Las sierras y montañas que configuran la cornisa cantábrica al norte de la provincia de Burgos conforman unos desniveles sustanciales sobre los que discurren cursos de agua, que en estas fechas y sobre todo en un año tan lluvioso como este, desarrollan unas poderosas, singulares y esplendorosas caídas de agua, a las que no hemos podido resistir acercarnos para acompañarlas en su incesante alboroto.
Aunque fundamentalmente las cascadas relacionadas y recorridas en estos párrafos se encuentran en la comarca de las Merindades burgalesas, también hemos dedicados nuestros esfuerzos a documentar algunas de importancia en el País Vasco (Álava / Vizcaya), Condado de Treviño, Valles Pasiegos, así como algunas reseñables de las comarcas burgaleses de La Lora y la Bureba, zonas todas vinculadas o próximas con el norte del oriente castellano.
Aun con las excepcionales condiciones “hídricas” de este año y la época elegida para su visita, justo después de la sucesión encadenada de un sinfín de borrascas a las que ahora les ha dado por denominar “danas”, algunas de las cascadas y sobre todo varias de las más singulares, vistosas y espectaculares (Santo del Nervión - San Miguel de Angulo – Huevera de Caderechas), no poseían la más mínima cantidad de agua, ni siquiera una misera gota en la que poder regocijar nuestras deseosas miradas, un verdadero desanimo antes las expectativas que las circunstancias meteorológicas habian provocado algunas semanas atrás.
Se le da nombre de “Merindades” a los incipientes territorios, recuperados a las huestes sarracenas durante los primeros siglos de la mal llamada “reconquista”, que inicialmente conformarían el Condado de Castilla y posteriormente el Reino Castellano. Tierras ya cristianas durante el siglo VIII repobladas entre los siglos IX y X, y que tomando su nombre de los "maiorinus", son administradas de forma directa o indirecta por estos “merinos” (adjetivo ya romanizado) mediante delegación real (el sistema de “organización” por medio de las “Comunidades de Villa y Tierra” que conocemos en la castilla más sureña, como por ejemplo Soria, es posterior).
Esta forma de “gobierno” aparte de tener facultades administrativas y recaudatorias, poseían también funciones judiciales, así como, en necesidad de ejercerla, podían reclutar gentes para “hechos de armas” (guerrear) a favor del rey de turno.
Las 26 Merindades que conforman el norte burgalés es uno de los mejores destinos del país para salir en busca de cascadas durante esta época de finales del invierno y principio de la primavera, en pleno deshielo, existiendo un buen conjunto de interesantes y sugerentes saltos de agua por toda su geografía. Pudiendo realizar un recorrido por las más notorias y visitadas, llegando hasta las más desconocidas, escondidas e inéditas, pero todas saltarinas, turbadoras y revoltosas a la espera de ser visitadas.
A lo largo de los más de 2.800 km2 (280.000 Ha.) de extensión que ocupan las Merindades, convergen elementos geográficos bastante diferenciados, como son la Cordillera Cantábrica, los Cañones del Ebro, así como los páramos de la Meseta Castellana y parsimoniosos valles. Pudiendo compaginar nuestro recorrido en búsqueda de las cantarinas cascadas con otros componentes existentes en el paisaje que permanentemente nos rodea, como son las profundas y herméticas Hoces del Ebro, los yermos y desamparados páramos como el de Masa, así como las originales “muelas” o Loras que trastocan nuestra visión con sus horizontes trasnochos.
Los valles visitados pertenecen a las cuencas hidrográficas del Cantábrico y del Ebro. Siendo los ríos hasta los que hemos llegado: Hijuela, Cadagua, Herrerías, Nervión, Oiardo y Asón (que van hacia el Cantábrico) y por la vertiente mediterránea: Ihuda, Inglares, Ebro, Trueba, Engaña, Rudrón, Nela, Odra, Jerea Purón y Molinar. Los cursos fluviales de la Cordillera Cantábrica / Montes Vascos que dirigen sus aguas al norte, con valles soportando desniveles bastante más notables que los del sur, poseen cascadas de mayor envergadura, situándose en ellos las de caídas más vertiginosas de todo el país, superando en algunos casos los 200 m. de desnivel: Salto del Nervión 222 m. Cascada de San Miguel de Angulo 200 m. Gujuli 100 m. o la del Nacimiento del Asón de 70 m.
De las treinta y tres cascadas seleccionadas en principio pudimos visitar veintidós, cuatro ya las habíamos visitado en otros recorridos, algunas desistimos pues nos llegó información de que ya no llevaban agua, a otras cuatro no accedimos por su gravoso acceso y a dos no fuimos por olvido.
Hemos decidido comenzar la ruta por tierras vasconas, al ser estas cascadas las mas lejanas de nuestro recorrido, por ello nos dirigimos desde Logroño al Condado de Treviño atravesando perpendicularmente la Rioja Alavesa. Llegando a la población de Sáseta y en breve caminata aproximarnos a las armoniosas cascadas de Roda Vieja y el Molino. Desde allí nos dirigimos a poniente en busca del curso del Inglares entre las poblaciones de Payueta y Berganzo donde encuentra la cascada Herrerías formando una especie de cola de caballo. Terminando la mañana en el elegante salto de agua de Gujuli, que con algo más de 100, se precipita desde la población homónima al vacío medio de un paisaje verdaderamente estremecedor en los lindes del Monte Gorbea.
La sobria y gris población de Orduña; capital de uno de esos territorios que conforman una anormalidad geográfica en nuestro país, ya que es un enclave vizcaíno dentro de la provincia de Álava; sirve de base para terminar de poder visitar las ultimas cascadas en suelo vasco. Las próximas del rio Orduña en la aldea de Terganga: Cocinocha y Kobaundi, la primera no muy alejada de la población (apenas 700 m.).
Pero sobre todo la que al final del valle de Delika produce el rio Nervión cuando lleva agua, un salto en el vacío de 222 m. conformando la mayor caída de agua de toda la península, el Salto del Nervión. Debiendo de acceder hasta el puerto y en el conocido como Monte de Santiago realizar un grato paseo hasta en mirador desde donde observar el sugestivo espectáculo que desde él se divisa.
Durante el trayecto a tierras ya castellanas de Valle de Angulo. disfrutamos de hermosos paisajes como en que nos regala la población de Añes (Álava) con el fondo de Sierra Carbonilla y Cerro de los Tornos. Situados en Puerto Angulo nos acercarnos al mirador desde donde poder observar la cascada de San Miguel de Angulo, que si llevase agua (que no es el caso) se convertiría en un espectáculo similar al del Nervión, pero en un entorno si se quiere de más aislamiento humano. Aquí el agua se precipita desde una altura de 200 m. rompiéndose estrepitosamente entre las fajas rocosas de su base. No muy alejada, en la pequeña aldea de Martijana (Cozuela), nos encontramos la bucólica cascada de Peñaladros a la que podemos acceder fácilmente a su base por frondoso terreno desde donde contemplarla en plenitud.
Tomando en principio dirección norte nos introducimos en el Valle de Mena, único espacio burgalés con voluntad cantábrica, al ser el señero de todas las Merindades en que sus aguas van a parar a ese mar del que apenas le separan 30 km. Aguas precisamente del río Cadagua, a donde nos dirigimos para allegarnos a los potentes chorros que forman su aguas al nacer del interior de la tierra. En la pequeña y coqueta aldea de Irus, el río Hijuela nos ha dejado un par de interesantes cascadas a las que se accede por el no menos seductor “Camino Real de las Enderrozas”, del que dicen podrá ser una antigua calzada romana. Tras transitar un buen trecho por esta empedrada vereda, que sirvió en el pasado para transportar mercancías de la meseta a los puertos del Cantábrico, llegamos a las dos cascadas que se encuentran muy próximas, encontrándolas en todo su esplendor y vistosidad.
Solo nos queda la Cascada de Aguasal para culminar el Valle de Mena, debiendo de acercarnos a la aldea de San Pelayo y acertar con la ruta que nos aproximará hasta este conjunto de revoltosas y espumosas aguas al caer, ubicadas en la vertiente meridional de los Montes de Ordunte.
Pero el Valle de Mena es más que agua, allí hemos podido observar buen románico a través de los templos de Siones, San Lorenzo en Vallejo de Mena, San Pedro en El Vico, así como en la iglesia de San Miguel Arcángel en Bercedo. O torreones medievales como los de Vallejuelo y Lezana de Mena.
Desde Espinosa de los Monteros se accede a otra de las míticas cascadas de los Valles Pasiegos, la Cascada del Nacimiento del Asón, teniendo que pasar a la vecina Cantabria para llegar hasta ella, superando el potente desnivel que supone traspasar el Portillo de La Sia. Se trata de un espectacular salto de agua de algo más de 50 m. visible desde muchos puntos de descenso hasta el Valle de Soba.
Entramos en las Merindades de Sotoscuevas y Valdeporres, destacando en la primera de ellas los saltos de agua resultantes directos de los arroyos de la Cordillera Cantábrica. La elegante, singular y espléndida Cascada Salceda (Quisicendo) o la Cascada de la Osera, que encontraremos por encima del abandonado Túnel de la Engaña.
En la zona de Valdeporres otro par de ellas, la coqueta y escondida pero imprescindible de visitar de Las Pisas, a la que se llega caminando desde Villabáscones de Bezana (hay también un excelente y encantador atajo a medio camino de la aldea de San Cibrián). Ya en las proximidades de la población de Puentedey; de obligatoria visita con su insólito e impresionante puente natural sobre el que se asienta; nos acercamos a ver la espectacular cascada de La Mea que encontramos al final de un corto barranco, que con una caída de unos 30 m. hace precipitar el agua como si fuera una cortina transparente, pudiéndola pasar por detrás sin ninguna dificultad. A algo más de 500 m. en la población de Quintanilla de Valdebodres se encuentra el “Pozo del Infierno”, una cueva sumergida donde mi viejo amigo Fidel Molinero y su compañero llegaron a explorar el segundo sifón a 200 m. y 18 de profundidad.
A la espera de continuar el relato sobre las Cascadas del Norte de Burgos (Merindades) II. Quiero aclarar, que a finales de febrero no es fácil encontrar por estas zonas lugares de “acomodo y manduca” (alojamiento y comidas) para dar servicios a los que hasta aquí nos allegamos, cada vez se hace más dificultoso el dotar de servicios a zonas relevantes del ámbito rural, quejándonos después de las maldades de la despoblación. Si bien encontramos establecimientos que nos pudieran atender, la escasez de infraestructuras en servicios turísticos (hoteles y restaurantes) durante nuestra visita en el mes de febrero de 2026, se hizo notar en algunos momentos y lugares de cierta importancia.





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