martes, 4 de mayo de 2010

- Flores y mas flores ............ Real Jardín Botánico de Madrid

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Fue Felipe II quien ordenó construir el primer Jardín Botánico en Madrid estando este emplazado en Aranjuez, iniciativa que se desarrollo a instancias de Andrés Laguna, botánico, farmacólogo y medico personal del monarca. Persona interesada en su tiempo por la ciencia, bautizándose en su honor un árbol, la “lagunaria” conocido vulgarmente como “pica-pica”.

Posteriormente Fernando VI trasladó el jardín a Madrid, situándolo a orillas del Manzanares, en la Huerta de Migas Calientes, lo que actualmente es Puerta de Hierro y donde siguen existiendo hoy los viveros municipales. En él se calcula que podía haber unas 2000 plantas, fundamentalmente de la Península Ibérica, que fueron recolectadas por José Quer, cirujano y reconocido botánico de la época.

Carlos III rey de España, Nápoles y las dos Sicilias, el llamado “Mejor Alcalde de Madrid”; salvando las distancias con Don Enrique Tierno, los dos dignos de envida de nuestro adverso Gallardón (“excelentísimo” alcalde de la villa y corte, que nos esta dejando un agujero (económico entre otros) en Madrid superior al que se comenta de Grecia, pero del que los PePeros ni comentan); fue el que en 1774 y debido al crecimiento del situado a las orillas del Manzanares, ordenase su traslado al Paseo del Prado, entre el Gabinete de Historia Natural o Salón del Prado (actual Museo del Prado) y el Prado Viejo de Atocha (Atocha), quedando inaugurado en 1781. Resaltando éste nuevo eje de la ciudad, señorial y distinguido, donde se dejaban ver en sus paseos la gente guapa de la época. Se encargó su diseño al arquitecto real Francisco Sabatini y a Juan de Villanueva arquitecto del Prado y el Observatorio Astronómico, los dos construidos en sus inmediaciones; el talud existente el la zona se solventó con la ejecución de las terrazas escalonadas que hoy existen, ejecutándose también el Pabellón de Villanueva y la Puerta Real, situada en el Paseo del Prado y actualmente cerrada.

En los inicios del siglo XIX el Real Jardín se había convertido en uno de los más importantes botánicos de Europa, principalmente por las colecciones científicas que tenia depositadas y al trabajo de su director, Antonio José Cavanilles. Al mismo tiempo que desarrollaba su labor científica, el jardín era visitado durante la primavera y el verano por la burguesía madrileña proporcionando de forma gratuita plantas medicinales a sus demandantes.

La Guerra de la Independencia trajo funestos años al la vida del jardín, parece ser que otros menesteres atraían la atención de los gobernantes, el abandono y la dejadez dieron paso a su deterioro, solo el interés de su director Mariano de Lagasca, hizo que minimamente se pudiera medio conservar, intentando mantenerlo al nivel de las tendencias científicas que por aquel entonces suscitaban por el resto de la Europa ilustrada.

Siendo director del jardín Mariano de la Paz, se hicieron en 1857, importantes reformas que hoy todavía podemos ver, como son la terraza superior a la que se le confirió de un diseño isabelino, mas acorde con aquella época y la estufa fría o “estufa de las palmas” (invernadero), que aunque interesante, no es comparable con la que podemos ver en el Parque de Eduardo VII de Lisboa, mas solemne y grandiosa que la de aquí. También le dotó de un zoológico que doce años mas tarde se trasladaría al Retiro, convirtiéndose en lo que algunos conocimos como “La Casa de Fieras”. Hermosos recuerdos de niñez aun me traen ese oso loco y los libidinosamente activos monos, que en su enorme foso contemplaban mis infantiles ojos algunas mañanas de domingo.

La década de 1880 a 1890 también fue funesta para el Real sitio, en 1882 se le segregan los terrenos necesarios para construir lo que hoy conocemos en la plaza de Atocha como Ministerio de Agricultura. En 1893 se traza la calle de los libreros (popularmente conocida como cuesta de Claudio Moyano), producto de estas modificaciones son esquilmadas dos hectáreas de las diez que tenia en su origen y para colmo, en el año 1886 son abatidos por un enorme vendaval 564 árboles de un importante valor.

En el primer tercio del siglo pasado retoma la institución sus labores científicas, fundamentalmente en el campo de la micología (estudio de setas y hongos). Pasando en 1939 a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al que hasta la fecha forma parte. En otoño de 1942 es declarado como Jardín Artístico.

La falta de agua y financiación, generan en décadas sucesivas su penuria, abandono y declive, motivados por el desinterés del “régimen” y el desprecio de todo lo relacionado con la ciencia durante los años grises de nuestra reciente historia, esto provoca su deterioro y el cierre definitivo en el año 1974. Restaurado y abierto al disfrute publico en 1981, cuando los días se tornaron de nuevo a ser luminosos y coloreados, haciéndolo coincidir su reapertura con el II Centenario, en el que se inauguró su flamante nuevo invernadero, que seduce a los visitantes con su colección de cactus treidos de lugares tan distantes como son los desiertos de Namibia y Sudáfrica.

El actual diseño del Jardín tras la restauración iniciada en 1978, recupera su estado original neoclásico en las dos terrazas inferiores, manteniendo la terraza superior el diseño romántico de mediados del siglo XIX..

En 2005 se amplio el jardín en aproximadamente una hectárea, creando la “terraza de los Laureles”, con unas vistas espléndidas de todo el complejo, lugar donde esta ubicada la colección de bonsáis que a su salida de Moncloa, el ex-presidente del gobierno Felipe González donó en 1996 al Jardín Botánico, integrada esta en su mayoría por árboles autóctonos de la Península Ibérica. Desde entonces la exposición se ha ido ampliando, contando hoy en día con un gran número de variedades.



A lo largo de los más de sus 250 años de historia el Botánico ha participado en expediciones científicas de relevancia, siendo el depositario de los materiales recogidos en ellas, colaborando durante los siglos XVIII y XIX en campañas importantes como: la de Pehr Löfling al río Orinoco (Venezuela) (1754-1756), la expedición botánica de Hipólito Ruiz López al Virreinato del Perú (Chile y Perú) (1777-1788), el periplo de José Celestino Mutis en Nueva Granada (Colombia) (1783-1808), la de Juan de Cuellar a Filipinas (1785-1795), la Expedición al Virreinato de Nueva España (Méjico) de Martín de Sessé y Lacasta y José Mariano Moziño (1787-1803), la magnifica expedición científica por todo el mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794), la expedición de Baltasar Manuel Boldo a Cuba(1796-1802) y ya en el siglo XIX la Comisión Científica del Pacifico (1862-1866), donde participó a instancias del Real Jardín el botánico Juan Isern Batlló.

El Real Jardín Botánico de Madrid cuenta en la actualidad con unas 5.000 diferentes especies de árboles y plantas de todo el mundo, gozando un muestrario de árboles exclusivos. Entre estos prodigios sobresalen algunos como el olmo del Cáucaso, cedros del Líbano, parasoles de China, árboles de Júpiter, el tejo, el almez, el madroño, el pino carrasco o el ciprés, considerado el ejemplar más antiguo del jardín, que alcanza casi la edad del mismo, y posiblemente el árbol mas fotografiado de todo el botánico, una palma Canaria. Aumentando el numero de sus visitantes cada temporada, llegando en el pasado año a los 400.000.

Entre sus colecciones destacan un herbario con más de un millón de pliegos, la biblioteca y el archivo, con cerca de 10.000 dibujos y 2.500 mapas. Destacando dentro de su labor didáctica los cursos y asesoramiento de micología (setas y hongos) durante los meses de otoño.

Recorrer este rincón, ya añejo de Madrid, aledaño al encantador paseo que conforma el del Prado, visitarlo en primavera cuando rabian por salir los brotes de sus plantas y las flores visten sus mejores atuendos, o en otoño cuando la paleta de color de sus hojas hace que nos deleitemos con sus matices ocres y las dalias nos sorprenden con sus vistosos colores, incluso resulta sugerente transitarlo un día frío de invierno, de esos en los que Madrid es cubierto por el regalo del manto blanco de la nieve, ........... es algo por lo que merece la pena vivir próximo a esta ciudad, que nos están convirtiendo en plástico, intentando quitarle ese sabor tan castizo y autentico del que Madrid no quiere desprenderse.


3 comentarios:

arturo dijo...

te falta decir el precio: la ultima vez que yo fui, 2 euros de nà.

con diferencia, uno de mis sitios favoritos de madrid.

Anónimo dijo...

Si intersante es la documentación sobre El Jardin Botánico, mejor las sensaciones personales de las que nos haces participes.
Las fotos espectaculares.
Encantada de poder compartirlo.
Besos,
J. de China

Anónimo dijo...

COMO SIEMPRE ESPLENDIDOS Y AMENOS COMENTARIOS, BIEN DOCUMENTADOS Y DETALLADOS. DE LAS FOTOGRAFIAS MEJOR NO DECIR NADA, ME PONDRIAS EN UN COMPROMISO SI ME PIDIERAS ELEGIR UNA.
COMO SIEMPRE ESPERO TU PROXIMO ARTICULO.
UN ABRAZO
DESDE ALSKA, PAKO EL ESKIMAL
PD. JODER QUE FRIO TENGO