lunes, 14 de septiembre de 2026

- Lagunas de Gallocanta y Molina de Aragón…… aguas de interior

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Toca hoy acercarnos al suroeste de la provincia de Zaragoza a la comarca del Campo de Daroca que, situada entre las de Cariñena y Calatayud, así como al norte de la provincia de Teruel y al noreste de Guadalajara, se ven surcadas sus tierras por los cauces de los ríos Huerva, que serpenteante orada los duros montes de cuarcitas, Piedra y sus hoces calizas y Jiloca con su fecunda vega. Naturalezas dispares pero acogiendo una fuerte riqueza biológica, ofreciéndonos unos paisajes limpios y esplendidos. Siendo a las cercanías de estas dos últimas cuencas donde centraremos nuestros pasos. 

Con una superficie de casi 1.120 Km2. integrado por 35 municipios, es un territorio fundamentalmente agrícola en sus llanuras dedicadas al cultivo de secano. Así mismo a la cría de porcino y al pastoreo de ganado de ovino. Albergando un variado ejemplo de entornos naturales que, por proximidad, tienen continuidad en los vecinos contornos.

 

Situada en el corazón del Sistema ibérico, y surcada por grandes hoces y grandes llanuras esteparias, la historia de estas tierras de Daroca está marcada por su papel fronterizo y su impresionante legado medieval. Cruce de caminos, de encrucijadas históricas, Daroca y su comarca han sido punto de destino de numerosos pueblos y etnias. De ello es testigo la increíble riqueza arquitectónica y cultural que atesora.

Aunque la época celtíbera dejó una profunda huella en la historia de estas tierras, donde comenzaron a asentarse entre los siglos VI y V a. C estos antepasados nuestros. Dejando huellas suficientes a través de los oppidum y castros de Beligio (Azuara), El Castellar (en Berrueco, con una muralla de grandes bloques y vistas a Gallocanta)), Orosis (Caminreal), Datos (Badules) o Segeda (entre Belmonte de Gracián y Mara) entre otros, es la herencia del medievo la que hoy sigue asombrando al visitante por su valor artístico e histórico.

 

Los romanos también dejaron su impronta en el devenir de estos territorios, teniendo como muestra la fundación de la ciudad de Agiria (sin localización), que afamada por el soberbio castillo que protegía la calzada Laminitana (Vía XXXI del Itinerario de Antonino), conectaba las actuales Zaragoza y Valencia.

 

Los árabes llegaron a estas tierras sobre el siglo VIII, fundando Daroca sirviendo como consolidación y punto estratégico/ defensivo de la “Marca Superior” (frontera del Valle del Ebro) del Califato cordobés. Hay constancia de que cuando llegaron los musulmanes al valle del Ebro (entre el 713 y 715, las antiguas poblaciones ibero-romanas de estos valles ya no existían, apenas algunas aldeas aisladas, pero ningún núcleo de cierta relevancia.




En la segunda mitad del siglo VIII los sarracenos fundaron Daroca, erigiendo donde hoy se sitúa el castillo Mayor un poderosa fortaleza. Extendiéndose a sus pies un núcleo urbano al que apodaron Daruqa. Ciudad que, según las primeras nociones documentales que nos llegan de ella, estaba regida por los Banu al-Muhayir, tribu originaria del Yemen. Posteriormente pasa a poder de los Banu Qasi, quienes fueron leales al Emirato de Córdoba durante los siglos IX y X, pasando al control de la taifa de Zaragoza en 1018.

 

Con cierto grado de debilidad y sometida a continuos “arreglos” y pagos de tributos “parias” a los reinos castellanos, se mantuvo este territorio hasta el siglo XII. Siendo tomado en 1120 por el rey Alfonso I, incorporándolo al reino de Aragón. Sobre este monarca apodado “El Batallador”, decir que no sabemos que hubiera sido de Aragón sin sus gestas. Mayestático soberano al que por cierto se le atribuye una dudosa sexualidad. Salió tarifando con su esposa Urraca I de León (primera reina fémina de pleno derecho en España y Europa), contando Soria con un torreón que lleva su nombre, situado tras el Palacio de la Audiencia muy próximo a la Plaza Mayor.

Tierra de frontera no solo con los reinos cristianos, también entre castellanos y aragoneses, siendo prodiga en castillos y fortalezas medievales, edificaciones que forman parte de su identidad y paisaje. Al recorrer el Campo de Daroca observamos como cada población del tamaño que sea conserva algún vestigio de bastión defensivo. Entre los que podemos relacionar: el castillo de Cubel, el de Santed, el Castillo Mayor de Daroca, los restos de los de Anento, Torralba de los Frailes, Romanos, Langa del Castillo y más.




La comarca del Campo de Daroca posee verdaderos tesoros ecológicos, estando sus campos y montes cubiertos de encinas, sabinas y quejigos, mientras que las llanuras son dedicadas al cultivo de cereales y azafrán. Siendo entre los ríos Jiloca y Piedra donde se desarrollan una veintena de lagunas de dispares características, pero con una importancia relevante…………. humedales que hemos decidido venido a visitar y de los que voy a comentar.




De todas ellas destaca sobre manera por su extensión y valor ambiental, la extraordinaria Laguna de Gallocanta que, convertida en refugio de fauna silvestre y declarada Zona de Especial Protección de las Aves, es el máximo exponente de la naturaleza en la zona. Encontrándonos ante la mayor y mejor conservada laguna endorreica salada de Europa occidental, que rodeada de otras lagunas de agua dulce hacen que estos humedales se hayan convertido en un paraíso para las aves migratorias.

 

Enclavada en pleno Sistema Ibérico, sobre un altiplano a mil metros de altitud Gallocanta, además de ser un espectáculo de naturaleza único, es una laguna muy especial por su singularidad hidrológica. Su gran extensión, la composición química de las aguas, su desconexión de la red fluvial, su carácter fluctuante, la situación entre las cuencas del Ebro y del Tajo…… le confieren un gran interés geográfico.

Gallocanta tiene una superficie de 1.924 hectáreas (19,24 km²) como Reserva Natural, más 4.553 hectáreas de zona periférica de protección. Extendiéndose su lámina de agua entre los 14 a 15 km². según la época de lluvias. Con una longitud de entre 7 y 7,7 km. y una anchura que varía entre los 2 y 2,8. Manteniendo una media de profundidad de 45 a 70 centímetros, llegando a los 2 mts. en tiempos de intensas lluvias.

 

Calificada como uno de los mejores lugares para ver las puesta de sol en Aragón, es considerada un paraíso para los ornitólogos. Habiéndose registrado la presencia de más de 220 especies de aves, entre las poblaciones invernantes, nidificantes y de paso. Lugar donde no es difícil poder observar especies únicas como como la avutarda, el sisón o la alondra ricotí.

 

Especial relevancia tiene en estas aguas la “grulla”, como especie más emblemática y verdadera alma de este espacio protegido. Siendo el lugar de toda Europa donde se concentran en más número, generando un espectáculo impresionante y único. En su ruta migratoria las grullas hallan en Gallocanta un excelente lugar de invernada, cruzando por ella entre el 80 y 95% de la población de grullas en todo el sur de los Pirineos, llegándose a avistar más de 110.000 ejemplares en un solo día. Esta considerable ave (de entre 100 y 150 ctms. de altura) se queda en este lugar entre mediados de octubre hasta marzo, convirtiendo su imagen durante estas fechas en un icono del paisaje.

Son los momentos del atardecer, cuando las bandadas de grullas regresan de los campos de cultivo circundantes para pernoctar en el humedal, en que más podremos disfrutar de su visión. Siendo indispensable sobre todo proveernos de unos buenos prismáticos, para no perder el más mínimo por menor de lo que acontece a nuestro rededor de este santuario natural.

 

Una ruta perimetral de unos 35 kilómetros circunvala por completo la laguna, un buen itinerario para recorrerlo a pie, en bicicleta e incluso en vehículo, ya que transita por los siete observatorios y miradores que periféricamente se han instalado para observar desde distintas ubicaciones la laguna y observar la avifauna sin que esta se sienta molesta. Además de estar instalado un Centro de Interpretación en la población de Gallocanta (Zaragoza) y otro en la carretera que une las poblaciones de Bello y Tornos (Teruel).

A demás de los valores naturales y paisajísticos al visitar Gallocanta podemos disfrutar de otros interesantes y no muy alejados enclaves como son la hermosa ermita románico-barroca de la Virgen del Buen Acuerdo, las ruinas del castillo de Berrueco con sus esplendidas vistas de la laguna en su amplitud o los restos celtíberos del castro El Castellar.

 

Este gran espacio de naturaleza no ha estado “inmune” a la ambición humana, ya que constantes han sido los intentos de convertirlo en tierras de laborío y siempre acogiéndose a la excusa en defensa del llamado “progreso”, “por pura filantropía” y en bien de la “generación de empleo”, pero para beneficio de los que siempre salen ganando. Pudiendo haber dejado de existir en el pasado desecada, como lo fueron entre otras las lagunas de Añavieja (en Soria) o el Cañizar (Cella / Teruel) durante el siglo XIX y en el XX la de Conquezuela también en Soria……. Entre otras.




Desde el siglo XVIII se tiene constancia de intentos para la desecación de la laguna de Gallocanta, con la finalidad de erradicar las fiebres palúdicas endémicas en la zona y por el mejor aprovechamiento agrícola del entorno. Ya en 1789 fue objeto de un proyecto de desecación, obra de afamado por entonces arquitecto aragonés Agustín Sanz Alós, que también incluía las lagunas de La Zaida y Parada. Vinculado a la por aquel entonces moda “ilustrada”. El ingeniero maño vinculado a los linajes de Aranda e Hijar, era el más indicado para llevar a cabo esta infraestructura que finalmente no se llevó afortunadamente a fin. Este ilustre proyectista más que “ilustrado”, era un avanzado precursor de lo que hoy conocemos como “liberalismo desenfrenado”, que todo actual regidor de moda tiene como manual en la mesilla del dormitorio.

 

Se sabe que en 1797 el párroco de la población Gallocantina, propuso otro proyecto de desecación a través de la Real Sociedad Económica Aragonesa de la que él era miembro. Y durante el siguiente siglo, en 1852 el Ayuntamiento de Gallocanta suplica por carta a la “braguetera” reina Isabel II tenga a bien “la bondad de acoger benignamente la idea o proyecto de la Canalización y desagüe de la Laguna de Gallocanta en vuestro campo de Bello, no sé si la misiva tuvo o no respuesta, pero tampoco se ejecutaron los deseos de ínclito alcalde.

Como resultado a la Ley de Desamortización (Madoz de 1855) la laguna de Gallocanta pasa a manos del Estado a finales del siglo XIX (sobre 1874), siendo adjudicada más tarde en pública subasta al Banco Agrícola Comercial e Industrial. Sociedad creada con el único propósito de desecar y sacar beneficio a la laguna, ejecutando para ello un canal de desagüe que se completaba con un túnel de más de 7 km. hacia el valle del Jiloca, sirviéndose de esta infraestructura para transportar los aprovechamientos agrícolas y ganaderos resultantes. Felizmente el proyecto nunca llegó a realizarse, liquidándose la sociedad en 1931 (os suena la fecha)

 

En 1926 se creó la Confederación Hidrográfica del Ebro (cumpliendo recientemente 100 años), con objeto de aprovechar los recursos hídricos de la cuenca. Estando nuevamente entre las mentes de sus regidores, la desecación de Gallocanta, comenzando el mismo año de su creación los estudios pertinentes para ello (terminados en 1928) y de nuevo no se llegaron afortunadamente a realizar.

Y de nuevo, ya con la democracia recuperada, en 1978 el flamante Consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón, Alberto Fuertes Valenzuela (U.C.D.), vuelve a plantear el viejo deseo de desecar Gallocanta para poner en cultivo de mil hectáreas y crear una urbanización. Pero a esto le levantaron muchas voces discrepantes en plena y efervescente “transición” . Gentes como José Antonio Labordeta o el conocido naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, director del afamado programa televisivo “El hombre y la tierra”, quien responde a esta iniciativa…… “Gallocanta es la Doñana de Aragón.




Por fortuna, gracias a las dificultades técnicas y físicas, la laguna de Gallocanta no corrió la misma suerte que otras del resto del país, constituyendo en la actualidad un enclave de excepcional valor ecológico. Se calcula que solo en el periodo de la dictadura fueron desecadas en España una extensión superior a las 30.000 ha, lo que equivale a la mitad del municipio de Madrid.

 

En las Tablas de Daimiel 8.000 ha. se desecaron en 1956 de su entorno y la cuenca alta del Guadiana. De la Laguna de la Janda (Cádiz) se desecó de forma masiva y definitiva en la década de 1960 bajo el régimen franquista, entre las 6.000 y 7.000 hectáreas de superficie inundada. En la Laguna de Antela (Ourense /comarca de Limia), se decretó su drenaje definitivo en 1956, siendo con 3.600 ha. una de las lagunas de agua dulce más grandes de toda la península. Mar de Campos o Laguna de la Nava (Tierra de Campos / Palencia), un monumental humedal estepario de hasta 5.000 ha. se drenó definitivamente en 1968. Y a mediados del siglo pasado en pleno “desarrollismo franquista” con el fin de ganar terrenos para la agricultura y la ganadería, se desecaron gran parte de las Marismas del Guadalquivir. Salvándose lo que hoy es el Doñana al declararlo Parque Nacional, pero sobre el que aún hoy en día hay muchas presiones de toda índole para sacarle también “provecho”, encontrándonos un futuro incierto.

Aunque la mayor parte de las desecaciones se detuvieron a finales del siglo XX con la llegada de normativas proteccionistas, los humedales españoles siguen desapareciendo por causas indirectas. Un estudio elaborado por La Estación Biológica de Doñana, nos da como resultado de que entre los años 2000 y 2022 el 22% de las lagunas temporales de la España peninsular han desaparecido. Exponiendo como causas principales: El arado ilegal de sus bordes y cubetas ampliando fincas agrícolas. La sobreexplotación de los acuíferos subterráneos que las alimentan y como no la sequía prolongada y los efectos del “cambio climático” que tanto denuestan los negacionistas ultras.

 

Seguimos nuestra ruta acercándonos hasta los Lagunazos de los Tornos, conjunto de lagunas menores rodeadas de carrizal y prados salinos, situadas al sur de la de Gallocanta, entre las poblaciones de Bello y Los Tornos, que ya se ubican en la provincia de Teruel. Cuando tienen un aceptable volumen de agua las podemos observar desde el mirador del Cañizar que, levantado sobre una torre de madera se sitúa al noreste de la lámina de agua.

La Lagunica, muy cercana y situada el sudeste de la gran laguna de Gallocanta. De agua salada al igual que ella, la encontramos a mitad de camino entre las poblaciones de Bello y Tornos, pero a la derecha de la carretera no a la izquierda como se sitúan “Los Lagunazos”. Actualmente se puede observar (si se encuentra con agua suficiente) desde un observatorio que hay justo en la carretera. Sufrió a mediados del siglo XX un proceso de desagüe, drenaje y secado, que al contrario del diseñado la para las de Gallocanta y la Zaida, si se ejecutó.




Las Balsas de Carabejas, son tres pequeñas lagunas situadas entre las poblaciones de Bello y Torralba de los Sisones, que abarcando un área aproximada de unas 4,3 ha representan un pequeño pero fascinante humedal dentro del espacio de la Laguna de Gallocanta. Convirtiéndose en un espacio relevante durante el invierno, al ser un lugar excelente de avistamiento en la observación de gruyas y otra avifauna.




Al norte de Gallocanta, entre los p k. 20 y 21 de la carreta que une Venta Alegría y la población de Santed, una desviación de un centenar de metros nos sitia en las conocidas como las Balsas de Santed. Encontrándonos dos pequeñas lagunillas endorreicas (sin salida natural o desagüe) de carácter estacional. La grande (3,5 ha) es de agua dulce y con un carácter más permanente, mientras que la pequeña (2,4 ha) es de agua salada y desaparece estacionalmente.




Sirven de resguardo a cierta fauna local y donde acuden los jabalís a beber, siendo especialmente reseñable por ser refugio de avifauna que las comparte con la cercana de Gallocanta, habiéndose catalogado hasta veintinueve especies en ellas, por lo que han sido declaradas como LIC “Lugar de Importancia Comunitaria” y ZEC “Zona de Especial Protección”, que abarca dieciséis hectáreas con su área de influencia. Cuando las visitamos pudimos observar en completa tranquilidad un grupo de media docena de flamencos rosas, que a su vez nos vigilaban a nosotros.

 

Apenas 15 km. (15 min) en dirección noroeste se encuentra la Laguna de Guialguerrero, formando parte al igual que las balsas de Santed del complejo lagunar de Gallocanta. Siendo este humedal un auténtico recurso para los ornitólogos y los amantes de la naturaleza. Este pequeño marjal de unas 10 ha. se sustenta de manantiales propios, por lo que mantiene su estabilidad hídrica aún en periodos secos. Siendo su agua dulce y no muy mineralizada.

Su hábitat compuesto por un perímetro de aneas, carrizales y juncos, sirve como refugio a una diversidad de aves acuáticas como la focha, el somormujo lavanco, los zampullines cuellinegro y chico, el aguilucho lagunero, garza real e incluso cormoranes, pudiendo tener la suerte de observar aves esteparias como el sisón o la avutarda. Pudiendo sacar buenas instantáneas de las especies en ese momento existente.


A pocos metros se encuentra una antigua ermita de la Virgen (y casa del santero) a la que se acude en romería el último domingo de agosto. Pudiendo testimoniar como es tantos otros casos la existencia de un antiguo poblado medieval, en este caso llamado Villarguerrero.


Retrocedemos sobre nuestros pasos por la A-2506, y diez kilómetros más al sur o 10 min de vehículo nos encontramos el mirador de Laguna de La Zaida. La lámina de agua, situada en el término municipal de Used, que recoge las aguas de los arroyos descendientes de la Sierra de Santa Cruz. Siendo acumuladas en una extensión de 230 ha. ocupando el fondo de una cubeta de más o menos 1,5 kilómetros de diámetro. Sus aguas son dulces en contraste de las de Gallocanta y de escasa profundidad (máxima de un metro), sobre las que resaltan sus escarpados márgenes calizos entre las dúctiles lomas.




No pudo ser más demoledor el espectáculo que observamos al llegar a ella, cosechadoras y tractores recogiendo el grano de la inmensa planicie cultivada en la que estaba convertida la laguna. Mis peores pensamientos en ese momento……. “una más de las lagunas que han desecado para sacar provecho agrícola……….. de nuevo la insaciable avaricia del ser humano”. Pero bastó infórmanos como para cambiar tajantemente de opinión, ya que la Zaida es mucho más que un simple humedal, es un fiel reflejo de la historia, la cultura y la adaptación del ser humano al medio ambiente.

 

Su sistema de explotación-conservación, consiste básicamente en alternar cada año el régimen de aprovechamiento agrícola y el de preservación de la lámina de agua. Para ello cada 15 de agosto se abren o cierran unas compuertas existentes en la represa conocida como La Parada, regulando la entrada o no de agua en la laguna. Consiguiendo que las tierras se fertilicen en los años que esta colmatada con los sedimentos aportados, mejorando de esta manera su rendimiento en los años en que se encuentra seca y productiva. Convirtiéndose en un espacio de naturaleza y vida silvestre cuando la laguna esta rebosante de agua,  transformada en un hábitat excelente para gran variedad de aves acuáticas, así como numerosos crustáceos de agua dulce (cangrejos), que a su vez sirven de alimento a las anátidas.

 

Este único y ancestral método de gestión agro-sostenible de inundaciones y cosechas, del que se sabe hay constancia desde el siglo XVI, tiene como referente más señalado el encharcamiento alterno de las orillas del Nilo que ya se realizaba en el antiguo Egipto. Encontrándonos ante una laguna de hasta 215 hectáreas (en periodo de abundantes lluvias), la mitad de las cuales son propiedad comunal local (Comunidad Junta de Zaida). Entidad que divide el espacio útil en “suertes” (lotes o parcelas), que en número de 84, son asignadas de por vida a los matrimonios de más edad en la población de Used, siempre y cuando residan en él al menos seis meses (y un día) al año. Sistema que, en el pasado (cuando no había pensiones) garantizaba el sustento de los más mayores.

Estas parcelas, pequeñas, estrechas y alargadas, con una superficie aproximada de una hectárea, debido a este curioso sistema de gestión, hace que sean dos veces más fértiles que el resto de las existentes en el municipio. Siendo además su visión paisajística variable año a año, transformándose de terreno agrícola, a ser una laguna plena de vida con una abundante población de grullas y otras aves que hasta ella se acercan. 




La laguna de la Zaida es un variable y eficiente ecosistema, sirviendo como ejemplo a los codiciosos de turno y los gestores públicos, de cómo son compatibles el desarrollo humano y el respeto por la naturaleza. Por ello quiero resaltar que la Zaida representa bastante más que una simple laguna, estamos ante un ejemplo a calcar, imitar y repetir. Legado histórico que ha llegado a nosotros desde hace 500 años y del que debemos aprender, no solo en la gestión compartida en comunidad, también como sistema de sostenibilidad de los entornos naturales de los que estamos rodeados.

 

La Zaida y Gallocanta no son lagunas aisladas, ya que forman parte de un conjunto de más de veinte encharcamientos, ocupando el fondo de una amplia planicie en medio mitad de la Codillera Ibérica. Encontrándonos en la parte suroeste, ya en la provincia de Guadalajara (La Yunta , Campillo de Dueñas y Sesma del Campo), a los pies de la ladera este de la Sierra de Caldereros), que si bien las separa la planimétrica línea que delimita Zaragoza y Guadalajara, podemos decir que conforman el mismo paisaje y hábitat natural. Conformándolo los humedades de: Balsa de Campillo de Dueñas, Laguna Llana, Laguna del Cuartizo, Laguna del Rubio, Laguna del Mojón, otra Laguna Llana en Cañada Palacio, Laguna Honda y La Lagunilla, en las que su base arcillosa ha permitido la formación de estos humedales semipermanentes.

Seguimos más al sur unos 20 km. para introducirnos en la Sexma del Pedregal (se les llama “sexmas” a las comarcas en las que está dividida la tierra de Molina de Aragón) y llegar a Setiles. Agradable y activa población pese a sus pocos habitantes, que no llegan en la actualidad a los 80, pero que en tiempos de su máximo esplendor cuando estaban en pleno auge las minas de hierro 1920 /1930 llego a superar las 1.120 almas, siendo por lo tanto un enclave originariamente minero, aunque venido a menos al desaparecer la actividad en 1990.




Hasta aquí nos ha traído la ruta de las lagunas, pues en su cercana inmediates (apenas 600 mts.) se halla la Laguna de los Majanos o de Setiles, cuya peculiaridad estriba en que se sitúa en lo alto de un amplio cerro por encima del caserío. Situada a los pies de la maltratada Sierra Menera, de la que tanto hierro se ha extraído a lo largo de los siglos, dejando fuertes cicatrices. Son sus aguas vertidas hacia poniente las que conforman esta hermosa laguna. Aguas con un alto contenido ferruginoso, de ahí a veces el tono cobrizo - parduzco en partes de ella.




Dividida en dos partes separadas por una dársena, posee un área recreativa con mucha aceptación para los locales y foráneos. Queriendo destacar que aun no estando en una de las zonas de más atracción turística de la zona, nos encontramos en un paraje de sencilla belleza. Donde observamos en todo su suntuosidad la cercana Sierra Menera, la no tan cercana Sierra de Caldereros, así como las Sierras de Aragoncillo y Molina.

 

Terminando el relato, que ya está bien, trasladarnos a la Laguna de Tordesilos ya lindando con Teruel. Este pequeño pero atrayente humedal situado a unos cuatro kilómetros de la población que le da nombre, se ha formado por las escorrentías de los montes próximos al encontrar una base de arcillas. Rodeado de juncos y con una buena área recreativa es uno de los lugares idóneos pata observar gran variedad de aves como la garza real, la lavanda boyera, el ánade azulón, la calandria y otras muchas. 


Hasta aquí un extenso paseo por zonas no muy conocidas del suroeste aragonés y noreste guadalajareño...... que hay que ir a visitar.






sábado, 29 de agosto de 2026

- Eclipse de luna…… latitud Soria

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Apenas han pasado 15 días del requete-anunciado “eclipse solar del siglo”, cuando el firmamento nos vuelve a regalar otro fenómeno astronómico, que si bien no tiene la trascendencia del anterior, sí que genera sensaciones e inquietudes a las personas con cierta sensibilidad o inequívoco sentido emocional…… cualidades que no detenta todo el mundo. Se trata de un eclipse lunar parcial profundo, que coincide con la Luna Llena de Esturión, situada en estos momentos en la constelación de acuario.

 

Aquí; entre los paralelos 41º y 42º (norte) y los meridanos 2º y 3º (oeste) es decir; por tierras sorianas, pudimos observar el prodigio en la noche, o mejor dicho en la amanecida del día 28 de agosto. No sin la preocupación de haber estado todo el día sometidos a grises nubarrones que nos tuvieron en vilo hasta prácticamente la hora de la cena. Cuando la luna apareció esplendorosa por encima del horizonte a falta de unos 15 minutos para las 21 horas y con una luminosidad del 98,49 (el lleno total se produjo a las 5,18 horas), nuestro ánimo recupero la esperanza, ya que el firmamento estaba prácticamente despejado.

 

El singular evento astronómico comenzó a las 4,25 horas, por lo que nos mantuvo toda la madrugada en candelero. La luna tuvo su ocaso a las 7,40 de la amanecida y al durar el eclipse hasta las 8,05, es de rigor que no pudimos ver el final del mismo ya que en esta parte del centro peninsular el satélite se había escondido a esa hora. Pudiendo disfrutar del espectáculo unas tres horas quince minutos, que no fueron completas pues algunas cabezadas hicimos entre medias.

 

No fue un eclipse total del satélite terrestre, pero casi ya que llego a ocultar en su momento más álgido (6,12 horas) oscureciendo hasta un 93% de su espacio.

 

Un eclipse lunar se produce cuando los tres elementos se encuentran alineados, interponiéndose la Tierra entre el Sol y la Luna, proyectando nuestro planeta su sombra sobre el satélite. Pudiendo paulatinamente observar cómo va tomando unas tonalidades rojizas, al filtrar nuestra atmosfera la luz solar, bloqueando una parte sustancial de los tonos azules pero si dejando pasar los rojos.



Cada año se desarrollan de 4 y 7 eclipses solares y lunares en la tierra
, los cuales solo son limitadamente observados en algunas partes del planeta. Normalmente estos episodios suelen darse de seguido, pudiendo suceder a un eclipse de sol otro de luna, como ha ocurrido en este caso. Motivo por lo que habitualmente cada periodo anual se suceden por lo menos dos eclipses solares y dos lunares.

 

Los próximos eclipses selenitas que podremos observas son: penumbrales de Luna (poco perceptibles) los días 20 de febrero, 17 de agosto de 2027 y 9 de diciembre de 2030. Podremos disfrutar de eclipses parciales de luna el 12 de enero, 6 de julio de 2028 y el 15 de junio de 2030. Siendo total los eclipses de luna que podremos ver en las noches de los días 31 de diciembre de 2028, así como el 26 de junio y 20 de diciembre de 2029.

 

Y los próximos eclipses de sol visibles desde nuestra piel de toro son: el 2 de agosto de 2027 (eclipse total) y el 26 de enero de 2028 (eclipse anular). 

 

De esta manera ya estáis informados……….. ahora a disfrutarlos.




miércoles, 26 de agosto de 2026

- Rillo de Gallo / Barranco de la Hoz – Señorío de Molina de Aragón

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Visitamos a través de estos párrafos los rededores del río Gallo, afluente del Tajo en su parte más alta, situándonos en la Guadalajara más oriental. Completando un recorrido de 81 km. hasta su desembocadura al juntarse con el Tajo en el “Vado de Zaorejas” y Puente de San Pedro, desde su nacimiento en Orihuela del Tremedal, donde conforma un curioso “río de piedra” conocido como Borrocal del Río Gallo. Este curioso efecto geológico consistente en extensas y largas coladas de bloques de piedras de hasta un par de kilómetros de longitud. Originales canchales pétreos que tienen su origen en los procesos de fragmentación de las cuarcitas existentes en la zona por la acción del hielo/deshielo, probando que estas masas rocosas por efecto de la gravedad se desplazan hacia el valle, dando la visión de verdaderos “ríos de piedra”. Pedreras que podemos encontrar a lo largo de la Sierra del Tremedal y Montes Universales en el Borrocal de los Pradejones, Borrocal del Tremedal, Borrocal de la Majada de las Bacas o el Borrocal del Enebral.
 


En su recorrido el rio Gallo cruza por medio mitad la villa de Molina de Aragón, verdadera capital de toda la comarca y señorío que lleva su nombre. Por aquí el río que hoy ocupa nuestras letras, tenia fama de albergar buenos cangrejos, hoy inexistentes por la apreciable contaminación de soportan sus aguas, donde la vida animal debe ser prácticamente inexistente………….. “país”, diría Forges. Pero a Molina le dedicare aparte su buen merecido artículo, ya que tiene interesante historia, lugares reseñables y curiosas andanzas.



A poco de trecho de la población molinesa aguas abajo, nos encontramos la finca conocida como Casas de la Torrecilla y sobre ella una altiva atalaya con la misión de custodiar el valle, los caminos que transcurren por sus proximidades y la entrada a Molina de Aragón por el poniente de gentes castellanas. Apodada La Torrecilla, es una más de esas construcciones bereberes o mauras (de Mauritania / moras) que durante los siglo IX y X erigieron los musulmanes. Atalayas de vigilancia o torreones defensivos erigidas en estratégicos lugares que a la vez pudieron servir en el control de mercancías y como refugio para los caminantes.

 

Se encuentra en estado de ruina, aunque bastante entera. Su interior fue convertido en palomar, abriéndole una puerta en la base para su fácil acceso, toda vez que estas construcciones tenían su entrada a la altura del primer piso, para complicar los ataques a ella. Parece que no tardando (estamos en 2026) se va a efectuar una restauración completa, devolviéndole su original finalidad observadora. Como curiosidad, indicar que esta gallarda atalaya al septentrión del valle del Gallo, sirve de habitar para una familia de cernícalos, siendo un lugar normal su uso para este tipo de rapaz.

A tiro de piedra o vuelo de cernícalo nos encontramos la población de Rillo de Gallo, conjunto urbano a orillas de la N-211 (Alcolea del Pinar / Fraga (Huesca)) que no pasa desapercibido, pues desde la misma carretera podemos observar la singular, extraña y modernista edificación que cuenta ya 15 años (consta como fecha final de construcción 2011), aunque siguen adosándose detalles en la actualidad. Conocida como el Capricho Rillano, la casa trasmite de forma absoluta e inequívoco el estilo “gaudiano” que su dueño Juan Antonio Martínez le ha querido conferir.

 

Al obsérvala percibimos que ningunos de sus elementos es lineal, siguiendo todos las formas onduladas o curvas: columnas helicoidales o salomónicas, cubiertas alabeadas, cúpulas y aleros paraboloides o hiperbólicos en llamativos tonos, encorvadas crestas de sugerentes matices, etc. Todo integrado con puertas, ventanas y escaleras de imaginativas filigranas realizadas en forja, complementado todos los lugares con mosaicos de atrayentes colores. Donde podemos percibir elementos mágicos como girasoles, ranas, esfinges, ojos....... y hasta una enorme serpiente que recorre todo (de arriba abajo) el esquinazo sur, rememorando la que, según leyendas, existió en lo que hoy es el despoblado de Villacabras.

Abandonada ya en 1478, Villacabras se sitúa 7 km. al norte de la población de Rillo, quedando de aquella solamente las ruinas románicas de la ermita de la Virgen de la Carrasca, de las que aun sobresale su sugerente arco triunfal. Templo que aun después de ser deshabitado mantuvo un santero durante bastante tiempo. Pero Villacabras fue anteriormente un buen castro celtibero, y según el ilustre historiador, masón y librepensador molinés Anselmo Arenas López, Viriato pudo ser incinerado y sepultado aquí, así lo traslada en su crónica de 1900 “Viriato no fue portugués, si no celtíbero”, pues sus incursiones y enfrentamientos contra los romanos se situarían en las sierras del Maestrazgo y de Molina. Pudiéndose ubicar en Villacabras…….. Villa Arcabrica, la antigua ciudad celtíbero - romana de Arcabrica.




También en Rillo encontramos grabados rupestres (petroglifos) en las rocas adyacentes del Prado Burbullón, en la margen derecha del arroyo Viejo. Correspondiendo la datación de los más antiguos posiblemente al periodo de transición entre el “calcolítico” y la Edad del Bronce o Bronce Antiguo (mediados del III milenio y principios del II a. de C.). Correspondiendo en una segunda etapa a la protohistoria, y finalmente a los que nos acercan a la iconografía religiosa con la intención de acentuar la cristianización de estas tierras. 



No muy alejados se encuentran los petroglifos o grabados de Peña Escrita (Piedra del Moro la llaman los lugareños) ubicados en Canales de Molina, representando símbolos exotéricos y figuraciones humanas de complejo discernir, pero esa visita la realizaremos en época de menos canícula.

Si que nos hemos acercado hasta el escarpe rocoso de Rillo I, donde no sin dificultad pudimos encontrar sus pinturas rupestres (declarados Patrimonio de la Humanidad en 1998) que allí se muestran sin ninguna protección. Abrigo del Llano es como se conoce este lugar y en donde podemos observar las no muy bien conservadas cinco representaciones más destacables (de las 11 que componen el panel), clasificadas por los expertos en el conjunto de “arte esquemático levantino” y datadas entre el neolítico y el calcolítico (edad del cobre). Destacando especialmente una figura de perfil femenino por el relieve de sus formas, siendo las demás restos y fragmentos de otras figuraciones. Quedando, al igual que Peña Escrita, para mejor época la visita del abrigo de Rillo II situado en la zona de Las Aguaderas.


Cambia el rio Gallo la dirección noroeste que había mantenido hasta aquí por la de suroeste, dirigiéndose a las poblaciones de Corduente y Ventosa. Debiendo de visitar antes de llegar a la primera el Castillo de Santiuste, que de propiedad particular se encuentra en muy buen estado de conservación. La localidad de Corduente ejerce como puerta de entrada al Parque Natural del Alto Tajo por su flanco noreste, siendo una aldea tranquila y acogedora que cuenta con los servicios mínimos de abastecimiento y ocio para sus locales y foráneos. Habiendo existido en ella una Fábrica de armas, que llegó a ser el 5º alto horno del país durante el siglo XVII, fundición que ordeno construir el pasmado y “picha brava” de Felipe IV, que tras su visita a la zona y probar las truchas del Gallo ya no dejo de degustar otras. Como reconocimiento a esta instalación y su pasado como manufactura bélica, figura en el escudo de Corduente tres bombas de artillería. 

A algo más de 2 km. al noroeste de Corduente por la carretera hacia Cobeta y Zaorejas nos encontramos el Centro de Interpretación de la Dehesa. Instalado en un ecosistema de “dehesa húmeda” caracterizado por la sucesión de recogidos prados, aisladas lagunas y matas de pinar que van transformándose en verdaderos pinares a medida que cogemos altura. Praderas que se extienden hasta las cercanías de la población de Torremocha del Pinar en donde estos pastizales están declarados “Microrreserva”.

 

Volviendo al río Gallo y al poco de seguir el sentido descendiente de sus aguas, estas se introducen en una zona de accidentado relieve, conformando el conocido y espectacular cañón fluvial del Barranco de la Hoz, que compuesto por esas características rojas rojas del triásico inferior (250 millones de años), donde la acción del viento y el agua ha ido erosionando y moldeando esas magnificas formas en columnas o bloques estratificados, generando poderosos contrastes geológicos que desde los distintos miradores existentes podemos observar.

Un espectáculo desde el que es casi imposible poder extraerse de observar la portentosa naturaleza que se presenta ante nuestros ojos. Panorámica que se nos presenta completa, con unas vistas que abarcan desde las partes altas donde se sitúan los extraordinarios riscos de arenisca, hasta llegar con nuestra mirada a las partes bajas donde se disponen los conglomerados. Ambas formaciones rocosas que la erosión fluvial durante millones de años ha dejado al descubierto a través de interesantes estructuras sedimentarias en forma de pilastras, torreones y murallones marcados por los estratos como enormes cicatrices.




Cantiles estratigráficos de una soberbia calidad por el detalle con que se aprecian sus rasgos, convirtiéndose sus “conglomerados” en ser los primigenios sedimentos del triásico en toda la zona la península ibérica. Riscos que nos regalan extravagantes y vistosas formas de las que destacan los “tormos” (pilares aislados y separados de las paredes) como La Tinaja y El Uso, altivos roquedos que aun destacan más por sus cálidos matices.

 

A través de millones de años las aguas de río han ido labrando y modelando bellas y caprichosas formas en los rojos cantiles que colmatan sus orillas, configurando uno de los espacios naturales más sublimes de toda la provincia. Considerado como lugar de notabilidad por el Instituto Geológico Minero de España y calificado de relevancia internacional, ha alcanzado la declaración de “Lugar de Interés Geológico” dentro del Geoparque de Molina de Aragón - Alto Tajo.

Este conjunto de altos roquedales, donde la acción de los elementos ha generado gran cantidad de oquedades, grietas y repisas, sirven de morada y abrigo a variedad de aves como el águila real y perdicera, halcón peregrino, buitre, alimoche, chova, cuervo………, y otros de menor índole como la grajilla, vencejo, avión, gorrión, roquero azul o collalba negra. Lugar propicio para que se generen cavidades y cuevas como la sima de la Muela, la cueva del Horniciego, cueva del Vía Crucis…… así como espléndidos miradores.




Oteros que son sin duda uno de los puntos más sugerentes de todo el recorrido, destacando por su espectacularidad el que asciende a lo alto del barranco por encima del Santuario de la Virgen de la Hoz. Ascensión, a pie, que transcurre a través de una sinuosa senda con “unos cuantos” escalones tallados en la propia roca, pasando por tres de los más atrayentes miradores de la zona. Los dos miradores intermedios proporcionan vistas interesantes del cañón y el superior, una visión más general. El segundo de ellos o intermedio es conocido como “La Cueva”, pudiendo observar en él marcas de raíces de plantas que se dieron en tiempos pretéritos en los sedimentos arcillosos de las orillas de antiguos ríos, estando situados hoy cientos de metros más altos.

 

En 1753 el misionero franciscano José Torrubia visito esta cueva, toda vez que un pastor de la zona había encontrado unos huesos de gran tamaño. El clérigo ascendió hasta la cueva de la hoz, y sin tener conocimiento hoy en día de que inauguraron la espeleología científica en nuestro país. Sirviendo de germen a esta nueva rama científica este lugar repleto de valores paisajísticos, ecológicos, culturales así como espacio de gran atracción geológica.

Si bien los pinos resineros repueblan sus laderas, un bonito bosque de ribera escolta sus márgenes. Arboleda que durante el otoño adquiere una gama de tonalidades, generando multitud de imágenes dignas de ser captadas por la cámara fotográfica. Siendo en el ocaso del día, con esa luz especial iluminando las antediluvianas rocas, cuando se producen una sensación en el ánimo, transformando la visión panorámica en un elemento mágico.




A mitad del barranco, incrustado entre altas paredes de rocas, se ubica el afamado Santuario de la Virgen de la Hoz, encontrándose custodiado por llamativos farallones, que en ocasiones pueden hacernos parecer extrañas figuras creando en nuestras mentes fantásticas historias. Un lugar de desbordante encanto y majestuosidad donde se respira serenidad y silencio. Aunque su original románico pertenece al siglo XIII, ya aparece documentado en el siglo XII (1168) como Santuario de Santa María de Molina, casi cuarenta décadas más tarde de que el “rey batallador” Alfonso I se apoderara de estas tierras sarracenas.

 

De aquellos tiempos viene la fantasiosa leyenda de la aparición de una virgen guardada entre unas rocas ante la invasión de los árabes allá por el siglo VIII. Viviendo un episodio más de apropiación en “exclusiva” por parte de la iglesia católica; como ha ocurrido en tantos otros lugares de la geografía española; de un espacio a nuestro alrededor con una poderosa y bella naturaleza que debería estar exenta de cualquier ideología, credo o religión. Esto que comento no es nuevo, se lleva produciendo desde que el papa San Gregorio Magno lo estableciese por escrito en al año 601 en una carta dirigida al abad Melito (Epístola ad Mellitum) donde trasladaba instrucciones de como cristianizar lugares paganos, redirigiendo el culto hacia el "Dios" verdadero. 

Se cree que desde la “milagrosa” aparición de la figura virginal: los Señores de Molina (Casa de Lara) a partir de 1231 hasta 1245, los Templarios hasta 1314 y los monjes Cistercienses de Ovila (Trillo) en 1321, serían los encargados de custodiar el monasterio. 


Hasta que sobre el año 1503, el caballero molinés Fernando de Burgos reedificase el santuario, levantara una casa para ermitaños y lo convirtiese en lugar de culto y peregrinaje, que no sin algunas vicisitudes ha llegado a nuestros días.

En donde descubrimos bajo unas grandes rocas, a orilla y cauce del rio Gallo, un templo no muy grande de una simple nave en estilo “gótico-renacentista”, que custodia una imagen románica de la virgen datada en el siglo XII. Complementando el conjunto la Casa del santero y una hospedería que desgraciadamente se encuentra cerrada en la actualidad.