sábado, 29 de noviembre de 2014

- Las Montañas Simien………… el techo de Etiopía

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Las nieblas nos envuelven, el día es gris con cielos color del plomo, la humedad se nota en el ambiente y el frío de estar a más de tres mil metros de altitud se siente por dentro de nuestros ropajes. Caminamos por el extremo de un escarpe acantilado, la bruma se disipa por un momento y a nuestros pies, en medio de un verdor que todo lo llena, divisamos como si fueran pequeños conos las chozas de las aldeas situadas en el valle mil metros por debajo de nosotros. La sensación es grandiosa, los cortados que forman los siniestros y verticales farallones son impresionantes, la escena es magnífica, el entorno mágico; y aun costando caminar por la vereda a causa de la altitud, bien vale el esfuerzo y los resoples por estar aquí, en el vértice norte del enorme Macizo Etíope, en el corazón de las "encantadas" Montañas Simien. 

Separando los dos históricos enclaves del cristiano septentrión etíope, Axum y Gondar, las Simien; "norte" en amárico (idioma oficial de Etiopia), indicando así la situación con respecto a Gondar; están conformadas por una serie de inclinadas mesetas desgarradas por profundos y hendidos valles de altas cimas. Apeladas como el "techo de África", son uno de los macizos montañosos más escarpados de todo el continente africano. Siendo sus primeros pobladores musulmanes, que empujados hacia el norte durante años por la presión cristiana, los que al final se establecieron en estas elevadas y escabrosas tierras. Están situadas entre los 2.000 y los 4.500 mts. de altitud, hoy declaradas Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad, formando la más extensa y espectacular cordillera de Etiopía. Uno de los parajes más singulares y fantásticos de todo el continente, regalando a nuestros ojos los sugerentes abismos de sus acantilados, así como enigmáticos paisajes de telúrico origen. 

Además de este fantástico paisaje, otro de sus encantos es la fauna en ellas existente, compuesta de sus tres afamados y endémicos inquilinos: la cabra montés etíope (capra walie) o ibex de Abisinia, en peligro de extinción y de la que sólo quedan unos 500 ejemplares, el rarísimo chacal de Simien o lobo de Abisinia, y el babuino gelada, primate que distinguiremos por su nutrido y rubio pelaje, además de la roja mancha que tienen en el pecho. Amén de antílopes, como el pequeño saltarrocas o Klippspringer, algún leopardo, hienas, y un buen repertorio de rapaces; identificándose más de 60 especies de aves, recibiendo cada año cantidad de especies migratorias procedentes de Europa.

Estamos a casi 3.500 metros sobre el nivel del mar, por encima de lo que sería las cimas de nuestro apreciado Pirineo, a una altura que en este continente nuestro en el que habitamos, supondría estar rodeados por nieves perpetuas y ásperos de glaciares, sin embargo aquí nos encontramos rodeados de bosques, no en vano estamos en el paralelo 13º norte, a tan solo 1.500 km. del "ecuador". Donde la altitud no sólo se nota en el clima y la vegetación, enseguida comenzamos a sentir los efectos de la falta de oxígeno: aumento en la frecuencia respiratoria, debilidad, lentitud de movimientos, cansancio, aturdimiento y hasta una sensación de mareo, teniendo que tomarnos con calma nuestro caminar, pues aquí, el simple hecho de pasear, cuesta un esfuerzo considerable para los visitantes que llegamos del llano. 

Para llegar hasta las "Simien Mountains" partimos de Gondar en dirección a Debark, distanciadas por una centena de kilómetros, debiendo hacer una parada a los 25 km. de nuestro comienzo, para contemplar la magnífica panorámica que desde allí se divisa, el profundo, escarpado e impresionante Lucky Valley que se asoma bajo nosotros. Debark, situada a los pies de estas montañas, es la población desde la que se accede hasta su interior, y donde recogemos a los fotogénicos "rangers", que armados con sus Kaláshnikov nos escoltaran durante nuestra visita; su interesante mercado y el colorido de sus gentes, bien merece un paseo. Desde ella continuamos la ruta, por sinuosa y embarrada pista, cruzando limpios arroyos y campos alfombrados por las amarillas flores de "meskel" que brotan es esta época, pasada la estación de lluvias. 

Partiendo de "Buyit Ras", y por un bosque de brezos; que por estas latitudes no es un simple arbusto sino un frondoso árbol, del que curiosamente cuelgan de sus ramas unos líquenes llamados “barbas de viejo”, que solamente crecen en zonas donde el aire es puro; caminamos un trecho entre las juguetonas y mágicas neblinas que nos acompañan y envuelven, bordeando un circo de acantilados y disfrutando de impresionantes vistas por el borde del cortado de "Tirf". La negrura del "cuervo abisinio", que con su reconocible mancha blanca en la coronilla, y como compañía en nuestro tentempié, nos anima a seguir por suave paseo y sin apenas cuestas, hasta llegar a Tiya Afaf, donde nos esperan los todoterrenos, y lugar habitual de afluencia para los famosos "babuinos gelada". Estos simios de pelaje al viento y pecho rojo, que por cientos se reúnen aquí, y sin inquietarse en absoluto por nuestra presencia siguen su vida: se despiojan, aúllan, se alimentan y juguetean junto a sus familias, permitiendo nuestra cercanía sin inmutarse. Desde este lugar se tiene una magnifica panorámica del escarpado valle 1.500 m. por debajo de nosotros; todo es verdor a nuestro alrededor y donde hasta las paredes de los acantilados rezuman esa tonalidad………..francamente impresionantes este paseo. 

Ya en la tarde, y entre leves atisbos de sol, paseamos hasta el contrafuerte formado en la cúspide de la colina Deche Nedala, desde la que; rodeados por hermosas y curiosas flores rojas de "tizón de fuego" (kniphofia pumila); contemplamos en la altura, la magnitud de la Cascada Jinbar. Un impresionante salto en el aire, con el agua estrellándose y sumergiéndose en una profunda y lóbrega barranca, estrecha como una grieta que se desploma vertical más de 600 mts. en el vacío, un verdadero precipicio bajo nuestros pies. Uno de los lugares ineludibles que visitar en estas montañas y desde el cual se llega a sentir la grandiosidad y la belleza que nos obsequia la sabia naturaleza. El punto intermedio entre el celestial universo y los abismos del averno, equidistante de ese "dios" del que nos hablan y el "satán" al que debemos temer, el lugar ideal donde encontrar la paz. Al contemplar en el ocaso de la tarde, como los "quebrantahuesos" desde sus oteros, levantan el vuelo por debajo de nosotros cruzando por delante de la cascada y los cortados, me invade una sensación de tibieza y libertad, con ganas de lanzarme a volar acompañándoles en sus aéreas y sutiles acrobacias, un efecto que solo este lugar puede producir. 
 

Llegados al campamento Sankaber (3.252 m.) donde afrontaremos la noche, nos visita la lluvia, un potente y pertinaz aguacero, que no consiguió más que el rato que pasamos cobijados en una de sus cabañas, entre chascarrillos y ocurrencias, fuera inmensamente agradable. El chaparrón nos da tregua en la noche, regalándonos en la mañana un hermoso amanecer con el sol enseñándose por encima del monte Ras Dashen o Ras Dejen 4.543 m. el más alto de Etiopia y el cuarto del continente africano. 

Al noreste, casi enfrente de nosotros, a nuestra derecha se sitúa la meseta de Geech (3.700 m.), uno de los sitios más interesantes para recorrer de estas montañas. Lugar donde observar en su máximo esplendor las "lobelias gigantes", enormes plantas con flor en forma fálica, que llegando a tener más de cuatro metros de altura, forman en esta zona casi son verdaderos bosques, y donde se localiza la endémica hierba "fetusca gilbertiana), que solo se encuentra en este lugar. En su cúspide el Imet Gogo (3.926 m), domina un extenso paisaje de barrancales que llegan a tener más de 2.000 mts. de desnivel. Siendo este ubicado el paso casi obligado para el recorrido perfecto si se quiere conocer la singularidad de estas montañas: tres días nos llevara hacerlo: de Buyit Ras al campamento Sankaber (5 horas); de aquí a Geech (6 horas) y de este campamento, asomándonos a los barrancos que se divisan desde la cima del Imet Goto (7 horas), llegar hasta el campamento de Chennek, desde el que se disfrutan algunas de las mejores vistas de todas estas montañas. Desde aquí si queremos profundizar, se puede encender hasta la cima del Ras Dejen, pasando por el Bwahit (4430 m.) o descender por el interesante valle de Ansiya hasta Adi Arkay, en la carretera de Debark a Axum, pero estos recorridos entretendrán durante mas días.
 

Su reputación de ser uno de los más espectaculares y hermosos lugares de todo el continente africano, para realizar recorridos de trekking, es bien merecida. Me saben a poco los momentos vividos en estos verdes y escarpados parajes, de los que me hubiera gustado disfrutar más y recorrerlos con más amplitud e intensidad, en verdad que merece la pena acercarse hasta aquí para disfrutarlos con la intensidad que se merecen.

 

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