miércoles, 18 de marzo de 2020

- Quinta Regaleira …… la magia de Sintra (Portugal)

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Segundo de los artículos elaborados durante mi reclusión, internamiento y aislamiento coronavirulesco.

Una sonrisa, una sensación, una mirada, un paisaje………. todos estos elementos puede contener algo de magia, e incluso hacernos sentir percepciones insólitas. Dedicamos tiempo y distancia a buscar esos sitios o esos instantes especiales, aunque no siempre los resultados son los esperados. Pero hay situados y momentos que si colman nuestras aspiraciones hasta convertirlos en exclusivos, esos son los que rellenan la memoria, regresando una y otra vez del pasado recuerdo al presente mental. Varios de ellos hay en mi memoria, algunos ya han pasado por estas páginas, pero ganas tenía desde hace tiempo de traer hasta ellas un emplazamiento especial que desde hace bastante conozco: La Quinta Regaleira, una finca de respiro veraniego en Sintra, población no muy alejada de Lisboa. 

Portugal siempre sorprende, debe ser ese sentimiento al que nuestros vecinos llaman "saudade", no siendo consciente si será el contagio de esa sensación de triste gozo, pero hay algo en su ambiente, en su luz o en las piedras de sus edificios, que me hacen regresar una y otra vez, sobre todo a la sugerente Lisboa. Marinera y fluvial, antigua y moderna, llena de brillos y colores, la capital portuguesa es un dulce regalo que se nos muestra desde sus evocadores miradores. Y si Lisboa es un meloso pastel en medio de este cercano país, Sintra es su guinda, una "piñata" rellena de sorpresas y mensajes. A tan solo 30 km. de la gran urbe lusa, esta población de obligada visita, es una verdadera maravilla que no nos dejará indiferentes a los que la visitamos, siendo una y otra vez las que me acerco hasta ella cada vez que visito la ciudad del "fado" y de Pessoa.  

Declarada Patrimonio de la Humanidad en l995, Sintra es una villa llena de glamurosas quintas y palacios, donde las clases altas de la burguesía y la aristocracia lisboeta de finales del siglo XIX, asentaron sus moradas de descanso y placer estival, erigiendo mansiones llenas de color y fantasía, simulando ser sacadas de cuentos infantiles. 

Debemos dedicar un tiempo a caminar por su pequeño pero encantador casco urbano en medio de una atmosfera de delicada decadencia. Colmado de singulares y excéntricas edificaciones con rincones de insólita belleza y originalidad, es una población de orografía irregular, como corresponde a los caseríos de sierra, de adoquinadas y empinadas cuestas, escalinatas y estrechos pasadizos. Destacan de entre sus edificios: el Palacio Nacional, que ubicado en medio de la urbe sobresale con sus inconfundibles chimeneas cónicas que se divisan desde cualquier lugar, y a las afueras el Palacio de Monserrate, de inspiración árabe pero con símbolos inequívocos de su carácter masónico, con cascadas y lagos entre sus jardines de exótica vegetación. Así como también el Palacio de Seteais hoy convertido en un hotel de cinco estrellas, con unos cuidados e impresionantes jardines. Igualmente el pastiche arquitectónico del Palacio de Pena en la cumbre de la sierra, y a mitad de camino de este último el Castelo dos Mouros: También miradores como el Miradouro da Ferraria, con una panorámica magnifica de la población. 

Sintra parece inspirada en una fábula de hadas, donde las ensoñaciones de sus fortalezas, palacetes y heredades se encuentran diseminados por sus montes. Siendo una población plagada de leyendas, supersticiones y misterios, así como de historias relacionadas con la alquimia y la masonería, condicionantes que han atraído permanentemente hasta este lugar a muchos aficionados al ocultismo y la cábala. 

Un pueblo engullido por el boscaje y frescor de una sierra que no sabe si es continental o marinera, pero sí que sabe desde tiempo inmemorial, su dedicación a los ancestrales "cultos lunares", como lo es también el Cabo da Roca, el verdadero Finis Terrae europeo. Sierra de la que emanan energías telúricas, propiedades que el ser humano ha descubierto desde los tiempos prehistóricos, fascinando a muchos artistas, músicos y escritores: Camoens, Hans Christian Andersen, Richard Strauss o Lord Byron entre otros, pero todos ellos con un elemento común, el de ser masones. 

Pero centrémonos en la finalidad que me han hecho escribir estos párrafos, la Quinta Regaleira, así apodada al ser su contemplación un verdadero "regalo" para la vista. Se encuentra apenas 700 m. del centro de Sintra, recorriendo la carretera que nos llevaría al Palacio de Monserrate y también al Cabo de Roca. Y en las primeras de las veces que pasé por ella, se encontraba cerrada al público y en manos de una empresa de construcción japonesa. Posteriormente fue adquirida por el Ayuntamiento de Sintra, abriéndose al público durante el verano de 1998. 

En 1715 Francisco Alberto Guimarães adquirió la propiedad, iniciando ya entonces la condición esotérica que se culminaría cien años más tarde, dándole fama al lugar por parte de Lord Byron y otros escritores invitados a la finca para realizar ritos masónicos. A finales del siglo XIX es adquirida por Antonio Carvalho Monteiro, brasileño de origen portugués, quien se había generado una gran fortuna en el país carioca gracias a sus negocios con el vino y el café, aunque parece ser que sus pingues beneficios provenían del comercio de esclavos. Es por ello que también se la conoce como do Monteiro dos Milhões (de Monteiro el de los Millones), por el apellido y apodo de su primer propietario. 

Carvalho Monteiro formaba porte de la masonería portuguesa, siendo entusiasta de las ciencias ocultas, el esoterismo y la astrología, queriendo dejar huella de ello en cada rincón de la heredad. Habiendo sido ideada la Quinta Regaleira como un completo templo masónico. 

Carvalho, siguiendo sus creencias y la tradición masónica que caracterizaba a esta quinta, mandó diseñar en ella un lugar mágico lleno de mensajes de carácter esotérico con multitud de enigmas y referencias a textos clásicos. Se sirvió del arquitecto, escenógrafo, pintor y también masón, el italiano Luigi Manini, para que realizara los estudios preliminares de toda la obra, diseñando un lugar de complicidad con la alquimia, los templarios y la masonería. Todos los espacios existentes satisfacen un plan ideado por Carvalho y dirigido por Manini, para ejecutar un recorrido por un microuniverso mágico, donde lo imaginario y lo real se dan la mano mediante un relato esotérico e iniciático, congruente con añejas sociedades secretas a las que el anfitrión pertenecía, algunas de las cuales habían tenido su implantación en la Sintra del Medievo.

Se comenzó a levantar en 1904, sobre un estilo que nos recuerda una mistura entre el gótico, el manuelino, el renacentista y también algo de románico, pero con infinidad de refinados detalles y elementos sobresalientes, que nos dejan entrever caracteres relacionados con los templarios, la masonería, la alquimia y la mitología clásica. La finca contiene gran cantidad de enigmas y misterios, pudiendo sentir durante nuestra visita como nuestro cuerpo se va recargando de una energía especial que hasta se respira en el entorno. Destacan de la Quinta Regaleira sus extravagantes y extraños jardines, llenos de cantarinas fuentes, delicados estanques, laberínticas grutas y pasajes ocultos, así como estatuas inspiradas en los dioses del Olimpo.  

Distintivos como el Sol, la Tierra y la Luna, se hallan repartidos por muchos de los espacios junto a la Cruz de la Orden de Cristo (la cruz templaría). Basta fijarnos en este símbolo decorando el fondo del Pozo Iniciático, así como el suelo de la capilla, para entender que toda la realización de la quinta está relacionada como un formidable templo masónico-templario. 

Habiendo llegado a nuestros días las reseñas de intrigantes historias sobre cultos masónicos y ritos satánicos, transmitidos de generación en generación. También relatos de los tiempos en que el palacio se encontraba cerrado al público, sobre la existencia en las noches de extraños cánticos provenientes de sus jardines,
encendido de focos en los pisos altos del edificio principal o luces a lo largo del bosque. Comentándose también que en ella se realizaban rituales y sacrificios esotéricos, sin diferenciar si satánicos o masónicos. Relatos sin confirmación real, pero que si trasmiten la especial sensación por parte de los lugareños que se respira sobre la Quinta, cargada de misterio y magnetismo. 

Nada más entrar se halla una referencia a la mitología clásica a través de nueve estatuas de dioses greco-romanos, entre otros: Hermes inventor del hermetismo y la alquimia, así como Vulcano inventor de la fragua. Ascendemos por senderos a través de jardines con la intencionalidad de llegar al Pozo Iniciático, dejando atrás la fuente egipcia, con la representación, mediante dos ibis, del dios de lo oculto en la mitología egipcia e inventor de los jeroglíficos "Thot". Descubriendo que todo tiene una iconografía encubierta y nada está puesto al azar. Ocurre con el banco de mármol ricamente decorado, que existe junto a la Gruta del Laberinto, se trata del que lleva el número 515, que corresponde a la edad del Espíritu Santo según aparece en la segunda parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri, siendo esta obra del poeta florentino una de las que inspiraron esta construcción. 

También está claro que en la Fuente de la Abundancia, por su simbolismo y representación, se han podido perpetrar ritos esotéricos o incluso satánicos, como algunas informaciones aseveran, ceremonias en las que se pudieran haber incluso realizado algún tipo de sacrificio. 

Y como no, el enigmático Pozo Iniciático, al que tras nueve tramos o niveles se asciende o se desciende, por unas arqueadas escaleras en espiral que parecen conducir al centro de la tierra, trasportándonos hasta lo más profundo del pozo (27 m). Realizando un simbólico descenso al averno, como si rememorásemos los nueve círculos del infierno o el purgatorio de la Divina Comedia de Dante. En el fondo vislumbramos, trazada en el suelo, una húmeda estrella de ocho puntas, que funde en una sola imagen el distintivo heráldico de los Carvalho Monteiro con la cruz templaría. Usado para rituales masónicos de iniciación, su alegoría está relacionada con las ancestrales creencias de que la tierra es el vientre materno de donde procede la vida, como así mismo el lugar donde retornara después de la muerte.  

Uno de los túneles de salida nos llevara hasta el Lago de la Cascada, para desde allí ir a la Torre de Regaleira que representa el eje del mundo, pudiendo disfrutar desde lo más alto de ella de una excelente panorámica de la población de Sintra. 

En el invernadero o estufa, que se ha reformado hace unos años y estaba abandonado cuando fui por allí, Carvalho, aficionado a la botánica, se dedicaba a cultivar además de plantas tropicales y raras, otro tipo de vegetales no exactamente decorativos tales como: estramonio, belladona y otros de tipo sicotrópico, que usaba en sus ritos masónicos. 

La coqueta capilla forma junto al Palacio uno de los elementos más vistosos e interesantes de todo el lugar. Dedicada a la Santísima Trinidad este bello templo de finas líneas, es un elemento más de las señales francmasónicas que nos envuelven durante todo nuestra visita, con una esfera armilar y la comentada con anterioridad Cruz Templaría, en el suelo de la cripta.  

Con formas neogóticas y manuelinas, en tonos grises y elevadas agujas, la Mansión o Palacio, que se encuentra a la derecha de la entrada pero a cierta altura, se nos presenta como la casa de la película "Psicosis" o la de alguna narración de Lovecraft. Quien sabe que secretos guarda entre sus paredes y salones, confeccionados con esmero hacia los esquemas más puros de la concepción masónica, pudiendo encontrar en su interior una magnifica biblioteca y un laboratorio alquímico ubicado en una significativa torre octogonal. Asomarnos a alguno de sus trabajados balcones o ascender a la terraza por su escalera de caracol, nos proporcionará unas vistas del jardín y sus secretos.  

Ya solo resaltar, que este conjunto de edificios es tan representativo para la simbología masónica de Europa, como los billetes de dóllar para los fundadores de los Unidos Estados de América del Norte. Recomendando hacer la visita por la mañana en un día de diario. 

A través página se puede acceder a unas hermosas láminas, que nos darán una imagen más real que estas simples letras: anyformdesignmapas. Y en este enlace podemos conocer al completo la simbología de todos los lugares existentes en Regaleira, su correlación entre ellos, y las claves mágicas que los relacionan con los escritos de los clásicos y dioses mitológicos: https://marcopolito56.wordpress.com/viajes/historia/el-misterio-de-la-quinta-de-la-regaleira/

Para terminar una jornada especial, deberíamos ir a contemplar el atardecer al Cabo da Roca, punto más occidental de la Europa continental, viendo romper las azules aguas contra las ocres rocas de los acantilados.

 

sábado, 14 de marzo de 2020

- Menorca…… por donde amanecen los días

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Con esta entrada-articulo completo la trilogía dedicada a la Isla de Menorca, comenzando el primero de mi reclusión, internamiento y aislamiento coronavirulesco.  

Situada en medio mitad del Mediterráneo occidental, esta isla, la segunda en tamaño del archipiélago Balear, se encuentra ubicada a 275 km. del Delta del Ebro, a 350 de la italiana isla de Cerdeña y a mitad de camino entre Malta y Gibraltar. Un lugar estratégico, codiciado en cada época por los países dominantes en el control de las rutas por todo el Mediterráneo.

De unos 700 kilómetros cuadrados, mantiene un paisaje sin grandes elevaciones donde predominan las colinas, con unas pocas áreas llanas de reducidas dimensiones, estando su máxima altura situada en el Monte Toro a 358 m. prácticamente ubicado en medio de la isla. Posee una abrupta costa norte con fuertes y vistosos acantilados, al contrario que la sur, donde la desembocadura de torrentes ha creado sugerentes calas, la mayoría con pequeñas y bellas playas de arenas finas, donde las aguas son inusualmente transparentes y ricas en biodiversidad. 

De todo el archipiélago balear Menorca es la menos conocida, pero sin duda la mas sorprendente. Resaltando sobre las demás la pureza casi inalterable de su primigenia naturaleza, siendo pocas regiones del territorio europeo las que puedan ostentar la categoría de tener declarados como protegidos dos tercios de su geografía, contando con gran parte de su litoral sin el cáncer especulativo del urbanismo playero descontrolado, así como de poseer la mitad de sus calas y playas de una virginidad absoluta, teniendo que aproximarse a ellas caminando como único medio de acceso. 



Su impoluto paisaje es la añadidura de todo lo demás, siendo la contemplación de sus atardeceres, o amaneceres………… para los que sean gustosos de madrugar, una práctica habitual en cualquier temporada y además gratuita. Con el añadido, de que al ser esta isla el punto más oriental de toda España…………... es justo por donde amanecen los días.  

He de resaltar la producción artesana de su producto más codiciado, el afamado queso con denominación de origen Mahón-Menorca. También de las acreditadas abarcas menorquinas (zapatillas veraniegas), de las que podremos observar tiendas y fabricas por toda la isla. Y como no su producto más internacional aunque de disputado origen, la "mahonesa", inventada aquí, pero con intenciones apropiatorias por parte de nuestros vecinos "gabachos".
 
Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, aragoneses y hasta turcos, pasearon sus tierras y navegaron sus aguas. Habiéndoles dejado herencia cultural todas las civilizaciones que por ella han pasado, en especial la de sus ancestros pobladores, a través de un patrimonio megalítico único en el mundo, la Cultura de los Taialots. No debiendo olvidar la fama "los honderos" (tiradores de honda) menorquines, que los ejércitos cartagineses y romanos emplearon con destreza en sus distintas guerrerías.
 
Siempre he comentado de la intensidad, ardor, vehemencia, inconsciencia e incertidumbre, vivida por nuestro país durante el inquieto siglo XIX, pues en Menorca su azarosa historia se adelantó 100 años, teniendo un movidito siglo XVIII. Ya que durante el periodo comprendido entre 1707 y 1802 la isla pasó por tres períodos de ocupación inglesa, un corto dominio francés, y unos años de reincorporación a la soberanía española. Estos hechos acaecidos ya hace ahora trescientos años, han generado sin embargo una fuerte personalidad en sus gentes, su arquitectura y en la idiosincrasia de la isla, es por ello bien se merecen unos párrafos en estas páginas. 

La guerra de sucesión en España entre Borbones y Habsburgos (Austrias), generó en Menorca una contienda interna entre los partidarios de Felipe V (el borbón) y Carlos III (el carlista), que si en un principio tomo mayoría por los de Felipe, se trunco hacia los de Carlos, para que con la ayuda de los franceses, los borbónicos recuperasen finalmente la isla entrando victoriosos a Ciudadela en enero de 1707. 

Más poco duró esta pírrica victoria, ya que los "metomentodo" de los ingleses (amiguitos de los carlistas), se apoderan navalmente de la isla en septiembre de 1708. Y como son, tal como son, si al principio reconocieron la soberanía de la isla a favor del aspirante Carlos, pronto se dieron cuenta del potencial estratégico de Menorca y se quedaron con ella como si de un territorio más de sus lluviosas y frías islas se tratase, confirmándose esta estrategia a través del tratado de Utrecht, que firmado un 14 de abril, pero del año 1713, cedió a los sajones tanto la isla de Menorca como el Peñón de Gibraltar (que como todos conocemos aun sigue entre sus apropiaciones), manteniendo la expansión imperialista de estos hijos de la Gran Bretaña, vicio irredento que más tarde retomaron sus primos de la otra orilla del Atlántico, los Unidos Estados de la América del Norte. 

Por aquel entonces la capitalidad de la ínsula la ostentaba Ciudadela, pero al gobernador británico Richard Kane, ante el rechazo hacia sus ademanes de los ciudadelanos, traslado en 1722 la capital a Mahón como represalia a hacia ellos, mermando el desarrollo de la misma en favor del gran puerto de levante.  

Este controvertido gobernador inglés, fue el promotor de la ejecución de una nueva vía de conexión del este y oeste insular, permitiendo que provisiones, carros de artillería, tropas y municiones, consiguieran transitar con más agilidad desde la Torre de Sant Nicolau en Ciudadela, hasta el Castillo de San Felipe en la entrada del puerto de Mahón. Sirviendo de alternativa más rápida a la existente, que hasta entonces cruzaba por los pueblos del interior, donde los soldados britanicos eran silbados y abucheados por los payeses locales, que los veían como enemigos y ocupadores. Conocido como "Camí d'en Kane o Kane Road", esta nueva comunicación no costó ni una libra a las arcas del rey inglés, ya que se obligo a que fuera pagada, realizada y mantenida de forma inapelable por los isleños, teniendo que trabajas en ella de forma gratuita con el sudor y lágrimas de todos los menorquines aptos para ello. Convertida en una carretera impopular por estos motivos, lo que al parecer indujo su retraso y financiación, provocó que durante más de una generación, ningún menorquín utilizase este nuevo trazado para su tránsito o trasporte. 

Una mañana de abril (día de Pascua) de 1756, ante la aquiescencia de sus ciudadanos, desembarcan en Ciudadela 12.000 soldados franceses, que atravesando la isla se dirigen a tomar la zona de Mahón en manos de los ingleses. Tras un arduo combate marino entre las escuadras británicas y francesas, la victoria se inclino hacia estos últimos. Es durante este periodo cuando los franceses fundan la población de Sant Lluís, erigiendo una iglesia al rey que dicen fue santo, pero que persiguió a los "cataros" del sur francés, hasta exterminarlos. 

Tan solo 7 años duran los gabachos en la isla, nuevos pactos y repartos internacionales devuelven la posesión a los británicos tras la firma del tratado conocido como la "Paz de Paris" de 1763. Siendo durante este periodo cuando los súbditos del rey Jorge fundan a la entrada del puerto de Mahón la población de Es Castell (Villacarlos), a la que apodan como Georgetown en honor a su soberano. Es esa agradable y marinera población el primer territorio del país en ver amanecer, al ser la que está situada más al levante (el punto más oriental de España es la cercana Punta de S´Espero - Fortaleza de la Mola, en la bocana del puerto de Mahón). 

Durante el verano de 1781 una escuadra franco-española, desembarcó en las calas de Sa Mesquida y Alcaufar, sitiando el castillo de San Felipe, que se rindió en febrero de 1782. Siendo precisamente la demolición de este baluarte la primera decisión que tomó el nuevo gobierno español al recuperar la soberanía de la isla. Y como casi siempre ocurre en nuestro país, durante este periodo de autoridad hispana que apenas duro 17 años, en vez de realizar carreteras nos enfrascamos en ver donde se pone la ubicación del obispado si en Mahón o Ciudadela, despertando de nuevo las rivalidades, recayendo sobre la segunda la decisión, merecedora de la misma por su magnífica catedral. 

Aun queda para terminar el agitado siglo pasar por otro aunque breve periodo de ocupación inglesa, entre 1798 y 1802.En noviembre de 1798 un importante contingente de tropas británicas es desembargado en Port D'Addaia al noreste de Menorca, tardando 10 días en controlar la isla e instaurar de nuevo la ocupación inglesa. Es durante este corto periodo cuando visita la isla en 1799 y ¿1800?, Horacio Nelson, el afamado marino y almirante de la Real Flota (quien nos diera chicharrón en Trafalgar cinco años después), donde mantuvo amores impropios con Lady Hamilton, esposa del embajador británico en Nápoles. 

Menorca vuelve definitivamente a manos hispanas en 1802, a través del Tratado de Amiens, que sellaba una frágil paz entre los ingleses y los franceses. Curioso e el hecho que cuando se estaba efectuando la ceremonia de entrega de la isla, recalaba por la entrada del puerto de Mahón un buque británico, con el urgente mandato de las autoridades anglosajonas que no entregar la isla al reino de España. Este retraso del navío cambio la historia de esta isla.

Cuando los gobernantes hispanos pusieron los pies en esta isla se encontraron una población con hábitos muy diferentes a las otras islas del archipiélago. La ocupación anglosajona había conducido a Menorca hacia la modernidad. Las ciudades de Ciudadela y Mahón, se habían convertido en puertos dinámicos que sustentaban itinerarios mercantes con las más importantes escalas del Atlántico del norte y por su puesto del Mediterráneo. El idioma catalán era lengua compartida con el inglés, y la Iglesia (que se había mantenido en el catolicismo) había dejado de tener el gran poder y dominio que siempre mantuvo sobre la población y sus gobernantes. 

Con la llegada de los españoles, las nuevas autoridades prohibieron el catalán, como ya lo habían hecho un siglo antes en Valencia, el resto de Baleares y Cataluña, suprimiendo también el inglés. Nombraron así mismo un nuevo obispo, por su puesto "castellano", que se dedico fundamentalmente a erradicar el idioma vernáculo de entre la población y de la iglesia. Medidas que consiguieron atrasar la isla, hasta el punto de cuando fue ocupada por los británicos, no recuperándose su actividad hasta pasado un nuevo siglo, o sea 200 de retroceso. 

De sus poblaciones destacar que las más importantes están en la costa Mahón (Maó) y Ciudadela (Ciutadella), quienes figuraron como capital en alguna de sus épocas, también es destacable el pueblo de pescadores de Fornell con su británica torre (la mejor conservada de toda la isla). Que situado al abrigo de una bahía de la costa norte, es afamado por ser donde dicen, se come la mejor Caldereta de Langosta de la isla, el plato mas ensalzado de Menorca (también el más caro y aquí más aun).

Del interior destacar la tranquila y gustosa población de Alaior, con sus callejas de impoluto blanco y su carnaval de febrero. Fiestas que se celebran en torno al singular personaje de Bernat Figuerola, el viejo, pícaro y licencioso zapatero de Alaior que se marchó de la ciudad para buscar fortuna en América alrededor de los años 30, y cada último martes de Carnaval se representa su muerte e incineración, dando lectura a su testamento lleno de ironía, repartiendo crítica a diestro y siniestro, contribuyendo de paso a plantear algunos problemas del municipio. 

Mahón es una ciudad (capital actual de la isla) con una complicada geografía, que la construcción de un ascensor entre el puerto y el Claustro del Carme está intentando suavizar. De ella cabe destaca sobre todo su puerto natural con 6 km. de longitud, ansiado por las grandes civilizaciones de la antigüedad y las grandes potencias europeas que querían controlar el Mediterráneo a mediados de milenio. La Iglesia de Sant Francés que se reparte con el interesante Museo de Menorca, el Ateneo, Teatro, Ayuntamiento, las Iglesias de Santa María y El Carme, así como el original y simpático Mercado de Pescados. También sus miradores hacia el puerto de los que puedo reseñar hasta seis en la parte vieja de la ciudad. Además de la curiosa tienda de la Calle del Arrabal 7, junto al Portal de Sant Roc (único resto que queda de la vieja muralla). Ca S'esparter (Armería Escudero) es una genuina tienda que hay que ver en Mahón, si o si. Fundada en 1815 y con más de 200 años, parece estancada en el tiempo. Y para los que estén interesados en un sitio para comer y no liarse mucho la manta a la cabeza: "Ca´n Nito /La Marina", Moll de Llevant 15, en el puerto, casi enfrente de la Oficina de Turismo, un menú accesible que lleva una muy aceptable "Caldereta de Langosta." 

Ciudadela con su aristocrático casco antiguo, recogido en el interior de la Contramurada (la antigua muralla de la ciudad) forma un conjunto bonito, señorial, tranquilo y dimensionado a escala humada, con una luz especial y un gusto refinado sin estridencias ni sobrecargas comerciales. Limitado al oeste por su embaucador y sereno Puerto, que nada tiene que ver con el de Mahón, pero que le da un toque de distinción y elegancia, al que se asoman en los meses turísticos cantidad de bares y restaurantes, pero que durante los meses invernales mantiene el sabor de lo autentico. 

Recorrer su peatonal barrio historio desde la Plaza de Born, circundada por edificios señoriales que pertenecieron a la burguesía menorquina, pero con una apariencia a recia arquitectura señorial, que se mantiene por el interior de sus callejuelas. La luminosa Catedral (antigua mezquita) y su plaza, la calle Ses Voltes y sus soportales arqueados encalados de impoluto blanco, la Plaza Nova y sus terrazas al sol....... o a la luna, la Calle Seminario repleta de edificios singulares y artesanos, y el Mercado con sus restaurantes donde descansar a la hora de comer (abstenerse de hacerlo en el "s'aguait" aunque la terraza nos parezca sugerente). Pero si quieres darte el gustazo bien, acércate a cenar hasta "Es Tast de na Silvia"en Carrer de Santa Clara 14, seguro que no te defraudarán.
 
Todo el entorno de la villa nos sugiere volver a cualquier hora del día y la noche, las sensaciones nos envuelven al pasear por sus calles. 

Al que le guste el bullicio y los caballos que se acerque a estas callejas para las fiestas de Sant Joan (24 de junio), donde tendrán asegurados sus deseos tanto de animación como de la presencia de bonitos ejemplares equinos, que bien dirigidos y entrenados se mueven con pericia entre la multitud. 

La práctica totalidad de los edificios de la isla fueron construidos con "piedra de marés", una arenisca muy compacta que se creó durante el cuaternario. A las Afueras de Ciudadela, pegadas al cinturón de circunvalación que por aquí llaman "Ronda", se encuentran las antiguas Canteras de S'Hostal que ahora se han recuperado a través de la fundación "Lithica", donde podemos realizar un recorrido de aproximadamente una hora entre unos paisajes diferentes y espectaculares. Encontramos las canteras modernas donde se ha realizado un laberinto con bloques de este material lítico. A continuación se recorren las antiguas en las que se trabajaba a mano, y donde se ha realizado un recorrido botánico. Descendemos hasta los geométricos fosos donde podemos observar hasta que punto el lugar es grandioso, comprobando nosotros mismos los métodos de como se extraían estos bloques pétreos. 

Menorca es una delicia de lugar que debemos visitar y tenemos que cuidar, ya que no lo han estropeado ¿aun? los intereses especulativos, pero hoy en día hay quien se está dedicando a comprar la isla a trozos para usos que aún se desconocen. Víctor Madera, quien fuera propietario de Clínicas Quirón y presidente de Capio; conocido durante los tiempos de gobernanza pepera como beneficiario de las privatizaciones hospitalarias; está adquiriendo grandes fincas de manera compulsiva, siendo en la actualidad el propietario del 1,5 %, de Menorca, con un patrimonio últimamente conseguido de 7 grandes fincas y una isla.
 
 

miércoles, 11 de marzo de 2020

- Camí de Cavalls…… el sendero de Menorca

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Menorca es una isla que ofrece multitud de posibilidades para los gustosos de los viajes e incursiones más allá del tópico del turismo de bronceado, playa arenosa o calas vírgenes de agua transparente. Tanto si nos agrada hacer excursiones por la costa como por el interior, esta isla nos sirve para lo que estamos pretendiendo buscar………. entre otras cosas, un sendero que recorre el perímetro de la isla recreándonos con variados paisajes, que dejarán en nuestra retina un compendio de toda la esencia que posee esta isla. 

El "Camí de Cavalls" (Camino de los Caballos), es una ruta senderista que circunvala la isla de Menorca, a través de sus 185 km. de recorrido. Este sendero que se puede realizar, dependiendo del nivel de cada uno, entre 6 y 20 epatas, discurre prácticamente por la costa menorquina, cuyo perímetro costero asciende a los 216 km. Y aunque la máxima altura a ascender no supere los 125 m. el desnivel acumulado total llega a los 4.000. 

No se ha podido constatar con exactitud el origen del Camí de Cavalls, pero sí se sabe de la existencia durante el siglo XIV, de algunos tramos que posibilitaban la defensa de la isla durante el mandato del Rey Jaime II de Mallorca, otorgando vía libre de paso a los caballeros encargados de vigilar la costa menorquina. Posteriormente, y a raíz de las incursiones piratas durante el siglo XVI, como la realizada por el turco Barbarroja en 1535, originó la construcción de torres de vigilancia costera, haciendo indispensable la existencia de un camino que comunicase estas atalayas, generando una calzada perimetral que daba la vuelta a la isla. 

En el siglo XVIII y bajo ocupación inglesa, la administración sajona, consideró esta vereda como Camino Real, siendo utilizada como vía de comunicación de uso público, pudiendo transitar por ella los payeses de las distintas zonas, siendo su acceso totalmente libre para cualquier persona. Aunque su finalidad primordial era con fines militares para la defensa de la isla, ya que permitía a la autoridad militar la vigilancia de las costas. 

Recuperada en 1802 la soberanía de la isla por parte del Gobierno Español, con el paso del tiempo y su no utilización, el camino fue sufriendo paulatinamente un deterioro notable. Posterior a la Guerra Civil Española, y ante el rechazo internacional generado por la existencia de un gobierno de convicciones fascistas, las autoridades militares ordenaron mantener en buen estado el camino para su posible utilización. Con el transcurso de los años y el desuso, el camino se fue difuminando: las nuevas carreteras, las veraniegas y costeras urbanizaciones, así como las épocas de paz y democracia, hicieron transitar hacia el olvido a grandes partes de esta ruta. 

Con el paso del tiempo y ante el abandono de las instituciones, y tal como ha ocurrido en el resto del país con las Cañadas Reales, los propietarios colindantes fueron usurpando gran parte de su trazado hasta hacerlo desaparecer en multitud de casos, intentando consolidar unos derechos de propiedad año tras año. 

Pero la lucha y el esfuerzo de los menorquines por medio de la Coordinadora para la defensa del Camí de Cavalls, ha logrado poner de nuevo en circulación esta histórica ruta de alto valor ecológico y paisajístico. Aunque la tarea no ha sido baladí, teniendo que reivindicar desde 1996; mediante la presión popular y excursiones de protesta; hacia la inoperancia de los poderes públicos, gobernados entonces por el P.P. de Jaume Matas (procesado por 12 delitos de corrupción y sentenciado con penas de cárcel). Teniendo que ser un Gobierno de Progreso (PSOE. PSM. EU. Los Verdes y UM.) quienes promulguen en el año 2000 la “Llei del Camí de Cavalls”, legislación que inicia los trámites de recuperación de esta senda, cuyo objetivo principal era establecer un paso público sobre el trazado original, permitiendo su uso general, libre y gratuito. Proceso que se llevo 10 años de litigios, juzgados entre propietarios, menorquines (Coordinadora Cami Cavalls), Ayuntamientos y Gobierno Insular, toda vez que su recorrido atraviesa 120 fincas privadas. Teniendo que llegar a convenios y expropiaciones, hasta que en 2010 el "Camí de Cavalls" se encuentra transitable al 100% y libre de paso. 

No parece normal que haya que guerrear tanto para permitir el paso y poder pasear por un camino que fue (y debiera de haber seguido siendo) de "uso público", pero si recorremos su geografía; en cuanto nos damos el primer garbeo; podemos observar como prácticamente toda la isla está prácticamente vallada y el paso a las fincas restringido y cerrado, con un exceso sentido de "propietitis" por parte de los payeses menorquines. El paisaje verde y alomado, repleto de paredes de piedra o cercados elaborados con los propios guijarros del terreno, asemeja a las tierras irlandesas, pero con el inconveniente de que en esta isla no hay los "pasadores de vallados" como en la hermosa Eire. ¿Será esta manía de cercar los campos (al igual que en Irlanda) no dejando transitar a la gente, también una mala herencia de los ingleses?. Uno "mesetario" de pro, no está acostumbrado a ir saltando vallados pétreos durante sus caminatas, siempre me han gustado los libres horizontes de los campos castellanos, prácticamente expeditos de estos superfluos corsets campestres.  

Las etapas son variadas, y dependiendo de las zonas el paisaje es totalmente deferente y contrapuesto: la Costa Sur es más arbolada con calas accesibles para un baño, siendo la costa Norte más abrupta con unos esplendidos acantilados en su zona oeste, mientras que en la este las playas de arena son increíblemente sugerentes. No voy a extenderme con reseñas sobre las etapas, ya que por este medio (internet) se encuentra buena y abundante información, y además están mis fotos que dan prueba de todo lo escrito, y si investigáis en ellas podréis saber por dónde han andado mis botas (o las de Elena, que es la que sale en ellas). Si que os dejo unos enlaces para que, si estáis interesados en ir a caminar por la parte más oriental de España, podáis elegir entre varias sugerencias: http://rutasmenorca.com/?page_id=605; https://www.descobreixmenorca.com/es/cami-de-cavalls-2/mejores-tramos/; https://www.autosvivo.com/blog/los-mejores-puntos-del-cami-de-cavalls/.

También aconsejaros que os acerquéis por lo menos a estos cuatro faros de los 6 que hay en la isla (el séptimo está en la l’Illa de l’Aire): Faro de Artrutx, Faro de Punta Nati, Faro Cap de Cavalleria, Faro de Favàritx.  



Tener cuidado cuando sopla "tramontana" en las rutas por el norte, pues se camina en algunos lugares muy próximo a los acantilados. Y ojo con las coberturas de teléfono móvil al final de cada etapa para llamar a un taxi, no siempre es posible tener cobertura. 

Una frase de J. Gomila prologando la Guía del Camí de Cavalls: "El Camí de Cavalls no es, tan solo, un camino hecho de la suma de veredas o senderos, que da la vuelta a la isla, sino un patrimonio colectivo que forma parte de nuestra identidad", nos traslada las sensaciones de los pobladores de Menorca sobre esta vieja ruta por la costa menorquina, un recorrido por diferentes referentes paisajísticos que completaran nuestra imagen de esta tierra por donde amanecen los días.
 
 

lunes, 9 de marzo de 2020

- Menorca…… Cultura Talayótica

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Comentarios me habían llegado de la isla más oriental del archipiélago balear, de sus aguas limpias y cálidas, de su control de desarrollo turístico, de su arquitectura herencia de los ingleses durante su ocupación, como así mismo del afable carácter de sus gentes. También me había llegado algo de información de la existencia de ciertos restos arqueológicos de añejas culturas, y aunque en menor o mayor medida, y en mejor o peor estado, vestigios de antiguas civilizaciones hay esparcidos por toda la geografía del paneta, estos de Menorca me sorprendieron sobre manera al visitarlos. No esperaba una muestra así tan regular y tan original de los asentamientos que en ella se han podido localizar. 

Menorca fue uno de los puntos de escala marítima durante los periplos de la Edad del Bronce, que se realizaron por el Mediterráneo Occidental, fundamentalmente entre las islas de Córcega, Cerdeña, Sicilia, Malta y las Baleares, llegando incluso hasta aquí los egipcios, habiéndose encontrado en la taula de Torre d’en Galmés, una figura en bronce del semidiós egipcio Imhotep, que fue el arquitecto de la pirámide escalonada de Saqqara.
 
La isla se sitúa en una ubicación ideal en el núcleo central de este circuito marítimo lo que le sirvió para ir asimilando las distintas formas de viva de los que iban recalando por sus costas, pero adaptándolas a sus propias formas de vida, pero con características muy análogas a los de otros lugares de las costas mediterráneas, teniendo fuertes semejanzas fundamentalmente con Sicilia, Cerdeña, Malta y por su puesto Mallorca. 

Con una longitud de unos 50 km. y una anchura media de 15, las distancias en la isla son apenas reseñables para los que llegamos de la España continental y tenemos que cruzar la meseta para desplazarnos a cualquier lugar. Esta dimensión de terreno y la concentración de elementos prehistóricos hacen de Menorca un autentico Museo al Aire Libre. Con el añadido de que prácticamente solo existe una carretera por el medio de la isla que une las poblaciones que se hallan en sus extremos (Mahón y Ciudadela), de la que parten el resto de las demás vías que se dirigen tanto a las poblaciones del norte como hacia el sur, y en ella se encuentran bien indicadas las desviaciones para llegar a los yacimientos más importantes.  

Estos se encuentran perfectamente señalizados, con aparcamientos propios, abiertos al público (casi todos a excepción del de Torralba d´en Salort), y con paneles informativos que nos explican con claridad a los neófitos los pormenores de esta cultura del pasado........... además su acceso es publico y gratuito.
 
En la actualidad se encuentran estos situados en plena campaña para que, este conjunto de poblados de la Cultura Talayótica, pasen a formar parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad en 2021, que por supuesto cuenta con mi especial apoyo, ya que tienen merecida su permanencia en el organismo de la UNESCO.

Esparcidos por toda la geografía de la isla, que apenas alcanza los 700 km2. se encuentran más de 1.500 yacimientos prehistóricos, concentrados fundamentalmente en la mitad sur de la isla, una de las mayores densidades mundiales de este tipo de construcciones, dos por kilometro cuadrado. Estos abarcan desde finales del neolítico hasta la llegada del Imperio Romano a estas ínsulas, en el año 123 a. C. Pudiéndose distinguir fundamental y cronológicamente tres periodos: los habitáculos y enterramientos escavados en cuevas durante el periódico calcolítico o edad del bronce inicial; las navetas de enterramiento de la edad del bronce (de las que quedan unas 45); y los poblados talayóticos datados en el bronce final (siendo más de 300 los talaiots que aún se conservan en la isla). 

- Necrópolis escavadas en roca: Cales Coves, Forma, Son Bou y Cala Morell. Entre las 17 cavidades existentes en Cala Morell podemos observar una en cuyo frontis existe una adintelada entrada con aparentes rasgos orientales. También son de esta época los dólmenes de Montplá y Ses Roques Llises. 

- Navetas: Son las contracciones más llamativas y sugerentes de todas, y como su nombre indica tienen forma de nave invertida. Son notables las de Rafal Rubí, Biniach y Llumena, pero destaca sobre todas la Naveta dels Tudons, la mejor conservada, no solo de este tipo de construcción, puedo afirmar que de todo el conjunto de asentamientos prehistóricos de la isla. Una pena que durante el 17 de marzo de 2018 un grupo de "descerebrados", se dedicaran a efectuar "pintadas", lo que esos "artistas" llaman "grafitis", sobre sus pétreas paredes, destruyendo lo que ha estado perpetuado durante  los últimos 3.000 años, menos mal que ya está todo recuperado de nuevo a como estaba originalmente. 

- Los Poblados Talayóticos: Son posteriores al mundo de las navetas, aunque pudieron coexistir con ellas cierto tiempo. Esta cultura de los talaiots (pequeña atalaya) es única de las islas de Mallorca y Menorca, y aunque presenta similitudes y vínculos con otras culturas insulares del Mediterráneo, sobre todo con Cerdeña, las que existen en las islas Gimnesias (Mallorca y Menorca), están plenamente diferenciadas. Las


construcciones talayóticas son unas esbeltas y macizas torres troncónicas, elaboradas con enormes piedras sin argamasa, y que desde la lejanía asemejan ser pequeñas lomas pétreas, que en su interior custodian un pequeño aposento o habitáculo. Pudiéndolos encontrar de forma aislada, aunque por lo general forman parte de las instalaciones del poblado interior que se hallan aislados o en conjuntos y en relación con los restos de poblados.
 
De estas extrañas construcciones, no se conoce con certeza su uso o función, pero posiblemente pudieran ser torres de vigilancia y lugar de enterramiento. Algunos son escalonados o tienen rampas exteriores, sus medidas oscilan entre los ocho y los veintiséis metros de diámetro en su base, y suelen estar orientados hacia otros monumentos, manteniéndose en desigual estado de conservación. Debemos destacar de entre las tres centenas de los existentes en la isla los de: Torre d'en Galmés (el más grande de todos - 62.000 m2), Torralba d'en Salort, Talatí de Dalt, Trepucó, Cornia Nou, Binissafullet, Cremada, Sa Cudia o Montefí. 
 
- La Taula: Formando parte del poblado existe este recinto de componente sagrado, siendo el monumento más característico de la arqueología menorquina, ya que es único y no existe fuera de la isla. Como indica su nombre, se trata de una gran piedra cuadrada, hincada en el suelo a modo de "menhir", pero rematada con otra en posición horizontal, formando una figura equivalente a la letra T mayúscula, que llegan en algunos casos a superar los 4 m. de altura. De la treintena de estas construcciones existentes en la isla, veinte están incompletas, pero podemos disfrutar de las siete que se conservan integras, y que son dignas de poder ser visitadas. Se ubican siempre en la parte central de un recinto rodeado por grandes piedras, a modo de "crómlech", lo que ha hecho discrepar a los arqueólogos sobre la finalidad de este espacio. Pero sin duda
tiene que ver con fines rituales, por su ubicación y la finura del trabajo de su tallado, manteniendo la magia y el magnetismo que desprende el lugar, centro de absorción de energías telúricas. De las misteriosas formas de estas construcciones quiero resaltar las "Taulas" de: Trepucó, Torralba d'en Salort, Torre d’en Galmés (con el capitel caído), Torrellafuda, Torretrencada, Talatí de Dalt y la existente en el Poblado de Comerna de Sa Garita, que situado muy próximo al interesante dolmen de Ses Roques Llises, su taula aun esta medio enterrada entre las piedras pues en este lugar no ha habido excavaciones aun. 

Estamos ante una de las arquitecturas más originales del mar al que cantó Serrat, llenas de misterio y encanto. Un lugar que sorprenderá a todo el que lo vaya a visitar, sobre todo si se uno acerca hasta estos lugares en un agradable y soleado día de febrero, sin que nadie moleste la magia de nuestras sensaciones y la visión de los grandes horizontes.