miércoles, 4 de noviembre de 2026

- Bombos de La Mancha (Tomelloso)…… la piedra hecha paisaje

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Nos toca visitar hoy la extensa comarca de La Mancha, de las más grandes de esta España plural en culturas. Sin que siquiera se pongan de acuerdo de hasta dónde llega, así como su magnitud, con un abanico de entre 15.000 a 30.000 km2. Teniendo como limites naturales según “Madoz”, desde los montes de Toledo hasta las estribaciones occidentales de la Sierra de Cuenca y desde la Alcarria hasta Sierra Morena. Pues hasta lo más profundo de ese terruños nos vamos a introducir, a la Llanura Manchega una zona que comprende alrededor de medio millón de hectáreas, situada en su mayor parte en la provincia de Ciudad Real y cuyo centro neurálgico es Tomelloso.

La primera mención que se conoce del término “Mancha” data del siglo XII. Pudiendo derivar su origen del árabe “Manxa” o “Al-Mansha”, refiriéndose a "tierra sin agua" o "tierra seca", lo que describe con exactitud el clima, morfología y la escasez de lluvias en esta extensa llanura. Notoriedad que no es leyenda, pues responde a unas condiciones meteorológicas extremas y a la escasez de vegetación y arbolado.

 

Pese a esta situación ha estado habitada desde antiguo, siendo su mas añejos pobladores conocidos los neandertales, que ocuparon la zona hasta hace unos 70.000 años, período en el que migraron camino a la costas. Llegando bastante después los “homo sapiens” hace aproximadamente unos 27.000 años. Encontrándose restos del “neolítico” en municipios colindantes, siendo fundamental el desarrollo en este territorio la “Cultura de las Montillas” durante la edad del bronce, de las que hay buenas muestras a través de la Motilla de Azuer y la Motilla de las Cañas durante el Bronce Medio (unos 2300 / 2000 años a. C.). Estableciéndose posteriormente en el territorio los “oretanos” (iberos) durante los siglos VI / V a. C. que utilizaron para su beneficio las “motillas” legadas por los “hombres del bronce”.

 

Gran importancia tiene en Tomelloso el llamado Pozo Tomilloso (de tomillo), histórico proveedor de agua, de posible origen romano, que con el tiempo sería el germen sobre el que se creó la población de Tomelloso entre finales del s. XV y el XVI.

 

Tras el desmoronamiento del reino visigodo a principios del siglo VIII, las huestes musulmanas avanzaron con rapidez por las llanuras manchegas sin prácticamente resistencia, quedando esta zona prácticamente deshabitada. Siendo Calatrava la Vieja “Qal'at Rabah” el gran bastión político y militar de Al-Ándalus en la región, controlando la importante vía de comunicación entre Córdoba y Toledo. Sin existir durante este periodo un asentamiento de cierta índole en toda la zona, más bien pequeños núcleos rurales, granjas o torres defensivas. Teniendo constancia el en siglo XVI de la existencia en la zona de dieciséis pequeños enclaves beréberes durante la época musulmana.




La actual población de Tomelloso durante la Edad Media no existía, era zona de frontera entre los reinos cristianos y musulmanes, una tierra de nadie donde no era viable la estabilidad, hasta el triunfo cristiano en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) donde termino el control musulmán de la zona. Existiendo pequeños poblamientos o villas, pero las malas condiciones del terreno y el duro clima hacían que estos lugares fueran posteriormente abandonados.

 

El surgimiento y repoblación definitiva de Tomelloso se dieron más tarde, a partir de finales del siglo XV y el XVI, tras la toma de Granada en 1492 por los Católicos Reyes y bajo el control de la militar Orden de Santiago. Antes de eso solo era un cruce de antiguos caminos y vías pecuarias, así como el mencionado anteriormente Pozo Tomilloso.

 

Estamos en una de las zonas áridas de España, con suelos rocosos, poca pluviosidad, cauces de agua muy limitados y la casi inexistencia de arbolado, condicionantes que limitan bastante el desarrollo de una agricultura boyante. Debiendo dedicarse sus habitantes a cultivar los espacios más propicios para plantar cereal de secano y algo de olivar, en medio de una economía de subsistencia. Cambiando esta situación a partir de mediados del siglo XVIII, cuando se empieza a introducir entre sus cosechas el viñedo, haciéndose más palpable durante la segunda mitad del XIX, cuando las viñas francesas son afectadas por la infección de “filoxera”, que prácticamente las hace desaparecer en el país vecino. Es entonces, a finales de este movido siglo y principios del XX (especialmente entre 1880 y 1950), con la imperiosa necesidad de atender a un mercado que se había quedado totalmente desabastecido de vino, cuando prácticamente el cultivo de la vid se extiende de forma generalizada, convirtiéndose prácticamente en monocultivo, generando una formidable mejora económica para toda la comarca.




Se comienzan a rotular tierras anteriormente baldías, y para ello hay que quitar cantidades ingentes de losas calizas existentes en sus terrenos dificultando la labranza. Piedras que en un principio quedan amontonadas y orilladas en las márgenes de los campos de cultivo, pero que después, el sentido práctico del agricultor manchego les da un uso y aprovechamiento útil, construyendo con ellas unos “chozos” de características muy especiales a los que llaman “bombos”.




Siendo esta nominación de “bombo”, con el que los lugareños reconocen la tradicional construcción rural pensada esencialmente para guarecer y socorrer en ella a pastores y labradores. Toda vez que en gran parte de las ocasiones los campos de labor quedaban alejados de los núcleos habitados (en Tomelloso existen bombos a más de 20 km. de la población) y ser los medios de transporte lentos (en la mayoría de los casos caminando), los agricultores precisaban un lugar donde resguardarse, alojarse, preservar las herramientas y cobijar a los animales de trabajo (mulas) durante los, en muchos casos, sucesivos días de trabajo.

 

Están elaborados de forma natural con las piedras del lugar (lajas o lanchas), desenterradas por el arado, ya que la tierra somera útil productiva apenas tiene unas decenas de centímetros de espesor. Piedras en forma de losas muy abundantes en esta comarca, al estar gran parte de La Mancha constituida por una gran lasca o costra caliza “caliche” que aquí denominan “tosca“ de varios miles de km2. Lamina caliza, con un grosor o espesor de entre los 10-15 centímetros pudiendo llegar a superar el metro de profundidad en lugares más compactos, que los labradores tienen que romper con sus arados para que el terreno sea útil y productivo, despedregándolo y amontonando los enormes guijarros en ingentes majanos a la orilla de las fincas.

 

Al observarlos nos damos cuenta de la esmerada técnica usada en su construcción, imaginamos que depurada con el paso del tiempo, estando ejecutados con la técnica de “piedra seca”, piedra tras piedra sin ningún tipo de mortero, argamasa, yeso, ni cuerdas. Apilando laja sobre laja, con la única herramienta del ingenio y sin usar andamiajes ni plomadas levantaban sus muros perimetrales de entre metro y medio y dos metros, para a continuación ejecutar la cubierta. 


En este territorio no hay maderas para formar vigas, ni agua y arcilla para confeccionar adobes, por lo que debe de ser la misma piedra la protagonista de la culminación de su techumbre, ejecutándose esta a través de una falsa cúpula de losas escalonadas, hiladas unas sobre otras avanzando hacia el centro, cerrando finalmente el espacio con una piedra “clave” como contrapeso. Estando el secreto de su estabilidad en esta original y curiosa bóveda.

 

Aunque su forma es muy característica y singular no hay dos bombos iguales, creando elementos exclusivos, únicos y diferentes. Y si bien predominan los de planta circular, también existen bombos ovalados, elípticos o cuadrados, e incluso algunos formados por varias cúpulas, siendo también frecuente la construcción de varios contiguos e intercomunicados por el interior, logrando la existencia de varias estancias con cierta independencia. Ninguno responde a un plano predeterminado, siendo las necesidades de su constructor y su dominio de la piedra los que determinen su acabado.




Los bombos apenas tienen ventanas, convertidos en elementos exageradamente austeros y sobrios tanto en su exterior como por dentro, siendo más amplios los dedicados a labores agrícolas que los usados por pastores, estos últimos mucho más modestos con el especio indispensable para el uso de una o dos personas. Su interior, al que se accede por una puerta estrecha y baja (pudiendo observar en alguna de ellas una herradura colocada como atributo de buena suerte), es amplio y casi siempre diáfano, con una chimenea para el fuego, poyos corridos en la pared a modo de asientos y camastros con base de piedra para adormitar, hornacinas a modo de alacenas, estacas clavadas en las paredes o ganchos donde colgar ropajes y aperos de trabajo, y en algunos, espacio dedicados como cuadra para el ganado. Teniendo muchos de ellos algún árbol de cierto porte en la proximidad de su acceso para facilitar algo de sombre, hoy este componente les da cierto grado bucólico.

 

Usándose como único elemento añadido la pintura con cal blanca, que usada como desinfectante y a modo de ornato, generan en el paisaje ese contraste de tonos con el azul del cielo y verde de las viñas. Blanca tonalidad que en algunos casos cubre total o parcialmente tanto el interior como el exterior, sirviendo así mismo como regulador climático, pues los bombos mantienen un ambiente fresco en verano y cálido en invierno. Al verlos desde lejos entre las viñas, no nos parecen construcciones, más bien asemejan montones de piedras, majanos.

 

Eran usados como vivienda temporal durante las labores del campo, vendimia, poda y abonado fundamentalmente. Pero en algunos casos eran usados como hogar permanente para todo el año, ya que muchas de estas tareas agrícolas tenían continuidad durante todo el año. Parece ser que se comenzaron a construirse los primeros bombos hacia 1830-1840, teniendo algunos de ellos más de doscientos años.

 

La técnica de “piedra seca” es común a gran parte del Mediterráneo, estando emparentada con los “trulli” o “caselli” (Italia), las “bories” de la Provenza (Francia), los “nuraghe” (Cerdeña) o los “talayots”, “navetas“ y “barracas” (Menorca)…… por mencionar algunas de sus analogías. Consiguiendo estas técnicas de construcción en “piedra seca” el reconocimiento por parte de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el 2018. Aunque los bombos de manchegos son más austeros, más desnudos, más cercano a sus gentes. Reflejando en sus formas la sobriedad manchega, la mesura de quien trabaja con lo mínimo.


Si bien el centro neurálgico de estas construcciones es Tomelloso y donde existe la mayor concentración de ellas, su demarcación no se corresponde con límites administrativos, sino que conciernen a una demarcación agrícola y cultural específica de La Mancha, vinculada a la expansión del viñedo durante el siglo XIX, cuyo epicentro es la villa tomellosana. Pudiendo encontrar construcciones de este tipo en Ciudad Real (Tomelloso, Argamasilla de Alba, Campo de Criptana, Socuéllamos, Manzanares o Daimiel), Albacete (Villarrobledo y Minaya), Cuenca (El Provencio y sus alrededores).




Y Aunque su hechura en piedra seca con falsa cúpula es análoga, la nominación lingüística cambia según nos situemos comarcalmente, recibiendo sobrenombres diferentes: chozo, cuco, carapuchete, gallinero o cubillo, siendo bombo el más extendido de ellos.

 

En los 242 km2. que ocupa la extensión de Tomelloso, se calcula existieron alrededor de 300 bombos (datos documentados por Jerónimo Pedrero a finales del siglo XX) enclavados fundamentalmente en las 8.400 ha. dedicadas fundamentalmente a viñedos (transformándose actualmente los cultivos con nuevas plantaciones de almendros, pistachos o pinos). Pudiendo a llegar a alcanzar los 700 contabilizando el resto de los pueblos colindantes y próximos (900 para otras estimaciones). Hoy más de una tercera parte ya no existen, aunque conocedores del tema afirman que “todavía se mantienen 276 en Tomelloso y más de 400 en los términos adyacentes”, en diversos estados de conservación. Trasladándonos la información turística oficial que, en la actualidad existen más de 90 bombos protegidos por normas autonómicas y en buen estado de conservación.




El Pardo, Tamboriles, La Zanahoria, Paredazo de Isidro o el Camino de Don Víctor por el norte. El Duende, Montarroz, El Cuervo, Las Pintadas, Las Tinadas al poniente. Los Brazales, Almenara, Pozo Marta y Casa de Pedro Malo al noroeste. Perrote, La casilla, Bodega del Cura, Las Lacenas o el Hornillo, a uno y otro lado de la Cañada Real de Cuenca. Don Martin, Llanos de la Venta, Don Sergio La Venta, Al norte de la autovía A-43 (N-310) en dirección a Villarrobledo. Son parajes en donde mayores concentraciones de bombos podremos observar, prácticamente centrados en la franja norte de la población de Tomelloso.

 

Cualquier ruta que queramos realizar debería de iniciarse en el Museo del Carro de Tomelloso, donde podremos observar tanto por su exterior como el interior el Bombo de Pablo Moreno Muñoz “El Cota“ . Levantado en 1968 /1970 con más de 2 millones de lanchas estando considerado como el último construido en la localidad.

 

Desde allí podemos dirigirnos hacia el Santuario de las Virgen de las Viñas (a 5 km. de Tomelloso), para emprender algunas de las rutas que se realizan para observar estas magnificas obras de ingeniaría rural. Siendo interesante seguir las indicaciones del recorrido PR-CR-50 “Ruta de los Bombos” que a través de alrededor de 17 km. nos trasladare entre campos fundamentalmente de viñas, por algunos de los ejemplares más interesantes de la zona. Debiendo de tener en cuenta que esta ruta se puede realizar, caminando, en bicicleta o en vehículo.




Hemos venido a visitar y recorrer espacios y construcciones que hace apenas unos meses ni siquiera sabíamos de sus existencia, y nos traemos imágenes de unas edificaciones singulares que absorben el paisaje de donde se hallan. Los bombos de Tomelloso y sus aledaños son auténticas, geniales y anónimas obras nacidas del ingenio popular, siguiendo una técnica ancestral en piedra seca y piedras hiladas hasta componer una falsa cúpula. Conformando una inestimable muestra de arquitectura popular amoldada al entorno, así como a los pocos y escasos recursos disponibles.




Relacionados de siempre con los viñedos, los encontramos en mitad de estos sin indicaciones, sin apenas accesos y alejados en muchos casos de la población. Hoy forman parte del paisaje peculiar de esta zona manchega, situándose totalmente y armónicamente integrados entre viñedos y otros tipos de plantación (estando el campo más diversificado que antaño, pudiendo encontrar cultivos de almendra, pistacho, así como algún pinar). Convertidos en un sorprendente y desconocido símbolo del paisaje manchego y ejemplo de arquitectura popular en nuestro país.




Su redondeada silueta sobresaliendo por encima de los viñedos y destacando sobre los abiertos campos, forman hoy parte del paisaje de esta zona de La Mancha. Convirtiéndose en referente y ejemplo de unas gentes de campo, que consiguieron transformar las piedras que entorpecían su trabajo en vestigios pétreos que el tiempo nos ha legado desafiando al olvido.

 

La desidia, al abandono y el lucro insaciable por parte de algunos propietarios ha producido la desaparición de muchos de estos elementos de arquitectura rural, que han formado parte de la dura vida de los hombres de esta tierra en el pasado. El mantenerlos en pie, debería de formar parte del reconocimiento que se debería de tener a los que fueron sus antepasados. Ejemplo de esta barbarie lo tenemos en el Bombo de Moriana (Daimiel), edificación que ya es historia, pues fue arrasado en 2019 por el propietario de la finca.

 

No puedo dejar de trasladar en estos párrafos las sensaciones e impacto que genera el ver atardecer en la planicie manchega, en medio del mar de viñas que la componen, la silueta de algún bombo con un cielo limpio y virginal, observando cómo las nubes se van transformando en un rojo intenso donde parece que el firmamento arde………. si el infierno existiera y fuera así, no me importaría esperar allí la eternidad………. tal cual es el momento.






viernes, 2 de octubre de 2026

- Aguaviva de la Vega…… Capadocia soriana y sus curiosas formaciones rocosas

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Pretencioso y hasta ostentoso parece el adjetivo que califica la semejanza de esta zona soriana con la comarca turca de la “Capadocia”, pero, y sin querer entrar en comparaciones, sí que estos riscos que hoy vamos a recorrer algo de similitud mantienen con los existentes en la turística zona de la península anatólica. Siendo la erosión de millones de años la que ha actuado sobre sedimentos de distintas durezas generando, estas formas tan originales, tanto, en la zona central de la actual Turquía como en estas del sur soriano.

Nos situamos hoy en los alrededores de la aldea de Aguaviva de la Vega que, enclavada entre las aplanadas y mesetarias sierras de La Mata / Bullana y de Muedo, dividen las cuencas del Duero y el Ebro (depresión de Almazán y Valle del Jalón). Aldea asentada a 950 m. de altura, en la orilla de uno de esos áridos paramos que recorren el áspero sur soriano, al septentrión de la altiplanicie ya mencionada Mata / Bullana que se sitúa a unos 1160 m. Siendo esos 250 m. de diferencia en altitud, que apenas se cubren en un kilómetro, los que han generado junto a los elementos (agua, aire y hielo) en el transcurso de los tiempos una potente erosión, dejando al descubierto entre barrancales, ramblas y torrenteras las rocas más duras del “Mioceno” más antiguo (inferior), con una antigüedad de entre 20 y 23 millones de años.




En el sector suroriental de la “Depresión de Almazán”, al que pertenece la población de Aguaviva de la Vega, en ancestrales tiempos (unos 66 millones de años -de cuando se extinguieron los dinosaurios-) fue parte de un extenso lago sin salida al mar (endorreico), al que poco a poco se le fueron acumulando sedimentos de materiales fluviales y lacustres. En lo más profundo se posaron arcillas y limos de yesos con areniscas. En el sustrato medio sedimentaron margas y arcillas muy finas (lutitas). Y en la parte más alta nos encontramos con densas calizas y margas duras que tras la erosión de millones de años ejercen como caperuza (sombrero / boina) protectora del resto de las capas, generando tras la erosión esas inconfundibles formas que ya han consolidado la denominación de “chimeneas de hadas”.

 

Son el viento y las lluvias las que, junto a los cientos, miles, millones de años, han dejado a la vista unas interesantes, sugerentes, espectaculares y yo diría que hasta fantasmagóricas formaciones rocosas convirtiendo esta zona en un enclave de gran interés geológico y hasta mágico. Espacio que abarca un área (incluyendo la población de Aguaviva de la Vega) de unas 650 ha, comprendiendo además del caserío, el Arrollo de Las Cuadrillas, el Barranco de la Buitrera, el Arrollo del Barrancazo (entre la Mesilla y La Toronja) y la Bullana. Lugares donde podremos observar con más detenimiento los cuatro grupos en donde se concentran estos fenómenos geológicos: Carra los Albos (Las Cuadrillas), Carra Vieja, La Mesilla y La Toronja. Espectaculares e impresionantes lugares, en los que uno no se puede imaginar situado entre esos barrancales rodeado por estas sugerentes formaciones de mágicas y fantasmagóricas con formas hasta de apariencia mitológica.

 

Curioso el sustantivo “carra” que tanto abunda en esta zona, habiéndome llevado a buscar su significado, hasta llegar a la conclusión de que es un derivado de la raíz “kar- / karr-“ preindoeuropea o celta que se relaciona con "piedra", "roca" o "terreno pedregoso”. Nada más apropiado para estos menesteres…… Carra los Albos “ Rocas Blanca”, Carra Vieja “Piedras Viejas”. Pero que también tiene la alusión a “camino” cuando va unido a otro sustantivo…… Carramazán “Camino a Almazán” (fuente en la cercanía de Taroda), Carramedina “Camino a Medina” (hacia Medinaceli). Habiendo en la zona más nominaciones con esta raíz, como “Carra Utrilla” y “Carramuedo” en la cercana aldea de Puebla de Eca…… y varias mas. Así como la Calzada Romana nominada “Carratiermes” (Camino de Tiermes), que se sitúa próxima a las ruinas de Termancia. Por lo que en la zona podemos tener las dos derivaciones de su uso.




Sea cual fuere el fundamento de su nominación, nos encontramos ante un paisaje que apenas se repite en toda la orografía soriana, siendo en Bocigas de Perales, población lindera con la provincia de Burgos, donde he podido observar formaciones similares pero de menor relevancia. Formaciones que también encontramos en Peña Obrada (Peña Dorada) próxima a la población de Almaluez.

 

Siendo cuatro los lugares de estos escarpados vallejos en los que podemos observar estas fantásticas y singulares siluetas rocosas: La Toroja y La Mesilla en la cabecera del Barrancazo, donde una formación se sitúa frente a la otra ocupando las dos laderas del valle. Carra Vieja en el Barranco de la Buitrera orientada hacia el poniente y con vistas a la población de Aguaviva que se sitúa a su norte. Y por último, en la orilla del Arroyo de las Cuadrillas y con orientación sur, Carra los Albos / Las Cuadrillas. Siendo sobre este lugar, donde la corrosión del viento y la lluvia ha cincelado sobre las calizas espectaculares monolitos y agujas de blancuzcas tonalidades.
 

Con este último roquedo también tenemos la paradoja del mal uso de su nomenclatura, pues he podido comprobar cómo se le va nominando con el nombre de arroyo que corre bajo sus enigmáticas y escabrosas agujas o pináculos. Denominándoles malamente como “Las Cuadrillas”, haciendo como aseveración, la similitud de estas formaciones con la formación de una cuadrilla humana llegando a cualquier lugar, estando medianamente clara la nominación de “Carra los Albos” con el de “Piedras blancas”, siendo las Cuadrillas un pequeño farallón rocoso que se localiza en frente, al otro lado del vallejo, donde podemos observar un covacho con vegetación por el que aflora agua.




Poco a poco se van dando a conocer estas curiosidades pétreas, pero hasta no hace mucho han sido un lugar solo frecuentado por limitadas personas. Hoy la extensión y pluralidad de los medios de difusión y comunicación, hacen que estos lugares de enorme fragilidad sean mas visitados, por lo que los que nos dedicamos a proyectarlos debemos hacer un llamamiento para su cuidado y protección.




Habiéndose mantenido casi escondidos para la mayoría de los humanos, pues no son ni de cerca lugares de paso y se sitúan en recónditos enclaves. Para mi ha sido una experiencia inédita el poder haberlos recorrido, así como la sensación de tener bajos mis pies y ante mis ojos un lugar excepcional e inédito en la variada y sorpréndete geografía soriana.

 

Recorremos en soledad estas formaciones tan singulares, transitando por entre tolmos, torres cónicas y chimeneas de hadas que, conocidas como “tors” o agujas, se encuentran separadas por empinadas y pedregosas canales, le confirieren más dramatismo al entorno. Agudas columnas pétreas, afiladas y orgullosas que se yerguen altivas hacia el firmamento, con una altura de entre 10 y 25 / 30 m. En verdad nos encontramos en un entorno de puro bucolismo.

Podemos acceder hasta la sierra de La Mata, extensa planicie a unos 1.160 m. desde donde se mantienen unas excelentes vistas a prácticamente sus cuatro puntos cardinales, pero ojo, las distancias entre su vértice NO y el SE es de aproximadamente 9 km. y entre el SO y el NE, de unos 4. Siendo este último punto el vértice geodésico de La Bullana (1159 m), verdadero otero donde observamos desde la altura la zona que nos ha traído hasta estos roquedos. Pudiendo ver, en la lejanía las cuatro formaciones que aquí hemos reseñado: de izquierda a derecha Carra los Albos / Las Cuadrillas, Carra Vieja, La Mesilla y La Toronja. Enclave del que asi mismo se puede disfrutar de unas espectaculares puestas de sol.




Es en esta planicie donde se han instalado una buena cantidad de aéreo generadores (35) de producción eléctrica (Cerros de Radona y Bullana), que en el momento de nuestra visita se encontraban parados por la ausencia de viento, pero que cuanto se encuentran a plena actividad producen 78 MW, potencia suficiente para abastecer a toda la ciudad de Soria. Amén de los ingresos que estas instalaciones dejan como arrendamientos a particulares e ingresos a los Ayuntamientos pertinentes.




Nos encontramos ante un lugar donde poder desarrollar (como veréis en las imágenes que siempre acompañan mis reportajes) con facilidad la captación de sugerentes imágenes fotográficas, pues el lugar se presta a ello. También estudiar su desarrollo geológico, materia sobre la que he intentado dar unas torpes nociones, pues soy un “negado” para ello. Pero sí que os puedo decir; -sin que se entere nadie-; que a la entrada de la población se pueden encontrar algunos elementos interesantes de yeso cristalizado.

 

Y también reseñaros algunas rutas de “wikiloc” para recorrer estos lugares de incalculable belleza y originalidad en un entorno único y fascinante:
 

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/2026-08-14-roquedos-aguaviva-280079410

 

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/aguaviva-de-la-vega-186385182

 

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/capadocia-soriana-aguaviva-de-la-vega-las-cuadrillas-los-llanillos-valdefuentes-la-toronja-la-mesil-186122404

 

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/aguaviva-de-la-vega-ibp-38-hkg-43588608

 

Aquí os deja un video para los que no puedan acercarse hasta estas latitudes a visitar sus parajes:


Para finalizar dar algunas reseñas sobre la población, ya que Aguaviva de la Vega posee por si sola elementos para merecer una visita como son: La Iglesia de El Salvador gótico – renacentista con un singular torre para acceder al campanario. Las ermitas de San Roque (a los pies de los roquedos de Carra los Albos / Las Cuadrillas) y la más alejada de la Virgen de la Vega, donde se celebra una original romería que se realiza cada 50 años (la próxima en 2054). También la fuente de los Cinco

Caños,  (nacimiento del río Marbón o Santa Cristina) que posteriormente recorrerá los que fueron aeródromos (Utrilla y Almaluez) usados por el fascismo italiano a partir del golde de estado del año 1936, y posteriormente reconvertidos en provechosos campos de almendros de los que he dado reseña en estas páginas. También saber de la existencia, en el linde con Taroda, del yacimiento celtíbero-romano de El Villar.


Aguaviva de la Vega es apenas una pequeña aldea que no llega a los 20 habitantes, uno más de los pueblos que se van quedando sin población en nuestra provincia, pero que cuenta con un potencial que seguramente le haga resurgir de su actual situación. Pues a los valores aquí ya reseñados, es un vergel en medio de una comarca árida, ya que cuenta con abundante fuentes de copiosas aguas, como podremos comprobar en la fuente aquí reseñada de los Cinco Caños y de los arroyos que recorren algunas de sus calles.

 

Aguaviva de la Vega es uno de esos lugares que sin saberlo de antemano…….. nos gustará.

sábado, 26 de septiembre de 2026

- Arguijo…… su dehesa, Picasso y el Marqués

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Es la clásica expresión que se escucha por boca de los viejos lugareños en los pueblos sorianos (también de otras latitudes)…… ¡No nieva ya como antes!....... Palpable realidad del cambio climático al que estamos sometidos por el mal uso que hacemos los humanos del planeta. Pero en Arguijo aun nieva, no siendo extraño ver sus calles vestidas de blanco durante el invierno en variadas ocasiones. Claro está que asienta su caserío a algo más de mil trescientos metros de altitud en el septentrión soriano, siendo con La Póveda las poblaciones más altas del Valle de Tera, en el tránsito a Logroño por el Puerto de Piqueras. Legendario e histórico paso de montaña, que en la actualidad disfruta de un túnel de 2,5 km. (2008) evitando 12 sinuosos kilómetros y la ascensión de más de trescientos mts, en invierno siempre nevados. Ya quisieran tener los capitalinos madrileños uno así para atravesar el Guadarrama por el simbólico Puerto de Navacerrada.

Nos situamos en una pequeña población serrana, donde conviven en arregladas casas de piedra una decena de vecinos (censados alrededor de treinta) que todavía pasan allí su invierno. Acogiendo durante el cálido estío a gran parte de los hijos y nietos de quienes se vieron obligados a marchar en busca de mejores vidas. No tiene bar, ni tienda, ni ayuntamiento, ni parada de autobús, pero si posee la Iglesia de San Juan Bautista del siglo XVIII, lavadero y frontón...... y otras curiosidades que os quiero trasladar.
 
Su nombre podría derivar de Aguijón, arbujuelo……, piedra que hiere, resplandor……, interpretaciones dadas por los expertos para el topónimo. En zonas vizcaínas del País Vasco la nominación de “arguijo” está asociada al vocablo "argi" que significa "luz" o "claro", apuntando una ubicación iluminada o visible. Una nueva hipótesis derivada del “vascuence”  asocia su procedencia de "argi-goyko", indicando "lugar alto y luminoso". Ya que nos situamos en poblaciones que fueron de origen vasco, siendo navarros los que tomaron esta tierras a los sarracenos allá por el ultimo tercio del siglo X.



No siendo de extrañar su origen, ya que en el reparto de estas tierras entre el conde castellano Sancho García y el monarca Navarro Sancho Garcés III en 1016, fijan los límites entre los dos territorios a través del documento conocido como “Concordia et Convenientia” (folio 161 del Becerro Galicano - monasterio San Millán de la Cogolla), asignando el Valle del Tera al Reino de Navarra.

 Limitado al norte por el Cerro Contreras (1670), al oeste la Sierra Fragüela y Terrazas (1.835m), por el sur la Sierra Tabanera (1.668m) y al este por Barriomartín y el Valle de Tera. Arguijo es un vergel escondido, del que se dice que no encontraron ni los moros y tampoco los ejércitos de Napoleón. Testimonio que confirmamos al acercarnos hasta allí, toda vez que no divisamos su pétreo caserío hasta cien metros antes de llegar. Situado en la comarca cuya centralidad es Almarza y en pleno Valle del río Tera, hoy Arguijo forma parte del municipio de La Póveda junto a la aldea de Barriomartín.
 
Nos encontramos en una serena, encantadora y agraciada aldea ubicada en pleno valle de Miajeno o Arguijo (que de las dos formas se llama el arroyo que la riega), a los pies de las Sierras Tabanera y Pineda. Donde cada periodo del año es diferente, pudiendo encontrarnos durante la primavera la viveza y el verdor de los prados y bosques, el frescor en los veranos, los coloridos otoños de sus dehesas y las ya comentadas nieves de invierno, que nos sirven para realizar actividades en su entorno, manteniendo ese sabor rural que le caracteriza.



Uno más de los pueblos de la zona que pertenecieron a señores de la Mesta y de gentes trashumantes, que ya por mediados del siglo XVI (Catastro de Ensenada 1752), se contabilizaban unas 3.000 ovejas y algo más de 200 cabras. Trayendo en el periplo de vuelta de los pastos invernales extremeños, “lechones morenos” de gorrino, aceitunas para ser curadas y aceite para consumo propio (productos inexistentes en estas latitudes). Pero la decadencia de la trashumancia que se inicia en el siglo XVIII y mantiene durante el XIX, aquí se acentúa a principios del siglo XX, comenzando a sentirse los primeros ramalazos de la emigración, no llegando a 200 los vecinos existentes por esas fechas, bastante por debajo de los reseñados en épocas anteriores.

 

Si bien gracias a sus condiciones no ha sido una más de esas localidades en formar parte de la lista de “despoblados”, y aun siendo pocos sus habitantes siguen manteniendo un sistema de economía y vida fundamentada en su extraordinaria cabaña de ganado vacuno y caballar. Sierras y agua es sinónimo de vegetación, encontrándonos en este espacio espléndidas hayas, pinos, acebos, magníficos robles y rebollos que le confieren ese entorno tan sugerente y natural, generando un mosaico boscoso a una cota de entre 1200 y 1400 m.

 

Pero sobre todo en Arguijo destaca su Dehesa Boyal o “Dehesón”, hermoso y sugerente espacio donde llevan a pastar tranquilamente el ganado. Como si fuera continuación de la lindera “Dehesa Mata”, de la que ya he comentado en estas páginas, nos la encontramos a 1,5 km. de coger la desviación a la izquierda en el P.K. 253,5 de la N-111 (Carretera de Logroño). Se accede justo antes de llegar a la aldea de Arguijo donde, orillada a la carretera, descubriremos a la a la derecha este sugerente espacio repleto de vegetación, con la Ermita del Villar y a la siniestra El Soto con sus soberbias hayas.




Es hermosa y amplia, extendiéndose por las 1.141,23 ha (146,64 de acebos) del total de 1.476 que posee Arguijo, lo que indica la importancia de este enclave ya que supone el 73,32 % de su territorio. Se sitúa el Dehesón entre Arguijo y La Póveda, constituyendo un verdadero vergel donde se aprecia el gustoso acomodo de las distintas especies arbóreas que en él se asientan. Lugar donde el tiempo y la naturaleza han generado una bonita y agraciada conjunción con los distintos árboles, muchos de ellos centenarios. Alojando algunos de los mejores ejemplares de roble albar de la provincia, así como rebollos de gran porte y lucidos dechados de arce, estando catalogados entre ellos cinco como ”Árboles Singulares de Soria”: “Arce campestre”, "Roble del Río”, "Roble de la Dehesa" (Barriomartín), "Roble de Majadillas “ y el denominado “Roble”.

 

Encontrándonos ante un espectacular lugar con su entorno favorecido por una poderosa naturaleza, donde la vista nos conduce entre húmedas praderas hacia los robles centenarios que pueblan cualquier rincón de esta dehesa. Pudiendo disfrutar durante nuestro paseo de magníficos ejemplares que precisan de tres o más personas para rodearlos con los brazos extendidos (algunos con un perímetro que supera los 6 m.). Una más del conjunto de dehesas boyales existentes en el Valle de Tera con alto valor ecológico, a menudo reseñadas por sus notables acebos, robles albar y melojos. Un destacado paraje donde ir a disfrutar del ya cercano otoño.

 

En el norte soriano destacan los robledales de los valles del Razón y Tera, siendo de especial mención los “Roblones de Sierra Carcaña” en la localidad de Sotillo del Rincón, del que ya he comentado en estas páginas. Existen así mismo bosques con arbolado verdaderamente excepcional dentro de esta septentrional comarca, en las múltiples dehesas y montes que encontraremos sin mayor problema, especialmente en la Dehesa de Almarza / San Andrés, así como en las de las localidades serranas de Valdeavellano de Tera, El Royo, Derroñadas, Barriomartín, Vilviestre de los Nabos o La Póveda.

 

Pero Arguijo aun nos depara más sorpresas, y pese a ser una pequeña aldea de apenas una veintena de casas tiene pedigrí propio, habiendo constancia de ser el origen y cuna de los ancestros del ilustre y controvertido pintor Pablo Ruiz “Picasso”, que vivieron en el norte de Soria desde el siglo XV, habitando en las poblaciones de Arguijo, La Póveda y Barriomartín. Desde la abuela del pintor hacia atrás en la genealogía, toda esa rama de ascendientes nacieron y vivieron en estas aldeas. Los “Blasco / Gil o Jill” que desde tiempos nacieron en Arguijo o La Póveda, siendo de allí sus trastatarabuelos, habiendo nacida en Arguijo su tatarabuela Josefa Jill que contrajo matrimonio con Gaspar Blasco “tatarabuelo”. Un hijo de ellos José Blasco Gil “bisabuelo”, nació en Arguijo en 1767 que, casado con María Antonia Echeverria (bisabuela), falleció en Málaga en 1814. Su hija María Paz Blasco Echeverria (abuela del ilustre pintor), nació en Arguijo en el 1800, y casada en Málaga con Diego Ruiz Almoguera falleció en 1860. Siendo un hijo de ellos José Ruiz y Blasco el padre de Picasso que casado con María Picasso López (de ancestros italianos), tuvieron a Pablo Ruiz Picasso en la Málaga de 1881, falleciendo en Mougins (Francia) durante la primavera de 1973.

 

Su bisabuelo José Blasco y un hermano de este (Pablo) ya fueron músicos dedicándose al canto. El propio padre del artista fue pintor y profesor de pintura, no solo en Málaga, también el Coruña y Barcelona, siendo quien alentó hacia la pintura al joven Pablo.

 

Pero podría haber tirado por los quehaceres de su familia materna, con la que tenía gran conexión, cuyos orígenes eran marineros o militares. El apellido Picasso proviene de su bisabuelo materno Tommaso Picasso, nacido en Sori (Liguria italiana) en 1787 y fallecido en Málaga el año de 1851) quien fue marino. También uno de los hijos de este Juan Bautista Picasso Guardeño (tío abuelo del artista malagueño), fue navegante y capitán de buque. Un primo de la madre del pintor fue Juan Picasso Gonzales, reconocido general por ser el elaborador del informe sobre el “Desastre de Annual” en la Guerra de África.                                                                                                                        

Fuera como fuere sus raíces sorianas son innegables, los ancestros de Picasso tienen sus orígenes a través del apellido “Blasco” en la cabecera del Valle del Tera y por allí aun andará algún familiar suyo por muy lejano que sea.



Aparte de ilustres descendientes, hermosas dehesas, sugerentes parajes y buenas gentes de montaña (no olvidemos que estamos situados alrededor de los 1300 m. de altitud), esta zona es origen del título a uno de los espacios urbanos más conocidos a los que Madrid da nombre, la
Glorieta del Marqués de Vadillo, nominación que comparte con la soriana calle del ilustre noble. Sin que en muchos de los casos, ni sorianos ni capitalinos sepan a quien se le dio tal titulación nobiliaria y por qué.

 

Debemos situarnos a principios del siglo XVIII, tras la “incursión” por parte de los “Borbones” franceses en la corona española. Y en este contexto, con afines y contrarios a este hecho (guerra de sucesión), es nombrado “marqués” por parte de monarca, al súbdito Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, que nacido en San Andrés (Soria), es un destacado funcionario de la corte madrileña como corregidor, sabiendo por los retratos que de él nos han llegado no fue una persona especialmente agraciada. Su posicionamiento a favor de las lealtades con la rama afrancesada en la disputa de la corona española, le hizo acreedor de la distinción nobiliaria otorgada por el Rey. Quien al preguntarle que nominación quería para el título, le contestó que Marqués de Vadillo, titulo más carismático de toda Soria.

 

Posesiones que fueron de su propiedad en aquellos tiempos y de las que aún quedan restos en el soriano Valle del Tera. Todavía podemos ver vestigios del tiempo de la trashumancia de la Casa del Vadillo. Junto a la carretera que nos lleva a tierras riojanas, entre los p.k. 253 y 254 de la N-111(a la altura de la desviación de Arguijo) puede observarse a la derecha las ruinas de un edificio en piedra y más abajo otros próximos al río, construcciones que en su día complementaron actividades ganaderas y agrícolas.

 

Conservándose aun en perfecto estado lo que fuera el palacio / granja del marquesado de Vadillo, situado a las afueras (sur) de la población de Tera y a orillas del mismo río. Encontrándonos una casa-palacio de finales del siglo XVI, con unas agraciadas ventanas góticas, que todavía es propiedad de sus descendientes, los González de Castejón. El conjunto de construcciones se distribuyen entorno de varios patios con edificios fundamentalmente agrícolas, protegidas por un alto vallado.




Sí da de sí este pequeño pueblo del norte soriano que en invierno se cubre de nieves en bastantes ocasiones……….. deberíamos dedicar algún momento para visitarlo.