sábado, 26 de septiembre de 2026

- Arguijo…… su dehesa, Picasso y el Marqués

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Es la clásica expresión que se escucha por boca de los viejos lugareños en los pueblos sorianos (también de otras latitudes)…… ¡No nieva ya como antes!....... Palpable realidad del cambio climático al que estamos sometidos por el mal uso que hacemos los humanos del planeta. Pero en Arguijo aun nieva, no siendo extraño ver sus calles vestidas de blanco durante el invierno en variadas ocasiones. Claro está que asienta su caserío a algo más de mil trescientos metros de altitud en el septentrión soriano, siendo con La Póveda las poblaciones más altas del Valle de Tera, en el tránsito a Logroño por el Puerto de Piqueras. Legendario e histórico paso de montaña, que en la actualidad disfruta de un túnel de 2,5 km. (2008) evitando 12 sinuosos kilómetros y la ascensión de más de trescientos mts, en invierno siempre nevados. Ya quisieran tener los capitalinos madrileños uno así para atravesar el Guadarrama por el simbólico Puerto de Navacerrada.

Nos situamos en una pequeña población serrana, donde conviven en arregladas casas de piedra una decena de vecinos (censados alrededor de treinta) que todavía pasan allí su invierno. Acogiendo durante el cálido estío a gran parte de los hijos y nietos de quienes se vieron obligados a marchar en busca de mejores vidas. No tiene bar, ni tienda, ni ayuntamiento, ni parada de autobús, pero si posee la Iglesia de San Juan Bautista del siglo XVIII, lavadero y frontón...... y otras curiosidades que os quiero trasladar.
 
Su nombre podría derivar de Aguijón, arbujuelo……, piedra que hiere, resplandor……, interpretaciones dadas por los expertos para el topónimo. En zonas vizcaínas del País Vasco la nominación de “arguijo” está asociada al vocablo "argi" que significa "luz" o "claro", apuntando una ubicación iluminada o visible. Una nueva hipótesis derivada del “vascuence”  asocia su procedencia de "argi-goyko", indicando "lugar alto y luminoso". Ya que nos situamos en poblaciones que fueron de origen vasco, siendo navarros los que tomaron esta tierras a los sarracenos allá por el ultimo tercio del siglo X.



No siendo de extrañar su origen, ya que en el reparto de estas tierras entre el conde castellano Sancho García y el monarca Navarro Sancho Garcés III en 1016, fijan los límites entre los dos territorios a través del documento conocido como “Concordia et Convenientia” (folio 161 del Becerro Galicano - monasterio San Millán de la Cogolla), asignando el Valle del Tera al Reino de Navarra.

 Limitado al norte por el Cerro Contreras (1670), al oeste la Sierra Fragüela y Terrazas (1.835m), por el sur la Sierra Tabanera (1.668m) y al este por Barriomartín y el Valle de Tera. Arguijo es un vergel escondido, del que se dice que no encontraron ni los moros y tampoco los ejércitos de Napoleón. Testimonio que confirmamos al acercarnos hasta allí, toda vez que no divisamos su pétreo caserío hasta cien metros antes de llegar. Situado en la comarca cuya centralidad es Almarza y en pleno Valle del río Tera, hoy Arguijo forma parte del municipio de La Póveda junto a la aldea de Barriomartín.
 
Nos encontramos en una serena, encantadora y agraciada aldea ubicada en pleno valle de Miajeno o Arguijo (que de las dos formas se llama el arroyo que la riega), a los pies de las Sierras Tabanera y Pineda. Donde cada periodo del año es diferente, pudiendo encontrarnos durante la primavera la viveza y el verdor de los prados y bosques, el frescor en los veranos, los coloridos otoños de sus dehesas y las ya comentadas nieves de invierno, que nos sirven para realizar actividades en su entorno, manteniendo ese sabor rural que le caracteriza.



Uno más de los pueblos de la zona que pertenecieron a señores de la Mesta y de gentes trashumantes, que ya por mediados del siglo XVI (Catastro de Ensenada 1752), se contabilizaban unas 3.000 ovejas y algo más de 200 cabras. Trayendo en el periplo de vuelta de los pastos invernales extremeños, “lechones morenos” de gorrino, aceitunas para ser curadas y aceite para consumo propio (productos inexistentes en estas latitudes). Pero la decadencia de la trashumancia que se inicia en el siglo XVIII y mantiene durante el XIX, aquí se acentúa a principios del siglo XX, comenzando a sentirse los primeros ramalazos de la emigración, no llegando a 200 los vecinos existentes por esas fechas, bastante por debajo de los reseñados en épocas anteriores.

 

Si bien gracias a sus condiciones no ha sido una más de esas localidades en formar parte de la lista de “despoblados”, y aun siendo pocos sus habitantes siguen manteniendo un sistema de economía y vida fundamentada en su extraordinaria cabaña de ganado vacuno y caballar. Sierras y agua es sinónimo de vegetación, encontrándonos en este espacio espléndidas hayas, pinos, acebos, magníficos robles y rebollos que le confieren ese entorno tan sugerente y natural, generando un mosaico boscoso a una cota de entre 1200 y 1400 m.

 

Pero sobre todo en Arguijo destaca su Dehesa Boyal o “Dehesón”, hermoso y sugerente espacio donde llevan a pastar tranquilamente el ganado. Como si fuera continuación de la lindera “Dehesa Mata”, de la que ya he comentado en estas páginas, nos la encontramos a 1,5 km. de coger la desviación a la izquierda en el P.K. 253,5 de la N-111 (Carretera de Logroño). Se accede justo antes de llegar a la aldea de Arguijo donde, orillada a la carretera, descubriremos a la a la derecha este sugerente espacio repleto de vegetación, con la Ermita del Villar y a la siniestra El Soto con sus soberbias hayas.




Es hermosa y amplia, extendiéndose por las 1.141,23 ha (146,64 de acebos) del total de 1.476 que posee Arguijo, lo que indica la importancia de este enclave ya que supone el 73,32 % de su territorio. Se sitúa el Dehesón entre Arguijo y La Póveda, constituyendo un verdadero vergel donde se aprecia el gustoso acomodo de las distintas especies arbóreas que en él se asientan. Lugar donde el tiempo y la naturaleza han generado una bonita y agraciada conjunción con los distintos árboles, muchos de ellos centenarios. Alojando algunos de los mejores ejemplares de roble albar de la provincia, así como rebollos de gran porte y lucidos dechados de arce, estando catalogados entre ellos cinco como ”Árboles Singulares de Soria”: “Arce campestre”, "Roble del Río”, "Roble de la Dehesa" (Barriomartín), "Roble de Majadillas “ y el denominado “Roble”.

 

Encontrándonos ante un espectacular lugar con su entorno favorecido por una poderosa naturaleza, donde la vista nos conduce entre húmedas praderas hacia los robles centenarios que pueblan cualquier rincón de esta dehesa. Pudiendo disfrutar durante nuestro paseo de magníficos ejemplares que precisan de tres o más personas para rodearlos con los brazos extendidos (algunos con un perímetro que supera los 6 m.). Una más del conjunto de dehesas boyales existentes en el Valle de Tera con alto valor ecológico, a menudo reseñadas por sus notables acebos, robles albar y melojos. Un destacado paraje donde ir a disfrutar del ya cercano otoño.

 

En el norte soriano destacan los robledales de los valles del Razón y Tera, siendo de especial mención los “Roblones de Sierra Carcaña” en la localidad de Sotillo del Rincón, del que ya he comentado en estas páginas. Existen así mismo bosques con arbolado verdaderamente excepcional dentro de esta septentrional comarca, en las múltiples dehesas y montes que encontraremos sin mayor problema, especialmente en la Dehesa de Almarza / San Andrés, así como en las de las localidades serranas de Valdeavellano de Tera, El Royo, Derroñadas, Barriomartín, Vilviestre de los Nabos o La Póveda.

 

Pero Arguijo aun nos depara más sorpresas, y pese a ser una pequeña aldea de apenas una veintena de casas tiene pedigrí propio, habiendo constancia de ser el origen y cuna de los ancestros del ilustre y controvertido pintor Pablo Ruiz “Picasso”, que vivieron en el norte de Soria desde el siglo XV, habitando en las poblaciones de Arguijo, La Póveda y Barriomartín. Desde la abuela del pintor hacia atrás en la genealogía, toda esa rama de ascendientes nacieron y vivieron en estas aldeas. Los “Blasco / Gil o Jill” que desde tiempos nacieron en Arguijo o La Póveda, siendo de allí sus trastatarabuelos, habiendo nacida en Arguijo su tatarabuela Josefa Jill que contrajo matrimonio con Gaspar Blasco “tatarabuelo”. Un hijo de ellos José Blasco Gil “bisabuelo”, nació en Arguijo en 1767 que, casado con María Antonia Echeverria (bisabuela), falleció en Málaga en 1814. Su hija María Paz Blasco Echeverria (abuela del ilustre pintor), nació en Arguijo en el 1800, y casada en Málaga con Diego Ruiz Almoguera falleció en 1860. Siendo un hijo de ellos José Ruiz y Blasco el padre de Picasso que casado con María Picasso López (de ancestros italianos), tuvieron a Pablo Ruiz Picasso en la Málaga de 1881, falleciendo en Mougins (Francia) durante la primavera de 1973.

 

Su bisabuelo José Blasco y un hermano de este (Pablo) ya fueron músicos dedicándose al canto. El propio padre del artista fue pintor y profesor de pintura, no solo en Málaga, también el Coruña y Barcelona, siendo quien alentó hacia la pintura al joven Pablo.

 

Pero podría haber tirado por los quehaceres de su familia materna, con la que tenía gran conexión, cuyos orígenes eran marineros o militares. El apellido Picasso proviene de su bisabuelo materno Tommaso Picasso, nacido en Sori (Liguria italiana) en 1787 y fallecido en Málaga el año de 1851) quien fue marino. También uno de los hijos de este Juan Bautista Picasso Guardeño (tío abuelo del artista malagueño), fue navegante y capitán de buque. Un primo de la madre del pintor fue Juan Picasso Gonzales, reconocido general por ser el elaborador del informe sobre el “Desastre de Annual” en la Guerra de África.                                                                                                                        

Fuera como fuere sus raíces sorianas son innegables, los ancestros de Picasso tienen sus orígenes a través del apellido “Blasco” en la cabecera del Valle del Tera y por allí aun andará algún familiar suyo por muy lejano que sea.



Aparte de ilustres descendientes, hermosas dehesas, sugerentes parajes y buenas gentes de montaña (no olvidemos que estamos situados alrededor de los 1300 m. de altitud), esta zona es origen del título a uno de los espacios urbanos más conocidos a los que Madrid da nombre, la
Glorieta del Marqués de Vadillo, nominación que comparte con la soriana calle del ilustre noble. Sin que en muchos de los casos, ni sorianos ni capitalinos sepan a quien se le dio tal titulación nobiliaria y por qué.

 

Debemos situarnos a principios del siglo XVIII, tras la “incursión” por parte de los “Borbones” franceses en la corona española. Y en este contexto, con afines y contrarios a este hecho (guerra de sucesión), es nombrado “marqués” por parte de monarca, al súbdito Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, que nacido en San Andrés (Soria), es un destacado funcionario de la corte madrileña como corregidor, sabiendo por los retratos que de él nos han llegado no fue una persona especialmente agraciada. Su posicionamiento a favor de las lealtades con la rama afrancesa en la disputa de la corona española, le hizo acreedor de la distinción nobiliaria otorgada por el Rey. Quien al preguntarle que nominación quería para el título, le contestó que Marqués de Vadillo más carismático de toda Soria.

 

Posesiones que fueron de su propiedad en aquellos tiempos y de las que aún quedan restos en el soriano Valle del Tera. Todavía podemos ver vestigios del tiempo de la trashumancia de la Casa del Vadillo. Junto a la carretera que nos lleva a tierras riojanas, entre los p.k. 253 y 254 de la N-111(a la altura de la desviación de Arguijo) puede observarse a la derecha las ruinas de un edificio en piedra y más abajo otros próximos al río, construcciones que en su día complementaron actividades ganaderas y agrícolas.

 

Conservándose aun en perfecto estado lo que fuera el palacio / granja del marquesado de Vadillo, situado a las afueras (sur) de la población de Tera y a orillas del mismo río. Encontrándonos una casa-palacio de finales del siglo XVI, con unas agraciadas ventanas góticas, que todavía es propiedad de sus descendientes, los González de Castejón. El conjunto de construcciones se distribuyen entorno de varios patios con edificios fundamentalmente agrícolas, protegidas por un alto vallado.




Sí da de sí este pequeño pueblo del norte soriano que en invierno se cubre de nieves en bastantes ocasiones……….. deberíamos dedicar algún momento para visitarlo.

lunes, 14 de septiembre de 2026

- Lagunas de Gallocanta y Molina de Aragón…… aguas de interior

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Toca hoy acercarnos al suroeste de la provincia de Zaragoza a la comarca del Campo de Daroca que, situada entre las de Cariñena y Calatayud, así como al norte de la provincia de Teruel y al noreste de Guadalajara, se ven surcadas sus tierras por los cauces de los ríos Huerva, que serpenteante orada los duros montes de cuarcitas, Piedra y sus hoces calizas y Jiloca con su fecunda vega. Naturalezas dispares pero acogiendo una fuerte riqueza biológica, ofreciéndonos unos paisajes limpios y esplendidos. Siendo a las cercanías de estas dos últimas cuencas donde centraremos nuestros pasos. 

Con una superficie de casi 1.120 Km2. integrado por 35 municipios, es un territorio fundamentalmente agrícola en sus llanuras dedicadas al cultivo de secano. Así mismo a la cría de porcino y al pastoreo de ganado de ovino. Albergando un variado ejemplo de entornos naturales que, por proximidad, tienen continuidad en los vecinos contornos.

 

Situada en el corazón del Sistema ibérico, y surcada por grandes hoces y grandes llanuras esteparias, la historia de estas tierras de Daroca está marcada por su papel fronterizo y su impresionante legado medieval. Cruce de caminos, de encrucijadas históricas, Daroca y su comarca han sido punto de destino de numerosos pueblos y etnias. De ello es testigo la increíble riqueza arquitectónica y cultural que atesora.

Aunque la época celtíbera dejó una profunda huella en la historia de estas tierras, donde comenzaron a asentarse entre los siglos VI y V a. C estos antepasados nuestros. Dejando huellas suficientes a través de los oppidum y castros de Beligio (Azuara), El Castellar (en Berrueco, con una muralla de grandes bloques y vistas a Gallocanta)), Orosis (Caminreal), Datos (Badules) o Segeda (entre Belmonte de Gracián y Mara) entre otros, es la herencia del medievo la que hoy sigue asombrando al visitante por su valor artístico e histórico.

 

Los romanos también dejaron su impronta en el devenir de estos territorios, teniendo como muestra la fundación de la ciudad de Agiria (sin localización), que afamada por el soberbio castillo que protegía la calzada Laminitana (Vía XXXI del Itinerario de Antonino), conectaba las actuales Zaragoza y Valencia.

 

Los árabes llegaron a estas tierras sobre el siglo VIII, fundando Daroca sirviendo como consolidación y punto estratégico/ defensivo de la “Marca Superior” (frontera del Valle del Ebro) del Califato cordobés. Hay constancia de que cuando llegaron los musulmanes al valle del Ebro (entre el 713 y 715, las antiguas poblaciones ibero-romanas de estos valles ya no existían, apenas algunas aldeas aisladas, pero ningún núcleo de cierta relevancia.




En la segunda mitad del siglo VIII los sarracenos fundaron Daroca, erigiendo donde hoy se sitúa el castillo Mayor un poderosa fortaleza. Extendiéndose a sus pies un núcleo urbano al que apodaron Daruqa. Ciudad que, según las primeras nociones documentales que nos llegan de ella, estaba regida por los Banu al-Muhayir, tribu originaria del Yemen. Posteriormente pasa a poder de los Banu Qasi, quienes fueron leales al Emirato de Córdoba durante los siglos IX y X, pasando al control de la taifa de Zaragoza en 1018.

 

Con cierto grado de debilidad y sometida a continuos “arreglos” y pagos de tributos “parias” a los reinos castellanos, se mantuvo este territorio hasta el siglo XII. Siendo tomado en 1120 por el rey Alfonso I, incorporándolo al reino de Aragón. Sobre este monarca apodado “El Batallador”, decir que no sabemos que hubiera sido de Aragón sin sus gestas. Mayestático soberano al que por cierto se le atribuye una dudosa sexualidad. Salió tarifando con su esposa Urraca I de León (primera reina fémina de pleno derecho en España y Europa), contando Soria con un torreón que lleva su nombre, situado tras el Palacio de la Audiencia muy próximo a la Plaza Mayor.

Tierra de frontera no solo con los reinos cristianos, también entre castellanos y aragoneses, siendo prodiga en castillos y fortalezas medievales, edificaciones que forman parte de su identidad y paisaje. Al recorrer el Campo de Daroca observamos como cada población del tamaño que sea conserva algún vestigio de bastión defensivo. Entre los que podemos relacionar: el castillo de Cubel, el de Santed, el Castillo Mayor de Daroca, los restos de los de Anento, Torralba de los Frailes, Romanos, Langa del Castillo y más.




La comarca del Campo de Daroca posee verdaderos tesoros ecológicos, estando sus campos y montes cubiertos de encinas, sabinas y quejigos, mientras que las llanuras son dedicadas al cultivo de cereales y azafrán. Siendo entre los ríos Jiloca y Piedra donde se desarrollan una veintena de lagunas de dispares características, pero con una importancia relevante…………. humedales que hemos decidido venido a visitar y de los que voy a comentar.




De todas ellas destaca sobre manera por su extensión y valor ambiental, la extraordinaria Laguna de Gallocanta que, convertida en refugio de fauna silvestre y declarada Zona de Especial Protección de las Aves, es el máximo exponente de la naturaleza en la zona. Encontrándonos ante la mayor y mejor conservada laguna endorreica salada de Europa occidental, que rodeada de otras lagunas de agua dulce hacen que estos humedales se hayan convertido en un paraíso para las aves migratorias.

 

Enclavada en pleno Sistema Ibérico, sobre un altiplano a mil metros de altitud Gallocanta, además de ser un espectáculo de naturaleza único, es una laguna muy especial por su singularidad hidrológica. Su gran extensión, la composición química de las aguas, su desconexión de la red fluvial, su carácter fluctuante, la situación entre las cuencas del Ebro y del Tajo…… le confieren un gran interés geográfico.

Gallocanta tiene una superficie de 1.924 hectáreas (19,24 km²) como Reserva Natural, más 4.553 hectáreas de zona periférica de protección. Extendiéndose su lámina de agua entre los 14 a 15 km². según la época de lluvias. Con una longitud de entre 7 y 7,7 km. y una anchura que varía entre los 2 y 2,8. Manteniendo una media de profundidad de 45 a 70 centímetros, llegando a los 2 mts. en tiempos de intensas lluvias.

 

Calificada como uno de los mejores lugares para ver las puesta de sol en Aragón, es considerada un paraíso para los ornitólogos. Habiéndose registrado la presencia de más de 220 especies de aves, entre las poblaciones invernantes, nidificantes y de paso. Lugar donde no es difícil poder observar especies únicas como como la avutarda, el sisón o la alondra ricotí.

 

Especial relevancia tiene en estas aguas la “grulla”, como especie más emblemática y verdadera alma de este espacio protegido. Siendo el lugar de toda Europa donde se concentran en más número, generando un espectáculo impresionante y único. En su ruta migratoria las grullas hallan en Gallocanta un excelente lugar de invernada, cruzando por ella entre el 80 y 95% de la población de grullas en todo el sur de los Pirineos, llegándose a avistar más de 110.000 ejemplares en un solo día. Esta considerable ave (de entre 100 y 150 ctms. de altura) se queda en este lugar entre mediados de octubre hasta marzo, convirtiendo su imagen durante estas fechas en un icono del paisaje.

Son los momentos del atardecer, cuando las bandadas de grullas regresan de los campos de cultivo circundantes para pernoctar en el humedal, en que más podremos disfrutar de su visión. Siendo indispensable sobre todo proveernos de unos buenos prismáticos, para no perder el más mínimo por menor de lo que acontece a nuestro rededor de este santuario natural.

 

Una ruta perimetral de unos 35 kilómetros circunvala por completo la laguna, un buen itinerario para recorrerlo a pie, en bicicleta e incluso en vehículo, ya que transita por los siete observatorios y miradores que periféricamente se han instalado para observar desde distintas ubicaciones la laguna y observar la avifauna sin que esta se sienta molesta. Además de estar instalado un Centro de Interpretación en la población de Gallocanta (Zaragoza) y otro en la carretera que une las poblaciones de Bello y Tornos (Teruel).

A demás de los valores naturales y paisajísticos al visitar Gallocanta podemos disfrutar de otros interesantes y no muy alejados enclaves como son la hermosa ermita románico-barroca de la Virgen del Buen Acuerdo, las ruinas del castillo de Berrueco con sus esplendidas vistas de la laguna en su amplitud o los restos celtíberos del castro El Castellar.

 

Este gran espacio de naturaleza no ha estado “inmune” a la ambición humana, ya que constantes han sido los intentos de convertirlo en tierras de laborío y siempre acogiéndose a la excusa en defensa del llamado “progreso”, “por pura filantropía” y en bien de la “generación de empleo”, pero para beneficio de los que siempre salen ganando. Pudiendo haber dejado de existir en el pasado desecada, como lo fueron entre otras las lagunas de Añavieja (en Soria) o el Cañizar (Cella / Teruel) durante el siglo XIX y en el XX la de Conquezuela también en Soria……. Entre otras.




Desde el siglo XVIII se tiene constancia de intentos para la desecación de la laguna de Gallocanta, con la finalidad de erradicar las fiebres palúdicas endémicas en la zona y por el mejor aprovechamiento agrícola del entorno. Ya en 1789 fue objeto de un proyecto de desecación, obra de afamado por entonces arquitecto aragonés Agustín Sanz Alós, que también incluía las lagunas de La Zaida y Parada. Vinculado a la por aquel entonces moda “ilustrada”. El ingeniero maño vinculado a los linajes de Aranda e Hijar, era el más indicado para llevar a cabo esta infraestructura que finalmente no se llevó afortunadamente a fin. Este ilustre proyectista más que “ilustrado”, era un avanzado precursor de lo que hoy conocemos como “liberalismo desenfrenado”, que todo actual regidor de moda tiene como manual en la mesilla del dormitorio.

 

Se sabe que en 1797 el párroco de la población Gallocantina, propuso otro proyecto de desecación a través de la Real Sociedad Económica Aragonesa de la que él era miembro. Y durante el siguiente siglo, en 1852 el Ayuntamiento de Gallocanta suplica por carta a la “braguetera” reina Isabel II tenga a bien “la bondad de acoger benignamente la idea o proyecto de la Canalización y desagüe de la Laguna de Gallocanta en vuestro campo de Bello, no sé si la misiva tuvo o no respuesta, pero tampoco se ejecutaron los deseos de ínclito alcalde.

Como resultado a la Ley de Desamortización (Madoz de 1855) la laguna de Gallocanta pasa a manos del Estado a finales del siglo XIX (sobre 1874), siendo adjudicada más tarde en pública subasta al Banco Agrícola Comercial e Industrial. Sociedad creada con el único propósito de desecar y sacar beneficio a la laguna, ejecutando para ello un canal de desagüe que se completaba con un túnel de más de 7 km. hacia el valle del Jiloca, sirviéndose de esta infraestructura para transportar los aprovechamientos agrícolas y ganaderos resultantes. Felizmente el proyecto nunca llegó a realizarse, liquidándose la sociedad en 1931 (os suena la fecha)

 

En 1926 se creó la Confederación Hidrográfica del Ebro (cumpliendo recientemente 100 años), con objeto de aprovechar los recursos hídricos de la cuenca. Estando nuevamente entre las mentes de sus regidores, la desecación de Gallocanta, comenzando el mismo año de su creación los estudios pertinentes para ello (terminados en 1928) y de nuevo no se llegaron afortunadamente a realizar.

Y de nuevo, ya con la democracia recuperada, en 1978 el flamante Consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón, Alberto Fuertes Valenzuela (U.C.D.), vuelve a plantear el viejo deseo de desecar Gallocanta para poner en cultivo de mil hectáreas y crear una urbanización. Pero a esto le levantaron muchas voces discrepantes en plena y efervescente “transición” . Gentes como José Antonio Labordeta o el conocido naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, director del afamado programa televisivo “El hombre y la tierra”, quien responde a esta iniciativa…… “Gallocanta es la Doñana de Aragón.




Por fortuna, gracias a las dificultades técnicas y físicas, la laguna de Gallocanta no corrió la misma suerte que otras del resto del país, constituyendo en la actualidad un enclave de excepcional valor ecológico. Se calcula que solo en el periodo de la dictadura fueron desecadas en España una extensión superior a las 30.000 ha, lo que equivale a la mitad del municipio de Madrid.

 

En las Tablas de Daimiel 8.000 ha. se desecaron en 1956 de su entorno y la cuenca alta del Guadiana. De la Laguna de la Janda (Cádiz) se desecó de forma masiva y definitiva en la década de 1960 bajo el régimen franquista, entre las 6.000 y 7.000 hectáreas de superficie inundada. En la Laguna de Antela (Ourense /comarca de Limia), se decretó su drenaje definitivo en 1956, siendo con 3.600 ha. una de las lagunas de agua dulce más grandes de toda la península. Mar de Campos o Laguna de la Nava (Tierra de Campos / Palencia), un monumental humedal estepario de hasta 5.000 ha. se drenó definitivamente en 1968. Y a mediados del siglo pasado en pleno “desarrollismo franquista” con el fin de ganar terrenos para la agricultura y la ganadería, se desecaron gran parte de las Marismas del Guadalquivir. Salvándose lo que hoy es el Doñana al declararlo Parque Nacional, pero sobre el que aún hoy en día hay muchas presiones de toda índole para sacarle también “provecho”, encontrándonos un futuro incierto.

Aunque la mayor parte de las desecaciones se detuvieron a finales del siglo XX con la llegada de normativas proteccionistas, los humedales españoles siguen desapareciendo por causas indirectas. Un estudio elaborado por La Estación Biológica de Doñana, nos da como resultado de que entre los años 2000 y 2022 el 22% de las lagunas temporales de la España peninsular han desaparecido. Exponiendo como causas principales: El arado ilegal de sus bordes y cubetas ampliando fincas agrícolas. La sobreexplotación de los acuíferos subterráneos que las alimentan y como no la sequía prolongada y los efectos del “cambio climático” que tanto denuestan los negacionistas ultras.

 

Seguimos nuestra ruta acercándonos hasta los Lagunazos de los Tornos, conjunto de lagunas menores rodeadas de carrizal y prados salinos, situadas al sur de la de Gallocanta, entre las poblaciones de Bello y Los Tornos, que ya se ubican en la provincia de Teruel. Cuando tienen un aceptable volumen de agua las podemos observar desde el mirador del Cañizar que, levantado sobre una torre de madera se sitúa al noreste de la lámina de agua.

La Lagunica, muy cercana y situada el sudeste de la gran laguna de Gallocanta. De agua salada al igual que ella, la encontramos a mitad de camino entre las poblaciones de Bello y Tornos, pero a la derecha de la carretera no a la izquierda como se sitúan “Los Lagunazos”. Actualmente se puede observar (si se encuentra con agua suficiente) desde un observatorio que hay justo en la carretera. Sufrió a mediados del siglo XX un proceso de desagüe, drenaje y secado, que al contrario del diseñado la para las de Gallocanta y la Zaida, si se ejecutó.




Las Balsas de Carabejas, son tres pequeñas lagunas situadas entre las poblaciones de Bello y Torralba de los Sisones, que abarcando un área aproximada de unas 4,3 ha representan un pequeño pero fascinante humedal dentro del espacio de la Laguna de Gallocanta. Convirtiéndose en un espacio relevante durante el invierno, al ser un lugar excelente de avistamiento en la observación de gruyas y otra avifauna.




Al norte de Gallocanta, entre los p k. 20 y 21 de la carreta que une Venta Alegría y la población de Santed, una desviación de un centenar de metros nos sitia en las conocidas como las Balsas de Santed. Encontrándonos dos pequeñas lagunillas endorreicas (sin salida natural o desagüe) de carácter estacional. La grande (3,5 ha) es de agua dulce y con un carácter más permanente, mientras que la pequeña (2,4 ha) es de agua salada y desaparece estacionalmente.




Sirven de resguardo a cierta fauna local y donde acuden los jabalís a beber, siendo especialmente reseñable por ser refugio de avifauna que las comparte con la cercana de Gallocanta, habiéndose catalogado hasta veintinueve especies en ellas, por lo que han sido declaradas como LIC “Lugar de Importancia Comunitaria” y ZEC “Zona de Especial Protección”, que abarca dieciséis hectáreas con su área de influencia. Cuando las visitamos pudimos observar en completa tranquilidad un grupo de media docena de flamencos rosas, que a su vez nos vigilaban a nosotros.

 

Apenas 15 km. (15 min) en dirección noroeste se encuentra la Laguna de Guialguerrero, formando parte al igual que las balsas de Santed del complejo lagunar de Gallocanta. Siendo este humedal un auténtico recurso para los ornitólogos y los amantes de la naturaleza. Este pequeño marjal de unas 10 ha. se sustenta de manantiales propios, por lo que mantiene su estabilidad hídrica aún en periodos secos. Siendo su agua dulce y no muy mineralizada.

Su hábitat compuesto por un perímetro de aneas, carrizales y juncos, sirve como refugio a una diversidad de aves acuáticas como la focha, el somormujo lavanco, los zampullines cuellinegro y chico, el aguilucho lagunero, garza real e incluso cormoranes, pudiendo tener la suerte de observar aves esteparias como el sisón o la avutarda. Pudiendo sacar buenas instantáneas de las especies en ese momento existente.


A pocos metros se encuentra una antigua ermita de la Virgen (y casa del santero) a la que se acude en romería el último domingo de agosto. Pudiendo testimoniar como es tantos otros casos la existencia de un antiguo poblado medieval, en este caso llamado Villarguerrero.


Retrocedemos sobre nuestros pasos por la A-2506, y diez kilómetros más al sur o 10 min de vehículo nos encontramos el mirador de Laguna de La Zaida. La lámina de agua, situada en el término municipal de Used, que recoge las aguas de los arroyos descendientes de la Sierra de Santa Cruz. Siendo acumuladas en una extensión de 230 ha. ocupando el fondo de una cubeta de más o menos 1,5 kilómetros de diámetro. Sus aguas son dulces en contraste de las de Gallocanta y de escasa profundidad (máxima de un metro), sobre las que resaltan sus escarpados márgenes calizos entre las dúctiles lomas.




No pudo ser más demoledor el espectáculo que observamos al llegar a ella, cosechadoras y tractores recogiendo el grano de la inmensa planicie cultivada en la que estaba convertida la laguna. Mis peores pensamientos en ese momento……. “una más de las lagunas que han desecado para sacar provecho agrícola……….. de nuevo la insaciable avaricia del ser humano”. Pero bastó infórmanos como para cambiar tajantemente de opinión, ya que la Zaida es mucho más que un simple humedal, es un fiel reflejo de la historia, la cultura y la adaptación del ser humano al medio ambiente.

 

Su sistema de explotación-conservación, consiste básicamente en alternar cada año el régimen de aprovechamiento agrícola y el de preservación de la lámina de agua. Para ello cada 15 de agosto se abren o cierran unas compuertas existentes en la represa conocida como La Parada, regulando la entrada o no de agua en la laguna. Consiguiendo que las tierras se fertilicen en los años que esta colmatada con los sedimentos aportados, mejorando de esta manera su rendimiento en los años en que se encuentra seca y productiva. Convirtiéndose en un espacio de naturaleza y vida silvestre cuando la laguna esta rebosante de agua,  transformada en un hábitat excelente para gran variedad de aves acuáticas, así como numerosos crustáceos de agua dulce (cangrejos), que a su vez sirven de alimento a las anátidas.

 

Este único y ancestral método de gestión agro-sostenible de inundaciones y cosechas, del que se sabe hay constancia desde el siglo XVI, tiene como referente más señalado el encharcamiento alterno de las orillas del Nilo que ya se realizaba en el antiguo Egipto. Encontrándonos ante una laguna de hasta 215 hectáreas (en periodo de abundantes lluvias), la mitad de las cuales son propiedad comunal local (Comunidad Junta de Zaida). Entidad que divide el espacio útil en “suertes” (lotes o parcelas), que en número de 84, son asignadas de por vida a los matrimonios de más edad en la población de Used, siempre y cuando residan en él al menos seis meses (y un día) al año. Sistema que, en el pasado (cuando no había pensiones) garantizaba el sustento de los más mayores.

Estas parcelas, pequeñas, estrechas y alargadas, con una superficie aproximada de una hectárea, debido a este curioso sistema de gestión, hace que sean dos veces más fértiles que el resto de las existentes en el municipio. Siendo además su visión paisajística variable año a año, transformándose de terreno agrícola, a ser una laguna plena de vida con una abundante población de grullas y otras aves que hasta ella se acercan. 




La laguna de la Zaida es un variable y eficiente ecosistema, sirviendo como ejemplo a los codiciosos de turno y los gestores públicos, de cómo son compatibles el desarrollo humano y el respeto por la naturaleza. Por ello quiero resaltar que la Zaida representa bastante más que una simple laguna, estamos ante un ejemplo a calcar, imitar y repetir. Legado histórico que ha llegado a nosotros desde hace 500 años y del que debemos aprender, no solo en la gestión compartida en comunidad, también como sistema de sostenibilidad de los entornos naturales de los que estamos rodeados.

 

La Zaida y Gallocanta no son lagunas aisladas, ya que forman parte de un conjunto de más de veinte encharcamientos, ocupando el fondo de una amplia planicie en medio mitad de la Codillera Ibérica. Encontrándonos en la parte suroeste, ya en la provincia de Guadalajara (La Yunta , Campillo de Dueñas y Sesma del Campo), a los pies de la ladera este de la Sierra de Caldereros), que si bien las separa la planimétrica línea que delimita Zaragoza y Guadalajara, podemos decir que conforman el mismo paisaje y hábitat natural. Conformándolo los humedades de: Balsa de Campillo de Dueñas, Laguna Llana, Laguna del Cuartizo, Laguna del Rubio, Laguna del Mojón, otra Laguna Llana en Cañada Palacio, Laguna Honda y La Lagunilla, en las que su base arcillosa ha permitido la formación de estos humedales semipermanentes.

Seguimos más al sur unos 20 km. para introducirnos en la Sexma del Pedregal (se les llama “sexmas” a las comarcas en las que está dividida la tierra de Molina de Aragón) y llegar a Setiles. Agradable y activa población pese a sus pocos habitantes, que no llegan en la actualidad a los 80, pero que en tiempos de su máximo esplendor cuando estaban en pleno auge las minas de hierro 1920 /1930 llego a superar las 1.120 almas, siendo por lo tanto un enclave originariamente minero, aunque venido a menos al desaparecer la actividad en 1990.




Hasta aquí nos ha traído la ruta de las lagunas, pues en su cercana inmediates (apenas 600 mts.) se halla la Laguna de los Majanos o de Setiles, cuya peculiaridad estriba en que se sitúa en lo alto de un amplio cerro por encima del caserío. Situada a los pies de la maltratada Sierra Menera, de la que tanto hierro se ha extraído a lo largo de los siglos, dejando fuertes cicatrices. Son sus aguas vertidas hacia poniente las que conforman esta hermosa laguna. Aguas con un alto contenido ferruginoso, de ahí a veces el tono cobrizo - parduzco en partes de ella.




Dividida en dos partes separadas por una dársena, posee un área recreativa con mucha aceptación para los locales y foráneos. Queriendo destacar que aun no estando en una de las zonas de más atracción turística de la zona, nos encontramos en un paraje de sencilla belleza. Donde observamos en todo su suntuosidad la cercana Sierra Menera, la no tan cercana Sierra de Caldereros, así como las Sierras de Aragoncillo y Molina.

 

Terminando el relato, que ya está bien, trasladarnos a la Laguna de Tordesilos ya lindando con Teruel. Este pequeño pero atrayente humedal situado a unos cuatro kilómetros de la población que le da nombre, se ha formado por las escorrentías de los montes próximos al encontrar una base de arcillas. Rodeado de juncos y con una buena área recreativa es uno de los lugares idóneos pata observar gran variedad de aves como la garza real, la lavanda boyera, el ánade azulón, la calandria y otras muchas. 


Hasta aquí un extenso paseo por zonas no muy conocidas del suroeste aragonés y noreste guadalajareño...... que hay que ir a visitar.