domingo, 27 de noviembre de 2016

- Salar de Uyuni y barrancos de Tupiza (Bolivia)

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Suena la alarma del despertador a las dos de la mañana en el modesto hostal Kory Wasy de Uyuni, debemos coger un tren a las 3,05 de la "madrugada" para desplazarnos a Tupiza al sur de Bolivia, a solo unas decenas de kilómetros del la frontera argentina. Aunque la estación del sugerente ferrocarril no está retirada de nuestro alojamiento, el recorrer las vacías y silenciosas calles en noche cerrada nos genera una sensación de vacío y congoja. La sala de espera esta casi repleta, las sillas ocupadas por algunos rubios turistas que buscan encontrar nuevos paisajes en las tierras del mediodía boliviano, el suelo por los nativos de tez morena y vistosos ropajes que entre mantas han pasado allí la noche para no tener que pagar un alojamiento por tan pocas horas. Pero para llegar hasta aquí, hemos tenido que recorrer en vehículos apropiados (4x4) las polvorientas pistas de arena y piedra que durante tres jornadas recorren los impresionantes, áridos y coloridos paisajes que se sitúan en el meridión boliviano.

Amplios horizontes inalcanzables, desolación, vacío y luz serán nuestros compañeros durante esta travesía. Aun así, no todo es sequedad, el recorrido está salpicado por una cadena de insinuantes, salobres y coloridas lagunas que rompen esa imagen de soledad perenne. A cual más sugerente, nos topamos nada más cruzar la linde de Chile con Bolivia por el Portezuelo de Hito cajón con la que llaman "Blanca", que separada por unas pocas decenas de metros de la Laguna Verde" y que en realidad conforma esa tonalidad, están arropadas y vigiladas a poniente por las siluetas de los volcanes Juriques, Sairecabur y Licancabur, todos próximos a los 6.000 m. de altura.

Cruzamos por el surrealista Valle de las Damas del Desierto también conocido como Desierto de Dalí, amplia y desolada extensión creada por la erosión del viento durante millones de años. Visión solo interrumpida por las coloridas montañas que se sitúan lejanas en los horizontes, así como los paisajes y formaciones rocosas que se divisan a nuestra derecha, similares a los que el pintor figuerense trasladara a sus lienzos (Trilogía del desierto: "Espejismo", "Oasis", "Los amantes invisibles", o las "Bestias salvajes en el desierto"). Pena el no poder acercarnos hasta su inmediatez, pues lo han prohibido por los destrozos realizados por los descerebrados de siempre. 



En la orilla occidental de la laguna y salar de Chalviri a 4.400 m. de altitud, nos encontramos con las termas de Polques, donde el frio ambiente contrasta con los 35º de sus agradables aguas provenientes del volcán Polques, que además de su lujuriosa sensación son buenas para los tratamientos de artritis y reumatismo.  


Ascendemos hasta los 5.100 metros de altitud para llegarnos a los Geiseres Sol de Mañana, en donde paseamos entre alborotadas fumarolas con las que juega el viento de estas alturas, decenas de pozas hirvientes de barros cenicientos, y sulfatas multicolores de tonalidades limonadas y escarlatas, en medio de un onírico y tornasolado entrono, pero sobre todo solitario, en contraposición con los geiseres de El Tatio en Atacama 

Llegados en la tarde a la Laguna Colorada el espectáculo no puede ser más fantástico: los tonos de sus rojas aguas contrastando con el blanco de las laminas de la sal, el gris intenso y amenazador de la tormenta al fondo, la placidez de los miles de flamencos dedicados a su cotidianidad y la esa luz de un tenue sol vespertino, generan al lugar de una magia especial de la que creo estará por mucho tiempo en mi mente. La cual he intentado reflejar en las fotos, aunque por mucho que las observo una y otra vez no siento la sensación de aquellos instantes, solo el recuerdo de aquella tarde me hace trasladarme hacia allí. Esta laguna de intensas y rojizas aguas, producidas por cierto tipo de alga ("dunaliella salina" productora del mismo pigmento que da el color a las zanahorias) y los sedimentos de los terrenos circundantes, tonalidades que además se acentúan con la luz solar y el viento, es en verdad una verdadera maravilla de la naturaleza, un espectáculo único en medio de esa nada por la que vamos recorriendo estas estériles tierras. Su extravagante belleza y sus particulares características le hicieron ser propuesta en 2011 como una Las Siete Maravillas Naturales del Mundo, título que por suerte o desgracia no consiguió.  Con una superficie de 54 km2, una profundidad media de 35 cm. y un perímetro de 35 kilómetros es la más extensa de toda la zona. 
 

Con este espectacular enclave como vecino, pasamos la noche en unos rudimentarios "refugios" que hay en sus proximidades. La ruta transcurre por encima de los 4.100 m.de altura, llegando en algunos puntos a superar los 5.000, siendo por ello que el descanso nocturno no sea en las mejores condiciones, estando afectados por el mal de altura la mitad del grupo de seis que componíamos la comitiva viajera. 

Amanece un nuevo y trasparente día, madrugamos para continuar en dirección norte por la baldía Pampa Chijllas hacia las planicies del Desierto de Siloli, donde se encuentran las Montañas de Colores y el curioso Árbol de Piedra. Singular y caprichosa figura rocosa creada por el viento que con forma de gajo de coliflor desafía a la gravedad. Continuamos nuestro polvoriento recorrido atravesando la Pampa Ramadita, paralelos a la linde chilena que apenas está a tres kilómetros donde se sitúa el Hito Ojo de Perdiz. El constante y desolado entrono por donde nos movemos solo es interrumpido por los volcanes que nos rodean, mostrándonos sus cetrinas laderas, paulatinamente mudadas hacia tonalidades ocres y granas provenientes del bórax y azufre, minerales que se encuentran en sus entrañas.
 
Proseguimos nuestro periplo pasando por diversas lagunas altiplánicas: Honda, Chiarcota, Hedionda, Cañapa, también con hermosas imágenes de los flamencos reflejándose sobre sus aguas junto a las montañas que las rodean. El tiempo es cambiante por estas latitudes, sol, lluvia, aire, frio………….. y de nuevo sol, el espectáculo sobrecogedor, las sensaciones sorprendentes, la vida en estos interminables existe eriales, los colores asombrosos y el aire limpio y puro. 

Comenzamos a descender para situarnos apenas por debajo de los 4.000 m. llegando a unos paramos, donde en medio de unas formaciones rocosas podemos divisar en la lejanía el humeante Volcán Ollagüe. Es aquí donde descubrimos la "llareta", una planta muy longeva, llegando a algunos ejemplares a tener cerca de tres mil años de antigüedad, uno de los organismos vivos más añejos de nuestro maltratado planeta, desarrollándose entre los 3.200 y 4.500 metros de altura, y a la que los lugareños le atribuyen propiedades contra el reumatismo, la diabetes y la presión arterial, siendo usada así mismo como combustible. Pariente del perejil, crece sobre las rocas adaptándose a sus formas para que los vientos no la arrastren, siendo su textura muy compacta hasta el punto que al tocarla no parece un vegetal sino más bien una piedra, como un verde coral terrestre.
 
Al acercarnos a la insulsa localidad de Alota, pasamos por la Laguna Turquiri y el Valle de las Rocas, con extrañas formaciones pétreas de origen volcánico en donde imaginar a través de sus formas las figuras más insinuantes. Este paraje está calificado como el mejor lugar para la escalada deportiva (boulder) en Bolivia. Las alineaciones rocosas que por el lugar existen son un espacio idóneo para esta actividad, y aunque no son muchos los bolivianos que se dedican a esta práctica, si que se han acercado hasta aquí renombrados "trepadores", poniéndolo de moda en competencia con los ya consolidados lugares de este tipo de actividad: Bishop en California (U.S.A.) o Peak District en Inglaterra, al igual que ha ocurrido con el alpinismo de grandes paredes, entre el afamado Yosemite y los groenlandeses y altivos picos de Tasermiut 

Tras pasar por la anodina población y seguir nuestro cenital recorrido llegamos a la aldea de San Agustín, que aun humilde es mucho más vistosa y autentica que la de Aloa. Continuamos por territorios ya más humanizados y menos elevados, sobre los 3.600 m. llegando a Julaca, pueblo semiabandonado que nos recuerda los peliculeros del oeste americano. Solo cuatro casas, la estación del histórico ferrocarril salitrero de Oruro a Antofagasta y un desolado cementerio. Cruzamos el Salar de Chigüana, desaguadero natural del Salar de Uyuni, donde en su orilla septentrional, algo elevada y con unas magnificas vistas hacia el sur de su blanca planicie, llegamos ya en avanzada tarde a las cercanías de la aldea de Colcha "K", donde pernoctamos en un "Hotel de Sal", si tal cual, construido y levantado con bloques de sal, hasta las camas tienen como soporte ese mineral. 

Nuevamente madrugamos, y mucho, conduciendo aproximadamente una hora a oscuras por las que imaginamos blancas planicies del gran Salar de Uyuni (ya que los conductores apagan las luces de los vehículos), para ver amanecer en medio de la inmensidad salina desde la Isla Incahuasi (Casa del Inca), la más grande de las 33 islas que se encuentran en la zona central del salar, un extraordinario mirador de 360º. Esta atalaya en medio de la impoluta y blanca llanura, está totalmente cubierta por imponentes cactus de hasta 10 metros de altura.  

Formado por la evaporación de antiguos mares, a una altitud de 3.653 metros, una superficie en continuo crecimiento de unos 12.000 km2 (como toda la provincia de Salamanca), 120 km. de largo por 80 de ancho y una profundidad de hasta 120 metros, es la más grande extensión salina del mundo, con 10.000 millones de toneladas de sal de las que se extraen 25.000 cada año, siendo así mismo la reserva más importante de litio del planeta, representando entre el 50 y 70 % de la producción mundial. Estando su lecho formado por unas 11 capas del salino elemento, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. Cifras que acongojan pero que relegan en cuanto pisas su suelo, absortos por su sencilla y a la vez dura belleza, un lugar único en el mundo.
 
No hay caminos trazados ni señales, todo lo que nos rodea en los cuatro puntos cardinales es la blancura de la sal. Solo la memoria o la intuición nos servirá de guía, pues su alto contenido en litio convierten en inútiles las brújulas, GPS y móviles, por lo que muchas personas se han extraviado confiados en estos instrumentos, llegando algunos a perecer deshidratados al no poder localizar una salida. 

El efecto que nos genera su visión es la de un inabarcable desierto blanco, una albura infinita que cubre todo nuestro rededor, cielo y sal fundiéndose en el horizonte, con una cegadora e increíble luz, un lugar donde se alcanza a perder la noción del tiempo, transformándose en un sitio casi mágico. Espacio que no tiene parangón a ningún otro por la inmensidad y magnificencia de su albina y enorme llanura, generando la sensación de hallarnos en medio de una ficticia meseta, en la que el horizonte es el límite del cosmos. Perspectiva solo interrumpida al norte por el mítico perfil del volcán Tunupa, que con sus 5321 m. según las creencias locales creó esta maravilla salada. Nos traslada una antigua leyenda aymara: "que en la noche de los tiempos, Tunupa, Kusku y Kusina, las montañas ubicadas al borde del salar, eran gigantes. Tunupa y Kusku estaban casados, pero Kusku huyó con Kusina, lo que generó que Tunupa se pusiera a llorar durante la lactancia de su hijo, generando que sus lágrimas se mezclaron con su leche, formando el Salar, al que se le conocía con anterioridad como el Salar de Tunupa". La magia de estas fabulas del pasado han perdido parte de su hechizo, osándose a rivalizar por estos lugares los vehículos del afamado rallye Paris-Dakar. Curioso nombre el que mantiene esta competición que por tierras de la américa sureña, mantiene como reclamo publicitario ciudades tan lejanas del continente europeo y africano.
 
En época de lluvias, de enero a marzo, el salar queda cubierto por una lamina de agua en la que se refleja el cielo perfectamente, creando el espejo más grande del mundo, semejando que se camina por las nubes, famoso y fotografiado efecto. Para los amantes de la imagen el Salar de Uyuni compone un lugar idóneo, donde el inmenso blanco de la superficie se funde con el penetrante azul del cielo, creando imágenes verdaderamente caprichosas, solo equiparables a las de las regiones polares. 

Proseguimos nuestro recorrido cruzando la ingente, extraordinaria, afamada e impar albicie durante el resto de la mañana, llegando a lo que en su día fue un contaminante Hotel de Sal construido en medio del Salar. Que rodeado de patrióticas banderolas multinacionales y un monumento al afamado rallye que paso por estos lares, hoy se ha convertido en un simple, pero simple museo. Despidiéndonos del Salar de Uyuni por su extremo oriental, donde se halla la aldea de Colchani, en la que sus habitantes subsisten con la extracción de sal y las ventas de un mercadillo para turistas.  

Antes de desembocar en la urbe de Uyuni, nos desviamos para visitar un curioso, herrumbroso y destartalado cementerio de trenes. Locomotoras a vapor del siglo pasado, o aun del anterior, vagones y enseres de cuando el ferrocarril salitrero estaba en pleno apogeo, un espectáculo surrealista en plena llanura a las afueras de la ciudad.
 

Uyuni, con sus 60.000 habitantes es una localidad sin carisma, apenas un lugar de servicios para los que van de paso o visitan el Salar, pero que sirve de conexión para otros destinos, como era nuestro caso: comer, cenar, buscar un sitio donde alojarnos, asearnos……….. y coger ese curioso tren con el que he empezado este relato que ahora retomo. 

Acomodados en un vagón casi vacío; pues aparte de nosotros solo había una señora, lo cual se justifica por la categoría del billete (asientos semi-cama, calefacción, azafato, televisión y desayuno), pues los locales y los mochileros van en otro compartimento, por apenas una diferencia de 5 €; nos disponemos a recorrer los 200 km. que separan las poblaciones de Uyuni y Tupiza en unas 6 horas (a una media de 33 k/h.  Pasamos las tres primeras dormidos a causa del intenso día pasado, despertándonos sobre las 6 de la mañana en la estación de Atocha, siendo la curiosidad del destino la que nos ha traído a la homónima estación emblemática de nuestro ajetreado Madrid. Miramos aun soñolientos por las ventanillas observando un espectáculo sobrecogedor, están apareciendo los primeros rayos de sol que iluminan nuestras faces, pero no es el astro rey el que esta vez nos sorprende en el amanecer, es el itinerario por el que trascurre el ferrocarril. Enormes barrancos y abismos se divisan a nuestros pies, cruzamos áridas y profundas quebradas producidas por las escorrentías de siglos entre los que trascurre curva a curva el tren, insignificantes viaductos sujetos con maderos salvan los siniestros barrancales, convirtiéndose este trayecto sin duda en uno de los más turbadores y que ha generado más desasosiego de los que mi ser ha recorrido, pero a la vez el que me ha originado más emoción y arrebato. 

De siempre me ha gustado viajar en tren: las salidas los fines de semana a la sierra madrileña en el eléctrico de Navacerrada, los viajes al Pirineo en el "Correo de Zaragoza" y el Canfranero, las primeras salidas a los Alpes en los "chemines de fer" de Francia y Suiza, el de todos los veranos a Soria desde Torralba, este sí que era bueno, y otros tantos por la geografía patria. Pero este de Uyuni a Tupiza me ha impactado en verdad, las vías son enormemente estrechas, el curvo y sinuoso trazado desde Atocha a nuestro destino en permanente descenso, el agreste y siniestro pero a la vez hermoso paisaje por el que discurre, el monótono traqueteo de esta vieja vía férrea. Es como viajar en los primeros años del siglo pasado cuando el tren se inauguró allá por el año 1913, con la seguridad que desde entonces pocas o ninguna mejora en su trazado ha tenido. Pena que estén construyendo la definitiva y ya asfaltada carretera a Tupiza, siendo el futuro de este ferrocarril incierto, teniendo como el de otros tantos sus días contados.
 



Tupiza a orillas de su análogo rio es una población viva y colorida, sus pobladores en mayoría pertenecientes a la etnia "chichas" son gente humilde y agradable, duros y resistentes, de piel oscura y rasgada, estando curtidos por el entrono circúndate. Hasta aquí, en el culo del mundo, nos hemos llegado para comprobar la fuerza de sus quebradas, barrancos y portillas, para admirar los colores de sus tierras y para conocer sus formas de vida. Originariamente, en la antigüedad, Tupiza formo parte de un inmenso lago por el que las aguas buscaron una escapatoria, creando la garganta por la que hoy vemos fluir el rio.


Por este motivo, las rocas y las superficies de esta región han sufrido durante millones de años el efecto desbastador de la erosión, formando así los dentados cuchillares y los coloridos barrancos con rocas multicolores. Siendo por ello que podremos observar montañas de sugerentes tonalidades: rojo, gris, cenizo, azul y violeta, que nos sorprenderán y alegraran nuestra vista. 
Siendo esta población y después de haber visitado la zona, es el mejor lugar para contratar y realizar el recorrido por Uyuni, sus desiertos y sus lagunas, en vez de hacerlo desde San Pedro de Atacama o Uyuni. Nos alojamos en el muy aconsejable "Hotel Mitru" y a través de ellos y su agencia de viajes "Tupiza Tours" contratamos las excursiones por la zona, bien sabéis los que estas páginas frecuentáis, que no hago publicidad ni promoción sin ton ni son, pongo lo que me parece bien y lo que quiero reprochar, es por ello que estas gentes son merecedoras de aparecer positivamente en mis paginas por su atención y profesionalidad, no como el guía-chofer que nos condujo por las llanuras de Uyuni, sobre el que recae todo mi ingratitud, por cierto se llama "Rómulo". 

Si os acercáis por estas latitudes, pedid que "Freddy" sea vuestro guía, seguro que os encantará más aun el recorrido, una persona amante de su tierra, orgulloso de su gente los "Chichas", ameno, pausado, informado y buen profesional.  

El se encargó de enseñarnos los recónditos secretos de estas tierras: La Poronga y Barranco del rio Tupiza, Cordillera Colorada, Quebrada de Palmira con la Puerta del Diablo y sus petroglifos, Valle de los Macho y Cañón del Inca, Rio San Juan del Oro donde se sitúa El angosto y El Toroyoj, Cañón del Duende, Quebrada Palala del Valle de Chicheño, y El Sillar o Valle de la Luna ubicado en el camino a San Vicente.  

Población esta, donde fueron enterrados los famosos bandoleros "yanquis" huidos a estas tierras Butch Cassidy y the Sundance Kid, que fueron muertos por el ejército boliviano después de realizar un último atraco en Tupiza. Su historia está perfectamente reseñada en la famosa película de George Roy Hill, que premiada con cuatro Oscar y realizada en 1967, tiene como protagonistas a Paul Newman y Robert Redford.  

Tal vez la escapada de estos celebres atracadores fuera debida no solamente por la persecución a la que estaban sometidos en los EE.UU. eligiendo estos áridos barrancales para escabullirse, sino también por la riqueza aurífera que tenia a finales del siglo XIX esta zona, de donde vine el nombre de Rio San Juan de Oro. Aun en la actualidad se pueden encontrar entre sus quebradas, pequeñas y humildes chozas donde bucólicos y románticos buhoneros siguen afamados en la búsqueda del preciado mineral con las rústicas herramientas de antaño, bateando las arenas de los ríos.
 
Partimos de aquí, ya en dirección norte, en busca de la Bolivia Colonial, no sin antes prometernos que si alguna vez nos volvemos a acercar por estas latitudes haremos por regresar a estos lugares llenos de encantamiento y magia.




 

jueves, 24 de noviembre de 2016

- Desierto de Atacama…… el color, protagonista del paisaje

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Situado entre los 2.500 y los 5.000 de altitud y formando el denominado "altiplano chileno", el Desierto de Atacama está protegido en su levante por las cumbres de los Andes, que en algunos casos superan los 6.000 mts. siendo casi en su totalidad antiguos volcanes que dominan las planicies formadas en su mayoría por los salares, formados  al irse desecando su anterior conformación como lecho marino hace ya decenas de millones de años. Cual coloridos centinelas las siluetas del Licancabur, Acamarachi, Aguas Calientes y el Láscar dominan el paisaje allá donde estés, sobre todo la del perfecto y altivo cono del Licancabur. Siendo las visibles fumarolas del Láscar, uno de los volcanes más activos en Chile, las que nos sitúan en la verdadera realidad del lugar que hemos decidido visitar, pues la actividad telúrica todavía está presente en algunas de estas zonas.

Aunque en total abarca una superficie de unos 300.000 km2; lo que corresponde al 30% de la superficie de todo el país chileno; lo que más se visita de estos inhóspitos lugares son apenas los 1.000 km2 que se sitúan en los alrededores de la otrora humilde y tranquila población de San Pedro de Atacama, conformando el área de la Reserva Nacional de los Flamencos. Dicen de este espacio, ser la zona más árida del planeta, y no debe de ser exagerada esta afirmación pues, aun manteniendo una serie de salobres y hermosas lagunas que contrastan con los secarrales paramos, la sequedad es la inmutable realidad de sus interminables y desérticos terrenos. Esto ha sido debido a las especiales condiciones climáticas a las que durante los últimos tres millones de años ha sido sometido por la fría corriente marina de Humboldt, que proveniente de la Antártida genera una inversión térmica y el casi permanente anticiclón del Pacifico, efecto que también ocurre en la costa occidental del áfrica austral en el Desierto del Namib, en este caso provocada por la corriente de Benguela.  



Es precisamente su antiguo pasado marino y la actividad sísmica generada por el plegamiento de la placa tectónica de Nazca; que choca contra la placa Sudamericana intentando avanzar la una sobre la otra a razón de entre 7 y 8 centímetros por año; los elementos que configuran los especiales paisajes de Atacama. Siendo precisamente esta lucha de placas lo que generan la gran cantidad de terremotos a los que está sometido el alargado país andino y los culpables de la creación de la gran cadena montañosa de los Andes que separan a Chile de Argentina, elevándose anualmente por este motivo unos 2,5 ctm. Curioso dato, que como nos contó jocosamente un chileno, pero que por su forma de hablar parecía más que nada argentino: "Dios hace crecer los Andes de forma permanente para que los argentinos no puedan pasar a chile". 


Estos territorios, hoy administrados por Chile, en el pasado formaron parte del territorio boliviano, siendo anexionados al país chileno en 1879 cuando gobernaba el presidente Aníbal Pinto, mediante la forzada Guerra del Pacífico también denominada Guerra del Guano y el Salitre, justificada por una subida de impuestos del gobierno boliviano a una compañía salitrera y de ferrocarril chilena que operaba en estos, por entonces territorios bolivianos, provocando la invasión de estos territorios así como del vecino Perú, secreto aliado militar del país de Bolivariano. De nuevo, la mano negra de los británicos del siglo XIX estuvo detrás de este conflicto en ayuda de los chilenos, a través de los intereses de Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, que de capital y gestión anglosajona, estimularon, sino provocaron el conflicto bélico. 

Lugares con importantes yacimientos de cobre y salitre (fertilizante que nos trae a la memoria aquel famoso cartel del "Nitrato de Chile") en los dos países afectados. Hoy la superficie usurpada a Bolivia (120.000 km2) y Perú (40.000 km2) dan casi el 40 % de sus ingresos al estado chileno, siendo la compañía CODELCO (Corporación Nacional del Cobre de Chile); nacionalizada por el malogrado y recordado presidente Salvador Allende en 1971; quien explota las más grandes reservas de cobre del mundo y las segundas en molibdeno. Esto se realizó a través de una "reforma constitucional", pues la carta magna del país andino lo impedía. Quedando redactado el nuevo párrafo de esta manera…. "por exigirlo el interés nacional y en ejercicio del interés soberano e inalienable del Estado de disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, se nacionalizan y declaran por tanto incorporadas al pleno y exclusivo dominio de la Nación las empresas extranjeras, que constituyen la gran minería del cobre", estando aun en día bajo la explotación estatal estos recursos minerales. Deberíamos aprender algo los del otro lado del Atlántico, los de aquí, de cómo defienden los intereses nacionales otros países que hablan nuestra misma lengua, todo está con escarbar algo en la historia.
 



Con la memoria de esta ajetreada historia llegamos a San Pedro de Atacama, antaño humilde poblado convertido hoy en bulliciosa y cara urbe turística, pero que ha sabido mantener las señas de su identidad cultural y urbana.


Recorrer sus animadas y arcillosas arterias, sobre todo las calles Caracoles y Tocopilla; llenas de comercios, agencias de viaje, restaurantes y tiendas de recuerdos, o sentarse tranquilamente a cenar en los locales que nos encontramos tras los rústicos muros de adobe que conforman sus travesías; es la forma de pasar los ratos al regreso de visitar sus rededores. Siendo recomendable frecuentar los restaurantes: Adobe, Sol Inti o La picada del indio, así como tomar una fría cerveza local, entre rancios carteles y agradables músicas de los 70, en el genuino y siempre ambientado bar ChelaCabur. Pero para nada es aconsejable hospedarse en el "Hostal Corvatsch" mediocre y caro, donde nos pueden engatusar ofreciéndonos contratar algunas de las excursiones que realiza su agencia "Expediciones Corvatsch" dándonos gato por liebre, no cumpliendo lo ofertado……… pero es el riesgo que conlleva el rápido crecimiento turístico de esta población y la búsqueda de "plata" rápida sin el menor escrúpulo.

Desde ella parten los recorridos para visitar sus lugares más sugerentes: El Salar de Atacama y sus lagunas próximas como las de Chaxa y los Barros Negros, las Lagunas Altiplánicas de Miscanti y Minique, los Geiseres de El Tatio, el Valle de la Luna y de la Muerte, e ir a ver atardecer al lago de Tebinquiche. Así como pequeñas aldeas llenas de encanto: Toconao, Socaíre, Machuca y otras, y también observar los restos de las antiguas culturas preincaicas que los antiguos atacameños, con más de 12.000 años de historia (Quebrada de Maní) desarrollaron en estos inhóspitos territorios, habiendo sabido domesticar estas yermas y estriles tierras de subsistencia viviendo de la agricultura y la ganadería. Como prueba de ello quedan los vestigios de la ciudad-fortaleza de Pukara de Quitor, la Numancia atacameña, que resistió a la dominación colonial hispana durante 20 años. No quitándole merito a nada de lo anterior, quiero resaltar de sus impresionantes paisajes sobre todo el Salar de Tara, que situado a una altitud próxima a los 5.000 m. y sin apenas visitantes sobrecoge por sus infinitos horizontes y los coloridos con los que regala nuestras vistas, en verdad un variado y sorprendente lugar con magia, donde los haya. Es prescindible acercarse a las lagunas De Piedra y Cejar, que muy próximas entre si y cercanas a la población son, más que un espacio natural, las piscinas de por allí, caras y bulliciosas.
 


Debemos ser cuidadosos con el mal de altura, o como le apodan por estas latitudes "puna" o "soroche", se hace sentir a partir de los 4.000 metros de altitud, agravándose cuando nos acercamos a los 5.000. Siendo el mejor remedio para mitigar sus efectos una infusión de "chachacoma" al desayunar y tomarnos de vez en cuando un caramelo de "coca", esto aliviará en parte nuestros males. 

Compuestos por cuencas y lagos de sal (salares), arenas y flujos de lava, estos amplios horizontes, los tórridos coloridos de sus cambiantes tierras y los azulones de las frías aguas de sus lagunas, son la constante de su yermo paisaje, solo poblado por "ichu" o paja brava, una especie similar a los espartos de aquí, que sirve de alimento a las vicuñas (camélido andino origen de las domesticadas llamas). Sus limpios cielos estrellados que podemos observar a más de 4.000 metros de altitud, su sequedad, la inexistencia de nubes y la escasez de contaminación lumínica, convierten a este espacio en uno de los mejores lugares del mundo para llevar a cabo observaciones celestes, habiéndose puesto en funcionamiento en año 2011 las instalaciones del Observatorio Astronómico ALMA, uno de los más importantes del planeta.
 


Un compendio y variado panorama lleno de sugerentes sensaciones, que el turismo multicolor está intentando domesticar, pero que las vigorosas fuerzas de la naturaleza ponen con el paso del tiempo en su sitio. Un lugar inhóspito pero bello, extremo y humano a la vez, recóndito y accesible, cielo y tierra, agua y fuego………….. contrapuntos de unos paisajes que no podemos de dejar de admirar en las lejanías de esa américa austral tan próxima a nuestra cultura.
 

lunes, 4 de julio de 2016

- Camino de las Estrellas…… los misterios de la ruta Jacobea

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Muchos son los avatares de la historia, y muchas de las crónicas que hoy conocemos del pasado han sido filtradas y trastocadas por los intereses de los poderes de entonces, ya fueran religiosos o políticos, generalmente por aquellos tiempos fundidos los dos en uno. Hoy los adelantos científicos, la dedicación de eruditos y estudiosos a investigar nuestro pasado y el imparable ascenso de una sociedad cada vez mas laica e incrédula con lo que nos han dejado escritos los interesados cronistas, está haciendo que cada vez más la historia se asemeje a lo realmente acaecido en tiempos pretéritos, aunque para ello todavía queda mucho, sobre todo en el interior de nuestras mentes abotagadas durante tiempos por esas historias amañadas y tuteladas. 

Una de ellas, es la que se refiere al que conocemos como "Camino de Santiago", ruta ancestral en la historia, cuyo su origen se remonta a la noche de los tiempos. Los celtas y otras tribus precélticas ya lo usaban como periplo de iniciación hacia una nueva meta, y como senda por donde llegar el fuego eterno que veían al atardecer en el sol del horizonte, elemento imprescindible en sus vidas cotidianas para calentarse y alimentarse. Siempre hacia el oeste, hacia el Finis Terrae marcado por la Vía Láctea, siguiendo la indicación de las estrellas y convergiendo hacia la constelación de “Can Mayor”, donde se encuentra la estrella Sirius, la más brillante de universo y que ha sido (aun hoy lo es en algunas tribus animistas de África como los Dogones) elemento de adoración por pueblos de culturas remotas. El más usado de todos sus recorridos, el denominado Camino Francés, coincide casi en su totalidad con el paralelo 42, en un itinerario esotérico de este a oeste, culminado siempre en el mar desconocido, el "Mar Ignoto", en el Océano de los Muertos, siguiendo el Camino de las Estrellas para regresar de nuevo a la vida. 

La Vía Láctea es la constelación más conocida y perceptible desde nuestra latitud. Desde tiempos inmemoriales los distintitos pobladores del planeta nos hemos quedado fascinados al contemplar este fragmento de firmamento, millones de miradas, de conjeturas, de teorías sobre su origen, millares de argumentos sobre las señales que ella nos podría enviar. El Camino de las Estrellas era el mapa escrito en la noche celeste, sirviendo de manera infalible de guía hacia el Finis Terrae, lo que por aquel entonces era el fin del mundo, o lo que es lo mimo, por donde llegar al cielo, al paraíso. Debemos recordar que hasta no hace mucho más de 500 años aquí se terminaba el mundo, todo lo demás era desconocido y enigmático. 

Que San Yago no vino a España ni vivo, ni muerto, es un hecho hoy en día incuestionable, y por tanto una entelequia de la Edad Media para repoblar los desolados paramos castellanos. Como en otras tantas cosas o emblemas, la iglesia se apropió de la simbología de este periplo, pues necesitaba de hechos "materiales" para su expansión y colonización en tiempos revueltos, como fue la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes que invadieron la Hispania. Coincidiendo así mismo casualmente por esas épocas, la proliferación de multitud de apariciones "marianas" a medida que el avance de los de la cruz recuperaban territorios a los de la media luna. La trasmutación de la ancestral ruta del "Camino de las Estrellas" hacia fines religiosos, fue el amaño de un rey y un obispo en el año 813, declarando sin ningún rigor histórico que en las proximidades de Iria Flavia (cerca de Padrón), se había encontrado el sepulcro con los restos de Santiago que habían llegado desde Tierra Santa en una embarcación de piedra, hecho que ha pasado a la historia (aunque fuertemente acallado) como "la invención de Teodomiro", pues este era el nombre del susodicho prelado gallego.
Cuando en realidad esos restos podrían ser con mas seguridad los de Prisciliano de Galicia (del que ya he comentado en el artículo dedicado a Noia y Compostela), obispo que fue de Ávila en el siglo IV y que por sus creencias fue declarado hereje por la propia iglesia a la que pertenecía, y aunque decapitado en las tierras germanas de Tréveris, su cuerpo fue trasladado (curiosamente por el mismo itinerario que me hace escribir estas letras) por sus discípulos y enterrado en la población gallega, donde posteriormente se dio como aparecidos a los del apóstol Yago, comenzando con ello la peregrinación que ha llegado hasta nuestros días. Interesante es el artículo referente a este hecho relatado por José Ramón Varela en su cibernética página: http://www.jrvarela.net/camino_de_santiago.htm 

Pero volvamos a los misterios de esta primitiva senda que hoy llamamos Camino a "Compostela" (Campo de la Estrella). De incógnitos y enigmáticos orígenes, sus inicios están relacionados por el símbolo de la oca, animal sagrado para los Celtas y sus sacerdotes "druidas", pudiendo generar que esta ruta de peregrinación por los territorios en los que estaban asentados en el occidente europeo, estuvieran marcados con el signo de la “pata de la oca”, logrando haber sido sustituido este símbolo por el de la “concha” o vieira, de fácil semejanza, durante la ocupación y dominio de la península ibérica por el imperio romano. 


La oca ha sido calificada por algunas de las antiguas y mitológicas religiones como un animal benefactor y sagrado. Ya en tiempos del Imperio Romano se le tenía como animal guardián de los hogares, al agitarse sobre manera cuando se acercaban personas ajenas. En algunos de los antiguos templo egipcios se han hallado representaciones, donde salían estos alados animales del pecho de la momia del faraón. 

Al juego de la oca se le atribuye su origen (por parte de algunas teorías) en el Disco de Phainos, descubierto en 1908 en unas ruinas de Creta (Grecia). Este anillo de unos 16 cm. elaborado en arcilla, tiene una antigüedad de aproximadamente 3.600 años y en ambas caras contiene sendas espirales en las que aparecen diferentes casillas, cada una de ellas con desiguales y enigmáticos dibujos, en ocho de ellas vemos la figura de un ave, que bien podría ser una oca. Otros investigadores sugieren su origen a los Templarios, los cuales podrían haber utilizado en sus momentos de asueto en la liberada Jerusalén, las conchas del “Nautilus” (molusco cefalópodo parecido al ermitaño que conocemos), el cual juntamente con el uso lúdico, lo podrían haber usado como trasmisor de misivas en clave, que sólo algunos miembros de la Orden, serian aptos de interpretar. La concha del Nautilus (en forma de espiral equiangular) tiene 63 espacios, siendo quizás el origen de las 63 casillas que el tablero del Juego de la Oca contiene. 

Surgidos en 1119, estos caballeros medievales tenían como función la custodia de los Santos Lugares de Jerusalén durante las Cruzadas, como así mismo de las rutas y caminos que hasta ella llegaban. Ya cristianizada esta ruta "Jacobea", se les encomendó a estos guerreros del Temple la tarea de protección y resguardo en el Camino de Santiago como lugar santo de peregrinación, por aquel entonces en la línea de frontera con los reinos musulmanes. También se encargaron de salvaguardar a los peregrinos de asaltantes (bandas organizadas en los Montes de Oca), portazgueros (vascos y navarros exigían el pago del portazgos y en muchas ocasiones secuestraban a los peregrinos usándolos como bestias de carga, así como en Vega de Valcarce, donde desde el Castillo de Autares se les exigía el Portazgo, instalándose los Templarios en el Castillo de Sarracín, para defender a los Peregrinos del pago impositivo), y hospederos (como sabemos a través de  la historia de la Picara Justina en Mansilla de las Mulas). 

Estos singulares y enigmáticos caballeros, seguidores de la Tradición Mágica en España, adoptaron el "simbólico" Juego de la Oca como un manual secreto o mapa oculto, sobre los lugares transitados durante las distintas etapas por tierras hispanas, para transmitir sus mensajes y dotarse de claves misteriosas en sus itinerarios por estas tierras de Iberia. Usando como reseña las señales que los "Maestros Constructores" habían dejado durante las edificaciones en: catedrales, hospitales, fortalezas, puentes, cruces, camposantos y otras construcciones, solo reconocibles por los miembros de la Orden, aunque tuvieran diferentes idiomas, pero no reconocibles para el resto de los esforzados peregrinos. Muchas de estas señales o marcas hoy han desaparecido por el paso del tiempo, así como por la mano del hombre y sus más insignes seguidores de la ortodoxia integrista religiosa vestida de purpura. 

Estos simples y nada peculiares distintivos, posibilitaban un fácil reconocimiento por parte de la población llana que no necesitaba saber nada de su velado alcance, además de solucionar problemas idiomáticos y de analfabetismo, siendo su soporte, el "tablero", cómodo de trasportar, intuitivo, perceptivo, sistemático, metódico y fácil de usar. Al ser un simple juego en su uso habitual, fuera de sus componentes cabalísticos, se extendió su uso allá por donde llegaba, teniendo un verdadero surgimiento en nuestro país como juego de entretenimiento en tiempos de Felipe II, donde ociosos nobles y gandules hidalgos empezaron a paliar su aburrimiento con tan gracioso divertimento. Madrid era por aquel entonces la capital del Mundo y todos los monarcas europeos estaban influenciados por las modas de por aquí, influyendo nuestros gustos y usanzas en cualquier corte europea que se preciara, provocando la extensión de este juego por medio mundo, sustituyendo prácticamente al Ajedrez de Alfonso X en las palaciegas monarquías europeas. 

La Pata de Oca o el Caracol eran los símbolos o distintivos que los "Maestros Constructores" colocaban como señas de identidad en las iglesias, por aquel entonces románicas, siendo de ellas las más bellas y enigmáticas las acometidas por los Templarios. Estos caballeros que profesaban el voto de castidad, la renuncia del lujo, así como a la ostentación y los placeres del resto de la nobleza, como torneos, fiestas y cacerías. Tenían prohibido por sus normas y reglas los juegos de azar (dados y ajedrez), pero el de la Oca no era un juego para ellos, era una guía encriptada o cifrada. Guía que era memorizada y retenida de forma que no se olvidase, convirtiéndose en la Guía del Camino de Santiago, los conocedores de su secreta interpretación, de forma que cada casilla señalaba una etapa, y su comienzo y final se mostraba mediante las enseñas que dejaban los Maestros Constructores, gremio que posteriormente se trasformaría en arquitectos, y que en los tiempos de la ilustración y hasta el siglo XIX y principios del XX, gran parte de ellos pasarían a engrosar un grupo importante dentro de la masonería. 

El arte románico en España y más concretamente lo que mayoritariamente nos ha llegado de él, su arquitectura, proviene del flujo cultural que representaba la Europa medieval, siendo el Camino de Santiago uno de los máximos exponentes de la penetración de estas construcciones en nuestro país. La influencia que ejercía el Camino como introducción de ideas y conocimiento en su época, fue fundamental para el desarrollo no solo de la arquitectura, también del resto de las artes y hasta de la forma de pensamiento. El románico en la ruta de Santiago llego a su máximo exponente “Románico Pleno” en tiempos del rey castellano Alfonso VI (siglo IX), el cual tuvo una excelente relación con los caballeros del Temple. 

Hay que destacar la analogía entre los Templarios y las cuantiosas iglesias dedicadas a la Virgen, en especial a las enigmáticas Vírgenes Negras, prodigas en el camino que nos ocupa. Estos medio mojes, medio caballeros, con la cruz en una mano y la espada en la otra, a lo largo del itinerario Jacobeo construyeron innumerables enclaves y fortificaciones, invariablemente en situados de gran contenido místico-mágico, siendo en gran parte los precursores de ese ingente trazado de singulares edificaciones que abarcan desde el Pirineo francés hasta Compostela, y más aun, hasta el “Fin de la Tierra” o San Andrés de Teixido, lugares dotados sin duda de un encantamiento especial. 

De estas construcciones aun quedan en pie valiosos exponentes como son: la insólita y misteriosa ermita de Eunate, la iglesia del Crucifijo en Puente la Reina, la octogonal iglesia del Santo Sepulcro en Torres del Río, todos ellos en Navarra, La iglesia de San Juan en Castrogeriz (Burgos), encontrándonos en León abundancia de ellos como: La iglesia de Rabanal del Camino, el Castillo de Ponferrada, el castillo de Sarracín en Vega de Valcarce, el Castillo de Balboa y en Galicia San Esteban de Barbadelo. 

El Camino de Santiago es uno de los "caminos iniciáticos" existentes por las distintas latitudes de nuestro planeta: Camino de Ra, Osiris-Isis (recorriendo el Nilo desde el lago Tana, pasando por el Sinaí y Palestina hasta llegar a las montañas del Cáucaso). Camino de los Hijos del Sol (que partiendo del lago Titicaca recorre los Andes, cruza la América Central para encontrase con Quetzatcoalt, la serpiente alada de los Mayas y terminar en las Montañas Rocosas). Camino de las Llamas (recorriendo Nepal, India, Tíbet y China, para absorber las energías de las montañas del Kailas, Altái, y el Himalaya del Ladak). Y por último el que motiva estas letras, el Camino de las Estrellas. Cada uno de ellos refiriéndose a uno de los cuatro elementos, en nuestro caso el "Aire". 

Y ciertamente, este sendero que recorre nuestro norte peninsular, no es más ni menos que una gran "vía iniciática", por la que a lo largo de siglos o tal vez milenios han transitado ancestrales tribus, pateado por creyentes y profanos, así como reyes y mendigos, concluyendo su periplo no frente a la tumba del Apóstol, sino mucho más allá, pues no terminaba en Compostela, Santiago era sólo el último reposo antes de llegar a final de la ruta, solo un camposanto donde sepultar los cuerpos yacentes de los maestros. El sendero continuaba llamando a las gentes hacia el Mar
Tenebroso, ese atormentado océano que sobrecogió a los súbditos de la imperial Roma cuando al llegar hasta allí, observaron como el Astro Rey era devorado en el horizonte por las furiosas y atormentadas aguas del infinito. En la escabrosa y truculenta Costa de la Muerte, uno de los lugares más mágicos de Europa, dominio donde se gestó el paganismo celta, enclave al que llegarse en un peregrinar místico en busca de la muerte para resurgir a una nueva vida. Un itinerario desde Orreaga (Roncesvalles) hasta Finisterre, recorre la geografía española con la seña de identidad de los Caballeros del Cisne, que con innumerables apelativos a estos ánsares: el Valle de Ansó, Nanclares de Oca, los Montes de Oca, los ríos Oyón, Oja y Oca, Castrojeriz (Ciudad de ocas), El Ganso, Manjarín (Hombre de Oca),Val de Oca, el puerto de la Oca, San Esteban de OCA y tantos otros, nos muestran la irrefutable relación de este ave con nuestra ruta, así como los poblados de Barjas o Quintela de Barjas relacionados con el apocope de "jars" que veremos más adelante. 

Desde siempre se ha percibido la correlación de las casillas del Juego de la Oca con las etapas del Camino de Santiago. Cada representación de su encasillado en el juego, tiene su complemento con una población, lugar o entorno de tramo en la ruta. El juego sería el itinerario a seguir y las "ocas" encarnarían los emplazamientos protegidos donde podrían refugiarse los caballeros del Temple o los peregrinos iniciados que conocieran sus claves secretas. Las casillas con "ocas" son: 5, 9, 14, 18, 23, 27, 32, 36, 41, 45, 50, 54 y 59, el resto de las celdas importantes del tablero son: el puente - 6 y 12 (Estella y San Juan de Ortega), la posada - 23 (Mansilla de las Mulas), los dados - 26 y 53 (Vega de Valcarce y Astorga), el pozo - 31 (Arza), el laberinto - 42 (el caracol o espiral en Belorado), la cárcel - 52 (León) y la muerte - 58, correspondiendo esta ultima a  Santiago de Compostela (lugar de enterramiento). Representando a las "Ocas" Pamplona sería la primera urbe de importancia una vez unificadas la rutas de Roncesvalles y Somport, habiendo en sus aledaños dos puentes románicos. El nombre del río Arga, se asimila a la palabra "jars" que significa oca en francés. Otra posible población oca podría ser Puente la Reina, en donde se situaba convento-hospital regentado por los caballeros del Temple. En Logroño hallamos numerosos vestigios de San Yago, como por ejemplo en la iglesia dedicada al apóstol, en la que destaca de su portada, junto a la imagen del Patrono de España montado sobre un caballo, un Juego de la Oca con casillas jacobeas. La localidad leonesa de El Ganso, junto con Nájera, Burgos, Castrojeriz, Rabanal, O Cebreiro, podrían ser de esas casillas protectoras, correspondientes a sendas "ocas". 

El Temple fue acusado de venerar a Baphomet, que significa "cabeza" (para muchos el cráneo de María Magdalena), algo que les costó la persecución y condena por parte de la Santa Inquisición. La Magdalena es la Patrona del Camino de Santiago y de la población de Vega de Valcarce, siendo los caballeros de la intrigante Orden grandes devotos de esta Santa, a cuyos pies se representa la Calavera o Muerte con Resurrección. Es precisamente por esta zona de importante presencia templaría, a partir de Villafranca del Bierzo al internarse en el Valle de Valcarce, cuando a la ruta se la comienza a denominar como "Camino del Perdón", teniendo hasta llegar a O Cebreiro fuertes connotaciones esotéricas y mágicas. Siendo una de ellas la propia iglesia de Santiago en Villafranca, donde se localiza uno de los puntos de concentración de máximas energías telúricas (constatable a través de un péndulo de radiestesia), concretamente el lugar se encuentra frente a una columna, cuyo capitel encarna la imagen de un buen número de serpientes. Curioso es constatar que en la iconografía "druídica" de los celtas, las serpientes representaban las "wiwres" o energías telúricas, siendo justo en este lugar donde pasados cientos de años de estas ancestrales creencias se erige un templo cristiano consagrado al santo del camino. 

El Juego de la Oca tiene la misma distribución del Disco de Phaistos (como ya he comentado anteriormente), una espiral dividida en 63 casillas numeradas, cada una de ellas con el dibujo correspondiente a su simbología. Siendo un recorrido por la misteriosa ruta en un viaje de ida y retorno donde las casillas de la 1 a la 32 estarían en la cara anterior, representando al camino de ida, mientras que en el reveso estarían de la 33 a la 63, correspondiendo al itinerario de vuelta. El soporte o tablero (como lo conocemos en la actualidad) no existía, eran sus elementos y claves de interpretación lo que se conocía, ya que en realidad era dibujado sobre cualquier soporte: pizarra, madera, mesas o sobre el mismo suelo. 

En los primeros tiempos de cuando los cristianos empiezan a peregrinar Compostela, perciben como los lugareños que habitan esas tierras próximas al Camino, mantienen hondas costumbres (para ellos paganas), refiriéndose a un Camino de Ocas o de Estrellas y de un Campo Estrellado, hacia el cual se consigue llegar por un laberinto que es preciso transitar a fin de conseguir la renovación de nuestro interior. Creencias y dogmas ancestrales que son difíciles de modificar al estar muy arraigadas en sus pobladores, por lo que deciden cristianizarlas. Encomendándoles
esta labor a las Órdenes Religiosas, principalmente: Cluny, Cister y sobre todo el Temple, siendo estos a partir del Siglo X quienes se encomiendan de las nuevas construcciones, dotándolas de una simbología acorde al nuevo culto impuesto, el de los seguidores de Cristo. Siendo de esta manera como la ancestral simbología de: Patas de Oca, conchas, estrellas, perros, lobos o cuervos, son adoptados como alegorías cristianas de nuevo cuño incorporándose a la peregrinación cristianizada. Esa conversión del "pagano" camino, tuvo así mismo factores beneficiosos para nuestra cultura y patrimonio, pues nos dejó como herencia un rico "usufructo" de obras románicas y góticas, que complementan la arcana ruta, verdadera "Calle Mayor de Europa", sobre la cual se forjó gran parte de la cultura y la religión en la Europa Medieval. 
 
Primer monarca que recorrió esta ruta ya cristianizada fue Alfonso II "El Castro" rey de Asturias, que lo realizo durante el siglo IX. Y su primer peregrino ilustre fue Gotescalc, obispo de Le Puy (Francia), quien realizo el camino entre los años 950 y 951. Y no por azar sigue el trayecto del retorno del cuerpo de Prisciliano a Galicia, toda vez que Godescalco era cripto-priscilianista, movimiento secreto en tierras galas que posteriormente daría lugar al movimiento "cátaro" (al que ya me he referido en el artículo dedicado al Valle de Arán). Otro de los peregrinos asiduos y bien conocido, fue Aymeric Picaud, monje francés y autor de la "Guía del peregrino de Santiago de Compostela" escrita hacia el año 1140 e incluida en el libro V del "Codex Calixtinus", también llamado "Liber Sancti Jacobi". 

Según el romancero castellano del poema épico medieval "Mío Cid", Rodrigo Díaz de Vivar, fue uno de los ilustres peregrinos que llegaron a Compostela a postrarse ante el Apóstol Santiago. 

También los Católicos Reyes Isabel y Fernando, se acercaron hasta Compostela aprovechando ir a sofocar una rebelión de un noble berciano de Ponferrada allá por el año 1486. En 1554, con apenas 27 años y antes de viajar a Inglaterra para casarse con María I (María Tudor), Felipe II fue otro de los visitantes santiagueños. 

Al más común de los recorridos que transitan las tierras hispanas, se le denomina como "El Camino Francés", habiendo cantidad de localidades en la ruta que les viene el nombre de los Francos (franceses) Villafranca. Así como la influencia de estos en la actividad comercial de muchas partes de la ruta, en especial en territorios leoneses, habiendo infinidad de reseñas a su toponimia en muchos lugares y villas de la ruta: burgo francorum, vico francorum, rúa francorum, etc. 

Otra variable de camino el de la letra "Tau" (T), que se puede observar en cantidad de lugares, cruces y señalizaciones. Símbolo también originario de las antiguas culturas egipcias o griegas, y que de muy antigua usanza, era utilizado por los del Temple. Pudiendo significar el principio de lo femenino, ligado a las Diosas Madres. 

El ultimo año jacobeo (cuando la festividad del santo cae en domingo) fue en el 2010, no habiendo otro hasta 2021, en el que cumple 899 años, siendo el Papa Calixto II quien en 1122 lo instauró (año en que se puso la última piedra de la Catedral de Santiago). 

El tiempo, su azarosa historia y sobre todo sus singulares andariegos, han dejado numerosas leyendas, que trasmitidas boca a boca desde los tiempos remotos han llegado hasta nuestros días, cual si fueran las marcas dejadas en sus piedras por los anónimos canteros. Muchas de esas leyendas que hoy podemos comprobar están recogidas en algunos viejos códices, llegaron a ser muy populares entre los peregrinos, siendo generalmente divulgadas de forma verbal, siendo contadas al calor de una lumbre en las gélidas noches de invierno, o bajo las estrellas en los cálidos. Destacando de entre la multitud de ellas existentes: La Fuente Reniega en el Alto del Perdón, El Gallo de Santo Domingo de la Calzada,  El Tributo de las Cien Doncellas, La Leyenda de San Xulián do Camiño, La Virgen del Camino en León, Las llagas de Pedro de Tolosa, El ahorcado que no murió, La Leyenda del paso Honroso (Hospital de Órbigo), El Misterio de Obanos, La Leyenda de Santa María de Eunate, El Hospital de Santa Cristina de Somport o La Leyenda del Puente de Zubiri y Santa Quiteria. 

Hoy esta ruta, camino, sendero, vía o calzada es transitada por miles y miles de peregrinos con diversas y contrapuestas motivaciones, desde la religiosidad en la búsqueda de la fe, hasta esnobismo de moda que hoy padecemos, pasando por la practica simple del senderismo cultural, o la búsqueda iniciática que nos trasladará a las épocas precelticas. Sea el motivo que sea, este mágico viacrucis pagano es hoy un destino para que multitud de personas de distinta latitudes del planeta, al transitar serenamente por el largo discurrir de sus senderos, alcancen a descubrir sensaciones desconocidas, que influirán en su existencia a partir del paso por estas tierras.
 
Muchos de los que hemos caminado por esta ancestral y mágica ruta; negacionistas de la "fe" e incrédulos de las religiones; hemos sentido ese algo especial a través de su polvoriento itinerario y no ha sido la llamada de ningún dios. Es posible que las uniones de constelaciones estelares, junto con el trashumar de atávicas culturas o el poso de las gentes que por él han pasado dejando la huella de sus ser más profundo y real, se encuentren en el ambiente de este camino, y que a cada paso y en cada cuesta que ascendemos nos entren esos elementos hasta lo más profundo de lo que algunos denominan "alma", pero que simplemente es un estado de ánimo. Transformándonos en cada etapa, al acercándonos a esos primitivos seres que en la noche de los tiempos pasaron por aquí antes que nosotros, en la búsqueda de esa incógnita a la que nos dirige el sol hacia poniente, llegando a un mar insalvable……………… tal vez, cuando se llega a ese punto final, se encuentre el sentido a lo andado.