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Después de transitar el desierto de Kalahari, entramos en Namibia por su Este meridional. Franqueamos el paso fronterizo de Rietfontein - Klein Menasse cruzando a otro mundo nada parecido a nuestro inicio en Sudáfrica. Salvo el paisaje, todo es diferente, aquí se termina el asfalto, comienzan las rutas sin alquitrán y el polvo empieza a ser nuestro invitado viajero. En estas áridas planicies arranca realmente nuestro periplo por el sur del continente africano, por esa África austral, esa áfrica con sabor a negro, esa áfrica más autentica de la que hasta ahora habíamos percibido en nuestro recorrido por el país de Mandela. En total una ruta en camión de
miércoles, 30 de noviembre de 2011
- Fish River Canyon y las Montañas de Aus (Namibia)
La primera población que nos encontramos es Keetmanshoop, importante cruce de carreteras en medio de espacios prácticamente inhabitados. Por ella atraviesan la carretera que por el sur desde Ciudad del Cabo llega hasta Windhoek, la capital namibia y por el oeste la que desde Pretoria y Johannesburgo en Sudáfrica, cruza prácticamente todo el continente para alcanzar la costa Atlántica namibia en Luderitz. El colorido de la ciudad es sorprendente, no solo los edificios; sus gentes en animada actividad deambulan las calles en un ajetreo al que no estábamos acostumbrados en estas latitudes, algo que nos reconforta después de tanto paisaje estéril y tanto polvo.
En Seeheim nos desviamos al sur. La ruta aunque buena sigue polvorienta y bacheona, pero no dura mucho; en un punto indicado la abandonamos virando al Oeste, tomando dirección hacia el Fish River Canyon. La pista se convierte en una verdadera montaña rusa sobre la que transita nuestro camión por encima de una superficie de piedras. Una hora nos lleva recorrer los 20 km . que nos separan de la granja Gondwana Guest Farm, nuestro agradable alojamiento de esta noche. Partimos en Land Rovers hacia el barranco en medio de la soledad y aridez mas absoluta, de repente, al superar un repecho, ante nuestra vista aparece la enorme garganta. Se trata del segundo cañón más grande del planeta, solo superado por el del Colorado. El espectáculo es sobrecogedor e impactante, solo divisamos una parte de su cauce y es impresionante. El río corre abajo, encajonado entre grandes paredes, la desolación es absoluta y el silencio se hace oír. El Fish (pescado) desde su nacimiento en Khomas, próximo a Windhoek, discurre por desérticas planicies, no siendo hasta el final, justo antes de desembocar en el río Orange ya en la frontera con Sudáfrica, cuando su curso se encajona formando este espectacular cañón de 160 km . de largo, más de 500 mts. de profundidad y cuya anchura en algunos puntos alcanza los 27 km . dimensiones que nos dan una idea de su magnitud.
Descendemos caminando en busca del cauce y su corriente; matojos, piedras y aislados árboles de carcaj, forman el paisaje que nos acompaña hasta las transparentes aguas. Al retornar, el sol nos despide con otro más de esos atardeceres rojizos que estas tierras nos regalan a diario. Volvemos a nuestro albergue ya de noche, y entre el grandioso horizonte que imaginamos divisar no atisbamos una mísera luz, esto nos da una idea de nuestra situación en medio de la nada mas absoluta, sin un atisbo de vida humana alrededor, sólo desierto desparramado ante nuestra vista. Un cielo lleno de estrellas nos hace de techo, una fogata calienta la noche, la compañía, el silencio, …………. la velada es de las que guardas en tu interior, un entorno magnífico cargado de encanto.
Abandonamos este lugar en busca de nuevos territorios. Nos dirigimos hacia el Oeste camino de Aus, de nuevo un cruce de carreteras, un lugar donde se rompen esos amplios horizontes que nos han acompañado hasta aquí. Las Montañas de Aus, son formaciones graníticas muy erosionadas por la acción de los elementos meteorológicos a través de los tiempos, una especie de Pedriza madrileña con un cierto tono rojizo. Otro enclave mágico con el que nos regala estas tierras. De nuevo paseo, atardecer, velada y amanecer entre estas rocas que ocultan secretos. En Klein Aus Vista se encuentra el desfiladero donde se asienta “Geisterschlucht” nuestro refugio del día; en sus proximidades hallamos los herrumbrosos restos “ametrallados” de un coche abandonado, se trata de un Hudson Straight de 1937. Existe la leyenda que de este vehiculo se utilizó por parte de unos ladrones de diamantes para huir de un robo perpetrado en la ciudad de Luderitz. Acosados por la policía hasta este recóndito lugar, aquí fueron muertos por sus perseguidores, comentándose entre los lugareños que los diamantes nunca fueron encontrados.
Aus es una pequeña localidad ubicada en la región de Karas, situada 125 km . al Este de Luderitz. Utilizada en 1915 por el ejercito sudafricano como campo de prisioneros para oficiales alemanes capturados durante la primera Guerra Mundial tras la rendición en la ciudad de Otavi (al norte del país, cerca de Ethosa) del ejercito germanófilo el 9 de julio de ese mismo año. El número de presos que aquí estuvieron recluidos hasta 1919 en que se desmanteló el presidio superó los 1.550, la mayoría de ellos ciudadanos teutones que nunca habían estado en el ejercito, siendo simplemente comerciantes o granjeros, a su custodia estaban dedicados a su alrededor de 600 guardias. Fueron alojados en tiendas de campaña a 1.500 mts. de altitud, lo que condiciona que en esta zona durante el invierno no sea inusual haya nevadas, por ello estos reos construyeron ladrillos, convirtiendo sus precarios alojamientos en casas. A finales de 1916, ninguno de los presos vivían en tiendas, además habían construido sus propias estufas de leña en las que podían cocinas e incluso vendían sus excedentes a los guardianes sudafricanos al precio de 10 chelines por cada 1000 ladrillos.
El ferrocarril construido a principios del siglo XX que antaño unía Keetmanshoop con Luderitz ahora termina en Aus. El trazado hasta la costa que ahora están intentando rescatar y ponerlo de nuevo en funcionamiento, esta tapado por las dunas y las arenas del cercano desierto del Namib. En la construcción de esta línea ferroviaria, los alemanes, asentados colonialmente en la actual Namibia (por aquel entonces África del Sudoeste), utilizaron prisioneros indígenas de las etnias herero y nama, durante las operaciones de exterminio trivial ocurridas entre los años 1904 y 1908, lo que denominaros guerra de los hotentotes (los holandeses habían llamado hottentots “tartamudos” a los negros nómadas de Namibia). Sirviendo estos métodos incipientes de aniquilación, como ensayos para lo que ocurriría mas tarde en Europa por parte de la Alemania de Hitler.
No muy lejos de Aus, 20 km . en dirección Oeste hacia Luderitz y la costa, encontramos Garug. Lugar que fue también una estación del ferrocarril ahora en desuso, y que en su día se utilizo para abastecer por tren de agua potable a Luderitz, pues en ella no había el preciado liquido y en este lugar semidesértico, había la suficiente como para abastecer a la incipiente ciudad de aquel entonces. Nos acercamos a Garug, no para beber su agua, si no para ver a los caballos salvajes del Namib, posiblemente los únicos equinos silvestres del mundo que trotan libres por el desierto.
Durante mucho tiempo corrieron distintas versiones sobre su misterioso origen, algunas teorías indicaban que eran descendientes de un semental propiedad del capitán Hans-Heinrich Von Wolf, dueño del castillo de Duwisib, próximo a la ruta del Namib. Otras defendían su procedencia de la caballería alemana Schutztruppe, abandonada por las tropas germanas tras su rendición en la población de Aus durante la invasión sudafricana de 1915 o incluso, que fueron traídos por guerreros indígenas Nama en su expansión al norte del río Orange. Sólo hace unos años las investigaciones han revelado que los antepasados de estos caballos fueron parte de la caballería de sudafricana, que habiendo establecido un campamento en las proximidades del Namib, sus caballos huyeron al desierto, al ser atacados por los disparos efectuados desde aviones alemanes al comienzo de la Primera Guerra Mundial.
En la actualidad la población total oscila entre los 150 y 200 huesudos y desaliñados animales, siendo su singularidad y el interés por visitarlos, su adaptación a la vida en el desierto en un espacio de tiempo extraordinariamente breve, adaptándose a las duras condiciones del terreno en las llanuras de Garug, abasteciéndose solamente de agua en el waterhole (poza de agua), conservada fundamentalmente para ellos. Orinan menos que los caballos domésticos y pueden pasar cinco días sin beber agua, como si fueran camellos.
De aquí partimos para las zonas desérticas del Namib…………pero esa será otra historia.
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Pablo Font
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martes, 22 de noviembre de 2011
- Baztán………otoño en el País del Bidasoa
Y nos fuimos a ver los colores de otoño al norte de Navarra, al País del Bidasoa, donde nace este río que por estas latitudes le llaman Baztán. Y vimos los colores es su máximo apogeo: ocres, dorados, rojizos…………verdes. Matices que resaltaban entre los tonos grises de cielos plomizos, pues el tiempo, esa variable impredecible no quiso favorecernos del todo, pero aun así pudimos percibir esos tonos que anuncian los próximos fríos invernales de estos valles donde comienza el Pirineo. Todos los años por estos plazos busco lugares para que mi vista se relaje de los tórridos tonos del verano y mi mirada se prepare para resistir el invierno con sus húmedos y mustios días, que aunque melancólicos son también llevaderos por mi espíritu. Y hasta estas tierras del norte Navarro me trajeron la llamada de las gamas otoñales, hasta estas tierras de montes redondeados, hasta estas lindes pirenaicas de suaves pendientes, hasta estos poblados vasco-navarros; donde la historia, la tradición y unas costumbres ancestrales han dejado una cultura y una forma de vida diferenciada del resto del país.
Por aquí se asentaron primitivos pobladores ya en el paleolítico, dejando muestra de ello por toda la geografía del valle, ejemplo de esto son las cuevas de Alkerdi y Berroberría, donde se encontraron pinturas rupestres y utensilios de hace 13.000 años. Descubiertas en 1933 por Norbert Casteret, afamado espeleólogo francés, más conocido por la gruta helada que lleva su nombre, próxima a la Brecha de Rolan en el corazón del pirineo oscense. También restos de estos pretéritos tiempos son: los dólmenes de Oiza (Elizondo), Sorginetxoa (Erratzu) y Uztanborro (Irurita), el monolito de Urdintz, el túmulo de Urlegi (Alkurruntz), el crónlech y el menhir de Iparla, así como el menhir de Soalar, que localizado en un jardín privado fuera de su asentamiento original, hoy está expuesto en el Museo Etnográfico Jorge Oteiza en Elizondo.
Los romanos a su paso por estos valles dejaron restos como el puente de Ohárriz, la mejor muestra de la presencia romana por estas tierras; la calzada de Belate, que unía Iruña (Pamplona) con Baiona, convertida mas tarde en uno de los pasos pirenaicos del Camino de Santiago; el puente de la Reparacea en Oieregi, románico pero de posible construcción romana en su origen o las minas de Aritzakun donde se cree que los romanos hallaron un pequeño yacimiento de oro. De esta época nos han dejado referencias escritas: los griegos Estrabón (primeros escritos que mencionan a los vascos y la calzada que unía Tarraco (Tarragona) con Oiasso (Irún) por Pompaelo (Pamplona) y el valle de Baztán y Ptolomeo que menciona la ciudad de Iturisa (¿Ituren o Iterrizokoa/Belate? – Santesteban), también el romano Plinio el Viejo señala en su “Naturalis historia” el puerto de Belate.
Al parecer estos valles escondidos del pirineo no fueron hollados por la invasión musulmana de Táriq en el siglo VI, así consta en el prologo del Fuero de Navarra, siguiendo sus habitantes al margen de la posterior razia islámica que se desarrolló en el resto de toda la península Ibérica.
Posiblemente pobladores baztaneses fueran los que junto con otros vascones, derrotasen en Roncesvalles al ejercito de Carlomagno en el año 778, batalla o escaramuza en la que murió Roldan, sobrino del emperador cristiano, dando lugar a la creación de la leyenda y al poema épico francés “La Chanson de Roland”.
Años más tarde en pleno siglo XI, corriendo el año 1025, Sancho Garcés III monarca del reino de Pamplona, estableció el “Señorío de Baztán” como distinción a Semén de Ochoániz, señor de Irurita, Maya y Jaureguizar. Y en 1132, según consta en un documento emitido en Sangüesa el rey Alfonso I es titulado rey de Baztán.
En 1397, Carlos III el Noble, rey de Navarra, declaró que los súbditos del valle "sean mantenidos en lur condiciones de fidalguía e infançonía". Por esta concesión de hidalguía, todos los pobladores pueden usar el escudo ajedrezado en sus fachadas.
En la cabecera de estos valles encontramos también una referencia de la agonía histórica del Reino de Navarra. En Amaiur (Maya) quedan los restos de su castillo, donde se libro en 1522 la ultima resistencia de los navarros ante la anexión de Navarra por parte de la castellana y católica reina Isabel. Fueron las ordenes del Cardenal Cisneros “ilustre” consejero de la reina, quien mando demoler este baluarte así como muchos más de la geografía navarra. Un obelisco recuerda estos hechos en la cima de la colina donde se asentaba esta defensa, desde la que contemplamos unas bellas vista del valle y de la aldea asentada a sus pies.
Durante en periodo comprendido entre los siglos XVII y XVIII, Baztán fue un gran proveedor de personajes ilustres a la corte de Madrid: militares, ministros, eclesiásticos de renombre, comerciantes, tratantes y hombres de negocio, se asentaron en la Villa y Corte. Uno de estos prebostes, Juan de Goyeneche, creo a las afuera de Madrid en 1709 un pequeño núcleo industrial al que denomino Nuevo Baztán. Hoy es uno de los municipios que conforman esta Comunidad, contando con más de 6.500 habitantes, algunos de ellos queridos para mí. Este baztanés de Arizcun en 1697 compra a perpetuidad la “Gaceta de Madrid” que con el paso de los años, en 1762 pasaría a convertirse en el “Boletín Oficial del Estado”, ese, que en próximas fechas pasará a ser protagonista de recortes sociales y avanzadilla notificada de la perdida del estado de bienestar………………..por loor de las urnas.
Pero no todo fue paz y progreso, Baztán fue escenario de numerosas acciones bélicas durante la Guerra de la Convención, la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. Durante la primera de estas últimas, el infante Don Carlos, aspirante a la corona, entro a España por estas tierras, así como también por ellas salio camino de Francia escaldado tras sus derrotas, utilizando para su escape la frontera de Dantxarinea. En el trascurso de esta contienda, en 1835 fue incendiada por orden del General Espoz y Mina la población de Lekaroz, al haber sido esta población fiel a aspirante Don Carlos. Peña Plata en las lindes de Urdax y Baztán, fue el escenario final de la segunda de estas guerras sucesorias, el General Martínez Campos derroto a las tropas carlistas en las proximidades de estas cumbres en febrero de 1876.
Ya en el siglo XX, con la dictadura y el férreo aislamiento internacional, estas tierras fronterizas y sus gentes se convirtieron en habituales del contrabando, siendo esta actividad una de las frecuentes de sus pobladores, ideando las formas de eludir los controles, para de esta manera conseguir unos recursos añadidos a sus ingresos en aquella España tan áspera y gris de la posguerra.
Partimos hacia Elizondo, capital del valle y centro neurálgico de la comarca. A uno y otro lado de sus riberas, su caserío partido en dos por el rió Baztán, extiende en sus orillas las calles de Jaime Urrutia y Braulio Iriarte. Son un pasaje a su historia; colmadas de vetustos casones y palacios, que conviven con establecimientos “fashion” irradiados de neón. Recorrer estas kaleras y atravesar sus puentes nos conduce a viajar por el siglo XVII, el que dio a esta comarca tanto esplendor.
Partimos hacia el norte, cruzamos Elbete, ascendiendo el valle nos detenemos en Arizcun recorriendo sus rincones repletos también de nobles historias, aquí encontramos la fachada barroca del convento de Nuestra Señora de los Ángeles presidiendo una plazuela.
Seguimos tomando a diestra el valle que nos llevará hasta el Puerto de Izpegui, donde unas ventas fronterizas nos dan la bienvenida y nos ofrecen vistas estupendas de los vecinos valles franceses que se encaminan hacia San Juan de Pie de Puerto (Saint Jean Pied de Port) capital de la Baja Navarra gala. En el descenso recorremos las callejuelas Erratzu, igualmente repletas de caserones y palacios, desviando nuestro recorrido hacia su barrio de Gorostapalo, para desde allí iniciar el paseo a la cascada de Xorroxin (chorro pozo en vasco), bucólico sendero que en no muy largo trayecto por la orilla del arroyo, nos dirige hasta el paraje donde las aguas se precipitan en una transparente poza. Nos acompañan en nuestro solitario recorrido esos tonos que hasta aquí hemos venido a buscar, la placidez es la constante y el sonido del caminar de las aguas es nuestra compañía.
Partimos hacia el norte, cruzamos Elbete, ascendiendo el valle nos detenemos en Arizcun recorriendo sus rincones repletos también de nobles historias, aquí encontramos la fachada barroca del convento de Nuestra Señora de los Ángeles presidiendo una plazuela.
Seguimos tomando a diestra el valle que nos llevará hasta el Puerto de Izpegui, donde unas ventas fronterizas nos dan la bienvenida y nos ofrecen vistas estupendas de los vecinos valles franceses que se encaminan hacia San Juan de Pie de Puerto (Saint Jean Pied de Port) capital de la Baja Navarra gala. En el descenso recorremos las callejuelas Erratzu, igualmente repletas de caserones y palacios, desviando nuestro recorrido hacia su barrio de Gorostapalo, para desde allí iniciar el paseo a la cascada de Xorroxin (chorro pozo en vasco), bucólico sendero que en no muy largo trayecto por la orilla del arroyo, nos dirige hasta el paraje donde las aguas se precipitan en una transparente poza. Nos acompañan en nuestro solitario recorrido esos tonos que hasta aquí hemos venido a buscar, la placidez es la constante y el sonido del caminar de las aguas es nuestra compañía.
Seguimos visitando aldeas próximas, ahora le toca el turno a Bozate, hasta aquí nos ha traído sus historias relacionadas con los “agotes” y el barrio donde estos se asentaron.
Los Agotes forman parte de los “pueblos malditos”, que junto con maragatos, vaqueiros de alzada, pasiegos y chuetas, habitaron y aun habitan nuestra piel de toro. Este adjetivo de “pueblos malditos”, no es atribuible a García Atienza del que yo he hecho uso; en documentos del Vaticano se les menciona con estos adjetivos a esos grupos de personas diferenciados del resto de los demás humanos. Se cree que estos habitantes marginados llegaron en tiempos pretéritos, pudiendo ser “godos” que huyendo de la invasión musulmana se refugiaron en estos recónditos valles vascones. La certeza sobre su origen se ha perdido en el tiempo, pero si que está documentada su marginación y sus diferenciados rasgos físicos del resto de los habitantes de estas tierras. Pío Baroja detalla a los agotes del área navarra de Baztán en su libro Las horas solitarias de la siguiente manera: ………. "grandes ojos azules o verdes claros, algo oblicuos, cráneo branquicéfalo, tez blanca, pálida y pelo castaño o rubio; no se parece en nada al vasco clásico"………. Poblaciones de características similares se ubicaban en el norte de Cáceres, en las comarcas de Las Hurdes y Las Batuecas.
Su nombre, “agotes o cagotes” proviene de su situación de acotados, de coto, porción de terreno cerrado y también recinto para albergar pobres, enfermos. Su separación del resto de la población, era debida a padecer en parte la lepra y el bocio, por este motivo fueron sentenciados por las leyes a permanecer aislados o acotados. Tenían que hacer sonar una campanilla en su recorrido para avisar de su presencia, no pasando en las iglesias por la pila de agua bendita, teniendo una propia para ellos. Estos lugareños “diferentes”, a partir del siglo XVI comenzaron a destacar en oficios y a ser considerados como personas muy laboriosas, hábiles en tareas mecánicas, cantería, construcción o música, además ser una mano de obra barata. Un destacado agote llegó a ser administrador de Bonaparte.
Su nombre, “agotes o cagotes” proviene de su situación de acotados, de coto, porción de terreno cerrado y también recinto para albergar pobres, enfermos. Su separación del resto de la población, era debida a padecer en parte la lepra y el bocio, por este motivo fueron sentenciados por las leyes a permanecer aislados o acotados. Tenían que hacer sonar una campanilla en su recorrido para avisar de su presencia, no pasando en las iglesias por la pila de agua bendita, teniendo una propia para ellos. Estos lugareños “diferentes”, a partir del siglo XVI comenzaron a destacar en oficios y a ser considerados como personas muy laboriosas, hábiles en tareas mecánicas, cantería, construcción o música, además ser una mano de obra barata. Un destacado agote llegó a ser administrador de Bonaparte.
Partimos de esta aldea-gueto, pero muy próximo a ella, en el barrio de Ordoki, aunque algo separado de él, buscamos el Palacio de los Ursúa, cuna de Pedro de Ursúa, comandante de una expedición por el Amazonas en la búsqueda de “El Dorado” y asesinado durante la exploración por Lope de Aguirre (de este personaje ya he referenciado algo en otro articulo de este blog). Esta construcción cuna de uno de más rancios linajes de la nobleza Navarra, es escenario de mitos y leyendas. Cuenta una de estas, que un hijo de la casa Ursúa (familia próxima al Rey de Navarra) se enamoró de Juana, una joven y rica heredera. Se casó y el mismo día de su boda se enteró de que su esposa estaba embarazada de otro hombre. A la noche, antes de acostarse el señor de Ursúa dijo a su esposa de ir a orar a la ermita de Santa Ana, situada enfrente de la casa torre de Ursúa y propiedad de esta. Cuando la desposada estaba de rodillas rezando, su marido sacó una espada y la mató allí mismo. Antes de matarla el señor de Ursúa había ordenado a un criado de la casa que pusiera las herraduras al revés a un caballo y lo tuviera preparado. Después de matar a su mujer, este subió al caballo y se dirigió huyendo hacia la vecina Francia.
Después de recrear nuestras mentes con estas historias, nos encaminamos hacia el otro lado del valle; cruzando la carretera principal nos encaminamos a Alpizkueta, en donde visitamos su clerical frontón (se puede acceder a él desde el interior de la iglesia) y nos acercamos al barrio de Apaioa para admirar en la Casa Iriartea el escudo blasonado, del que aun se conservan partes de la policromía que antaño tuvo. Volvemos sobre nuestros pasos y carretera arriba nos acercamos a Amaiur. Entrando por su arco que nos da la bienvenida, recorremos su nobiliaria calle de casonas blasonadas con el inconfundible escudo ajedrezado y ascendemos hasta la cúspide de su derruido castillo. Desde este promontorio se divisa todo el valle y sus caseríos, una vista que nos recuerda los hechos ya relatados que en este lugar ocurrieron hace casi 500 años.
De aquí nos acercamos al puerto de Otsondo, desde el parte una carretera asfaltada que nos puede acercar hasta el monte Gorramendi, donde encontramos otra de las curiosidades de este valle. Aquí estuvo instalada una Base Americana, que para controlar el espacio aéreo los americanos del norte construyeron durante la guerra fría, en plena época del dictador Franco. Estupor y asombro creó en aquel entonces entre los habitantes de la zona, y no por las instalaciones, las causas del pasmo fueron los jeeps, nunca vistos en estas latitudes hasta el momento y sobre todo las gentes de color (negro) que tampoco eran asiduos en la zona……………y muy, pero que muy diferenciados de los rasgos físicos de los agotes.
En Otsondo atravesamos el pirineo y nos dirigimos hacia Urdax y Zugarramurdi, pueblos vecinos de Francia. Verdes valles de colinas redondeadas son su paisaje dominante, pero nos trae hasta aquí historias de brujas y aquelarres. Estas dos poblaciones junto con la aledaña de Sara en tierras galas, son afamadas por sus cuevas y cavidades: en ellas, sobre todo en Zugarramurdi, dícese, se realizaron ritos a favor de satán, aquelarres, y conjuros invocando al macho cabrio. Estos hechos, posiblemente reliquias ancestrales de ritos paganos que por estos apartados valles se perpetuaron a través de la historia de los tiempos, llegaron a conocimiento del Santo Oficio, también conocido como Santa Inquisición, interviniendo este tribunal en 1610, abriendo un proceso contra estas ceremonias, denominado “Auto de Fe de Logroño”. Este juicio es donde por primera quedan documentadas las distintas tendencias que sobre la existencia de la brujería había en el seno de la Iglesia y el mayor descrédito para esta santa institución represora. Julio Caro Baroja, antropólogo, fallecido a orilla del Bidasoa, gran conocedor de las costumbres de estas tierras y de la cultura vasca en general, nos ha dejado el legado de haber estudiado el fenómeno brujeril y en concreto el proceso de Logroño, del que como consecuencia fueron interrogados 1384 menores y mas de 300 adultos, culminando el juicio con siete brujas quemadas en persona y cinco en efigie. Visitamos y paseamos la oquedad causante de estas tropelías, continuando nuestra ruta baztanesa retornando sobre nuestros pasos.
En el Puerto de Otsondo una desviación a la derecha que indica Orabidea, nos conduce por una carretera pastoril salpicada de aislados caseríos. En las cercanías del punto kilométrico 15, muy próximo a Irigoiengo Borda abandonamos el coche, y un camino marcado con pintura verde y blanca nos llevara en descenso hasta la Regata del Infierno (Infernuko erreka) y por su margen diestra hasta el Molino del Infierno (Infernuko errota), pasando por la pequeña piscifactoría de truchas de la Borda Etxebertzeko, esta borda- restaurante puede servirnos al regreso para saciar las necesidades de nuestro atormentado y vacío estomago, en verdad es un lugar recomendable para comer, los platos son caseros y la atención cordial………………..además esta alejado de cualquier sitio civilizado.
Desconozco de donde a estos lugares les viene el nombre de “infierno”, a mi más me pareció un verdadero “paraíso” de exultante de vegetación, un idílico lugar perdido en medio de las montañas. El sendero que nos conduce por la orilla del arroyo es una delicia para la vista a través los colores verdes de los musgos y los ocres-rojizos de la hojas de las hayas, así como un gozo para los oídos con el cantineo de las aguas saltonas del arroyo que nos acompaña. El espectáculo de luz y sonido llega hasta el molino, construcción austera, situada en pleno cauce, aprovechando un desnivel del terreno, encima de una pequeña cascada que sirve de elemento motriz y ubicado en un sitio angosto y estratégico del regato que permite su acceso por cualquiera de las dos orillas.
Retornamos hacia el valle y cruzamos Lekároz, población donde las casas nos hablan de la historia de su quema en tiempos de las guerras carlistas, cuando fue incendiada y arrasada por Espoz y Mina. En la Casa Gortaria, podemos ver la inscripción que nos lo cuenta “esta casa se llama Cortari, se quemó el año 1796” . De nuevo en el Baztán, Arraioz tiene tres interesantes palacios: el de Jauregizahar en el lateral de la carretera, el Palacio Jauregia de Vicuña (junto a la iglesia) y el Palacio de Zubiria (al lado del río), y el único frontón de hierba donde aun se practica laxoa, ancestral forma de jugar a la pelota vasca.
En Oieregi, las aguas del Baztán pierden su nombre para llamarse Bidasoa. Esta pequeña población difícil de pronunciar para los que somos mesetarios, tiene un exiguo caserío, está poco habitada, pero en ella encontramos el relajo del Hostal Bertiz, donde Kariñe, su patrona, nos da la bienvenida con su trato afable y dicharachero, una agrado de mujer. Este es el lugar que recomiendo para refugiarse al visitar estas tierras norteñas. En Oieregi encontramos el Palacio y puente de Reparacea, por el que podemos acceder al Señorío de Bertiz, hoy Parque Natural pero hasta mediados del siglo XX propiedad privada, lo que ha permitido mantenerla el margen de las explotaciones forestales que se han producido en su entorno. Hasta 1898 fue propiedad de la familia Bertiz, señorial apellido en estas tierras, uno de los cuales Juan José de Vértiz, llegó a ser virrey del Río de la Plata. La primera referencia documentada de este Señorío se remonta al año 1392. El lugar es un bosque autóctono de más de 2.000 Ha . predominando el hayedo sobre todas las demás especies. Se pueden recorrer sus senderos y visitar el jardín histórico situado a su entrada.
Desde este punto nuestra ruta deja Baztán y se introduce los valles que discurren próximos al Bidasoa. Las poblaciones que visitamos, aun con encanto no llegan al nivel de las que se hayan aguas arriba, con la excepción de Etxalar cuya traza urbana es digna de visitar y en donde podemos observar la mejor colección de estelas helicoidales de toda la zona, estas viejas lapidas funerarias están situadas en el jardín de la iglesia. Ascendiendo desde esta población por la carretera de Francia camino de Sara, antes de llegar al puerto de Lizarrieta, nos podemos acercar a ver las Palomeras, curiosa forma de caza por medio de redes que se viene utilizando en estos puertos desde el siglo XV.
Ascendemos y descendemos pequeños valles secundarios, admiramos las bellas vistas con las que nos regala Saldia. En Ituren, población famosa por sus carnavales, nos entretenemos en pasearla y sobre todo en agradar nuestro estomago visitando el Asador Altxunea, local más que recomendable para los que por allí paséis, atención y vitualla excelente, que más se puede pedir. En Subilla a la orilla del Bidasoa, encontramos la “vía verde”, un sendero habilitado para el ocio ciclo-senderil de lo que antaño fue el Tren Txikito (Elizondo – Irun), en sus orígenes (1888) convoy minero y después como ferrocarril de pasajeros que estuvo en uso hasta la noche vieja de 1956. Aun nos da tiempo a acercarnos a la Reserva Natural San Juan Xar, situada entre las localidades de Igantzi y Arantza, rica en tilos, fresnos, robles, avellanos y sobre todo carpes, donde encontramos en una cueva natural la ermita de San Juan Bautista. La creencia popular atribuye poderes curativos a las aguas “santas y milagrosas” que manan en este lugar y por ello los vecinos de las poblaciones cercanas dejan colgados pañuelos con los que se han remojado sus males; siendo estas curaciones más efectivas en la mítica, pagana y solsticia noche de San Juan.
Estos son los recuerdos y las sensaciones de una escapada por los lugares del Baztán, el municipio más grande de todos los que conforman Navarra. Donde el 80 % de la población habla euskera, un eusquera autóctono, nada que ver con el establecido en otras geografías vecinas. Una visita a sus ocres y plácidos paisajes de este templado otoño, a esa geografía norteña que nos agasaja con sus colores y su sobrio carácter. Unas imágenes más para guardar en nuestras retinas y de paso trasladároslas a los que veáis estas páginas.
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Pablo Font
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viernes, 21 de octubre de 2011
- Sudáfrica…….. una tierra de blancos, habitada por negros
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Fueron portugueses los primeros occidentales que llegaron a estas tierras australes del sur africano. Bartolomeu Dias cruzó el Cabo de las Tormentas (Cabo de Buena Esperanza) en 1488, descubriendo el océano Índico y un posible nuevo paso a la india, aunque fuese Vasco de Gama diez años mas tarde el que daría con esa nueva ruta. Fue este mismo tormentoso cabo el que seria su tumba en 1500, dejando constancia de su presencia africana en la costa Namibia, pero ya hablare de ello en un próximo artículo.
Leyendas de mares relatan que los barcos procedentes de la Europa de entonces, cuando divisaban en la lejanía las estribaciones de la cadena montañosa que conforman el Cabo de Buena Esperanza y oteaban la Table Mountain, era recompensado el marinero que daba la voz de alarma con una botella de vino y unas monedas.
Después de nuestros vecinos portugueses, se asentaron por aquí en 1652 holandeses, fundando através de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales una estación intermedia de camino a India, en lo que hoy es la Ciudad del Cabo. Vicisitudes bélicas junto con los anhelos imperialistas de los hijos de la Gran Bretaña hicieron que esta colonia de los Países Bajos, pasara a manos británicas a finales del siglo XVIII y principios del XIX. El descubrimiento de diamantes y oro en estas latitudes durante el agitado siglo XIX, provocó nuevamente una guerra local en este territorio apartado del sur africano. Los descendientes de los primeros colonos holandeses de estas tierras que junto con emigrantes llegados de Francia y Alemania, formaron las comunidades bóers o afrikáners, fueron nuevamente derrotados por las fuerzas de la Corona Británica, formándose en 1910 la Unión Sudafricana.
Cape Town o Ciudad del Cabo ha sido el puerto desde el que se desarrolló toda la colonización del África Austral, entrando por ella emigrantes fundamentalmente europeos, aunque también de otros países y razas; convirtiéndose en la ciudad más cosmopolita de todo el continente y una de las más aisladas del planeta. A su espalda como abrazándola, pegada a ella, pero mil metros por encima esta Table Mountain (la Montaña Mesa), hoy convertido en un espacio protegido que se extiende hasta el Cabo de Buena Esperanza, situado apenas
El centro de la urbe, su original barrio histórico, aun mantiene en las proximidades de Long Street algunos ejemplos de arquitectura colonial; casas de color pastel de un inconfundible estilo europeo. También aquí nos toparemos con “la City” centro económico y financiero de la metrópoli y el puerto “Waterfront” transformado en parte en un gran Centro Comercial como los que por aquí conocemos. Situada a 50 km . del famoso cabo, entre dos aguas, en la unión de dos océanos, el atlántico y el Indico, esta fusión también de razas le ha conferido su talante mestizo, no pareciendo en absoluto la típica capital africana.
La ruta hacia el norte recorre planicies sobre las que se asientan enormes fincas, siempre de dueños blancos de color, y aunque últimamente se esta creando una incipiente clase media en la mayoritaria comunidad negra, los medios de producción y el país entero sigue en manos de los blancos de color, aun con un gobierno de negros, ………comentaba uno de mis acompañantes viajeros “aquí hasta los coches son blancos” y es verdad, en Sudáfrica mayoritariamente los coches son albinos, como si fuera una forma de rescatar ese tiempo vivido entre los años 1948 y 1994, los años del “apartheid”, en el que el color de la piel diferenciaba no solo formas de poder vivir, si no que intentaba diferenciar también formas de poder pensar.
Calvinia a orillas del río Oorlogskloof y al pie de las montañas Hamtam, es una población típicamente afrikáners, creada por esos colonos holandeses que hasta aquí llegaron hacia 1850 y a la que bautizaron con el nombre del teólogo reformista Frances Juan Calvino. Que hipocresía, un país profundamente religioso, en donde los domingos las ciudades y poblaciones parecen desiertos humanos, pues son días dedicados a la familia y al culto, ha segregado durante cientos de años a la población por el color de su piel, como si todos los seres humanos no fueran hijos iguales para su propio Dios. Estas piadosas gentes se han dedicado durante años a cría de ovejas para la producción de lana, forjando de Calvinia una prospera localidad. En ella se han conservado gran cantidad de casas antiguas de las épocas históricas vividas, desde el estilo holandés, victoriano al georgiano. En una de ellas “Die Dorphuis” somos acogidos para pasar la noche. Entre bordados, puntillas, armarios de época y crujientes tarimas, nuestros sueños son custodiados por antepasados que vivieron entre estos muros y cuyos retratos nos ojean desde las vetustas mesillas de nuestras doseladas camas. Estas tierras disfrutan de una visión del 80% de las estrellas existentes en el firmamento, siendo su cielo nocturno una atracción más para sus pobladores y los astrónomos que acuden a visitarla.

Rumbo hacia el norte, camino del Kalahari, la aridez del paisaje comienza a ser nuestra compañera, los horizontes son ásperos, la sequedad es la constante, solo rota al cruzar el río Orange por la población de Upington, en cuyas orillas vemos aprovechadas para cultivos de viñas. A
El gran desierto de Kalahari se extiende al norte de Sudáfrica, formado junto con Botswana y Namibia un Parque Nacional Transfronterizo. Este inmenso espacio protegido creado en 1999 es una verdadera joya de semidesérticos paisajes, dunas de color rojizo-ocre de gran belleza que aparecen ante nuestra mirada como yermas, en realidad esconden un verdadero oasis de fauna; que aun abundante en el parque, se diluye en sus 6 millones de kilómetros cuadrados de extensión que tiene.
Recorremos durante prácticamente todo el día los 123 km . que desde la entrada del Kalahari Gemsbok Park en Twee Rivieren hay hasta el campamento de Mata Mata, en la frontera con Namibia. El camino recorre el cauce seco del río Auob, que fluye una vez cada 20 años cuando la estación de lluvias es aquí importante, pero debajo de este cauce seco se encuentra una lamina freática, que aflora en algunos puntos sirviendo para que la fauna silvestre pueda abrevar, siendo estos lugares idóneos para poder avistar la gran diversidad de vida salvaje que en él podemos encontrar. Otro recorrido de aproximadamente el doble de distancia, recorre el cauce también seco, del río Nossob. Este transita por la linde de la frontera con Botswana.
El Kalahari-Gemsbok es la patria natural de los orix (o gemsbok). Estos antílopes, abundantes en todo el parque, dignifican las extensas planicies de arena. Pero hay dos motivos añadidos, en cuanto a fauna se refiere, por los que vale la pena realizar un recorrido por él: los leones del desierto, únicos por su espectacular melena negra y los guepardos, que en este hábitat se reproducen con facilidad. También observamos leopardos, licaones, hienas y chacales. Cuenta también con grandes manadas de ñus, eland, kudus, red hartebeest, jirafas, avestruces y springbook. Este parque es un lugar excelente para la observación de avifauna, destacando en este aspecto las aves rapaces.
Antes de entrar, por la asfaltada ruta que hacia el parque nos guía, podremos contemplar los enormes nidos que los pájaros tejedores han fabricado en los postes telefónicos, que a menudo ceden por el peso de los propios nidos. Otro dato curioso es que en varias zonas de este desierto crecen miles de melones silvestres entre las arenas de las profundas dunas. El camino que hemos recorrido, en algunas épocas del año es una alfombra de estos vegetales que los pequeños habitantes del desierto, los bosquimanos, devoran y a los que apodan “Tsama melon”.
Sus antepasados ocupaban gran parte del África austral, pero fueron desalojados hace 1.500 años por los bantúes y posteriormente diezmados o sometidos a trabajos por los colonos holandeses, alemanes e ingleses que llegaron casi a exterminarlos. A comienzos del siglo XIX, los bosquimanos aun mantenían una de las mayores redes comerciales de la época precolonial, que se extendía a través del Kalahari. La colonización de estos territorios resultó para ellos y su cultura una catástrofe. Actualmente se les sigue forzando para que abandonen sus territorios, incluso constituyendo "parques" de los que son expulsados, dejando vía libre al turismo y la extracción de diamantes, con la justificación de la conservación ambiental.
Hoy en día y aun con una sentencia firme del Tribunal Supremo de Bostwana (a favor del pueblo bosquimano), el gobierno de este país esta intentando expulsarlos de sus territorios en el desierto del Kalahari, negándoles acceder a sus recursos naturales de vida e incluso al agua, mientras por otro lado esta dando permisos de explotaciones a empresas diamantíferas y fomentando la construcción de establecimientos hoteleros de lujo en estos territorios que conforman el Parque Nacional del Kalahari, mientras que a sus ancestrales moradores les niega el “pan y la sal”.
"Cuando alguien nos dice, 'Ustedes los bosquimanos no tienen gobierno', nosotros les decimos que nuestros más lejanos antepasados de hace mucho tiempo tenían un gobierno y era un carbón reluciente del fuego del lugar en que habíamos estado viviendo y lo usábamos para encender el fuego del nuevo lugar al que íbamos. Así que yo digo: No nos queráis detener, queremos seguir avanzando, tenemos nuestro propio discurso."
Oma, mujer bosquimana de Nyae Nyae (Namibia)
Pero Sudáfrica, la paria de Mandela, es lo menos parecido a África de todos los países que de este continente conozco. Abandonamos el asfalto en la frontera con Namibia para visitar ese país, aquí es donde si comienza ese África de verdad, esa África “negra”, pero esto me llevara unos nuevos párrafos que no tardando descargare por aquí.
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Pablo Font
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Etiquetas: - Sudáfrica - una tierra de blancos habitada por negros
martes, 11 de octubre de 2011
- Cataratas Victoria (Victoria Falls) Zimbabue – Zambia
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Un estruendo no muy lejano nos acompaña en la noche, por el día es como si parte del bosque que las rodea estuviera ardiendo. Son los efectos del agua precipitándose desde una altura de 100 metros , sobre una grieta de entre 60 a 120 mts. de anchura y 1.700 de longitud, los que producen el bufido del liquido elemento al caer, formando la nube de partículas estrellándose en el fondo del barranco. El tamaño de las Cataratas Victoria es casi el doble que las del Niágara y más de dos veces el tamaño de las Horseshoe en Canadá. Sólo rivalizan con ellas las de Iguazú situadas entre Brasil y Argentina. Un caudal de medio millón de litros de agua por segundo, que en la época de lluvias (de noviembre a mayo) puede multiplicarse por 10, llegando a los 5 millones de litros por segundo. La bruma que forma el agua pulverizada de las cascadas puede llega a alcanzar 400 metros de altura, e incluso los 800 en la estación lluviosa.
Observándolas, intento comprender la sensación que debió recorrer a David Livingstone al acercarse a este lugar allá por el año 1855, retornando por el rió Zambeze en una de sus exploraciones por Luanda, descubriendo para los occidentales las famosas Cataratas “Mosi oa Tunya” (el humo que ruge) a las que rebautizó con el nombre de la reina Victoria de Inglaterra.
Este medico escocés, pastor (cura) calvinista, explorador, aventurero, crítico antimilitarista y enemigo tenaz de la esclavitud, descubrió los secretos mejor guardados del corazón de África. Navegó el lago Tanganica, cruzó el desierto del Kalahari y remontó el Zambeze, encontrando las famosas Cataratas. En 1871 llegaron a occidente noticias de que Livingstone había desaparecido, por lo que el periódico New York Herald encomendó su búsqueda a Henry Stanley, que por mas señas estaba en aquel entonces cubriendo su labor informativa en Madrid, alojado en una pensión de la calle de la Cruz, hoy centro del tapeo más próximo a la Puerta del Sol. Consiguiéndolo encontrar en la ciudad de Ujiji, a orillas del lago Tanganica. Cuando Stanley se topó con un hombre blanco, famélico y moribundo, se dirigió a él con la célebre frase: “El doctor Livingstone, supongo…..”. Después de este encuentro los dos estuvieron durante unos meses recorriendo y descubriendo juntos territorios africanos situados al norte del Lago Tanganica.
Las cascadas forman parte de los Parques Nacionales de Mosi-oa-Tunya en Zambia y de Cataratas Victoria en Zimbabue, integrando el área protegida Kavango-Zambeze de casi 9.000 ha . Estando declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1989.
En la zona zimbabuesa la bruma nos envuelve en forma de lluvia, hasta el punto de que nos impide hacer las fotos obligadas a cada cascada, necesitando una y otra vez limpiar los objetivos de las cámaras. Esa lluvia que nos refresca, nos moja y nos alivia a la vez, acompaña nuestro pasear por los distintos pasajes que tiene el sendero. Entre dos y tres horas nos llevara recorrer con total tranquilidad los 16 puntos de vista de este camino que se extiende frente a las cortinas de agua en su parte sur, desde el espacio dedicado a Livingstone hasta el mirador del puente sobre el Zambeze. La humedad es constante durante la primera mitad del camino y los miradores han sido situados de forma no muy afortunada, pudiendo su ubicación estar ubicada más próxima a las vistas de las enormes caídas de agua, pero aun así las vistas son excepcionales. Uno tras otro se sucede el espectáculo de sonido y agua, como si de una sinfonía Wagneriana se tratara. La nube nos envuelve, elevándose un centenar de metros, el rugido que desde la profundidad del barranco asciende hacia nosotros es el dueño de nuestros tímpanos, solo el sonido del bramar del agua es la música que nos acompaña en nuestro caminar.
Pasamos por la Catarata del Diablo (Devil's Cataract) de 70 m ., entre esta y la impresionante Catarata Principal (Main Falls) de 93 m . está la isla de la Catarata, a continuación la Cascada de Herradura (Horseshoe Falls) de 95 m . después hay un espacio por el que no cae agua, es lo que corresponde a la isla Livingstone´s, a la que se puede acceder caminando (quitándonos el calzado en algunos tramos) desde el vecino país de Zambia, pero solo en la estación seca y cuando el volumen de agua lo permite. En esta ínsula es donde encontramos la “piscina del Diablo”, una pequeña oquedad en el agua, justo al borde del precipicio a donde nos acompañan los lugareños ofreciéndonos su baño en ella. La siguiente cascada es la del Arco Iris (Rainbow Falls) 108 m . Aquí el sendero ya no consta de protección y el paseo se convierte en mas autentico, al mismo tiempo que arriesgado. Esta caída tiene su nombre en el permanente multicolor que forma el agua al precipitarse, y no siendo la que más caudal lleva, a mis ojos se me presentó como la más hermosa de todas. Algo mas adelante llegaremos a lo que se denomina el “punto de peligro” y que no es mas ni menos el final del recorrido por delante de las cascadas en la parte de Zimbabue; justo encima del punto por donde desaguan al profundo cañón las aguas de Zambeze. Solo nos queda por ver la Catarata del Este (Eastern Cataract) de 101 m . que divisamos a lo lejos y que después admiraremos durante la visita al vecino país.
A Zambia cruzamos caminado, pasamos por el puente donde están ubicadas las instalaciones de los “deportes de riesgo” puenting, góming y canoping. Somos unos lugareños más que cruzan de un estado a otro, con la sensación de que se tratara del mismo sitio, del mismo país; solo una centena de metros los divide, 100 mts. de distancia, pero también de profundidad. Dos patrias, dos fronteras, cuatro pases por ellas, visados, papeleos y nuevos sellos en los pasaportes, pero merece la pena. Ver el espectáculo de las Cataratas desde otra perspectiva lo merece, aquí el sendero que nos conduce frente a ellas se me hace mas interesante que desde el otro lado, vemos la enorme grieta por donde cae el agua a lo largo de todas ellas, bueno, no la vemos, nos la imaginamos, pues la fuerza que produce al caer y la bruma que forma nos la impiden ver, pero aun así las imágenes que nuestras retinas pueden observar son impresionantes.
Nos acercamos al vértice por donde cae el agua y paseamos algunos trechos por encima de las cataratas. De nuevo la sensación de vacío a nuestros pies nos sobrecoge, el furor del agua vuelve a acompañar nuestros oídos y la blancura de la espuma quiere cejar nuestros ojos……………… Volvemos sobre nuestros pasos, de nuevo fronteras y puente…………..”cuatro horas en Zambia” podría titularse esta parte del escrito, cuatro intensas horas al otro lado del río Zambeze.
Durante la época de lluvias no es posible ver el fondo del barranco, el pie de las cascadas, ni tampoco parte de las cortinas de las cataratas; los paseos a lo largo del acantilado resultan ser un aguacero constante debido a la abundante agua vaporizada, cerca del borde del acantilado, las partículas de agua suben como una lluvia invertida. Según va entrando la estación seca, parte la cima transitable de las cascadas se hace más ancha y visitable. Desde septiembre a enero más de la mitad de las cataratas puede llegar a quedarse seca y se puede observar gran parte de la primera garganta en casi toda su longitud.
Si el recorrido de su visista desde tierra es sobrecogedor, la vista de ellas desde la altura en helicóptero es impresionante. A vista de águila, asemejan la herida producida por un cincel en donde se desparrama el agua, y hasta parece que por un efecto mágico desaparecen entre la bruma.
Durante muchos años este glamoroso trozo de África que seduce nuestro más profundo interior solo era un hotel, una estación de ferrocarril, un puente, una pista de aterrizaje............ y por supuesto las Cataratas. Hasta aquí llegaban únicamente a comienzos del pasado siglo XX las realezas europeas, los dignatarios occidentales y los miembros de las más influyentes oligarquías económicas del momento.
El Victoria Falls Hotel, es un autentico alojamiento victoriano de principios de siglo, ni que dudar tiene que me refiero a principios del siglo XX. Sus salones, terrazas, pasillos, alojamientos, patios y estancias, nos trasladan a esa época, pudiendo imaginarnos a Sir Winston Churchill fumándose un habano en algunos de sus sofás con vistas al puente, o a la reina Isabel (la whiskera reina madre) con su esposo Jorge VI (del que me enterado recientemente que era tartamudo) paseando con atuendos “casual” por los jardines de este fantástico complejo.
La estación también tiene un grado de decadencia nobiliaria, aunque aquí el ajetreo de la población local le da un sabor más real y próximo a mi persona, Desde ella siguen saliendo trenes de viajeros y mercancías con distintos destinos, e igualmente el lujoso ferrocarril turístico, Tren Blanco, o Tren Azul por el color que la locomotora tuvo en su origen, al pintarla de ese color durante el viaje en 1947 de la familia real Inglesa. Hoy en día sigue sirviendo de medio de locomoción y alojamiento a las clases “acomodadas” que se lo pueden permitir.
Sobre los paneles de madera de los coches cama de la compañía de ferrocarril de Zimbabwe hay mapas que constituyen toda una lección de historia. Datan de los días de Sir Roy Welensky, cuando los ferrocarriles de Rhodesia del Norte (hoy Zambia) y de Rhodesia del Sur (Zimbabwe) operaban conjuntamente.
La ruta de las Cataratas Victoria fue inaugurada en 1904 con aspiraciones ambiciosas: formar parte de la ruta propuesta por Cecil Rhodes para atravesar África desde El Cairo hasta Ciudad de El Cabo. Aunque era prácticamente una utopía, se completó uno de los tramos: el recorrido desde Bulawayo a las Cataratas Victoria. Hoy día todavía sigue siendo una de las líneas de tren más impresionantes y celebradas de África. El trayecto recorre los
El puente que delimita en la actualidad Zimbabue y Zambia, sirve como paso y control fronterizo entre los dos países que formaron antaño las antiguas Rodesias, patria del apartheid (separación entre blancos y negros). El puente con un arco de 122 mts. y 111 de caída hasta el cauce del río, fue construido en acero en 1905, creado en un principio para el paso de la línea de ferrocarril que iba a enlazar Ciudad del Cabo con El Cairo. Hoy sirve de paso de todo tipo de mercancías y vehículos, hasta andando se utiliza para pasar de un país a otro.
Hoy en día Victoria Falls, es una mediana ciudad con todos los servicios que el turismo demanda, convirtiéndose en el paraíso de todos los “….ing” habidos y por haber: jumping, puenting, rafting, canoping, leoning, elefanting,………. etcetering. Mi sensación al visitarla fue de una decadencia en la modernidad, la note falta de visitantes y no era época baja de turismo. En el mercadillo artesanal situado a las afueras, hay quincalla para abastecer a los turistas durante los próximos 10 años; pero es posible que esa dichosa crisis que me encuentro todos los días en los telediarios haya llegado hasta estas latitudes también.
Este es el primero, aunque el ultimo secuencialmente, de los cuatro en los que he dividido el periplo realizado durante el mes de septiembre al África Austral. Interesante compendio de países y culturas en los que he podido disfrutar en compañía de unos nuevos amigos, de los paisajes y las gentes de Sudáfrica, Namibia, Bostwana, Zimbabue y Zambia.
Este es el primero, aunque el ultimo secuencialmente, de los cuatro en los que he dividido el periplo realizado durante el mes de septiembre al África Austral. Interesante compendio de países y culturas en los que he podido disfrutar en compañía de unos nuevos amigos, de los paisajes y las gentes de Sudáfrica, Namibia, Bostwana, Zimbabue y Zambia.
Publicado por
Pablo Font
en
12:02
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Etiquetas: - Cataratas Victoria (Victoria Falls) Zimbabue - Zambia
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