiles. O bien se les dejará en libre competencia, es decir, a mi juicio, expuestos a su decadencia". 

Al perder Alemania la Primera Guerra Mundial y sus colonias africanas en 1918, Fischer con Alfred Ploetz (también miembro del Partido Nazi) y otros fatídicos eugenistas empezaron a emplear con sus propios compatriotas las fatales teorías que sobre herencia humana e higiene racial habían empleado con la población namibia. Así, cuando Hitler alcanzó al poder en Alemania, un elevado grupo de antropólogos, psiquiatras y eugenistas estaba eficientemente capacitado para cooperar con los nazis en su inmenso plan de liquidación de los " indeseables" (enfermos terminales, personas con discapacidad, judíos y gitanos). Teniendo el racismo exterminador alemán su primera experiencia y campo de actuación en Namibia. 

De aquel genocidio (palabra por entonces aún desconocida) muy pocos alemanes tuvieron noticia, pues durante casi cien años ha estado oculto, escondido entre la complicidad del olvido y el silencio. Condenado de forma oficial por las Naciones Unidas en 1985; no ha sido hasta el año 2004 cuando el Gobierno Federal Alemán, ha trasmitido una disculpa formal sobre esos escalofriantes hechos, en un acto durante el cual fueron reintegrados al pueblo de Namibia los restos óseos de una veintena de estas víctimas, que fueron llevados en 1911 a territorio alemán para ser objeto de esos "peculiares y raciales" estudios antropológicos. 

Pero no todo lo que los alemanes dejaron por aquí fue funesto, el poder tomar una buena y fría Windhoek Lager (la cerveza nacional), que se precia de ser absolutamente natural, casi artesanal...es legado de estos teutones.  

Kolmanskop
Uno de los lugares más interesantes y mágicos de la costa namibia es Kolmanskop, la vieja y abandonada localidad de los mineros de diamantes, a la que es imprescindible acercarse a visitar. A unos 10 kilómetros de Lüderitz, en el interior, se encuentra la más famosa ciudad fantasma de todo el país, en la que únicamente habita la soledad, el olvido y la desolación. Un pueblo enterrado en la arena, con sus edificios abandonados llenos de este árido elemento. 
Fue en mayo de 1908, cuando Zacarías Lewala, un trabajador que se dedicaba a la construcción del ferrocarril encontró, mientras paleaba arena en las cercanas vías del tren, lo que creía era un diamante. Este hallazgo sedujo a miles de aventureros atrayéndoles hacia esta aislada y estéril zona, convirtiéndose en el punto principal de la búsqueda de estas brillantes y preciadas gemas. En aquellos años, los diamantes se encontraban con facilidad en las cercanías siendo fácil hacer rápida fortuna, transformándose el lugar en tan solo dos años una verdadera ciudad. Diamantes tan abundante que al principio de su búsqueda, en los primeros momentos de la creación de la mina, brillaban a la luz de la luna. Todo lo que uno tenía que hacer era arriesgarse en la noche, durante una luna llena, y de rodillas, simplemente con las manos, desenterrar las gemas brillantes de su aletargado lugar entre las arenas.

Sus principales ocupantes, todos occidentales de faces blancas, querían sentirse como si estuvieran en Baviera, para lo que edificaron escuela, casino, hospital, carnicería, señoriales casonas de estilo centroeuropeo, e incluso un salón de baile, pista de bolos y hasta fábrica de hielo; dejando en las afueras los míseros barracones donde habitaban los trabajadores de tez negra. Siendo la primera localidad africana en poseer de un dispositivo de rayos X, instalado fundamentalmente para controlar que los mineros no ingirieran los valiosos cristales, sacándolos clandestinamente de las minas, comerciando ilegalmente después con ellos. 

El nombre a este poblado minero le viene de "Johnny Coleman", un viejo trasportista alemán afincado en el poblado de las Montañas de Aus, que al obligado durante una intensa tormenta de arena a abandonar su buey y el carro en una pendiente de arena cercana de este lugar, se le comenzó a denominar "Colemanshüegel" (colina de Coleman), y con paso del tiempo a conocerse como Kolmanskop. 

Durante la Primera Guerra Mundial se consiguió sacar más de una tonelada de diamantes, pero finalizada la contienda, su extracción se redujo notablemente, encontrándose estas preciadas piedras con mayor abundancia y de mayor tamaño, a doscientos km. en dirección sur, próximos la localidad de Oranjemund en las cercanías del río Orange. Su máximo auge lo alcanzó entre l920 y 1930, cuando en ella habitaban alrededor millar y medio de personas, entre ellos 800 trabajadores nativos. Tan rápido como su apogeo fue su abandono, convirtiéndose con el paso del tiempo en una ciudad fantasma invadida por las arenas del desierto; estando prácticamente abandonada en 1954, despidiéndose de ella su ultimo habitante en 1956.
                                                                                         
El aspecto de la actual Kolmanskop es el de una ciudad engullida por su entorno. Sus edificaciones hoy vacías, algunas rescatadas y otras semienterradas e invadidas por las abrasadoras arenas del Namib, son mudo testigo de uno de los momentos más intensos de la historia de Namibia. Pero la paciente naturaleza ha comenzado a recuperar su territorio, el indomable desierto ha ido adueñándose del interior de las mansiones a través de las ruinosas puertas y ventanas, trasformando sus distinguidos salones en el refugio de recónditas
dunas, creando insólitas y desecas playas en los porches y recibidores de las viviendas. Los vientos y la arena han cubierto y devorado ya gran parte de la desamparada ciudad, pero la grandeza de esta aldea en medio del desierto sigue estando como una reliquia que el tiempo y los elementos nos han dejado como herencia. 

Aunque ese especial encantamiento que nos trasmite, no termina con las arenas creando esos efectos fantasmagóricos. Siendo varios nativos, los que aventurados en la furtividad de las soledades de sus recónditas ruinas, han sido testigos de sucesos inusuales, en los que han podido sentir de lo que fue la antigua carnicería, un efecto extraño de pasos y voces, habiendo algunos visitantes que incluso han podido ver figuras incorpóreas que desaparecen en el aire. Sea como fuere, realidad o imaginación, Kolmanskop no deja de tener su parte mágica, siendo estas historias de fantasmas parte también de ese rezumante y árido atractivo.

Sperrgebiet
Hacia el sur de este vasto territorio la nada o prácticamente la nada, el Sperrgebiet (que significa "zona prohibida" en alemán). Una franja de unos 26.000 km² de árido e inerte terreno en pleno desierto de Namib, pero rica en diamantes, a la que los visitantes tienen la entrada prohibida, a pesar de estar considerada como parque nacional. Se extiende durante más de 300 km. por la costa atlántica con el mar como vecino, adentrándose hacia el interior 90 km. desde Lüderitz a la ciudad de Oranjemund (Boca del Orange) en la frontera con Sudáfrica, a la que también está restringida la visita y creada con la única finalidad de la extracción de los depósitos aluviales de diamantes en la orilla norte del río Oranje y en la franja costera adyacente, de donde se sacan "dos millones de quilates" al año. 
En Sperrgebiet se encuentran algunos de los paisajes más vírgenes y salvajes del planeta, que han permanecido prácticamente intactos por esta restricción, que aunque se hizo para proteger las riquezas diamantíferas, también contribuyó a proteger el ecosistema "Succulent Karoo", con 776 tipos diferentes de plantas, 234 de ellas endémicas, contando con la mayor diversidad de "flora suculenta" (del latín suculentus, "muy jugoso") a nivel mundial. Plantas cuyas raíces están adaptadas a la sequedad de las zonas áridas, absorbiendo gran cantidad de agua. En él se pueden encontrar fósiles, yacimientos arqueológicos, cráteres de meteoritos o el impresionante arco natural de Bogenfels Arch Rock de 55 m. de altura, así como numerosos restos de naufragios o minas abandonadas como las de Ponoma, Elizabeth Bay o Marchental, donde se decía, "que los diamantes eran tan abundantes que podían agarrarse a puñados pues brillaban a la luz de la luna". 

Hacia el norte también prácticamente la nada, la inmensidad del desierto de Namib, que debemos rodear para llegar de nuevo a la costa en Walvis Bay. 

Walvis Bay (Bahía Ballena)
La primera reseña que de esta ubicación se tiene es de finales del siglo XV, cuando mandatado por el rey de Portugal Juan II, en una expedición por la costa occidental de áfrica y con el objetivo de encontrar el mítico reino del "Preste Juan", Bartolomeu Díaz llegó el 8 de diciembre de 1487 al golfo de Santa María da Conceição, hoy más conocido como Walvis Bay. 

Al llegar a ella, el espectáculo de cientos de flamencos y pelicanos sobre su hermosa laguna, entre las agraciadas casas de color pastel que circundan su orilla, nos sorprende en el atardecer. Situada entre el mar y las dunas de desierto, en plena bahía que lleva su nombre, es el puerto más importante de todo país. La fría corriente de Benguela, cargada con cantidad de plancton, favorece la existencia de una gran abundancia de peces en la costa namibia, que visitada por numerosas flotas pesqueras de diversos países recalan en su fondeadero, procesando en muchos casos sus productos en las distintas factorías que hay en sus alrededores. En ciudad de Walvis Bay se asientan en la actualidad unos 65.000 habitantes, que separados entre los antiguos colonizadores alemanes, moradores de la ciudad moderna y aspecto centroeuropeo, contrastando con las barriadas humildes de los africanos. Viviendo tal cual de cuando fueron separados en los tiempos del "apartheid", en la época en que Namibia perteneció a la Sudáfrica racista, poco ha cambiado en este sentido el país. 

Swakopmund
30 km. al norte de Walvis Bay, entre las dunas y el mar, como un oaxis en pleno desierto, se encuentra la ciudad de Swakopmund, de unos 35.000 habitantes. Fundada en 1892 por el comandante y geógrafo Curt Von François (quien también estableció Windhoek como capital del país) para ser el puerto principal alemán de la recién creada colonia, facilitando de esta manera los intercambios comerciales y militares entre la Alemania continental y su territorio africano del sudoeste. Lugar turístico donde acuden, durante el caluroso verano, los namibios del interior del país, y sobre todo de Windhoek, cuidad principal del país y sede gubernamental. 

Hoy es una ciudad moderna de aspecto centroeuropeo, con amplias avenidas y notables construcciones coloniales edificadas durante el periodo de dominio alemán. En la que sobresalen: la Hohenzollernhaus, casa levantada en 1.906 con abuhardillados y altos tejados; la Woermannhaus (monumento nacional), mansión de 1.905, imitando el tipio estilo bávaro en entramado de madera; el Alte Gefangnis, donde estuvo la cárcel de la ciudad entre 1906 y 1.991; mereciendo también una visita el Museo Etnológico y de Historia Natural, al pie del faro. En ella podemos encontrar numerosas tiendas de artesanía (no solo del país, también del resto de áfrica), y una buena oferta para los deportes de aventura: karts, paracaidismo, caída libre, o la práctica de quads entre las dunas……… a este ultimo dedicamos parte del tiempo libre del que disponíamos. 

Toda esta lúdica y festiva actividad, contrasta con la otra realidad africana, las de las barriadas donde la gente de piel negra vive o más bien sobrevive. Suburbios formados por las casas de la gente más desprotegida, construidas a base de cartones y plásticos, a las afueras de la metrópoli, en los arrabales, donde deben compartir medio centenar de viviendas una única toma de agua. El yin y el yang de este continente, dualidad que algunos quieren exportar el resto del planeta. 

El Arte Rupestre Namibio - Spitzkoppe - Brandberg - Twyfelfontein
Fuera de nuestro periplo por el áfrica austral; pero con una enorme admiración por mi parte hacia estas arcaicas expresiones plásticas de nuestros primitivos antepasados y con rabia de no poder haberme acercado a por lo menos unos de estos tres situados donde se cobijan algunas de las mejores galerías de arte rupestre de todo el continente africano; quiero colocar en estas páginas mi homenaje a esos incipientes artistas de las rocas, los precedentes del "graffitismo" urbano de hoy, verdaderos precursores de la expresión plástica, maravilla de forma y color que nos han dejado en cuevas y apriscos por toda la geografía de este torturado planeta, herencia de ingenio y traslado de sus visiones y formas de vida. 

A tan solo 150 km. de Swakopmund, hacia el interior del país y situado en la región del Damaraland, se ubica el espectacular macizo pétreo de Spitzkoppe, que desde la distancia emerge en el horizonte como germinando del interior de la tierra. Llamado el “Cervino” de África, sus rocas graníticas forman unas curiosas y bellas formas debido al enfriamiento y posterior erosión de un antiguo e inmenso complejo ígneo. En donde las coloraciones de sus piedras, durante los amaneceres y las puestas de sol, adquieren unos tonos rojizos de un espectacular cromatismo. El matiz rojizo tan característico de Spitzkoppe es debido a la alta concentración de minerales tales como la ortosa y a la alteración de la propia roca. Es entre estas formaciones roquedas se encuentran cantidad de pinturas realizadas por tribus bosquimanas, de las que destaca la denominada “Bushman Paradise”.  

Desde aquí tras 128 km. por carreteras sin asfaltar (D1390) y pasando por la abandonada mina de estaño de Tin-Tan en Nainais, podemos llegar a las Montañas de Brandberg. A las que también se puede llegar desde la costa, desviándonos (148 km.) poco después de pasar por la pequeña población de Henties Bay, para acercarnos a Uis, ubicada bajo estas Montañas, las más altas de Namibia. El macizo Brandberg, con más de 1.000 bosquejos dibujados por los bosquimanos, repartidos por sus cuevas y abrigos rocosos, es el aposento

de la mundialmente afamada pintura rupestre "White Lady" (La Dama Blanca),

que tendría más de 2.000 años de antigüedad. Su figura que mide aproximadamente 39,5 cm. x 29, es la que mas resalta de un grupo formado por otras figuras humanas así como varios orys. Fue descubierta en lugar hoy denominado "Santuario de Maack" durante un reconocimiento que el explorador y topógrafo alemán Reinhard Maack realizaba en 1918, describiéndola como de estilo egipcio-mediterráneo. 

Este descubrimiento y su posterior estudio por otros tantos expertos, nos revelan un nuevo misterio en estas tierras. Su diseño tiene analogías con otras pinturas de atletas encontradas en Cnosos (isla de Creta en Grecia), consiguiendo alcanzar estas latitudes la visita de un grupo de viajeros procedentes de la cultura mediterránea, pudiendo en realidad ser de origen fenicio. Pero otra nueva incógnita nos presenta esta enigmática mujer, ya que en la que fue Rhodesia del Sur, la actual Zimbabue, se halló una pintura de otra "Dama Blanca" prácticamente idéntica, datada con una antigüedad de  aproximadamente 1.700 años. Estas dos siluetas guardan sincronía en su diseño con la también "Dama Blanca de Auanrhet" (4.000 a.C.), que se halla en el macizo sahariano del Tassili Libio, ya referenciada por Henri Lhote en 1975, que según la teoría del arqueólogo, antropólogo y experto en arte rupestre africano Alec Campbell, y motivada por la desecación del Sahara, así como por la partida de la numerosa caza en él existente, durante el cuarto milenio a.C., los capsienses del mesolítico que habitaban estos territorios y su arte pictórico se trasladaron hacia el sur.  Manteniendo esa influencia que podemos encontrar en estas "Damas de Blanco" y que posiblemente les llegara a ellos a través de las culturas del mediterráneo norte, como representación de la fertilidad femenina.  

Más al norte, a 127 km. de donde hemos podido ver a la "Dama Blanca, no encontramos los grandes amontonamientos de granito rojo de Twyfelfontein (fuente incierta). Formaciones rocosas de increíbles formas y lugar de visita imprescindible para viajeros, estudiosos y científicos de todo el mundo; donde además se encuentra ni más ni menos que la mayor galería de arte rupestre de toda África. Con una antigüedad de al menos 6.000 años (finales de la edad de piedra), la belleza de sus pinturas y los mejores petroglifos (grabados en las rocas) de todo el áfrica meridional, complementan el fastuoso paisaje que podemos contemplar. 

No se ha terminado aun de explorar toda la zona, pero lo encontrado hasta ahora se acerca a los 2.500 petroglifos, con más de 5.000 representaciones, sobre todo de figuras de animales y diseños geométricos, siendo declarado por este motivo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2007. 

Además de estas zonas próximas a costa namibia, en el sur del país y al norte del río Orange, entre finales de los años 60 y principios de los 80 del pasado siglo, se descubrieron en Hunsberge, al oeste del Fish River Canyon, y en la conocida como cueva del Apolo XI, una colección de pinturas rupestres que es de las primeras representaciones artísticas halladas en África, con una antigüedad comprendida entre los 27.000 y 25.000 años. 

Namibia cuenta con el mayor muestrario de pinturas rupestres de todo el continente africano, algunas datadas con la mayor antigüedad. Entre las representaciones artísticas podemos encontrar animales de toda clase, desde jirafas hasta rinocerontes y leones, algunos de los cuales no se hallan en el mejor estado de conservación debido al paso del tiempo, pero aún así la mayoría de ellos se encuentra en perfectas condiciones. Namibia es en este aspecto unos de los paraísos del arte rupestre. 

West Coast
Entre estos tres enclaves únicos del poniente namibio y de nuevo en la costa, recorremos lo que por aquí denominan "West Coast", un conjunto de interesantes lugares que se agrupan en la franja litoral que va desde
Walvis Bay, donde termina teóricamente el desierto de Namib, hasta la desembocadura del río Ugab, en la misma entrada del Parque Nacional de Costa Esqueletos, donde el desierto vuelve a recuperar su espacio haciendo desaparecer de nuevo los asentamientos humanos. 
 
Cape Cross (Cabo de la Cruz)
A unos 70 km. más al norte de Swakopmund se encuentra Cape Cross (Cabo de la Cruz). El primer europeo del que se tiene noticia que arribó a las costas de Namibia fue el portugués Diego Cão quien llegó hasta ellas en 1486, desembarcando en este preciso lugar. Dejando constancia de ello erigiendo un "padrão" o mojón de piedra (hito), habiendo en la actualidad una  reproducción de granito, ya que el original fue depredado por las huestes del "káiser", encontrándose hoy en día en la ciudad alemana de  Kiel, habiendo sustituido los teutones la orilla del atlántico sur por las del báltico. 

En la actualidad, este solitario y pedregoso cabo, es célebre por la colonia de osos marinos (mal llamadas focas) más pestilente de todo el mundo, que rodeada de chacales y algún que otro turista, llego a tener más de 250.000 ejemplares. Estos depredadores caninos, acuden a devorar a los otarios (crías de oso marino) que mueren al nacer, aplastadas o desnutridas cuando sus madres no acuden a ellas. Un cercado con su pasarela nos separa y protege de ellos para poderlos observar mejor, e inclusive poder llegar a tocar alguno de estos pinnípedos, que amontonados entre las rocas de las playas juguetean con las olas del mar. 

Skeleton Coast (Costa Esqueletos)
Unos ochenta kilómetros más al norte comienza el Parque Nacional de Costa Esqueletos. Su entrada por el sur "Ugab River Gate", no puede ser de lo más sugerente; un portalón de hierro soportando dos enormes calaveras y un par de costillas de ballena, a modo de colmillos de elefante nos dan la bienvenida; en el intento de ponernos en situación, indicándonos de que vamos a recorrer una zona muerta, entre las inertes arenas del desierto y las indómitas aguas del océano, avisándonos de que penetramos en Skeleton Coast. Siniestro y tenebroso nombre para una de las zonas menos accesibles de Namibia, fantasmagórico lugar al que muchos se habrán arrepentido de haberse acercado. Donde el desierto alcanza de nuevo el océano atlántico, ofreciéndonos espectaculares paisajes y las mágicas imágenes de cientos de anegadas y corroídas naves, que el azar o el destino interfirió su rumbo durante los últimos siglos, para naufragar en las playas de estas frías aguas.  

Quinientos kilómetros de áspera y desapacible costa, un territorio en medio de la nada, un espacio donde la palabra “nada” adquiere su verdadero significado, una sensación de vacío solo rota por sus interminables horizontes. La ausencia de prácticamente todo, solo rasgada por las turbadoras siluetas de las descarnadas naves, que como arrastrándose hacia la playa, buscan dar su último suspiro en la arena. "La nada", sino y constante de estas tierras y mares, de estas gentes y su forma de vida. 

Este legendario parque se ha convertido hoy en día en un lugar mítico. Varias son las hipótesis que se han dado para intentar explicar el origen de su nombre, pero con toda seguridad será debido a la abundancia de osamentas de ballena que se puede encontrar a lo largo de la costa. Debiendo haber sido un espectáculo espeluznante para los primeros navegantes que tuvieron que abrazar esta costa. Más tarde y con los numerosos esqueletos humanos encontrados en sus playas por los barcos naufragados, aumentó el sentimiento para la reputación de estas costas. 
Desde la época de las exploraciones portuguesas del siglo XV, esta zona ha sido considerada maldita por sus durísimas condiciones, donde el paisaje y el clima cambian, los cielos se tornan grisees de repente, y las profusas nieblas penetraban desde la costa al interior, como consecuencia del choque entre los vientos cálidos del desierto y las gélidas aguas oceánicas. Amén de los numerosos bancos de arena que hacían zozobrar a cualquier navío que se aproximara a su costa. Trasformando su litoral en un cementerio donde reposan cientos de esqueléticos cascos de los buques que un día naufragaron en estas violentas aguas, que ahora se vislumbran en sus playas, medio enterrados por la arena 

Maltratados por el paso del tiempo, aquellos navíos de distintas épocas y procedencias, aun yacen semienterrados, lamentándose acaso de un final tan irracional e inesperado. Los viejos pecios de maderamen se han ido desvaneciendo por el efecto del mar, la arena y el viento, pero los más modernos buques de hierro se elevan como fantasmas en las desiertas playas de este austral lugar olvidado del mundo.  

Los pocos tripulantes que conseguían sobrevivir al naufragio, llegaban a la costa hallándose con un desolador paisaje, solo arena, viento, mar, polvo y las lejanas montañas como insólita compañía, pereciendo en su intento de sobrevivir en estos parajes. Uno de los lugares más inhóspitos de la tierra, donde la soledad y el sonido del silencio resaltan sobre todo lo demás; y con uno de los mares más difíciles de navegar de todo el planeta, debido a las potentes marejadas y las espesas nieblas provocadas por la gélida corriente de Benguela que llega desde las sureñas aguas antárticas. Produciendo un efecto demoledor a los buques que durante siglos por estas aguas han transitado, quedando muchas de ellas apresadas en sus costas. Uno de los cuales podemos observar con toda tranquilidad a escasos kilómetros de la entrada al parque, donde se localizan los despojos del Winston, uno de los más famosos vascos encallados allí. 
Poco queda ya de los más de 2.700 naufragios que se han producido en las proximidades de estas costas durante los últimos doscientos años, sus restos se han ido desintegrando merced a los elementos, pero aún quedan testimonios por toda la costa de estas embarcaciones que el mar se ha tragado. Historias sobre navíos hundidos e intentos de malogrados salvamentos, algunos de ellos insólitos y curiosos, la mayoría crueles, la lista de todos ellos seria enormemente extensa. 

Posiblemente comenzaron estos adversos siniestros cuando comenzaron a llegar los a principios del siglo XIX los balleneros norteamericanos, que solían utilizar estas costas en su búsqueda de los preciados cetáceos, teniéndose constancia de la existencia por aquellas épocas de hasta 40 barcos anclados en la bahía de Walvis. Algunos son portugueses del siglo XVI como el Bon Jesús, cuyos restos fueron encontrados en el 2.008, pero otros muchos son más recientes, de este siglo pasado, todos reposan entre sus aguas y arenas, en la espera de que tarde o temprano pertenecerán a ellas.

En busca de petróleo
Antes de salir de esta desolada y yerma naturaleza, nos cruzamos con unas extrañas estructuras de hierro corroídas ya por los elementos y el tiempo. Se trata de una vieja y desmantelada plataforma de perforación petrolífera, que estuvo en funcionamiento durante los años 60 y principios de los 70. Poco antes de la independencia las compañías productoras de hidrocarburos vinieron aquí en busca de petróleo, al comprobar la baja rentabilidad que estos tenían, fueron abandonando las instalaciones que para ello habían levantado, dejando todos las estructuras a mecer de la naturaleza, que sabiamente los va trasformado en amasijos de oxido, ya que por aquí la velocidad de corrosión es relativamente alta, y en unos cien años habrán
desaparecido completamente. Las viejas excavadoras y camiones de carga se podían observar hasta hace muy poco, antes de ser engullidos bajo las arenas. Hoy en día, cormoranes hacen buen uso de estos restos, habiéndose convertido en una perfecta zona para la anidación de estas aves durante la época de cría, una señal inequívoca de que la era industrial no fue provechosa por estas costas. 
 
Salimos del Parque y de Costa Esqueletos por Springbokwasser Gate, camino ya del norte del país. Nos adentramos en la zona de Damaraland, donde el paisaje es espectacularmente hermoso y agreste. Es justo aquí, a los pocos kilómetros de salir del parque, donde encontramos gran cantidad de las originales y famosas welwitschas "Welwitschia mirabilis", una antigua y extraordinaria planta, endémica del desierto del Namib, ya descrita por Darwin como el "ornitorrinco del reino vegetal, y calificada como una de las especies más antiguas que pueblan nuestro planeta. Estas viven en condiciones muy extremas y alcanzan a vivir muchos años. Se supone que la más antigua de estas plantas tiene más de 2.500 años. Dirigimos nuestros pasos hacia el rio Kunene en la frontera con Angola, para observar las maravillas que nos depara el Parque Nacional de Etosha, pero eso ya es otra historia.

 

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