miércoles, 15 de abril de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) II

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Continuando la ruta sobre las Cascadas del Norte de Burgos I, que habíamos dejado en la Merindad de Valdeporres (Puentedey – Cascada de La Mea), retomo los párrafos por lugares algo más al sur abandonando definitivamente la Cordillera Cantábrica, pero sin perder los interesantes paisajes que los remplazan, pues todo el septentrión burgalés es una continua variedad de diferentes panoramas y horizontes.

 

La ruta nos lleva a introducirnos en los sugerentes y enigmáticos Cañones del Ebro - Rudrón, donde además de disfrutar de esos sugerentes paisajes visitaremos una sucesión de desplomes de agua en su recorrido. Nos allegamos hasta la aldea de Villaescusa de Ebro, introduciéndonos apenas dos kilómetros en la vecina Cantabria, para desde allí acercarnos a través de un grato paseo hasta el lugar por donde se desprende el agua, por las singulares formaciones de roca travertina o tobácea formada por el exceso de carbonato cálcico en sus aguas. Por encima de la cascada existen tres oquedades que forman un eremitorio rupestre de entre los siglos VI y VII. Seis kilómetros aguas abajo del Ebro nos encontramos Orbaneja del Castillo donde el torrente de la Cueva parte en dos la población, moldeando con sus aguas al caer las afamadas formaciones (también de toba), que dan carácter a la fotogénica población.




Valdelateja nos sorprende suspendida sobre las paredes de los farallones del Ebro, y donde recorriendo la orilla del río Rudrón descubriremos una de las caídas de agua más hermosas y seductoras de toda la jornada. Será por la soledad que contrasta con las multitudes de Orbaneja o por la visión de la misma y su entorno, que los ánimos se nos ensanchan de júbilo. En dirección sur y ascendiendo el rio Rudrón unos 20 Km. llegamos a Tubilla del Agua, donde el arroyo que cruza por la población a su salida conforma las espectaculares cascadas de Tubilla o Santa Olalla que merecen el breve paseo de llegar hasta ellas.




Covanera y el Bar “Muñecas” nos sirven de intendencia para llegar a Sedano, preciosa y bien cuidada población que encandiló de Miguel Delibes en sus veranos. Desde ella nos dirigimos a su “barrio” de Lagos para admirar su cascada en el rio Moradillo, junto a un viejo molino y bajo un puente que dicen medieval. Allegándonos también a la cercana Gredilla de Sedano para poder ver la iglesia dedicada a San Pedro y san Pablo, que de finales del s. XII es uno de los buenos ejemplos del románico burgalés, del que destaca su magnífico tímpano que luce en la portada. De vuelta nos da tiempo para acercarnos a la potente sugerencia del Pozo Azul, una cavidad inundada de unos 20 m. de anchura de la que hasta ahora se han conseguido explorar cerca de 14 km. de galerías y sifones. Estando catalogada como la mayor del planeta de estas características, llegando a estar algunos de sus tramos por debajo de los 300 m. de la superficie.




El recorrido nos lleva ahora a introducirnos en la interesante comarca de Las Loras, esas montañas chatas que en Soria se las conoces como “muelas”, configuradas por antiguos fondos marinos, que tras sufrir la erosión generaron poderosos cañones fluviales. Zona poderoso paisajes y no menos sensacionales horizontes que es custodia de la mayor concentración de edificios románicos de la Península Ibérica. Nuestra primera parada seria en las proximidades de Sargentes de la Lora donde visitar el impecable dolmen de la Cabaña, que datado en el neolítico con una antigüedad de 6.000 años, se sitúa a orillas del vallejo del Navazal, donde observamos una pequeña pero bien formada cascada. Y donde también comprobamos junto al regato, algunas de las piedras que fueron extraídas para la construcción del dolmen, no siendo utilizadas por sus arcaicos constructores.

 

Tras pasar cerca de la surgencia Rudrón y su arco natural al que denominan “Puente del Diablo” llegamos a la población de Hoyos del Tozo, donde deberíamos ver la cascada de la Coladera en todo su esplendor, pero algo (seguramente humano) han ocurrido para que el agua no descargue por ella y si lo haga a unos centenares de metros. Nos acercamos a la población de Villaescobedo a buscar su cascada, que después de algunos despistes encontramos bajo una cueva de un prominente circo rocoso (cavidad que también tiene su historial de espeleobuceo). Es la oquedad la que hace de nacedero descargándose las aguas por la empinada ladera formando también aquí rocas “toberas”, aguas que no brotan en su magnitud pues han sido canalizadas en llenar algunas de las numerosas balsas para dotar de regadío a tierras de secano.

 

Covalagua no se sitúa muy alejada (apenas 4,5 km. en recto, 20 en vehículo), pero ya en tierras linderas palentinas. Bucólico y bullicioso situado próximo a Revilla de Pomar donde podemos observar una de esas cascadas torneadas por aguas con elevado carbonato cálcico que les confieren ese característico deslizamiento de sus aguas. Salimos de la Lora de Valdivia para internarnos en Lora Grande por el Valle de Valdelucio, donde en la población de Barriolucio se encuentra otra controvertida y bella caída de agua con formaciones tobáceas. Justo al otro lado, nada más pasar al sur de la “lora” nos encontramos con otra notable y potente surgencia que mana en medio de la vertical pared, es la cascada de “ Yeguamea” y tal cual es su nominación es su apariencia, tratándose junto con otras surgencias del nacimiento del río Odra.




En tierras de ya de La Bureba se halla la Cascada de Rojas ubicada en las cercanías de la población homónima. Donde podemos encontrar un múltiple salto de agua en el acceso del recóndito desfiladero de la Cueva formado por el arroyo de Santa Casilda. En Padrones de Bureba más al norte y en pleno valle de Caderechas (afamado por sus cerezos en flor, hasta el punto de llamarle exageradamente el “Jerte burgalés”), dedicamos una mañana acercarnos hasta la Cascada de la Huevera, que de haber tenido agua hubiera sido toso un espectáculo, sin el líquido elemento no tanto, pero aun así mereció la pena. Tras servirnos de aprovisionamiento en la interesante y bella población de Oña, población que ostenta en el monasterio de San Salvador ser el primer panteón real de Castilla.




Recuperando nuevamente el rio Ebro en la población de Valdenoceda, destaca en ella La Torre de los Velasco y La iglesia de San Miguel que dejamos para mejores tiempo. Aunque sí nos acercamos de sus alrededores al aislado y sobresaliente templo de San Pedro de Tejada, verdadera joya del románico burgalés. Nos desviamos unos pocos kilómetros de la conocida como “Ruta del Ebro Escondido” para acercarnos a la singular y escarpada cascada de Tartales de los Montes, ubicada junto al túnel que accede a la población. De vuelta al Gran Río pasamos junto a los eremitorios rupestres conocidos como “Cuevas de los Portugueses”, tomando esta denominación por el uso que le hicieron los trabajadores del país vecino que las usaron como viviendas mientras trabajan en la construcción del canal hidroeléctrico de Trespaderne, conjunto de 14 oquedades a las que se les fija una datación de entre los siglos VIII y IX.




Ascendiendo por el valle del río Jerea llegamos a Pedrosa de la Tobalina, donde observar su afamada cascada de El Peñón (más conocida vulgarmente por La Tobalina), que si bien tiene una hermosa hechura, su notoriedad le viene por su fácil acceso prácticamente en medio de la población y junto a la carretera comarcal. Justo en la otra orilla de la cascada y en la pequeña aldea de La Orden podemos visitar la iglesia de San Saturnino en estilo románico de buena sillería. Nos acercamos hasta la bien cuidada población de Herrán para adentrarnos en el Desfiladero de Río Purón que desciende desde tierras alavesas. Hoy “espacio natural”, en tiempos camino de tránsito de mercancías entre la meseta castellana y las tierras vascas, pero siempre derrochando sus aguas alegres cascadas en su transitar. También lugar de ermitaños y anacoretas como fueron los santos Felices y Roque, de los que quedan algunas ruinas de su rudimentario hábitat.




La ruta nos lleva hasta la medieval población de Frías, que vigilando el paso del Ebro y su magnífico puente desde su altivo castillo, se sitúa rodeada de empedradas calles donde se asientan las casas colgantes más peculiares de toda Castilla. 


A tiro de piedra se encuentra Tobera cuyo nombre ya lo dice todo, pues la empinada aldea está partida a mitad por el rio Molinar, donde las aguas en su precipitar han formado múltiples, hermosas y saltarinas cascadas con el marchamo de esa genuina roca “travertina”. Nos situamos en una atractiva y comedida localidad que contrasta con el despropósito de algunas de sus actividades comerciales, toda vez que muchos de sus restaurantes y bares, llevan al summum la máxima del libre comercio “ganar sin medida”, sin darse cuenta que “mataran a la gallina de los huevos de oro”. No debemos de dejar aquí de visitar la gótica ermita de Santa María de la Hoz, obra del siglo XIII que tan buen encuadre nos ofrece desde la proximidades del Puente Medieval.

Es a la entrada (salida en nuestro caso) donde el modesto río Molinar, a su paso por los montes Obarenes ha tallado una estrecha garganta, que ya fue una importante vía de comunicación en el pasado, toda vez que por ella transcurre la antigua calzada romana que unía La Bureba con Orduña y los puertos marinos del Cantábrico. 

Curiosa coincidencia, pues hemos comenzado nuestra ruta en Orduña y la terminamos aquí. Bueno aquí……. ya que tomamos dirección Logroño para resarcirnos, de estos “austeros” siete días, visitando la afamada Calle Laurel, donde ni sabemos que tasca elegir, pues la vista nos lleva a todas, en esa sugestiva exposición de su interminable oferta de pinchos, tapas y por supuesto riojas. De esta forma nos desquitarnos por esa falta de infraestructura que hemos podido observar durante estas fechas del mes de febrero, tanto en hospedajes como en restaurantes y lugares para completar las esplendidas jornadas que hemos disfrutados por estas viejas tierras castellanas.




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