jueves, 23 de abril de 2026

- Abedular de la Cuba…… un bosque de plata en medio del pinar (Muriel Viejo)

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Rodeados absolutamente por buenos ejemplares de pinos silvestres (pino albar), atravesamos la novedosa y metálica portilla que indica la ubicación que buscamos. El día amanecido húmedo y gris plomizo, pero aun así hemos decidido conducir una hora para allegarnos hasta aquí. Antes de acercarnos hasta nuestro objetivo, nos aproximamos hasta la inmediata balsa de El Lagunazo que en medio del boscaje y rodeada de verdor nos regala una hermosa imagen preludio de la jornada, aun lloviendo. 

Una sutil vereda nos dirige por el pinar durante unos centenares de metros, comenzando a vislumbrar ante nosotros aislados elementos de dispar arbolado del que hasta ahora nos había acompañado, que al avanzar por la senda cada vez se hacen más copiosos y abundantes. Los elegantes y poderosos pinos de recta hechura, tupida cabellera y rojiza piel, han dado paso a un conjunto de abundante bosquete, que incluso sin vestidura (aun no le han salidos sus hojas) se nos presentan alegres y juveniles. Llamándonos la atención sobre manera el sorprendente e intenso tono plateado de sus troncos…….. efectivamente hemos llegado al sugerente, interesante y singular “Abedular de la Cuba”.




Su nombre “betula” es un derivado de la palabra latina “ betūle” de origen celta que expresa betún o asfalto. Elemento que se utilizaba en la antigüedad como un adhesivo natural o betún vegetal, el "alquitrán de abedul". También hay quien lo relaciona con el verbo latino “batuo” (castigar), pues antiguamente se dedicaban las ramas largas y flexibles del abedul para flagelar a los malhechores. Usado También con este fin para sancionar a los colegiales que no eran aplicados, recibiendo por ello el sarcástico sobre nombre de “árbol de la sabiduría”.

 

El “abedul” es un elegante árbol planocaducifolio (de hoja plana que se cae cuando llegan los fríos), alcanzando a tener una altura de entre 10 y 30 m. siendo su implantación en nuestras latitudes sorianas de escasa propagación, toda vez que al ser una especie típicamente eurosiberiana (norte de Europa y Asia), le gustan los climas húmedos y frescos, encontrándose en nuestro país de forma aislada en umbrías, trampales, lagunas y riberas de ríos. Localizándose en la península ibérica de forma más habitual en el norte y en áreas de montaña entre los 1.000 y 2.000 m. de altitud, ocupando terrenos de turberas y zonas húmedas propias de ubicados fríos.

En la zona por donde nos movemos del sistema ibérico soriano, el abedul se nos presenta como una especia relicta (abundante en otros tiempos pero escaso en la actualidad) que crece de forma aislada), recuerdo de periodos donde una climatología húmeda era más habitual. Su nominación científica “betula alba” (abedul blanco) ya nos da señas de tu topología ALBA = BLANCO, definiendo su característica más señera, el color que lo hace resaltar por su lisa corteza blanco-plateada, donde radica la mayor parte de su elegante belleza. Presentando su envoltura líneas o bandas horizontales algo más oscuras que se desprende en tiras, derivando hacia una tonalidad más pardusca en la base del tronco. Tallos que se suelen ramificar desde su base (multitronco), generando varias plantas a la vez.




Sus verdes e irregularmente dentadas hojas, en otoño, antes de caer, se tornan en amarillo dorado. Hojuelas que poseen un peculiar, aromático y penetrarte olor, con un sabor amargo cuando se secan. Sus originales y colgantes flores (amentos) surgen en primavera (abril).

 

Este árbol, símbolo y representación de los extensos bosques escandinavos y rusos, es toda una fuente de riqueza. Su madera, casi blanca, blanda y poco duradera, huele a cuero, siendo usada para ahumar carne o pescados en los países del norte europeo. Utilizándose principalmente para la elaboración de pasta de papel, contrachapados, fabricación de toneles, carpintería, torneados y obtención de carbón vegetal, usándose así mismo en la construcción de puentes, cercados, cordeles, madreñas, aparejos de labranza y utensilios de cocina.

 La plateada piel de su elegante tronco no solo genera belleza, también posee otras cualidades o utilidades, pues de ella y sus yemas se extrae un aceite poseedor de múltiples propiedades medicinales. Siendo su alto contenido en ácido betulínico bastante eficaz contra cierto tipo del melanoma (agresivo cáncer de piel). Su copiosa sabia rica en “taninos”, y extraída entre marzo o abril a raíz de unos 5 litros por día, tiene propiedades antirreumáticas, diuréticas, cicatrizantes y antiinflamatorias, extracto producido hoy en día por la marca “Soria Natural”. Así mismo, a partir de este jugo se obtiene por fermentación en el norte de Europa, un preparado alcohólico conocido como "cerveza de abedul".




Conocida como "pergamino de abedul", su sutil y fina corteza, casi transparente fue usada para transcribir, dándole la nominación de “librum” origen de la actual palabra "libro", conservándose en la actualidad gracias a ello valiosas y arcaicas escrituras realizadas en alfabeto cirílico.


Con las ramas de abedul se hacían las escobas de barrer la paja en las eras después de trillar las “parvas”. Recuerdos me llegan de esos días de verano; en donde fueran las “eras”, hoy piscinas y campo de futbol; viendo a mis ti@s (fundamentalmente ellas) barriendo hasta el último resquicio de grano en suelo, con esas rusticas escobas de baleo confeccionadas con las finas ramas ya tostadas por la sequedad y agavilladas un par de veces con rudimentarios cordeles para su sujeción y apaño……….. que veranos aquellos en Quintana Redonda.  

 Y para disfrutar de los abedules en su conjunto, nos hemos trasladado hasta los dos “Muriel”, en plena Zona de Especial Conservación “Sabinares Sierra de Cabrejas” (importante área a la que ya he dedicado párrafos en otras ocasiones). Toda vez que junto a las dehesas de Muriel de la Fuente y Muriel Viejo existen dos pequeños bosques de abedul blanco, vestigios de una predominante vegetación existente durante la era pos-glaciar. Restos que nos señalan la existencia de sustratos húmedos o turberas en suelo temblante (terreno cenagoso, lodoso, inestable y blando al caminar sobre él).

 

Siendo el Abedular de la Cuba en Muriel Viejo el que sobresale por su conservación ocupando la singular turbera, que si bien, sus orillares han sido mancilladas inconscientemente, en parte por el desconocimiento y la ignorancia de la mano humana a fin de fomentar la repoblación de los pinos que nos rodean, se ha salvado milagrosamente de la desaparición.




Encontrándonos en un pequeño bosquete monoespecífico (dominado por una única especie, donde casi todos sus ejemplares son parecidos en tamaño, desarrollo y tipología) de abedul (Betula alba) con una extensión de entre 4 y 4, 5 hectáreas. Que asentado sobre un trampal (zona de turbas húmedas), rodeado por extensas y tupidas formaciones de pino silvestre o pino negral de repoblación, conforman el extenso y denso bosque, justo en la unión de la Comarca de Pinares de Soria-Burgos con los Sabinares de la Sierra de Cabrejas.

 

Bajo su sombra y a sus pies se desarrollan otras especies vegetales de interés, que aprovechándose los húmedos suelos comparten hábitat. Destacando una variedad autóctona y endémica en el Sistema Ibérico de narcisos “Narcissus Eugeniae”. Que tapizando totalmente gran parte del bosque de abedules, al florecer entre finales de marzo y principios de abrir, lo convierten en una atrayente alfombra amarilla, contrastando de forma sugerente con el plateado de los troncos convirtiendo el lugar en un insinuante juego de luces y tonos.

Para poderlo observar en su magnitud sin dañar tan frágil espacio existe la posibilidad de realizar dos recorridos, que si bien son muy similares, se diferencian en la distancia a recorrer que en ningún caso es excesiva:




- El primero de ellos es una ruta circular de unos 4 km. que se puede comenzar dejando el vehículo al comienzo del Camino de las Raíces (ver en el mapa itinerario azul)  en la que podemos no solo observar el bosque de abedules, también el conjunto de su entorno, así como El Lagunazo.


- El otro, parte del pueblo de Muriel Viejo (itinerario rojo) y por la orilla del rio en un recorrido de alrededor 6 km. nos devuelve al origen por el Camino de las Raíces después de haber visitado el abedular, los elementos singulares de la zona y el humedal de El Lagunazo, si vamos en época propicia.

 

En invierno, cuando el árbol se encuentra desnudo sin hojas, su atrayente corteza destaca más todavía de entre lo que se observa a su alrededor. Siendo en ese momento cuando deberíamos ir a hacerles una visita, pero sobre todo en primavera época en la que su base se cubre de amarillo con las flores de los narcisos como si fuera una alfombra. También durante el otoño donde sus hojas lo visten de dorado, siendo en este momento del año cuando el Abedular de la Cuba, al contrastar su tonalidad con el pinar aledaño, su efecto es aún más sorprendente y espectacular. 

 

La fragilidad de este espacio a promovido la intervención de la Junta de Castilla y León hacia su protección declarándolo Microrreserva de Flora, impidiendo su deterioro por la creciente presión humana.

 

En Muriel Viejo encontraremos el Hotel /restaurante El Cielo de Muriel, de categoría “starlight” (en defensa de la calidad de los cielos nocturnos, la protección contra la contaminación lumínica y la observación de estrellas como patrimonio), con un observatorio para poder desarrollar esta actividad, no os molestéis en llamar para contratar en el día del gran eclipse de 2026 (12 de agosto), porque esta todo ya reservado. Y en los alrededores podemos disfrutar de lugares tan especiales y sorprendentes como: La Fuentona, el Sabinar de Calatañazor, Calatañazor pueblo e historia, los sabinares de la Sierra de Cabrejas (el más grande de Europa), la misma población de Cabrejas con su tipismo, El Chorrón y las ruinas del Castillo e incluso el Cañón del Río Lobos y su entorno.

 

No es un árbol que se prodigue mucho por nuestras latitudes, estando su hábitat natural en regresión, pudiendo encontrar en nuestra geografía agrupaciones de abedules más o menos densas sobre todo en la franja atlántica y zonas montañosas del norte y centro, aunque su dispersión puede llegar hasta las montañas del Riff marroquí, situándose estos en altas cotas. Encontrando aun abedules de cierto porte en: Montes de Areta (Navarra), Garganta de Escuaín (Huesca) Clot de Baretja (Valle de Arán), Setcases (pirineo gerundense), Pena Trevinca, Texeido y Sierra de Queixa-San Mamede (Ourense), Sierra de Ancares (León/Lugo), Laciana y Leitariegos (León), Bosque de Muniellos, Puerto de pajares y Puerto Connio (Asturias), Liébana, Tres Mares y Collados de Asón (Cantabria), Bosque de Canencia y Somosierra (Madrid), Pico Rocigalgo (Toledo), Abedular de Riofrío (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real), Sierra de la Las Villas (Jaén). Queriendo hacer una mención especial a los abedules existentes y resistentes de la madrileña La Pedriza de Manzanares, tanto en el Circo de la Pedriza como en la Hoya de San Blas y en las laderas de La Najarra. Con mención especial al “Abedul de Hinojosa de la Sierra” (Soria), conocido por su forma como el “candelabro”, que después de 250 años de existencia nos dejó en el 2015.


Estos lugares sí que son las verdaderas “minas de plata” para la prosperidad y contra la despoblación de estas tierras sorianas, no las macro-granjas porcinas que sin parar autoriza la Junta de Castilla y León, poblando de podredumbre, purines contaminantes y malos olores algunos de las zonas más distintivas y específicas de esta singular geografía castellana.







miércoles, 15 de abril de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) II

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Continuando la ruta sobre las Cascadas del Norte de Burgos I, que habíamos dejado en la Merindad de Valdeporres (Puentedey – Cascada de La Mea), retomo los párrafos por lugares algo más al sur abandonando definitivamente la Cordillera Cantábrica, pero sin perder los interesantes paisajes que los remplazan, pues todo el septentrión burgalés es una continua variedad de diferentes panoramas y horizontes.

 

La ruta nos lleva a introducirnos en los sugerentes y enigmáticos Cañones del Ebro - Rudrón, donde además de disfrutar de esos sugerentes paisajes visitaremos una sucesión de desplomes de agua en su recorrido. Nos allegamos hasta la aldea de Villaescusa de Ebro, introduciéndonos apenas dos kilómetros en la vecina Cantabria, para desde allí acercarnos a través de un grato paseo hasta el lugar por donde se desprende el agua, por las singulares formaciones de roca travertina o tobácea formada por el exceso de carbonato cálcico en sus aguas. Por encima de la cascada existen tres oquedades que forman un eremitorio rupestre de entre los siglos VI y VII. Seis kilómetros aguas abajo del Ebro nos encontramos Orbaneja del Castillo donde el torrente de la Cueva parte en dos la población, moldeando con sus aguas al caer las afamadas formaciones (también de toba), que dan carácter a la fotogénica población.




Valdelateja nos sorprende suspendida sobre las paredes de los farallones del Ebro, y donde recorriendo la orilla del río Rudrón descubriremos una de las caídas de agua más hermosas y seductoras de toda la jornada. Será por la soledad que contrasta con las multitudes de Orbaneja o por la visión de la misma y su entorno, que los ánimos se nos ensanchan de júbilo. En dirección sur y ascendiendo el rio Rudrón unos 20 Km. llegamos a Tubilla del Agua, donde el arroyo que cruza por la población a su salida conforma las espectaculares cascadas de Tubilla o Santa Olalla que merecen el breve paseo de llegar hasta ellas.




Covanera y el Bar “Muñecas” nos sirven de intendencia para llegar a Sedano, preciosa y bien cuidada población que encandiló de Miguel Delibes en sus veranos. Desde ella nos dirigimos a su “barrio” de Lagos para admirar su cascada en el rio Moradillo, junto a un viejo molino y bajo un puente que dicen medieval. Allegándonos también a la cercana Gredilla de Sedano para poder ver la iglesia dedicada a San Pedro y san Pablo, que de finales del s. XII es uno de los buenos ejemplos del románico burgalés, del que destaca su magnífico tímpano que luce en la portada. De vuelta nos da tiempo para acercarnos a la potente sugerencia del Pozo Azul, una cavidad inundada de unos 20 m. de anchura de la que hasta ahora se han conseguido explorar cerca de 14 km. de galerías y sifones. Estando catalogada como la mayor del planeta de estas características, llegando a estar algunos de sus tramos por debajo de los 300 m. de la superficie.




El recorrido nos lleva ahora a introducirnos en la interesante comarca de Las Loras, esas montañas chatas que en Soria se las conoces como “muelas”, configuradas por antiguos fondos marinos, que tras sufrir la erosión generaron poderosos cañones fluviales. Zona poderoso paisajes y no menos sensacionales horizontes que es custodia de la mayor concentración de edificios románicos de la Península Ibérica. Nuestra primera parada seria en las proximidades de Sargentes de la Lora donde visitar el impecable dolmen de la Cabaña, que datado en el neolítico con una antigüedad de 6.000 años, se sitúa a orillas del vallejo del Navazal, donde observamos una pequeña pero bien formada cascada. Y donde también comprobamos junto al regato, algunas de las piedras que fueron extraídas para la construcción del dolmen, no siendo utilizadas por sus arcaicos constructores.

 

Tras pasar cerca de la surgencia Rudrón y su arco natural al que denominan “Puente del Diablo” llegamos a la población de Hoyos del Tozo, donde deberíamos ver la cascada de la Coladera en todo su esplendor, pero algo (seguramente humano) han ocurrido para que el agua no descargue por ella y si lo haga a unos centenares de metros. Nos acercamos a la población de Villaescobedo a buscar su cascada, que después de algunos despistes encontramos bajo una cueva de un prominente circo rocoso (cavidad que también tiene su historial de espeleobuceo). Es la oquedad la que hace de nacedero descargándose las aguas por la empinada ladera formando también aquí rocas “toberas”, aguas que no brotan en su magnitud pues han sido canalizadas en llenar algunas de las numerosas balsas para dotar de regadío a tierras de secano.

 

Covalagua no se sitúa muy alejada (apenas 4,5 km. en recto, 20 en vehículo), pero ya en tierras linderas palentinas. Bucólico y bullicioso situado próximo a Revilla de Pomar donde podemos observar una de esas cascadas torneadas por aguas con elevado carbonato cálcico que les confieren ese característico deslizamiento de sus aguas. Salimos de la Lora de Valdivia para internarnos en Lora Grande por el Valle de Valdelucio, donde en la población de Barriolucio se encuentra otra controvertida y bella caída de agua con formaciones tobáceas. Justo al otro lado, nada más pasar al sur de la “lora” nos encontramos con otra notable y potente surgencia que mana en medio de la vertical pared, es la cascada de “ Yeguamea” y tal cual es su nominación es su apariencia, tratándose junto con otras surgencias del nacimiento del río Odra.




En tierras de ya de La Bureba se halla la Cascada de Rojas ubicada en las cercanías de la población homónima. Donde podemos encontrar un múltiple salto de agua en el acceso del recóndito desfiladero de la Cueva formado por el arroyo de Santa Casilda. En Padrones de Bureba más al norte y en pleno valle de Caderechas (afamado por sus cerezos en flor, hasta el punto de llamarle exageradamente el “Jerte burgalés”), dedicamos una mañana acercarnos hasta la Cascada de la Huevera, que de haber tenido agua hubiera sido toso un espectáculo, sin el líquido elemento no tanto, pero aun así mereció la pena. Tras servirnos de aprovisionamiento en la interesante y bella población de Oña, población que ostenta en el monasterio de San Salvador ser el primer panteón real de Castilla.




Recuperando nuevamente el rio Ebro en la población de Valdenoceda, destaca en ella La Torre de los Velasco y La iglesia de San Miguel que dejamos para mejores tiempo. Aunque sí nos acercamos de sus alrededores al aislado y sobresaliente templo de San Pedro de Tejada, verdadera joya del románico burgalés. Nos desviamos unos pocos kilómetros de la conocida como “Ruta del Ebro Escondido” para acercarnos a la singular y escarpada cascada de Tartales de los Montes, ubicada junto al túnel que accede a la población. De vuelta al Gran Río pasamos junto a los eremitorios rupestres conocidos como “Cuevas de los Portugueses”, tomando esta denominación por el uso que le hicieron los trabajadores del país vecino que las usaron como viviendas mientras trabajan en la construcción del canal hidroeléctrico de Trespaderne, conjunto de 14 oquedades a las que se les fija una datación de entre los siglos VIII y IX.




Ascendiendo por el valle del río Jerea llegamos a Pedrosa de la Tobalina, donde observar su afamada cascada de El Peñón (más conocida vulgarmente por La Tobalina), que si bien tiene una hermosa hechura, su notoriedad le viene por su fácil acceso prácticamente en medio de la población y junto a la carretera comarcal. Justo en la otra orilla de la cascada y en la pequeña aldea de La Orden podemos visitar la iglesia de San Saturnino en estilo románico de buena sillería. Nos acercamos hasta la bien cuidada población de Herrán para adentrarnos en el Desfiladero de Río Purón que desciende desde tierras alavesas. Hoy “espacio natural”, en tiempos camino de tránsito de mercancías entre la meseta castellana y las tierras vascas, pero siempre derrochando sus aguas alegres cascadas en su transitar. También lugar de ermitaños y anacoretas como fueron los santos Felices y Roque, de los que quedan algunas ruinas de su rudimentario hábitat.




La ruta nos lleva hasta la medieval población de Frías, que vigilando el paso del Ebro y su magnífico puente desde su altivo castillo, se sitúa rodeada de empedradas calles donde se asientan las casas colgantes más peculiares de toda Castilla. 


A tiro de piedra se encuentra Tobera cuyo nombre ya lo dice todo, pues la empinada aldea está partida a mitad por el rio Molinar, donde las aguas en su precipitar han formado múltiples, hermosas y saltarinas cascadas con el marchamo de esa genuina roca “travertina”. Nos situamos en una atractiva y comedida localidad que contrasta con el despropósito de algunas de sus actividades comerciales, toda vez que muchos de sus restaurantes y bares, llevan al summum la máxima del libre comercio “ganar sin medida”, sin darse cuenta que “mataran a la gallina de los huevos de oro”. No debemos de dejar aquí de visitar la gótica ermita de Santa María de la Hoz, obra del siglo XIII que tan buen encuadre nos ofrece desde la proximidades del Puente Medieval.

Es a la entrada (salida en nuestro caso) donde el modesto río Molinar, a su paso por los montes Obarenes ha tallado una estrecha garganta, que ya fue una importante vía de comunicación en el pasado, toda vez que por ella transcurre la antigua calzada romana que unía La Bureba con Orduña y los puertos marinos del Cantábrico. 

Curiosa coincidencia, pues hemos comenzado nuestra ruta en Orduña y la terminamos aquí. Bueno aquí……. ya que tomamos dirección Logroño para resarcirnos, de estos “austeros” siete días, visitando la afamada Calle Laurel, donde ni sabemos que tasca elegir, pues la vista nos lleva a todas, en esa sugestiva exposición de su interminable oferta de pinchos, tapas y por supuesto riojas. De esta forma nos desquitarnos por esa falta de infraestructura que hemos podido observar durante estas fechas del mes de febrero, tanto en hospedajes como en restaurantes y lugares para completar las esplendidas jornadas que hemos disfrutados por estas viejas tierras castellanas.




jueves, 26 de marzo de 2026

- Río Izana...... crecida en el día de Santa Águeda

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Cuentan los anales históricos que Santa Águeda (Ágata o Gadea) fue lanzada a la hoguera en tierras sicilianas un 5 de febrero del año 250 por mantener su fe como devota cristiana, no sin antes ser martirizada por orden de Quinciano gobernador romano de Sicilia, cortándole los pechos. Es por ello que ese día se celebran por tierras castellanas y de otros lugares de nuestra geografía la festividad en nombre de la santa con grandes y evocadoras hogueras, que al tiempo de rememorar la muerte de la mártir, sirven para calmar los lógicos fríos por estas fechas a los allí congregados. Vale también la fecha para que históricamente fuera reconocido ese día como en el que mandaban las mujeres, convirtiéndose estas en protagonistas del momento (afortunadamente las cosas van evolucionando favorablemente ¿o no?, para que no se le tenga que dedicar una jornada a ese tema). Reseñable es la celebración de este día en Zamarramala, población muy próxima a ciudad de Segovia, donde las mujeres se convierten en “figura” de la jornada y dueñas del pueblo por un día, hasta el punto de designar una alcaldesa para esa jornada. 

Por tierras castellanas y concretamente en Soria son muchas las poblaciones que celebran esta conmemoración, entre ellas Ágreda, Arcos de Jalón, Berlanga de Duero, Duruelo de la Sierra, El Burgo de Osma, Medinaceli y más. Que aparte de las propias ceremonias religiosas, celebran comidas comunitarias de féminas, así como copiosas meriendas al provecho de las ascuas (torreznos, chorizos, morcillas, churrasco o lomo), donde ya asiste el vecindario en general.

Para la iglesia católica Águeda de Catania (Santa Águeda), tiene entre otras cualidades la de ostentar ser patrona/protectora contra los desastres naturales, entre ellos las riadas. Seria curioso por ello que en día de su onomástica, las fuerzas de la naturaleza se revelasen en contra de los “credos” que se atribuyen incumbencias que no les corresponde, provocando fuertes lluvias que a su vez colmaron los cauces de los ríos hasta niveles pocas veces observados. Siendo el caso del “Izana”; que fluye por las queridas y cercanas tierras sorianas de Las Cuevas de Soria, Quintana Redonda, Tardelcuende y Matamala;  que justo el día de la celebración de la “santa” sus aguas se desbordasen por múltiples lugares rebosando puentes, caminos y tierras de labor.




Aunque el río Izana tiene su nacimiento en Villaciervos, es en Villabuena donde recibe más agua. Refrenda un recorrido aproximado de unos 53 km. pero en verano solo corre agua entre las poblaciones de Las Cuevas – Quintana Redonda – Tardelcuende, apenas unos 10 km. agotándose su cauce antes de llegar a la localidad de Matamala, donde el agua desaparece sin que nadie sepa su destino, pero con algunas sospechas sobre esta curiosa y enigmática desaparición.  




Pero el día de Santa Águeda casi dos mil años después de su martirio, en este año de 2026, el río Izana desde la aldea de Las Cuevas hasta Matamala, sus aguas iban a rebosar. Estando muchas fincas de sus márgenes anegadas en su inmensidad durante la crecida, hasta el punto de que por algunos puentes ya había rebosado por encima haciéndose peligroso su cruce. Aunque ninguno de estos puntos estaban ni cerrados, ni precintados y ni siquiera señalizados por parte de autoridad alguna. Reseñable fue el acontecimiento, que por momentos se pudo contabilizar más gente mirando el nivel del rio en el Puente del Molino de Quintana Redonda que en los bares de la población.




No llegando las lluvias de estos días al extremo de Grazalema, sin alcanzar aquí salir agua por los enchufes de las casas, por los tabiques de las paredes o brotar de los suelos de las viviendas como si fueran manantiales. Si que algunos tabiques de viejas cocheras o antiguos pajares han sufrido los efectos de las interminables lluvias. Tampoco llegaron a estas aldeas los “disformes” medios de comunicación provinciales, atentos a otros situados más sensacionalistas, como fueron el Duero en Almazán o San Esteban, así como el Ucero en El Burgo de Osma.




Casi dos meses me ha costado trasladaros estos hechos, no ha sido por ociosidad al contrario, los muchos menesteres son los responsables del retraso. Aquí os dejo imágenes tanto de la crecida del Izana, como de otros enclaves de la geografía soriana:


- El Duero por Hinojosa de la Sierra, Almazán, Los Rábanos y Andaluz.


- El Ucero en El Burgo de Osma.




viernes, 20 de marzo de 2026

- Cascadas del norte de Burgos (Merindades) I

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Las sierras y montañas que configuran la cornisa cantábrica al norte de la provincia de Burgos conforman unos desniveles sustanciales sobre los que discurren cursos de agua, que en estas fechas y sobre todo en un año tan lluvioso como este, desarrollan unas poderosas, singulares y esplendorosas caídas de agua, a las que no hemos podido resistir acercarnos para acompañarlas en su incesante alboroto.

Aunque fundamentalmente las cascadas relacionadas y recorridas en estos párrafos se encuentran en la comarca de las Merindades burgalesas, también hemos dedicados nuestros esfuerzos a documentar algunas de importancia en el País Vasco (Álava / Vizcaya), Condado de Treviño, Valles Pasiegos, así como algunas reseñables de las comarcas burgaleses de La Lora y la Bureba, zonas todas vinculadas o próximas con el norte del oriente castellano.

Aun con las excepcionales condiciones “hídricas” de este año y la época elegida para su visita, justo después de la sucesión encadenada de un sinfín de borrascas a las que ahora les ha dado por denominar “danas”, algunas de las cascadas y sobre todo varias de las más singulares, vistosas y espectaculares (Santo del Nervión - San Miguel de Angulo – Huevera de Caderechas), no poseían la más mínima cantidad de agua, ni siquiera una misera gota en la que poder regocijar nuestras deseosas miradas, un verdadero desanimo antes las expectativas que las circunstancias meteorológicas habian provocado algunas semanas atrás.  




Se le da nombre de “Merindades” a los incipientes territorios, recuperados a las huestes sarracenas durante los primeros siglos de la mal llamada “reconquista”, que inicialmente conformarían el Condado de Castilla y posteriormente el Reino Castellano. Tierras ya cristianas durante el siglo VIII repobladas entre los siglos IX y X, y que tomando su nombre de los "maiorinus", son administradas de forma directa o indirecta por estos “merinos” (adjetivo ya romanizado) mediante delegación real (el sistema de “organización” por medio de las “Comunidades de Villa y Tierra” que conocemos en la castilla más sureña, como por ejemplo Soria, es posterior).

 

Esta forma de “gobierno” aparte de tener facultades administrativas y recaudatorias, poseían también funciones judiciales, así como, en necesidad de ejercerla, podían reclutar gentes para “hechos de armas” (guerrear) a favor del rey de turno.

Las 26 Merindades que conforman el norte burgalés es uno de los mejores destinos del país para salir en busca de cascadas durante esta época de finales del invierno y principio de la primavera, en pleno deshielo, existiendo un buen conjunto de interesantes y sugerentes saltos de agua por toda su geografía. Pudiendo realizar un recorrido por las más notorias y visitadas, llegando hasta las más desconocidas, escondidas e inéditas, pero todas saltarinas, turbadoras y revoltosas a la espera de ser visitadas.  

 

A lo largo de los más de 2.800 km2 (280.000 Ha.) de extensión que ocupan las Merindades, convergen elementos geográficos bastante diferenciados, como son la Cordillera Cantábrica, los Cañones del Ebro, así como los páramos de la Meseta Castellana y parsimoniosos valles. Pudiendo compaginar nuestro recorrido en búsqueda de las cantarinas cascadas con otros componentes existentes en el paisaje que permanentemente nos rodea, como son las profundas y herméticas Hoces del Ebro, los yermos y desamparados páramos como el de Masa, así como las originales “muelas” o Loras que trastocan nuestra visión con sus horizontes trasnochos. 



También con elementos urdidos por manos humanas, como los arcaicos y milenarios dólmenes y menhires del
Neolítico y Edad del Bronce (aprox. 3500-1500 a.C.), los eremitorios rupestres de los primeros siglos del cristianismo en nuestro país (siglos VI – VII), la pureza de un “románico” que marcan su propio estilo, así como poblaciones con un significativo y reseñable sabor medieval.

 

Los valles visitados pertenecen a las cuencas hidrográficas del Cantábrico y del Ebro. Siendo los ríos hasta los que hemos llegado: Hijuela, Cadagua, Herrerías, Nervión, Oiardo y Asón (que van hacia el Cantábrico) y por la vertiente mediterránea: Ihuda, Inglares, Ebro, Trueba, Engaña, Rudrón, Nela, Odra, Jerea Purón y Molinar. Los cursos fluviales de la Cordillera Cantábrica / Montes Vascos que dirigen sus aguas al norte, con valles soportando desniveles bastante más notables que los del sur, poseen cascadas de mayor envergadura, situándose en ellos las de caídas más vertiginosas de todo el país, superando en algunos casos los 200 m. de desnivel: Salto del Nervión 222 m. Cascada de San Miguel de Angulo 200 m. Gujuli 100 m. o la del Nacimiento del Asón de 70 m.

 

De las treinta y tres cascadas seleccionadas en principio pudimos visitar veintidós, cuatro ya las habíamos visitado en otros recorridos, algunas desistimos pues nos llegó información de que ya no llevaban agua, a otras cuatro no accedimos por su gravoso acceso y a dos no fuimos por olvido.

 

Hemos decidido comenzar la ruta por tierras vasconas, al ser estas cascadas las mas lejanas de nuestro recorrido, por ello nos dirigimos desde Logroño al Condado de Treviño atravesando perpendicularmente la Rioja Alavesa. Llegando a la población de Sáseta y en breve caminata aproximarnos a las armoniosas cascadas de Roda Vieja y el Molino. Desde allí nos dirigimos a poniente en busca del curso del Inglares entre las poblaciones de Payueta y Berganzo donde encuentra la cascada Herrerías formando una especie de cola de caballo. Terminando la mañana en el elegante salto de agua de Gujuli, que con algo más de 100, se precipita desde la población homónima al vacío medio de un paisaje verdaderamente estremecedor en los lindes del Monte Gorbea.




La sobria y gris población de Orduña; capital de uno de esos territorios que conforman una anormalidad geográfica en nuestro país, ya que es un enclave vizcaíno dentro de la provincia de Álava; sirve de base para terminar de poder visitar las ultimas cascadas en suelo vasco. Las próximas del rio Orduña en la aldea de Terganga: Cocinocha y Kobaundi, la primera no muy alejada de la población (apenas 700 m.). 


Pero sobre todo la que al final del valle de Delika produce el rio Nervión cuando lleva agua, un salto en el vacío de 222 m. conformando la mayor caída de agua de toda la península, el Salto del Nervión. Debiendo de acceder hasta el puerto y en el conocido como Monte de Santiago realizar un grato paseo hasta en mirador desde donde observar el sugestivo espectáculo que desde él se divisa.

 

Durante el trayecto a tierras ya castellanas de Valle de Angulo. disfrutamos de hermosos paisajes como en que nos regala la población de Añes (Álava) con el fondo de Sierra Carbonilla y Cerro de los Tornos. Situados en Puerto Angulo nos acercarnos al mirador desde donde poder observar la cascada de San Miguel de Angulo, que si llevase agua (que no es el caso) se convertiría en un espectáculo similar al del Nervión, pero en un entorno si se quiere de más aislamiento humano. Aquí el agua se precipita desde una altura de 200 m. rompiéndose estrepitosamente entre las fajas rocosas de su base. No muy alejada, en la pequeña aldea de Martijana (Cozuela), nos encontramos la bucólica cascada de Peñaladros a la que podemos acceder fácilmente a su base por frondoso terreno desde donde contemplarla en plenitud.

 

Tomando en principio dirección norte nos introducimos en el Valle de Mena, único espacio burgalés con voluntad cantábrica, al ser el señero de todas las Merindades en que sus aguas van a parar a ese mar del que apenas le separan 30 km. Aguas precisamente del río Cadagua, a donde nos dirigimos para allegarnos a los potentes chorros que forman su aguas al nacer del interior de la tierra. En la pequeña y coqueta aldea de Irus, el río Hijuela nos ha dejado un par de interesantes cascadas a las que se accede por el no menos seductor “Camino Real de las Enderrozas”, del que dicen podrá ser una antigua calzada romana. Tras transitar un buen trecho por esta empedrada vereda, que sirvió en el pasado para transportar mercancías de la meseta a los puertos del Cantábrico, llegamos a las dos cascadas que se encuentran muy próximas, encontrándolas en todo su esplendor y vistosidad.




Solo nos queda la Cascada de Aguasal para culminar el Valle de Mena, debiendo de acercarnos a la aldea de San Pelayo y acertar con la ruta que nos aproximará hasta este conjunto de revoltosas y espumosas aguas al caer, ubicadas en la vertiente meridional de los Montes de Ordunte. 


Pero el Valle de Mena es más que agua, allí hemos podido observar buen románico a través de los templos de Siones, San Lorenzo en Vallejo de Mena, San Pedro en El Vico, así como en la iglesia de San Miguel Arcángel en Bercedo. O torreones medievales como los de Vallejuelo y Lezana de Mena.

 

Desde Espinosa de los Monteros se accede a otra de las míticas cascadas de los Valles Pasiegos, la Cascada del Nacimiento del Asón, teniendo que pasar a la vecina Cantabria para llegar hasta ella, superando el potente desnivel que supone traspasar el Portillo de La Sia. Se trata de un espectacular salto de agua de algo más de 50 m. visible desde muchos puntos de descenso hasta el Valle de Soba. 



Otra no tan alta pero mucho más armónica podemos observar casi en la cúspide del también pasiego puerto de Estacas de Trueba ascendiendo desde Espinosa, la de Guarguero. Se encuentra señalizada y es bastante accesible al encontrarse muy próxima a la carretera y aun no siendo la cascada burgalesa más alta ni la más caudalosa, su entorno y vistosidad entre montañas y cabañas pasiegas, la convierten en una de las más apreciables de esta comarca en temporada de deshielo.

 

Entramos en las Merindades de Sotoscuevas y Valdeporres, destacando en la primera de ellas los saltos de agua resultantes directos de los arroyos de la Cordillera Cantábrica. La elegante, singular y espléndida Cascada Salceda (Quisicendo) o la Cascada de la Osera, que encontraremos por encima del abandonado Túnel de la Engaña. 


En la zona de Valdeporres otro par de ellas, la coqueta y escondida pero imprescindible de visitar de Las Pisas, a la que se llega caminando desde Villabáscones de Bezana (hay también un excelente y encantador atajo a medio camino de la aldea de San Cibrián). Ya en las proximidades de la población de Puentedey; de obligatoria visita con su insólito e impresionante puente natural sobre el que se asienta; nos acercamos a ver la espectacular cascada de La Mea que encontramos al final de un corto barranco, que con una caída de unos 30 m. hace precipitar el agua como si fuera una cortina transparente, pudiéndola pasar por detrás sin ninguna dificultad. A algo más de 500 m. en la población de Quintanilla de Valdebodres se encuentra el “Pozo del Infierno”, una cueva sumergida donde mi viejo amigo Fidel Molinero y su compañero llegaron a explorar el segundo sifón a 200 m. y 18 de profundidad.




A la espera de continuar el relato sobre las Cascadas del Norte de Burgos (Merindades) II. Quiero aclarar, que a finales de febrero no es fácil encontrar por estas zonas lugares de “acomodo y manduca” (alojamiento y comidas) para dar servicios a los que hasta aquí nos allegamos, cada vez se hace más dificultoso el dotar de servicios a zonas relevantes del ámbito rural, quejándonos después de las maldades de la despoblación. Si bien encontramos establecimientos que nos pudieran atender, la escasez de infraestructuras en servicios turísticos (hoteles y restaurantes) durante nuestra visita en el mes de febrero de 2026, se hizo notar en algunos momentos y lugares de cierta importancia.