jueves, 23 de abril de 2026

- Abedular de la Cuba…… un bosque de plata en medio del pinar (Muriel Viejo)

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Rodeados absolutamente por buenos ejemplares de pinos silvestres (pino albar), atravesamos la novedosa y metálica portilla que indica la ubicación que buscamos. El día amanecido húmedo y gris plomizo, pero aun así hemos decidido conducir una hora para allegarnos hasta aquí. Antes de acercarnos hasta nuestro objetivo, nos aproximamos hasta la inmediata balsa de El Lagunazo que en medio del boscaje y rodeada de verdor nos regala una hermosa imagen preludio de la jornada, aun lloviendo. 

Una sutil vereda nos dirige por el pinar durante unos centenares de metros, comenzando a vislumbrar ante nosotros aislados elementos de dispar arbolado del que hasta ahora nos había acompañado, que al avanzar por la senda cada vez se hacen más copiosos y abundantes. Los elegantes y poderosos pinos de recta hechura, tupida cabellera y rojiza piel, han dado paso a un conjunto de abundante bosquete, que incluso sin vestidura (aun no le han salidos sus hojas) se nos presentan alegres y juveniles. Llamándonos la atención sobre manera el sorprendente e intenso tono plateado de sus troncos…….. efectivamente hemos llegado al sugerente, interesante y singular “Abedular de la Cuba”.




Su nombre “betula” es un derivado de la palabra latina “ betūle” de origen celta que expresa betún o asfalto. Elemento que se utilizaba en la antigüedad como un adhesivo natural o betún vegetal, el "alquitrán de abedul". También hay quien lo relaciona con el verbo latino “batuo” (castigar), pues antiguamente se dedicaban las ramas largas y flexibles del abedul para flagelar a los malhechores. Usado También con este fin para sancionar a los colegiales que no eran aplicados, recibiendo por ello el sarcástico sobre nombre de “árbol de la sabiduría”.

 

El “abedul” es un elegante árbol planocaducifolio (de hoja plana que se cae cuando llegan los fríos), alcanzando a tener una altura de entre 10 y 30 m. siendo su implantación en nuestras latitudes sorianas de escasa propagación, toda vez que al ser una especie típicamente eurosiberiana (norte de Europa y Asia), le gustan los climas húmedos y frescos, encontrándose en nuestro país de forma aislada en umbrías, trampales, lagunas y riberas de ríos. Localizándose en la península ibérica de forma más habitual en el norte y en áreas de montaña entre los 1.000 y 2.000 m. de altitud, ocupando terrenos de turberas y zonas húmedas propias de ubicados fríos.

En la zona por donde nos movemos del sistema ibérico soriano, el abedul se nos presenta como una especia relicta (abundante en otros tiempos pero escaso en la actualidad) que crece de forma aislada), recuerdo de periodos donde una climatología húmeda era más habitual. Su nominación científica “betula alba” (abedul blanco) ya nos da señas de tu topología ALBA = BLANCO, definiendo su característica más señera, el color que lo hace resaltar por su lisa corteza blanco-plateada, donde radica la mayor parte de su elegante belleza. Presentando su envoltura líneas o bandas horizontales algo más oscuras que se desprende en tiras, derivando hacia una tonalidad más pardusca en la base del tronco. Tallos que se suelen ramificar desde su base (multitronco), generando varias plantas a la vez.




Sus verdes e irregularmente dentadas hojas, en otoño, antes de caer, se tornan en amarillo dorado. Hojuelas que poseen un peculiar, aromático y penetrarte olor, con un sabor amargo cuando se secan. Sus originales y colgantes flores (amentos) surgen en primavera (abril).

 

Este árbol, símbolo y representación de los extensos bosques escandinavos y rusos, es toda una fuente de riqueza. Su madera, casi blanca, blanda y poco duradera, huele a cuero, siendo usada para ahumar carne o pescados en los países del norte europeo. Utilizándose principalmente para la elaboración de pasta de papel, contrachapados, fabricación de toneles, carpintería, torneados y obtención de carbón vegetal, usándose así mismo en la construcción de puentes, cercados, cordeles, madreñas, aparejos de labranza y utensilios de cocina.

 La plateada piel de su elegante tronco no solo genera belleza, también posee otras cualidades o utilidades, pues de ella y sus yemas se extrae un aceite poseedor de múltiples propiedades medicinales. Siendo su alto contenido en ácido betulínico bastante eficaz contra cierto tipo del melanoma (agresivo cáncer de piel). Su copiosa sabia rica en “taninos”, y extraída entre marzo o abril a raíz de unos 5 litros por día, tiene propiedades antirreumáticas, diuréticas, cicatrizantes y antiinflamatorias, extracto producido hoy en día por la marca “Soria Natural”. Así mismo, a partir de este jugo se obtiene por fermentación en el norte de Europa, un preparado alcohólico conocido como "cerveza de abedul".




Conocida como "pergamino de abedul", su sutil y fina corteza, casi transparente fue usada para transcribir, dándole la nominación de “librum” origen de la actual palabra "libro", conservándose en la actualidad gracias a ello valiosas y arcaicas escrituras realizadas en alfabeto cirílico.


Con las ramas de abedul se hacían las escobas de barrer la paja en las eras después de trillar las “parvas”. Recuerdos me llegan de esos días de verano; en donde fueran las “eras”, hoy piscinas y campo de futbol; viendo a mis ti@s (fundamentalmente ellas) barriendo hasta el último resquicio de grano en suelo, con esas rusticas escobas de baleo confeccionadas con las finas ramas ya tostadas por la sequedad y agavilladas un par de veces con rudimentarios cordeles para su sujeción y apaño……….. que veranos aquellos en Quintana Redonda.  

 Y para disfrutar de los abedules en su conjunto, nos hemos trasladado hasta los dos “Muriel”, en plena Zona de Especial Conservación “Sabinares Sierra de Cabrejas” (importante área a la que ya he dedicado párrafos en otras ocasiones). Toda vez que junto a las dehesas de Muriel de la Fuente y Muriel Viejo existen dos pequeños bosques de abedul blanco, vestigios de una predominante vegetación existente durante la era pos-glaciar. Restos que nos señalan la existencia de sustratos húmedos o turberas en suelo temblante (terreno cenagoso, lodoso, inestable y blando al caminar sobre él).

 

Siendo el Abedular de la Cuba en Muriel Viejo el que sobresale por su conservación ocupando la singular turbera, que si bien, sus orillares han sido mancilladas inconscientemente, en parte por el desconocimiento y la ignorancia de la mano humana a fin de fomentar la repoblación de los pinos que nos rodean, se ha salvado milagrosamente de la desaparición.




Encontrándonos en un pequeño bosquete monoespecífico (dominado por una única especie, donde casi todos sus ejemplares son parecidos en tamaño, desarrollo y tipología) de abedul (Betula alba) con una extensión de entre 4 y 4, 5 hectáreas. Que asentado sobre un trampal (zona de turbas húmedas), rodeado por extensas y tupidas formaciones de pino silvestre o pino negral de repoblación, conforman el extenso y denso bosque, justo en la unión de la Comarca de Pinares de Soria-Burgos con los Sabinares de la Sierra de Cabrejas.

 

Bajo su sombra y a sus pies se desarrollan otras especies vegetales de interés, que aprovechándose los húmedos suelos comparten hábitat. Destacando una variedad autóctona y endémica en el Sistema Ibérico de narcisos “Narcissus Eugeniae”. Que tapizando totalmente gran parte del bosque de abedules, al florecer entre finales de marzo y principios de abrir, lo convierten en una atrayente alfombra amarilla, contrastando de forma sugerente con el plateado de los troncos convirtiendo el lugar en un insinuante juego de luces y tonos.

Para poderlo observar en su magnitud sin dañar tan frágil espacio existe la posibilidad de realizar dos recorridos, que si bien son muy similares, se diferencian en la distancia a recorrer que en ningún caso es excesiva:




- El primero de ellos es una ruta circular de unos 4 km. que se puede comenzar dejando el vehículo al comienzo del Camino de las Raíces (ver en el mapa itinerario azul)  en la que podemos no solo observar el bosque de abedules, también el conjunto de su entorno, así como El Lagunazo.


- El otro, parte del pueblo de Muriel Viejo (itinerario rojo) y por la orilla del rio en un recorrido de alrededor 6 km. nos devuelve al origen por el Camino de las Raíces después de haber visitado el abedular, los elementos singulares de la zona y el humedal de El Lagunazo, si vamos en época propicia.

 

En invierno, cuando el árbol se encuentra desnudo sin hojas, su atrayente corteza destaca más todavía de entre lo que se observa a su alrededor. Siendo en ese momento cuando deberíamos ir a hacerles una visita, pero sobre todo en primavera época en la que su base se cubre de amarillo con las flores de los narcisos como si fuera una alfombra. También durante el otoño donde sus hojas lo visten de dorado, siendo en este momento del año cuando el Abedular de la Cuba, al contrastar su tonalidad con el pinar aledaño, su efecto es aún más sorprendente y espectacular. 

 

La fragilidad de este espacio a promovido la intervención de la Junta de Castilla y León hacia su protección declarándolo Microrreserva de Flora, impidiendo su deterioro por la creciente presión humana.

 

En Muriel Viejo encontraremos el Hotel /restaurante El Cielo de Muriel, de categoría “starlight” (en defensa de la calidad de los cielos nocturnos, la protección contra la contaminación lumínica y la observación de estrellas como patrimonio), con un observatorio para poder desarrollar esta actividad, no os molestéis en llamar para contratar en el día del gran eclipse de 2026 (12 de agosto), porque esta todo ya reservado. Y en los alrededores podemos disfrutar de lugares tan especiales y sorprendentes como: La Fuentona, el Sabinar de Calatañazor, Calatañazor pueblo e historia, los sabinares de la Sierra de Cabrejas (el más grande de Europa), la misma población de Cabrejas con su tipismo, El Chorrón y las ruinas del Castillo e incluso el Cañón del Río Lobos y su entorno.

 

No es un árbol que se prodigue mucho por nuestras latitudes, estando su hábitat natural en regresión, pudiendo encontrar en nuestra geografía agrupaciones de abedules más o menos densas sobre todo en la franja atlántica y zonas montañosas del norte y centro, aunque su dispersión puede llegar hasta las montañas del Riff marroquí, situándose estos en altas cotas. Encontrando aun abedules de cierto porte en: Montes de Areta (Navarra), Garganta de Escuaín (Huesca) Clot de Baretja (Valle de Arán), Setcases (pirineo gerundense), Pena Trevinca, Texeido y Sierra de Queixa-San Mamede (Ourense), Sierra de Ancares (León/Lugo), Laciana y Leitariegos (León), Bosque de Muniellos, Puerto de pajares y Puerto Connio (Asturias), Liébana, Tres Mares y Collados de Asón (Cantabria), Bosque de Canencia y Somosierra (Madrid), Pico Rocigalgo (Toledo), Abedular de Riofrío (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real), Sierra de la Las Villas (Jaén). Queriendo hacer una mención especial a los abedules existentes y resistentes de la madrileña La Pedriza de Manzanares, tanto en el Circo de la Pedriza como en la Hoya de San Blas y en las laderas de La Najarra. Con mención especial al “Abedul de Hinojosa de la Sierra” (Soria), conocido por su forma como el “candelabro”, que después de 250 años de existencia nos dejó en el 2015.


Estos lugares sí que son las verdaderas “minas de plata” para la prosperidad y contra la despoblación de estas tierras sorianas, no las macro-granjas porcinas que sin parar autoriza la Junta de Castilla y León, poblando de podredumbre, purines contaminantes y malos olores algunos de las zonas más distintivas y específicas de esta singular geografía castellana.







miércoles, 15 de abril de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) II

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Continuando la ruta sobre las Cascadas del Norte de Burgos I, que habíamos dejado en la Merindad de Valdeporres (Puentedey – Cascada de La Mea), retomo los párrafos por lugares algo más al sur abandonando definitivamente la Cordillera Cantábrica, pero sin perder los interesantes paisajes que los remplazan, pues todo el septentrión burgalés es una continua variedad de diferentes panoramas y horizontes.

 

La ruta nos lleva a introducirnos en los sugerentes y enigmáticos Cañones del Ebro - Rudrón, donde además de disfrutar de esos sugerentes paisajes visitaremos una sucesión de desplomes de agua en su recorrido. Nos allegamos hasta la aldea de Villaescusa de Ebro, introduciéndonos apenas dos kilómetros en la vecina Cantabria, para desde allí acercarnos a través de un grato paseo hasta el lugar por donde se desprende el agua, por las singulares formaciones de roca travertina o tobácea formada por el exceso de carbonato cálcico en sus aguas. Por encima de la cascada existen tres oquedades que forman un eremitorio rupestre de entre los siglos VI y VII. Seis kilómetros aguas abajo del Ebro nos encontramos Orbaneja del Castillo donde el torrente de la Cueva parte en dos la población, moldeando con sus aguas al caer las afamadas formaciones (también de toba), que dan carácter a la fotogénica población.




Valdelateja nos sorprende suspendida sobre las paredes de los farallones del Ebro, y donde recorriendo la orilla del río Rudrón descubriremos una de las caídas de agua más hermosas y seductoras de toda la jornada. Será por la soledad que contrasta con las multitudes de Orbaneja o por la visión de la misma y su entorno, que los ánimos se nos ensanchan de júbilo. En dirección sur y ascendiendo el rio Rudrón unos 20 Km. llegamos a Tubilla del Agua, donde el arroyo que cruza por la población a su salida conforma las espectaculares cascadas de Tubilla o Santa Olalla que merecen el breve paseo de llegar hasta ellas.




Covanera y el Bar “Muñecas” nos sirven de intendencia para llegar a Sedano, preciosa y bien cuidada población que encandiló de Miguel Delibes en sus veranos. Desde ella nos dirigimos a su “barrio” de Lagos para admirar su cascada en el rio Moradillo, junto a un viejo molino y bajo un puente que dicen medieval. Allegándonos también a la cercana Gredilla de Sedano para poder ver la iglesia dedicada a San Pedro y san Pablo, que de finales del s. XII es uno de los buenos ejemplos del románico burgalés, del que destaca su magnífico tímpano que luce en la portada. De vuelta nos da tiempo para acercarnos a la potente sugerencia del Pozo Azul, una cavidad inundada de unos 20 m. de anchura de la que hasta ahora se han conseguido explorar cerca de 14 km. de galerías y sifones. Estando catalogada como la mayor del planeta de estas características, llegando a estar algunos de sus tramos por debajo de los 300 m. de la superficie.




El recorrido nos lleva ahora a introducirnos en la interesante comarca de Las Loras, esas montañas chatas que en Soria se las conoces como “muelas”, configuradas por antiguos fondos marinos, que tras sufrir la erosión generaron poderosos cañones fluviales. Zona poderoso paisajes y no menos sensacionales horizontes que es custodia de la mayor concentración de edificios románicos de la Península Ibérica. Nuestra primera parada seria en las proximidades de Sargentes de la Lora donde visitar el impecable dolmen de la Cabaña, que datado en el neolítico con una antigüedad de 6.000 años, se sitúa a orillas del vallejo del Navazal, donde observamos una pequeña pero bien formada cascada. Y donde también comprobamos junto al regato, algunas de las piedras que fueron extraídas para la construcción del dolmen, no siendo utilizadas por sus arcaicos constructores.

 

Tras pasar cerca de la surgencia Rudrón y su arco natural al que denominan “Puente del Diablo” llegamos a la población de Hoyos del Tozo, donde deberíamos ver la cascada de la Coladera en todo su esplendor, pero algo (seguramente humano) han ocurrido para que el agua no descargue por ella y si lo haga a unos centenares de metros. Nos acercamos a la población de Villaescobedo a buscar su cascada, que después de algunos despistes encontramos bajo una cueva de un prominente circo rocoso (cavidad que también tiene su historial de espeleobuceo). Es la oquedad la que hace de nacedero descargándose las aguas por la empinada ladera formando también aquí rocas “toberas”, aguas que no brotan en su magnitud pues han sido canalizadas en llenar algunas de las numerosas balsas para dotar de regadío a tierras de secano.

 

Covalagua no se sitúa muy alejada (apenas 4,5 km. en recto, 20 en vehículo), pero ya en tierras linderas palentinas. Bucólico y bullicioso situado próximo a Revilla de Pomar donde podemos observar una de esas cascadas torneadas por aguas con elevado carbonato cálcico que les confieren ese característico deslizamiento de sus aguas. Salimos de la Lora de Valdivia para internarnos en Lora Grande por el Valle de Valdelucio, donde en la población de Barriolucio se encuentra otra controvertida y bella caída de agua con formaciones tobáceas. Justo al otro lado, nada más pasar al sur de la “lora” nos encontramos con otra notable y potente surgencia que mana en medio de la vertical pared, es la cascada de “ Yeguamea” y tal cual es su nominación es su apariencia, tratándose junto con otras surgencias del nacimiento del río Odra.




En tierras de ya de La Bureba se halla la Cascada de Rojas ubicada en las cercanías de la población homónima. Donde podemos encontrar un múltiple salto de agua en el acceso del recóndito desfiladero de la Cueva formado por el arroyo de Santa Casilda. En Padrones de Bureba más al norte y en pleno valle de Caderechas (afamado por sus cerezos en flor, hasta el punto de llamarle exageradamente el “Jerte burgalés”), dedicamos una mañana acercarnos hasta la Cascada de la Huevera, que de haber tenido agua hubiera sido toso un espectáculo, sin el líquido elemento no tanto, pero aun así mereció la pena. Tras servirnos de aprovisionamiento en la interesante y bella población de Oña, población que ostenta en el monasterio de San Salvador ser el primer panteón real de Castilla.




Recuperando nuevamente el rio Ebro en la población de Valdenoceda, destaca en ella La Torre de los Velasco y La iglesia de San Miguel que dejamos para mejores tiempo. Aunque sí nos acercamos de sus alrededores al aislado y sobresaliente templo de San Pedro de Tejada, verdadera joya del románico burgalés. Nos desviamos unos pocos kilómetros de la conocida como “Ruta del Ebro Escondido” para acercarnos a la singular y escarpada cascada de Tartales de los Montes, ubicada junto al túnel que accede a la población. De vuelta al Gran Río pasamos junto a los eremitorios rupestres conocidos como “Cuevas de los Portugueses”, tomando esta denominación por el uso que le hicieron los trabajadores del país vecino que las usaron como viviendas mientras trabajan en la construcción del canal hidroeléctrico de Trespaderne, conjunto de 14 oquedades a las que se les fija una datación de entre los siglos VIII y IX.




Ascendiendo por el valle del río Jerea llegamos a Pedrosa de la Tobalina, donde observar su afamada cascada de El Peñón (más conocida vulgarmente por La Tobalina), que si bien tiene una hermosa hechura, su notoriedad le viene por su fácil acceso prácticamente en medio de la población y junto a la carretera comarcal. Justo en la otra orilla de la cascada y en la pequeña aldea de La Orden podemos visitar la iglesia de San Saturnino en estilo románico de buena sillería. Nos acercamos hasta la bien cuidada población de Herrán para adentrarnos en el Desfiladero de Río Purón que desciende desde tierras alavesas. Hoy “espacio natural”, en tiempos camino de tránsito de mercancías entre la meseta castellana y las tierras vascas, pero siempre derrochando sus aguas alegres cascadas en su transitar. También lugar de ermitaños y anacoretas como fueron los santos Felices y Roque, de los que quedan algunas ruinas de su rudimentario hábitat.




La ruta nos lleva hasta la medieval población de Frías, que vigilando el paso del Ebro y su magnífico puente desde su altivo castillo, se sitúa rodeada de empedradas calles donde se asientan las casas colgantes más peculiares de toda Castilla. 


A tiro de piedra se encuentra Tobera cuyo nombre ya lo dice todo, pues la empinada aldea está partida a mitad por el rio Molinar, donde las aguas en su precipitar han formado múltiples, hermosas y saltarinas cascadas con el marchamo de esa genuina roca “travertina”. Nos situamos en una atractiva y comedida localidad que contrasta con el despropósito de algunas de sus actividades comerciales, toda vez que muchos de sus restaurantes y bares, llevan al summum la máxima del libre comercio “ganar sin medida”, sin darse cuenta que “mataran a la gallina de los huevos de oro”. No debemos de dejar aquí de visitar la gótica ermita de Santa María de la Hoz, obra del siglo XIII que tan buen encuadre nos ofrece desde la proximidades del Puente Medieval.

Es a la entrada (salida en nuestro caso) donde el modesto río Molinar, a su paso por los montes Obarenes ha tallado una estrecha garganta, que ya fue una importante vía de comunicación en el pasado, toda vez que por ella transcurre la antigua calzada romana que unía La Bureba con Orduña y los puertos marinos del Cantábrico. 

Curiosa coincidencia, pues hemos comenzado nuestra ruta en Orduña y la terminamos aquí. Bueno aquí……. ya que tomamos dirección Logroño para resarcirnos, de estos “austeros” siete días, visitando la afamada Calle Laurel, donde ni sabemos que tasca elegir, pues la vista nos lleva a todas, en esa sugestiva exposición de su interminable oferta de pinchos, tapas y por supuesto riojas. De esta forma nos desquitarnos por esa falta de infraestructura que hemos podido observar durante estas fechas del mes de febrero, tanto en hospedajes como en restaurantes y lugares para completar las esplendidas jornadas que hemos disfrutados por estas viejas tierras castellanas.