miércoles, 15 de abril de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) II

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Continuando la ruta sobre las Cascadas del Norte de Burgos I, que habíamos dejado en la Merindad de Valdeporres (Puentedey – Cascada de La Mea), retomo los párrafos por lugares algo más al sur abandonando definitivamente la Cordillera Cantábrica, pero sin perder los interesantes paisajes que los remplazan, pues todo el septentrión burgalés es una continua variedad de diferentes panoramas y horizontes.

 

La ruta nos lleva a introducirnos en los sugerentes y enigmáticos Cañones del Ebro - Rudrón, donde además de disfrutar de esos sugerentes paisajes visitaremos una sucesión de desplomes de agua en su recorrido. Nos allegamos hasta la aldea de Villaescusa de Ebro, introduciéndonos apenas dos kilómetros en la vecina Cantabria, para desde allí acercarnos a través de un grato paseo hasta el lugar por donde se desprende el agua, por las singulares formaciones de roca travertina o tobácea formada por el exceso de carbonato cálcico en sus aguas. Por encima de la cascada existen tres oquedades que forman un eremitorio rupestre de entre los siglos VI y VII. Seis kilómetros aguas abajo del Ebro nos encontramos Orbaneja del Castillo donde el torrente de la Cueva parte en dos la población, moldeando con sus aguas al caer las afamadas formaciones (también de toba), que dan carácter a la fotogénica población.




Valdelateja nos sorprende suspendida sobre las paredes de los farallones del Ebro, y donde recorriendo la orilla del río Rudrón descubriremos una de las caídas de agua más hermosas y seductoras de toda la jornada. Será por la soledad que contrasta con las multitudes de Orbaneja o por la visión de la misma y su entorno, que los ánimos se nos ensanchan de júbilo. En dirección sur y ascendiendo el rio Rudrón unos 20 Km. llegamos a Tubilla del Agua, donde el arroyo que cruza por la población a su salida conforma las espectaculares cascadas de Tubilla o Santa Olalla que merecen el breve paseo de llegar hasta ellas.




Covanera y el Bar “Muñecas” nos sirven de intendencia para llegar a Sedano, preciosa y bien cuidada población que encandiló de Miguel Delibes en sus veranos. Desde ella nos dirigimos a su “barrio” de Lagos para admirar su cascada en el rio Moradillo, junto a un viejo molino y bajo un puente que dicen medieval. Allegándonos también a la cercana Gredilla de Sedano para poder ver la iglesia dedicada a San Pedro y san Pablo, que de finales del s. XII es uno de los buenos ejemplos del románico burgalés, del que destaca su magnífico tímpano que luce en la portada. De vuelta nos da tiempo para acercarnos a la potente sugerencia del Pozo Azul, una cavidad inundada de unos 20 m. de anchura de la que hasta ahora se han conseguido explorar cerca de 14 km. de galerías y sifones. Estando catalogada como la mayor del planeta de estas características, llegando a estar algunos de sus tramos por debajo de los 300 m. de la superficie.




El recorrido nos lleva ahora a introducirnos en la interesante comarca de Las Loras, esas montañas chatas que en Soria se las conoces como “muelas”, configuradas por antiguos fondos marinos, que tras sufrir la erosión generaron poderosos cañones fluviales. Zona poderoso paisajes y no menos sensacionales horizontes que es custodia de la mayor concentración de edificios románicos de la Península Ibérica. Nuestra primera parada seria en las proximidades de Sargentes de la Lora donde visitar el impecable dolmen de la Cabaña, que datado en el neolítico con una antigüedad de 6.000 años, se sitúa a orillas del vallejo del Navazal, donde observamos una pequeña pero bien formada cascada. Y donde también comprobamos junto al regato, algunas de las piedras que fueron extraídas para la construcción del dolmen, no siendo utilizadas por sus arcaicos constructores.

 

Tras pasar cerca de la surgencia Rudrón y su arco natural al que denominan “Puente del Diablo” llegamos a la población de Hoyos del Tozo, donde deberíamos ver la cascada de la Coladera en todo su esplendor, pero algo (seguramente humano) han ocurrido para que el agua no descargue por ella y si lo haga a unos centenares de metros. Nos acercamos a la población de Villaescobedo a buscar su cascada, que después de algunos despistes encontramos bajo una cueva de un prominente circo rocoso (cavidad que también tiene su historial de espeleobuceo). Es la oquedad la que hace de nacedero descargándose las aguas por la empinada ladera formando también aquí rocas “toberas”, aguas que no brotan en su magnitud pues han sido canalizadas en llenar algunas de las numerosas balsas para dotar de regadío a tierras de secano.

 

Covalagua no se sitúa muy alejada (apenas 4,5 km. en recto, 20 en vehículo), pero ya en tierras linderas palentinas. Bucólico y bullicioso situado próximo a Revilla de Pomar donde podemos observar una de esas cascadas torneadas por aguas con elevado carbonato cálcico que les confieren ese característico deslizamiento de sus aguas. Salimos de la Lora de Valdivia para internarnos en Lora Grande por el Valle de Valdelucio, donde en la población de Barriolucio se encuentra otra controvertida y bella caída de agua con formaciones tobáceas. Justo al otro lado, nada más pasar al sur de la “lora” nos encontramos con otra notable y potente surgencia que mana en medio de la vertical pared, es la cascada de “ Yeguamea” y tal cual es su nominación es su apariencia, tratándose junto con otras surgencias del nacimiento del río Odra.




En tierras de ya de La Bureba se halla la Cascada de Rojas ubicada en las cercanías de la población homónima. Donde podemos encontrar un múltiple salto de agua en el acceso del recóndito desfiladero de la Cueva formado por el arroyo de Santa Casilda. En Padrones de Bureba más al norte y en pleno valle de Caderechas (afamado por sus cerezos en flor, hasta el punto de llamarle exageradamente el “Jerte burgalés”), dedicamos una mañana acercarnos hasta la Cascada de la Huevera, que de haber tenido agua hubiera sido toso un espectáculo, sin el líquido elemento no tanto, pero aun así mereció la pena. Tras servirnos de aprovisionamiento en la interesante y bella población de Oña, población que ostenta en el monasterio de San Salvador ser el primer panteón real de Castilla.




Recuperando nuevamente el rio Ebro en la población de Valdenoceda, destaca en ella La Torre de los Velasco y La iglesia de San Miguel que dejamos para mejores tiempo. Aunque sí nos acercamos de sus alrededores al aislado y sobresaliente templo de San Pedro de Tejada, verdadera joya del románico burgalés. Nos desviamos unos pocos kilómetros de la conocida como “Ruta del Ebro Escondido” para acercarnos a la singular y escarpada cascada de Tartales de los Montes, ubicada junto al túnel que accede a la población. De vuelta al Gran Río pasamos junto a los eremitorios rupestres conocidos como “Cuevas de los Portugueses”, tomando esta denominación por el uso que le hicieron los trabajadores del país vecino que las usaron como viviendas mientras trabajan en la construcción del canal hidroeléctrico de Trespaderne, conjunto de 14 oquedades a las que se les fija una datación de entre los siglos VIII y IX.




Ascendiendo por el valle del río Jerea llegamos a Pedrosa de la Tobalina, donde observar su afamada cascada de El Peñón (más conocida vulgarmente por La Tobalina), que si bien tiene una hermosa hechura, su notoriedad le viene por su fácil acceso prácticamente en medio de la población y junto a la carretera comarcal. Justo en la otra orilla de la cascada y en la pequeña aldea de La Orden podemos visitar la iglesia de San Saturnino en estilo románico de buena sillería. Nos acercamos hasta la bien cuidada población de Herrán para adentrarnos en el Desfiladero de Río Purón que desciende desde tierras alavesas. Hoy “espacio natural”, en tiempos camino de tránsito de mercancías entre la meseta castellana y las tierras vascas, pero siempre derrochando sus aguas alegres cascadas en su transitar. También lugar de ermitaños y anacoretas como fueron los santos Felices y Roque, de los que quedan algunas ruinas de su rudimentario hábitat.




La ruta nos lleva hasta la medieval población de Frías, que vigilando el paso del Ebro y su magnífico puente desde su altivo castillo, se sitúa rodeada de empedradas calles donde se asientan las casas colgantes más peculiares de toda Castilla. 


A tiro de piedra se encuentra Tobera cuyo nombre ya lo dice todo, pues la empinada aldea está partida a mitad por el rio Molinar, donde las aguas en su precipitar han formado múltiples, hermosas y saltarinas cascadas con el marchamo de esa genuina roca “travertina”. Nos situamos en una atractiva y comedida localidad que contrasta con el despropósito de algunas de sus actividades comerciales, toda vez que muchos de sus restaurantes y bares, llevan al summum la máxima del libre comercio “ganar sin medida”, sin darse cuenta que “mataran a la gallina de los huevos de oro”. No debemos de dejar aquí de visitar la gótica ermita de Santa María de la Hoz, obra del siglo XIII que tan buen encuadre nos ofrece desde la proximidades del Puente Medieval.

Es a la entrada (salida en nuestro caso) donde el modesto río Molinar, a su paso por los montes Obarenes ha tallado una estrecha garganta, que ya fue una importante vía de comunicación en el pasado, toda vez que por ella transcurre la antigua calzada romana que unía La Bureba con Orduña y los puertos marinos del Cantábrico. 

Curiosa coincidencia, pues hemos comenzado nuestra ruta en Orduña y la terminamos aquí. Bueno aquí……. ya que tomamos dirección Logroño para resarcirnos, de estos “austeros” siete días, visitando la afamada Calle Laurel, donde ni sabemos que tasca elegir, pues la vista nos lleva a todas, en esa sugestiva exposición de su interminable oferta de pinchos, tapas y por supuesto riojas. De esta forma nos desquitarnos por esa falta de infraestructura que hemos podido observar durante estas fechas del mes de febrero, tanto en hospedajes como en restaurantes y lugares para completar las esplendidas jornadas que hemos disfrutados por estas viejas tierras castellanas.




jueves, 26 de marzo de 2026

- Río Izana...... crecida en el día de Santa Águeda

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Cuentan los anales históricos que Santa Águeda (Ágata o Gadea) fue lanzada a la hoguera en tierras sicilianas un 5 de febrero del año 250 por mantener su fe como devota cristiana, no sin antes ser martirizada por orden de Quinciano gobernador romano de Sicilia, cortándole los pechos. Es por ello que ese día se celebran por tierras castellanas y de otros lugares de nuestra geografía la festividad en nombre de la santa con grandes y evocadoras hogueras, que al tiempo de rememorar la muerte de la mártir, sirven para calmar los lógicos fríos por estas fechas a los allí congregados. Vale también la fecha para que históricamente fuera reconocido ese día como en el que mandaban las mujeres, convirtiéndose estas en protagonistas del momento (afortunadamente las cosas van evolucionando favorablemente ¿o no?, para que no se le tenga que dedicar una jornada a ese tema). Reseñable es la celebración de este día en Zamarramala, población muy próxima a ciudad de Segovia, donde las mujeres se convierten en “figura” de la jornada y dueñas del pueblo por un día, hasta el punto de designar una alcaldesa para esa jornada. 

Por tierras castellanas y concretamente en Soria son muchas las poblaciones que celebran esta conmemoración, entre ellas Ágreda, Arcos de Jalón, Berlanga de Duero, Duruelo de la Sierra, El Burgo de Osma, Medinaceli y más. Que aparte de las propias ceremonias religiosas, celebran comidas comunitarias de féminas, así como copiosas meriendas al provecho de las ascuas (torreznos, chorizos, morcillas, churrasco o lomo), donde ya asiste el vecindario en general.

Para la iglesia católica Águeda de Catania (Santa Águeda), tiene entre otras cualidades la de ostentar ser patrona/protectora contra los desastres naturales, entre ellos las riadas. Seria curioso por ello que en día de su onomástica, las fuerzas de la naturaleza se revelasen en contra de los “credos” que se atribuyen incumbencias que no les corresponde, provocando fuertes lluvias que a su vez colmaron los cauces de los ríos hasta niveles pocas veces observados. Siendo el caso del “Izana”; que fluye por las queridas y cercanas tierras sorianas de Las Cuevas de Soria, Quintana Redonda, Tardelcuende y Matamala;  que justo el día de la celebración de la “santa” sus aguas se desbordasen por múltiples lugares rebosando puentes, caminos y tierras de labor.




Aunque el río Izana tiene su nacimiento en Villaciervos, es en Villabuena donde recibe más agua. Refrenda un recorrido aproximado de unos 53 km. pero en verano solo corre agua entre las poblaciones de Las Cuevas – Quintana Redonda – Tardelcuende, apenas unos 10 km. agotándose su cauce antes de llegar a la localidad de Matamala, donde el agua desaparece sin que nadie sepa su destino, pero con algunas sospechas sobre esta curiosa y enigmática desaparición.  




Pero el día de Santa Águeda casi dos mil años después de su martirio, en este año de 2026, el río Izana desde la aldea de Las Cuevas hasta Matamala, sus aguas iban a rebosar. Estando muchas fincas de sus márgenes anegadas en su inmensidad durante la crecida, hasta el punto de que por algunos puentes ya había rebosado por encima haciéndose peligroso su cruce. Aunque ninguno de estos puntos estaban ni cerrados, ni precintados y ni siquiera señalizados por parte de autoridad alguna. Reseñable fue el acontecimiento, que por momentos se pudo contabilizar más gente mirando el nivel del rio en el Puente del Molino de Quintana Redonda que en los bares de la población.




No llegando las lluvias de estos días al extremo de Grazalema, sin alcanzar aquí salir agua por los enchufes de las casas, por los tabiques de las paredes o brotar de los suelos de las viviendas como si fueran manantiales. Si que algunos tabiques de viejas cocheras o antiguos pajares han sufrido los efectos de las interminables lluvias. Tampoco llegaron a estas aldeas los “disformes” medios de comunicación provinciales, atentos a otros situados más sensacionalistas, como fueron el Duero en Almazán o San Esteban, así como el Ucero en El Burgo de Osma.




Casi dos meses me ha costado trasladaros estos hechos, no ha sido por ociosidad al contrario, los muchos menesteres son los responsables del retraso. Aquí os dejo imágenes tanto de la crecida del Izana, como de otros enclaves de la geografía soriana:


- El Duero por Hinojosa de la Sierra, Almazán, Los Rábanos y Andaluz.


- El Ucero en El Burgo de Osma.




viernes, 20 de marzo de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) I

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Las sierras y montañas que configuran la cornisa cantábrica al norte de la provincia de Burgos conforman unos desniveles sustanciales sobre los que discurren cursos de agua, que en estas fechas y sobre todo en un año tan lluvioso como este, desarrollan unas poderosas, singulares y esplendorosas caídas de agua, a las que no hemos podido resistir acercarnos para acompañarlas en su incesante alboroto.

Aunque fundamentalmente las cascadas relacionadas y recorridas en estos párrafos se encuentran en la comarca de las Merindades burgalesas, también hemos dedicados nuestros esfuerzos a documentar algunas de importancia en el País Vasco (Álava / Vizcaya), Condado de Treviño, Valles Pasiegos, así como algunas reseñables de las comarcas burgaleses de La Lora y la Bureba, zonas todas vinculadas o próximas con el norte del oriente castellano.

Aun con las excepcionales condiciones “hídricas” de este año y la época elegida para su visita, justo después de la sucesión encadenada de un sinfín de borrascas a las que ahora les ha dado por denominar “danas”, algunas de las cascadas y sobre todo varias de las más singulares, vistosas y espectaculares (Santo del Nervión - San Miguel de Angulo – Huevera de Caderechas), no poseían la más mínima cantidad de agua, ni siquiera una misera gota en la que poder regocijar nuestras deseosas miradas, un verdadero desanimo antes las expectativas que las circunstancias meteorológicas habian provocado algunas semanas atrás.  




Se le da nombre de “Merindades” a los incipientes territorios, recuperados a las huestes sarracenas durante los primeros siglos de la mal llamada “reconquista”, que inicialmente conformarían el Condado de Castilla y posteriormente el Reino Castellano. Tierras ya cristianas durante el siglo VIII repobladas entre los siglos IX y X, y que tomando su nombre de los "maiorinus", son administradas de forma directa o indirecta por estos “merinos” (adjetivo ya romanizado) mediante delegación real (el sistema de “organización” por medio de las “Comunidades de Villa y Tierra” que conocemos en la castilla más sureña, como por ejemplo Soria, es posterior).

 

Esta forma de “gobierno” aparte de tener facultades administrativas y recaudatorias, poseían también funciones judiciales, así como, en necesidad de ejercerla, podían reclutar gentes para “hechos de armas” (guerrear) a favor del rey de turno.

Las 26 Merindades que conforman el norte burgalés es uno de los mejores destinos del país para salir en busca de cascadas durante esta época de finales del invierno y principio de la primavera, en pleno deshielo, existiendo un buen conjunto de interesantes y sugerentes saltos de agua por toda su geografía. Pudiendo realizar un recorrido por las más notorias y visitadas, llegando hasta las más desconocidas, escondidas e inéditas, pero todas saltarinas, turbadoras y revoltosas a la espera de ser visitadas.  

 

A lo largo de los más de 2.800 km2 (280.000 Ha.) de extensión que ocupan las Merindades, convergen elementos geográficos bastante diferenciados, como son la Cordillera Cantábrica, los Cañones del Ebro, así como los páramos de la Meseta Castellana y parsimoniosos valles. Pudiendo compaginar nuestro recorrido en búsqueda de las cantarinas cascadas con otros componentes existentes en el paisaje que permanentemente nos rodea, como son las profundas y herméticas Hoces del Ebro, los yermos y desamparados páramos como el de Masa, así como las originales “muelas” o Loras que trastocan nuestra visión con sus horizontes trasnochos. 



También con elementos urdidos por manos humanas, como los arcaicos y milenarios dólmenes y menhires del
Neolítico y Edad del Bronce (aprox. 3500-1500 a.C.), los eremitorios rupestres de los primeros siglos del cristianismo en nuestro país (siglos VI – VII), la pureza de un “románico” que marcan su propio estilo, así como poblaciones con un significativo y reseñable sabor medieval.

 

Los valles visitados pertenecen a las cuencas hidrográficas del Cantábrico y del Ebro. Siendo los ríos hasta los que hemos llegado: Hijuela, Cadagua, Herrerías, Nervión, Oiardo y Asón (que van hacia el Cantábrico) y por la vertiente mediterránea: Ihuda, Inglares, Ebro, Trueba, Engaña, Rudrón, Nela, Odra, Jerea Purón y Molinar. Los cursos fluviales de la Cordillera Cantábrica / Montes Vascos que dirigen sus aguas al norte, con valles soportando desniveles bastante más notables que los del sur, poseen cascadas de mayor envergadura, situándose en ellos las de caídas más vertiginosas de todo el país, superando en algunos casos los 200 m. de desnivel: Salto del Nervión 222 m. Cascada de San Miguel de Angulo 200 m. Gujuli 100 m. o la del Nacimiento del Asón de 70 m.

 

De las treinta y tres cascadas seleccionadas en principio pudimos visitar veintidós, cuatro ya las habíamos visitado en otros recorridos, algunas desistimos pues nos llegó información de que ya no llevaban agua, a otras cuatro no accedimos por su gravoso acceso y a dos no fuimos por olvido.

 

Hemos decidido comenzar la ruta por tierras vasconas, al ser estas cascadas las mas lejanas de nuestro recorrido, por ello nos dirigimos desde Logroño al Condado de Treviño atravesando perpendicularmente la Rioja Alavesa. Llegando a la población de Sáseta y en breve caminata aproximarnos a las armoniosas cascadas de Roda Vieja y el Molino. Desde allí nos dirigimos a poniente en busca del curso del Inglares entre las poblaciones de Payueta y Berganzo donde encuentra la cascada Herrerías formando una especie de cola de caballo. Terminando la mañana en el elegante salto de agua de Gujuli, que con algo más de 100, se precipita desde la población homónima al vacío medio de un paisaje verdaderamente estremecedor en los lindes del Monte Gorbea.




La sobria y gris población de Orduña; capital de uno de esos territorios que conforman una anormalidad geográfica en nuestro país, ya que es un enclave vizcaíno dentro de la provincia de Álava; sirve de base para terminar de poder visitar las ultimas cascadas en suelo vasco. Las próximas del rio Orduña en la aldea de Terganga: Cocinocha y Kobaundi, la primera no muy alejada de la población (apenas 700 m.). 


Pero sobre todo la que al final del valle de Delika produce el rio Nervión cuando lleva agua, un salto en el vacío de 222 m. conformando la mayor caída de agua de toda la península, el Salto del Nervión. Debiendo de acceder hasta el puerto y en el conocido como Monte de Santiago realizar un grato paseo hasta en mirador desde donde observar el sugestivo espectáculo que desde él se divisa.

 

Durante el trayecto a tierras ya castellanas de Valle de Angulo. disfrutamos de hermosos paisajes como en que nos regala la población de Añes (Álava) con el fondo de Sierra Carbonilla y Cerro de los Tornos. Situados en Puerto Angulo nos acercarnos al mirador desde donde poder observar la cascada de San Miguel de Angulo, que si llevase agua (que no es el caso) se convertiría en un espectáculo similar al del Nervión, pero en un entorno si se quiere de más aislamiento humano. Aquí el agua se precipita desde una altura de 200 m. rompiéndose estrepitosamente entre las fajas rocosas de su base. No muy alejada, en la pequeña aldea de Martijana (Cozuela), nos encontramos la bucólica cascada de Peñaladros a la que podemos acceder fácilmente a su base por frondoso terreno desde donde contemplarla en plenitud.

 

Tomando en principio dirección norte nos introducimos en el Valle de Mena, único espacio burgalés con voluntad cantábrica, al ser el señero de todas las Merindades en que sus aguas van a parar a ese mar del que apenas le separan 30 km. Aguas precisamente del río Cadagua, a donde nos dirigimos para allegarnos a los potentes chorros que forman su aguas al nacer del interior de la tierra. En la pequeña y coqueta aldea de Irus, el río Hijuela nos ha dejado un par de interesantes cascadas a las que se accede por el no menos seductor “Camino Real de las Enderrozas”, del que dicen podrá ser una antigua calzada romana. Tras transitar un buen trecho por esta empedrada vereda, que sirvió en el pasado para transportar mercancías de la meseta a los puertos del Cantábrico, llegamos a las dos cascadas que se encuentran muy próximas, encontrándolas en todo su esplendor y vistosidad.




Solo nos queda la Cascada de Aguasal para culminar el Valle de Mena, debiendo de acercarnos a la aldea de San Pelayo y acertar con la ruta que nos aproximará hasta este conjunto de revoltosas y espumosas aguas al caer, ubicadas en la vertiente meridional de los Montes de Ordunte. 


Pero el Valle de Mena es más que agua, allí hemos podido observar buen románico a través de los templos de Siones, San Lorenzo en Vallejo de Mena, San Pedro en El Vico, así como en la iglesia de San Miguel Arcángel en Bercedo. O torreones medievales como los de Vallejuelo y Lezana de Mena.

 

Desde Espinosa de los Monteros se accede a otra de las míticas cascadas de los Valles Pasiegos, la Cascada del Nacimiento del Asón, teniendo que pasar a la vecina Cantabria para llegar hasta ella, superando el potente desnivel que supone traspasar el Portillo de La Sia. Se trata de un espectacular salto de agua de algo más de 50 m. visible desde muchos puntos de descenso hasta el Valle de Soba. 



Otra no tan alta pero mucho más armónica podemos observar casi en la cúspide del también pasiego puerto de Estacas de Trueba ascendiendo desde Espinosa, la de Guarguero. Se encuentra señalizada y es bastante accesible al encontrarse muy próxima a la carretera y aun no siendo la cascada burgalesa más alta ni la más caudalosa, su entorno y vistosidad entre montañas y cabañas pasiegas, la convierten en una de las más apreciables de esta comarca en temporada de deshielo.

 

Entramos en las Merindades de Sotoscuevas y Valdeporres, destacando en la primera de ellas los saltos de agua resultantes directos de los arroyos de la Cordillera Cantábrica. La elegante, singular y espléndida Cascada Salceda (Quisicendo) o la Cascada de la Osera, que encontraremos por encima del abandonado Túnel de la Engaña. 


En la zona de Valdeporres otro par de ellas, la coqueta y escondida pero imprescindible de visitar de Las Pisas, a la que se llega caminando desde Villabáscones de Bezana (hay también un excelente y encantador atajo a medio camino de la aldea de San Cibrián). Ya en las proximidades de la población de Puentedey; de obligatoria visita con su insólito e impresionante puente natural sobre el que se asienta; nos acercamos a ver la espectacular cascada de La Mea que encontramos al final de un corto barranco, que con una caída de unos 30 m. hace precipitar el agua como si fuera una cortina transparente, pudiéndola pasar por detrás sin ninguna dificultad. A algo más de 500 m. en la población de Quintanilla de Valdebodres se encuentra el “Pozo del Infierno”, una cueva sumergida donde mi viejo amigo Fidel Molinero y su compañero llegaron a explorar el segundo sifón a 200 m. y 18 de profundidad.




A la espera de continuar el relato sobre las Cascadas del Norte de Burgos (Merindades) II. Quiero aclarar, que a finales de febrero no es fácil encontrar por estas zonas lugares de “acomodo y manduca” (alojamiento y comidas) para dar servicios a los que hasta aquí nos allegamos, cada vez se hace más dificultoso el dotar de servicios a zonas relevantes del ámbito rural, quejándonos después de las maldades de la despoblación. Si bien encontramos establecimientos que nos pudieran atender, la escasez de infraestructuras en servicios turísticos (hoteles y restaurantes) durante nuestra visita en el mes de febrero de 2026, se hizo notar en algunos momentos y lugares de cierta importancia.




miércoles, 11 de marzo de 2026

- Cisco en las Cuevas de Soria

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Una vez más los amigables, animosos y dispuestos vecinos de las Cuevas de Soria se han congregado en las proximidades de Izana, en un pequeño encinar a orillas del viejo camino que unía esta aldea con la de Camparañón y a mitad de trecho entre la Fuente Cailla y el Cerro de Castilrreño (con su castro celtíbero), para celebrar de nuevo la “fiesta del cisco”. Oficio carbonero que ocupó a gran parte de su población durante los aciagos y crudos días de invierno soriano, que para bien redundaría como complemento a sus exiguos pecunios conseguidos con esa agricultura de subsistencia que durante aquellas épocas era generalizada en estos austeros paramos sorianos. Actividad que se desarrolló hasta bien avanzado la medianía del siglo pasado. 

Cisco o picón es una variedad de carbón vegetal producido en menudillo, el cual se usaba para surtir los braseros con los que se calentaba la gente durante gran parte del siglo pasado. Escogiendo para ello las ramas más finas en la poda de encinas (justo las que no sirven de leña para calentar chimeneas o fogones), sobre las que se realiza un proceso de quema, en cierto modo engorroso y algo expuesto, debiendo elegir un situado al abrigo de los vientos y un día propicio para que “Eolo” no fastidie la tarea.



Su elaboración se produce a través de un procedimiento de combustión incompleta, al carbonizar intensamente cualquier tipo de madera (en el caso de las Cuevas “encina / carrasca”), por medio de un sistema de seudo-incineración al aire libre (sin horno), realizada mediante la elaboración de un pilar o montones de ramajes finos en forma de “cono”, al que se le introduce un elemento combustible, en este caso paja, llegando a alcanzar a máxima actividad temperaturas de entre 400 y 700 grados.



Todo esto se realiza en ausencia de aire, tratando que la pila de leña absorba la mínima cantidad de oxígeno evitando así la combustión directa y absorbiendo toda la humedad de la madera, dando como resultado final, un elemento tizoneado, sólido, poroso, frágil y poco pesado, con un elevado contenido en carbono, muy cercano al 98%.

 Mi abuelo fue uno de esos personajes que se dedicó a transportar con su carro el carbón vegetal desde las Cuevas de Soria hasta la estación del ferrocarril de Quintana Redonda para ser trasladado a los lugares donde se le daría uso, en algunos casos Madrid. Pudiendo llegar a ser el mismo cisco que abastecería el brasero de la casa de mis padres en el castizo Madrid, y del que aún me vienen a la mente los sabañones que ese explícito calor me producian en mis jóvenes pies (tendría por aquel entonces entre cuatro y seis años) en aquella mesa camilla con faldones, que era el único elemento calorífico de toda la vivienda.
 
A los cuevanos; gentilicio con el que se conoce a los habitantes de las Cuevas de Soria; nunca les faltó materia prima para realizar estas actividades a lo largo del tiempo, pues cuentan entre su territorio con uno de los más densos encinares de la provincia de Soria, el que se ubica en la alomada y enigmática Sierra Inodejo. Que observamos cubriendo el horizonte desde buena parte de la geografía del poniente soriano, pues no en vano su extensión logra alcanzar unas 3.000 Ha. prácticamente pobladas de espeso e intrincado encinar. De las tupidas laderas cubiertas de carrasca casi la mitad se sitúan en la población de las Cuevas con una extensión de cerca las 1.200 Ha. Donde aún podremos encontrar, si nos adentramos en su espesura, restos de las carboneras que se realizaron en el pasado.

Os invito a que repasando estas páginas curioseéis las fotos de esa celebración que los vecinos de Cuevas de Soria rememoran cada segundo domingo de marzo, si los “elementos” atmosféricos son propicios…….. teniendo la certeza de que además seréis bienvenidos y agasajados con unas migas sorianas de pastor.



lunes, 29 de diciembre de 2025

- Feliz año 2026

 Os deseo un venturoso 2026



domingo, 30 de noviembre de 2025

- Dehesa “Mata”…… con la septuacentenaria y zarandeada “Arca” de Almarza y San Andrés de Soria

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Si ascendemos desde la capital soriana hacia los vecinos valles de los Cameros riojanos, antes de superar el paso de Piqueras iremos observando a medida que vamos cogiendo altura como a nuestra diestra y siniestra, entre la Sierra del Alba y la de Tabanera, se van conformando unas exquisitas dehesas donde, desde la noche de los tiempos han pacido todo tipo de ganado. Hoy nos toca ir a recorrer parte de una de estas, cuya historia se remonta más de 700 años, teniéndose constancia documental de ella allá por el año 1367 (año concreto de1329) a través de un litigio en el que tuvo que dirimir el por entonces monarca Alfonso XI de Castilla, sentenciando la propiedad de la dehesa “Mata” a favor de los pobladores de Cardos, Pipahón, San Andrés y Almarza, aldeas las dos primeras ya desaparecidas. Haciendo observancia de que por aquel entonces en los pueblos de Castilla y León, las dehesas boyales eran exclusivas del marqués o conde de turno, no de los vecinos.

 

Si bien hay constancia de su dominio privativo desde las primeras décadas del siglo XIV, mis entendederas me hacen reflexionar sobre una vetustez bastante anterior, toda vez que estas tierras por las que se pudo transitar fácilmente, a bien de su excelente y milenaria calzada romana que comunicaba el puerto fluvial de Vareia (Varea/Logroño) con Numancia (Soria), sirvió en tiempos de la mal llamada “reconquista” a llegar a las tierras de Magaña, Tera y Almarza los ejércitos del Reino de Pamplona en el año 976, situándose la línea fronteriza con el sarraceno al sur de las mencionadas poblaciones. La denominación de Almarza no puede ser más “arabesca”, pudiéndose traducir como ”Al puerto” o “tierra de pastos”, con lo que cualquiera de las dos definiciones nos valdría en este caso.




Por lo referenciado no sería muy difícil que ya a principios del siglo XI estuvieran sus tierras repobladas, bien por gentes venidas de lugares vascones o dominios segovianos (muchos de los pueblos de la zona tienen nominaciones relacionadas con Sepúlveda, Pedraza, Ayllón, Arévalo, Cuellar, etc.). Y esa repoblación conllevará la existencia de dehesas comunales o boyales donde pacer los ganados, con los consabidos pleitos entre las poblaciones por los lindes (antes menos definidos que ahora). Por lo que muy posiblemente ya se estarían aprovechando estos pastos durante el 1270 cuando el “Sabio” rey Alfonso X elaboró el primer censo de Soria, justo 151 años después de que “Batallador” Alfonso I de Aragón (1119) tomara estas tierras y fundara Soria como cabeza de una extenso alfoz (hoy convertido en la Mancomunidad de los 150 Pueblos).




La dehesa “Mata”; una de las que más historia y fama tienen en la provincia de Soria; destaca no solo por su especial naturaleza, también por la singularidad de la propiedad “bien de propios”, otrora de cuatro localidades hoy solamente dos Almarza y San Andrés de Soria, las otras fueron secuela de la despoblación como ya he comentado. Peculiaridad que se ha convertido en señera identidad de ambas poblaciones, que conjuntamente custodian (los años pares San Andrés y los impares Almarza) una centenaria “Arca” de nogal donde guardan los históricos documentos, litigios, dispensas, privilegios y vicisitudes que atañen a esta dehesa boyal. Arcón que es festivamente intercambiado entre ambas poblaciones desde tiempo inmemorial, cada 6 de enero (día de los Magos de Oriente) en el paraje de Cantogordo (linde entre ellas).

 

El actual cofre o baúl es del siglo XVIII, estando su peculiaridad en la férrea cerradura que se diseño para ser abierta con dos llaves (una para cada población). Que idénticas pero inversas (simetría de espejo) deben de usarse al tiempo y en dirección inversa para que la cerraja se desbloquee y permita su apertura. Siendo de esta forma y manera como se custodian los legajos en ella custodiados por siglos. No teniendo conocimiento hasta el momento de la existencia de un proceso así en toda la geografía hispana, por lo que se le puede catalogar como único.

El ilustre y controvertido arqueólogo soriano Blas Taracena fue de los primeros que relacionó hace más de 80 años parte de los 107 documentos en ella custodiados, a los que se ha añadido en 2024 uno más: el plano mapa de la “Dehesa Mata” elaborado por Carlos Sanz y Juan Ramón Muñoz (que yo expongo como cabecera de las fotos de este enclave) con los topónimos singulares de la zona proporcionados por los avezados abuelos del lugar, verdaderos conocedores del terreno.




Y después de esta ocurrente e inexcusable introducción histórica que no todos los lugares tienen la suerte de poseer, nos introducimos en la fructífera y nutrida dehesa pródiga en lugares de pasto para ganados, como en recursos forestales: leña, madera, etc. así como otros productos naturales: setas y frutos silvestres, completando toda una gama de acervos de los que se han valido y aun hoy se sirven los habitantes de la zona, como forma de completar su medio de vida, formando una parte importante del peculio de estas gentes.

 

A tan solo 23 km. al norte de la capital soriana se sitúa este esplendido trozo de naturaleza donde la mano humana ha intervenido bien poco (y si lo ha hecho ha sido de forma sostenible), trasladándonos un espacio de caprichosos lugares en un entorno paisajístico y visual de primer orden. Con una apreciable extensión de 1015 hectáreas y lindando con las recién nacidas aguas del inmediato río Tera, su morfología al contrario de la ya relatada Dehesa de Vilviestre de los Nabos o la de Arguijo que próximamente relacionare a través estos párrafos, asentadas sobre zonas llanas, esta se dispone en una ladera que cubre un desnivel de 500 mts. desde los 1170 a su entrada hasta los 1637 que tiene la mojonera próxima al Alto de Tabanera, su punto culminante.

 

Al acceder a ella (PK. 250,5 de la N-111) veremos el rustico cartel indicativo de la Ermita de los Santos Nuevos (sin saber hasta esta fecha a que santos modernos o noveles se refiere), benditos mártires trasladados de la iglesia de “Los Santos” aldea despoblada ubicada en las proximidades del vecino pueblo de La Póveda. Dejando a mitad del camino a diestra un majano coronado en cruz, sobre el que asignan la piadosa “leyenda de un caballero” y su porción de carne. Y ya antes de llegar junto al inicio de una rampa; que nos deposita en la “ingente iglesia“, pues el edificio es mucho más que una simple ermita; cruzamos por una bucólica fuente con bancos-merendero.




Es desde esta ermita-santuario de donde parte el itinerario que vamos a realizar, en una espléndida y fresca mañana de otoño, a través de amplias praderas, espesos rodales y bosquetes de robles, así como atractivas zonas de verdes pastos y acebos. La ruta comienza en leve ascenso para al poco traspasar la "Portilla del Aydilllo", desde donde acometemos una más fuerte pendiente por un camino pedregoso de aproximadamente un kilómetro, desde el que nos desviamos a siniestra en ir a la búsqueda de un “haya” de cierto porte, cruzando por medio mitad de un intrincado y espinoso bosquete. Una vez

encontrada, retornamos a la senda principal para continuar la ascensión por entre un buen rodal de acebos, culminando la cuesta en el “Portillo Somero”, donde al parecer existe un “cache” para los practicantes del “geocaching”. Nos rodean unos buenos ejemplares de robles rebollo “quercus pirenaica”, considerados de los más vistosos de estas laderas sorianas,

Salimos del bosque ya tomando dirección sur y camino de regreso, con la impresionante estampa de un fornido roble, sirviéndole de fondo las siluetas de las Sierras del Alba y del Madero con el omnipresente Moncayo sobre el horizonte. Observando en el descenso un par de arbustos bien cubiertos de muérdago, para no tardando llegar a la zona de la Mesilla. Siendo aquí donde nos detenemos para visitar un refugio de pastores conocido como "Choza de la Mesilla", una construcción circular en piedra seca, con más de 300 años de antigüedad y bastante bien conservada. Siendo un tipo de construcción que aún se puede encontrar en estado y numero apreciable por estas comarcas del norte de Soria, tales como son las chozas pastoriles de: la de la Dehesa de Gallinero, la del Acebal de Garagüeta, la de Zarranzano (Arévalo / Castellanos de la Sierra), el chozo de la Peñuela (cercano al pico Terrazas) o los tampoco lejanos chozo de El Calar y chozo de la Soriana.




Desde la Mesilla una buena vereda en descenso y dirección noreste nos devuelve por entre curtidos robles a la Ermita de los Santos Nuevos, donde nos dedicamos a escudriñar las curiosidades que el templo en su exterior nos muestra. Después de comer en Almarza (nada aconsejable el restaurante Cuatro Vientos), nos dirigimos a San Andrés donde teníamos referencia sobre el pórtico de su iglesia, pero prácticamente nada pudimos observar puesto que esta protegido con un plástico casi opaco que impide su contemplación. De aquí tomamos el camino hacia el Polígono Industrial para desde allí ascender por el Camino de las Celadillas pudiendo observar a nuestra derecha en el lugar conocido como el Sestil Somero un enorme “roblón” (roble grande) que sigue desafiando a los años.

 

Continuaremos hasta la Portilla de las Peñas desde donde nos acercamos (noroeste) a las ruinosas Tainas de San Andrés (también conocidas como Majadas de Tabanera) y al cercano, singular y catalogado “Acebo de San Andrés”. Por el sendero iremos buscando el “Gran Acebo” (ojo con las zarzas), existiendo en los alrededores varias tainas en ruinas y varios ejemplares de este “aquifoliumpor detrás de ellas, alguno reseñable por el perímetro de su tronco.



Esta notable planta con unas considerables dimensiones, se encuentra en el catálogo de Árboles Singulares de la Provincia de Soria del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Tiene las características de contar con una altura próxima a los 13 metros, un perímetro de 7,4, proyectando su copa una extensión de 171 m2. aunque algunos de sus tallos/varas se encuentran marchitos por falta de luz. Se sitúa a una altitud de 1385 m. en coordenadas 0540113 / 4646310, calculándosele una edad de entre 200 / 300 años. Datos que sirven para aseverar que puede ostentan la consideración de ser uno de los acebos más fornidos de toda Castilla y León.




Poco mas os puedo reseñar de esta esplendida dehesa boyal, solo quedar a la espera de próximas entregas donde aun podré trasladar algo mas del formidable otoño soriano.