lunes, 19 de julio de 2010

- Vignemale.........La Montaña del Conde Russell (Pirineo Francés)

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Recorrer de nuevo estos valles me llena de recuerdos, memorias de treinta y tantos años atrás, de amigos perdidos en el tiempo y otros perdidos para siempre, añoranzas de cuando el desafió de la verticalidad era una forma de vida, años de cándida demencia en los que no solo nos conformábamos retando la escalada de altas cumbres, también aspirábamos a poder cambiar el mundo. Alguno menos de los veinte años debería tener cuando mis botas pisaron por primera vez estos valles, y parece que nada en su alrededor ha cambiado, salvo que el mango de los piolets que ahora se utilizan ya no es de madera.

Cauterets, población situada a los pies de estas montañas sigue siendo la misma villa decadente de siempre, con la arquitectura típica de las poblaciones-balneario del siglo XIX, si acaso ahora al cruzarla la he visto mas ajada, algunos de estos bellos establecimientos hoteleros que la identifican han cerrado y la urbe aun con su incesante transitar me parece menos aristocrática y mas marchita que por aquel entonces.

Su nombre le viene de "Caoutares" manantiales de agua caliente y el esplendor a esta villa pirenaica le surge de sus afamadas termas, ya usadas en tiempos de los romanos. Siendo durante la estancia de Margarita de Navarra, en 1539, cuando Cauterets adquirió notoriedad. Durante el siglo XIX por ella paso gran parte de la aristocracia no solo francesa, también del resto de Europa, nombres como los de George Sand, el cardenal Richelieu, Chateaubriand, Claude Debussy, Gustave Flaubert, Napoleón III, Eduardo VII de Inglaterra y hasta nuestro Alfonso XIII, amén de la canonizada Bernadette Soubirous (la chica de Fátima), Víctor Hugo que también la visitó en 1843, comentó al llegar a Cauterets:

“Vengo del mar y estoy en la montaña. Solo es, por decirlo así, cambiar de emoción. Las montañas y el mar hablan al mismo lado del espíritu. Este valle es apacible, el escarpamiento es silencioso. El viento calla. De repente, en un recodo de la montaña aparece un torrente. Es el ruido de la pelea y tiene su aspecto”
El encanto de estas poblaciones y estos valles del otro lado del Pirineos es magnifico, pero lo que me hace volver aquí es la grandeza de sus montañas, sobre todo el Vignemale, macizo calcáreo de imponente grandiosidad e inhóspita belleza, que descubrimos en su inmensidad a medida que ascendemos por el valle de Gaube camino del refugio de las Oulettes, desde su puerta el espectáculo es único, formamos parte de un escenario majestuoso, en donde los espectadores somos como minúsculas hormigas; delante de nosotros la verticalidad lo domina todo, paredes de mas de 900 mts. y glaciares rotos por el tiempo llenan nuestra vista, que a cada momento del día cambian de color y sus formas, siendo al atardecer cuando se tornan mas siniestras aun si cabe.

El Vignemale, denominado Comachibosa en tierras aragonesas, es la montaña de los Pirineos Franceses, es la de mayor altura al otro lado de esas fronteras que separan estados, pero que por aquí unen a gentes de la misma condición, embelesados por estas rocas y el magnifico entorno de esta naturaleza sobrecogedora e imponente. No es la cumbre más alta de los Pirineos, pero es sin duda la montaña más sugestiva. El glaciar de Ossoue, por el que se asciende a su cima, es el más importante de toda la cordillera, sus imponentes paredes de roca junto con sus eternos hielos, la han hecho digna de ser considerada la más alpina de todas las cumbres de Pirineo.

La primera ascensión al Vignemale es atribuida al guía Henri Cazaux y su cuñado Bernard Guillembert en 1837, aunque es muy posible de que anteriormente fuera coronado en 1792 por los cartógrafos Simón Guicharnaud y Capdevielle. La primera mujer en alcanzar esta cima en 1838 fue inglesa Anne Lister acompañada por los guías Henri Cazaux, Jean Pierre Sanjou y Jean Pierre Charles. Cuatro días después la ascendió el Príncipe de Moskowa. Su impresionante cara norte fue ascendida en 1933 por Henri Barrio y Robert Bellocq.

Pero esta cumbre tiene un personaje propio, un personaje único como no ha ocurrido con ninguna otra gran montaña, el Vignemale es la historia de Henry Russell Killough, el Conde Russell. De origen irlandés pero nacido en Toulouse en 1834, aristócrata atípico, dedico su juventud a recorrer gran parte del mundo, visitando América del sur, Cabo de Hornos, Rusia, Siberia, China, Tibet y el Himalaya, Japón, Estados Unidos, Canadá, hasta recorrió las tierras de Australia y Nueva Zelanda, de todos los lugares visitados relato en sus escritos las experiencias vividas y hasta parece que de ellos se sirvió Julio Verne para algunas de sus obras como Miguel Strogoff o retratarle en la Vuelta al Mundo en ochenta días a través del personaje Phileas Fogg. Pero su pasión eran las montañas y concretamente el Pirineo, el cual veía a diario desde la ventana de su morada en la población de Pau, sentía admiración por los precursores del pirineismo como Ramond de Carbonnières o Vicent de Chausenque y como ellos se dedico a recorrerlas y a escribir sobre ellas, en multitud de artículos y en numerosos libros.

Vestido con un original ropaje al cual se había habituado en sus viajes por oriente, calzado de las botas de clavos que mandaba fabricar a propósito y ayudado por su bastón de fresno, era persistente en sus recorridos por los Pirineos de uno y otro lado, recorre los Montes Malditos, asciende entre otras cumbres al Cilindro del Marboré, Balaitús, Aneto, Coronas, Posets, Cotiella, Picos del Infierno; fue cofundador y secretario de la primera entidad pirineísta, creada en 1864, la "Société Ramond", siendo director de su revista en 1866 y también colaboró en la fundación del Club Alpino Francés. Introdujo el saco de dormir en el elemento alpino, tomando esta practica de un guardia de aduanas español al que vio cobijarse envuelto en un saco confeccionado con el vellón de varias ovejas, se hizo fabricar uno similar con las pieles cosidas de seis corderos, pesaba alrededor de tres kilos y el Conde lo probó confortablemente una fría noche en la cumbre del Aneto. En sus largos recorridos serranos nunca falto en su mochila el "chartreuse", el ponche y unos cigarrillos.

Siendo el Macizo del Vignemale, al que ascendió por primera vez en 1861, el que le cautivo del todo, llegando a conseguir una concesión en propiedad por un periodo de 99 años, de 200 hectáreas de rocas y glaciares situadas a más de 2.300 mts. de altitud, a los que convertiría en su segunda casa. En ellos mando construir varias grutas, donde pasar sus veladas montañeras, en 1881 crea cerca del puerto de Cerbillona, la primera de las grutas que mandaría ubicar, situada a 3.195 metros, por encima del glaciar de Ossoue y capaz de albergar a siete personas, se la conocería como Villa Russell, a esta se le añadirían en 1885 durante su duodécima ascensión la Gruta de los Guías y un año después finalizo la Gruta de las Damas. Posteriormente mando crear la Gruta de los Enfermos y muy próxima a ella dos nuevas grutas que formaran el grupo de las tres conocidas por el nombre de Bellevue, muy próximas al actual refugio de Baisselance. En 1892 mandada excavar unos veinte metros por debajo de la cumbre de la Pique Longue (3.298 m) en el Vignemale la Gruta del Paraíso, esta es sin duda el “vivac-abrigo” más alto de toda la cordillera.

“Así es como entiendo la felicidad. Nunca he amado la vida civilizada”
También quiso conseguir que su montaña superase los 3.300 mts. y mando construir en la cumbre de Gran Vignemale una torre de piedra de mas de tres metros, pero afortunadamente la sabia naturaleza al paso del tiempo volvió a poner las cosas en su sitio, esa naturaleza también la he sufrido y he podido sobrecogerme en su cumbre oxidada de pirita, de cómo los rayos de las tormentas que nos enviaba el Dios Zeus, jugaban al azar con nosotros, mientras trepábamos camino de su cima.

Russell realizo 33 veces la ascensión al Vignemale, la ultima fue el 8 de agosto de 1904 de la que queda una fotografía histórica. Cinco años más tarde, el 5 de agosto de 1909 muere en Biarritz, dejando su legado del Vignemale al Club Alpino Francés.

Esta definición que de él he encontrado, es el compendio de una vida dedicada a las montañas:

“Vivió la montaña con la pasión de un enamorado y con el recogimiento franciscano de un místico. En la soledad y la belleza de los espacios agrestes de los Pirineos, persiguió una elevación espiritual que al descubrimiento de lo nuevo añadía un deseo de fundirse con la naturaleza en su estado más puro y genuino. En el esfuerzo de las largas caminatas, supo apreciar con sensibilidad exquisita toda la poesía que atesoran las piedras, las nieves, las aguas y los bosques de las hermosas montañas pirenaicas”
Comparto plenamente la admiración de este pionero por estas alturas, sobre las que en su libro “Recuerdos de un montañero” escribió:

"He visto bastantes montañas: el Himalaya, los Andes, los picos fúnebres de Nueva Zelanda, los Alpes y el Altai; todas, más nevadas que ahora. Durante toda mi vida he amado, yo diría que he adorado a las montañas, ascendiéndolas con pasión. Puedo comparar entre sí a muchas de ellas; pero, por ciego que sea el amor, creo tener razón al admirar más que nunca a los Pirineos, a su cielo tan azul y limpio, a sus hielos resplandecientes, a sus aspectos vaporosos, a las llanuras ardientes y aterciopeladas adormecidas en su base bajo el sol más hermoso, y a esas aguas maravillosas que escapan de las nieves con furor, para calmarse enseguida sobre céspedes horizontales y serpentear en silencio entre tapices de flores tan raras y encantadoras que apenas nadie osa caminar sobre ellas. En la naturaleza pirenaica existe una poesía extrema, una armonía de formas, colores y contrastes que no he visto en ninguna otra parte"



Si Russell quedo tan impactado por esta montaña no fue por mera casualidad, sino porque sus espectaculares siluetas, vistas ascendiendo desde el Valle de Gaube, son capaces de cautivar a cualquier visitante, sea este montañero o no. Solo espero que algún día algunos de los que leéis estas paginas os acerquéis a recorrer estos caminos y os llenéis de la naturaleza y grandiosidad que rezuma por cualquiera de sus valles y cumbres.

martes, 15 de junio de 2010

- Memoria Historica

sábado, 15 de mayo de 2010

- Wadi Rum..... el desierto de Lawrence de Arabia

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Al sur del todo de Jordania, a no muchos kilómetros de Petra, próximo ya a la ciudad de Aqaba y en la linde de Arabia Saudí; esos limites creados artificialmente, fronteras uniformemente rectas que definen países, pero que no delimitan pueblos; aquí en medio de la nada esta el desierto de Wadi Rum. Un punto mas en un plano, una tierra estéril de las que abundan en nuestro planeta, una parte de ese Oriente no muy lejano a nosotros que ha estado olvidada hasta no hace mucho y que hoy es uno de los lugares más visitados junto con Petra de todo el reino hachemita, visitas como la nuestra de gentes multicolores que por un poco espacio de tiempo queremos llenarnos de toda su grandiosidad y árida belleza.

Wadi Rum es un desierto diferente a todos los que hasta ahora mis ojos han podido percibir, no son esas inmensidades de planicies pétreas o arenosas, Rum esta formado por una continuidad de alineados valles (wadis) arropados por formaciones aisladas de esbeltas montañas trágicamente erosionadas por el viento, verdaderos paraísos para los deportistas que batallan con la gravedad. Un lugar único por su áspera belleza y completa aridez, en donde sus orgullosas rocas no impiden dejarnos esa sensación de grandiosidad y soledad de este espacio al que hemos llegado y del que solo traemos referencias de su orografía y situación, así como algunas reseña historia o turística.

En la actualidad es un espacio natural protegido, al que hay que acceder a través de un Centro de Recepción, desde el que divisamos “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, original montaña que debe su nombre al libro de memorias de Lawrence de Arabia.

Cruzamos la aldea de Rum, donde se termina la línea negra de asfalto, pasando a un mundo nuevo, casi fantástico, aquí es donde verdaderamente comienza el espectáculo, a nuestros costados enormes formaciones pétreas nos dan la bienvenida a esta naturaleza inerte, pero que estuvo habitada desde tiempos remotos como muestran los grabados y dibujos que en sus rocas encontramos. Transitamos por arenas de cambiantes colores que desde los púrpuras a los dorados, se extienden entre las moles rocosas hasta donde nuestra vista llega alcanzar, solo el cruce con algún otro Toyota que como nosotros ha llegado hasta aquí para llenarnos de esta grandiosidad, rompe este paisaje deshumanizado.

Nos dirigimos hacia las laderas del Jebel Khazali, en él recorremos un estrecho y corto siq (barranco) donde contemplamos los primeros grabados e inscripciones talmúdicas en las rocas, respiramos la soledad de la tarde, nada a nuestro alrededor nos molesta o estorba, todo lo que nos rodea es una paz sugerente que nos invita en esta hora de la tarde a acercarnos hacia unas rocas cercanas para ver en su esplendor como el Sol de estas latitudes se despide poco a poco del día, regalándonos unas vistas a nuestro alrededor únicas y unos instantes difíciles de olvidar.

Al rededor de una hoguera, una sabrosa sopa de lentejas y un apetitoso guiso de pollo con verduras, nos preparan para pasar la noche en uno de los campamentos perfecta y estratégicamente instalados en medio del desierto, el nuestro emplazado al abrigo del Jebel Khazali, en una situación privilegiada, mirando hacia el este y con unas vistas grandiosas sobre el Ghor al Ajram (Valle del Ajram) y las montañas que lo delimitan. Un lugar idoneo desde el que contemplaremos en noche cerrada como aparece lentamente la silueta de la luna y por la mañana nos riega con sus primeros rayos el astro rey.

Un nuevo día nos entrega su luz disponiéndonos a recorrer estas planicies rotas por las altas rocas, de nuevo al zarandeo del Toyota camino del pequeño arco rocoso de Rakabat al Wadak, al que ascendemos, seguimos por el valle hasta llegar a Umm Fruth, este puente es mucho mas grande y majestuoso que el anterior, lo trepamos hasta su vértice y descubrimos un panorama impresionante, a nuestros pies los wadis arenosos y en la lejanía las espectaculares formaciones rocosas que llenan el espacio hasta donde se pierde la vista.

Retornamos sobre nuestras rodaduras y tomamos ahora dirección norte hacia las proximidades del desfiladero Barrah, aquí nos detenemos a ver las ruinas de lo que los lugareños denominan Casa de Lawrence, solo un tapial en piedra al aprisco de una roca queda de la construcción; continuamos hasta llegar a las faldas del Jebel Annafishija, en donde admiramos la mejor colección de grabados e inscripciones talmúdicas y nabateas de toda la zona, camellos, formas humanas, pastores, cazadores y otras figuras de un estilismo y plasticidad asombrosas, las han datado de una antigüedad del siglo II a.C. siendo realizadas por camelleros de la tribu Thamud de Arabia Saudita, haciendo reseña a este lugar como paso obligado en la ruta de las caravanas. Un poco mas adelante nos detenemos en una enorme duna de un intenso rojo salmón, de la que disfrutamos un rato jugando entre sus arenas.

Partimos de nuevo recorriendo ahora el Wadi Umm Ishrin, arena y color, mas arena y mas color, las nubes hacen que este escenario se transforme en algo mágico, donde las paredes rocosas hacen de tramoya o bambalinas y en donde nosotros somos los únicos espectadores de esta obra sin figurantes. Los escarpes pétreos cambian los predominantes tonos rojizos según la luz que reciben dependiendo de la hora del día, condicionando un paisaje singular y único.

Pasamos por un pequeño poblado nómada de beduinos, situado a los pies del Jebel Rum (la montaña más alta de Jordania, con 1754 m.), para conocer lo que denominan el “Manantial de Lawrence”, este lo divisamos en medio del escarpe rocoso, fácilmente visible por la existencia en el lugar de un tupido árbol, como es lógico no muy abundantes a nuestro alrededor. Aquí en las jaimas montadas, mas para los visitantes que para su uso cotidiano; los autóctonos, que se autodenominan descendientes del profeta Mahoma, nos ofrecen un te elaborado a base de salvia y cardamomo entre otras hierbas, debiendo de reconocer que yo no muy aficionado a estos brebajes me supo especialmente atrayente.

Todo esto forma parte de esa naturaleza árida y dura que conforma este desierto, pero Wadi Rum es más, no se puede visitar esta zona sin disfrutar de su noche, su nombre lo dice Wadi Rum, Valle de la Luna. La oscuridad del ocaso da paso a un firmamento de estrellas como nunca había visto, el cielo se convierte en el techo de un espectáculo asombroso, que da paso a la salida de la luna por encima de las cumbres que nos rodean, solo nos acompaña el silencio, ese “sonido” que solo en los desiertos he sido capaz de percibir, haciendo que todo lo que te rodea sea mas próximo e intenso, teniendo la sensación de poder acariciar con la punta de tus dedos esos puntitos de luz que están en el firmamento.

Nos despedimos de este trozo de planeta con ganas de volver para poder dedicarle mas tiempo a recorrerlo, llenándonos de esas sensaciones que estas tierras yermas nos han producido y que incitaron a Lawrence de Arabia a escribir “Los Siete Pilares de la Sabiduría” en plena contienda mundial, allá por las primeras décadas del siglo pasado, dándonos a conocer este lugar, trasladándonos los misterios y las soledades del desierto de Rum.

“existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día... esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad”
Thomas Edward Lawrence

miércoles, 12 de mayo de 2010

- Saladares de Atienza y Sigüenza

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La sal ha sido históricamente un elemento fundamental para los humanos desde la antigüedad, presente no solo en el agua que bebemos y en los alimentos que tomamos, necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo y enriquecer al paladar lo que guisamos en nuestros pucheros. La sal ha sido, hasta el descubrimiento del frigorífico, el componente fundamental para la conservación de los alimentos, siendo objeto en tiempos pretéritos de monopolios, impuestos e incluso guerras, pudiendo llegar a ser un tipo de moneda; la palabra “salario” se deriva del pago en sal de trabajos realizados. Gandhi en la india utilizo la sal como forma de rebelarse contra el dominio Imperial Británico que tenia el monopolio de tan valioso mineral, por cierto el único que es comestible para los humanos.

Visto esto, no es de extrañar que desde las primeras civilizaciones, se buscasen sitios próximos a donde existiera para crear asentamientos estables, y en la zona en donde hoy nos toca hurgar la hay; el alto Henares, arropado por sus acólitos afluentes el río Dulce y el río Salado no se escapó de ello, concretamente este ultimo. En tierras altas de la Alcarria , entre las poblaciones de Atienza y Sigüenza, encontramos un verdadero rosario de explotaciones salineras, en total unas doce, que desde tiempos inmemoriales han sido utilizadas para obtener el preciado cristal.

La mas importante y extensa de todas estas salinas es la de Imón, de la que se cuenta que ya los romanos se proveían de ella. Hay referencias sobre su provecho en el siglo X, utilizándola los reyes de entonces para conceder prebendas a clérigos y nobles. Alfonso VI concretamente concedió en 1139 al obispado de Sigüenza su explotación, bastantes años mas tarde, en el siglo XVIII Carlos III, el rey alcalde, fue el verdadero impulsor y modernizador de este salar, obras de aquel entonces que aun hoy se mantienen en pie.

Fueron las de Imón no solo las mas importantes salinas de la zona, junto con las de La Olmeda, Gormellón, Bujalcayao y Carabias; eran por entonces la mayor industria de sal de toda la península, hasta la puesta en marcha las de Torrevieja en Alicante.

Para darnos una idea de su dimensión, abarcan una extensión de unas 12 hectáreas (unos 12 campos de fútbol), cuenta con cinco norias para la extracción de agua, de las que se conservan cuatro, existen tres grandes almacenes para la sal y enseres de mas de mil metros cuadrados cada uno, recocederos, calentadores y unas mil albercas donde se almacena el agua y donde se deseca para la obtención de la sal, de las que salían al año mas de 3.600 toneladas, un 7% de la producción de toda España en el siglo XVIII.

La obtención de sal en Imón finalizó en 1996, siendo abandona su explotación en el año 2002. Hoy lo que nos queda de aquellos años de intensa actividad son solo las ruinas de sus almacenes, pozos y secaderos desvencijados condenados al olvido, así como el abandono de acequias, canales y albercas que aunque se mantienen en mejor estado, no dejan de causarnos una sensación de desidia y dejadez. Hoy esta singular devastación, que sin embargo no deja de causarnos encanto al enseñarnos su desnuda hermosura, han sido declaradas por la Junta de Castilla la Mancha como Bien de Interés Cultural.

Una cancioncilla popular de la aldea nos deleita los oídos:

No hay carretera sin puente,
desierto sin arenal,
ni muchachita en Imón
que no tenga gracia y sal.

Imón es hoy una pequeña aldea de solo 40 habitantes, que sobrevive en parte de las instalaciones turísticas creadas por el interés de sus saladares.

Bien merece una visita sosegada este trozo de Alcarria, que además de sus laminas saladas de Imón, Rienda y La Olmeda, nos depara sorpresas como Riva de Santiuste donde los ojos, nos llevaran lejos la vista desde su altivo castillo de origen musulmán, o la pequeña aldea de Pozancos, situada en un estrecho valle, encontrándonos arropada su iglesia románica del siglo XIII, donde esta sepultado Martín Fernández otro Arcipreste de Hita, pero no Juan Ruiz el del “Libro del Buen Amor” del que no se sabe ni donde ni cuando nació, ni donde ni cuando murió y ni siquiera si era Arcipreste, al que algunos le creen enterrado en el monasterio de San Francisco de la capital alcarreña, pero nunca en Pozancos, como aseveran informaciones que he podido comprobar, faltas del mínimo rigor histórico.

También hay que recorrer las calles de Palazuelos, totalmente rodeado por sus más de dos kilómetros de muralla del siglo XV, que le hacen llamarse la “Ávila alcarreña”. Castillo y murallas fueron mandadas construir por Iñigo López de Mendoza, primer Marques de Santillana y asemejan en su estilo, solo en su estilo al de Manzanares el Real (Madrid). Muy cerca de esta población, tan solo a 1,5 km. encontramos una nueva y magnifica sorpresa, Carabias, pequeña población pero que acoge en su interior una iglesia románica del siglo XIII con un hermoso atrio porticado, único en toda la provincia, un lujo para nuestras vistas.

Al mismo tiempo invitaros a de recorrer la traza urbana de las siempre interesantes e historicas localidades de Atienza y Sigüenza, la primera con su auténtico sabor medieval en sus calles y plaza, de la del Doncel que decir, disfrutar de un paseo por sus empinadas calles a la sombra de su soberbio castillo.

Con el sabor en los labios de la sal regalada por esas tierras del norte de Guadalajara, medito sobre la vida de los que durante años acarrearon ese mineral a gran parte de las dos Castillas.

martes, 4 de mayo de 2010

- Flores y mas flores ............ Real Jardín Botánico de Madrid

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Fue Felipe II quien ordenó construir el primer Jardín Botánico en Madrid estando este emplazado en Aranjuez, iniciativa que se desarrollo a instancias de Andrés Laguna, botánico, farmacólogo y medico personal del monarca. Persona interesada en su tiempo por la ciencia, bautizándose en su honor un árbol, la “lagunaria” conocido vulgarmente como “pica-pica”.

Posteriormente Fernando VI trasladó el jardín a Madrid, situándolo a orillas del Manzanares, en la Huerta de Migas Calientes, lo que actualmente es Puerta de Hierro y donde siguen existiendo hoy los viveros municipales. En él se calcula que podía haber unas 2000 plantas, fundamentalmente de la Península Ibérica, que fueron recolectadas por José Quer, cirujano y reconocido botánico de la época.

Carlos III rey de España, Nápoles y las dos Sicilias, el llamado “Mejor Alcalde de Madrid”; salvando las distancias con Don Enrique Tierno, los dos dignos de envida de nuestro adverso Gallardón (“excelentísimo” alcalde de la villa y corte, que nos esta dejando un agujero (económico entre otros) en Madrid superior al que se comenta de Grecia, pero del que los PePeros ni comentan); fue el que en 1774 y debido al crecimiento del situado a las orillas del Manzanares, ordenase su traslado al Paseo del Prado, entre el Gabinete de Historia Natural o Salón del Prado (actual Museo del Prado) y el Prado Viejo de Atocha (Atocha), quedando inaugurado en 1781. Resaltando éste nuevo eje de la ciudad, señorial y distinguido, donde se dejaban ver en sus paseos la gente guapa de la época. Se encargó su diseño al arquitecto real Francisco Sabatini y a Juan de Villanueva arquitecto del Prado y el Observatorio Astronómico, los dos construidos en sus inmediaciones; el talud existente el la zona se solventó con la ejecución de las terrazas escalonadas que hoy existen, ejecutándose también el Pabellón de Villanueva y la Puerta Real, situada en el Paseo del Prado y actualmente cerrada.

En los inicios del siglo XIX el Real Jardín se había convertido en uno de los más importantes botánicos de Europa, principalmente por las colecciones científicas que tenia depositadas y al trabajo de su director, Antonio José Cavanilles. Al mismo tiempo que desarrollaba su labor científica, el jardín era visitado durante la primavera y el verano por la burguesía madrileña proporcionando de forma gratuita plantas medicinales a sus demandantes.

La Guerra de la Independencia trajo funestos años al la vida del jardín, parece ser que otros menesteres atraían la atención de los gobernantes, el abandono y la dejadez dieron paso a su deterioro, solo el interés de su director Mariano de Lagasca, hizo que minimamente se pudiera medio conservar, intentando mantenerlo al nivel de las tendencias científicas que por aquel entonces suscitaban por el resto de la Europa ilustrada.

Siendo director del jardín Mariano de la Paz, se hicieron en 1857, importantes reformas que hoy todavía podemos ver, como son la terraza superior a la que se le confirió de un diseño isabelino, mas acorde con aquella época y la estufa fría o “estufa de las palmas” (invernadero), que aunque interesante, no es comparable con la que podemos ver en el Parque de Eduardo VII de Lisboa, mas solemne y grandiosa que la de aquí. También le dotó de un zoológico que doce años mas tarde se trasladaría al Retiro, convirtiéndose en lo que algunos conocimos como “La Casa de Fieras”. Hermosos recuerdos de niñez aun me traen ese oso loco y los libidinosamente activos monos, que en su enorme foso contemplaban mis infantiles ojos algunas mañanas de domingo.

La década de 1880 a 1890 también fue funesta para el Real sitio, en 1882 se le segregan los terrenos necesarios para construir lo que hoy conocemos en la plaza de Atocha como Ministerio de Agricultura. En 1893 se traza la calle de los libreros (popularmente conocida como cuesta de Claudio Moyano), producto de estas modificaciones son esquilmadas dos hectáreas de las diez que tenia en su origen y para colmo, en el año 1886 son abatidos por un enorme vendaval 564 árboles de un importante valor.

En el primer tercio del siglo pasado retoma la institución sus labores científicas, fundamentalmente en el campo de la micología (estudio de setas y hongos). Pasando en 1939 a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al que hasta la fecha forma parte. En otoño de 1942 es declarado como Jardín Artístico.

La falta de agua y financiación, generan en décadas sucesivas su penuria, abandono y declive, motivados por el desinterés del “régimen” y el desprecio de todo lo relacionado con la ciencia durante los años grises de nuestra reciente historia, esto provoca su deterioro y el cierre definitivo en el año 1974. Restaurado y abierto al disfrute publico en 1981, cuando los días se tornaron de nuevo a ser luminosos y coloreados, haciéndolo coincidir su reapertura con el II Centenario, en el que se inauguró su flamante nuevo invernadero, que seduce a los visitantes con su colección de cactus treidos de lugares tan distantes como son los desiertos de Namibia y Sudáfrica.

El actual diseño del Jardín tras la restauración iniciada en 1978, recupera su estado original neoclásico en las dos terrazas inferiores, manteniendo la terraza superior el diseño romántico de mediados del siglo XIX..

En 2005 se amplio el jardín en aproximadamente una hectárea, creando la “terraza de los Laureles”, con unas vistas espléndidas de todo el complejo, lugar donde esta ubicada la colección de bonsáis que a su salida de Moncloa, el ex-presidente del gobierno Felipe González donó en 1996 al Jardín Botánico, integrada esta en su mayoría por árboles autóctonos de la Península Ibérica. Desde entonces la exposición se ha ido ampliando, contando hoy en día con un gran número de variedades.



A lo largo de los más de sus 250 años de historia el Botánico ha participado en expediciones científicas de relevancia, siendo el depositario de los materiales recogidos en ellas, colaborando durante los siglos XVIII y XIX en campañas importantes como: la de Pehr Löfling al río Orinoco (Venezuela) (1754-1756), la expedición botánica de Hipólito Ruiz López al Virreinato del Perú (Chile y Perú) (1777-1788), el periplo de José Celestino Mutis en Nueva Granada (Colombia) (1783-1808), la de Juan de Cuellar a Filipinas (1785-1795), la Expedición al Virreinato de Nueva España (Méjico) de Martín de Sessé y Lacasta y José Mariano Moziño (1787-1803), la magnifica expedición científica por todo el mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794), la expedición de Baltasar Manuel Boldo a Cuba(1796-1802) y ya en el siglo XIX la Comisión Científica del Pacifico (1862-1866), donde participó a instancias del Real Jardín el botánico Juan Isern Batlló.

El Real Jardín Botánico de Madrid cuenta en la actualidad con unas 5.000 diferentes especies de árboles y plantas de todo el mundo, gozando un muestrario de árboles exclusivos. Entre estos prodigios sobresalen algunos como el olmo del Cáucaso, cedros del Líbano, parasoles de China, árboles de Júpiter, el tejo, el almez, el madroño, el pino carrasco o el ciprés, considerado el ejemplar más antiguo del jardín, que alcanza casi la edad del mismo, y posiblemente el árbol mas fotografiado de todo el botánico, una palma Canaria. Aumentando el numero de sus visitantes cada temporada, llegando en el pasado año a los 400.000.

Entre sus colecciones destacan un herbario con más de un millón de pliegos, la biblioteca y el archivo, con cerca de 10.000 dibujos y 2.500 mapas. Destacando dentro de su labor didáctica los cursos y asesoramiento de micología (setas y hongos) durante los meses de otoño.

Recorrer este rincón, ya añejo de Madrid, aledaño al encantador paseo que conforma el del Prado, visitarlo en primavera cuando rabian por salir los brotes de sus plantas y las flores visten sus mejores atuendos, o en otoño cuando la paleta de color de sus hojas hace que nos deleitemos con sus matices ocres y las dalias nos sorprenden con sus vistosos colores, incluso resulta sugerente transitarlo un día frío de invierno, de esos en los que Madrid es cubierto por el regalo del manto blanco de la nieve, ........... es algo por lo que merece la pena vivir próximo a esta ciudad, que nos están convirtiendo en plástico, intentando quitarle ese sabor tan castizo y autentico del que Madrid no quiere desprenderse.


viernes, 23 de abril de 2010

- Bizancio.......... en Estambul

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La ciudad de los tres nombres: Estambul, Bizancio o Constantinopla, es una metrópoli ubicada en la encrucijada de la historia. Hoy en día no hay accidentes geográficos que limiten las comunicaciones, pero el Bósforo, ese camino de agua que separa Asia de Europa, ha sido durante más de veinticinco siglos el que ha forjado la historia, la fisonomía y la personalidad de esta capital única, compendio de culturas y unión de dos continentes tan dispares. Es aquí en esta urbe, donde se respira esa sensación pluricultural sin precedentes que el tiempo se ha encargado de asentar, como si fueran los posos que ese espeso café turco dejan en el fondo de una taza.

Ya se que algunos de vosotros os resultan un poco espesos estos retazos de historia que pongo por aquí, pero no se pueden entender bien los lugares sin conocer los condicionantes y las vicisitudes de su pasado, así como su situación geográfica. Estambul está determinada por estos dos elementos; su ubicación ha hecho que por ella hayan pasado cantidad de pueblos de muy distintas culturas, y alejados en la distancia, generando que sea una de las ciudades más ricas en tener una historia tan sugerente. Para no cansaros solo os pongo unas muestras que harán entender mejor el porque de lo que allí podemos contemplar y que el paso del tiempo, así como la mano humana han dejado conservar.

En el año 680 a.C. los Megaranos (griegos) huyendo de los Dóricos, fundan la ciudad de Calcedonia en la parte asiática del Bósforo, si bien se han encontrado restos en la misma localización que datan de la era neolítica. En la zona europea, en los alrededores de lo que hoy es el Palacio de Topkapi, se han hallado asentamientos de la Edad del Bronce, es aquí donde por el año 667 a.C. se crea el primer asentamiento documentado que de la ciudad se tiene. Es el rey griego Byzas, quien siguiendo las indicaciones del Oráculo de Apolo, decide establecerse a este lado del estrecho, enfrente del “país de los ciegos”, eligiendo una ubicación idónea, al poder contar con un puerto natural perfecto como es el Cuerno de Oro. Del nombre de este rey le viene su primera nominación como Bizancio.

Es conquistada por los Persas en el 513 a.C., cayendo bajo el poder de Atenas casi un siglo después, pasando en el 405 a. C. a dominio Espartano. En el 340 a.C. es sitiada por los Macedonios al mando de Filipo II, padre de Alejando Magno, (de su nombre viene la palabra “filipicas”, discursos que en contra de él dirige el griego Demóstenes), en el 279 a.C. los Celtas invaden Tracia, imponiendo tributo a Bizancio. Los Galos (franceses) en el año 227 a.C. se instauran en la parte asiática y los Romanos llegan en el 146 a.C. hasta aquí, anexionando la ciudad al Imperio en el año 100 a.C..

En el 194 ya de nuestra era, disputas palaciegas internas del Imperio Romano provocan que el emperador Lucio Septimio Severo sitie la ciudad durante tres años, saqueándola y destruyendo la totalidad de sus murallas, aunque luego se dedicara a reconstruirla, dejándonos entre sus obras los restos que quedan del hipódromo, mandado construir por él.

Pero es el emperador Constantino quien verdaderamente promueve el desarrollo de la ciudad, ejecutando en ella numerosas construcciones, que la convertirían en la segunda capital del Imperio Romano la “Nueva Roma”, edificada sobre "siete colinas", a imagen de Roma, y dividida en catorce regiones, diez de las cuales se encontraban dentro de las murallas. El 11 de mayo del año 330 y durante cuarenta días de ritos y festejos, se inauguró la nueva urbe que contaba por entonces con unos 30.000 habitantes, pasando a llamarse Constantinopla, la ciudad de Constantino. Influenciado por su madre, el emperador se convirtió al cristianismo e incitó por decreto con el “Edicto de Milán” en año 313, para que la población siguiera su nuevo credo. Doce años después convoca el Primer concilio de Nicea, en él se redacta el Credo Niceno, que permanece prácticamente inalterado 1700 años después, dándonos una idea de la evolución de la iglesia. Durante este concilio (uno de los más importantes de esta religión) convierte el Cristianismo en Catolicismo, decidiendo de entre los 270 evangelios existentes hasta el momento cuales eran los inspirados por Dios, eligiendo los de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, quitándose de un plumazo los 266 restantes, conociéndose estos desde entonces como “Evangelios Apócrifos” y declarándose la posesión de alguno de ellos como delito capital, provocando en los tres años siguientes al Concilio la muerte de decenas de miles de cristianos. Hoy en día Constantino “El Grande” aun es venerado como uno de los principales santos del Cristianismo Ortodoxo.

En el 395 el Emperador Teodosio I repartió el imperio entre sus dos hijos, para Arcadio el oriente y para Honorio el occidente, consumándose la desmembración que Diocleciano comenzó cien años antes, creándose de forma definitiva el Imperio Romano de Oriente.

A principios del siglo V se edificaron las murallas de la ciudad que hoy en día todavía podemos admirar. Mientras el Imperio Romano de Oriente se fortalecía, el de Occidente ya formaba parte de la historia hacia el año 476.

Entre 527 y 565 con el emperador Justiniano, se construyeron nuevos edificios en la ciudad, entre los que destaca la reconstrucción de la Basílica de Santa Sofía como actualmente la podemos admirar. Bajo su dominio se desarrolla una de las épocas más esplendorosas para la ciudad, llegando a tener medio millón de habitantes, siendo la metrópoli más grande en su época.

Desde mediados del siglo VII hasta finales del IX es asediada por los árabes en ocho ocasiones, intentando conquistarla sin conseguirlo.

En el año 1054 el cristianismo se fragmenta, es lo que se denominó “Cisma de Oriente” dividiéndose, en el Papado de Roma y el Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla, durante los siglos anteriores la política del Imperio de Oriente ha estado fundamentada en disquisiciones religiosas, pero contaba hasta ese momento una buena organización militar que le hacia estar rodeada por aliados que le respetaban, o por enemigos que le temían.

Durante la segunda mitad del siglo IX comienza la expansión del imperio turco hacia el norte, llegando a ocupar gran parte de la península de Anatolia, así como hacia el sur tomando la ciudad santa de Jerusalén, conmocionando a Occidente, provocando de los reinos cristianos occidentales y del Papa de Roma una alianza, que se concreta en la creación de La Santa Cruzada, ejércitos de distintos países con la intención de recuperar de nuevo los Santos Lugares para el Cristianismo.

Las tres primeras Cruzadas atravesaron durante un siglo Constantinopla sin apenas influir en su cotidianidad, pero fue el 12 de abril de 1204 cuando la Cuarta Cruzada a su paso por ella, asaltó la ciudad sometiéndola a un espantoso saqueo del que no se libraron ni palacios, ni iglesias, ni mansiones; hasta Santa Sofía fue desvalijada, llegando hasta los reinos europeos cantidad de reliquias y obras de arte como nunca antes hubo precedente, todas ellas producto de la gran rapiña a la que fue sometida la ciudad por los Caballeros Cruzados.

Aunque fue recuperada por los bizantinos en 1261, el daño que habían producido en la disgregación del imperio fue irreparable, sus flancos territoriales estaban abandonados a las presiones de pueblos con grandes deseos de expansión. Desde de entonces y durante dos siglos, la impotencia de Bizancio provocó que franceses, florentinos, genoveses, venecianos y hasta navarros o catalanes, se apropiasen de territorios sin demasiada resistencia.

Entre los siglos XI y XII, los genoveses y los venecianos dominan el comercio de la ciudad, sobre todo en la parte de Gálata.

A partir del saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada, Bizancio no fue por su flanco meridional más que una débil valla para el Islam, que finalmente fue conquistada en el año 1453 por el ejército Otomano bajo la dirección del Sultán Mehmet II, entrando a caballo en Santa Sofía, convirtiéndola de inmediato en Mezquita, pero respetando en gran parte las creencias religiosas de sus habitantes que nunca fueron expulsados por ellas, existiendo durante siglos una tolerancia que últimamente los integrismos se están encargando de dinamitar, en el mejor sentido de la palabra. La toma de Constantinopla por los turcos, el 29 de mayo de 1453 define el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.

Producto de esta tolerancia, aun podemos admirar restos de este periodo de una importancia sustancial, no hay que olvidar que Bizancio brilló con luz propia durante nada menos que 1.000 años y que influyó decisivamente en la cultura y el arte de la Europa occidental, debido a su posición estratégica entre Europa y Asia, controlando tanto la ruta entre estos dos continentes, como el paso del Mar Mediterráneo al Mar Negro, lo que motivó que durante siglos fuese la gran urbe europea medieval, que os invito a visitar a través de un recorrido virtual por sus restos Bizantinos.

Comienza este periplo por las Murallas de Teodosio. Mandadas levantar por este emperador a principios del siglo V, tenían una longitud de mas de 30 km. y recorrían todo el perímetro de la ciudad, en la actualidad podemos ver restaurados cerca de los 7 km. que unen el Cuerno de Oro con el Mar de Mármara, cerrando la ciudad vieja por su flanco oeste, el único terrestre. La mejor manera de ascender hasta las torres de su baluarte es en las proximidades de San Salvador en Chora, desde donde podremos tener una vista completa de gran parte de Estambul. En su extremo sur, próximo al Mar de Mármara encontraremos la Fortaleza de Yedikule, pero su limitado interés y lo alejado de cualquier otro lugar atrayente nos hace desistir de su visita.

A pocos pasos de las murallas encontramos la iglesia de San Salvador en Chora (Kariye Kilisesi), mandada reedificar por Justiniano en el año 536, es considerada como uno de los mejores ejemplo de la arquitectura religiosa Bizantina, pero la mejor sorpresa está guardada en su interior. Convertida en mezquita (Kariye Camii) por los otomanos, años después de la toma de Constantinopla, su interior fue recubierto de yeso para ocultar al culto islámico las imágenes allí expuestas, gracias a ello hoy este edificio convertido en museo (Kariye Müzesi) alberga sin duda la mejor colección de pinturas y mosaicos de todo Estambul, siendo uno de los lugares imprescindibles de visitar.

Desde aquí seguiremos caminado hasta la calle Draman (Draman cadessi), en donde preguntaremos para que algún lugareño de estos barrios nos sitúen hacia otra de las antiguas iglesias Bizantinas, la de Theotokos Pammakaristos (Bienaventurada Madre de Dios), también convertida en mezquita (Fethiye Camii) y de nuevo en la actualidad museo (Fethiye Müzesi). Pequeña y recogida, alberga también algunos mosaicos de interés entre sus arcos, así como un resplandeciente pantocrátor en la cabecera de su ábside.

Cruzamos el barrio de Fatih, descendiendo hacia el sur por la calle Halicilar (Halicilar caddesi), donde al final de ella encontramos la Iglesia de Constantino de Lips (Fenari Isa Camii o Molla Fenari Isa), mudada también a mezquita. Su interior de austero ladrillo no cuenta con mosaicos, estando formado por dos sombrías capillas; la primera edificada hacia finales del siglo X y la segunda capilla mandada construir por la emperatriz "Teodora", con la intención de construirse una sepultura real.

Tomamos ahora dirección hacia el acueducto Valente, descubriendo en una pequeña plaza entre las calles Kizanlik y Kiztasi la Columna del Emperador Marciano, coronada por un enorme capitel corintio. Construida en el 455 con granito rosa traído de Egipto, los turcos la llaman Kiztasi (columna de la niña). Proseguimos nuestro camino hasta el acueducto, también llamado de Bozdogan, se termino de construir en el año 36 en tiempos del Emperador Valente, por eso su nombre, sirviendo en aquel entonces, para traer el agua desde el bosque de Belgrado. Con una altura de unos 20 m., hoy en día podemos aun observar 800 m. de su recorrido por la ciudad.

Muy cercana a este, casi escondida, tendremos de nuevo que preguntar a los viandantes para encontrar la Iglesia del Pantocrátor (el Todo Creador) o Monasterio del Cristo Pantocrátor (Pantokrator Manastırı Kilisesi). Se trata de un antiguo complejo monacal compuesto de tres iglesias, de nuevo convertido en mezquita (Molla Zeyrek Camii), mandado edificar durante el primer cuarto del siglo XII por la emperatriz Irene y ejecutado por el arquitecto Nikephoros. Es la segunda iglesia más grande que se ha conservado de toda la ciudad, después de Santa Sofía, los mosaicos que decoran sus suelos y las vidrieras que dejan pasar la luz tras sus ventanas, son los vestigios de la época de más esplendor de este santuario. Está declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, no pudiéndola visitar al estar en pleno proceso de restauración, una lastima pues tiene pinta de ser arto interesante, pero si pudimos pasear por sus alrededores, percibiendo la mezcolanza bizantina y otomana de este barrio a través de sus gentes, inquilinos de destartaladas casas de madera.

Desde aquí nos dirigimos al centro histórico, pasando por la Mezquita de Solimán, en sus proximidades encontramos el “Vefa Bozacisi”, una especie de tasca con sabor autentico, también fabrica de vinagres y jarabes de granada, en donde degustamos “boza” una bebida espesa, cremosa y blanca, elaborada a base de semillas de mijo fermentadas y espolvoreadas ligeramente con algo de canela. Este brebaje era tomado por los “Jenízaros” del sultán, las tropas especiales de los siglos XVIII y XIX. El establecimiento ha mantenido en secreto su receta desde que abrió su primer local en el siglo XIX, siendo esta bebida primordial en las largas veladas de invierno.

Estos barrios situados al oeste de toda la zona turística nos hacen ver la realidad de esta urbe, su discurrir cotidiano, su verdadera forma de vida y el autentico respirar de la ciudad. En ellos nos llenamos de la esencia de sus gentes, alejados en no mucha distancia del mercantilismo consumista que se crea alrededor de las masas multicolores que formamos los foráneos.

En los barrios de Balat y Fener también podemos degustar esa sensación de cercanía y naturalidad de la ciudad, son junto con los de Zeyrek y Draman que ya os he comentado antes, los suburbios donde se asentaron las poblaciones cristianas y judías después de la conquista de Estambul por los turcos. Aún hoy en día se respira algo de esa magia al pasear por sus callejuelas estrechas y empinadas que lo conforman, son las barriadas que descienden hacia el Cuerno de Oro, ese entrante de mar que perfila la ciudad. Aquí encontramos nuevamente modelos de esa arquitectura cristiana y también restos que lo que fueron las zonas hebreas, algunos ejemplos aun existen de sinagogas que no hace muchos años eran utilizadas por una comunidad sefardí (judíos españoles) importante en la ciudad, que la intolerancia, el integrismo y el despotismo de católicos reyes hispanos desterró hasta estas latitudes, convirtiéndoles en exiliados, en una tierra extraña muy diferente de la de sus raíces históricas; muchos de estos aun conservan las llaves de sus casas de Toledo, Segovia o Córdoba. Tengo todavia fresco en la mente mi primera visita a esta ciudad hace ya 32 años, uno de esos descendientes de españoles, me sirvió de interprete en su castellano primigenio con un taxista turco y también recuerdo de aquel viaje, que la comunidad “sefardita” de Estambul editaba un periódico en castellano antiguo. Las sinagogas que todavía podemos observar en Balat son: la de Ahrida, de gran importancia para la comunidad hebrea de origen hispano y la Sinagoga Kastoriya, la única en Estambul que construida en madera  aun perdura.

Por la orilla de Cuerno de Oro camino de barrio de Fener, podremos recorrer un grupo de iglesias cristianas entre las que destaca la Catedral de San Esteban de los Búlgaros (Bulgar Kilisesi), construida por piezas de hierro fundido en Viena, fue traída en barcazas por el Danubio, montándose en este lugar las piezas en 1871. Su silueta destaca en las orillas de Cuerno de Oro y hoy sigue siendo utilizada por la pequeña comunidad ortodoxa búlgara que reside en Estambul.

A continuación podemos visitar la Iglesia de Santa María de los Mongoles (Kanli Kilise), algo mas escondida y sin tanta prestura como la anterior, tiene su importancia por ser el único templo que se ha mantenido desde su constitución en el siglo XII en poder de la iglesia ortodoxa.

Para finalizar nuestro recorrido por la orilla de este pequeño brazo de mar, visitaremos la Iglesia de San Jorge o Patriarcado Ortodoxo, sede del Patriarcado de Constantinopla, máxima jerarquía religiosa del cristianismo oriental después del cisma de 1054.

En la orilla opuesta nos encontramos otro de los barrios históricos de Estambul, Gálata donde se asentaron los Genoveses en el siglo XII, construyendo su famosa torre (Gálata Kulesi) que les serviría de observatorio y centinela, controlando desde ella todo el trafico marítimo del Bósforo. Podemos ascender a su mirador, desde el que divisaremos uno de los mejores panorama que de Estambul se pueden contemplar.

Muy próxima a ella podremos visitar la Sinagoga de Neve Shalom que fue atacada en 1986 por un grupo terrorista palestino produciendo 22 muertos. Es la mas hermosa e importante de las sinagogas de Estambul, situada cercana al barrio de Hasköy, en el pasado uno de los asentamientos judíos más importantes de la ciudad.

Ya solo nos queda por ver lo que de Bizancio ha quedado en el centro histórico de lo que fue Constantinopla. Un poco apartada, pero no muy lejana a la zona de Sutanahmet, a mitad de camino entre la gran Mezquita Azul y el pesquero barrio de Kumkapi, encontramos la Pequeña Santa Sofía o Iglesia de San Sergio y San Baco (Küçük Ayasofya Camii), que no podemos dejar de visitar. Convertida como otras tantas en mezquita, es una joya indispensable de admirar, aunque poco visitada por los viajeros. Pequeña y recogida, nada comparable a su hermana mayor Santa Sofía, fue construida en el siglo VI por orden de Justiniano y es una buena muestra del estilo arquitectónico Bizantino. Su interior de dos plantas soportadas en columnas bajo una cúpula central, es austero, la blancura de sus paredes le dan una luz especial, el silencio sobrecoge; su cuidador nos invita a que la visitemos con detenimiento, capiteles, arcos, lámparas e inscripciones, llaman nuestra atención, hasta un pozo artesiano hay en su sala central, la simpleza de su hermosura nos produce un enorme sobrecogimiento.

Desandamos nuestros pasos para ir a lo que en tiempos romanos fue el Hipódromo, hoy es un parque en el que quedan como restos de él, la Columna de Constantino, el Obelisco Egipcio y la Columna Serpentina.

Muy próximo a este parque en la calle Klod Farer (Klod Farer Caddesi) un mundo bajo tierra se haya a nuestros pies, la Cisterna Binbirdirek o Cisterna de las 1.001 columnas, fue mandada construida en el siglo IV por Constantino, tiene prácticamente intactas la totalidad de sus 224 columnas, una pena no poderla contemplar en su estado original pues ahora se encuentra desecada, reconvertida en un centro de ocio y cultura.

Para poder admirar mejor este mundo subterráneo cruzaremos la calle del tranvía y justo enfrente de Santa Sofia encontramos la Cisterna de la Basílica (Yebaratán Sarayi), aquí si podemos ver en su estado natural ese paisaje casi espeleo que los Bizantinos crearon en el siglo IV para resistir los asedios otomanos. La magia del agua y la luz envuelve este espacio, las gotas al caer se funden con la musica, estamos en un mundo encantado del que nos costara salir. Cien años les costo a los turcos después de la toma de la ciudad, encontrar este lugar que a diario pisaban por encima. Sesenta de estas cisternas aun quedan en Estambul, algunas de ellas convertidas en centros comerciales o restaurantes de moda, otras abandonadas por el paso del tiempo.

Partimos hacia la zona palaciega de Topkapi, donde en la época Bizantina estaba situada la antigua acrópolis y una ciudadela, podemos todavía ver de este periodo la muralla bizantina que lo rodea. También queda dentro del recinto del Serrallo la Iglesia de Santa Irene (Aya Irini Kilisesi), primer santuario cristiano que se construyo en la ciudad, edificado sobre templos anteriores de otras creencias, siendo la sede del Patriarcado de Constantinopla hasta que se termino de construir Santa Sofía, durante la etapa otomana se usó como depósito y arsenal de los guardias jenízaros.

He querido dejar para el final la visita de la Iglesia de Santa Sofía (Aya Sofya), máximo ejemplo de la arquitectura en Bizancio y uno de los edificios más singulares que de la antigüedad existen en esta tierra que los humanos habitamos.
Antes del actual templo hubo dos edificios que le precedieron. Constantino en el año 360 mando construir la primera iglesia en ese mismo lugar, a la que denominó " Megale Ekklesia", pero fue pasto de las llamas en el 404 al estar básicamente construida en madera. Por mandato de Teodosio, inmediatamente se comenzó a edificar otra ya en piedra que la sustituyera, pero una rebelión la arrasó por completo, emprendiéndose poco después, entre los años 532 y 537 a instancias de Justiniano la construcción de la catedral que hoy podemos contemplar.

No me voy a extender sobre los rasgos constructivos, iconoclásticos o históricos de Santa Sofía (Casa de la Sabiduría Divina); en cantidad de artículos, documentos y guías encontraremos información mas docta de la que yo aquí os pueda trasladar, simplemente hablar de su majestuosidad, de la insignificancia en la que dentro de su recinto parecemos. Todo en ella es grande, las columnas, las cúpulas, los espacios, los medallones que instalaros los turcos después de su conquista por Mehmet II, a la que entro en caballo convirtiéndola inmediatamente en mezquita y celebrando en ella la primera oración del viernes. Estremece hasta el silencio que se respira aun cuando está siempre llena de multicolores curiosos, una tenue luz la ilumina a través de sus ventanas, luz que intenta no molestar, como lo intenta también la que desprenden sus colgadas lámparas que caen desde la impresionante altura de sus bóvedas. Sobrecogen sus espacios abiertos que hacen reflexionar sobre su construcción; una sobreposición de cúpulas, sujetando las inferiores a las superiores generan esta magnitud de dimensiones. Esta formula arquitectónica fue usada por los constructores tucos posteriormente para la edificación de sus mezquitas y grandes edificaciones en todo el imperio otomano, sobre todo el gran arquitecto Sinan del que podemos contemplar los mejores ejemplos siguiendo el articulo de dicado al Estambul Otomano  de este blog.

De los restos que contenía su interior, se sabe que estaba cubierta por hermosos mosaicos, actualmente solo podemos disfrutar de algunos de ellos como el Pantocrátor del nartex de la entrada, los que en el primer piso encontramos de Jesucristo con Constantino IX y la emperatriz Zoé, otro de la Virgen con el emperador Juan II y su esposa Irene y un tercero que personifica la “Deixis” (plegaria perfecta), representando a Jesucristo entre San Juan Bautista y la Virgen, en el centro del ábside podemos contemplar uno magnifico de la Virgen y el Niño.

En síntesis, una obra que solo se pudo mejorar en majestuosidad y grandeza pasado un milenio, superada solo al ser construida la basílica de San Pedro en Roma. Hoy sigue siendo la cuarta iglesia mas grande del mundo, solo rebasada por la mencionada de Roma, la catedral de San Pablo en Londres y el Duomo de Milán. Un compendio de arte, misticismo, religión y grandeza construido hace mil quinientos años.

Aunque todavía hay mas restos de Bizancio por toda la ciudad y el tiempo, aliado de la ciencia, se encargara de encontrar nuevos, aquí os he dejado los más singulares de este mágico periplo histórico de la Europa Oriental que fue Bizancio.