miércoles, 26 de agosto de 2026

- Rillo de Gallo / Barranco de la Hoz – Señorío de Molina de Aragón

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Visitamos a través de estos párrafos los rededores del río Gallo, afluente del Tajo en su parte más alta, situándonos en la Guadalajara más oriental. Completando un recorrido de 81 km. hasta su desembocadura al juntarse con el Tajo en el “Vado de Zaorejas” y Puente de San Pedro, desde su nacimiento en Orihuela del Tremedal, donde conforma un curioso “río de piedra” conocido como Borrocal del Río Gallo. Este curioso efecto geológico consistente en extensas y largas coladas de bloques de piedras de hasta un par de kilómetros de longitud. Originales canchales pétreos que tienen su origen en los procesos de fragmentación de las cuarcitas existentes en la zona por la acción del hielo/deshielo, probando que estas masas rocosas por efecto de la gravedad se desplazan hacia el valle, dando la visión de verdaderos “ríos de piedra”. Pedreras que podemos encontrar a lo largo de la Sierra del Tremedal y Montes Universales en el Borrocal de los Pradejones, Borrocal del Tremedal, Borrocal de la Majada de las Bacas o el Borrocal del Enebral.
 


En su recorrido el rio Gallo cruza por medio mitad la villa de Molina de Aragón, verdadera capital de toda la comarca y señorío que lleva su nombre. Por aquí el río que hoy ocupa nuestras letras, tenia fama de albergar buenos cangrejos, hoy inexistentes por la apreciable contaminación de soportan sus aguas, donde la vida animal debe ser prácticamente inexistente………….. “país”, diría Forges. Pero a Molina le dedicare aparte su buen merecido artículo, ya que tiene interesante historia, lugares reseñables y curiosas andanzas.



A poco de trecho de la población molinesa aguas abajo, nos encontramos la finca conocida como Casas de la Torrecilla y sobre ella una altiva atalaya con la misión de custodiar el valle, los caminos que transcurren por sus proximidades y la entrada a Molina de Aragón por el poniente de g entes castellanas. Apodada La Torrecilla, es una más de esas construcciones bereberes o mauras (de Mauritania / moras) que durante los siglo IX y X erigieron los musulmanes. Atalayas de vigilancia o torreones defensivos erigidas en estratégicos lugares que a la vez pudieron servir en el control de mercancías y como refugio para los caminantes.

 

Se encuentra en estado de ruina, aunque bastante entera. Su interior fue convertido en palomar, abriéndole una puerta en la base para su fácil acceso, toda vez que estas construcciones tenían su entrada a la altura del primer piso, para complicar los ataques a ella. Parece que no tardando (estamos en 2026) se va a efectuar una restauración completa, devolviéndole su original finalidad observadora. Como curiosidad, indicar que esta gallarda atalaya al septentrión del valle del Gallo, sirve de habitar para una familia de cernícalos, siendo un lugar normal su uso para este tipo de rapaz.

A tiro de piedra o vuelo de cernícalo nos encontramos la población de Rillo de Gallo, conjunto urbano a orillas de la N-211 (Alcolea del Pinar / Fraga (Huesca)) que no pasa desapercibido, pues desde la misma carretera podemos observar la singular, extraña y modernista edificación que cuenta ya 15 años (consta como fecha final de construcción 2011), aunque siguen adosándose detalles en la actualidad. Conocida como el Capricho Rillano, la casa trasmite de forma absoluta e inequívoco el estilo “gaudiano” que su dueño Juan Antonio Martínez le ha querido conferir.

 

Al obsérvala percibimos que ningunos de sus elementos es lineal, siguiendo todos las formas onduladas o curvas: columnas helicoidales o salomónicas, cubiertas alabeadas, cúpulas y aleros paraboloides o hiperbólicos en llamativos tonos, encorvadas crestas de sugerentes matices, etc. Todo integrado con puertas, ventanas y escaleras de imaginativas filigranas realizadas en forja, complementado todos los lugares con mosaicos de atrayentes colores. Donde podemos percibir elementos mágicos como girasoles, ranas, esfinges, ojos....... y hasta una enorme serpiente que recorre todo (de arriba abajo) el esquinazo sur, rememorando la que, según leyendas, existió en lo que hoy es el despoblado de Villacabras.

Abandonada ya en 1478, Villacabras se sitúa 7 km. al norte de la población de Rillo, quedando de aquella solamente las ruinas románicas de la ermita de la Virgen de la Carrasca, de las que aun sobresale su sugerente arco triunfal. Templo que aun después de ser deshabitado mantuvo un santero durante bastante tiempo. Pero Villacabras fue anteriormente un buen castro celtibero, y según el ilustre historiador, masón y librepensador molinés Anselmo Arenas López, Viriato pudo ser incinerado y sepultado aquí, así lo traslada en su crónica de 1900  “Viriato no fue portugués, si no celtíbero”, pues sus incursiones y enfrentamientos contra los romanos se pudieran situar en las sierras del Maestrazgo y de Molina. Pudiéndose situar en Villacabras…….. Villa Arcabrica, la antigua ciudad celtibero - romana de Arcabrica.




También en Rillo encontramos grabados rupestres (petroglifos) en las rocas adyacentes del Prado Burbullón, en la margen derecha del arroyo Viejo. Correspondiendo la datación de los más antiguos posiblemente al periodo de transición entre el “calcolítico” y la Edad del Bronce o Bronce Antiguo (mediados del III milenio y principios del II a. de C.). Correspondiendo en una segunda etapa a la protohistoria, y finalmente a los que nos acercan a la iconografía religiosa con la intención de acentuar la cristianización de estas tierras. 



No muy alejados se encuentran los petroglifos o grabados de Peña Escrita (Piedra del Moro la llaman los lugareños) ubicados en Canales de Molina, representando símbolos exotéricos y figuraciones humanas de complejo discernir, pero esa visita la realizaremos en época de menos canícula.

Si que nos hemos acercado hasta el escarpe rocoso de Rillo I, donde no sin dificultad pudimos encontrar sus pinturas rupestres (declarados Patrimonio de la Humanidad en 1998) que allí se muestran sin ninguna a protección. Abrigo del Llano es como se conoce este lugar y en donde podemos observar las no muy bien conservadas cinco representaciones más destacables (de las 11 que compones el panel), clasificadas por los expertos en el conjunto de “arte esquemático levantino” y datadas entre el neolítico y el calcolítico (edad del cobre). Destacando especialmente una figura de perfil femenino por el relieve de sus formas, siendo las demás restos y fragmentos de otras figuraciones. Quedando, al igual que Peña Escrita, para mejor época la visita del abrigo de Rillo II situado en la zona de Las Aguaderas.


Cambia el rio Gallo la dirección noroeste que había mantenido hasta aquí, por la de suroeste dirigiéndose a las poblaciones de Corduente y Ventosa. Debiendo de visitar antes de llegar a la primera el Castillo de Santiuste, que de propiedad particular se encuentra en muy buen estado de conservación. La localidad de Corduente ejerce de puerta de entrada al Parque Natural del Alto Tajo por su flanco noreste, siendo una aldea tranquila y acogedora que cuenta con los servicios mínimos de abastecimiento y ocio para sus locales y foráneos. Habiendo existido en ella una Fábrica de armas, que llegó a ser el 5º alto horno del país durante el siglo XVII, fundición que ordeno construir el pasmado y “picha brava” monarca Felipe IV, que tras su visita a la zona y probar las truchas del Gallo ya no dejo de degustar otras. Figurando en el escudo de Corduente tres bombas de artillería en reconocimiento de su pasado como manufactura bélica.

A algo más de 2 km. al noroeste de Corduente por la carretera hacia Cobeta y Zaorejas nos encontramos el Centro de Interpretación de la Dehesa. Instalado en un ecosistema de “dehesa húmeda” caracterizado por la sucesión de recogidos prados, aisladas lagunas y matas de pinar que van transformándose en verdaderos pinares a medida que cogemos altura. Praderas que se extienden hasta las cercanías de la población de Torremocha del Pinar en donde estos pastizales están declarados como “Microrreserva”.

 

Volviendo al río Gallo y al poco de seguir el sentido descendiente de sus aguas, estas se introducen en una zona de accidentado relieve, conformando el conocido y espectacular cañón fluvial del Barranco de la Hoz, que compuesto por esas características rocas rojas del triásico inferior (250 millones de años), donde la acción del viento y el agua ha ido erosionando y moldeando esas magnificas formas en columnas o bloques estratificados, generando poderosos contrastes geológicos que desde los distintos miradores existentes podemos observar.

Un espectáculo desde el que es casi imposible poder extraerse de observar la portentosa naturaleza que se presenta ante nuestros ojos. Panorámica que se nos presenta completa, con unas vistas que abarcan desde las partes altas donde se sitúan los extraordinarios riscos de arenisca, hasta llegar con nuestra mirada a las partes bajas donde se disponen los conglomerados. Ambas formaciones rocosas que la erosión fluvial durante millones de años ha dejado al descubierto a través de interesantes estructuras sedimentarias en forma de pilastras, torreones y murallones marcados por los estratos como enormes cicatrices.




Cantiles estratigráficos de una soberbia calidad por el detalle con que se aprecian sus rasgos, convirtiéndose sus “conglomerados” en ser los primigenios sedimentos del triásico en toda la zona la península ibérica. Riscos que nos regalan extravagantes y vistosas formas de las que destacan los “tormos” (pilares aislados y separados de las paredes) como La Tinaja y El Uso, altivos roquedos que aun destacan más por sus cálidos matices.

 

A través de millones de años las aguas de río han ido labrando y modelando bellas y caprichosas formas en los rojos cantiles que colmatan sus orillas, configurando uno de los espacios naturales más sublimes de toda la provincia. Considerado como lugar de notabilidad por el Instituto Geológico Minero de España y calificado de relevancia internacional, ha alcanzado la declaración de “Lugar de Interés Geológico” dentro del Geoparque de Molina de Aragón - Alto Tajo.

Este conjunto de altos roquedales, donde la acción de los elementos ha generado gran cantidad de oquedades, grietas y repisas, sirven de morada y abrigo a variedad de aves como el águila real y perdicera, halcón peregrino, buitre, alimoche, chova, cuervo………, y otros de menor índole como la grajilla, vencejo, avión, gorrión, roquero azul o collalba negra. Lugar propicio para que se generen cavidades y cuevas como la sima de la Muela, la cueva del Horniciego, cueva del Vía Crucis…… así como espléndidos miradores.




Oteros que son sin duda uno de los puntos más sugerentes de todo el recorrido, destacando por su espectacularidad el que asciende a lo alto del barranco por encima del Santuario de la Virgen de la Hoz. Ascensión, a pie, que transcurre a través de una sinuosa senda con “unos cuantos” escalones tallados en la propia roca, pasando por tres de los más atrayentes miradores de la zona. Los dos miradores intermedios proporcionan vistas interesantes del cañón y el superior, una visión más general. El segundo de ellos o intermedio es conocido como “La Cueva”, pudiendo observar en él marcas de raíces de plantas que se dieron en tiempos pretéritos en los sedimentos arcillosos de las orillas de antiguos ríos, estando situados hoy cientos de metros más altos.

 

En 1753 el misionero franciscano José Torrubia visito esta cueva, toda vez que un pastor de la zona había encontrado unos huesos de gran tamaño. El clérigo ascendió hasta la cueva de la hoz, y sin tener conocimiento hoy en día de que inauguraron la espeleología científica en nuestro país. Sirviendo de germen a esta nueva rama científica este lugar repleto de valores paisajísticos, ecológicos, culturales así como espacio de gran atracción geológica.

Si bien los pinos resineros repueblan sus laderas, un bonito bosque de ribera escolta sus márgenes. Arboleda que durante el otoño adquiere una gama de tonalidades, generando multitud de imágenes dignas de ser captadas por la cámara fotográfica. Siendo en el ocaso del día, con esa luz especial iluminando las antediluvianas rocas, cuando se producen una sensación en el ánimo, transformando la visión panorámica en un elemento mágico.




A mitad del barranco, incrustado entre altas paredes de rocas, se ubica el afamado Santuario de la Virgen de la Hoz, encontrándose custodiado por llamativos farallones, que en ocasiones pueden hacernos parecer extrañas figuras creando en nuestras mentes fantásticas historias. Un lugar de desbordante encanto y majestuosidad donde se respira serenidad y silencio. Aunque su original románico pertenece al siglo XIII, ya aparece documentado en el siglo XII (1168) como Santuario de Santa María de Molina, casi cuarenta décadas más tarde de que el “rey batallador” Alfonso I se apoderara de estas tierras sarracenas.

 

De aquellos tiempos viene la fantasiosa leyenda de la aparición de una virgen guardada entre unas rocas ante la invasión de los árabes allá por el siglo VIII. Viviendo un episodio más de apropiación en “exclusiva” por parte de la iglesia católica; como ha ocurrido en tantos otros lugares de la geografía española; de un espacio a nuestro alrededor con una poderosa y bella naturaleza que debería estar exenta de cualquier ideología, credo o religión. Esto que comento no es nuevo, se lleva produciendo desde que el papa San Gregorio Magno lo estableciese por escrito en al año 601 en una carta dirigida al abad Melito (Epístola ad Mellitum) donde trasladaba instrucciones de como cristianizar lugares paganos, redirigiendo el culto hacia el Dios verdadero.
 

Se cree que desde la “milagrosa” aparición de la figura virginal: los Señores de Molina (Casa de Lara) a partir de 1231 hasta 1245, los Templarios hasta 1314 y los monjes Cistercienses de Ovila (Trillo) en 1321, serían los encargados de custodiar el monasterio. 


Hasta que sobre el año 1503, el caballero molinés Fernando de Burgos reedificase el santuario, levantara una casa para ermitaños y lo convirtiese en lugar de culto y peregrinaje, que no sin algunas vicisitudes ha llegado a nuestros días.

En donde descubrimos bajo unas grandes rocas, a orilla y cauce del rio Gallo, un templo no muy grande de una simple nave en estilo “gótico-renacentista”, que custodia una imagen románica de la virgen datada en el siglo XII. Complementando el conjunto la Casa del santero y una hospedería que desgraciadamente se encuentra cerrada.

jueves, 13 de agosto de 2026

- Eclipse total solar 12-08-2026 (Inodejo / Soria)

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Aquí os dejo la fotos de ayer por la tarde en tierras sorianas, desde donde pudimos observar esta maravillosa visión astral que nos regaló la naturaleza (nota = las fotos están realizadas sin filtros, a pelo).

Nada que ver estas imágenes, con vivirlo in situ y tiempo real........... dinde los adjetivos se quedan cortos.

Una demostración que en tierras sorianas de Quintana Redonda hemos podido contemplar prácticamente desde la misma vertical, situada apenas 9 km. de donde elegimos lugar para celebrar este evento inusual y enigmático. Cenit que pasaba por la aldea de La Seca.

No voy a ampliar esta vez la información sobre este efecto astronómico tan singular que hemos podido vivir en nuestra latitud, ya que durante los últimos meses y mas concretamente los últimos días, hemos sido machacados sin piedad por los medios de comunicación de una forma exagerada, como para estar completamente informados.


El espectáculo merece ser reconocido como excepcional y espectacular.





lunes, 20 de julio de 2026

- España gana ante Trump

 España Campeona del Mundo


sábado, 11 de julio de 2026

- Retortillo – Grabados rupestres en Cañada del Monte

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Como en gran parte de nuestro planeta también la provincia de Soria está dividida en un “norte” rico, “Pinares / Tierras Altas" a través de sus extensos bosques y abundancia ganadera. Y un “sur” más humilde, con tierras pobres de baja fertilidad, más secas y hábitats bastante modestos. Hoy los fertilizantes y sobre todo el sistema público de pensiones ha equilibrado bastante esas diferencias del no muy lejano pasado, estando sus pobladores más parejos en rentas, sobre todo los más vetustos que también son en la actualidad los más abundantes. 

En estos confines meridionales de Soria, a la umbría de la electrificada (un sinfín de molinos generadores se han instalado) Sierra Pela y antaño una de las zonas mas deprimidas y desvalida de toda la provincia se sitúa Retortillo. Población que no obstante en el pasado fue un importante núcleo de comunicación y distribución, condiciones que no ha sabido mantener viva y que en la actualidad ni siquiera en la mente de sus regidores pasa la posibilidad de activar el potencial que aun mantiene mediante el turismo y sus actividades vinculadas y anexas………. pena de país este nuestro.

 

Una encrucijada de rutas, toda vez que por la localidad cruza la Calzada Romana de Tiermes a Medinaceli (Carramedina), itinerario que unía Uxama (Osma) con Segontia (Sigüenza) pasando por Tiermes. También circula por aquí el Camino del Cid, que transita estas tierras y que el de Vivar cruzó en la noche del noveno día de destierro (tal y como nos narra el “cantar”), abandonando tierras del reino de Castilla camino de dominios musulmanes-alcarreños por el puerto de La Carrascosa en la Sierra de Bulejo (Sierra de Miedes), importante paso histórico entre las Dos Castillas. Collado desde el que se puede acceder a la zona donde se sitúan los restos ruinosos de la atalaya califal de Torreplazo. Inmejorable lugar para disfrutar de unas excepcionales panorámicas de las provincias de Soria y Guadalajara, lo que hace merecer la pena el acercarse hasta aquí, punto de separación de las dos Mesetas y divisoria de aguas entre la cuenca del Tajo y el Duero.

Este itinerario coincide en parte con la Ruta de la Lana, primitivo camino de trashumancia, que transitaban los esquiladores en su ir y venir de La Mancha a Burgos, centro neurálgico de la lana entre los siglos XV y XVII. Ruta que (como otras similares) se remonta probablemente al período Neolítico, pues se tiene constancia de que los pastores (iberos) por aquellas fechas también eran trashumantes. Consolidándose durante los tiempos prerromanos, dando lugar a las definitivas Calzadas Romanas tras la ocupación de la península ibérica por parte de sus legiones. Vías de las que han llegado hasta nuestros días muchos de sus tramos, siendo reglamentadas por primera vez mediante el “Código de Eurico”, redactado el siglo VI por el indicado rey visigodo.  

La Ruta de la Lana coincide en su mayor parte con el “Camino de San Yago” de Levante, manteniendo esta ruta Jacobea bastante correspondencia con el itinerario que partiendo de Alicante y Valencia, transita hacia la capital burgalesa por las sierras levantinas, La Mancha, Alcarria y los páramos sorianos donde hoy nos situamos.

 

Estamos en una zona histórica de gran trasiego, donde no faltaron los musulmanes durante la Marca Media allá por los siglos XIX y XI. Teniendo con sus antagónicos cristianos como frontera el Duero durante doscientos años, situando y su capital avanzada en Medinaceli.




A Retortillo hoy la cruzan dos carreteras de cierta consideración: la SO-135 de Atienza / Sigüenza a Ayllón y la SO-160 de Burgo de Osma a Atienza / Sigüenza. Además de situarse en sus proximidades el importante hito arqueológico-turístico de Tiermes.




Siendo en esa encrucijada donde se sitúa la urbe soriana, que la apellidaron de Soria para diferenciarla de la ubicada en Salamanca, pero incluso con estos condicionantes relatados, la villa no ha sabido levantar cabeza con las posibilidades que tiene a su rededor, algunos de los cuales constatamos en estos párrafos.




Retortillo equivale a “río pequeño torcido o tuerto”, pasando del remoto castellano “Río Tortiello”  a su actual nominación. Lugar de antiguos pobladores arévacos (celtíberos), fue en el medievo singular villa señorial de intensa historia, protegida por un recinto medieval amurallado con cuatro puestas de las que en la actualidad aún se mantienen dos, permaneciendo en buen estado apenas 300 metros de lienzo que son compartidos con pajares, frontón y residencia de ancianos. Quedando en su interior una poderosa iglesia de interesante gótico y rollo jurisdiccional.




Quiero desde estos párrafos esbozar algunas pinceladas de los encantos y posibilidades que la zona posee y que no solo se centran en la cercanas ruinas de la celtíbero – romana Tiermes. Cabecera del río Talegones en su encantado discurrir hasta la mágica y agradable aldea de Lumías, es centro de un conjunto de poblaciones destacables como Pedro, Castro e incluso Caracena, portadoras con otras de un austero y buen románico rural y el mantenimiento de una sobria arquitectura tradicional. La Sierra Pela forma divisoria con la interesante comarca Alcarreña de Somolinos – Campisábalos, a la que debo dedicar no tardando unos párrafos. Hurgando por sus postergados vallejuelos, encontraremos variados rincones con originales e inesperados restos romanos, como la Tessera Hospitium de Peralejo de los Escuderos actualmente depositada en el Museo Arqueológico Nacional.

 

Pero lo que en realidad me trae escribir estos párrafos, son sus escondidos y casi olvidados grabados rupestres que podemos encontrar en la base de sus rojizas paredes rocosas conformadas por areniscas del Triásico tan abundantes por la zona. La Sierra Pela es el último eslabón por el oriente del Sistema Central, pudiendo encontrar en sus estribaciones y valles septentrionales hasta 71 abrigos roqueños, donde se sitúan protegidos de las inclemencias algunas pinturas y grabados rupestres, los más primitivos datados entre el III y el I milenio a. C. llegando progresiva y cronológicamente hasta el siglo XIX con representaciones más o menos “plásticas”. Calculando que el total del número de grafitos en la depresión de Tarancueña y el valle del río Pedro, desde Retortillo a Ligos llegue a superar los 1.500. En un territorio que comprende una longitud de unos 28 km. en línea recta (la practica totalidad de la comarca).


Obras muy posiblemente de pastores (al igual que las pinturas de Valonsadero) que trajinando bajo estos roquedos, dejaron sus improntas en estas púrpuras areniscas fáciles de tallar por su blandura. Siete son las zonas donde podemos entretenernos en buscar estas ancestrales representaciones pastoriles del neolítico (Ligos / Sotillos de Caracena / Tiermes / Manzanares / Advenedizo / Castro / Retortillo.
 

Centrándome en esta ocasión en la última de ellas, donde encontramos el mayor conjunto de grabados rupestres de la altimeseta soriana. Concretamente en la escarpada franja rocosa conocida como Cañada del Monte, paralela al Arroyo de Carramonte o de la Dehesa que se extiende por unos 4,5 km. desde prácticamente la villa de Retortillo hasta la aldea de Castro. Siendo a los pies de su frontal orientado al sur donde se hallan los 21 abrigos, oquedades y covachos en los que se han encontrado hasta ahora un total de 494 grabados con representaciones de todo tipo y fechas.




En las paredes de la roja piedra se pueden observar figuras esquemáticas del neolítico final así como de las edades del cobre y bronce, representando signos cruciformes y otros esquemas de interpretación desconocida, así como singulares y abundantes figuraciones en forma de herradura, representando estos, en cualquiera de sus trazas (herradura simple, doble, triple e incluso cuatro concéntricas) el 72% de los motivos expuestos  como también cazoletas muy similares a las que nos encontramos copiosamente personificadas en la Cueva de la Ermita de la Santa Cruz en Conquezuela / Miño de Medinaceli.




Observamos pequeños mallazos o redecillas, composiciones geométricas, circulares, en forma de estrella o cruces esteliformes. Imágenes a las que se le añadieron toscas figuras zoomorfas: caballos, cabras, ciervos o zorros, sin poder faltar el simbólico toro (estamos en celtíberas tierras sorianas), otras representando individuos montando a caballo e incluso escenas de gestación humana. Escenas que de forma casi lineal decoran los abrigos y hendiduras naturales como si de una moderna galería de arte se tratara. 

También podemos observar en nuestra exploración: firmas, iniciales o nominaciones a personas de cada época y hasta fechas determinadas, distinguiendo con clara minuciosidad la anualidad de “1817”. Así como personajes con ornatos e indumentarias medievales, objetos, signos y elementos representado con pliegues zigzagueantes, distinguiendo también copiosas muestras más recientes a través de modernos grafitis de dudoso gusto y plasticidad. De todos es fundamentalmente destacable la anteriormente mencionada escena “conceptivo / genésica” del conjunto de Los Poyatillos, compuesta por dos mujeres embarazadas y un varón mostrando sus atributos. Pudiendo servir esta muestra como genérico referente divulgativo de toda la zona.



Acompañados del extraordinario Cuaderno de Campo (manuscrito en facsímil - Catalogo Monumental de la Provincia de Soria - Tomo II) elaborado por Juan Cabré entre 1911 y 1917, sobre la arqueología soriana durante el neolítico y cobre. Iniciamos la ruta en cualquiera de los dos lugares donde poder estacionar el vehículos: o bien en las cercanías de la desembocadura de la depresión donde se sitúan las abandonadas tainas de Mingonarro (PK-1de la SO-P 4121) próximo a la Fuente los Charcos, o más adelante en el PK-2,5 de la misma carretera, siempre en el margen contrario a los roquedos.




Realizando un itinerario de unos dos kilómetros y medio desde el cruce de la mencionada fuente (único lugar donde proveernos de agua si es que mana en ese momento) en Mingonarro (comienzo de los farallones rocosos), hasta donde se interrumpen los cortados a la altura de la curva en la carretera que nos conduce a la aldea de Castro.

 

Ni siquiera una evidente y mísera vereda nos ayuda a orientarnos entre inermes y aislados robledales para recorrer la base de los pétreos farallones entre la vegetación, solo la intuición y la orografía nos sirven de guías. Uno tras otro seguimos la alineación de apriscos sin que ni un misero cartel nos aporte información, ni siquiera nos indique su situación o ubicación. Solo la perspicacia y nuestro afán de exploración, nos hace recorrer uno tras otro los encadenados enclaves donde si sitúan las representaciones dejadas por los ancestros pobladores de la zona, en la búsqueda de las filigranas más sugerentes hacia nuestros ojos y siempre sirviéndonos de guía las valiosas anotaciones, dibujos y fotografías que Juan Cabré realizó hace más de cien años. Pudiendo acceder a su trabajo mediante este enlace:   http://aleph.csic.es/imagenes/mad01/0010_CMTN/html/001475816_V02TF.html#page/1/mode/2up


Debo decir que este recorrido sigue prácticamente el mismo itinerario que el GR-86 o Sendero Ibérico-Soriano en su etapa de Retortillo a Tiermes. Pero el gran sendero de Soria, en este tramo lo hace por la monótona carretera desviado unos 70 m. de por donde se sitúan las bases de los cortados, por lo que sus señalizaciones no nos sirven para nada, solo al final de nuestro recorrido es cuando se une al GR si se quiere alcanzar la aldea de Castro.


Muchas de las marcas, dibujos e inscripciones se habrán perdido con el paso del tiempo al estar expuesta la blanda roca arenisca a la pertinaz erosión de los fenómenos atmosféricos (lluvia / viento / hielo). Pero si nos hemos quedado con ganas de más podemos aun acercarnos a otros abrigos no muy lejanos como los de Barranco Cueto del Cerro (Cueva de la Mora, Cueva de las Herraduras I y II), de orientación N-S y al que se puede acceder a través de la vega de Tarancueña o superando por su cima el murallón de la Cañada del Monte. También a los de la aldea de Castro, como así mismo los de la Cerrada de Saturnino Medina (entre Castro y Valvenedizo).

Quiero a través de estas líneas reconocer el magnífico trabajo realizado hace 115 años, por Juan Cabré Aguiló, continuador avanzado de los trabajos iniciados por el Marque del Cerralbo, precursor de la arqueología soriana y española. Dedicándole estos párrafos a la espera de que mi reconocimiento llegue a otros estamentos (provinciales o autonómicos) más decisorios. Permitiéndome la osadía de proponer a dichos organismos la protección y adecuación de estos lugares, su promoción, la instalación de señales y paneles informativos, así como el acondicionamiento de un camino / vereda, que con el nombre de su insigne descubridor “Senda Juan Cabré”, recorra la parte baja de los cantiles de la Cañada del Monte dando facilidad a su conocimiento. Con ello se conseguiría su difusión, un mayor grado de concienciación cívica sobre estas formas ancestrales de expresión, su protección y en gran parte ayudar a elevar el nivel repoblador de estos pueblo, intentando de una manera real luchar contra el efecto de la “España vaciada” fuera de los meses de veraneo, en una zona tan necesitada de ello.




A la espera de que estas letras os animen a visitar estas zonas de meridión soriano, y lo más complicado que a las administraciones competentes les lleguen mis suplicas (haciendo caso de ellas)………… os deseo un soportable verano.

jueves, 23 de abril de 2026

- Abedular de la Cuba…… un bosque de plata en medio del pinar (Muriel Viejo)

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Rodeados absolutamente por buenos ejemplares de pinos silvestres (pino albar), atravesamos la novedosa y metálica portilla que indica la ubicación que buscamos. El día amanecido húmedo y gris plomizo, pero aun así hemos decidido conducir una hora para allegarnos hasta aquí. Antes de acercarnos hasta nuestro objetivo, nos aproximamos hasta la inmediata balsa de El Lagunazo que en medio del boscaje y rodeada de verdor nos regala una hermosa imagen preludio de la jornada, aun lloviendo. 

Una sutil vereda nos dirige por el pinar durante unos centenares de metros, comenzando a vislumbrar ante nosotros aislados elementos de dispar arbolado del que hasta ahora nos había acompañado, que al avanzar por la senda cada vez se hacen más copiosos y abundantes. Los elegantes y poderosos pinos de recta hechura, tupida cabellera y rojiza piel, han dado paso a un conjunto de abundante bosquete, que incluso sin vestidura (aun no le han salidos sus hojas) se nos presentan alegres y juveniles. Llamándonos la atención sobre manera el sorprendente e intenso tono plateado de sus troncos…….. efectivamente hemos llegado al sugerente, interesante y singular “Abedular de la Cuba”.




Su nombre “betula” es un derivado de la palabra latina “ betūle” de origen celta que expresa betún o asfalto. Elemento que se utilizaba en la antigüedad como un adhesivo natural o betún vegetal, el "alquitrán de abedul". También hay quien lo relaciona con el verbo latino “batuo” (castigar), pues antiguamente se dedicaban las ramas largas y flexibles del abedul para flagelar a los malhechores. Usado También con este fin para sancionar a los colegiales que no eran aplicados, recibiendo por ello el sarcástico sobre nombre de “árbol de la sabiduría”.

 

El “abedul” es un elegante árbol planocaducifolio (de hoja plana que se cae cuando llegan los fríos), alcanzando a tener una altura de entre 10 y 30 m. siendo su implantación en nuestras latitudes sorianas de escasa propagación, toda vez que al ser una especie típicamente eurosiberiana (norte de Europa y Asia), le gustan los climas húmedos y frescos, encontrándose en nuestro país de forma aislada en umbrías, trampales, lagunas y riberas de ríos. Localizándose en la península ibérica de forma más habitual en el norte y en áreas de montaña entre los 1.000 y 2.000 m. de altitud, ocupando terrenos de turberas y zonas húmedas propias de ubicados fríos.

En la zona por donde nos movemos del sistema ibérico soriano, el abedul se nos presenta como una especia relicta (abundante en otros tiempos pero escaso en la actualidad) que crece de forma aislada), recuerdo de periodos donde una climatología húmeda era más habitual. Su nominación científica “betula alba” (abedul blanco) ya nos da señas de tu topología ALBA = BLANCO, definiendo su característica más señera, el color que lo hace resaltar por su lisa corteza blanco-plateada, donde radica la mayor parte de su elegante belleza. Presentando su envoltura líneas o bandas horizontales algo más oscuras que se desprende en tiras, derivando hacia una tonalidad más pardusca en la base del tronco. Tallos que se suelen ramificar desde su base (multitronco), generando varias plantas a la vez.




Sus verdes e irregularmente dentadas hojas, en otoño, antes de caer, se tornan en amarillo dorado. Hojuelas que poseen un peculiar, aromático y penetrarte olor, con un sabor amargo cuando se secan. Sus originales y colgantes flores (amentos) surgen en primavera (abril).

 

Este árbol, símbolo y representación de los extensos bosques escandinavos y rusos, es toda una fuente de riqueza. Su madera, casi blanca, blanda y poco duradera, huele a cuero, siendo usada para ahumar carne o pescados en los países del norte europeo. Utilizándose principalmente para la elaboración de pasta de papel, contrachapados, fabricación de toneles, carpintería, torneados y obtención de carbón vegetal, usándose así mismo en la construcción de puentes, cercados, cordeles, madreñas, aparejos de labranza y utensilios de cocina.

 La plateada piel de su elegante tronco no solo genera belleza, también posee otras cualidades o utilidades, pues de ella y sus yemas se extrae un aceite poseedor de múltiples propiedades medicinales. Siendo su alto contenido en ácido betulínico bastante eficaz contra cierto tipo del melanoma (agresivo cáncer de piel). Su copiosa sabia rica en “taninos”, y extraída entre marzo o abril a raíz de unos 5 litros por día, tiene propiedades antirreumáticas, diuréticas, cicatrizantes y antiinflamatorias, extracto producido hoy en día por la marca “Soria Natural”. Así mismo, a partir de este jugo se obtiene por fermentación en el norte de Europa, un preparado alcohólico conocido como "cerveza de abedul".




Conocida como "pergamino de abedul", su sutil y fina corteza, casi transparente fue usada para transcribir, dándole la nominación de “librum” origen de la actual palabra "libro", conservándose en la actualidad gracias a ello valiosas y arcaicas escrituras realizadas en alfabeto cirílico.


Con las ramas de abedul se hacían las escobas de barrer la paja en las eras después de trillar las “parvas”. Recuerdos me llegan de esos días de verano; en donde fueran las “eras”, hoy piscinas y campo de futbol; viendo a mis ti@s (fundamentalmente ellas) barriendo hasta el último resquicio de grano en suelo, con esas rusticas escobas de baleo confeccionadas con las finas ramas ya tostadas por la sequedad y agavilladas un par de veces con rudimentarios cordeles para su sujeción y apaño……….. que veranos aquellos en Quintana Redonda.  

 Y para disfrutar de los abedules en su conjunto, nos hemos trasladado hasta los dos “Muriel”, en plena Zona de Especial Conservación “Sabinares Sierra de Cabrejas” (importante área a la que ya he dedicado párrafos en otras ocasiones). Toda vez que junto a las dehesas de Muriel de la Fuente y Muriel Viejo existen dos pequeños bosques de abedul blanco, vestigios de una predominante vegetación existente durante la era pos-glaciar. Restos que nos señalan la existencia de sustratos húmedos o turberas en suelo temblante (terreno cenagoso, lodoso, inestable y blando al caminar sobre él).

 

Siendo el Abedular de la Cuba en Muriel Viejo el que sobresale por su conservación ocupando la singular turbera, que si bien, sus orillares han sido mancilladas inconscientemente, en parte por el desconocimiento y la ignorancia de la mano humana a fin de fomentar la repoblación de los pinos que nos rodean, se ha salvado milagrosamente de la desaparición.




Encontrándonos en un pequeño bosquete monoespecífico (dominado por una única especie, donde casi todos sus ejemplares son parecidos en tamaño, desarrollo y tipología) de abedul (Betula alba) con una extensión de entre 4 y 4, 5 hectáreas. Que asentado sobre un trampal (zona de turbas húmedas), rodeado por extensas y tupidas formaciones de pino silvestre o pino negral de repoblación, conforman el extenso y denso bosque, justo en la unión de la Comarca de Pinares de Soria-Burgos con los Sabinares de la Sierra de Cabrejas.

 

Bajo su sombra y a sus pies se desarrollan otras especies vegetales de interés, que aprovechándose los húmedos suelos comparten hábitat. Destacando una variedad autóctona y endémica en el Sistema Ibérico de narcisos “Narcissus Eugeniae”. Que tapizando totalmente gran parte del bosque de abedules, al florecer entre finales de marzo y principios de abrir, lo convierten en una atrayente alfombra amarilla, contrastando de forma sugerente con el plateado de los troncos convirtiendo el lugar en un insinuante juego de luces y tonos.

Para poderlo observar en su magnitud sin dañar tan frágil espacio existe la posibilidad de realizar dos recorridos, que si bien son muy similares, se diferencian en la distancia a recorrer que en ningún caso es excesiva:




- El primero de ellos es una ruta circular de unos 4 km. que se puede comenzar dejando el vehículo al comienzo del Camino de las Raíces (ver en el mapa itinerario azul)  en la que podemos no solo observar el bosque de abedules, también el conjunto de su entorno, así como El Lagunazo.


- El otro, parte del pueblo de Muriel Viejo (itinerario rojo) y por la orilla del rio en un recorrido de alrededor 6 km. nos devuelve al origen por el Camino de las Raíces después de haber visitado el abedular, los elementos singulares de la zona y el humedal de El Lagunazo, si vamos en época propicia.

 

En invierno, cuando el árbol se encuentra desnudo sin hojas, su atrayente corteza destaca más todavía de entre lo que se observa a su alrededor. Siendo en ese momento cuando deberíamos ir a hacerles una visita, pero sobre todo en primavera época en la que su base se cubre de amarillo con las flores de los narcisos como si fuera una alfombra. También durante el otoño donde sus hojas lo visten de dorado, siendo en este momento del año cuando el Abedular de la Cuba, al contrastar su tonalidad con el pinar aledaño, su efecto es aún más sorprendente y espectacular. 

 

La fragilidad de este espacio a promovido la intervención de la Junta de Castilla y León hacia su protección declarándolo Microrreserva de Flora, impidiendo su deterioro por la creciente presión humana.

 

En Muriel Viejo encontraremos el Hotel /restaurante El Cielo de Muriel, de categoría “starlight” (en defensa de la calidad de los cielos nocturnos, la protección contra la contaminación lumínica y la observación de estrellas como patrimonio), con un observatorio para poder desarrollar esta actividad, no os molestéis en llamar para contratar en el día del gran eclipse de 2026 (12 de agosto), porque esta todo ya reservado. Y en los alrededores podemos disfrutar de lugares tan especiales y sorprendentes como: La Fuentona, el Sabinar de Calatañazor, Calatañazor pueblo e historia, los sabinares de la Sierra de Cabrejas (el más grande de Europa), la misma población de Cabrejas con su tipismo, El Chorrón y las ruinas del Castillo e incluso el Cañón del Río Lobos y su entorno.

 

No es un árbol que se prodigue mucho por nuestras latitudes, estando su hábitat natural en regresión, pudiendo encontrar en nuestra geografía agrupaciones de abedules más o menos densas sobre todo en la franja atlántica y zonas montañosas del norte y centro, aunque su dispersión puede llegar hasta las montañas del Riff marroquí, situándose estos en altas cotas. Encontrando aun abedules de cierto porte en: Montes de Areta (Navarra), Garganta de Escuaín (Huesca) Clot de Baretja (Valle de Arán), Setcases (pirineo gerundense), Pena Trevinca, Texeido y Sierra de Queixa-San Mamede (Ourense), Sierra de Ancares (León/Lugo), Laciana y Leitariegos (León), Bosque de Muniellos, Puerto de pajares y Puerto Connio (Asturias), Liébana, Tres Mares y Collados de Asón (Cantabria), Bosque de Canencia y Somosierra (Madrid), Pico Rocigalgo (Toledo), Abedular de Riofrío (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real), Sierra de la Las Villas (Jaén). Queriendo hacer una mención especial a los abedules existentes y resistentes de la madrileña La Pedriza de Manzanares, tanto en el Circo de la Pedriza como en la Hoya de San Blas y en las laderas de La Najarra. Con mención especial al “Abedul de Hinojosa de la Sierra” (Soria), conocido por su forma como el “candelabro”, que después de 250 años de existencia nos dejó en el 2015.


Estos lugares sí que son las verdaderas “minas de plata” para la prosperidad y contra la despoblación de estas tierras sorianas, no las macro-granjas porcinas que sin parar autoriza la Junta de Castilla y León, poblando de podredumbre, purines contaminantes y malos olores algunos de las zonas más distintivas y específicas de esta singular geografía castellana.