martes, 11 de octubre de 2011

- Cataratas Victoria (Victoria Falls) Zimbabue – Zambia


Un estruendo no muy lejano nos acompaña en la noche, por el día  es como si parte del bosque que las rodea estuviera ardiendo. Son los efectos del agua precipitándose desde una altura de 100 metros, sobre una grieta de entre 60 a 120 mts. de anchura y 1.700 de longitud, los que producen el bufido del liquido elemento al caer, formando la nube de partículas estrellándose en el fondo del barranco. El tamaño de las Cataratas Victoria es casi el doble que las del Niágara y más de dos veces el tamaño de las Horseshoe en Canadá. Sólo rivalizan con ellas las de Iguazú situadas entre Brasil y Argentina. Un caudal de medio millón de litros de agua por segundo, que en la época de lluvias (de noviembre a mayo) puede multiplicarse por 10, llegando a los 5 millones de litros por segundo. La bruma que forma el agua pulverizada de las cascadas puede llega a alcanzar 400 metros de altura, e incluso los 800 en la estación lluviosa.

Observándolas, intento comprender la sensación que debió recorrer a David Livingstone al acercarse a este lugar allá por el año 1855, retornando por el rió Zambeze en una de sus exploraciones por Luanda, descubriendo para los occidentales las famosas Cataratas “Mosi oa Tunya” (el humo que ruge) a las que rebautizó con el nombre de la reina Victoria de Inglaterra.
Este medico escocés, pastor (cura) calvinista, explorador, aventurero, crítico antimilitarista y enemigo tenaz de la esclavitud, descubrió los secretos mejor guardados del corazón de África. Navegó el lago Tanganica, cruzó el desierto del Kalahari y remontó el Zambeze, encontrando las famosas Cataratas. En 1871 llegaron a occidente noticias de que Livingstone había desaparecido, por lo que el periódico New York Herald encomendó su búsqueda a Henry Stanley, que por mas señas estaba en aquel entonces cubriendo su labor informativa en Madrid, alojado en una pensión de la calle de la Cruz, hoy centro del tapeo más próximo a la Puerta del Sol. Consiguiéndolo encontrar en la ciudad de Ujiji, a orillas del lago Tanganica. Cuando Stanley se topó con un hombre blanco, famélico y moribundo, se dirigió a él con la célebre frase: “El doctor Livingstone, supongo…..”. Después de este encuentro los dos estuvieron durante unos meses recorriendo y descubriendo juntos territorios africanos situados al norte del Lago Tanganica.

Las cascadas forman parte de los Parques Nacionales de Mosi-oa-Tunya en Zambia y de Cataratas Victoria en Zimbabue, integrando el área protegida Kavango-Zambeze de casi 9.000 ha. Estando declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1989.
En la zona zimbabuesa la bruma nos envuelve en forma de lluvia, hasta el punto de que nos impide hacer las fotos obligadas a cada cascada, necesitando una y otra vez limpiar los objetivos de las cámaras. Esa lluvia que nos refresca, nos moja y nos alivia a la vez, acompaña nuestro pasear por los distintos pasajes que tiene el sendero. Entre dos y tres horas nos llevara recorrer con total tranquilidad los 16 puntos de vista de este camino que se extiende frente a las cortinas de agua en su parte sur, desde el espacio dedicado a Livingstone hasta el mirador del puente sobre el Zambeze. La humedad es constante durante la primera mitad del camino y los miradores han sido situados de forma no muy afortunada, pudiendo su ubicación estar ubicada más próxima a las vistas de las enormes caídas de agua, pero aun así las vistas son excepcionales. Uno tras otro se sucede el espectáculo de sonido y agua, como si de una sinfonía Wagneriana se tratara. La nube nos envuelve, elevándose un centenar de metros, el rugido que desde la profundidad del barranco asciende hacia nosotros es el dueño de nuestros tímpanos, solo el sonido del bramar del agua es la música que nos acompaña en nuestro caminar.

Pasamos por la Catarata del Diablo (Devil's Cataract) de 70 m., entre esta y la impresionante Catarata Principal (Main Falls) de 93 m. está la isla de la Catarata, a continuación la Cascada de Herradura (Horseshoe Falls) de 95 m. después hay un espacio por el que no cae agua, es lo que corresponde a la isla Livingstone´s, a la que se puede acceder caminando (quitándonos el calzado en algunos tramos) desde el vecino país de Zambia, pero solo en la estación seca y cuando el volumen de agua lo permite. En esta ínsula es donde encontramos la “piscina del Diablo”, una pequeña oquedad en el agua, justo al borde del precipicio a donde nos acompañan los lugareños ofreciéndonos su baño en ella. La siguiente cascada es la del Arco Iris (Rainbow Falls) 108 m. Aquí el sendero ya no consta de protección y el paseo se convierte en mas autentico, al mismo tiempo que arriesgado. Esta caída tiene su nombre en el permanente multicolor que forma el agua al precipitarse, y no siendo la que más caudal lleva, a mis ojos se me presentó como la más hermosa de todas. Algo mas adelante llegaremos a lo que se denomina el “punto de peligro” y que no es mas ni menos el final del recorrido por delante de las cascadas en la parte de Zimbabue; justo encima del punto por donde desaguan al profundo cañón las aguas de Zambeze. Solo nos queda por ver la Catarata del Este (Eastern Cataract) de 101 m. que divisamos a lo lejos y que después admiraremos durante la visita al vecino país.

A Zambia cruzamos caminado, pasamos por el puente donde están ubicadas las instalaciones de los “deportes de riesgo” puenting, góming y canoping. Somos unos lugareños más que cruzan de un estado a otro, con la sensación de que se tratara del mismo sitio, del mismo país; solo una centena de metros los divide, 100 mts. de distancia, pero también de profundidad. Dos patrias, dos fronteras, cuatro pases por ellas, visados, papeleos y nuevos sellos en los pasaportes, pero merece la pena. Ver el espectáculo de las Cataratas desde otra perspectiva lo merece, aquí el sendero que nos conduce frente a ellas se me hace mas interesante que desde el otro lado, vemos la enorme grieta por donde cae el agua a lo largo de todas ellas, bueno, no la vemos, nos la imaginamos, pues la fuerza que produce al caer y la bruma que forma nos la impiden ver, pero aun así las imágenes que nuestras retinas pueden observar son impresionantes.
Nos acercamos al vértice por donde cae el agua y paseamos algunos trechos por encima de las cataratas. De nuevo la sensación de vacío a nuestros pies nos sobrecoge, el furor del agua vuelve a acompañar nuestros oídos y la blancura de la espuma quiere cejar nuestros ojos……………… Volvemos sobre nuestros pasos, de nuevo fronteras y puente…………..”cuatro horas en Zambia” podría titularse esta parte del escrito, cuatro intensas horas al otro lado del río Zambeze.

Durante la época de lluvias no es posible ver el fondo del barranco, el pie de las cascadas, ni tampoco parte de las cortinas de las cataratas; los paseos a lo largo del acantilado resultan ser un aguacero constante debido a la abundante agua vaporizada, cerca del borde del acantilado, las partículas de agua suben como una lluvia invertida. Según va entrando la estación seca, parte  la cima transitable de las cascadas se hace más ancha y visitable. Desde septiembre a enero más de la mitad de las cataratas puede llegar a quedarse seca y se puede observar gran parte de la primera garganta en casi toda su longitud.

Si el recorrido de su visista desde tierra es sobrecogedor, la vista de ellas desde la altura en helicóptero es impresionante. A vista de águila, asemejan la herida producida por un cincel en donde se desparrama el agua, y hasta parece que por un efecto mágico desaparecen entre la bruma.

Durante muchos años este glamoroso trozo de África que seduce nuestro más profundo interior solo era un hotel, una estación de ferrocarril, un puente, una pista de aterrizaje............ y por supuesto las Cataratas. Hasta aquí llegaban únicamente a comienzos del pasado siglo XX las realezas europeas, los dignatarios occidentales y los miembros de las más influyentes oligarquías económicas del momento.

El Victoria Falls Hotel, es un autentico alojamiento victoriano de principios de siglo, ni que dudar tiene que me refiero a principios del siglo XX. Sus salones, terrazas, pasillos, alojamientos, patios y estancias, nos trasladan a esa época, pudiendo imaginarnos a Sir Winston Churchill fumándose un habano en algunos de sus sofás con vistas al puente, o a la reina Isabel (la whiskera reina madre) con su esposo Jorge VI (del que me enterado recientemente que era tartamudo) paseando con atuendos “casual” por los jardines de este fantástico complejo.

La estación también tiene un grado de decadencia nobiliaria, aunque aquí el ajetreo de la población local le da un sabor más real y próximo a mi persona, Desde ella siguen saliendo trenes de viajeros y mercancías con distintos destinos, e igualmente el lujoso ferrocarril turístico, Tren Blanco, o Tren Azul por el color que la locomotora tuvo en su origen, al pintarla de ese color durante el viaje en 1947 de la familia real Inglesa. Hoy en día sigue sirviendo de medio de locomoción y alojamiento a las clases “acomodadas” que se lo pueden permitir.

Sobre los paneles de madera de los coches cama de la compañía de ferrocarril de Zimbabwe hay mapas que constituyen toda una lección de historia. Datan de los días de Sir Roy Welensky, cuando los ferrocarriles de Rhodesia del Norte (hoy Zambia) y de Rhodesia del Sur (Zimbabwe) operaban conjuntamente.
La ruta de las Cataratas Victoria fue inaugurada en 1904 con aspiraciones ambiciosas: formar parte de la ruta propuesta por Cecil Rhodes para atravesar África desde El Cairo hasta Ciudad de El Cabo. Aunque era prácticamente una utopía, se completó uno de los tramos: el recorrido desde Bulawayo a las Cataratas Victoria. Hoy día todavía sigue siendo una de las líneas de tren más impresionantes y celebradas de África. El trayecto recorre  los 475 km. de vía que cruzan bosques y sabanas, bordeando el Parque Nacional de Hwange, una de las reservas de caza más hermosas de África.

El puente que delimita en la actualidad Zimbabue y Zambia,  sirve como paso y control fronterizo entre los dos países que formaron antaño las antiguas Rodesias, patria del apartheid (separación entre blancos y negros). El puente con un arco de 122 mts. y 111 de caída hasta el cauce del río, fue construido en  acero en 1905, creado en un principio para el paso de la línea de ferrocarril que iba a enlazar Ciudad del Cabo con El Cairo. Hoy sirve de paso de todo tipo de mercancías y vehículos, hasta andando se utiliza para pasar de un país a otro.

Hoy en día Victoria Falls, es una mediana ciudad con todos los servicios que el turismo demanda, convirtiéndose en el paraíso de todos los “….ing” habidos y por haber: jumping, puenting, rafting, canoping, leoning, elefanting,………. etcetering.  Mi sensación al visitarla fue de una decadencia en la modernidad, la note falta de visitantes y no era época baja de turismo. En el mercadillo artesanal situado a las afueras, hay quincalla para abastecer a los turistas durante los próximos 10 años; pero es posible que esa dichosa crisis que me encuentro todos los días en los telediarios haya llegado hasta estas latitudes también.

Este es el primero, aunque el ultimo secuencialmente, de los cuatro en los que he dividido el periplo realizado durante el mes de septiembre al África Austral. Interesante compendio de países y culturas en los que he podido disfrutar en compañía de unos nuevos amigos, de los paisajes y las gentes de Sudáfrica, Namibia, Bostwana, Zimbabue y Zambia.

1 comentario:

Cande dijo...

Preciosas todas las fotos ¡qué envidia poder ir a sitios como ese!
Un beso muy fuerte