sábado, 8 de junio de 2013

- La Roma de los Cesares

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Llovía, pero aun así estaba hermosa, yo diría más hermosa incluso que cuando está colmada por esas gentes multicolores que a raudales la visitan llenando sus lugares más atrayentes. Era marzo de hace dos años, y se respiraba serenidad al pasear sus calles al anochecer con los reflejos de la lluvia caída en la tarde, entre esas indefinidas y mágicas luces que forman los crepúsculos al pasar del día a la noches, momentos en los que hasta se puede oler el pasado de esta "Ciudad Eterna" como es Roma. 

Justo a nuestra llegada se consumaba una justificada huelga de trasportes, pues ya comenzaban también por estas tierras los recortes impuestos para que todos paguemos los que otros han gastado. Ello nos reafirmó en caminar plácidamente la urbe, medio, el más idóneo para escudriñar cada rincón de ella. Así paseándola, es cómo podemos descubrir su aroma y el verdadero color de sus piedras, aunque más sugerente puede ser hacerlo en vespa, como puso de moda William Wyler en su película "Vacaciones en Roma", con la elegante e inolvidable Audrey Hepburn llenándonos la gran pantalla con su sonrisa y ansias de vivir.

Elegimos para pasar unos días el hotel Cuattro Fontane, en la calle del mismo nombre. Tranquilo, no muy grande, bien emplazado, situado enfrente del Palacio Barberini, donde está la Galería Nacional de Arte Antiguo, pegadito al Quirinal, sobre el cual teníamos una pequeña entrada justo debajo de la habitación, y no muy lejano de la Fontana di Trevi, a la cual dábamos los buenos días al principio de cada jornada, deseándole felices sueños al terminar nuestras andanza por la ciudad en las noches.
 
No es nuevo en este blog el comentar sobre Roma, otro artículo he referido a ella a través de estas páginas (pincha aquí si estas interesado). En él dedicaba únicamente mis letras a la urbe de los "tiempos cristianos", por ello tenía pendiente recorrer su pasado como capital del Imperio de los Cesares. Pero que difícil poder diferenciar en la metrópoli uno u otro, la Roma de los Cesares, de la Roma de los Papas, donde los dos escenarios se superponen y hasta la historia de ambos se cruza y se fusiona. Como en tantas otras ciudades, pero especialmente en Roma, se levantaron construcciones con los despojos de los restos anteriores, y así se nos muestra en realidad, cantidad de ejemplos de ello hay a cada paso, en cada esquina, en cada edificio, en el pavimento mismo........... a cada tropezón que damos al transitarla. 

La ciudad de las siete colinas, aunque no la única: Victoria en Argentina, Lisboa, Valera en Venezuela, Barcelona, Asunción en Paraguay, Bamberg en Alemania, Edimburgo, Granada, Sucre en Perú, Estambul, Kampala en Uganda, Praga, Amán en Jordania, San Pedro de Guaranda en Ecuador, Toledo, Olinda en Brasil, Vilna en Lituania, Cagliari en la italiana Cerdeña y algunas mas que no he sabido referenciar, están así mismo asentadas por esas siete colinas como las de la Ciudad Eterna. 

Estos promontorios: Aventino, Capitolio, Celio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal, que históricamente conformaron el corazón de la ciudad, se sitúan al este del río Tíber, siendo protagonistas en gran parte de su pasado histórico, referencia repetida muchas veces en la cultura popular, así como de base argumental en infinidad de pasajes literarios. Estas colinas figuran de forma destacada en la mitología romana, su religión y su política, perdurando la leyenda que la ciudad fue fundada por Rómulo y Remo sobre el Monte Palatino. Según ella, un hijo del héroe troyano Eneas, había fundado sobre la orilla derecha del río Tíber la ciudad de Alba Longa, sobre la cual reinaron numerosos de sus descendientes. Hasta llegar a los tiempos de Numitor y su hermano Amulio, en el que este último destronó a su fráter, condenando a su hija Rea Silvia a permanecer virgen como doncella de la diosa Vesta, en el intento de evitar descendencia que pudiera disputarle el trono. Sin embargo, Marte dios de la guerra, engendró en ella a los mellizos Remo y Rómulo, que al nacer fueron arrojados al Tíber dentro de un canasto, siendo recogidos por una loba quien los amamantó, hasta que fueron hallados y rescatados por un pastor cuya mujer los crió. Ya mayores, los hermanos repusieron a Numitor en el trono, decidiendo fundar una ciudad en la ribera izquierda del Tíber, donde habían sido amamantados por la loba. Con un arado Rómulo trazó un recuadro en lo alto del monte Palatino, delimitando la nueva ciudad, jurando que mataría a quien osara traspasarlo. Enfadado, Remo cruzó despectivamente la línea, ante lo cual su hermano le dio muerte, quedando entonces como el único y primer rey de Roma. Este hecho según la historia de la antigua Roma, habría ocurrido en el año 754 a. C. siendo la fecha con la que se asigna la fundación de la ciudad. 

Por ella pasaron, vivieron, crearon, gobernaron, etc. personajes como: Julio Cesar, Augusto, Nerón, Calígula, Virgilio, Cicerón, Séneca, Petronio, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Casio, Marco Antonio, Octavio, Espartaco, Tito Livio, Tácito, Ovidio y otros muchos. Estos y otros ciudadanos del imperio, que en uno u otro sentido conformaron las esencias de su identidad, la convirtieron en el centro del mundo por aquel entonces y ejemplo de culturas del mundo civilizado. Llegando a tener en el siglo IV un perímetro de veinte kilómetros, con 37 puertas, 29 avenidas, 11 foros, 8 puentes sobre el río Tíber, 36 arcos triunfales, 423 barrios en los que se asentaban 46.602 casas vecinales y 1.797 palacetes, 856 baños privados, 11 termas públicas. Contaba la urbe con 11 acueductos que abastecían a 152 fuentes, de las que se recogían más de mil millones de litros de agua al día, 190 graneros que surtían de trigo a 254 molinos y que eran abastecidos por media docena de flotas que traen trigo de Sicilia, Egipto o de la misma, así como también 2 anfiteatros, 2 circos, 3 teatros y 28 bibliotecas. Habiendo sido destruida en parte varias veces, una de ellas en tiempos de Nerón en el verano del año 64, pero la resistente ciudad como el "ave fénix" renacía de nuevo de sus cenizas y con mas esplendor aun. 

La mejor forma de conocer la parte imperial de Roma es comenzar por lo que yo denominaría como su "entrada principal", la Colina del Capitolio, donde ahora se asienta actualmente la Plaza del Campidoglio y donde se hallaban ubicados los Templos de Júpiter Optimus Maximus y Juno Moneta, así como el Ayuntamiento. En ella podemos acceder a los Museos Capitolinos, donde se encuentra el símbolo de la ciudad, la imagen de la loba capitolina amamantando a los mellizos. Se trata de una escultura en bronce, considera de de origen etrusco, datada alrededor del año 470 a.C.  y a la cual Dante menciona en la “Divina Comedia”. Si somos capaces de conseguir penetrar en el edificio consistorial, debemos buscar el balcón que da a los Foros Romanos, desde el que tendremos una de las mejores perspectivas que de ellos podamos admirar. 

En la época de la primitiva Roma, sus pobladores se atrincheraron en el Capitolio para resistir el ataque de las tribus que habitaban entre el Tíber y los Apeninos. Y cuenta la leyenda como Tarpeya la joven hija del guardián de la citada defensa, enamorada del rey enemigo, decidió abrir las puertas de la misma para poderse unir a él. Estos, no admitiendo la traición entre sus conceptos, aun por parte del enemigo, mataron a la renegada aplastándola con el peso de sus escudos.
A raíz de esta traición, los romanos utilizaron La Roca Tarpeya para despeñar a los condenados por el delito de traición, indagar a los transeúntes oriundos hasta encontrarla.
 

Como ya es costumbre en este blog, no voy a convertir estas letras en una guía de Roma que ya hay bastantes y muy completas para visitarla, pero sí que quiero trasladaros los lugares que a mí me han parecido más interesantes de los restos del Imperio.
 
Después de haber hecho esa entrada gloriosa en la "Roma de los Cesares" por la Plaza del Campidoglio, dedicaremos nuestro tiempo a recorrer los Foros de Roma. A los que deberíamos ir temprano, justo al abrir sus puertas. Será entonces cuando podamos recorrerlos con sosiego, antes de que sean invadidos por el gentío multicolor y bullicioso que los asalta ya comenzada la jornada. Centro y elemento básico de la organización del gobierno y la vida del modo Romano, son  los restos más importantes del Imperio. Una ciudad no era considerada como tal si no poseía: foro, edificios para espectáculos, termas acueductos, etc. Cuando se constituía una nueva urbe, se efectuaban una serie de ritos que representaban la creación del universo, simbolizando la unión de sus ejes principales el centro del universo, allí es donde se asentaba el Foro. 

A izquierda de la Vía dei Fori Imperiali encontramos los Foros Imperiales: el de Augusto y el de Trajano, la Columna Trajana, el templo de Marte, el Mercado de Trajano, primer supermarket cubierto de la historia de la humanidad, después vendrían los Mercadona, Carrefour, Alcampo y el resto de esos establecimientos que nos hacen pasearnos con el carrito entre estantes perfectamente diseñados para favorecer nuestras ansias de consumo. A la derecha: la Basílica Emilia, el Arco del Triunfo de Séptimo Severo, el Templo de Saturno, la Basílica Julia, la Cárcel Mamertina,  la Curia Hostilia (Senado),  la Casa de las Vírgenes Vestales, el Arco de Tito, la basílica de Constantino, el templo de Venus, entre otros. Debemos ascender al Monte Palatino, una de las históricas siete colinas sobre la que se asentó la primitiva ciudad, elevada unos 40 metros por encima del caos de ruinas que representan los foros, una de las partes más antiguas de la metrópoli, al estar posiblemente  habitada desde mil años antes de Cristo, y desde la que disfrutaremos de unas extraordinarias vistas. Relata la mitología que la cueva en la que vivía Luperca, la loba que cuidó de Rómulo y Remo, se hallaba ubicada en este monte. 

Entre zonas ajardinadas nos toparemos con: el palacio Domus Flavia, la Casa de Livia, la Casa de Augusto, los Jardines Farnese, o el Hipódromo de Domiciano. 

Descendemos la colina hasta el Circo Máximo, para acercarnos después el magnífico y hermosamente esculpido Arco de Constantino. Levantado en el año 312 en honor al emperador César Flavio Constantino, para conmemorar su victoria contra Majencio en la Batalla del Puente Milvio. En sus proximidades se encontraba la fontana de Meta Sudans, una antigua fuente monumental de 17 m. de altura, demolida por Mussolini para construir una nueva calle que rodease el Coliseo.  

Emblema de la ciudad y verdadero símbolo de Roma, el Coliseo (Anfiteatro Flavio) es hoy apenas los restos de lo que fue un modelo de construcción para su época, en la que sus gradas eran ocupadas por más de 50.000 ciudadanos romanos. Tomar un "Campari" al atardecer, después de un día de ajetreo desde la terraza de "La Biga", en Vía Nicola Salvi, 65, con la única iluminación de unas antorchas, a las vistas a esta magnífica construcción y saboreando la dulzura del momento con el sutil amargor de la bebida, convierte el instante en mágico.  

 A la espalda de este "coloso" se ubicaba el Domus Aurea (Casa de Oro), esplendido palacio que Nerón se hizo construir después de gran incendio de la ciudad y del que se le atribuye su autoría. Suetonio cuenta que Nerón, al entrar por primera vez en nueva morada exclamó, "!Bien!............ ahora por fin puedo empezar a vivir como un ser humano". En la actualidad podemos ver hoy encima de él, las ruinas de las Termas de Tito y Trajano. No muy lejanas, al otro lado de la colina Celio, camino de la Vía Appia, están las Termas de Caracalla. 

El Arco de Druso y la Puerta Vía Appia o Porta San Sebastiano, pertenecientes al antiguo cerco de la muralla Aureliana nos sitúa en el comienzo del recorrido de  la Vía Appia Antica, y al que es interesante dedicarle una mañana, sobre todo por salirnos de la marabunta que supone el constante ajetreo por la ciudad al entrar en un mundo diferente y sosegado. 

Recorrerla caminando en su totalidad, aunque no sea nuestra intención, toda vez que el autobús nº. 118 que la transita, es como esperar la revalorización de las pensiones, que nunca llega, y cuando lo hace, ya estás en medio del recorrido, pues has tomado la decisión de ir caminando hasta la próxima parada y así sucesivamente (experiencia personal). Comentaba que transitarla, es como viajar a través de la historia, con el aliciente de que los lugares por los que iremos pasando se nos presentan cómodamente, uno tras de otro, en un entorno tranquilo rodeado de arboleda y verdor. 

La Vía Appia Antica, la llamada Longarum Regina Viarum, fue la primera y la más importante calzada construida por Roma, debiendo su nombre al censor Appio Claudio, quien la hizo cimentar en año 312 a. C. para unir Roma con Capua y luego con Brindisi y en la que aun podremos observar tramos originales de su empedrado, formado por grandes losas de basalto, formando esos resaltes tan característicos de “lomo de burro”. A cada milla (mille passus - mil pasos) de la calzada (1.481 m.) encontramos una piedra miliar indicando las distancias. 

Cerca del cruce con la vía Ardeatina encontraremos la pequeña iglesia del Domine Quo Vadis (¿adónde vas, Señor?) o Santa María in Palmis, lugar en el que según la tradición, Jesús se apareció a San Pedro mientras este huía de Roma escapando de la persecución de Nerón, reprochándole el hacerlo e incitándole a volver. Sobre una lastra de mármol en el centro de la capilla se encuentra la reliquia de "Las Huellas" dejadas por los pies de Cristo. Que una vez más se ha podido comprobar, como en tantos otros casos, que en realidad se trata de un exvoto pagano invocando un buen camino al viajero. 

Más adelante, pasada la segunda piedra miliar, encontramos las Catacumbas de San Calixto, un laberinto subterráneo de 16 km.. distribuido en 4 niveles. Que formó a partir del siglo III el cementerio cristiano más importante de Roma, lugar donde fueron enterrados muchos mártires y Papas. A continuación se hallan las Catacumbas de San Sebastián más antiguas que las anteriores, con una longitud de pasadizos de unos 12 km. Casi enfrente del último de estos cementerios subterráneos se ubica la Tumba de Rómulo, hijo de Majencio, emperador que uso esta parte de las afuera de la urbe para  edificar un palacio que usaba como casa de campo, justo detrás del sepulcro de su hijo existen las ruinas del Circo de Majencio. 

Ya en el tramo final podremos contemplar uno de los lugares más fascinantes y famosos de Roma, el Mausoleo de Cecilia Metella. Imponente tumba de una joven mujer romana, construida con forma de cilindro en el siglo I a. C. en uno de los puntos más altos y visibles de la Vía Appia Antica, siendo aun hoy en día símbolo de esta antigua calzada. 

Cuatrocientos metros más adelante, siguiendo por uno de los tramos oriundos de calzada, paramos a tomar una cervecita, que ya apetecía, en la terraza del Caffe' Dell'appia Antica, agradable lugar, que encontramos en el nº 175 de esta calle, esquina de con la Vía dell'Almone. Por esta ultima seguimos caminando otros dos kilómetros y medio largos, esta vez al perder el autobús 660, para llegar al metro de Colli Albani, donde termino nuestra excursión extramuros por la Ciudad Eterna y aunque fue una caminata de algo más de 9 kilómetros, aseguro que mereció la pena. 

Mas desperdigados por la trama urbana de la cuidad se hallan restos a montones, de su pasado imperial: las Termas de Diocleciano, cerca de la Iglesia de Santa María degli Angeli e dei Martiri, el Obelisco Flaminio, actualmente en la Piazza del Popolo, la Vía Flaminia principal entrada a Roma desde el norte y que coincide actualmente con la vía del Corso. la principal calle del centro de la ciudad, el Mausoleo de Augusto y la Ara Pacis Augustae (Altar de la Paz), muy cerca de la orilla del río. En la otra margen el Castillo de Sant´Angelo, baluarte de la época imperial edificado entre el 135 y el 139 d. C. Sobre los restos de esta fortaleza, que sirvió como  mausoleo de Adriano, la Santa Madre Iglesia montó durante la Edad Media, un nuevo edificio para refugio de los papas en épocas de peligro, haciendo escavar un pasadizo subterráneo uniendo este edificio con el Vaticano. 

De nuevo en la otra margen podremos admirar, en la Piazza Colonna, la armoniosa y perfectamente esculpida Columna de Marco Aurelio y no muy lejano a ella, en Piazza di Pietra, tendremos  la sorpresa de encontrarnos con los restos del Templo de Adriano o Hadrianeum, construido en año 145, ahora agregado al Palacio de la Bolsa. El templo fue erigido en honor del emperador Publio Edio "Adriano", siendo en tiempos de este cuando el Imperio tuvo su mayor expansión. Del santuario romano sólo se conservan hoy en día once esbeltas columnas corintias de las quince que tenía en su origen. 

Estamos en lo que fue antiguamente el Campo de Marte, un terreno que se extendía al norte de la muralla serviana, limitando al sur por el Capitolio, al este por la colina Pinciana y hacia el oeste por el río Tíber que en ese lugar forma una gran curva. Se llamaba Campo de Marte porque desde época muy antigua existía allí un altar dedicado al dios de la guerra, sirviendo como lugar de esparcimiento y para usos militares. Allí acampaban los ejércitos en espera de que los generales pudieran
celebrar sus triunfos, teniendo que esperar para ello, no pudiendo traspasar la muralla hasta el momento mismo de los  festejos. 

Llegamos hasta el Panteón de Agripa, un impresionante templo circular dedicado a “todos los dioses”, edificado inicialmente sobre el año 27 a. C. y reconstruido  por Adriano alrededor del año 125 de nuestra era, ya que el tempo original fue destruido. El tabernáculo es impresionante y su visita obligatoria. 

El antiguo Estadio de Domiciano del siglo I es hoy la hermosa y alegre Piazza Navona, conservando íntegramente sus dimensiones, diseño y forma. A escasos 400 m. en el Área Sacra di Largo di Torre Argentina, varios metros por debajo del nivel que ahora tiene la ciudad podemos ver las vestigios de cuatro templos y lo que queda del Teatro de Pompeyo, en cuya Curia, fue apuñalado Julio Cesar. Como curiosidad comentaros que ha sido un equipo de investigadores españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), cuando 2.056 años después, ha descubierto el punto preciso donde cayó asesinado a manos de Bruto, Casio y Casca. 

Otro lugar próximo y también curioso es el Pórtico d'Ottavia que encontramos casi escondido en lo que fue el gueto judío de Roma, a la altura de la Isla Tiberina, en el Rione de Sant'Angelo y justo detrás de la sinagoga. Fue edificado por Augusto para de su hermana Octavia alrededor del año 27 a. C. Frente a él, durante la Edad Media se estableció el mercado de pescado que perduraría hasta finales del siglo XIX. La anexa iglesia de Sant´Angelo in Pescheria (Santo Ángel del mercado de pescado) nos recuerda la actividad aquí desarrollada. 

A un paso se halla el Teatro de Marcelo. En pleno corazón de la Roma Imperial, en el área destinada a ser el mercado de las hortalizas, fue levantado en el año 13 a. C. un escenario que Augusto dedicó a su querido sobrino y futuro heredero Marcelo, hijo de su hermana Octavia, muerto prematuramente cuando tan solo contaba 19 años de edad. 

Este era uno de los pocos teatros permanentes que existían en la época imperial, también uno de los más grandes, con una capacidad para unas 20.000 personas y el único de esa época que sigue en pie. Su fachada original, de más de 30 metros cubierta de mármol travertino, contaba con unas 40 arcadas (de las que hoy solo quedan 12), dispuestas en tres pisos. Quedó abandonado en el olvido durante el siglo IV, pasando a ser utilizado como cantera, al igual que otros muchos antiguos edificios romanos. De su interior ya en el siglo V, se sabe que no quedaba prácticamente nada. 

Los restos actuales del teatro de Marcelo, impresionan a casi todos, constituyendo una visión muy atractiva entre turistas y ciudadanos, por su belleza y por su alto nivel de conservación debido, fundamentalmente, al hecho que a partir del siglo XI, lo que quedaba del antiguo edificio, fue pasando por las manos de distintas familias de la nobleza romana. Fueron los Savelli quienes en el siglo XVI encomendaron al afamado arquitecto Baldassarre Peruzzi que realizara sus residencia en la parte alta de la cávea, donde hoy asoman bien visibles las 12 ventanas. Curioso es comprobar cómo este hermano menor del Coliseo con el paso del tiempo ha sido "reciclado", trasformando un teatro romano en vivienda nobiliaria. 

Hay quien comenta que en las noches de luna llena, aun es posible oír el eco de las cadenas de los reos, que durante el medievo fueron encarcelados en sus sótanos. 

Siguiendo la orilla del río entramos en lo que fue el Forum Boarium, uno de los centros de distribución de comida de la antigua Roma y lugar de reparto de caridad a los pobres. En ella encontramos el Templo de Portunus y el Templo de Hércules, mal llamado de Vesta, por su gran parecido con el templo que hay en Foro Romano consagrado a esta divinidad. 

Justo enfrente podemos observar, colocada en la pared de la arcada de la Iglesia de Santa María in Cosmedin una de las atracciones turísticas más atrayentes de Roma, la Boca de la Verdad (Bocca della Verità), una antigua máscara de mármol del siglo I, de un diámetro de 1,75 metros que representa un rostro masculino con barba, en el cual los ojos, la nariz y la boca están perforados y huecos. Según narra la leyenda, los falsarios que metían la mano en sus fauces, habiendo cometido mentira, la sacaban cortada.

No se tiene evidencia acerca de su antigua utilidad, si era una fuente o parte de un impluvio o incluso el desagüe de una cloaca, por su cercanía a la Cloaca Máxima). Si se sabe que la máscara goza de antigua y legendaria fama. Un texto teutón del siglo XII refiere detalladamente cómo, desde detrás de la boca, el diablo, apodado Mercurio (protector de los comercios y de los enredos), agarró por largo rato la mano de Juliano el Apóstata, que había engañado a una mujer, hubo de jurar su buena fe ante aquel ídolo, prometiendo limpiar su reputación y ofreciendo una gran fortuna si volvía al culto pagano.

Bajo la iglesia donde se custodia esta mascara, Santa María in Cosmedin (Santa María Bella),como en tantos lugares de la cuidad, se ha encontrado un templo dedicado a Hércules. Esto también se repite en la original iglesia de San Clemente, en la que podremos observar cómo se han superpuesto las edificaciones romanas con el paso de los tiempos, bajo ella se encontraron en 1857 otra basílica con importantes frescos no muy deteriorados y debajo de esta una casa romana perfectamente conservada. 

La Cloaca Máxima, no es un elemento turístico y vistoso de esta época romana que os estoy intentando relatar, pero si tiene importancia por ser una de las más añejas redes de alcantarillado del mundo. Construida con el fin de eliminar las inmundicias de una de la ciudades más pobladas del orbe antiguo, se mantuvo en buen estado durante toda la época imperial y su función continuó durante mucho tiempo después de la caída de Imperio. Aun hoy en día algunos tramos se siguen usando conectados a la moderna red de alcantarillado. Es todavía visible su desagüe al rio desde las cercanías del Puente Rotto con el Puente Palatino y existe una escalera de acceso, visible desde la Basílica Julia en el Foro Romano.

No muy lejos, se halla el Monte Aventino donde no podemos dejar de visitar el Jardín de los Naranjos, desde el que se divisa unos de los mejores panoramas de toda la ciudad. 

Continuando hacia el sur está La Pirámide Cestia, construida en manera egipcia, en el año 12 a. C. como sepulcro de Cayo Cestio Epulone,. Tiene una altura de unos 37 mts. de alto y está recubierta por losas de mármol blanco de Carrara. Junto a esta pirámide se encuentra el cementerio “no católico” de Roma. En el que se encuentran las tumbas de alrededor de 4.000 personas que no pudieron ser enterradas en el cementerio católico por ser extranjeros o no cristianos. También se le conoce como el “Cementerio de los Poetas”, al estar allí enterrados Percy Shelley y John Keats. También se encuentra la tumba de Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano. 

También en sus inmediaciones podemos ver la Porta Ostiense o Puerta de San Pablo, antigua salida de la ciudad camino del puerto de Ostia. Formaba parte de la Muralla Aureliana construida en el siglo III para frenar la invasión bárbara. Esta muralla que rodeaba completamente la ciudad, tenía forma de hexágono y en ellas se emplazaban 382 torres, 7.020 almenas, 18 puertas principales, 5 aberturas, 116 letrinas y 2.066 ventanas exteriores. El tramo más sobresaliente de ellas lo podemos encontrar en el Viale Carlo Felice, entre la Iglesia de San Juan de Letrán y la Basílica de la Santa Croce de Jerusalem.

Curioso es saber si nos encontramos aquí, que detrás del camposanto "ateo" se ubica el Monte Testaccio, una colina artificial de unos 50 mts. de altura, que hacia la veces de escombrera, en la que durante los siglos I y III se fueron depositando alrededor de 26 millones de ánforas rotas, principalmente del aceite que se traía de las colonias y en mayor parte de la Bética Hispana. En ella la moderna arqueología estudia los hábitos y costumbres del modo de vida romano a través de los restos encontrados. Entre los restos se han encontrado trozos de cantaros procedentes de Axati, la actual Lora del Rio sevillana, en el valle del Guadalquivir, por donde transitaban las naves romanas ya que en aquellos tiempos se podía navegar hasta Córdoba. 

Aparte de estos referidos restos de la época del esplendor romano que esparcidos por la ciudad podremos admirar, el Vaticano guarda en sus museos cantidad de vestigios de este periodo y los que poseerá custodiados en sus almacenes, fuera del alcance de la vista de los mortales humanos. 

Solo nos queda ascender al Monte Mario, para admirar e imaginar desde él como era la Roma de los Cesares en todo su esplendor. 

Pero la Ciudad Eterna, tiene su maldición y redactado su posible final. El obispo irlandés San Malaquías, en el siglo XII predijo que el sucesor de Benedicto XVI será el ‘último’ Papa y que Roma será destruida: 

“In psecutione extrema S.R.E. sedebit Petrus Romanus, qui pascet oues in multis tribulationibus: quibus transactis ciuitas septicollis diruetur, & Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis”. 

"En persecución extrema, en la Santa Romana Iglesia reinará Pedro el Romano, quien pacerá a su rebaño entre muchas tribulaciones; tras lo cual la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez Terrible juzgará al pueblo suyo. Fin". 

Esperemos que no sea así, que Roma siga mostrándonos su extenso pasado y que esa interpretación de las profecías de Malaquías, no sea la destrucción de Roma, sino más bien como algunos autores consideran, que esa predicción sea el final de la Santa Iglesia, tal y como la conocemos en la actualidad, alejada y dispersa de los principios sociales que dice defender. 

Sea así o no, hasta que eso ocurra, Roma nos dará la bienvenida cada vez que nos acerquemos a visitarla, haciéndonos disfrutar de la historia de esas ruinas, que algunos descerebrados apodarían como escombros. 

martes, 21 de mayo de 2013

- Ribeira Sacra (Tierras del Miño).............el encanto de las piedras labradas

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Fue en un verano, viajando desde la "gala" Lourdes hacia la Pontevedra "celta", cuando pasadas las tierras bercianas descubrí estos verdes y agrestes paisajes. Ya había oído de los dos escabrosos ríos gallegos y de sus encañonados barrancos, también de sus afamados caldos de áureo y tinto color, pero es la visual cultura que nos domina la que define y dirige nuestros destinos, y al observarlos desde la altura decidí que merecían una serena visita.

No solo paisajes descubrí por aquellas ancianas tierras al hacer realidad aquella somera visión, también su humanidad presente y pasada, representada por sus templadas gentes y los restos de una arquitectura labrada en piedra, como el sobrio románico que arropa sus cauces. Esas milenarias construcciones parcas en filigranas, someras en líneas y austeras en tamaño, pero que mantienen la magia de sus enclaves únicos. Un conjunto comparable con el del norte palentino, no en su vistosidad, pero si por su misticismo y sus emplazamientos en lugares de excepcional elección.

El apelativo de Ribeira Sacra fue utilizado por primera vez durante la Edad Media, en un documento sobre las posesiones del monasterio de Montederramo, expedido en 1124 por la reina Teresa de Portugal, mencionando la “rivoyra sacrata” haciendo referencia en él a la gran abundancia de ermitas y monasterios situados en el curso de los ríos Miño y Sil. Perdidos y sorprendentes rincones usados por anacoretas, ermitaños y santones, en busca del recogimiento y la paz necesaria para ponerse en relación con su dios. Los apriscos y cuevas tan comunes en los roquedos que existen entres sus parajes, servían de refugio a estos solitarios místicos. Durante el medievo muchos de los enclaves en los que estos piadosos hombres habitaron, se trasformaron en parajes venerados, lugares propicios para el cristianismo imperante a la conversión de ellos en ermitas, iglesias o monasterios.


San Fructuoso de Braga y San Martiño Dumiense fueron, a partir del siglo VI, los dos grandes impulsores de la propagación de estos primarios y rudimentarios asentamientos eremíticos que posteriormente dieron origen a los monasterios. Teniendo estas abadías su máximo esplendor durante los siglos X y XIII, desapareciendo los pequeños y medianos cenobios durante los dos siguientes siglos como consecuencia de una crisis económica y espiritual. Durante el siglo XVI, como resultado de la reforma monacal, los pequeños recintos monásticos pasan a depender de los que tienen mayor importancia y ya en el XIX, la desamortización de Mendizábal, provoca la práctica desaparición de los monjes en la mayoría de los monasterios en la Ribeira Sacra.

En este territorio se cuentan más de un centenar de iglesias que conservan en mayor o menor medida su fábrica románica, siendo una de las concentraciones de este arte más importante de Europa. Todos estos templos pertenecieron en su día a monasterios medievales que en gran parte han desaparecido y cuyos orígenes se remontan a la Alta Edad Media. Un románico austero y rural, arte esencial en Galicia y cómplice en la identidad de este paisaje.


Todas estas construcciones que en su día trasmitieron conocimiento, cultura y progreso a toda Galicia, o los restos de ellas que hasta hoy nos han llegado, conforman un valioso patrimonio creado durante 1.500 años; en el que además de sus claustros podemos encontrar castillos, capillas, pazos, centenarios molinos y medievales puentes. Completándose esta herencia cultural con restos más primitivos de la Edad del Bronce y del Hierro, así como otros que confirman la presencia de las Legiones Romanas en estas tierras galaicas que posteriormente se convertirían en el Reino de los Suevos.

Comprenden esta comarca un conjunto de una veintena de municipios del norte Orensano y del sur Lucense, situados sobre un relieve de fértiles altiplanicies y suavizados montes cincelados por la

erosión, siendo su común expresión el accidentado discurrir de los ríos Cabe, Miño y Sil, que transitan camino de su unión a través de barrancos y cañones de gran verticalidad, configurando un paisaje agreste y único, definiendo una tierra de original belleza. 

La Ribeira Sacra es especialmente conocida por sus tesoros naturales, creando un extenso hábitat de gran diversidad y riqueza, formado por una gran masa vegetal compuesta fundamentalmente de castaños, alisos, robles y abedules, amén de toxos, xestas" y piornos, que trasforman su colorido según el paso de las estaciones. Sobre sus cultivos destaca principalmente las vides, esas cepas milenarias que dispuestas sobre infinitos bancales o terrazas, denominados por aquí "socalcos", forman parte fundamental del paisaje de estos atrevidos y empinados valles. El fruto de ellas, ya apreciado en tiempos romanos al transformarlo en vino, al que denominaron "amandi", hoy en día conocido como "mencía" está comercializado bajo la denominación de origen "Ribeira Sacra" que juntos con los blancos de uva "godello" son afamados para acompañar las comidas de finos comensales, si bien a mi no me produjeron una excesiva sensación, apostando más por los albariños o su vecino el Valdeorras.

Recorrerla después de traspasar los áridos parajes de la meseta castellana nos trasladará a tiempos pasados, a brumas, a verdor, a nuevos olores, a encontramos en lugares de fabula, en los que podremos sentirnos durante algunos instantes rodeados por los míticos "xacios", esos seres anfibios de forma humana que dicen habitan las aguas del Miño.

Y a este rio es al que primeramente voy a dedicar mis letras, pero antes, ya que nos queda de paso, solo un retazo de su tributario el Sil. Con anterioridad a desembocar en Monforte, comienzo de

nuestra ruta, y en tierras de Quiroga, muy próximo la población de Montefurado, pudimos comprobar cómo la orografía del otro gran río gallego había sido durante la dominación romana, allá por el siglo II en tiempos del bético Trajano, en parte domada con la ejecución, en un meandro de 2,5 km. de un túnel de 120 m (del que actualmente solo quedan 54), desviando el rio para desecarlo y extraer del cauce original, en cantidad de veinte mil libras al año, el mineral de oro existente en aquel entonces por estas tierras, tan preciado para el sustento del Imperio. Una de las mayores obras de ingeniaría en tiempos romanos de nuestro territorio, pudiendo haberse situado para su protección la Undécima Legión Romana en sus proximidades. Curioso es el hecho de hallarse en las cercanías la población de Sesmil, siendo "seis mil" el número de soldados que formaban una legión. En la aldea de San Miguel de Montefurado, podremos así mismo aprecias restos de otras obras de minería romana, muy similares las de Las Medulas en el vecino Bierzo.

Ya en Monforte de Lemos, capital de la comarca, nos entretenemos en recorrer su casco antiguo y pasear por las orillas de su bucólico rio Cabe, su cuidado jardín y sus puentes, sobre todo el Puente Viejo, de posible origen romano. También es aconsejable la visita del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, al que se le conoce como el Escorial gallego por su similitud al de la sierra madrileña, del que quiero destacar su original escalera suspendida y bajo ella la curiosidad de poder ver cincelados en la roca del suelo algunos planos de su construcción, sin olvidar admirar en un pequeño museo situado en su sacristía de algunos lienzos de El Greco.

Pero sobre todo es aconsejable ascender hasta el Monte de San Vicente, antiguo asentamiento de los

celtas "Lemavos", de ahí el apellido de Lemos, pues su nombre de Monforte le viene de los romanos Mont Fortis (Monte Fuerte). En su cima encontramos el complejo de San Vicente do Pino, con el Monasterio, la torre del homenaje (y sus excepcionales vista), el Pazo Condal y la Fortaleza de los Condes de Lemos (familia dueña y señora de la ciudad desde el siglo XII), estos dos últimos convertidos en Parador Nacional y para nada desaconsejable su alojamiento en él. Por las noches sentarse en su claustro envuelto por la música que nos brinda y la paz que se respira, puede convertirse en un momento atrayente.

Antes debemos de regalar a nuestros estómagos con los caldos gallegos y sobre todos las tapas. Monforte es lugar ideal para desarrollar esta actividad, ya que es una ciudad destinada a ello, sobre todo recomendar para esta lúdica y generosa actividad, el Bar Katanga en la rúa Manuel Hermida Balado, 4, emblemático y pequeño lugar, parada obligatoria para los devotos del culto al albariño y a las empanadillas, aunque también nos sorprenderán otras exquisiteces. La Polar en la rúa del Cardenal Rodrigo de Castro  es otro de los lugares donde nos trataran como nos merecemos, sus callos con garbanzos y las albóndigas son para merecer, y un lugar ideal para tomar el desayuno y donde leer la prensa matutina que nos ofrecen de forma altruista. Una curiosidad mas de esta villa es la de encontrarse en el libro guiness de los records por poseer la casa más estrecha de esta piel de toro que habitamos, su ancho de 1,5 m. es prácticamente la medida de la puerta, tiene 20 metros de profundidad y cuatro pisos de altura. Sin duda Monforte se merece la capitalidad de la comarca y una sosegada visita.

Cañones del Río Miño
La Ribeira Sacra lucense integra las márgenes más desconocidas del río "padre" gallego, formando parte de la Galicia mas mágica e inédita. Una zona privilegiada donde siempre están presentes el agua, la piedra, la vegetación y el silencio, a la que sobran motivos para dejarnos perder en ella, llenándonos de ese hechizo que estas encantadas tierras desprenden. Donde incluso los peregrinos del "camino de las estrellas" en su ruta a Santiago, descubrirán con sorpresa cómo en este recóndito lugar

del Miño, surge el ignorado "Camino de Invierno" senda jacobina entre el Camino Francés y la Ruta de la Plata. Un paisaje rudo con espectaculares miradores, milenarios cenobios, perdidas aldeas, encantados caminos, abruptos valles, espesos bosques, centenarios pazos y cientos de bodegas vigilantes del río desde sus socalcos sujetos en piedra. En verdad sacras riberas bendecidas con vino.

Una ruta por sinuosas carreteras galaicas que nos conducirá de uno a otro lado del curso fluvial, desde los embalse de Belesar a Os Peares, que si bien se puede hacer en círculo, yo la relaciono aquí tal cual la diseñé para terminar en la unión con el Sil y así seguir el recorrido por el otro gran rio gallego, al cual dedicare unos nuevos párrafos. Podremos visitar durante el recorrido gran cantidad de estas sugerentes iglesias románicas, algunas de las cuales de complicada localización, en algunos casos sin acceso para coches, teniendo que acceder a ellas caminado algún tramo. La mayoría de ellas cerradas, teniendo que buscar a la persona adecuada para agradecerle poder visitar su interior. No quiero pormenorizar en detalles de cada una de ellas, pero completar su recorrido es en verdad una recomendación para cualquiera que se acerque a estas hermosas riberas, aunque algunas de ellas sí que merecerán un cometario por mi parte.

Comenzaremos por la población de Escarión y en sus proximidades hayamos la iglesia de Santa María de Seteventos. Construida a finales del siglo XII y principios del XIII, en la que se pueden  contemplar en su interior pinturas góticas del siglo XV. A escasos kms. nos acercaremos a la aldea de Abuime para ver el "dolmen" Anta de Abuime, y donde deberemos preguntar por su ubicación, pues se encuentra detrás de las casas del pueblo, en medio de fincas particulares.

En este caso estamos ante los restos del que fue un dolmen de corredor del tercer milenio antes de Cristo. No se conservan vestigios del túmulo y se encuentra en una zona conocida como Campo das

Mámoas. Del monumento funerario se conservan cinco ortostatos (piedras verticales) de unos dos metros de altura, de los 10 que debió de tener y que conformaban la cámara sepulcral de tres metros de ancho, abierta hacia el sureste como en todos los vestigios de este tipo.

Desde siempre se comentaba por el pueblo que la losa de cubierta se la llevaron hace años a Escairón para hacer un comedero para el ganado. Y la “leyenda” que corría desde tiempo por la parroquia de Vilasante era verdad. Hace más de un siglo, los señores de la casa grande con ciprés, mandaron traer una piedra alargada y robusta para labrarle un abrevadero a los animales. Los encargados de hacer el trabajo no dudaron al elegir el bloque que iban a cincelar. El mejor estaba ahí arriba, en un lugar conocido como Campo das Mámoas. Era una piedra del mejor granito, que no se sabe desde cuándo reposaba tontamente sobre otras cinco o seis más pequeñas, pero también voluminosas, que estaban de pie, hincadas en la tierra. A aquel amontonamiento caprichoso de megalitos le llamaban Dolmen de Abuime.Y no les bastó con rebajar toscamente por una cara la tapa del dolmen, sino que hicieron un trabajo primoroso, una gran pila trazada a tiralíneas, labrada por manos de cantero perfeccionista que concluyó su obra taladrándole un desagüe. De este empeño reciclador de la herencia del pasado que hoy se calificaría como delito se siguen perpetrando hoy sin causar ningún escándalo por estas u otras tierras. La pieza ya no vale, no se puede restituir a su lugar. Así que mientras espera los resultados de un análisis del granito que encargó a la Universidad de Las Palmas para confirmar que se trata de la tapa del dolmen, desde Canarias negocia permisos para trasladar el abrevadero a la plaza de Escairón. Allí dará ejemplo de lo que no se debe de poder volver a producir.

Retomando de nuevo el camino hacia la ruta que nos ha traído desde Monforte, pasamos por la aldea de Marrube, donde encontramos la Iglesia Santa María de Marrube. Como la de Seteventos, data de finales del siglo XII y principios de XIII, representando las dos el puro estilo del románico gallego y en la que encontramos la peculiaridad de conservar un "paseo de ronda" sobre el muro norte que le confiere aspecto de fortaleza. Aproximándonos ya al rio visitamos San Paio de Diomondi, de la segunda mitad del siglo XII, con una hermosa fachada una triple arcada, en la que destaca la sensación de verticalidad que el templo muestra. Es una de las iglesia más importantes de toda la Ribeira Sacra y formaba parte de un antiguo convento benedictino del siglo X. En sus proximidades se encuentra el Pazo das Cortes. Continuando hacia el norte y cruzando de nuevo la carretera comarcal que unen Monforte con Chantada llegamos a San Vitorio de Ribas de Miño, del siglo XII y donde los lugareños veneran la imagen de la Virgen del Rosario.

Por fin llegamos al rio y en el descubrimos Santo Estevo de Ribas de Miño, verdadera joya del

románico gallego de los siglos XI-XII, que nos recibe con una de las mejores fachadas del románico gallego. Ricamente decorada se compone de dos partes, la inferior, flanqueada por sendos arcos de medio punto ciegos, y la superior presidida por un admirable rosetón de un diámetro próximo a los cuatro metros. Estamos en lo que fue también un antiguo monasterio, un paraje único, agreste, en medio del bosque y en mitad de la erguida pendiente que aquí forma el valle fluvial. Esto y la soledad del entorno hace que nuestra visita se trasforme en un verdadero espectáculo y un cumulo de sensaciones, donde las vistas de la ribeira y su bancales completen el magnífico entorno con el que somos regalados. Para completar, anexa al templo se ubica la "Casa de San Estevo" una buena alternativa de alojamiento rural en la que poder pasar la noche dentro de un ambiente grato y natural.

Cruzamos el rio hacia la orilla derecha, por encima de la presa del embalse de Belesar en busca de Santa María de Pesqueiras, la cual no se deja mucho encontrar, pues se sitúa en una zona boscosa y poco transitada de complicado acceso, ya que para llegar hasta ella se debe recorrer una mala pista sin asfaltar y cuyo último tramo es a través de un sendero intransitable para vehículos. Confinada en un bello entorno natural, su aislamiento en la agreste ribera del rio y el estar en un ambiente bucólico, rodeada por un bosque de centenarios castaños, le confiere un encanto especial como pocas de estas tierras.
Parece ser que el nombre de ésta iglesia perteneciente a un antiguo monasterio de monjas benedictinas de principios del siglo XIII, del que aún quedan restos, está en relación con un arte de pesca, bastante extendido en la zona, denominado" pesqueira". Su fachada presenta una puerta circular y en el lateral una ventana de medio punto con columnas. En el interior son de especial interés las pinturas murales del Siglo XVI, en las que se representan diversas escenas bíblicas, habiendo existido en él una pila bautismal prerrománica, desaparecida por los saqueos y expolios sufridos en ella. Su joya era una imagen románica de gran valor artístico, de la Virgen y el Niño de principios del siglo XIII, una de las tallas más antiguas y de mayor valor que se podían observar en la provincia, perdida durante un fatal incendio en la nueva iglesia parroquial a donde había sido trasladada para evitar su sustracción. 

Camino de la población de Chantada capital de esta orilla del rio, pasamos por el Pazo do Piñeiro. del que se desconoce el momento exacto de su construcción, aunque sus primeros datos fechan del siglo XVI y en el que actualmente su uso está destinado a turismo rural y banquetes.

Cruzamos Chantada para dirigirnos a las iglesias de San Salvador de Asma, Santa María en

Camporramiro y San Pedro de Líncora, esta ultima no es de factura románica como las anteriores, pero bien merece una parada, pasear por su pulcro camposanto abrazado a ella y observar el curioso reloj personalizado de su fachada...........que modernidad para 1803. Comenzamos a descender en fuerte bajada, para toparnos nuevamente con el Miño en la aldea de Belesar. Antes de cruzar el Puente encontramos un “peto de ánimas” del siglo XVIII. Se trata una pequeña construcción realizada en piedra a modo de hornacina, con una reja y orificio en el que depositar las limosnas y donde se representan las ánimas entre las llamas del purgatorio. Como era habitual, los petos de ánimas (hucha para las animas), se levantaban en los caminos principales y encrucijadas de relevancia, normalmente situados a la entrada o salida del pueblo. Dan testimonio del miedo y terror que debe tener el caminante, reflejando el peligro que acecha en los cruces ante los malos espíritus que nos inducen al pecado. Estos sencillos elementos arquitectónicos, tenían la función de recordarle al caminante que se acordase de sus difuntos y depositaran una limosna.
Anexo a este peto, se ubica un mojón y panel informativo de la ruta Jacobea por el "Camino de Invierno".

Parece ser que en esta pequeña población, allá a mediados de los años 50 y con motivo de la construcción del embalse por parte del Duque de Fenosa; al anegar sus mejores tierras y el sustento de sus sistema de vida, las mujeres realizaron un conato de rebelión que fue sofocado por las fuerzas de la Guardia Civil de aquel entonces. He intentado poder documentar este hecho, pero no he conseguido mucha más información. Espero volver a estas tierras, entre otras cosas, para conseguir algún comentario de estos lugareños sobre este mito histórico,.............precursor de los 15_m de hoy.

De nuevo en el rio que ahora cruzamos, nos encontramos con el Embarcadero de Belesar, justo debajo de San Paio de Diomondi a 1 km. escaso de distancia, pero 300 metros por encima de nuestras cabezas, hasta ella podemos ascender caminando por la antigua calzada romana que unía Astorga con Braga (Portugal), que se conserva casi intacta por el lugar conocido como los "Los Codos de Belesar". Este es el lugar ideal para descansar y tomar una cervecita con olivas en la terraza de la Abacería O Batuxo, con unas hermosas vistas de sus alrededores, donde también es recomendable comer si es la hora del almuerzo y desde el que tendremos la posibilidad de hacer un recorrido fluvial por el rio aquí embalsado.
 
Descendemos pagados al rio aguas abajo hasta la Playa y Mirador de A Cova desde el que
podremos contemplar "O Cabo do Mundo" ese meandro mágico que se haya ante nosotros. Nos dirigimos a San Martíño de A Cova para contemplar su iglesia del siglo XII y XIII, la cual formaba parte del antiguo monasterio de Canónigos de San Agustín, hoy desaparecido. Conserva unas interesantes pinturas del siglo XII. Muy próxima a ella encontramos la de San Lourenzo de Fión que aunque de pequeño tamaño conserva buena parte románica y también alberga pinturas murales del siglo XVI en el interior. Cabe destacar de estas dos iglesias las inmejorables vistas que desde ellas podemos observar del rio y los bancales de vides que hasta el descienden. Ya en lo alto de la meseta nos dirigimos a Torre Vilariño, Pazo del siglo XVIII con hermosos jardines, donde nos podemos alojar y donde aconsejo probar los chuletones a la brasa que en su lumbre aderezan.
 
Camino de Pantón nos detenemos para admirar la Iglesia románica de San Miguel de Eiré,  una de las construcciones más peculiares del románico gallego del siglo XII. Fue construida como templo de un monasterio ya desaparecido de monjas benedictinas, aunque restos prerrománicos hallados en sus proximidades nos indica la posible presencia de una construcción anterior. Destaca una maciza torre y la puerta de su fachada norte es bastante interesante. En su interior se encuentra una ventana germinada con arcos de herradura, pieza de gran valor asociada al arte visigodo, pinturas murales de los siglos XV y XVI y una gran pila bautismal en la que se acristianaba por inmersión.
 
Ya en Santa María de Ferreira, población de cierta importancia, podremos hacer un recorrido que nos llevara al Castillo de Ferreira, la más importante obra de arquitectura civil del medievo en la comarca. Buscaremos por los alrededores de la población el Pazo de Maside, una de las casas fuertes más importantes de la comarca, ubicado en el lugar conocido como A Chousa de Maside, aunque no
visitable por ser de uso privado y nos llegaremos hasta el Monasterio de las Bernardas, San Salvador de Ferreira,............... un recorrido sugerente que nos llevara alguna que otra hora.
 
Partimos dirección sur en busca de la Iglesia de San Fiz de Cangas. Estamos ante una pequeña iglesia de sencilla belleza, pero con una fuerte simbología. Fue construida entre los siglos XI y XIII, como templo de un convento de monjas benedictinas igualmente desaparecido, pero desde algunos siglos antes, en época visigoda, este emplazamiento ya acogía un monasterio. Durante el siglo XVII se practicaron algunas reformas, como el derribo del ábside lateral izquierdo en el que se añadió la capilla de Torrenovais, para albergar el sepulcro de D. Rodrigo López de Quiroga.
 
En su fachada principal destacan un arco apuntado por encima de un tímpano muy peculiar y único por su ornamentación, al menos en Galicia, decorado con extraños dibujos. Puede que no se trate de un tímpano labrado directamente para la fachada de esta iglesia, sino que proceda de la estela de una tumba prerrománica. Consta de una cruz griega, grafismos que simbolizan el sol y la luna, dos rectángulos concéntricos y una estrella inscrita en un cuadrado. Siguiendo una de las características del románico gallego, se trata de una decoración de tipo geométrico.
Este tímpano de San Fiz es bastante enigmático y guarda relación, por los símbolos empleados, con los caballeros templarios.

No muy lejana, siguiendo al sur podemos disfrutar de la Rectoral de Anllo en la que poder alojarnos,
sitio en verdad muy recomendable, no solo por su ubicación sobre un hermoso valle de bucólicas vistas, y la exquisita decoración que en ella se ha mantenido, el trato con el que nos acogieron sus posaderos fue de lo más cordial y familiar, http://www.rectoraldeanllo.com/,un sito para recordar y volver. No muy lejos de ella podemos acercarnos a ver la cerámica tradicional de la zona que encontramos Gundivós, donde destacan sus formas y sobre todo los tonos negros conseguidos tras su cocción y que en pocos puntos de nuestra geografía podemos encontrar, como son Llamas del Mouro en Asturias o Quintana Redonda de Soria. En Proendos además de disfrutar de las formas que le dan a los barros los alfareros, es de destacar su iglesia y los  petroglifos de sus alrededores.

Nuevamente nos acercamos el rio en busca de unos de los rincones más sugerentes que en su ribera podemos encontrar, al que accederemos por un sendero que nos a cercará hasta la Fervenza de Augacaída y al Castro de Marce. Situada próxima a la aldea de Marce, la fervenza (cascada) es una de las más desconocidas de toda Galia, pero puede competir sin embargo en grandeza y espectacularidad con las más afamadas. Se halla encajada en un profundo valle rocoso que desciende con gran verticalidad, donde se forma la cascada precipitándose por una pared de unos cincuenta metros de altura. Se encuentra oculta en la espesura de un fantástico bosque que forman castaños, carballos y otras especies autóctonas. Para llegar hasta ella hay que recorrer andando aproximadamente 1 km sobre un camino medio empedrado y descender por un abrupto sendero hasta llegar a ella. El espectáculo de la Fervenza de Augacaída no dejará indiferente a nadie, sus limpias aguas caen desperdigándose desde la altura hasta remansarse en una cristalina charca, rodeados por una naturaleza de ensueño.
 
Desandamos la cuesta para tomar ahora dirección al Castro de Marce. Los restos de este primitivo
asentamiento se sitúan un lugar sorprendente, en la cúspide de un gran promontorio rocoso sobre las aguas del Miño, pocos yacimientos prehistóricos del sur lucense nos brindan un panorama semejante al de esta altura. Esta atalaya en la que se edificó el castro, conocida como Regata do Inferno, es un punto estratégico desde el que poder vigilar una amplia zona del río, utilizándose probablemente para vigilar el puerto fluvial de Chouzán, también llamado Porto Monsulio en los documentos medievales, de gran importancia en aquellas fechas para cruzar el cauce. Este antiguo baluarte es ya mencionado en el año 841 por el rey Alfonso II en escritos referentes a la catedral de Lugo. Otro documento  del rey Fernando II datado en 1158, menciona a este lugar como «castillo del Miño». En este paraje fue erigida una ermita dedicada a San Martiño, derruida en 1736. El acceso al castro se realiza por su entrada original, un estrecho sendero horadado en la roca en el que podemos distinguir las viejas murallas de piedra.
 
Se ha trasmitido de forma oral entre las poblaciones gallegas, que desde el origen del mundo, en la cuenca del Miño habitan personajes mitológicos. Hechiceras o meigas, Xarcos que moraban en pozos situados por todo su cauce, los "xacios" que salían del agua en medio de la noche para dormir entre los juncos. El Castro de Marce es un enclave envuelto de leyendas y misterios, y que en este elevado promontorio está habitado por de los míticos "xacios" u hombres acuáticos.
 
Los xacios son individuos mitológicos que pueblan las aguas del Miño, seres anfibios de forma humana, que andan chapoteando por estas aguas. La falta de ella no los trasforma en sujetos marchitos, sobreviven fácilmente en medio terrenal, con la intención de emparejarse con algún ser
humano. A partir de ellos se han creado muchas leyendas e historias que se suelen contar sobre todo en las aldeas bañadas por las aguas del Miño. Cuentan que los Xacios son seres, de gran belleza, que seduciendo a los humanos los arrastran hasta el río, provocándoles la muerte.

Otras leyendas comentan de personas que han contraído matrimonios con Xacios, como la de un mozo de Ortelle, que pescando en el Miño, se encontró al pie del castro de Marce a una bella xacia, quedándose prendado de ella. Pidiéndole la mujer bautizo para poderse casar y así lo hicieron. Los hijos habidos de la unión, tenían un inmenso gusto por el agua y siempre estaban bañándose en el río o en cualquier arroyo que encontraban a su alcance. El padre, harto de esos modales, echo de casa a los hijos, discutiendo también con su mujer, apoderándose  la infelicidad de aquel hogar. La xacia, decepcionada de su vida con el humano, retornó a los pozos del Miño, pero sus semejantes la mataron, despedazando su cuerpo por haberse bautizado. El joven, pesaroso por su actitud, fue en buscar de su mujer, pero ya solo halló sus restos flotando en las aguas del rio bajo el Castro de Marce.
Es palpable, ciertas o no estas leyendas de los Xacios, que el Miño por estas tierras siempre ha creado relatos como los mencionados. Sus aldeanos son gustosos de ellos y el ambiente mágico de los lugares donde se sitúan favorecen la proliferación de estas historias.

De aquí partimos en busca de Santo Estevo de Atán, a la que podríamos llegar por un sendero, pero hemos preferido acercarnos en vehículo. Llegar a ella por la estrecha y sinuosa carretera que desciende precipitándose por la empinada pendiente hacia el río, es como descender al averno, pero merece la pena, siendo una de las que más me gustaron de toda la Ribeira Sacra, también una de las más apartadas, al estar emplazada en un recóndito paraje de la ribera del Miño. Pero no por ello menos interesante, ya que posee un apreciable patrimonio de variadas épocas. El enclave es idóneo, con magnificas vistas del rio embalsado.
 
Las primeras referencias de asentamientos eremitas en estas lugares apuntan a la época sueva, aunque no sería hasta los siglos XII-XIII cuando se construyó esta iglesia. Santo Estevo de Atán perteneció a un antiguo monasterio prerrománico fundado, según la tradición, por el obispo lucense Odoario en el año 747 o 757, y refundado en el mismo siglo VIII  o por el arcediano Damondo o Damundo en 954 (aunque la fuente es dudosa). Dicho cenobio habría sido destruido durante la invasión musulmana y reconstruido en los siglos XII y XIII, pudiéndose haber utilizado en sucesivas reformas elementos de otras construcciones en ella, como las ventanas prerrománicas de celosías e incluso sus pórticos románicos. En diversos puntos de sus muros se pueden distinguir inscripciones y marcas, presumiblemente realizadas por los canteros que trabajaron en su construcción. Sea cual sea su controvertido origen merece la pena llegarse hasta aquí y disfrutar de esta edificación y su entorno. 
Tuvimos suerte y nos la encontramos abierta, era domingo y se preparaban para comenzar el "culto". En su interior podremos observar unas interesantes pinturas murales del siglo XVI ,situadas el ábside y en las paredes laterales con escenas referidas a la muerte y la resurrección eterna en el paraíso.

Proseguimos por la antigua carretera nacional mucho más sugerente y entretenida, pasando la población de Pesqueiras, descendiendo paralelos al rio hasta la presa de Os Peares, que ahora no cruzaremos, continuando el rio hasta su junta con el Sil, el cual recorreremos parte de su tramo final buscando la iglesia de San Vicente de Pombeiro. Encontrándola situada en un hermoso enclave sobre el río Sil, en la parte baja de la población, y la única de este rio que en este articulo relacionaré.
Se trata de uno de los escasos monasterios gallegos vinculados a la orden de Cluny, aunque en el siglo XI pasó a depender del  no muy lejano monasterio de San Estevo de Ribas de Sil, atribuyéndose su fundación a doña Goto, esposa del rey Sancho Ordóñez.
 
Como otras muchas otras iglesias de la zona, este templo de Pombeiro formó parte, allá por el siglo X, de un monasterio del que hoy ya no quedan más que algunos restos. La iglesia fue construida entre los siglos XII y XIII, aunque en etapas posteriores sufrió diversas reformas. La particular entrada principal está dispuesta entre dos contrafuertes, de los que podremos observar en su parte superior, seis arcos decorados con cabezas humanas y formas geométricas, conjunto que recibe el nombre de "guardalluvias". Aquí también tuvimos suerte y una agradable mujer que se hallaba en sus inmediaciones era portadora de la llave con la que poder acceder al templo. En el interior del  templo se conservan retablos renacentistas y barrocos, así como restos de antiguas pinturas murales del siglo XV. En sus aledaños existe una  poderosa, antigua y  semiderruida Casa Rectoral que actualmente sirve para alojar ganado y almacenamiento de aperos para el campo. Una pena más de las que sufre este patrimonio nuestro mal aprovechado, que en cualquier país de nuestros vecinos europeos, sería bien utilizado, en un enclave tan sugestivo como este, para darle un nuevo uso acorte a estos tiempos.

Volvemos sobre nuestros pasos hacia la represa del embalse de Os Peares, que ahora si cruzaremos para recorrer la margen derecha del río Miño aguas arriba, en donde encontraremos las ultimas construcciones románicas de este recorrido.
 
La primera que nos encontramos es San Xoán de Cova. Iglesia monacal de monjas pertenecientes a la orden de San Benito, una de las iglesias románicas más bonitas de toda la Ribeira Sacra y trasladada piedra a piedra hasta su emplazamiento actual a raíz de la construcción del embalse de Os Peares. Está situada en el despoblado de Peñarrostro y esta datada de finales del siglo XII, en el muro norte podemos ver el templo de la madre abadesa. El Paraje donde se encuentra es digno de visitar.
 
A orillas de la margen derecha del río Miño, en un altozano y a unos 6 km. al norte de San Xoán de Cova encontramos la Aldea de Chouzán, pequeño núcleo rural apartado del mundo, donde solo viven 7 almas, todos ya mayores, algunos de los cuales solo se entienden en "galego", siete vecinos en una apacible soledad. Merece la pena pasear por sus calles llenas de autenticidad y llenarnos del paisaje de su entorno. Sus construcciones son un verdadero ejemplo de la arquitectura que estos lugares tuvieron en el pasado, para mí el pueblo más genuino y autentico de todos los vistos en la Ribeira Sacra.
 
Desde Chouzán, tomamos un sendero para hacerlo a pie, por el lugar denominado de Poxa y a 150 metros encontraremos la iglesia de San Estevo de Chouzán, apodada "la hija del río". Románica del siglo X, también fue salvadas de las aguas antes de la construcción del embalse.
Gracias a los auspicios de los reyes Alfonso VII y Doña Berenguela, este monasterio datado en la segunda mitad del siglo XII, con reformas en el XIV y XVIII, fue repoblado con monjas benedictinas a partir del 30 de junio de 1144. La donación de la heredad donde estaba construido el convento, por parte de estos monarcas castellano-leoneses a la abadesa, aseguró las rentas de la comunidad religiosa. 
Destacan en su interior las pinturas murales del siglo XV. Este templo está cerrado al público, siendo los vecinos de la parroquia los que se encargan de abrirlo los domingos a las siete de la tarde. Declarada junto con su hermana y próxima de San Xoán de Cova  monumentos nacionales en el siglo pasado.

A unos tres kilómetros río arriba, a la orilla de la carretera encontramos la Fervenza de Fondós y el Penedo do Garabullo. Esta cascada formada en el río Fondós al caer desde gran altura por la Peña de Garabullo, que hoy en día aparece cercenada por la construcción de la carretera, es un lugar de gran importancia paisajística.

Siete kilómetros río arriba, pasando por la aldea de Herbedeiro, desde donde podemos observar la isla de Sernande, la única que tiene el embalse de Os Peares, llamada por los vecinos de la otra orilla la Isla de Mayorga, encontramos Santa María de Nogueira, elevada un verdadero mirador hacia el Miño. Su iglesia es uno de los monumentos románicos más tardíos del municipio de Chantada, en la que destaca el rosetón de su fachada principal.

Desandamos todo el camino hasta el Embarcadero Os Peares, desde el que podemos coger un catamarán hasta la Isla de A Mayorga. Un paseo placentero por las tranquilas aguas.
Solo nos queda ya descender a Os Peares “entre ríos”, lugar donde el Sil se funde en el Miño. Esta pequeña localidad, de caprichoso y bello aspecto, dominada por el viejo y colorido puente del ferrocarril Orense-Vigo y conocida como la aldea de los tres ríos, pertenece a tres parroquias, dos obispados, cuatro ayuntamientos, dos provincias y está cruzada por tres ríos. De esta zona gallega son originarios el acartonado cantante Miamiano-Español Julio Iglesias y el ínclito Alberto Núñez Feijóo, a la sazón Presidente de la Junta de Galicia, pero más conocido fuera de nuestras fronteras por sus múltiples fotos, variados viajes e incluso holganzas, con el narcotraficante Marcial Dorado, sobre las que nos vacilaba en los medios con frases como .......... "no he hecho nada ilegal", "son simplemente unas fotos",.......... cuando en 2009 declaraba.......... “El Gobierno no se puede fotografiar con malas compañías"......tendrá cara el elemento y.................. aun le tenemos que soportar sin dimitir.

 Si os dejáis caer en ella a la hora del almuerzo, no busquéis otro lugar para comer, acercaros a la tasca de la estación del ferrocarril, donde por un módico precio vuestros estómagos serán saciados, eso sí sin mayores exigencias, el plato del día en una agradable terraza con vistas a las vías del tren, pero no os preocupes por ello, no pasan casi trenes ya por ellas, como ocurre en tantos lugares de nuestro territorio patrio. 
 
Desde esta localidad, parte una vieja ruta llamada "Camino de la Barca" que por la orilla izquierda del río Sil nos conduce entre castaños y viñedos hasta el monasterio de Santo Estevo de Ribas do Sil.
 
Y hasta aquí estas intensas y extensas estas letras mías sobre la Ribeira Sacra lucense, pero no podía ser de otra manera, pues los encantos de sus lugares impiden condensar más. Tendría para ello que obviar enclaves y detalles ........... y estos se sentirían molestos y ofendidos conmigo por haberlos ignorado, nada más lejos de mi mente. Condenar al olvido una tierra que ha estado oculta muchos años y que merece ser descubierta de nuevo, una tierra autentica, de gentes autenticas, vieja en sus piedras pero con una magia especial. Tierra que ya la eligieron los primeros ascetas cristianos para reposar en ella su recogimiento y meditaciones. Una tierra para visitar con tranquilidad llenándonos de esa luz singular que nos regalan cada uno de sus magníficos rincones.