jueves, 8 de diciembre de 2016

- Bolivia Colonial

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Desde las sureñas y áridas tierras bolivianas de Uyuni y Tupiza, dirigimos ahora nuestra andadura a las ciudades en las que el dominio español dejo su impronta entre los siglos XVI y comienzos del XIX: Potosí, Sucre y La Paz. Poblaciones, donde la huella colonial se deja sentir no solo en sus edificios de balconadas fachadas o en el diseño urbanístico de sus calles y plazas, también se intuye en el carácter de sus gentes, que con el paso de los siglos ha ido generando una extraña peculiaridad con respecto a sus vecinos más inmediatos.


Ya nos comentó un documentado y dicharachero chileno que los bolivianos no sonríen. Como toda generalidad la afirmación no es total, pero sí que es verdad que en su mayoría los pobladores de Bolivia son parcos en estos gestos de agrado, trasladándonos un sentimiento de frustración y resentimiento a la vez, donde quizás, su historia más reciente pueda ser la motivación de ese estado de desaliento y amargura. Cuando alcanzaron por fin su independencia en 1825, Bolivia tenía una extensión territorial de 2.363.769 km², habiendo perdido desde 1860 hasta 1879 (en apenas 20 años y por conflictos fronterizos) 1.265.188 km², lo que es más de 1,15 veces de su actual superficie que alcanza los 1.098.581 km2, además de la importante y estratégica salida al mar pacifico con la que contaba en su creación como estado en el primer tercio del siglo XIX, habiéndose convertido el país al que se le dio el nombre Simón Bolívar, en el más menesteroso entre sus vecinos inmediatos. Si bien el "libertador" fue su primer presidente por espacio de algunos meses, y aun embaucado con la nominación de su epíteto para el nuevo estado, Bolívar nunca fue del todo favorable a su creación como país soberano, siendo las ansiosas oligarquías criollas locales sus impulsoras, y las que más tarde regirían, se repartirían y esquilmarían el país recuperado a los españoles. Con la mayor población indígena de toda América (entre un 56 y un 62 % amerindios, 20% mestizos y 20% blancos), no ha tenido un presidente de etnia nativa hasta apenas una decena de años, en la persona de Evo Morales, casi 200 años después de la descolonización. 
 
Estos avatares sociales e históricos son los responsables, a mi humilde y profana manera de ver, de ese estado de desánimo del pueblo boliviano. Gentes que erróneamente eligió el Comandante Guevara "El Che" para iniciar su lucha por la liberación de los pueblos latino-americanos, encontrando la muerte en sus tierras a manos del ejército regular dirigido por la C.I.A. 

Ellos mismos son conscientes de esa falta de empatía, que el trascurso de los avatares históricos les han dejado en su manera de ser y de relacionarse con los demás, lo reconoce con cierto desencanto el filósofo y sociólogo boliviano Raúl Prada Alcoreza, profesor-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés y Vice Ministro de Planificación Estratégica del Ministerio de Economía y Finanzas en el segundo mandato del presidente Evo Moles. Del relato completo que se puede analizar en esta página, trascribo algunos de sus comentarios refiriéndose a la exquilmación territorial provocada por la Guerra del Pacifico: "…a los bolivarianos, cuando conocemos esta triste historia, nos viene un sentimiento de frustración temprano. En la escuela no nos explican por qué ocurrió esto. En recompensa se nos entregan programas cívicos atiborrados de denuncias y de inflamado chauvinismo. Los estudiantes que atendemos estas clases quedamos atónitos, sin ninguna respuesta clara por parte de los profesores. El sentimiento de frustración se convierte en una ambigua e indescifrable aceptación de un destino como condena. Obviamente que esto afecta en nuestra auto-estima…". 

Pero volvamos al periplo por estas tierras, a la aventura, pues de eso se trata el conocer nuevas gentes y nuevas culturas, formando los transportes y traslados parte de esa aventura al recorrer lejanos países con formas de vidas desemejantes a la nuestra. Aventura o desventura, como la de toparnos con un bisoño y descerebrado "conductor" de minivan o "rapidito" (pequeña furgoneta) para realizar el recorrido entre Tupiza y Potosí, que de forma atolondrada y temeraria, se entretuvo masticando durante hora y media con cierta ansia "hojas de coca", gran parte del trayecto de unas 5 horas en el que se cubre la distancia de unos 300 km. Menos mal que esta ruta ya estaba asfaltada, aun así nos hubiéramos apeado del "rapidito" vehículo, pero no hubo oportunidad, siendo depositados en la estación central de autobuses "potosina" algo después de la hora del ángelus. Debe agradecerle el pueblo boliviano a su oriundo presidente; reconocimiento que nos hicieron palpable las gentes del sur; del esfuerzo realizado últimamente en las vías de comunicación y carreteras, pues hasta apenas una decena de años estas rutas eran simples y sinuosas pistas de tierra.

Potosí representa el "estilo colonial" en estado puro, es como si paseásemos embutidos en una atmosfera del siglo XVII, con sus enmaderados pretiles de sus testeros, su coloridas callejuelas o sus notorios templos. Costoso y algo asfixiante se hace recorrer su casco histórico a 4.000 m. de altura por las empinadillas y características calles: Bolívar, Matos, Ayacucho, Hoyos, , Linares, Chuquisaca y Nogales o transitar por las mas planas de: Bustillos, Callejón de la Oreja (ahora de Santo Domingo), Lanza, Quijarro (de la Olleria), Junín (apodada anteriormente de Las Siete Vueltas, travesía donde se asentaban tabernas frecuentadas por acaudalados  apostadores y prósperos mineros), Tarija (antiguamente llamada del Empedradillo, al ser la primera que se  empedró con pequeña guijarros en forma de huevos, Sucre (con sus comercios de artesanías, apodada Calle de las Tabernas en el pasado al ser el lugar se instalaron gran cantidad de estos establecimientos), Padilla o Millares, muchas de ellas con la silueta del Cerro Rico a su fondo, pero aun así reconforta reconocer en sus fachadas y ventanales el estilo arquitectónico barroco a similitud "canaria" de nuestras islas afortunadas. Sus sugestivos y elegantes patios, desde los que se organizan y distribuyen las exquisitas casonas señoriales, muchas de ellas hoy trasformadas en hospederías, son lugares que nos invitan a vulnerar su intimidad y traspasar su portalón.

Un paseo entre pintorescas callejuelas y evocadores pasajes que nos transportan directamente a la España de la Ilustración, nos llevará inexcusablemente a las puertas de mansiones coloniales que aún se mantienen en pie, como es el caso de la Casa de las Tres Portadas (calle Bolívar 1052), también llamada de las “Recogidas” por haber podido ser un beaterio de Indias, que solía ​​ser una casa comunitaria para las hermanas laicas, la mayoría de los cuales eran nativas, como así mismo la Casa del Balcón del Ahorcado (en la esquina de la Calle La Paz con Bolívar muy próxima a la anterior) donde observamos una esquinada y verde balconada, curiosa muestra de los que podemos encontrar por cualquier rincón de esta señera ciudad. Se dice de este pretil, que en tiempos, fueron ejecutaos en él muchos contendientes de la guerra entre Vascongados y Vicuñas (españoles no vascos) acaecida entre 1622 y 1625, enzarzados por el control de las minas.
 
Son más de una treintena sus templos coloniales, muchos de ellos convertidos en admirables museos donde poder contemplar ese estilo barroco-mestizo tan característico de estas tierras, con los laminados retablos en plata y oro que soportan sus altares. La Plaza de Armas o del 10 de Noviembre que presidida por la Catedral y denominada en su origen Plaza del Regocijo debido a que desde 1577 se realizaban en ella fiestas y corridas de toros, el Palacio de la Moneda centro de acuñación de las monedas hispanas hasta la descolonización, las iglesias de San Francisco y San Benito o el monasterio de Santa Teresas, entre otros palacios y edificios singulares, pero sobre todo por la riqueza y autenticidad de su entramado urbano, le han servido como reconocedora de ser declarada por la Unesco como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Todos estos lugares se pueden recorrer en una mañana a través de una visita "City Tour" con la recomendable agencia AVITUR C/ Tarija 3, donde nos atenderá con agrado y simpatía Verónica Velarde.

Cuenta una leyenda del incario: que habiendo llegado Huayna Cápac, uno de los soberanos más esclarecidos que tuvo el Imperio Inca, hasta las cercanías de la montaña conocida con el nombre de Sumac Orcko (Cerro Hermoso), en un recorrido por sus dominios, no ocultó su asombro ante la imponente mole, ordenando su explotación con el fin de acrecentar los tesoros de sus templos. No bien empezaron los nativos a trabajar los ricos filones de plata, llegó a sus oídos una estruendosa voz que decía "no saquen la plata de este cerro porque es para otros dueños"…………….. y en eso llegamos los españoles. 


Potosí se creó como simple "poblado minero" en un accidentado paraje, húmedo y lleno de ciénagas, siendo su única finalidad la explotación de los recursos naturales o yacimientos argentíferos del cerro rico. Los españoles que llegaron allí en abril de 1545 bautizaron la montaña y la población que precipitadamente se formaría en sus laderas como Potosí. 


"Yo, Don Diego de Zenteno, Capitán de S.M.I., Señor D. Carlos V, en estos Reinos del Perú, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y a nombre del muy Augusto Emperador de Alemania, de España y de estos Reinos del Perú, señor Don Carlos Quinto y en Compañía y a presencia de los Capitanes, Don Juan de Villaroel, Don Francisco Zenteno, Don Luis de Santandía, del maestre de Campo Don Pedro de Cotamito y de otros españoles y naturales que aquí en número de sesenta y cinco habemos, tanto señores de vasallos como vasallos de señores, posesiónome y estado deste cerro y sus contornos y de todas sus riquezas, nombrado por los naturales este cerro Potosí, faciendo la primera mina, por mí nombrada la Descubridora y faciendo las primeras casas, para nos habitar en servicio de Dios Nuestro Señor, y en provecho de su muy Augusta Magestad Imperial, Señor Don Carlos Quinto. A primero de Abril deste año del Señor de mil e quinientos y cuarenta y cinco". 


Seis meses después de su fundación había ya en Potosí más de 170 colonizadores hispanos ávidos de riquezas y 3.000 indios. Pasado un año se hallaban edificadas 94 casas, escogiendo para ello los lugares menos húmedos para las cuales se les había señalado sitio en los parajes más secos. Nos comenta Julián Bautista Ruiz Rivera "…y así en espacio de 18 meses se hicieron más de 2.500 casas para más de 14.000 personas que entre españoles e indios había…". Tan rápido y desordenado fue su desarrollo que en 1553 recibió el título de Ciudad Imperial por parte de Carlos I ("V" en territorio teutón). En 1611 alcanzó los 150.000 habitantes pasando a los 160.000 en 1650, convirtiéndose junto con Londres y París en una de las tres urbes más considerables del planeta en aquellos tiempos.
 

Los colonos españoles que vivían en la ciudad gozaban de un ostentoso lujo. A comienzos del siglo XVII Potosí ya contaba con treinta y seis iglesias espléndidamente ornamentadas en plata y oro, mas de una treintena casas de juego y catorce academias de baile, que servían para surtir los lujosos salones de bailes, tablados y teatros que se extendían por toda la ciudad.  Ya en 1579 contaba Potosí con ochocientos expertos tahúres y ciento veinte celebres meretrices, cuyos refinados salones eran regentados por los ricos mineros. En 1608 se festejaba la celebración del "Corpus Christi con ochos días de toros y tres de saraos, seis días de comedias y otras tantas noches de mascaras, dos de torneos……. y otras fiestas". 


En contraposición a estos derroches de opulencia y boato, la población local compuesta principalmente por indígenas sufría explotación, estando sometidos al esclavismo y haciéndoles trabajar en las duras condiciones de la minas hasta 16 horas diarias. Con unas condiciones de trabajo crueles e inhumanas, eran continuos los accidentes y derrumbes en las minas, produciendo cientos de muertes entre los trabajadores, siendo por este motivo continúas las revueltas y motines, que eran abortados a "sangre y fuego". Se calcula que entre 1545 y 1625 murieran en la extracción de la plata unos 15.000 indígenas hayan muerto en la explotación del valioso mineral. Con el paso del tiempo, esta mano de obra local, se fue sustituyendo por esclavos africanos, calculándose en 30.000 los que fueron deportados de su continente para realizar estos duros trabajos. Se dice que con la plata extraída se podría construir un puente desde América hasta Europa por encima del Océano Atlántico, una burlesca exageración del admirado escritor y periodista Eduardo Galeano. Y es que el nombre del lugar alcanzó una propagación universal como sinónimo de singular riqueza, "vale un potosí". Pero todo tiene su fin, a mediados del siglo XVII las vetas más productivas comenzaron a agotarse, sentenciando a la cuidad a un progresivo declive, llegando a tener en tiempos de la independencia boliviana apenas 9.000 habitantes. 


De este Potosí a comienzo su decadencia en 1758, hay una famosa e interesante representación pictórica de Gaspar Miguel de Berrío “Descripción del Cerro Rico e Imperial Villa de Potosí”, que a través de un detallado mapa nos muestra el trazado y la actividad de la ciudad. Cuadro que estuvo expuesto en el Museo Reina Sofía de Madrid en 2010 con motivo de la exposición "Principio Potosí", sobre lo que cuenta y calla la historia. 


El abundante y preciado argentífero metal, sufragó las guerras mantenidas por los "Austrias" contra Flandes, Francia, Alemania, Italia, el litoral de Inglaterra y el Mediterráneo del Gran Turco (medio mundo). Siendo tal el ingente monto de plata que desde estas tierras llego a Europa cruzando de España, que trastocó la economía del momento, agitando los precios y los mercados centro-europeos, mientras que en España desencadenó un severo desarrollo inflacionista y especulativo, constituyendo un elemento fundamental para la decadencia de la industria y el progreso en nuestro país, consecuencias que aun estamos sufriendo y que paradójicamente nadie (de los que nos gobiernan) recala en revertir. 


Ante esta parte fundamental de la historia y la economía de la urbe de Potosí, no podemos por menos que acercarnos a visitar una de estas minas que aun están en funcionamiento, y que algo mejoradas, no distan mucho las condiciones de trabajo que en ellas se desarrollan. Cercanas a la población; pudiéndose visitar simplemente caminando; se sitúan en la ladera noreste del Cerro Rico ("Sumaj Orcko" en quechua) las instalaciones mineras, bocaminas y galerías de entrada en lo que fue explotación de plata más grande del mundo desde mediado el siglo XVI hasta la mitad del XVII, y de las que aun se extrae plata, estaño, cobre y piritas, en las 300 minas que aun están en funcionamiento. Motivo de esta enorme explotación, la montana mide dos cientos metros que en su origen, debido a todo el vaciado que se ha producido en su interior, siendo sus entrañas un laberinto de túneles y galerías de mas de 500 kilómetros. 


Nos dirigimos a una de ellas, aprovisionándonos de casco, botas, ropa impermeable y linterna, pasando primero por lo que se conoce como Mercado Minero donde se proveen los mineros de las herramientas, materiales y elementos para realizar su trabajo: hojas de coca y alcohol puro de 96º (con los que soportar las duras jornadas laborales), así como cartuchos de dinamita y algo de amoniaco para potenciar el efecto detonante. Siendo este el único lugar del mundo donde se puede adquirir este explosivo con total libertad y sin ningún control. 


Por una bocamina de entre metro y metro y medio de altura, nos aventuramos a entrar a los entresijos de la montaña entre oxidados raíles de vagonetas, vigas rotas, escabrosos desplomes y hundidos, cochambrosas tuberías, galerías encharcadas de agua y falta de aire al respirar. Al poco de penetrar en la oscuridad nos encontramos con la esculpida y coloreada figura del "Tío", dios protector del inframundo, al que los mineros hacen ofrendas para no estar desamparado mientras realizan sus trabajos. Durante nuestro "tour" por las tinieblas de este averno real, nos cruzamos con algún operario que acarrea minerales, llegando a una especia de sala de estar donde los mineros se toman un resuello, allí está sentado, fumando y masticando coca sin parar Don Adrián Torrejón, "apiri" (minero) de 62 años, con en que compartimos algún cigarrillo y comentamos sobre las jubilaciones. De piel arrugada y oscura, parco en palabrerías pero directo en el tono, nos comenta que lleva 24 años metido en estas oscuridades, pero con la suerte de no tener los pulmones muy tocados, como la mayoría de sus compañeros………… con el pensamiento en dejar ya de picar estos malditos minerales. Abandonamos este lugar por el mismo trayecto recorrido de entrada, sorprendiéndonos a la salida esa luz especial que el sol genera mientras graniza……… hemos retornado al mundo, hemos visitado el infierno. 


Poco más puedo contar de esa interesante ciudad, aparte de dejar en estas líneas algunas sugerencias culinarias, como la de ser aconsejable almorzar a base de platos genuinamente bolivianos, en el Mercado Central de Potosí. Aunque también existen otros lugares donde entretener el hambre: el Café La Plata en plena Plaza 10 de Noviembre, donde se puede encontrar en su carta que sirven carajillos, también El Mesón o Tenedor de Plata esquina de Linares con Tarija, así como el restaurante El Fogón en el cruce de las calles Oruro con Frías. Pero sin duda uno de los lugares más entrañable y agradables es El Empedradillo, C/Tarija 43, donde degustamos la afamada "Sopa a la piedra" (kalapurka), un caldo hecho a base de maíz acompañado de chicharrón de cerdo, servido con una sumergida e imperceptible "piedra volcánica" que inmensamente ardiendo, consigue el mágico efecto de hervor continuo como si de un volcán en erupción se tratase. Tuvimos además la suerte en este local de ser atendidos por los propios dueños, nostálgicos descendientes de pobladores hispanos. 


Toca ahora trasladarnos a Sucre para conocer la capital boliviana, que ya escarmentados de la experiencia de los "rapiditos" lo realizamos en un taxi contratado previamente. El recorrido de unos 150 km. trascurre por pampas agrícolas y pequeñas poblaciones, descendiendo un barranco con un desnivel de más de mil metros, algo menos de la diferencia de altitud que mantiene con su vecina Potosí. 


Sucre, fundada por el "facundino" (de Sahagún - León - España) Pedro Anzures en 1538 sobre los asentamientos indígenas de los indios charcas, es la ciudad más antigua de Bolivia. Dándole la nominación de "Villa de la Plata de la Nueva Toledo", siendo modificada esta por el de Chuquisaca en 1776, quedando definitivamente como "La ilustre y Heroica Sucre" después de la independencia de Bolivia en 1826. 


De ajedrezadas y amplias calles, Sucre es una ciudad blanca, inmaculado color que la domina e identifica y con el que nos topamos por todos sus rincones. Pulcra, espaciosa, mucho más señorial y elegante que Potosí, pero con menos identidad, menos sabor, menos atracción y autenticidad.

Con una cuidada arquitectura colonial esparcida por toda la trama urbana de sus casco histórico; declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1991, con casi 4.000 edificios de valor patrimonial; nos alojamos en el Parador Santa María la Real, donde nos agasajó el mismísimo cónsul honorario de España en la ciudad, Luis Rodríguez Calvo (dueño del hotel)………… hay es ná. Esta señorial y notable casona, ejemplo de diseño criollo del siglo XVIII, formó parte de lo que en su día fue el más alto tribunal de la Corona española durante la colonia, la Real Audiencia de Charcas, que tenia potestad  sobre el amplio territorio que más tarde conformaron la actual Bolivia, Paraguay, Uruguay y el norte de Argentina. El pétreo balcón de entrada, sus balconadas, el patio en rojo óxido con columnas y capiteles de madera, su patio añil, el Salón de los Oidores, los pasajes subterráneos de cal y canto, todo envuelto  en un ambiente que nos traslada a la edad del esplendor colonial. 


Una jornada y media es suficiente para visitar los lugares más interesantes, sobre todo si se tiene la suerte de encontrarse 38 salas de exposición y galerías abiertas en horario nocturno, al celebrarse la Noche Blanca de los Museos, y además con el acceso gratuito. Entre ellos la Casa de la Libertad, donde se firmo el acta de independencia, así como el interesante Museo Colonial y Antropológico Charcas, que situado casi frente a nuestro alojamiento custodia la afamada pintura de Potosí en 1758 de Gaspar Miguel de Berrío de la cual ya he referido antes. 

Cruzar en la noche la animada Plaza 25 de Mayo, centro neurálgico de la urbe, donde acostada en un lateral se sitúa la Catedral, las tiendas de chocolate "Para ti", un exquisito lujo al paladar, el Parque Bolívar, las vistas desde los tejados de la Basílica de San Francisco, el atardecer en La Recoleta, las plañideras del Cementerio General, y como siempre el Mercado. Cementerio y mercado son visitas imprescindibles en cualquier lugar, es a través de estos dos lugares como conoce el comportamiento humano de sus habitantes………….. en el mercado como se cuidan los vivos, y en el campo santo como se trata a los muertos.

Curioso e interesante es dedicar un par de horas para allegarnos hasta los arrabales de la ciudad. A apenas 5 km. del centro urbano nos encontramos el Parque Cretácico y el denominado Cal Orcko, un yacimiento paleontológico en el que se han catalogado 12.096 huellas de dinosaurio de casi 300 especies diferentes, que datan de hace unos 68 millones de años, la mayor
concentración de ignitas de todo el planeta. Lo curioso de este lugar, además de los interesantes restos dejados por las extremidades de estos enormes lagartos, es que al haberse descubierto en una cantera de cemento que aun está en explotación, se debe de esperar a que llegue el medio día, para poderlos visitar a la hora del almuerzo de los camioneros que se encargan de trasportar el mineral calizo. 

Un vuelo de la puntual compañía aérea "Amaszonas" nos traslada de Sucre a La Paz, pasando nuevamente de los 2.800 a los 4.000 de altitud. Caótica e insegura Nuestra Señora de La Paz, pues ese es su nombre real, forma junto con El Alto la mayor concentración humana de toda Bolivia, dos millones de habitantes. 

Fundada en 1548 en el asentamiento inca de Laja, y trasladada posteriormente a la orilla del río Choqueyapu, pues en él se encontró oro. Levantada totalmente entre montañas, rodeada por el Monte Illimani y sobre las mismas laderas, La Paz ha ido con el tiempo creciendo de forma incontrolada a través de los barrancos que la rodean hasta llegar a la cimera meseta, donde se continuó edificando creándose una nueva población, El Alto. Generando esa imagen que la hace ser tan peculiar sobre todas las demás urbes, dándole a la ciudad un aspecto de embudo, como si las casas estuvieran superpuestas unas sobre las otras. Esto la confiere el tener abundantes miradores desde observar su panorámica, y la obliga a que uno de sus sistemas de trasporte fundamental sean los teleféricos, que cual verdaderas líneas de "metro" aéreas, funcionan surcando los cielos de la ciudad por encima de los tejados, practica y seguramente económica solución para los importantes problemas de tráfico que soporta. 

La Plaza Murillo, está ubicada en el centro del casco histórico, rodeada por  significativos edificios: Palacio de Gobierno también conocido como Palacio Quemado (sede de la presidencia de la nación), así como los edificios del Palacio Legislativo (Congreso) y la Catedral. Apenas medio kilometro caminando en dirección noroeste, se encuentra la calle Jaén, donde encontramos los edificios mejor conservados de su pasado colonial. En algunas de sus vetustas, pequeñas y coloridas casas se han acondicionado cuatro museos, mostrando la historia e identidad del pueblo boliviano, siendo digno de visitar el Museo de los minerales y dentro del mismo la sala dedicada al Oro, perfectamente acondicionada para observar los trabajos prehispanos que desarrollaron las distintas culturas indígenas. 

A tan solo 500 m. en dirección sur se encuentra la Plaza Mayor o de San Francisco, centro neurálgico de la urbe. Siempre llena de animación y ajetreo ya sea día o noche, y donde se puede observar la vida diaria de los pobladores de la urbe. Un par de "cuadras" por detrás de la barroca iglesia de San Francisco, en pleno barrio de San Sebastián, se sitúa una red de calles angostas y empedradas que se empinan bruscamente hacia el poniente, donde encontraremos, junto a restaurantes, hoteles, agencias de viajes y tiendas de souvenirs, la mayor congregación de turistas y rateros de la ciudad.

Es también donde se ubica el Mercado de Las Brujas o de la Hechicería, asentado en el conjunto de calles o callejas que forman Santa Cruz, Illampu, Linares y Sagárnaga. Un animado lugar donde adquirir brebajes, pócimas, estampitas, fetiches, amuletos, hierbas curativas y cuantos objetos podamos imaginar para ejecutar atávicos ritos, ofrecidos principalmente a la Pachamama (Madre Tierra). Siendo sus puestos atendidos por "cholitas", que con sus sombreros de hongo, coloridos vestidos de faldas plisada en capas y esparcidas por todos los lugares de la ciudad paceña son todo un icono de orgullo étnico.

Ahora está de moda que estas ataviadas señoras de vistosos colores se dediquen a la "lucha libre de Cholitas", ya se ha encargado una conocida firma española que produce entre otros productos un "ortopédico" jamón de York, de hacérnoslo llegar en su publicidad televisiva. Habiéndose convertido esta "peleona" actividad en un atractivo turístico más, siendo la población de El Alto en lugar habitual de estos acalorados combates.

Pero ojo, si La Paz tiene su cosa, en El Alto se multiplica por tres, estando considerada como la población más peligrosa de toda Bolivia, donde se pueden observar amenazantes pintadas en las fachados avisando a los "malotes de las posibles consecuencias (linchados) si son pillados, pero sobre todo llama la atención los monigotes humanos a modo de espantapájaros, que colgadas, cual ahorcados en postes, a visan a los maleantes de cómo puede ser su futuro. Desarraigo, pobreza, marginalidad, falta de servicios y sobre todo de futuro, han generado este complejo urbano (el más grande de todo el país) en permanente y desordenado crecimiento, con calles de barro y casas de una o dos plantas, con techos de chapa ondulada y las fachadas sin terminar. Toda vez que las normativas fiscales no obligan a pagar impuestos a las casas sin concluir, generando la sensación de ser una población en permanente construcción, pendiente de ser terminada.


La verdad es que no nos entretuvimos mucho en ellas, El Alto solo loscruzamos en vehículo un par de veces. En La Paz todo eran advertencias de peligros, riesgos e incertidumbres, y aunque uno ya está algo viajado, no nos encontrábamos a gusto en esa situación de permanente recelo. Por lo demás hay gente que le encanta, pero la verdad, no es una ciudad con un atractivo que haga declararla como una de las ciudades Maravillas del Mundo, si bien es verdad que La Paz es una ciudad que no te deja indiferente. Aparte de tener limitado el tiempo justo para visitarla, siendo lugar de paso para continuar al Titicaca, y de estar a tan solo 75 Km. de las ruinas de Tiahuanaco que queríamos conocer.
 


domingo, 27 de noviembre de 2016

- Salar de Uyuni y barrancos de Tupiza (Bolivia)

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Suena la alarma del despertador a las dos de la mañana en el modesto hostal Kory Wasy de Uyuni, debemos coger un tren a las 3,05 de la "madrugada" para desplazarnos a Tupiza al sur de Bolivia, a solo unas decenas de kilómetros del la frontera argentina. Aunque la estación del sugerente ferrocarril no está retirada de nuestro alojamiento, el recorrer las vacías y silenciosas calles en noche cerrada nos genera una sensación de vacío y congoja. La sala de espera esta casi repleta, las sillas ocupadas por algunos rubios turistas que buscan encontrar nuevos paisajes en las tierras del mediodía boliviano, el suelo por los nativos de tez morena y vistosos ropajes que entre mantas han pasado allí la noche para no tener que pagar un alojamiento por tan pocas horas. Pero para llegar hasta aquí, hemos tenido que recorrer en vehículos apropiados (4x4) las polvorientas pistas de arena y piedra que durante tres jornadas recorren los impresionantes, áridos y coloridos paisajes que se sitúan en el meridión boliviano.

Amplios horizontes inalcanzables, desolación, vacío y luz serán nuestros compañeros durante esta travesía. Aun así, no todo es sequedad, el recorrido está salpicado por una cadena de insinuantes, salobres y coloridas lagunas que rompen esa imagen de soledad perenne. A cual más sugerente, nos topamos nada más cruzar la linde de Chile con Bolivia por el Portezuelo de Hito cajón con la que llaman "Blanca", que separada por unas pocas decenas de metros de la Laguna Verde" y que en realidad conforma esa tonalidad, están arropadas y vigiladas a poniente por las siluetas de los volcanes Juriques, Sairecabur y Licancabur, todos próximos a los 6.000 m. de altura.

Cruzamos por el surrealista Valle de las Damas del Desierto también conocido como Desierto de Dalí, amplia y desolada extensión creada por la erosión del viento durante millones de años. Visión solo interrumpida por las coloridas montañas que se sitúan lejanas en los horizontes, así como los paisajes y formaciones rocosas que se divisan a nuestra derecha, similares a los que el pintor figuerense trasladara a sus lienzos (Trilogía del desierto: "Espejismo", "Oasis", "Los amantes invisibles", o las "Bestias salvajes en el desierto"). Pena el no poder acercarnos hasta su inmediatez, pues lo han prohibido por los destrozos realizados por los descerebrados de siempre. 



En la orilla occidental de la laguna y salar de Chalviri a 4.400 m. de altitud, nos encontramos con las termas de Polques, donde el frio ambiente contrasta con los 35º de sus agradables aguas provenientes del volcán Polques, que además de su lujuriosa sensación son buenas para los tratamientos de artritis y reumatismo.  


Ascendemos hasta los 5.100 metros de altitud para llegarnos a los Geiseres Sol de Mañana, en donde paseamos entre alborotadas fumarolas con las que juega el viento de estas alturas, decenas de pozas hirvientes de barros cenicientos, y sulfatas multicolores de tonalidades limonadas y escarlatas, en medio de un onírico y tornasolado entrono, pero sobre todo solitario, en contraposición con los geiseres de El Tatio en Atacama 

Llegados en la tarde a la Laguna Colorada el espectáculo no puede ser más fantástico: los tonos de sus rojas aguas contrastando con el blanco de las laminas de la sal, el gris intenso y amenazador de la tormenta al fondo, la placidez de los miles de flamencos dedicados a su cotidianidad y la esa luz de un tenue sol vespertino, generan al lugar de una magia especial de la que creo estará por mucho tiempo en mi mente. La cual he intentado reflejar en las fotos, aunque por mucho que las observo una y otra vez no siento la sensación de aquellos instantes, solo el recuerdo de aquella tarde me hace trasladarme hacia allí. Esta laguna de intensas y rojizas aguas, producidas por cierto tipo de alga ("dunaliella salina" productora del mismo pigmento que da el color a las zanahorias) y los sedimentos de los terrenos circundantes, tonalidades que además se acentúan con la luz solar y el viento, es en verdad una verdadera maravilla de la naturaleza, un espectáculo único en medio de esa nada por la que vamos recorriendo estas estériles tierras. Su extravagante belleza y sus particulares características le hicieron ser propuesta en 2011 como una Las Siete Maravillas Naturales del Mundo, título que por suerte o desgracia no consiguió.  Con una superficie de 54 km2, una profundidad media de 35 cm. y un perímetro de 35 kilómetros es la más extensa de toda la zona. 
 

Con este espectacular enclave como vecino, pasamos la noche en unos rudimentarios "refugios" que hay en sus proximidades. La ruta transcurre por encima de los 4.100 m.de altura, llegando en algunos puntos a superar los 5.000, siendo por ello que el descanso nocturno no sea en las mejores condiciones, estando afectados por el mal de altura la mitad del grupo de seis que componíamos la comitiva viajera. 

Amanece un nuevo y trasparente día, madrugamos para continuar en dirección norte por la baldía Pampa Chijllas hacia las planicies del Desierto de Siloli, donde se encuentran las Montañas de Colores y el curioso Árbol de Piedra. Singular y caprichosa figura rocosa creada por el viento que con forma de gajo de coliflor desafía a la gravedad. Continuamos nuestro polvoriento recorrido atravesando la Pampa Ramadita, paralelos a la linde chilena que apenas está a tres kilómetros donde se sitúa el Hito Ojo de Perdiz. El constante y desolado entrono por donde nos movemos solo es interrumpido por los volcanes que nos rodean, mostrándonos sus cetrinas laderas, paulatinamente mudadas hacia tonalidades ocres y granas provenientes del bórax y azufre, minerales que se encuentran en sus entrañas.
 
Proseguimos nuestro periplo pasando por diversas lagunas altiplánicas: Honda, Chiarcota, Hedionda, Cañapa, también con hermosas imágenes de los flamencos reflejándose sobre sus aguas junto a las montañas que las rodean. El tiempo es cambiante por estas latitudes, sol, lluvia, aire, frio………….. y de nuevo sol, el espectáculo sobrecogedor, las sensaciones sorprendentes, la vida en estos interminables existe eriales, los colores asombrosos y el aire limpio y puro. 

Comenzamos a descender para situarnos apenas por debajo de los 4.000 m. llegando a unos paramos, donde en medio de unas formaciones rocosas podemos divisar en la lejanía el humeante Volcán Ollagüe. Es aquí donde descubrimos la "llareta", una planta muy longeva, llegando a algunos ejemplares a tener cerca de tres mil años de antigüedad, uno de los organismos vivos más añejos de nuestro maltratado planeta, desarrollándose entre los 3.200 y 4.500 metros de altura, y a la que los lugareños le atribuyen propiedades contra el reumatismo, la diabetes y la presión arterial, siendo usada así mismo como combustible. Pariente del perejil, crece sobre las rocas adaptándose a sus formas para que los vientos no la arrastren, siendo su textura muy compacta hasta el punto que al tocarla no parece un vegetal sino más bien una piedra, como un verde coral terrestre.
 
Al acercarnos a la insulsa localidad de Alota, pasamos por la Laguna Turquiri y el Valle de las Rocas, con extrañas formaciones pétreas de origen volcánico en donde imaginar a través de sus formas las figuras más insinuantes. Este paraje está calificado como el mejor lugar para la escalada deportiva (boulder) en Bolivia. Las alineaciones rocosas que por el lugar existen son un espacio idóneo para esta actividad, y aunque no son muchos los bolivianos que se dedican a esta práctica, si que se han acercado hasta aquí renombrados "trepadores", poniéndolo de moda en competencia con los ya consolidados lugares de este tipo de actividad: Bishop en California (U.S.A.) o Peak District en Inglaterra, al igual que ha ocurrido con el alpinismo de grandes paredes, entre el afamado Yosemite y los groenlandeses y altivos picos de Tasermiut 

Tras pasar por la anodina población y seguir nuestro cenital recorrido llegamos a la aldea de San Agustín, que aun humilde es mucho más vistosa y autentica que la de Aloa. Continuamos por territorios ya más humanizados y menos elevados, sobre los 3.600 m. llegando a Julaca, pueblo semiabandonado que nos recuerda los peliculeros del oeste americano. Solo cuatro casas, la estación del histórico ferrocarril salitrero de Oruro a Antofagasta y un desolado cementerio. Cruzamos el Salar de Chigüana, desaguadero natural del Salar de Uyuni, donde en su orilla septentrional, algo elevada y con unas magnificas vistas hacia el sur de su blanca planicie, llegamos ya en avanzada tarde a las cercanías de la aldea de Colcha "K", donde pernoctamos en un "Hotel de Sal", si tal cual, construido y levantado con bloques de sal, hasta las camas tienen como soporte ese mineral. 

Nuevamente madrugamos, y mucho, conduciendo aproximadamente una hora a oscuras por las que imaginamos blancas planicies del gran Salar de Uyuni (ya que los conductores apagan las luces de los vehículos), para ver amanecer en medio de la inmensidad salina desde la Isla Incahuasi (Casa del Inca), la más grande de las 33 islas que se encuentran en la zona central del salar, un extraordinario mirador de 360º. Esta atalaya en medio de la impoluta y blanca llanura, está totalmente cubierta por imponentes cactus de hasta 10 metros de altura.  

Formado por la evaporación de antiguos mares, a una altitud de 3.653 metros, una superficie en continuo crecimiento de unos 12.000 km2 (como toda la provincia de Salamanca), 120 km. de largo por 80 de ancho y una profundidad de hasta 120 metros, es la más grande extensión salina del mundo, con 10.000 millones de toneladas de sal de las que se extraen 25.000 cada año, siendo así mismo la reserva más importante de litio del planeta, representando entre el 50 y 70 % de la producción mundial. Estando su lecho formado por unas 11 capas del salino elemento, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. Cifras que acongojan pero que relegan en cuanto pisas su suelo, absortos por su sencilla y a la vez dura belleza, un lugar único en el mundo.
 
No hay caminos trazados ni señales, todo lo que nos rodea en los cuatro puntos cardinales es la blancura de la sal. Solo la memoria o la intuición nos servirá de guía, pues su alto contenido en litio convierten en inútiles las brújulas, GPS y móviles, por lo que muchas personas se han extraviado confiados en estos instrumentos, llegando algunos a perecer deshidratados al no poder localizar una salida. 

El efecto que nos genera su visión es la de un inabarcable desierto blanco, una albura infinita que cubre todo nuestro rededor, cielo y sal fundiéndose en el horizonte, con una cegadora e increíble luz, un lugar donde se alcanza a perder la noción del tiempo, transformándose en un sitio casi mágico. Espacio que no tiene parangón a ningún otro por la inmensidad y magnificencia de su albina y enorme llanura, generando la sensación de hallarnos en medio de una ficticia meseta, en la que el horizonte es el límite del cosmos. Perspectiva solo interrumpida al norte por el mítico perfil del volcán Tunupa, que con sus 5321 m. según las creencias locales creó esta maravilla salada. Nos traslada una antigua leyenda aymara: "que en la noche de los tiempos, Tunupa, Kusku y Kusina, las montañas ubicadas al borde del salar, eran gigantes. Tunupa y Kusku estaban casados, pero Kusku huyó con Kusina, lo que generó que Tunupa se pusiera a llorar durante la lactancia de su hijo, generando que sus lágrimas se mezclaron con su leche, formando el Salar, al que se le conocía con anterioridad como el Salar de Tunupa". La magia de estas fabulas del pasado han perdido parte de su hechizo, osándose a rivalizar por estos lugares los vehículos del afamado rallye Paris-Dakar. Curioso nombre el que mantiene esta competición que por tierras de la américa sureña, mantiene como reclamo publicitario ciudades tan lejanas del continente europeo y africano.
 
En época de lluvias, de enero a marzo, el salar queda cubierto por una lamina de agua en la que se refleja el cielo perfectamente, creando el espejo más grande del mundo, semejando que se camina por las nubes, famoso y fotografiado efecto. Para los amantes de la imagen el Salar de Uyuni compone un lugar idóneo, donde el inmenso blanco de la superficie se funde con el penetrante azul del cielo, creando imágenes verdaderamente caprichosas, solo equiparables a las de las regiones polares. 

Proseguimos nuestro recorrido cruzando la ingente, extraordinaria, afamada e impar albicie durante el resto de la mañana, llegando a lo que en su día fue un contaminante Hotel de Sal construido en medio del Salar. Que rodeado de patrióticas banderolas multinacionales y un monumento al afamado rallye que paso por estos lares, hoy se ha convertido en un simple, pero simple museo. Despidiéndonos del Salar de Uyuni por su extremo oriental, donde se halla la aldea de Colchani, en la que sus habitantes subsisten con la extracción de sal y las ventas de un mercadillo para turistas.  

Antes de desembocar en la urbe de Uyuni, nos desviamos para visitar un curioso, herrumbroso y destartalado cementerio de trenes. Locomotoras a vapor del siglo pasado, o aun del anterior, vagones y enseres de cuando el ferrocarril salitrero estaba en pleno apogeo, un espectáculo surrealista en plena llanura a las afueras de la ciudad.
 

Uyuni, con sus 60.000 habitantes es una localidad sin carisma, apenas un lugar de servicios para los que van de paso o visitan el Salar, pero que sirve de conexión para otros destinos, como era nuestro caso: comer, cenar, buscar un sitio donde alojarnos, asearnos……….. y coger ese curioso tren con el que he empezado este relato que ahora retomo. 

Acomodados en un vagón casi vacío; pues aparte de nosotros solo había una señora, lo cual se justifica por la categoría del billete (asientos semi-cama, calefacción, azafato, televisión y desayuno), pues los locales y los mochileros van en otro compartimento, por apenas una diferencia de 5 €; nos disponemos a recorrer los 200 km. que separan las poblaciones de Uyuni y Tupiza en unas 6 horas (a una media de 33 k/h.  Pasamos las tres primeras dormidos a causa del intenso día pasado, despertándonos sobre las 6 de la mañana en la estación de Atocha, siendo la curiosidad del destino la que nos ha traído a la homónima estación emblemática de nuestro ajetreado Madrid. Miramos aun soñolientos por las ventanillas observando un espectáculo sobrecogedor, están apareciendo los primeros rayos de sol que iluminan nuestras faces, pero no es el astro rey el que esta vez nos sorprende en el amanecer, es el itinerario por el que trascurre el ferrocarril. Enormes barrancos y abismos se divisan a nuestros pies, cruzamos áridas y profundas quebradas producidas por las escorrentías de siglos entre los que trascurre curva a curva el tren, insignificantes viaductos sujetos con maderos salvan los siniestros barrancales, convirtiéndose este trayecto sin duda en uno de los más turbadores y que ha generado más desasosiego de los que mi ser ha recorrido, pero a la vez el que me ha originado más emoción y arrebato. 

De siempre me ha gustado viajar en tren: las salidas los fines de semana a la sierra madrileña en el eléctrico de Navacerrada, los viajes al Pirineo en el "Correo de Zaragoza" y el Canfranero, las primeras salidas a los Alpes en los "chemines de fer" de Francia y Suiza, el de todos los veranos a Soria desde Torralba, este sí que era bueno, y otros tantos por la geografía patria. Pero este de Uyuni a Tupiza me ha impactado en verdad, las vías son enormemente estrechas, el curvo y sinuoso trazado desde Atocha a nuestro destino en permanente descenso, el agreste y siniestro pero a la vez hermoso paisaje por el que discurre, el monótono traqueteo de esta vieja vía férrea. Es como viajar en los primeros años del siglo pasado cuando el tren se inauguró allá por el año 1913, con la seguridad que desde entonces pocas o ninguna mejora en su trazado ha tenido. Pena que estén construyendo la definitiva y ya asfaltada carretera a Tupiza, siendo el futuro de este ferrocarril incierto, teniendo como el de otros tantos sus días contados.
 



Tupiza a orillas de su análogo rio es una población viva y colorida, sus pobladores en mayoría pertenecientes a la etnia "chichas" son gente humilde y agradable, duros y resistentes, de piel oscura y rasgada, estando curtidos por el entrono circúndate. Hasta aquí, en el culo del mundo, nos hemos llegado para comprobar la fuerza de sus quebradas, barrancos y portillas, para admirar los colores de sus tierras y para conocer sus formas de vida. Originariamente, en la antigüedad, Tupiza formo parte de un inmenso lago por el que las aguas buscaron una escapatoria, creando la garganta por la que hoy vemos fluir el rio.


Por este motivo, las rocas y las superficies de esta región han sufrido durante millones de años el efecto desbastador de la erosión, formando así los dentados cuchillares y los coloridos barrancos con rocas multicolores. Siendo por ello que podremos observar montañas de sugerentes tonalidades: rojo, gris, cenizo, azul y violeta, que nos sorprenderán y alegraran nuestra vista. 
Siendo esta población y después de haber visitado la zona, es el mejor lugar para contratar y realizar el recorrido por Uyuni, sus desiertos y sus lagunas, en vez de hacerlo desde San Pedro de Atacama o Uyuni. Nos alojamos en el muy aconsejable "Hotel Mitru" y a través de ellos y su agencia de viajes "Tupiza Tours" contratamos las excursiones por la zona, bien sabéis los que estas páginas frecuentáis, que no hago publicidad ni promoción sin ton ni son, pongo lo que me parece bien y lo que quiero reprochar, es por ello que estas gentes son merecedoras de aparecer positivamente en mis paginas por su atención y profesionalidad, no como el guía-chofer que nos condujo por las llanuras de Uyuni, sobre el que recae todo mi ingratitud, por cierto se llama "Rómulo". 

Si os acercáis por estas latitudes, pedid que "Freddy" sea vuestro guía, seguro que os encantará más aun el recorrido, una persona amante de su tierra, orgulloso de su gente los "Chichas", ameno, pausado, informado y buen profesional.  

El se encargó de enseñarnos los recónditos secretos de estas tierras: La Poronga y Barranco del rio Tupiza, Cordillera Colorada, Quebrada de Palmira con la Puerta del Diablo y sus petroglifos, Valle de los Macho y Cañón del Inca, Rio San Juan del Oro donde se sitúa El angosto y El Toroyoj, Cañón del Duende, Quebrada Palala del Valle de Chicheño, y El Sillar o Valle de la Luna ubicado en el camino a San Vicente.  

Población esta, donde fueron enterrados los famosos bandoleros "yanquis" huidos a estas tierras Butch Cassidy y the Sundance Kid, que fueron muertos por el ejército boliviano después de realizar un último atraco en Tupiza. Su historia está perfectamente reseñada en la famosa película de George Roy Hill, que premiada con cuatro Oscar y realizada en 1967, tiene como protagonistas a Paul Newman y Robert Redford.  

Tal vez la escapada de estos celebres atracadores fuera debida no solamente por la persecución a la que estaban sometidos en los EE.UU. eligiendo estos áridos barrancales para escabullirse, sino también por la riqueza aurífera que tenia a finales del siglo XIX esta zona, de donde vine el nombre de Rio San Juan de Oro. Aun en la actualidad se pueden encontrar entre sus quebradas, pequeñas y humildes chozas donde bucólicos y románticos buhoneros siguen afamados en la búsqueda del preciado mineral con las rústicas herramientas de antaño, bateando las arenas de los ríos.
 
Partimos de aquí, ya en dirección norte, en busca de la Bolivia Colonial, no sin antes prometernos que si alguna vez nos volvemos a acercar por estas latitudes haremos por regresar a estos lugares llenos de encantamiento y magia.




 

jueves, 24 de noviembre de 2016

- Desierto de Atacama…… el color, protagonista del paisaje

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Situado entre los 2.500 y los 5.000 de altitud y formando el denominado "altiplano chileno", el Desierto de Atacama está protegido en su levante por las cumbres de los Andes, que en algunos casos superan los 6.000 mts. siendo casi en su totalidad antiguos volcanes que dominan las planicies formadas en su mayoría por los salares, formados  al irse desecando su anterior conformación como lecho marino hace ya decenas de millones de años. Cual coloridos centinelas las siluetas del Licancabur, Acamarachi, Aguas Calientes y el Láscar dominan el paisaje allá donde estés, sobre todo la del perfecto y altivo cono del Licancabur. Siendo las visibles fumarolas del Láscar, uno de los volcanes más activos en Chile, las que nos sitúan en la verdadera realidad del lugar que hemos decidido visitar, pues la actividad telúrica todavía está presente en algunas de estas zonas.

Aunque en total abarca una superficie de unos 300.000 km2; lo que corresponde al 30% de la superficie de todo el país chileno; lo que más se visita de estos inhóspitos lugares son apenas los 1.000 km2 que se sitúan en los alrededores de la otrora humilde y tranquila población de San Pedro de Atacama, conformando el área de la Reserva Nacional de los Flamencos. Dicen de este espacio, ser la zona más árida del planeta, y no debe de ser exagerada esta afirmación pues, aun manteniendo una serie de salobres y hermosas lagunas que contrastan con los secarrales paramos, la sequedad es la inmutable realidad de sus interminables y desérticos terrenos. Esto ha sido debido a las especiales condiciones climáticas a las que durante los últimos tres millones de años ha sido sometido por la fría corriente marina de Humboldt, que proveniente de la Antártida genera una inversión térmica y el casi permanente anticiclón del Pacifico, efecto que también ocurre en la costa occidental del áfrica austral en el Desierto del Namib, en este caso provocada por la corriente de Benguela.  



Es precisamente su antiguo pasado marino y la actividad sísmica generada por el plegamiento de la placa tectónica de Nazca; que choca contra la placa Sudamericana intentando avanzar la una sobre la otra a razón de entre 7 y 8 centímetros por año; los elementos que configuran los especiales paisajes de Atacama. Siendo precisamente esta lucha de placas lo que generan la gran cantidad de terremotos a los que está sometido el alargado país andino y los culpables de la creación de la gran cadena montañosa de los Andes que separan a Chile de Argentina, elevándose anualmente por este motivo unos 2,5 ctm. Curioso dato, que como nos contó jocosamente un chileno, pero que por su forma de hablar parecía más que nada argentino: "Dios hace crecer los Andes de forma permanente para que los argentinos no puedan pasar a chile". 


Estos territorios, hoy administrados por Chile, en el pasado formaron parte del territorio boliviano, siendo anexionados al país chileno en 1879 cuando gobernaba el presidente Aníbal Pinto, mediante la forzada Guerra del Pacífico también denominada Guerra del Guano y el Salitre, justificada por una subida de impuestos del gobierno boliviano a una compañía salitrera y de ferrocarril chilena que operaba en estos, por entonces territorios bolivianos, provocando la invasión de estos territorios así como del vecino Perú, secreto aliado militar del país de Bolivariano. De nuevo, la mano negra de los británicos del siglo XIX estuvo detrás de este conflicto en ayuda de los chilenos, a través de los intereses de Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, que de capital y gestión anglosajona, estimularon, sino provocaron el conflicto bélico. 

Lugares con importantes yacimientos de cobre y salitre (fertilizante que nos trae a la memoria aquel famoso cartel del "Nitrato de Chile") en los dos países afectados. Hoy la superficie usurpada a Bolivia (120.000 km2) y Perú (40.000 km2) dan casi el 40 % de sus ingresos al estado chileno, siendo la compañía CODELCO (Corporación Nacional del Cobre de Chile); nacionalizada por el malogrado y recordado presidente Salvador Allende en 1971; quien explota las más grandes reservas de cobre del mundo y las segundas en molibdeno. Esto se realizó a través de una "reforma constitucional", pues la carta magna del país andino lo impedía. Quedando redactado el nuevo párrafo de esta manera…. "por exigirlo el interés nacional y en ejercicio del interés soberano e inalienable del Estado de disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, se nacionalizan y declaran por tanto incorporadas al pleno y exclusivo dominio de la Nación las empresas extranjeras, que constituyen la gran minería del cobre", estando aun en día bajo la explotación estatal estos recursos minerales. Deberíamos aprender algo los del otro lado del Atlántico, los de aquí, de cómo defienden los intereses nacionales otros países que hablan nuestra misma lengua, todo está con escarbar algo en la historia.
 



Con la memoria de esta ajetreada historia llegamos a San Pedro de Atacama, antaño humilde poblado convertido hoy en bulliciosa y cara urbe turística, pero que ha sabido mantener las señas de su identidad cultural y urbana.


Recorrer sus animadas y arcillosas arterias, sobre todo las calles Caracoles y Tocopilla; llenas de comercios, agencias de viaje, restaurantes y tiendas de recuerdos, o sentarse tranquilamente a cenar en los locales que nos encontramos tras los rústicos muros de adobe que conforman sus travesías; es la forma de pasar los ratos al regreso de visitar sus rededores. Siendo recomendable frecuentar los restaurantes: Adobe, Sol Inti o La picada del indio, así como tomar una fría cerveza local, entre rancios carteles y agradables músicas de los 70, en el genuino y siempre ambientado bar ChelaCabur. Pero para nada es aconsejable hospedarse en el "Hostal Corvatsch" mediocre y caro, donde nos pueden engatusar ofreciéndonos contratar algunas de las excursiones que realiza su agencia "Expediciones Corvatsch" dándonos gato por liebre, no cumpliendo lo ofertado……… pero es el riesgo que conlleva el rápido crecimiento turístico de esta población y la búsqueda de "plata" rápida sin el menor escrúpulo.

Desde ella parten los recorridos para visitar sus lugares más sugerentes: El Salar de Atacama y sus lagunas próximas como las de Chaxa y los Barros Negros, las Lagunas Altiplánicas de Miscanti y Minique, los Geiseres de El Tatio, el Valle de la Luna y de la Muerte, e ir a ver atardecer al lago de Tebinquiche. Así como pequeñas aldeas llenas de encanto: Toconao, Socaíre, Machuca y otras, y también observar los restos de las antiguas culturas preincaicas que los antiguos atacameños, con más de 12.000 años de historia (Quebrada de Maní) desarrollaron en estos inhóspitos territorios, habiendo sabido domesticar estas yermas y estriles tierras de subsistencia viviendo de la agricultura y la ganadería. Como prueba de ello quedan los vestigios de la ciudad-fortaleza de Pukara de Quitor, la Numancia atacameña, que resistió a la dominación colonial hispana durante 20 años. No quitándole merito a nada de lo anterior, quiero resaltar de sus impresionantes paisajes sobre todo el Salar de Tara, que situado a una altitud próxima a los 5.000 m. y sin apenas visitantes sobrecoge por sus infinitos horizontes y los coloridos con los que regala nuestras vistas, en verdad un variado y sorprendente lugar con magia, donde los haya. Es prescindible acercarse a las lagunas De Piedra y Cejar, que muy próximas entre si y cercanas a la población son, más que un espacio natural, las piscinas de por allí, caras y bulliciosas.
 


Debemos ser cuidadosos con el mal de altura, o como le apodan por estas latitudes "puna" o "soroche", se hace sentir a partir de los 4.000 metros de altitud, agravándose cuando nos acercamos a los 5.000. Siendo el mejor remedio para mitigar sus efectos una infusión de "chachacoma" al desayunar y tomarnos de vez en cuando un caramelo de "coca", esto aliviará en parte nuestros males. 

Compuestos por cuencas y lagos de sal (salares), arenas y flujos de lava, estos amplios horizontes, los tórridos coloridos de sus cambiantes tierras y los azulones de las frías aguas de sus lagunas, son la constante de su yermo paisaje, solo poblado por "ichu" o paja brava, una especie similar a los espartos de aquí, que sirve de alimento a las vicuñas (camélido andino origen de las domesticadas llamas). Sus limpios cielos estrellados que podemos observar a más de 4.000 metros de altitud, su sequedad, la inexistencia de nubes y la escasez de contaminación lumínica, convierten a este espacio en uno de los mejores lugares del mundo para llevar a cabo observaciones celestes, habiéndose puesto en funcionamiento en año 2011 las instalaciones del Observatorio Astronómico ALMA, uno de los más importantes del planeta.
 


Un compendio y variado panorama lleno de sugerentes sensaciones, que el turismo multicolor está intentando domesticar, pero que las vigorosas fuerzas de la naturaleza ponen con el paso del tiempo en su sitio. Un lugar inhóspito pero bello, extremo y humano a la vez, recóndito y accesible, cielo y tierra, agua y fuego………….. contrapuntos de unos paisajes que no podemos de dejar de admirar en las lejanías de esa américa austral tan próxima a nuestra cultura.