martes, 2 de agosto de 2022

- Cañón del Talegones…… Torrevicente /Lumías (Soria)

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Reclamados en demanda de atención por el sur soriano, nos acercamos hasta allí con el intento de conseguir desterrar el desdeño, la desidia y hasta la indiferencia hacia esas tierras ásperas y menesterosas, que por tiempos han estado prácticamente postergadas y relegadas al olvido, aunque hoy igualadas a otras comarcas de la Soria mas pujante ante el equilibrio generado por la sangría de la despoblación. Dirigimos nuestros pasos hasta los páramos que se extienden entre Berlanga y Retortillo, al septentrión de la Sierra Pela donde se afincan algo mas de una docena de poblaciones, que todo descendiente numantino debería de conocer. Una comarca por la que se transita hacia la “nada”, una nada formada por rasos casi estériles donde apenas sobrevive la vegetación, suelos calizos barridos por los vientos de otoño, dominio de los tomillares y aisladas encinas, donde solo es posible el cultivo de secano en aislados vallezuelos, así como en las escorrentías de abrigadas barrancas, es el dominio de lo inerte, la “Castilla” desamparada, modesta e infortunada a la que ni siquiera los capitalinos sorianos se acercan a conocer.

Concretamente nos situamos en el tramo alto del río Talegones entre las poblaciones de Torrevicente y Lumías. La primera de ellas hoy anexa a Retortillo (distante 8,5 km.), perteneció a Guadalajara hasta 1833, año en el que se remendó la división provincial de este país tocándole a Soria perder casi un tercio de su territorio, alcanzando por aquel entonces los 14.163,40 km2, siendo la segunda provincia de Castilla la Vieja, solo superada por Burgos. Quedando después del apaño con una extensión de tan solo 10.306 km2. siéndole asignados cinco partidos judiciales (Soria, Almazán, Ágreda, El Burgo de Osma y Medinaceli), 345 ayuntamientos y 540 núcleos de población (2 ciudades, 82 villas, 364 lugares, 83 aldeas, 3 barrios, 48 granjas, 4 casas y 65 despoblados). Hoy tiene apenas 183 ayuntamientos y 510 poblaciones, habiendo pasado durante mediados del siglo XIX de tener 198.107 habitantes, según el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz de 1849, a 88.277 habitantes sobre el censo a 1 de enero 2022.

 

A mediados del siglo XIX, el mismo Madoz nos habla ya de “despoblados”, siendo esta ”ralea” la adversa variable o “sino”, que se repite a lo largo de la historia en nuestra provincia. El Censo del Marques de la Ensenada de 1756, nos relaciona 83 núcleos deshabitados entre los datos generales de estadística: 731 localidades catalogadas como independientes, de las que solo 4 tenían el rango de ciudad (Soria, Osma, Alfaro y Calahorra), 132 eran villas, 482 se califican como lugares y 30 granjas o términos redondos, alcanzando por aquel entonces una población de159.534 habitantes. Apenas 30 años después, el Censo de Floridablanca de 1787 contabilizaba alrededor de 76 despoblados. Siendo esta comarca del medio día soriano en la que mas se ha cebado esta situación a lo largo del tiempo, por sus específicos condicionantes en pobreza de suelos, escasez de recursos hídricos y sobre todo en el estado de las comunicaciones durante los tiempos pretéritos.

No es de las zonas mas prosperas, pero si de las que tienen una historia mas creativa e interesante, ya que pertenecieron a la "Marca Media" en tiempos de las rencillas entre musulmanes y cristianos. Antes de ello, las tribus de la edad del bronce y del hierro se dedicaron a dejar su impronta en las rocas de sus barrancales, encontrándose aquí los segundos mejores restos de arte rupestre de toda la provincia, solo superados por las pinturas existentes en los abrigos de Valonsadero, cercanos a la capital soriana. No solo por la existencia del extraordinario y sobresaliente poblado arévaco de Tiermes, toda la zona está jalonada por distintos asentamientos de la edad del cobre-hierro conformando un sobresaliente conjunto de “castros”. Así mismo se han podido localizar un buen numero de apriscos y abrigos rocosos con gravados e incisiones de distintas épocas al norte de la Sierra Pela, en las proximidades de Retortillo, Castro y Valvenedizo, toda vez que esta alineación montañosa de escasa altitud y divisoria de las cuencas del Duero y Tajo, fue posiblemente frontera entre las tribus celtiberas de carpetanos y arévacos.

 

Pero centrémonos en nuestro propósito. El río Talegones, con un curso de sur a norte que supera los 45 km. es afluente directo y puro del Duero, ¿prácticamente? cien por cien soriano, y aquí la controversia, pues mientras que unos dicen que su nacedero está en Retortillo de Soria (copia y pega del Mapa Geológico de España de 1890 en la provincia de Soria), otros defienden que se sitúa en el termino de Hijes (Guadalajara). A mi neutral e iletrado entender, bajo la observación de la cartografía disponible y el trabajo de campo, creo que nace a 150 mts. de la linde soriana pero en tierras alcarreñas de Hijes, aunque el resto de su recorrido lo hace por tierras de la mas levantina provincia en la Vieja Castilla.

Tras cruzar Retortillo, nuestro río ha cincelado en las calizas rocas, un sorprendente barranco en el que se suceden si parar los meandros. Cruza Torrevicente, Lumías y Cabrerizas, franqueando a escasos 1700 mts el casco urbano de Berlanga de Duero, para ceder sus aguas al Duero algo por debajo del “Puente Ullán”, histórico pasadero del gran río soriano y lugar donde acaecieron escaramuzas contra los franceses, así como fusilamientos a comienzos de la guerra civil.

 

El Talegones no es un río en verdad caudaloso, que unido al calizo cauce kárstico por el que discurre, provoca que en tiempos de escasez de lluvias como es el caso, sus aguas se filtren en varios puntos desapareciendo en algunos tramos. Estando sus “coladeros” más palpables en Torrevicente, apareciendo las aguas nuevamente en Lumías, y volviéndose a esconder en Arenillas. Sobre este tema nos trasmite Isabel Goig en su libro “Fuentes, fuentecillas y manantiales de Soria”,–El río Talegones también se sume a la altura de Torrevicente, para resurgir en Lumias y volverse a perder en Arenillas-. También nos relata que el cauce con el que discurre durante su trazado es muy inferior a lo que debería ser en relación a su cuenca hidrográfica, debiendo sus aguas recorrer un itinerario subterráneo que verán la luz en “Los Fontarrones de Gozmaz”, donde el Duero recibe unos 4 m3/segundo.

Por las orillas y proximidades del Talegones también se asentaron los “antiguos” dejando muestras de ello, habiéndose encontrado grabados rupestres en varios abrigos cercanos a la aldea de Torrevicente, así como restos humanos y de industria lítica posiblemente celtibéricos (siglos II y I a. C). Igualmente asentaron sus reales por aquí los romanos, dejando huellas a través de las calzadas que unían Uxama (Osma) con Tiermes,  Ocilis (Medinaceli) o Segontia (Sigüenza). Como es el caso de la que pasaba por Brías, dando nombre a la interesante, ruinosa y románica Ermita de la Virgen de la Calzada, ubicada en un bucólico emplazamiento a las afueras de la población. Siendo así mismo de época romana el Cantón de la Cruz y los Cantos Milleros que nos encontramos a las afueras de Retortillo. 




Fue en la aldea de Torrevicente -parece ser que en el cerro de Castilviejo- donde el caudillo Almanzor venció y dio muerte a su suegro Galib, excelso general del califato de Córdoba, que además se encontraba ayudado por los mandatarios cristianos García Fernández (Conde de Castilla) y el hermano de Sancho II rey de Pamplona, Ramiro Garcés quien también pereció en la batalla. Repoblada esta comarca por los castellanos a fínales del siglo X y comienzos del XI, perteneció a la extendida “Tierra de Atienza” y al “Señorio de Paredes”, hasta que con la nueva división territorial del estado de 1833 (ya comentada), pasaran estos territorios a la provincia de Soria, partido judicial de Medinaceli (distante 65 km), a la que por aquellos tiempos se tardaba en llegar caminando 12 horas. También el “Cid” parece que transita estos paramos camino de sus destierro, pues tras cruzar el Duero por Navapalos y pasar la noche en la Figueruela, el noveno día de su exilio cruza por Retortillo para atravesar la Sierra de Miedes y penetrar en territorio sarraceno de la taifa de Toledo.




De Torrevicente destaca la ubicación de su trama urbana, que podemos contemplar desde la curva que hay antes de descender a su caserío. Situado el oteadero en la proximidad de un conjuradero, nos regala unas esplendidas vistas de la aldea y su entorno roquedo. Como así mismo podemos observar la potente iglesia de la Navidad de la Virgen, donde se puede reconocer una pila bautismal “románica”, complementando la panorámica con la “gótica” ermita de la Soledad, que percibimos en primer termino.

 

Aguas abajo del barranco encontramos la aldea de Lumías, que aun asentada en medio de terrenos áridos y pedregosos es un verdadero oasis de humedad y vegetación. Un pequeño, tranquilo y coqueto pueblín, cuyas casas se diseminan a lo largo del cauce de Talegones –ya con agua renacida- por debajo de los farallones rocosos. Esta pequeña y humilde población de apenas 6 habitantes, está mimetizada y perfectamente adaptada a las características de la hoz donde se asienta, estando ubicados en las oquedades y zócalos de sus paredes palomares, tainas y colmenares que ya se encuentran en desuso. Interesantes es también su iglesia, consagrada a Nuestra Señora de la Asunción, de origen románico (s. XIII) estilo del que solo subsiste el ábside, ya que se reformó sustancialmente durante el siglo XVI. 
 

También en Lumías, concretamente en el barranco que desemboca en el Molino Blanco, encontramos el grupo de tainas de las Cerradas Nuevas, una de las cuales está cubierta de techumbre vegetal. De las pocas que podemos observar ya en la provincia y que todavía está en uso, toda vez que el declive de la ganadería ovina y el laborioso mantenimiento de estas construcciones las esta abocando al abandono y la ruina.

 

Para los celtiberos, las “lumías” eran unos míticos personajes que habitaban los cauces de los ríos, cual ninfas de aguas dulces con aspecto entre animal y humano, cuerpo de mujer y cola de serpiente. Siendo estas legendarias náyades, las que dieran nombre a la aldea y generaran a lo largo de la historia multitud de leyendas, algunas de las cuales han llegado a nosotros a través de curiosos personajes como D. Francisco, cura del Burgo de Osma, que ya en 1981 relato algunas de las fábulas que corrían por las bocas de los vecinos, o también del que fuera guardián de las ruinas de Termancia por aquellas épocas Doroteo García, tal y como recoge el blog de “DescubreCastilla”:http://descubrecastilla.blogspot.com/2012/11/leyenda-de-la-lamia-de-lumias-la-soria.html o  este otro enlace de “pelendones-mariodiaz”: http://pelendones-mariodiaz.blogspot.com/2017/09/lamias-y-brujas-sorianas.html. Los cuales sirven de mágico complemento a estas letras, y de descaso de ellas si es que estas interesado sobre las fabulas de esta comarca en la mágica Soria.

Arenillas, Alaló, Paones y Brías complementan las poblaciones de estos lanchales del sur soriano, donde podemos en cada una de ellas encontrar elementos que nos hagan recorrer sus caseríos, descubriendo secretos que dejo a la exploración  del lector encontrar, pero que en algunos casos nos harán sorprender y hasta admirar.





La Ruta:

Nos proponemos ahora recorrer el cañón en su trazado mas sugerente, desde Torrevicente a Lumías, donde el río ha cincelado a su paso un impresionante tajo a través de escarpados riscos, que se suceden unos tras otros en las sucesivas curvas que el paso de las aguas han ido creando en sus calizas rocas, propiciando unas impresionantes panorámicas durante toda la ruta. Todo el itinerario se desarrolla por una vereda cómoda y agradable, que transita por la orilla del Talegones al pie de los acantilados que forman el bonito y colorido cañón. Donde además podemos encontrar, si somos duchos en ello y estamos bien informados, de abrigos rupestres con grabados prehistoricos y alguno que otro monumento megalítico.




Si queremos hacer la ruta mas cómoda y llevadera, es aconsejable el acercarnos con dos vehículos, dejando cada uno de ellos en las poblaciones de inicio y final del trayecto (7 km), favoreciendo de esta manera el traslado. Se puede realizar en ambos sentidos y si lo realizamos comenzando de sus respectivas “plazas” (lugar donde se puede normalmente aparcar sin excesivos problemas) el recorrido se aproxima a los 8 km. (7,8), dedicándole con tranquilidad unas 2,30 horas.

 

Nada mas comenzar, si lo hacemos desde Torrevicente, nos encontraremos el salir de la aldea, justo enfrente, la masa rocosa de la Pena de la Horca. A la que podemos acercarnos tras cruzar el riachuelo para observar la curiosa formación de la "Cueva El Huevo”. Fenómeno natural de ventana abierta en la roca que, como en muchos lugares por estas latitudes, sirve como elemento discordante contra las poblaciones vecinas, en este caso para incomodar a los de la colindante población de Bañuelos (Guadalajara). Atribuyéndoles a estos el lanzamiento de huevos hasta conseguir abrir esta oquedad en la pared caliza de la escarpadura.

Ya plenamente introducidos en la vorágine del barranco, cruzamos por delante de la Cueva del Tío Raimundo, un aprismo más de los existentes en la zona para el ganado. Cruzamos el cauce (que seguramente lo encontraremos seco) y justo al otro lado se halla la Fuente Nueva (posiblemente también seca si es que vamos en estío). Continua el camino entre la abundante vegetación pasando bajo un gran árbol inclinado, hasta llegar a un poste indicativo que nos señala estar en el GR-86 o Sendero Ibérico Soriano. Frente a nosotros y en la vertiente izquierda del cañón observamos una potente y colorida pared caliza, justo al otro lado, en la orilla derecha, y por encima de los cortados se encuentra el lugar de “Castilviejo”, lugar donde antes comente se sitúa la refriega entre Almanzor y su suegro Galib.




 

Exultante de vegetación desde el inicio, la ruta es un continuo descubrimiento a cada curva del río. En nuestro transitar podemos descubrir entre la variada arboleda que coloniza las orillas del río magníficos ejemplares de fresnos, arces, álamos -alguno con un considerable tamaño en su tronco-, así como potentes nogales en las cercanías de las poblaciones, cuyo ramaje vemos esta protegido por estacas o tutores para que el peso de sus ramas no cedan en exceso llegando al suelo o se quiebren


por el peso. Complementando esta vegetación las aliagas, majuelos, mimbreras, además de las aromáticas que nos regalan su fragancia a nuestro paso, sin dejar de mencionar las carrascas (encinas) y quejigos (robles) que se sitúan en las laderas más aisladas del barranco. Si accedemos hasta aquí en los meses primaverales de marzo o abril nos encontraremos con el espectáculo añadido de ver como las praderas existentes en las riberas del río se cubren prácticamente con una alfombra amarilla formada por flores de narciso silvestre, que serán sustituidas alguna semana después por los granates de los lirios azules, generando en la zona un atractivo añadido a sus otros considerables valores y creando ante nuestra vista un espectáculo sencillamente espectacular. 

Continuamos la senda a través de un escenario lleno de magia y encanto, el cual nos presenta a cada curva de la hoz un espectáculo diferente. Una nueva indicación nos marca el itinerario (Torrevicente 1,4 km - Lumías 5,4 km)  y debería también indicarnos el corto (100 m) desvío hasta la "Fuente del Chorrón", pero la señalización al manadero ha desaparecido. El lugar, situado a media altura del cañón y bajo el cortado rocoso de la peña, es el idóneo para tomar un respiro y observar el entorno. Una sinfonía de tonos verdosos, que contrastan con los rojizos y grises de las calizas, complementan el espacio circundante, donde solo el silencio es roto por el trinar de las aves. 

 

Retornados a la senda principal, divisando en la parte alta de los cortados septentrionales algunas de las tainas que conforman los Corrales del Raso, como también el vuelo de algunos buitres que anteriormente tomaban el sol encima del cortado. Estos farallones que conforman la hoz sirven de refugio y hábitat a gran cantidad de avifauna, que además del omnipresente buitre, esta constituida por águila real, alcotán, halcón peregrino, cernícalo,.... de entre las grandes rapaces. Además de zorros, conejos y otros vertebrados, completan junto con las curiosas “regaltenas” (nombre con el que denominan a las lagartijas en estos lugares), los compañeros con quien cruzarnos, sin olvidar los corzos, que aun esquivos a nuestra presencia, podremos escuchar sus ladridos entre la espesura de la vegetación.
 

Como a mitad de camino, sin enterarnos, pasamos de estar en terrenos del Señorío de Retortillo a los del Marquesado de Berlanga. Unos mojones en medio de la vereda nos dan cuenta de ello, demostrando por mas señas que las lindes solo existen en los planos y documentos, manteniéndose estos espacios en plena libertad sin mas limites que los obstáculos generados por la propia naturaleza.





Ya al aproximarnos a Lumías iremos observando como el sendero se ensancha y van apareciendo las primeras tainas en sus rededores. Vemos con asombro como a la entrada de la población existe un cartel indicando -Torrevicente 1 h-, ni caso si es que se os ocurre hacer la ruta en sentido contrario, ya he comentado que os llevara mas del doble de lo allí marcado. Debió de poner la señalización, alguno de esos que se dedica a correr por los montes sin pararse a degustar de la naturaleza que les rodea. Llegados a Lumías el GR-86 continua hasta la aldea de Brias, recorriendo entre encinares y llanas estepas, algún ramal de la Calzada Romana (Uxama - Tiermes hacia Segontia) que transita por la puerta de la ermita de Nª Sª de la Calzada en esta ultima población palaciega.

 

Durante los meses de verano el cauce del Talegones puede encontrarse sin aparente caudal (seco) toda vez que, por su kárstico suelo, sus aguas fluyen de forma subterránea, apareciendo esporádicamente en superficie solamente en algunos lugares del recorrido. Lo sinuoso de algunos tramos y la densidad de la vegetación en otros, obliga al sendero a cruzar el arroyo en numerosos puntos, para lo cual están dispuestas unas rusticas “pasaderas” elaboradas con potentes piedras.
 

La parte alta del desfiladero se extiende por extensos paramos prácticamente yermos de vegetación, planicies que se prolongan por el norte hasta la depresión del Duero, y al sur con el limité en las Sierras de Pela y de Bulejo. Solo pequeñas manchas de carrascas y algunos campos para cultivo de cereal rompen la monotonía, así como las ruinas de las antaño numerosas tainas o tenadas, que en tiempos sirvieron para la guarda de los rebaños de ovejas y resguardo de pastores, imágenes comunes en el pasado que ya solo se observan de forma cada vez mas aislada. Tainas que en la zona de Los Aljibes (en la parte alta al note del barranco y a mitad distancia entre Torrevicente y Lumías), pudimos comprobar como en numero aproximado a la decena, han sido arregladas y acondicionadas. Son las conocidas como Corrales del Raso y con unas excepcionales vistas, nos comentaros vecinos de por allí que “habían venido a ellas señores muy importantes”·





Hemos podido disfrutar de un sorprendente recorrido que apenas aparece en las guías turísticas de la provincia. Otro de los lugares que parecen inexistentes en esta “España Vaciada” que algunos quieres revindicar sin apenas conocer. Un sugestivo y mágico cañón muy agradable de recorrer en cualquier época del año, al que tendremos que regresar en primavera a disfrutar de su atrayente floración. Y también en pleno otoño, cuando las arboledas nos muestran sus mejores, mas vistosas y coloridas vestimentas…... pero eso será dentro de unos meses.



miércoles, 15 de junio de 2022

- Amapolas…… Los Baillos – Quintana Redonda (Soria)

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Aunque el cambio climático, -que algunos negacionistas se resisten a reconocer,- nos está adelantando los sofocantes calores del tórrido verano, podemos aun disfrutar de los últimos colores de la primavera, que como también saliendo de su “propia pandemia”, nos ha regalado este año una impetuosidad digna de las ansias de cualquier humano que ha estado “soterrado” estos dos crueles y víricos años. 

Los campos ya comienzan a dorar sus mieses, pero este precoz calor que nos esta sofocando con un mes de antelación, no ha podido con el despunte y las ganas de vivir de la naturaleza, que nos ha regalado a nuestra vista las mejores imágenes, del cíclico renacer de los campos. 

Hoy mismo en el paseo matinal, las jaras nos agraciaban al completo con sus matas repletas de blancas flores, entre las que apenas se podía ver el verde de su matorral. Días atrás, los olores de los tomillos impregnan los secarrales paramos, y en las sesteadas tardes los horizontes se cubren con los amenazantes grises de las tormentas….. “barrunta por Valdemocho”. Pero lo que mas resalta de entre los campos, en las aun frescas mañanas, son los tupidos e intensos rojos de las amapolas en medio de los verdes trigales. 




Es imposible retraerse a no plasmas esa sensación de contrastes con la cámara fotografía, y en lo posible extenderla al mundo mundial a través de estas notas y por este medio. Aquí os dejo la belleza de los bermellones “abeboles” (así llaman los austeros sorianos a estas plantas) que fuera de su beldad, contienen algún que otro alcaloide en pequeñas proporciones (su hermana la amapola blanca es la verdadera opiácea).

Recrearos con las imágenes y disfrutar de los pocos días nos quedan de “le printemps”. 

miércoles, 4 de mayo de 2022

- Cárcavas de Burujón / Barrancas de Castrejón y Calaña

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A unos 100 km. de Madrid y apenas algo más de una hora, nos situamos ya pasada la ciudad de Toledo en la orilla derecha del Tajo, justo por encima del primer embalsamiento de sus aguas en tierras toledanas, la represa de Castrejón, en el tramo que discurre entre la "imperial" capital y Talavera de la Reina. Siendo precisamente el gran río toledano el que sin quererlo ha sido protagonista del suceso que venimos a contemplar. 

En su fluir a lo largo de los tiempos el flumen "Tajo", ha ido socavando los terrenos arcillosos que a su paso se encontraba, generando durante los últimos 20/25 millones de años unos suculentos barrancales que hoy son la admiración de vecinos y foráneos, de próximos y remotos, de niños y mayores, de damas y doncellas. Son los conocidos como Barrancas de Castrejón y Calaña o también Cárcavas de Burujón, como a los del pueblo próximo les gusta que sean nombradas. 

Sea como fuere su toponimia, este espacio de naturaleza conforma uno de los parajes más singulares, originales y hermosos de la provincia manchega. Un espacio que hasta apenas unos años solo conocían los habitantes de Burujón, La Puebla de Montalbán y Albarreal de Tajo, quienes, desde siempre, han tenido la suerte de disfrutar casi en la intimidad de este entorno natural. Había pasado casi desconocido para el "gran público", siendo el anuncio de un gaseoso y genuino refresco americano de color oscuro y grafiado con letras blancas sobre fondo rojo ¿? quien diera publicidad al lugar. Hasta entonces solo los lugareños próximos y algún que otro avezado aventurero y buscador de lugares sutiles y sugerentes, sabían de su existencia. Hoy hay que saber elegir los días y las horas para acercarse hasta allí, y no ser engullido por la marejada humana que puede acceder hasta el lugar en determinados días. 

Antaño pasó por ser uno de los rincones más desconocidos de la rivera de Tajo, toda vez que su existencia fue prácticamente desapercibida durante mucho tiempo para los forasteros, debido fundamentalmente a que su visión en "media cercanía" es inexistente, y solo se puede observar en la lejanía de las tierras situadas el sur, o en la inmediatez de su proximidad. No debemos buscar paisajes lejanos y exóticos para colmar nuestras ansias de panoramas deslumbrantes, después de dos años de penitencia "pandémica", a menos de 30 km. de la "ciudad de las tres culturas", encontrándonos escenas y colores a un Cañón del Colorado en pequeño.  

Formados por decenas y decenas de torrenteras y barrancales que descienden desde las tierras de labor hasta la orilla del embalsado rio, estas espectaculares cárcavas de rojizas y arcillosas tierras, se fueron generando por la erosión del viento, las lluvias y el discurrir de las aguas del Tajo durante varias decenas de millones de años, socavando la base de estas paredes compuestas por materiales sedimentarios.  

Con una extensión de alrededor de 220 Ha. las Cárcavas de Burujón configuran una media luna que se extiende por unos 4 km. al norte de meandro que en este lugar forma el embalse de Castrejón. Manteniendo una altura desde la lámina de agua de unos 100 m. que en algunos lugares llega a superar los 120, situándose su máxima altitud en los 556 m. siendo su cresta más emblemática, así como centro de atención y miradas, la conocida como "Pico del Cambrón". Sensacionales cortados de caprichosas formas que se proyectan sobre el agua, que en días calmos se reflejan con si de un espejo se tratase, completando un cuadro donde el equilibrio y la simetría son la regla.          

Perfiladas como auténticos antojos de la naturaleza en un prodigioso entorno, estas cárcavas encarnan uno de esos rincones de sorprendentes panoramas, que por pretéritos tiempos pasaron desapercibidos. Desde 1995 cuentan con un grado de protección como es ser "Refugio de Fauna", estando así mismo desde el año 2000 catalogado como Lugar de Interés Geológico (LIG), incluido en la Red Natura 2000, como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves. Habiendo sido declarado Monumento Natural en 2010, además de ser usado por Félix Rodríguez de la Fuente para la grabación de una pareja de águilas en el Pico del Cambrón, que emitió en uno de sus documentales. 



Para llegar hasta donde aparcar el vehículo para visitar Las Barrancas es necesario tomar una pista de tierra, a la que se accede desde aproximadamente el punto kilométrico 24,800 de la carretera CM-4000 que comunica Toledo con Talavera de la Reina. En concreto, a mano izquierda del cruce que nos indica Burujón, punto donde ya comienzan los carteles indicadores. Siendo altamente recomendable dejar el coche en el parquin habilitado del chiringuito-bar "El Refugio". 

La ruta comienza en este lugar, transitando primeramente por el antiguo Camino de La Puebla de Montalbán a Toledo, que en este tramo coincide con GR-113 o Camino Natural de Tajo, el cual seguimos en dirección este durante un buen trecho hasta coger la vereda que nos conducirá definitivamente hasta el Sendero de la Barranca. Al que llegamos asombrados por el espectáculo que tenemos ante nosotros, sorprendidos al pasar del típico paisaje llano de la Mancha a unos precipicios portentosos, vislumbrando un sin fin de barrancos en medio de un asombroso paisaje. Estamos en plena primavera y la vista se nos pierde entre las intensidades de verde que ante nosotros tenemos, notando las ganas de vida que tiene la naturaleza por despertar del aciago invierno, luciendo los campos su pleno esplendor. Caminamos un sendero que trascurre por los Altos de Torralba a ras de los cortados, dejando a nuestra derecha la ruinosa silueta de la "Casa Coronel", parando una y otra vez para lanzar nuestras miradas desde cualquiera de los numerosos miradores naturales que encontramos a cada paso. Las sensaciones se repiten unas tras otras, siendo a cada recodo el paisaje más espectacular, observando desde distintos puntos cómo las serenas aguas del embalse nos regalan una muy sugerente visión, al reflejarse con efecto espejo sobre ellas los impresionantes y rojizos cortados de arcilla. 



Es difícil trasladar a letras las sensaciones de esos instantes y retratar esos horizontes a la perfección, pues son simples percepciones de cada uno y no todos los sentimientos son vividos igual por cada sujeto. Pero estoy convencido que hasta el más triste e insensible ser humano tendría algún tipo de arrebato ante estas visiones. 

Flores por doquier impregnan y cubren los campos, margaritas y amapolas nos saludan al pasar, y cerrando el horizonte de nuestra vista los Montes de Toledo y la Sierra de Noez, adivinando entre ellas con la tenue calima la elegante y esbelta silueta del Castillo de Guadamur. Los oteros se suceden uno tras otro, vamos rodeando en la altura la silueta de "Pico Cambrón" que desde distintas perspectivas nos vigila al caminar, mientras los abruptos escenarios no dejan de reivindicarnos ser plasmados en estampas fotográficas. Hendidos barrancos, caprichosas chimeneas de hadas, altivos cortados, arcillosas aristas, bizarros torreones, terrazas, campos de cereal y el Meandro de Burujón con sus islas y riveras nos acompañan en nuestro sorprendido transito, gozando por el momento de una paz y un silencio total. 



Sosiego que se ve interrumpido llegando al Mirador de Cambrón, donde la afluencia de gente se hace notar, siendo también desde aquí donde se observa la majestuosa silueta del pico que da nombre al sobresaliente balcón, este ya con protección afortunadamente pues por aquí pasa la Senda Ecológica, que continuando por los Miradores de Los Enebros y el Camino de Alcubillete, nos deposita en nuestro inicio después de haber transitado alrededor de unos 10 km. de los que 4 son puramente por los cortados, en un continuo otero con unas maravillosas vistas. 

Además de recrearnos con su original y soberbio paisaje los barrancales de Castrejón, debido su inaccesibilidad son también un lugar excepcional como refugio de avifauna, siendo utilizadas por numerosas aves como lugar de hábitat, destacando de entre ellas: águila perdicera, búho real, lechuza, aguilucho lagunero, cernícalo, halcón peregrino, águila imperial, amén de Cigüeñas, ánades, patos, garzas, martinetes, cormoranes e incluso algún buitre negro y por supuestos cigüeñas. 

Fauna alada que son suerte podremos observar en nuestra ruta y que también podremos encontrar río arriba, dos meandros por encima, donde se localizan las Barrancas de Calaña, a apenas 2,5 km. de las de Burujón. Con menos índices de visitas ya que su acceso es más complicado, pero no por ello menos interesantes. 

No puedo terminar estos párrafos, si nos despidiéramos de esta zona del poniente toledano sin visitar algunos lugares de relevante importancia en su entorno, como son: La Plaza Mayor de La Puebla de Montalbán, población donde vino al mundo Fernando de Rojas autor de "La Celestina". Un poco más alejada pero de enorme importancia, se encuentra la iglesia de Santa María de Melque, 100 % del más puro arte visigodo que tengamos en nuestro país. Una pena que una joya de los siglos VII-VIII esté tan poco valorada, visitada y promocionada…….. "País", como diría Forges. 

Muy próximo a Melque, nos encontramos los restos de templario Castillo de Montalbán (no visitable entre los meses de febrero y mayo, por la reproducción de aves), uno de los menos visitados de toda Castilla - La Mancha. En las "cercanías" de San Martin de Montalbán, y no sin dificultad, sobre el río Torcón se sitúa el Puente de La Canasta al que se le supone un origen romano, ya que por él cruzaba una "calzada". Y por último acercarnos hasta el coqueto castillo de Guadamur, que solo admite visitas limitadas al ser una propiedad privada. Si se quiere se podría uno acercar hasta el cercano (2,7 km.) yacimiento visigodo de " Guarrazar", pero lo mejor está en el Museo Arqueológico de Madrid. 



Y esto es todo……………. que se os de bien el día.


jueves, 14 de abril de 2022

- Ucero y su Castillo Templario

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De nuevo por tierras del poniente soriano, recorriendo esos paramos a través de los infinitos sabinares de la Sierra de Cabrejas que se prolongan hasta las tierras burgalesas del Arlanza. Territorios de parcos suelos pero con historia cargada de ajetreo, cuando menos hasta finales del medievo. Nos situamos nuevamente en la franja que delimitan las dos vías principales del oeste de Soria: la conexión con Burgos N-234 y la que nos lleva a capitalidad comunal en Valladolid N-122. Estamos a orillas del Ucero, al que iremos ver nacer en su fundir con el Lobos. 

Ubicados a las puertas del escarpado paisaje que nos regala la naturaleza a través del Rio Lobos, barranco o cañón que no hace mucho, me indujo a rellenar unos párrafos con sus mágicas historias de monjes-guerreros y misterios. Aunque hoy ni siquiera accederemos, manteniéndonos solo por sus proximidades, sobre todo en las cercanías de la población que sirve de principal centro de acceso al Parque Natural. 

En fresca mañana nos recibe la aldea Ucero, que situada sobre la orilla del río y ocupando una buena solana al medio día (sur), se asienta rodeada por un entorno agreste de paredes calizas cortadas a pico, que se levantan sobre la testuz de los que hasta aquí nos allegamos. Es para recorrer sus alrededores a lo que nos hemos acercado hasta la orilla del rio que pone nombre a la población. 



Ucero, que ahora se nos muestra como una aldea pequeña, casi insignificante, fue durante la edad media una villa de importancia, y en su comarca aun quedan mudos testigos de aquel pasado lustroso, prueba de ello es la existencia en sus cercanas poblaciones de un destacado patrimonio, con sus iglesias de ese románico rural soriano, tan sobrio y natural, que tanto nos llama la atención. 

Durante la Edad Media esta población fue una importante villa, logrando ser cabecera de la "Comunidad de Villa y Tierra de Ucero" en la Extremadura Castellana. Manteniendo vigente esta circunscripción desde el siglo XII hasta el XIX, jurisdicción que comprendía entre 6 y 11 aldeas o poblaciones (hasta 17 pudiera haber tenido bajo su demarcación), administradas en derecho de "abadengo" (señorío relativo a un monasterio). Llegando a tener, -la ahora humilde población-, una fábrica de chocolate, varios molinos y un lavadero de lanas, instalación esta ultima que precisaba de Licencia Real. Si bien lo que más resalta de todas sus construcciones es sin duda su señero y altivo castillo, al que se señala de "templarios". Y aunque se encuentra, como tantos otros, en un estado calamitoso, aun nos sorprende con su porte desafiante e inescrutable. 



Es muy posible que durante las campañas de Almanzor entre 977 y 1002, donde el caudillo musulmán recupero para el califa Hisham II las plazas de Osma (989), San Esteban de Gormaz y Clunia. La parte cristiana creara un sistema defensivo que controlara el acceso de esta parte del Duero hacia el interior de Castilla, siendo cuando posiblemente se erigiese el estratégico Castillo de Ucero a la entrada del rio Lobos. Acaeciendo en las primeras décadas del siglo XI; al recuperarse definitivamente el dominio castellano de esta parte del Duero y sobre todo la ciudad de Osma (1011); cuando comenzase la repoblación del corredor que comunicaba la ribera del Duero con las tierras del Alfoz de Lara por el río Lobos-Ucero. 

Siendo por aquel entonces cuando el núcleo de población existente alrededor del castillo comenzaría a consolidarse, pero la falta de soporte documental durante estas fechas nos mantiene en el desconocimiento sobre los orígenes de Ucero. Habiendo de pasar más de 100 años, para tener los primeros conocimientos sobre el lugar. Datando del siglo XII la primera referencia sobre la villa, teniendo fecha del 12 de abril de 1157, la primera mención escrita sobre la población de Ucero, un documento de donación al obispo de Osma. 

Se menciona así mismo a la población en las postrimerías de 1212, a través de un nuevo legajo de donación. Siendo en ese año cuando se señala a Juan González de Ucero como primer señor del castillo, asegurándose así mismo que fue un baluarte templario desde los tiempos de Alfonso I de Aragón (principios del siglo XII). Durante el s. XIII perteneció a Juan García de Ucero y a la muerte de este a su esposa María Alfonsa de Meneses (María de Ucero), quien debió tener amoríos extraconyugales con quien fuera rey de Castilla y León "Sancho IV". Producto de esta relación nació Violante Sánchez de Castilla (nieta de Alfonso X "El Sabio", a quien pasó el dominio de la fortaleza. 



A través de argucias legales y pleitos, a Dª. Violante le "guindaron" en 1325 el señorío de Ucero los leguleyos proclives al obispo de Osma. Litigios en los que hubo de intervenir hasta el papa Juan XXII (segundo Papa de Aviñón), quien como lógica reflexión dio la razón al mitrado oxomense, terminando la propiedad de todo el territorio perteneciendo al obispado de Burgo de Osma, quien lo ocupaba ya desde 1302. 

Durante el siglo XV el castillo es rehecho a instancias del obispo de turno. Siendo un siglo después cuando otro de los insignes prelados de Osma, sitúa sobre el acceso al recinto su escudo de armas, blasón que aun se puede contemplar. El uso que se le dio a la fortaleza de Ucero durante su pertenencia a la diócesis de Osma fue muy variado y dispar, habiéndose utilizado como finca palaciega y de recreo para los prelados, donde estos acudían a expansionarse con la pesca de las truchas en su coto del río Ucero. Posteriormente se le dio uso como presidio para clérigos, manteniendo encerrados a los miembros del clero que se habían "salido del rebaño" o quebrantado los mandamientos de Moisés. Hasta que un incendio acaecido en 1668, marcó el inicio de la decadencia de este baluarte, declive que se fue ido acrecentando hasta nuestros días, dejándonos la imagen que ahora podemos observar de sus altivas y bizarras ruinas. 

El bastión de Ucero se descubre sobre lo alto de una potente peña que en dirección a levante domina la población y el rio. Esta ubicación y su esbeltez, generan la singularidad de poder ser divisado en lontananza desde distintos lugares, componiendo su porte una de las siluetas más espectaculares y escénicas de toda Soria. Esta vetusta fortificación debiera ser obra anterior al siglo XII con reformas posteriores, especialmente en el XVI, pero la falta de documentación sobre sus orígenes nos impide ser más conciso sobre sus inicios. 

El recinto templario de Ucero poseía una triple defensa amurallada, con foso y puente levadizo, baluartes de las aún mantiene bastantes restos. Un diseño de arquitectura medieval defensiva poco usual, que nos sorprenderá nada mas observarla por su originalidad y empaque. El equilibrio de sus formas, su proporcionalidad, su ubicación dentro del privilegiado entorno donde se encuentra, los imaginativos sistemas defensivos, su elegante torreón y su elegante silueta aun en ruinas, hacen del castillo de Ucero uno de los merecedores de ser promocionado como centro de interés y atracción en complemento con el Parque Natural del Río Lobos. 

Desde su interior y en medio de un patio de armas de lo más ruinoso y totalmente destruido, como si de un bombardeo hubiera sido objetivo, destaca la torre del homenaje que conserva un relativo buen estado. Con bordes de buena sillería esta elegante y espigada atalaya se nos muestra con balconadas del siglo XIII, entre las que se encuentra una ventana de arcos ojivales de diseño gótico. Aunque lo más sugerente y misterioso son las gárgolas por donde desaguaba la cubierta, poseedoras de una especial simbología, en las podemos observar un águila con grandes orejas que se presenta asiendo dos serpientes, así como una ménsula que representa un personaje de larga cabellera con túnica que sujeta en sus manos un objeto de  difícil identificación. El resto de las ménsulas también representan personajes de indudable iconografía misteriosa, lo que añade mas magia a la raíz oculta de sus originarios moradores, los templarios. 



Entre los desparramados restos de su patio, podemos adivinar lo que fuera en otro tiempo un abovedado aljibe, junto a una escalera y al acceso de la torre. Pero lo que sí que añade más encantamiento y fascinación es la existencia de un pasadizo-corredor subterráneo que, recorriendo en zigzag la ladera del cerro desde el exterior del castillo, desciende hasta el río. Situado bajo la muralla norte del castillo, su finalidad no era otra de poder acceder hasta el agua del rio en caso de asedio. Su estado actual no es de lo mejor, ya que se encuentra derrumbado en algunos tramos, pero se puede visitar en gran parte, manteniendo una anchura de algo más de un metro y una altura que varía entre los 2,10 y 1,50 mts. 

A unas decenas de metros en dirección suroeste divisamos las ruinas de los que algunos autores, como Ángel Almazán, sitúan fuera el Monasterio Templario de San Juan de Otero, controvertida ubicación que ha gastado bastante tinta y papel durante algunos siglos. Lo que sí está claro que, perteneciente al susodicho cenobio o no, el templo o las piedras que dé el quedan, fueron las de la iglesia del original y primer asentamiento de la población de Ucero, que se situaba a esta altura protegida por la sombra del castillo, por lo menos durante los doscientos años que duró el Duero como frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. Aun podemos encontrar restos de la muralla que protegían la villa por los alrededores de la fortaleza, en cuyo interior se sitúan las ruinas de lo que fuera la iglesia románica de referencia. 

De aire rústico y con gruesos muros de mampostería elaborados en "cal y canto", lo único que podemos observar de este antiguo templo son los restos que aun se encuentran medio en pie, compuestos por una única nave rematada con ábside semicircular, orientado hacia naciente como "dios manda". Expoliadas totalmente sus piedras más nobles, ya no queda nada que sustraer, habiendo desaparecido totalmente el pórtico de su entrada y los elementos identificativos de las ventanas del ábside, pero aun así se puede discernir su inconfundible origen románico. Triste destino de tantas iglesias sorianas que se encuentran abiertas al cielo (sin techumbre) para que en ellas sea más fácil llegar hasta el señor: son los casos de Villabuena, Sarnago, Castril, Martiana, San Pedro Manrique, Magaña, hasta algunas en el mismo Soria…… y así hasta una lista que llega a las cerca de 40 y las que no tardando formaran parte de la nueva relación. 



En el muro meridional aun quedan señas de que en tiempos existiera una galería porticada, lugar donde se congregaba la vecindad para distintos festejos o reuniones, y seña de identidad de este románico soriano. Frente a su entrada, en el interior del muro septentrional aun podemos observar cinceladas en yeso cruces de calvario tan típicas de estos lugares. También las piedras de sillería que formaron el campanario- espadaña fueron desmontadas, utilizándose con total seguridad en la construcción de la nueva iglesia del pueblo de abajo. Acaeció lo mismo con sus campanas, alguna de las cuales suenan todavía pero lo hacen a 500 mts. de distancia y 60 por debajo de donde originalmente estaban.  También en el nuevo templo se custodian y veneran dos imágenes marianas del siglo XIII, una de las cuales pudo ser originaria de la del castillo. Parece ser que fue a finales del Medievo, durante el siglo XV, cuando se fueron poco a poco bajando los vecinos del castillo hasta la orilla del río, lugar más cómodo y huertos más fértiles. Consumándose este periplo en el XVII, siendo durante el siguiente siglo cuando se levanta la nueva parroquia, usando para su construcción gran parte de las piedras del ya avejentado castillo. 



Pero antes de bajarnos hacia la población del valle, debemos de disfrutar de los soberbios panoramas que se divisan desde de este otero, un abanico de espléndidos paisajes que se nos muestran desde esta altura. Ante nosotros a apenas unos centenares de metros podemos nítidamente adivinar la entrada al Cañón del Río Lobos, la Cuesta de La Galiana, bajo nosotros mismos la modesta población de Ucero y la planicie por la que ahora discurre el río camino del Burgo de Osma. 

Una panorámica impresionante donde se intercalan el rio y sus meandros, con los coloridos farallones rocosos de barranco, la evidente silueta de los buitres leonados surcando los limpios cielos sorianos, las centenarias y retorcidas sabinas compitiendo el espacio a las bisoñas choperas, que durante el otoño se visten de "oro" creando llamativo, bucolismo y sugerente. Un equilibrio de diversidad en las formas y los tonos que sin duda nos hará disfrutar del instante. 

Y todo este rollo, simplemente para aconsejaros realizar uno de los senderos más variado, hermoso y nada penoso de toda la provincia de Soria, la "Senda del Castillo de Ucero. Un itinerario de apenas 9 km. con poca ascensión, apenas un desnivel de unos 100 mts. para llegar hasta el cerro donde se asienta la recinto amurallado. 

La ruta es un sendero circular de cómodo trazado por el entorno del río Ucero, permitiéndonos durante su travesía observar algunos de los valores paisajísticos más interesantes de este entorno natural. El trayecto nos muestra elementos históricos relevantes como: un sistema de abastecimiento de agua romano, el Castillo templario, la Casa de Parque y el conjunto urbano de la población de Ucero, así como todo el esplendor de naturaleza que se nos muestra en el entorno: choperas, sabinares, bosques de ribera, cantiles calizos y sobre todo esas inmejorables vistas de las que ya he relatado. 



Un itinerario variado, diferente, interesante y tranquilo, que podemos contraponer y realizar como alternativa a los que se desarrollan en el interior del "Cañón del Río Lobos", más saturados de gente y algarabía, una magnifica alternativa para conocer el lugar sin tener que "sufrir" la presión humana que sobre todo se concentra en los meses de verano. Se puede completar su recorrido en unas dos horas y media o tres, siendo la única ruta que no discurre por el interior de Parque Natural. 

Ruta

Parte su itinerario de la propia población de Ucero, recorriendo entre huertos un tramo de la orilla derecha del río aguas abajo, hasta llegar a un pasadizo escavado en la roca de 133 mts. restos de lo que fuera parte del "acueducto romano" que suministraba agua a la población de Uxama distante 18 km. al lugar los del pueblo lo conocen como "Cueva de la zorra". Circulando un breve tramo por la carretera que nos conduciría hasta Burgo de Osma, tomamos el repecho que nos lleva hasta el Castillo, para después de visitarlo coger una vereda en que en dirección noreste desciende bucólica hasta el seco cauce del río Chico (ojo en época de lluvias). 



Nos dirigimos ahora por la orilla izquierda del Ucero hasta llegar a su nacedero y la Cueva La Galiana Baja, muy cerca del puente donde el Río Lobos pierde su orondo nombre, comenzando el cañón y el "Parque Natural". Cambiamos de orilla y rio abajo pasamos por las afueras del camping, para posteriormente pasar por la antigua piscifactoría que ahora es el Centro de Interpretación (merece una visita). El camino rodea la instalación y busca una flamante y novedosa pasarela que tras cruzar el rio nos depositan nuevamente en la orilla izquierda y bajo el castillo. Solo nos queda continuar la vereda para llegar a la población, donde habremos finalizado el recorrido. Muy aconsejable si es la hora del almuerzo, buscar hueco entre las mesas del "La Parrilla de San Bartolo", seguro que agradeceréis esta recomendación. 











Una buena excursión de autentico sabor soriano……….. como si de mismísimos torreznos se tratase.

Un video servirá de complemento para visitar el lugar: