viernes, 12 de enero de 2024

- Celtíberos...... a orillas del Izana - El Castro de San Cristóbal (Ermita de los Santos Mártires - Las Cuevas de Soria)

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Hay quien hoy en día a las tribus “celtíberas” les denomina nuestros antepasados, sin pararse a analizar las vicisitudes históricas que en las tierras sorianas han sufrido a lo largo de los dos milenios largos que desde entonces llevamos vividos los que originarios de esta meseta nos sentimos, sin saber que tipo de “genes” llevaremos en nuestra sangre. Mas de una sorpresa se llevarían muchos, si al hacerse un análisis genético vieran que gran parte de su pasado fueron algunas tribus beréberes venidas del norte africano, esos mismos a los que de forma no muy cariñosa se les denomina como “moros”. Gentes que habitaron nuestras tierras en algunos casos durante 800 años, tiempo suficiente para crear una mezcolanza cultural y genética que en gran parte ha llegado hasta nuestro tiempo.



Fusión cultural y progresiva es así mismo la que originó el apelativo de Celtíbero, a la mezcla de los originarios pueblos “iberos” con las tribus celtas que llegaron a Iberia allá por entre los siglos VIII y VI a. C. procedentes del levante europeo o de oriente medio. Habitaban el sector oriental de la Meseta Norte, siendo la actual provincia de Soria el territorio en el que las tribus celtíberas dejaron una importante huella de su presencia a través de la “cultura de los castros” aunque se extendieron mucho más de estos límites. Las aldeas fortificadas; situadas en lugares prominentes y elevados, con buena defensa y adaptadas al terreno; que se extendieron por gran parte de la meseta entre los siglos VI y IV a. C. consolidando una forma de vida que a partir del siglo III a. C. se transforma en algunos casos en las primeras ciudades (Numancia como ejemplo cercano).




Podemos ubicar los territorios de “Celtiberia” a las extensas áreas enclavadas en los escarpados márgenes donde se unen las cordilleras Ibérica y Central y tierras circundantes, ocupando parte de las cuencas al sur del río Ebro, así como las partes altas del Tajo y del Duero. Demarcación definida por los historiadores romanos como “áspera, montañosa y por lo general estéril”, muy condicionada a la dureza de su inclemente climatología.

 

En nuestro rededor (me estoy situando en Quintana Redonda - Soria), ubicándonos en la linde de lo que fueron los territorios de “pelendones” y “arévacos”, los primeros más al norte, los segundos más meridionales, entorno a los ríos Duero, Mazos, Izana, Sequillo, Milanos y Abión. En apenas una imaginaria línea de unos 37 km. que partiendo de Garray en dirección suroeste nos situaría en Calatañazor, se sitúa la zona donde he podido referenciar hasta seis de esos asentamientos “celtíberos”: Numancia (Garray), Castro de Ontavilla (Carbonera de Frentes), Castro de Castilrreño (Izana), Castro El Castillejo (Nódalo), Los Castejones (Calatañazor) y Castro de San Cristóbal (Las Cuevas de Soria).

 

Es hasta este último en la cercana población de Las Cuevas a donde nos dirigimos a finales de agosto, para contemplar como realizaban la exhumación de los restos de dos fallecidas (una adulta y una niña) en las excavaciones que se estaban realizando anexas a la ermita de Los Santos Mártires que, ubicada bastante por encima de la aldea en el Cerro de Castro, está dedicada a los patronos de la población. 


El antiguo poblado acomodado a la morfología de su entorno, solo era accesible por su lado este, ya que el resto de su contorno son prácticamente escarpaduras en algunos casos verticales (oeste). Es por ello que en esta zona menos protegida de forma natural fuera defendida por un grueso muro de mampostería, con una longitud de aproximadamente 93 m.  calculando, junto con el foso que así mismo lo protegía, que en algunos casos podría haber tenido una altura cercana a los 8 metros. Su interior ocupa una extensión de unos 5.000 m2. lugar donde se edificó la ermita y donde se han desarrollado las actuaciones arqueológicas aquí reseñadas. 



Siendo en la tercera cata, la más próxima a la ermita, donde se encontraron las estructuras de antiguas edificaciones bastantes espaciadas en el tiempo.  Corresponde la más antigua a una cabaña de la edad del hierro (siglo VI a IV a. C.), así como muros de construcciones pertenecientes al siglo IV d. C. ambas pendientes de su análisis y datación definitiva. También se encontraron los esqueletos completos de dos individuos, en este caso femeninos, correspondientes a una adulta y una niña que pudieran pertenecer al asentamiento del último periodo (siglo VI), lo cual igualmente está pendiente de acreditación.

 

Los arqueólogos responsables: Antonio Chain Galán, Cesar Gonzalo Cabrerizo y Francisco Rodríguez Plaza (este último oriundo quintanero), analizando los distintos asentamientos existentes en la zona y su evolución en el tiempo, lanzan la hipótesis de un periplo habitacional en un radio de influencia de apenas 5 km2. durante casi un milenio. Pudiendo haberse instalados primeramente en el Castro de San Cristóbal (Las Cuevas), trasladándose posteriormente a Castilrreño (Izana), para posteriormente descender a la vega asentándose en la Villa Romana de La Dehesa (entre Izana y Las Cuevas), para terminar nuevamente en el Castro de San Cristóbal (Las Cuevas) posiblemente refugiados de algo o de alguien.
 

Sobre la existencia de restos del pasado en el Cerro de San Cristóbal hay información documental desde el siglo XVII (los lugareños de Las Cuevas seguramente mucho antes), teniendo conocimiento de lo referido a ello por parte de:

      - Lope de Morales y Trujillo (nacido en Las Cuevas), quien relata en 1627 sobre la aparición de los Santos Mártires, crónica resumida por el clérigo Celestino Zamora (finales del XIX o comienzos del XX).

     - Juan Loperráez Corvalán, trasladándonos en 1788 sobre la aparición de una lápida seis años antes.

    - Eduardo Saavedra y Moragas, que en 1861 (no haya nada sobre el terreno, pero relaciona los restos hasta entonces encontrados por el lugar).

      - Blas Taracena Aguirre, quien en 1941 realiza la primera investigación sobre el Cerro del Castro.

     - En 1972 Fernández Miranda lo incorporó en su trabajo sobre los castros sorianos.

    - También José Alberto Bachiller Gil en 1987, lo relacionó en su estudio sobre los Castros del Alto Duero. 

     - Siendo la Carta Arqueológica de la Provincia de Soria realizada en 1991 Pascual Diez, el trabajo más correcto realizado hasta el momento.   



    La excavación de este verano del 2023, debe considerarse la primera que se realiza en el lugar con rigor científico, descubriendo en los apenas 50 m2. un importante material que anima a seguir en sucesivas campañas, habiendo salido a la luz de entre los secretos guardados bajo tierra más de dos mil años:

       - Fondo de Cabaña, dos enterramientos del siglo VI d. C. (mujer y niña).

       - Muro de piedra.

       - Piezas de cerámica.

      - 17 pesas (numerosas en relación a la cata realizada) de posibles tensores para sujeción de cubiertas o telares.

 

Es curioso la relación de la población de “Las Cuevas” con las exhumaciones de remotos tiempos, pues a las aquí referidas, -mujer y niña exhumadas en 2023-, hay que añadir las de los supuestos “Santos Mártires” Sergio, Bachio, Marcelo y Apuleyo, que aparecieron en 1477 (como afirma Loperráez) o finales del siglo XIV (según Lope de Morales) junto a un pergamino dando información de los allí enterrados. Sobre el descubrimiento de los restos de los canonizados mártires, tanto Blas Taracena como anteriormente Loperráez tienen sus reservas, siendo este último el que afirma que las letras del pergamino no son muy antiguas, existiendo solamente este documento para la autenticación de las reliquias estando además el susodicho manuscrito extraviado. Hay así mismo que añadir a la relación de hallazgos necrológicos del asentamiento, una lápida sepulcral de origen romano que sirve como dintel para la ventana de la sacristía en la ermita, donde se hace referencia a “Valeria Titulla y su hija de 12 años”, que debieron estar enterradas en sus proximidades, ya que allí se encontró la estela con su epitafio. Teniendo información a través de Pascual Madoz en la aparición de más sepulcros con hombres armados.




Durante la excavación realizada en el verano de 2023, se han encontrado dos épocas diferenciadas: la más antigua correspondiente a la 1ª Edad del Hierro (siglo VI a IV a. C) y otra correspondiente al siglo IV d. C (ambas pendientes de su análisis y datación definitiva).



Se presupone un periplo de asentamiento humano que pasaría:

      - 1º por el Castro del Cerro San Cristóbal (siglos VI a VI a. C.)

      - 2º por el Castro de Izana – Castilrreño (siglos II a I y. C.)

      - 3º por la Villa Romana de la Dehesa - Las Cuevas (siglos III y IV d. C.)

      - 4º regreso a las alturas del Castro de Cerro de San Cristóbal (siglo IV d. C.)


Para finalizar estos párrafos dedicados a los celtíberos que habitaron las orillas del Izana, resaltar como el signo de identidad de Soria, el “caballito de Numancia”, que todo soriano que se aprecie lleva pegado en la trasera de su vehículo, es en realidad una “fíbula” (broche) de la que se valían los individuos de aquel entonces para con ella amarrar o sujetar su “sagum”, prenda de áspera lana que le cubría prácticamente todo el cuerpo a modo de capote, poncho o especie de manta, que se sujetaba con este original e identitario elemento sobre el hombro derecho. Prenda enormemente practica para combatir los fríos inviernos del interior ibérico, hasta el punto que los romanos la adoptaron para su ejército. Manteniéndose como atuendo ante las inclemencias no solo hasta el final de la dominación romana, siendo usado así mismo durante el medievo, derivándose de ella la palabra “sayo”.  


Recalcar sobre este símbolo equino, el que era usado como regalo, agasajo o reconocimiento por los jefes tribales celtíberos, cuando sellaban un acuerdo o pacto entre distintas tribus o poblaciones.  De ahí la abundancia de este tipo de iconografía (caballo con o sin jinete) que se ha encontrado entre los restos de la cultura celtíbera (cerámica, fíbulas, estelas funerarias e incluso en monedas acuñadas) por las distintas actuaciones arqueológicas.


viernes, 5 de enero de 2024

- Burgo de Osma (Soria) – Luces de la Ciudad

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El serrano pueblo salmantino de La Alberca ha sido distinguido con el premio “JUNTOS BRILLAMOS MÁS”. Galardón que una conocida marca de bombones con envoltorio áureo ha celebrado a comienzos de este invierno, para designar este año la población que más méritos tuviera para ello. Seguro que La Alberca es merecedora del tan honroso título, al igual que las otras cinco seleccionados de la extensa geografía hispana: Benasque en Huesca, Ribadesella de Asturias, Iznájar en la serranía cordobesa, la orensana Celanova (Ourense) y El Burgo de Osma en la Soria castellana. Bien es verdad que en La Alberca se respira misterio y tradición a través de su bien conservada arquitectura secular y popular, al igual que en el resto de sus competidoras destacan a simple vista las cualidades que las han hecho merecedoras de completar el sexteto. 



Aunque yo, desde estos párrafos, no voy hacer causa con ningún spot publicitario de ninguna marca comercial y menos de unos chocolates cubiertos de trocitos de avellana troceada que incómodamente se depositan entre los dientes al comerlos, cuando hay otros que rellenos de delicioso licor se desvanecen y funden sutilmente el las bocas de los mortales humanos…..... ummmmmmmmmm. Si que quiero a través de estas líneas (y aunque no fuera la elegida en el certamen), dejar constancia de los valores, lindezas y sensaciones que da por estas fechas de Navidad, Fin de Año y Epifanía, el pasear por las calles de la soriana población del Burgo de Osma, bajo las luces puestas a propósito para estas fiestas en sus calles y plazas. De un gusto exquisito sobre todo las instaladas en la Plaza Mayor, con sencillez, delicadeza y buen grado……. un encomiable aplauso para quien haya elegido el diseño.

 

No puedo por menos que de la población burgense hacer valer el resto de sus méritos que no son pocos: Además de la bien perfilada y mencionada Plaza Mayor, cuenta con otras más, de las que destacan la Plaza de la Catedral y la inmediata de San Pedro totalmente porticada. Es precisamente el recorrer su casco antiguo por entre los numerosos y característicos soportales sustentados muchos sobre pilastras de madera (otro de los lujos que nos depara la urbe), ameno paseo que podemos realizar hasta un día de lluvia sin mojarnos un ápice. Encontrándonos en una población llena de historia, con uno de los conjuntos urbanos más relevantes de todo Castilla y León.

Sin lugar a dudas, la construcción más significativa de la villa y sobre la que se desarrolló su población a partir del siglo XII es su “Catedral” que, aunque de origen románico (Sala Capitular siglo XII) es mayormente gótica (siglo XIII). Dedicada a la Asunción de la Virgen, ha sido diócesis episcopal desde la Alta Edad Media ya en tiempo visigodo a finales del siglo VI, cuando se celebró el Concilio de Toledo, reinando Recaredo. Hoy los sorianos muestran orgullosos esta magnífica edificación que está considerada como la “quinta“ catedral de las existentes en suelo patrio.  




En 1101 tomó posesión de su jurisdicción Pierre de Bourges (Pedro de Osma), un prelado benedictino de la orden de Cluny. Siendo quien tomó la decisión de construir la Catedral en la margen izquierda del Ucero, a las afueras de la ciudad de Osma y en la orilla contraria del río, dando origen a un nuevo arrabal que hoy es El Burgo de Osma, siendo su precursor: obispo, patrón de la ciudad, santo, monje, constructor, milagrero y francés.




Visitarla un día tranquilo, fuera de los agobios estivales, es una de las mejores penitencias a las que podemos estar sometidos los agnósticos pecadores. Recorriendo sus altivas naves con esa luz que nos regala el gótico, perdiéndose nuestra vista en las filigranas de sus nervaduras. Para más añadido, recrearnos en el policromado sepulcro de su fundador el “gabacho” transformado en San Pedro de Osma, que con tanto acierto se ubica en la magnífica Sala Capitular.

 

Custodiando, si acaso, uno de los pocos ejemplares existentes de “Beato de Liebana”. Ese extraordinario manuscrito, con copiosas y excelentes ilustraciones que, realizadas durante el alto medievo, nos trasladan los “Comentarios al Apocalipsis de San Juan” bajo la visión de un monje de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) conocido como “Beato”, recreara a finales del siglo VIII. De estas fastuosas y vistosas obras de incalculable valor, apenas existen una treintena (algunas de ellas incompletas) en todo el orbe, estando una de ellas salvaguardada en el Burgo de Osma, justo al lado de los restos del obispo y fundador de la población.

Otro de los enclaves sugerentes del Burgo, es sin duda el entorno de la Puerta de San Miguel, la única que ha resistido de su vetusto recinto amurallado al paso del tiempo, estampa que podemos observar en todo su esplendor desde el Puente Viejo o de La Matilla (Puente del Moro) sobre el río Ucero. Se trata del rehabilitado y recuperado acceso al casco histórico que acertadamente se realizó en el año 2006, generando una singular trasformación a la urbe, cambiando totalmente la visión y lucimiento que de la villa medieval se tenía hasta entonces.




Hacia el sur, aguas abajo del Ucero y formando parte del Parque del Carmen, nos encontramos lo que fuera el “Portalón” de la Casa del Arcediano (ubicada antes de su desaparición en la calle Eleta), así como unas columnas que conformaban su patio. En verdad una estampa coqueta conformando parte del paseo fluvial del rio Ucero.

 

Continuando el recorrido por la ribera del río nos allegamos hasta Osma. Ni que decir de la estampa que se tiene desde los aledaños de la Iglesia de Santa Cristina en Osma, con el bucólico Puente Medieval de tres ojos y origen romano, con la silueta de la Torre del Agua, y los restos del belicoso, aguerrido y fronterizo Castillo de origen cristiano (siglo X). Uno de los más antiguos bastiones de la frontera del Duero, baluarte que sirvió de ensayo en el uso de peculiares e ingeniosas saeteras con las que impedían a los arqueros hostiles embocar sus disparos hacia ellas, mucho más estrechas de lo normal e inclinadas en su interior hacia la pendiente. Ejemplos de ellas se instalaron en Tierra Santa años después, durante la Primera Cruzada. Se cree que el modelo “Saetera de Osma”, fue extrapolado por un noble oxomense, que se dedicó a guerrear por aquellas tierras en tiempos de las Cruzadas.

 

Fuera del casco antiguo y a extramuros, se situó durante el siglo XVI la Universidad de Santa Catalina de Alejandría (Hipatia para algunos eruditos), donde se formaron los estudiosos y aplicados sorianos desde 1541 a 1841, trescientos años de actividad universitaria aunque no de forma continua. Hoy el edificio sirve de Hospedería Termal, situándose entre uno de los mejores establecimientos de este tipo de todo Castilla y León. Teniendo como añadido para cuerpos sensibles una piscina que recrea la vecina iglesia prerrománica de San Baudelio con sus pinturas y columna central en forma de palmera.

Hemos hablado de un rio, el misterioso Ucero, tributario del Río Lobos con su imponente, espléndido y visitado “Cañón”, pero el Burgo tiene otro río y hasta podríamos encontrar un tercero. Se trata del no menos enigmático Abión, que surgiendo de las entrañas de la tierra en el potente manantial de “La Fuentona”, agrupa sus aguas al primero justo pasada la urbe del Burgo de Osma. Siendo el lugar donde se unen las aguas de sus cauces, en lo que ahora se conoce como Las Tenerías (barrio de los curtidores), donde se ubicaba la antigua aljama de la ciudad, el barrio hebreo o judío. El tercero de los ríos podría ser el Sequillo, que bordea la población entre montes y atalayas por el sur, pero como su nombre indica, solo en ciertas ocasiones lleva agua.




Al comentar de atalayas, el Burgo puede alardear de tener hasta tres y de origen musulmán, que formando parte de una extensa red; de la que ya he comentado por este medio en otras ocasiones y seguiré en ello; que servían como medio de comunicación con Medinaceli, cuartel general sarraceno de la “Frontera del Duero”. Pudiendo desde ellas observar movimientos de dudosa actividad bélica en el “cristiano” Castillo de Osma.

 

El origen de Osma se encuentra en Uxama, importante poblado–ciudad ibero-romana, cuyas ruinas se encuentran prácticamente intactas, ya que apenas ha sido excavada. Aun que si se sabe que gran parte del “castillo” y otras edificaciones, fueron usadas piedras de sus restos para su construcción. Aunque esto no es nuevo para aquellas épocas, siendo un sistema que se ha usado desde la noche de los tiempos y en prácticamente todas las culturas. Podemos comentar, hablando de romanos, que por el burgo discurrieron hasta tres Calzadas Romanas. Y del tiempo de La Mesta es su paso por ella de La Cañada Real Soriana Occidental

Por todo lo expuesto, unido al encanto de sus gentes, los torreznos y hasta sus afamadas matanzas, aúnan suficientes valores que le hubieran hecho merecedora del tan anunciado y cacareado concurso publicitario, promovido por la marca de dulces chocolateros.




Ha salido vencedora la preciosa población de La Alberca, aunque ni catedral, ni singular plaza mayor, ni puente viejo, ni pasado romano, ni río, ni castillo, ni calzadas, ni cañadas, ni santo, ni beato tienen, como los tiene El Burgo de Osma………… y además ni siquiera me gustan los “Ferrero Rocher”, ni me gusta la que fuera su imagen corporativa representada por la Srª. Presley…………. así que mejor seguir tal cual.




jueves, 28 de diciembre de 2023

- Feliz año 2024

 Venturoso y radiante 2024, os deseo a todos.



jueves, 19 de octubre de 2023

-San Esteban de Viguera y Barranco de Badén - Cameros

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La Tierra de Cameros es una de las conexiones ancestrales entre los valles del Ebro y el Duero, siendo a través del Puerto de Piqueras (Soria - La Rioja) y las gargantas del escarpado valle que traza el río Iregua, por donde los añejos caminos unían los dos cursos fluviales. Hallándose en el tercio del tramo final del cauce riojano la población de Viguera, aldea que en su tiempo tuvo curiosamente hasta reino propio, allá por el final del Alto Medievo entre los años 970 y 1005, siendo su soberano Ramiro Garcés hijo de uno de los reyes de Navarra. Hoy su población no llega a los 400 habitantes de los mas de 1.300 que llego a tener a principios del siglo XX, pero su inmejorable emplazamiento dominando todo el desfiladero, la sitúa como un lugar ideal para realizar desde ella visitas y recorridos por toda la zona del Camero Nuevo. 

A la población se la conocía en la antigüedad con la toponimia de “Vecharia - Vicaria” o “Baqira” en árabe, ubicándose en un lugar alto y estratégico a unos 80 mts. por encima del Iregua, dominando un ramal de la XXXII Calzada Romana del Itinerario de Antonino: Caesaraugusta (Zaragoza) - Vareia (Varea hoy barrio de Logroño) - Tritium (Tricio, población próxima a la actual Nájera). Desvío, que partiendo de Vareia pasaba por Almarza hasta llegar a Numantia, discurriendo (en el tramo que nos ocupa) por la orilla de la bucólica rivera del río, siendo en la actualidad el itinerario asfaltado que por la orilla derecha del Iregua se le conoce como “Camino de Nalda a Viguera” y que accede a esta ultima población por la empinada calle que desemboca en su Plaza Mayor.





Hasta esta colgada aldea, en mitad de la pendiente entre el río y las peñas del denominado Castillo de Viguera, deberemos de acercarnos para poder visitar la difícilmente calificable, nada convencional y diminuta ermita dedicada San Esteban. Siendo precisamente este santo uno de los precoces mártires del cristianismo, exactamente el primero que derramó su sangre por abrazar la nueva religión, teniendo el honor por ello de celebrarse su festividad el día posterior a la navidad, el 26 de diciembre.


La pequeña ermita o eremitorio, se encuentra emplazada en un original lugar imposible de encontrar casualmente, situado fuera de las miradas de las gentes que pudieran transitar por estas riveras, solamente y no muy bien se visualiza, desde las alturas de la población viguereña situada justo enfrente en la ladera contraria del rio o en los aledaños de esta. El lugar no puede ser de lo mas curioso, insólito y singular, pues se encuentra en uno de los numerosos vanos o covachas naturales que se abren bajo los potentes farallones pétreos de las "Peñas de San Esteban" o "Cabezas del Moro", pues por ambos nombres se los conoce. Encontrándose cobijada y protegida de las intemperies por una oquedad en forma de visera rocosa, un lugar que ante mi percepción se me antoja mágico, con unas vistas de los alrededores inigualables, observando desde la altura el discurrir de las aguas del río camerano. Siendo en gran parte este resguardo bajo las rocas el motivo de su decadencia, al sufrir los impactos por desprendimientos ocurridos a través del tiempo.

No solo su ubicación nos hace sorprender, pues su arquitectura es de lo mas inusual, extraña, rara e insólita para este tipo de construcción, pareciéndose más a un búnker alemán que a un espacio dedicado a la oración. Aparentando cualquier cosa menos un pequeño templo religioso, ya que sus formas redondeadas y miméticamente camuflada con el terreno contiguo, por su total enlucido de tonos terrosos, la asemejan ser un elemento mas del rocoso talud. Unas formas que la hacen ser única de su tipo en toda la región riojana y yo diría que hasta en el resto del país, resaltando en ella no solo su inusitado diseño y las interesantes pinturas de su interior, si no también las vistas y el entorno donde se asienta.


Al parecer se trata; aunque es difícil su datación; de una construcción posiblemente prerrománica siglos IX, X (mozárabe) o incluso del V al VIII (visigoda), pudiendo ser la iglesia u oratorio de una comunidad de monjes eremitas, que habitaron las diferentes cuevas que hay en la zona, completando un pequeño cenobio en tiempo de los “godos”. Observándose similitud con otras iglesias visigóticas y prerrománicas, que podrían datarla entre la segunda mitad del siglo VIII y principios del IX. Si que se sabe que fue reformada durante el siglo XII, cuando se le añaden las pinturas murales de su interior.

No es una construcción grande mas bien austera en tamaño, con unas dimensiones aproximadas de 8 x 4,50 metros y correctamente orientada a los cánones litúrgicos (ábside o cabecera a levante y pies a poniente). Consta de planta cuadrada (ligeramente trapezoidal), con cubierta en bóveda de medio cañón y pequeño ábside semicircular, encontrándonos en su interior un arco triunfal de medio punto con dos aberturas laterales, separando el altar y la nave. De aspecto robusto y tosco, el templo se erigió con materiales de no muy buena calidad en mampuesto, aun así la imagen que genera por su esplendido emplazamiento le confiere un aire ascético, convirtiéndola en una coqueta joya del románico riojano.





Su interior aun mantiene pinturas murales, cuya temática se relaciona con el Apocalipsis, representando similitud de trazos con los códices “Beatos”, en especial con los dibujos en los manuscritos mozárabes de San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla, si bien algunos no dudan también en compararlos con los frescos mas antiguos de San Baudelio de Berlanga (Soria). En realidad, sólo se conservan apenas 2/5 partes del conjunto originario, pues se ha perdido completamente la decoración del muro sur, de las bóvedas y de la mayor parte de la cabecera. 


Hay que hacer hincapié, de que la practica totalidad de los templos románicos estaban cubiertos en su totalidad con representaciones que explicaban la vida de “Cristo”, “La Virgen” o los “Apóstoles”, representándose así mismo de forma despiadada y tenebrosa los atroces castigos a los que serian sometidos los que cayeran en pecado. Estas representaciones en infinidad de casos y por motivos diversos han desaparecido, siendo estas prácticamente de las pocas existentes en este territorio. Estando catalogadas como “el conjunto pictórico románico más importante de La Rioja”.

Pasando los siglos, la humilde ermita cayó en el mas absoluto olvido, hasta que fuera nuevamente tomada en valor a mediados del siglo pasado, pero la ruina y el abandono se habían adueñado de ella. Estando gran parte del ábside destruido por algunos desprendimientos de rocas perjudicándola enormemente, requiriendo una intervención de remiendo que se realiza a lo largo de 1953. En 1983, ya en plena democracia y con las competencias sobre patrimonio en poder de las Comunidades Autónomas, se declara la ermita como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), pero el desinterés de la administración custodiante es patente, y durante la década de los años 80 y 90 sufre los efectos vandálicos de los descerebrados de turno, destrozando la cerradura de su puerta, realizando pintadas y grafitis en su interior incluso por encima de las pinturas, sirviendo de corral para el ganado e incluso se realizaron hogueras de todo tipo y uso. Es este estado de cosas se determina en 1997 una intervención en el edificio, siendo restauradas las pinturas en 1999 y acondicionado tanto el exterior como en interior de la pequeña iglesia en 2014, estando desde entonces en un aceptable estado de conservación.


Se llega hasta ella por un empinado, zigzagueante y tortuoso sendero que se eleva unos 100 metros monte arriba durante un trecho de algo mas de quinientos. Vereda que, partiendo desde el punto kilométrico 305 de la carretera nacional N-111 Soria – Logroño, va dominando en su ascensión todo el valle, hasta llegar a los rojizos taludes rocosos bajo los cuales se sitúa el oratorio de San Esteban.

La llave de la ermita ha estado custodiada desde hace décadas por Carmen en el antiguo bar de carretera conocido como "Venta de La Paula", justo enfrente de donde comienza el sufrido camino que nos llevan hasta la ermita, pero el fallecimiento de la verdadera cuidadora de la ermita en diciembre del año pasado y el cierre de la “Venta”, que llevaba el nombre de su madre, ha originado que en la actualidad la llave del candado está depositada en el bar “El Refugio” de Viguera, en plena Calle Mayor junto a la Plaza.


Para alargar el acceso hasta este extraordinario enclave del Camero Nuevo, hemos decidido primeramente adentrarnos en las lúgubres entrañas del Barranco de Badén, hasta casi su final. Para ello partimos desde las proximidades de la boca oeste del túnel de Viguera (aparcando junto al cartel que informa sobre el Barranco del Infierno), comenzando a caminar por entre vetustos olivos por una pista que nos llevara hasta la entrada al Barranco de Badén donde se sitúa unos corrales que debemos cruzar para introducirnos en las profundidades del estrecho roquedo. Nada mas cruzar los rediles del ganado podemos observar a mano diestra el Barranco del Infierno al que se refería el cartel del comienzo de ruta. Continuamos ascendiendo entre la vegetación por las estrechas paredes roquedas, hasta llegar a un desvió (izda.) que nos indica “grieta”. Se trata de un interesante, estrecho y oscuro desfiladero sin salida pero muy interesante de transitar, al que se le conoce como "Grieta peña Rota". Vueltos al recorrido principal seguimos subiendo, para por el cauce seco de la torrentera llegar hasta una especie de arco natural que hace una enorme roca desprendida de la pared, llegando hasta unas cuerdas encargadas de facilitan el paso, habilitando la salida del barranco hacia el norte, pudiendo continuar desde allí por varias rutas.





Nosotros retornamos por mismo recorrido realizado (ahora de bajada) hasta los corrales situados a la entrada del impresionante barranco. Desde los que tomamos dirección diestra en leve ascensión hasta llegar a un amplio collado que observamos frente a nosotros, continuando la subida por entre bancales abandonados en dirección noroeste hasta llegar a una vaguada donde deberemos buscar el paso entre la vegetación. Una  vez en la  ladera contraria y ascendiendo por sendas de ganado, en terreno ocupado por zarzales y espinos (aconsejable llevar pantalón largo y camisa de mangas largas), llegar hasta la parte baja de los farallones, donde se sitúa 400 mts. mas adelante la singular ermita.


Contemplar su atrayente apariencia nos genera a los mas profanos en este tipo de conocimientos, sensaciones de verdadero encantamiento, pues nos encontramos en un espectacular emplazamiento, en medio de un entorno hostil, ante un una simple y humilde construcción que sin embargo nos trasmite un cierto exotismo. Su ubicación en un paraje agreste, recóndito y casi oculto, las dificultades de su acceso para llegar hasta ella, las insólitas características de su aspecto arquitectónico exterior y los rescatados restos de sus pinturas murales, la convierten en uno de los enclaves mas singulares, mágicos, misteriosos y apreciados de la región……….. sin duda un lugar de imprescindible visita si decidimos recorrer la Tierra de Cameros.


Ya solo nos queda visitarla, descender la resbaladiza senda y por la orilla de la carretera retornar a donde hemos estacionado el vehículo.


Espero que el lugar os parezca de lo de más sugerente para acercaros a visitarlo.

miércoles, 4 de octubre de 2023

- Bardenas Reales…… en buggi

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De nuevo siento el rebato de las Bardenas Reales para volver de nuevo, hasta ese espacio tan baldío, reseco, árido y agreste, pero que rezuma belleza y extremas sensaciones de sosiego, quietud y placidez al visitarlo. Fue en el año 89 del siglo pasado cuando pisé por primera vez estas extrañas y áridas tierras. Por entonces no estaban tan publicitados sus paisajes y solamente algún perdido articulo en revistas de montaña y sobre todo los libros de Miguel Angulo, daban reseñas de este lugar que hoy se colma con viajeros de otras latitudes, sobre todo franceses. 

Repleto de extraordinarios horizontes por sus cuatro puntos cardinales, se sitúa en el sureste navarro de la Ribera del Ebro, casi en los límites de Aragón, La Rioja y la Castilla más oriental (Soria). En la franja de lo que correspondería a esa España Verde y sin embargo nos muestra un secarral desierto, donde no existe ningún núcleo de población desde tiempos inmemoriales, apenas algunos yacimientos de la Edad del Bronce de hace unos 4.000 años, estando catalogado como el espacio no habitado más extenso de Europa. 

Una de sus singularidades es la no pertenencia a ningún termino municipal, estando su propiedad desde tiempos inmemoriales en poder de la realeza, y de ahí sus apellidos de “Reales”, aunque aprovechamiento, explotación y beneficios recayesen sobre un grupo de 22 entidades (pueblos, valles e incluso un monasterio) denominadas “congozantes”, a las cuales, desde el siglo IX, los sucesivos monarcas le fueron cediendo sus derechos, hasta que en el año 2008 el estado, a través del gobierno de turno (Rodríguez Zapatero), les traspasa definitivamente la propiedad. Nadie vive en su interior, pero su territorio ha sido usado desde tiempo inmemorial para uso del ganado trashumante que se desplazaba desde los valles pirenaicos de Salazar y Roncal, recompensa real a estos valles por su apoyo en las luchas contra los musulmanes durante la reconquista. Llegando a establecerse en las Bardenas hasta 300.000 ovejas, más de la mitad de ellas de los pirineos navarros, manteniendo en la actualidad cada 18 de septiembre como fecha anecdótico-festiva para conmemorar la entrada de ganado a estas tierras, recorridas por cañadas reales (Cañada de los Roncaleses) y otros caminos ganaderos.


 No encontramos ante un paisaje duro, donde el viento, el sol y las fuertes lluvias con sus correspondientes escorrentías sobre unos suelos frágiles de arcilla y yeso, han moldeado un agrietado y singular panorama, conformado por altivos acantilados, potentes barranqueras (Barranco Grande o Barranco de Las Cortinillas) y cerros de verticales paredes que superan los 500 mts. (Piskerra, Rallón o Estroza), todo alternado con extensas llanuras de aluvión. Un entorno semidesértico en medio de una fantástica y frágil naturaleza de increíbles paisajes y formas, que le ha valido como reconocimiento para ser catalogado como Reserva Mundial de la Biosfera, Parque Natural, Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Reserva Natural (Vedado de Eguarás, Rincón del Bú y Caídas de La Negra), un espacio único donde recrearse de la naturaleza y el sosiego. 

Sosiego, cuando no se realizan prácticas de destreza los aviones de la OTAN, pues en su interior está instalado un campo de tiro-aéreo, que formando parte de lo que en su tiempo fuere una Base Militar "americana", establecida en plena dictadura y promovida por el general José Lacalle Larraga, que nacido en Valtierra (uno de los pueblos de las Bardenas) fue creada en 1951. Debo destacar que el mencionado militar, siendo procurador (diputado) de las Cortes Generales (franquistas), voto en contra (con otros 58 personajes mas) de la reforma política que abría el camino a la democracia en nuestro país. Polémica instalación que paso a ser usada por OTAN durante los años 80 del siglo pasado, al entrar nuestro país en esa organización militar (tiempos de Felipe González). Polémica instalación, con sus defensores (sobre todo las poblaciones que se benefician de su cuantioso alquiler) y sus detractores, que no entienden cómo se pueden lanzar bombas en un Espacio Natural. 

Nos encontramos ante un territorio singular por su composición geológica, debiendo de retornar veinte millones de años para entender su formación, tiempo en que estos suelos se encontraban delimitados y "cerrados" por la Codillera Pirenaica, el Sistema Ibérico y la Sierra de Catalanides, generándose con las consiguientes lluvias un gran lago sin salida, creándose a través de los millones de años unos enormes sedimentos. Pasado el tiempo y llegando a hace unos diez millones de años, esta enorme laguna consigue salir hacia el Mediterráneo, por la costa catalana, creando la cuenca del río Ebro. Con el transcurso del tiempo la acción del agua y del viento generan una potente erosión que aun continua, creando estos insólitos y espectaculares paisajes. 

Con una superficie de 42.500 hectáreas, lo que supone el 4% de toda Navarra, se extiende unos 45 kilómetros de sur a norte y alrededor de 24 de levante a poniente, conformando excepcional y extraordinario entorno, que a tan solo 70 km. de los Pirineos podemos calificar de desierto, pero no un desierto cualquiera. Visitarlo es casi imprescindible, conocerlo debería ser una obligación y recorrerlo una seducción. 



Un coctel de sensaciones nos encontramos al transitar por sus desnudos espacios de estéril aspecto, pero respirando vida, pulso vital observamos en sus humedales, cultivos y los aislados bosquetes de pinos, que entre los socárrales podemos vislumbrar. Un sobrecogedor entono de caprichosas y erosionadas formas que nos trasladan lo enigmático y mágico de lugar, que nos traslada a través de su orografía una enorme fuerza, pero que sin embargo alberga unos ecosistemas de suma fragilidad que debemos cuidar, proteger y mantener. 

Hacia las Bardenas Reales debemos acercarnos pero hasta que te decidas a ello, las puedes conocer mejor pinchando en estos enlaces:

- Piskerra y Rallón, que custodiando la Bardena Blanca, domina los entornos más claros, formados fundamentalmente por sustratos de yeso, que generan una vegetación esteparia, conformando su entorno la zona más visitada y espectacular.

- Vedado de Eguarás y Rincón del Bú, pudiéndose admirar en el primero, un pequeño circo rodeado de barrancos de yeso y poblado de sabinas, rebollos y romeros. En el caso del segundo abundan los cortados donde anidan los búhos reales (de ahí su nombre "bu"), alimoches y hasta águilas reales. 

Esta vez las hemos recorrido en "buggi", un alegre, atrevido y novedoso forma de transporte por el que se pueden transitar algunos de sus recorridos. Espero os guste.