jueves, 26 de marzo de 2026

- Río Izana...... crecida en el día de Santa Águeda

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Cuentan los anales históricos que Santa Águeda (Ágata o Gadea) fue lanzada a la hoguera en tierras sicilianas un 5 de febrero del año 250 por mantener su fe como devota cristiana, no sin antes ser martirizada por orden de Quinciano gobernador romano de Sicilia, cortándole los pechos. Es por ello que ese día se celebran por tierras castellanas y de otros lugares de nuestra geografía la festividad en nombre de la santa con grandes y evocadoras hogueras, que al tiempo de rememorar la muerte de la mártir, sirven para calmar los lógicos fríos por estas fechas a los allí congregados. Vale también la fecha para que históricamente fuera reconocido ese día como en el que mandaban las mujeres, convirtiéndose estas en protagonistas del momento (afortunadamente las cosas van evolucionando favorablemente ¿o no?, para que no se le tenga que dedicar una jornada a ese tema). Reseñable es la celebración de este día en Zamarramala, población muy próxima a ciudad de Segovia, donde las mujeres se convierten en “figura” de la jornada y dueñas del pueblo por un día, hasta el punto de designar una alcaldesa para esa jornada. 

Por tierras castellanas y concretamente en Soria son muchas las poblaciones que celebran esta conmemoración, entre ellas Ágreda, Arcos de Jalón, Berlanga de Duero, Duruelo de la Sierra, El Burgo de Osma, Medinaceli y más. Que aparte de las propias ceremonias religiosas, celebran comidas comunitarias de féminas, así como copiosas meriendas al provecho de las ascuas (torreznos, chorizos, morcillas, churrasco o lomo), donde ya asiste el vecindario en general.

Para la iglesia católica Águeda de Catania (Santa Águeda), tiene entre otras cualidades la de ostentar ser patrona/protectora contra los desastres naturales, entre ellos las riadas. Seria curioso por ello que en día de su onomástica, las fuerzas de la naturaleza se revelasen en contra de los “credos” que se atribuyen incumbencias que no les corresponde, provocando fuertes lluvias que a su vez colmaron los cauces de los ríos hasta niveles pocas veces observados. Siendo el caso del “Izana”; que fluye por las queridas y cercanas tierras sorianas de Las Cuevas de Soria, Quintana Redonda, Tardelcuende y Matamala;  que justo el día de la celebración de la “santa” sus aguas se desbordasen por múltiples lugares rebosando puentes, caminos y tierras de labor.




Aunque el río Izana tiene su nacimiento en Villaciervos, es en Villabuena donde recibe más agua. Refrenda un recorrido aproximado de unos 53 km. pero en verano solo corre agua entre las poblaciones de Las Cuevas – Quintana Redonda – Tardelcuende, apenas unos 10 km. agotándose su cauce antes de llegar a la localidad de Matamala, donde el agua desaparece sin que nadie sepa su destino, pero con algunas sospechas sobre esta curiosa y enigmática desaparición.  




Pero el día de Santa Águeda casi dos mil años después de su martirio, en este año de 2026, el río Izana desde la aldea de Las Cuevas hasta Matamala, sus aguas iban a rebosar. Estando muchas fincas de sus márgenes anegadas en su inmensidad durante la crecida, hasta el punto de que por algunos puentes ya había rebosado por encima haciéndose peligroso su cruce. Aunque ninguno de estos puntos estaban ni cerrados, ni precintados y ni siquiera señalizados por parte de autoridad alguna. Reseñable fue el acontecimiento, que por momentos se pudo contabilizar más gente mirando el nivel del rio en el Puente del Molino de Quintana Redonda que en los bares de la población.




No llegando las lluvias de estos días al extremo de Grazalema, sin alcanzar aquí salir agua por los enchufes de las casas, por los tabiques de las paredes o brotar de los suelos de las viviendas como si fueran manantiales. Si que algunos tabiques de viejas cocheras o antiguos pajares han sufrido los efectos de las interminables lluvias. Tampoco llegaron a estas aldeas los “disformes” medios de comunicación provinciales, atentos a otros situados más sensacionalistas, como fueron el Duero en Almazán o San Esteban, así como el Ucero en El Burgo de Osma.




Casi dos meses me ha costado trasladaros estos hechos, no ha sido por ociosidad al contrario, los muchos menesteres son los responsables del retraso. Aquí os dejo imágenes tanto de la crecida del Izana, como de otros enclaves de la geografía soriana:


- El Duero por Hinojosa de la Sierra, Almazán, Los Rábanos y Andaluz.


- El Ucero en El Burgo de Osma.




viernes, 20 de marzo de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) I

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Las sierras y montañas que configuran la cornisa cantábrica al norte de la provincia de Burgos conforman unos desniveles sustanciales sobre los que discurren cursos de agua, que en estas fechas y sobre todo en un año tan lluvioso como este, desarrollan unas poderosas, singulares y esplendorosas caídas de agua, a las que no hemos podido resistir acercarnos para acompañarlas en su incesante alboroto.

Aunque fundamentalmente las cascadas relacionadas y recorridas en estos párrafos se encuentran en la comarca de las Merindades burgalesas, también hemos dedicados nuestros esfuerzos a documentar algunas de importancia en el País Vasco (Álava / Vizcaya), Condado de Treviño, Valles Pasiegos, así como algunas reseñables de las comarcas burgaleses de La Lora y la Bureba, zonas todas vinculadas o próximas con el norte del oriente castellano.

Aun con las excepcionales condiciones “hídricas” de este año y la época elegida para su visita, justo después de la sucesión encadenada de un sinfín de borrascas a las que ahora les ha dado por denominar “danas”, algunas de las cascadas y sobre todo varias de las más singulares, vistosas y espectaculares (Santo del Nervión - San Miguel de Angulo – Huevera de Caderechas), no poseían la más mínima cantidad de agua, ni siquiera una misera gota en la que poder regocijar nuestras deseosas miradas, un verdadero desanimo antes las expectativas que las circunstancias meteorológicas habian provocado algunas semanas atrás.  




Se le da nombre de “Merindades” a los incipientes territorios, recuperados a las huestes sarracenas durante los primeros siglos de la mal llamada “reconquista”, que inicialmente conformarían el Condado de Castilla y posteriormente el Reino Castellano. Tierras ya cristianas durante el siglo VIII repobladas entre los siglos IX y X, y que tomando su nombre de los "maiorinus", son administradas de forma directa o indirecta por estos “merinos” (adjetivo ya romanizado) mediante delegación real (el sistema de “organización” por medio de las “Comunidades de Villa y Tierra” que conocemos en la castilla más sureña, como por ejemplo Soria, es posterior).

 

Esta forma de “gobierno” aparte de tener facultades administrativas y recaudatorias, poseían también funciones judiciales, así como, en necesidad de ejercerla, podían reclutar gentes para “hechos de armas” (guerrear) a favor del rey de turno.

Las 26 Merindades que conforman el norte burgalés es uno de los mejores destinos del país para salir en busca de cascadas durante esta época de finales del invierno y principio de la primavera, en pleno deshielo, existiendo un buen conjunto de interesantes y sugerentes saltos de agua por toda su geografía. Pudiendo realizar un recorrido por las más notorias y visitadas, llegando hasta las más desconocidas, escondidas e inéditas, pero todas saltarinas, turbadoras y revoltosas a la espera de ser visitadas.  

 

A lo largo de los más de 2.800 km2 (280.000 Ha.) de extensión que ocupan las Merindades, convergen elementos geográficos bastante diferenciados, como son la Cordillera Cantábrica, los Cañones del Ebro, así como los páramos de la Meseta Castellana y parsimoniosos valles. Pudiendo compaginar nuestro recorrido en búsqueda de las cantarinas cascadas con otros componentes existentes en el paisaje que permanentemente nos rodea, como son las profundas y herméticas Hoces del Ebro, los yermos y desamparados páramos como el de Masa, así como las originales “muelas” o Loras que trastocan nuestra visión con sus horizontes trasnochos. 



También con elementos urdidos por manos humanas, como los arcaicos y milenarios dólmenes y menhires del
Neolítico y Edad del Bronce (aprox. 3500-1500 a.C.), los eremitorios rupestres de los primeros siglos del cristianismo en nuestro país (siglos VI – VII), la pureza de un “románico” que marcan su propio estilo, así como poblaciones con un significativo y reseñable sabor medieval.

 

Los valles visitados pertenecen a las cuencas hidrográficas del Cantábrico y del Ebro. Siendo los ríos hasta los que hemos llegado: Hijuela, Cadagua, Herrerías, Nervión, Oiardo y Asón (que van hacia el Cantábrico) y por la vertiente mediterránea: Ihuda, Inglares, Ebro, Trueba, Engaña, Rudrón, Nela, Odra, Jerea Purón y Molinar. Los cursos fluviales de la Cordillera Cantábrica / Montes Vascos que dirigen sus aguas al norte, con valles soportando desniveles bastante más notables que los del sur, poseen cascadas de mayor envergadura, situándose en ellos las de caídas más vertiginosas de todo el país, superando en algunos casos los 200 m. de desnivel: Salto del Nervión 222 m. Cascada de San Miguel de Angulo 200 m. Gujuli 100 m. o la del Nacimiento del Asón de 70 m.

 

De las treinta y tres cascadas seleccionadas en principio pudimos visitar veintidós, cuatro ya las habíamos visitado en otros recorridos, algunas desistimos pues nos llegó información de que ya no llevaban agua, a otras cuatro no accedimos por su gravoso acceso y a dos no fuimos por olvido.

 

Hemos decidido comenzar la ruta por tierras vasconas, al ser estas cascadas las mas lejanas de nuestro recorrido, por ello nos dirigimos desde Logroño al Condado de Treviño atravesando perpendicularmente la Rioja Alavesa. Llegando a la población de Sáseta y en breve caminata aproximarnos a las armoniosas cascadas de Roda Vieja y el Molino. Desde allí nos dirigimos a poniente en busca del curso del Inglares entre las poblaciones de Payueta y Berganzo donde encuentra la cascada Herrerías formando una especie de cola de caballo. Terminando la mañana en el elegante salto de agua de Gujuli, que con algo más de 100, se precipita desde la población homónima al vacío medio de un paisaje verdaderamente estremecedor en los lindes del Monte Gorbea.




La sobria y gris población de Orduña; capital de uno de esos territorios que conforman una anormalidad geográfica en nuestro país, ya que es un enclave vizcaíno dentro de la provincia de Álava; sirve de base para terminar de poder visitar las ultimas cascadas en suelo vasco. Las próximas del rio Orduña en la aldea de Terganga: Cocinocha y Kobaundi, la primera no muy alejada de la población (apenas 700 m.). 


Pero sobre todo la que al final del valle de Delika produce el rio Nervión cuando lleva agua, un salto en el vacío de 222 m. conformando la mayor caída de agua de toda la península, el Salto del Nervión. Debiendo de acceder hasta el puerto y en el conocido como Monte de Santiago realizar un grato paseo hasta en mirador desde donde observar el sugestivo espectáculo que desde él se divisa.

 

Durante el trayecto a tierras ya castellanas de Valle de Angulo. disfrutamos de hermosos paisajes como en que nos regala la población de Añes (Álava) con el fondo de Sierra Carbonilla y Cerro de los Tornos. Situados en Puerto Angulo nos acercarnos al mirador desde donde poder observar la cascada de San Miguel de Angulo, que si llevase agua (que no es el caso) se convertiría en un espectáculo similar al del Nervión, pero en un entorno si se quiere de más aislamiento humano. Aquí el agua se precipita desde una altura de 200 m. rompiéndose estrepitosamente entre las fajas rocosas de su base. No muy alejada, en la pequeña aldea de Martijana (Cozuela), nos encontramos la bucólica cascada de Peñaladros a la que podemos acceder fácilmente a su base por frondoso terreno desde donde contemplarla en plenitud.

 

Tomando en principio dirección norte nos introducimos en el Valle de Mena, único espacio burgalés con voluntad cantábrica, al ser el señero de todas las Merindades en que sus aguas van a parar a ese mar del que apenas le separan 30 km. Aguas precisamente del río Cadagua, a donde nos dirigimos para allegarnos a los potentes chorros que forman su aguas al nacer del interior de la tierra. En la pequeña y coqueta aldea de Irus, el río Hijuela nos ha dejado un par de interesantes cascadas a las que se accede por el no menos seductor “Camino Real de las Enderrozas”, del que dicen podrá ser una antigua calzada romana. Tras transitar un buen trecho por esta empedrada vereda, que sirvió en el pasado para transportar mercancías de la meseta a los puertos del Cantábrico, llegamos a las dos cascadas que se encuentran muy próximas, encontrándolas en todo su esplendor y vistosidad.




Solo nos queda la Cascada de Aguasal para culminar el Valle de Mena, debiendo de acercarnos a la aldea de San Pelayo y acertar con la ruta que nos aproximará hasta este conjunto de revoltosas y espumosas aguas al caer, ubicadas en la vertiente meridional de los Montes de Ordunte. 


Pero el Valle de Mena es más que agua, allí hemos podido observar buen románico a través de los templos de Siones, San Lorenzo en Vallejo de Mena, San Pedro en El Vico, así como en la iglesia de San Miguel Arcángel en Bercedo. O torreones medievales como los de Vallejuelo y Lezana de Mena.

 

Desde Espinosa de los Monteros se accede a otra de las míticas cascadas de los Valles Pasiegos, la Cascada del Nacimiento del Asón, teniendo que pasar a la vecina Cantabria para llegar hasta ella, superando el potente desnivel que supone traspasar el Portillo de La Sia. Se trata de un espectacular salto de agua de algo más de 50 m. visible desde muchos puntos de descenso hasta el Valle de Soba. 



Otra no tan alta pero mucho más armónica podemos observar casi en la cúspide del también pasiego puerto de Estacas de Trueba ascendiendo desde Espinosa, la de Guarguero. Se encuentra señalizada y es bastante accesible al encontrarse muy próxima a la carretera y aun no siendo la cascada burgalesa más alta ni la más caudalosa, su entorno y vistosidad entre montañas y cabañas pasiegas, la convierten en una de las más apreciables de esta comarca en temporada de deshielo.

 

Entramos en las Merindades de Sotoscuevas y Valdeporres, destacando en la primera de ellas los saltos de agua resultantes directos de los arroyos de la Cordillera Cantábrica. La elegante, singular y espléndida Cascada Salceda (Quisicendo) o la Cascada de la Osera, que encontraremos por encima del abandonado Túnel de la Engaña. 


En la zona de Valdeporres otro par de ellas, la coqueta y escondida pero imprescindible de visitar de Las Pisas, a la que se llega caminando desde Villabáscones de Bezana (hay también un excelente y encantador atajo a medio camino de la aldea de San Cibrián). Ya en las proximidades de la población de Puentedey; de obligatoria visita con su insólito e impresionante puente natural sobre el que se asienta; nos acercamos a ver la espectacular cascada de La Mea que encontramos al final de un corto barranco, que con una caída de unos 30 m. hace precipitar el agua como si fuera una cortina transparente, pudiéndola pasar por detrás sin ninguna dificultad. A algo más de 500 m. en la población de Quintanilla de Valdebodres se encuentra el “Pozo del Infierno”, una cueva sumergida donde mi viejo amigo Fidel Molinero y su compañero llegaron a explorar el segundo sifón a 200 m. y 18 de profundidad.




A la espera de continuar el relato sobre las Cascadas del Norte de Burgos (Merindades) II. Quiero aclarar, que a finales de febrero no es fácil encontrar por estas zonas lugares de “acomodo y manduca” (alojamiento y comidas) para dar servicios a los que hasta aquí nos allegamos, cada vez se hace más dificultoso el dotar de servicios a zonas relevantes del ámbito rural, quejándonos después de las maldades de la despoblación. Si bien encontramos establecimientos que nos pudieran atender, la escasez de infraestructuras en servicios turísticos (hoteles y restaurantes) durante nuestra visita en el mes de febrero de 2026, se hizo notar en algunos momentos y lugares de cierta importancia.




miércoles, 11 de marzo de 2026

- Cisco en las Cuevas de Soria

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Una vez más los amigables, animosos y dispuestos vecinos de las Cuevas de Soria se han congregado en las proximidades de Izana, en un pequeño encinar a orillas del viejo camino que unía esta aldea con la de Camparañón y a mitad de trecho entre la Fuente Cailla y el Cerro de Castilrreño (con su castro celtíbero), para celebrar de nuevo la “fiesta del cisco”. Oficio carbonero que ocupó a gran parte de su población durante los aciagos y crudos días de invierno soriano, que para bien redundaría como complemento a sus exiguos pecunios conseguidos con esa agricultura de subsistencia que durante aquellas épocas era generalizada en estos austeros paramos sorianos. Actividad que se desarrolló hasta bien avanzado la medianía del siglo pasado. 

Cisco o picón es una variedad de carbón vegetal producido en menudillo, el cual se usaba para surtir los braseros con los que se calentaba la gente durante gran parte del siglo pasado. Escogiendo para ello las ramas más finas en la poda de encinas (justo las que no sirven de leña para calentar chimeneas o fogones), sobre las que se realiza un proceso de quema, en cierto modo engorroso y algo expuesto, debiendo elegir un situado al abrigo de los vientos y un día propicio para que “Eolo” no fastidie la tarea.



Su elaboración se produce a través de un procedimiento de combustión incompleta, al carbonizar intensamente cualquier tipo de madera (en el caso de las Cuevas “encina / carrasca”), por medio de un sistema de seudo-incineración al aire libre (sin horno), realizada mediante la elaboración de un pilar o montones de ramajes finos en forma de “cono”, al que se le introduce un elemento combustible, en este caso paja, llegando a alcanzar a máxima actividad temperaturas de entre 400 y 700 grados.



Todo esto se realiza en ausencia de aire, tratando que la pila de leña absorba la mínima cantidad de oxígeno evitando así la combustión directa y absorbiendo toda la humedad de la madera, dando como resultado final, un elemento tizoneado, sólido, poroso, frágil y poco pesado, con un elevado contenido en carbono, muy cercano al 98%.

 Mi abuelo fue uno de esos personajes que se dedicó a transportar con su carro el carbón vegetal desde las Cuevas de Soria hasta la estación del ferrocarril de Quintana Redonda para ser trasladado a los lugares donde se le daría uso, en algunos casos Madrid. Pudiendo llegar a ser el mismo cisco que abastecería el brasero de la casa de mis padres en el castizo Madrid, y del que aún me vienen a la mente los sabañones que ese explícito calor me producian en mis jóvenes pies (tendría por aquel entonces entre cuatro y seis años) en aquella mesa camilla con faldones, que era el único elemento calorífico de toda la vivienda.
 
A los cuevanos; gentilicio con el que se conoce a los habitantes de las Cuevas de Soria; nunca les faltó materia prima para realizar estas actividades a lo largo del tiempo, pues cuentan entre su territorio con uno de los más densos encinares de la provincia de Soria, el que se ubica en la alomada y enigmática Sierra Inodejo. Que observamos cubriendo el horizonte desde buena parte de la geografía del poniente soriano, pues no en vano su extensión logra alcanzar unas 3.000 Ha. prácticamente pobladas de espeso e intrincado encinar. De las tupidas laderas cubiertas de carrasca casi la mitad se sitúan en la población de las Cuevas con una extensión de cerca las 1.200 Ha. Donde aún podremos encontrar, si nos adentramos en su espesura, restos de las carboneras que se realizaron en el pasado.

Os invito a que repasando estas páginas curioseéis las fotos de esa celebración que los vecinos de Cuevas de Soria rememoran cada segundo domingo de marzo, si los “elementos” atmosféricos son propicios…….. teniendo la certeza de que además seréis bienvenidos y agasajados con unas migas sorianas de pastor.