Pincha en la imagen de abajo si quieres ver los hermosos mapas portulanos elaborados por Piri Reis en su libro Kitab-i Bahriye.
lunes, 20 de enero de 2014
- El Mapa de Piri Reis
De siempre me han atraído los mapas y planos, los lugares
lejanos y los misterios por descubrir. Ya de niño miraba ese gran mapa
coloreado de la España Provincial que situado detrás del altillo de la mesa del
profesor, a un lado de la pizarra, presidia el aula de primaria de aquel
colegio La Paloma del Madrid antiguo; donde en su patio, antes de entrar a
clase todos los días, nos formaban cual milicia, a corear el "Cara al Sol"
y el Himno Requeté "...........por dios, por la patria y el rey, murieron
nuestros padres...........", buen comiendo mañanero para instruirnos
después con números y letras, entre los altos ventanales que daban a la calle
de San Francisco el Grande. También llamaban mi atención, en esa púber edad, los
globos terráqueos que veía en los escaparates de algunas papelerías, esos que
giraban sobre un eje, y digo veía, por que pasaron muchos años hasta que fui agasajado
por los "Magos de Oriente" con uno de ellos, sobre el cual pase
grandes momentos imaginando un mundo, que por aquel entonces me superaba y que
no era capar de abarcar en su totalidad.
Ha pasado el tiempo desde entonces, pero mi interés por
estas proyecciones de la geografía terrestre no ha disminuido, creo que al
contrario. El haber conseguido viajar por algunos de esos lugares, sobre los
que pintados de vivos colores ponía mi dedo en aquel planisferio esférico obsequiado
por el onírico Baltasar, solo ha hecho que mi interés por estas cartas graficas
se haya acrecentado, en la certeza de no ser el único humano interesado por
estos croquis terrestres. Ya tiempo antes de que Ptolomeo redactase su
Mapamundi en el siglo II, otros muchos trabajaron en las ciencias de la
geografía y la astrología, dejándonos innumerables y valiosos trabajos de ello.
Ahora, que nos han educado para que nuestra cultura sea basada en memoria
visual, y con los nuevos adelantos tecnológicos: el Google Earth, los GPS para
los móviles y vehículos, los satélites espaciales y las nuevos sistemas de
medición; somos legión los interesados por la geografía grafica, y yo
especialmente con gran inclinación sobre los mapas antiguos e históricos, de
los cuales suelo siempre dejar alguna reseña o ilustración en los artículos de
este blog que poco a poco voy configurando.
Los primeros rasgos de representaciones geográficas que
hasta nosotros han llegado fueron cincelados o pintados en las paredes de las
cuevas durante el neolítico, siendo habitual este soporte hasta la
generalización de la imprenta. Ejemplos
de ellos, vistos por mi y que me vienen ahora a la memoria son: La Galería de
los Mapas en el Vaticano, el mosaico de Madaba en Jordania, donde está
representado Oriente Medio y las Tierras Santas, o el mapamundi de San Pedro da
Rocas en Orense. Después se utilizaron soportes de madera e incluso tablillas
de arcilla y pergaminos para plasmar estas geografías; más tarde, ya inventado
el papel, en este practico y útil soporte se generalizó su uso. Muchos se
utilizaban para dar a conocer nuevos territorios, para marcar rutas a lugares
lejanos o para ubicar e identificar poblaciones y accidentes geográficos, otros
para la navegación por los escabrosos mares de entonces, pero muchos otros
fueros usados para la expansión de territorios por medio de la guerra. Hoy en
día seguimos así, la maquina guerrera es la pionera en gran parte de todos los
avances de esta ciencia cartográfica, sirviéndose del espacio estratosférico
para desde él elaborar nuevas imágenes de gran precisión, sobre las que diseñar
las siniestras y espantosas estrategias bélicas que los medios de comunicación
nos trasmiten a diario.
Estos remotos mapas que siguen en su evolución una
cronología histórica, progresan y avanzan a medida que el planeta en el que
habitamos se va haciendo más conocido y se descubren nuevos territorios. Esa es
en la practica el desarrollo de esta ciencia con el paso de los años, a medida
que se desvelan nuevos lugares, se redactan y se crean nuevos planos, así ha
sido y así será. Pero en toda lógica, siempre hay alguna salvedad y en este método
por muy claro que nos parezca, la razón difiere de la
realidad,.......................... este es el caso de los enigmáticos mapas de
Piri Reis.
A mitad del siglo XV, en plena expansión del imperio
otomano y en la ciudad tuca de Gallipoli, en la parte europea del estrecho de
Dardanelos, nace en 1465 Hajji Ahmed Muhiddin Piri, al cual se le conocería más
adelante como Piri Reis (reis = almirante). Este afamado cartógrafo y marino, comienza
con 12 años a instruirse en la navegación de la mano de su tío Ahmed Kemaleddin
(Kemal Reis), corsario y más tarde comándate de la flota turca, quien entre
otras hazañas se acercó en 1487 hasta Al Ándalus para ayudar al gobernador
musulmán de Granada, en sus refriegas con los Católicos Reyes, y posteriormente
entre 1490 y 1492 para trasladar a los judíos e islámicos expulsados de sus
tierras hispanas, hacia territorios turcos, en los que aportaron nuevos
oficios, nuevos conocimientos y nuevas ideas, favoreciendo considerablemente al
desarrollo del Imperio Otomano. De estas enseñanzas de su tío, Piri Reis adquirió
una gran cultura, ya que hablaba además de turco, árabe, griego, español,
italiano y portugués. Junto a su tío intervino entre los años 1499 y 1502 en
numerosas batallas navales contra España, la Republica de Génova (no confundamos
con la sede del P.P.) y la Republica de Venecia, contra estos últimos participando en las batallas
de Lepanto de 1499 (Zonchio) y 1500 (Modon).
Cuando en 1511 muere
su tío, Piri regresa a su ciudad natal donde comienza a trabajar en sus
estudios sobre navegación, dedicando gran parte de esta etapa de su vida a su
pasión por la cartografía, teniendo acceso privilegiado a la Biblioteca
Imperial de Constantinopla, la cual a su vez contenía entre sus volúmenes los
pocos escritos que quedaban de la arrasada Biblioteca de Alejandría, la más
antigua y grande del mundo, centro de cultura por aquel entonces. Fue durante
esta época cuando empezó a escribir su obra
Kitab-i Bahriye el "Libro de las Materias Marinas", un atlas
marítimo, en el que se encuentra el célebre y enigmático mapa confeccionado
durante 1513 (en marzo pasado cumplió su quinto centenario), sobre el cual me
extenderé más adelante. De esta completa obra, cuyo original finalizo en 1521,
dedicaría en 1526 un ejemplar ampliado y revisado al sultán Solimán el Magnífico,
como regalo por sus apoyos.
En 1516, se hizo de nuevo a la mar como capitán de la
flota otomana, tomando parte en la conquista de Egipto en 1517. En 1522
participó en el asedio de la isla de Rodas contra los Caballeros de la Orden de
San Juan, de la que fueron expulsados definitivamente en 1523.
En 1547 Piri fue
ascendido al rango de almirante, como comandante de la flota turca en el
Mar Rojo y Golfo Pérsico. El 26 de
febrero 1548 reconquistada Aden a los portugueses, en 1552 recupera Muscat que
Portugal había dominado desde 1507, así como la estratégica isla de Kish. En el
continente asiático ocupa la isla de Ormuz, en la entrada del Golfo Pérsico, la
península de Qatar y la isla de Bahréin, evitando de esta manera que los lusos instalasen
bases estratégicas en los lugares idóneos de la costa de Arabia.
Anciano ya, cercó Ormuz por órdenes del sultán otomano,
pero acabó aceptando un soborno que le procuraron los sitiados. El gobernador
de Egipto, Alí Bajá, supo de este hecho, llamándole a su presencia para dar
aclaraciones por esa actitud, negándose Reis a asistir por lo cual decretó
detenerlo, ordenado ejecutarlo, muriendo decapitado en 1554 cuando contaba 89
años. Actualmente muchos navíos y submarinos de la armada turca llevan su
nombre.
El Mapa de Piri Reis
Como capitán de la marina turca, Piri estaba habituado a trabajar
con cartas de navegación y mapas terrestres. En aquellos tiempos no era extraño
corregir mapas, sobre otros más antiguos, actualizando los datos geográficos recogidos
en ellos. El copiado de cartas marinas
y planos era práctica usual entre los navegantes, ya que la cartografía era
complicada de confeccionar y muy costosa. No es de extrañar que Piri
Reis utilizara mapas de otras autorías antes de emprender viaje a cualquier
destino y elaborara sus propios planos a partir de ellos. Poseer mapas lo más fiables posible era trascendental
en aquella época, así que Reis confecciono su famoso mapa, uno de los atlas
antiguos más fascinantes, misteriosos y desconcertantes de la historia, a
partir de diferentes informaciones a las que tuvo acceso a lo largo de su
vida, algunas de ellas de la propia Biblioteca Imperial, pudiendo alguno de los
mapas remontarse incluso al siglo IV a. C. ya que el mismo lo dejó escrito de
su puño y letra en el propio mapa.
Fue en 1511, en
la ciudad de Gallípoli cuando comenzó a elaborar el primero de los mapas, que en 1517 entregó como regalo al sultán Yavuz Selim I, conquistador de Egipto, durante un
viaje que realizó por el país del Nilo. Aunque la historia de este mapa
comenzó en 1501, nueve años después del primer viaje de Colón, cuando su tío
Kemal Reis, apresó próximas a la costa del levante español siete naves,
descubriendo que uno de sus tripulantes había sido uno de los marineros que realizaron
los tres primeros viajes al Nuevo Mundo y poseía un mapa dibujado por el mismo
Colón. Kemal hizo preso al marino enviándolo a su sobrino Piri, y aunque el
tema tiene un grado de misterio, el cartógrafo certifica que a través del
navegante apresado, llega a su conocimiento que el descubridor de las Américas poseía un antiguo un libro con referencias y mapas
(posiblemente el mapa que el monje alemán Andreas Walsperger realizo en
1448) de las tierras del continente
recién hallado. En los márgenes de su trabajo, comenta el almirante otomano que Colón tenia perfecta noción
de lo que se encontraría, pero también sabía de la desconfianza que podría
tener entre los gobernantes de la época sus enigmáticos conocimientos, por lo
que omitió lo referente al continente desconocido. Sabia así mismo que a los nativos
de estas tierras les atraían las cuentas de vidrio, por lo cual cargo en su
viaje cantidad de ellas. En él se narra el descubrimiento del continente
Americano por Colon en "1485", siete años antes de pactar su primer viaje
con los "Católicos Reyes" en las Capitulaciones
de Santa Fe. Fray Bartolomé de las Casas ya dejó escrito, en su libro "Historia
de las Indias", que Colon sabía
hacia dónde iba, cómo debía navegar, por cuanto tiempo y lo que encontraría, también comenta que en
su cuarto viaje buscaba un paso hacia el Océano Pacífico, ya existente un mapa
antiguo del que el "Almirante de la Mar Océana" al parecer tenía una copia.
Piri Reis no fue
nunca un explorador y jamás navegó por el Atlántico, el mismo reconoce en su “Kitab-i Bahriye” que sus atlas son solo copias de otros
mapas más antiguos de los que tenía conocimiento, sobre los cuales había tenido
acceso. Textualmente nos dice: “En
nuestro siglo, no hay otro mapa como este. Vuestro servidor lo ha dibujado y
ahora está completo… A partir de veinte cartas y mapas mundi de los tiempos de
Alejandro”,
relacionando sus fuentes: "de
ocho Jaferyas de ese tipo y un mapa árabe de Hind (India), y de cuatro mapas
portugueses recién elaborados que muestran los países de Sind (Paquistán), Hind
y Cin (China) geométricamente dibujadas, y también de un mapa dibujado por
Qulunbu (Colón) en la región occidental, he extraído se . Al reducir todos
estos mapas a una escala de esta forma final se llegó, por lo que este mapa de
estas tierras es considerada por los marineros lo más exacta y tan fiable como
la exactitud y fiabilidad de los siete mares en los mapas mencionados ", indicando así mismo: “El trabajo realizado en este libro revela
que no puede hacerse ninguna exposición si no está basada en hechos…”. Había usado por lo menos en su confección unas veinte fuentes cartográficas y
mapamundis, de las que solo nos da pistas de catorce: el mapa de las tierras
del Oeste (el Caribe) usado por "el infiel llamado Colon", una árabe
de la India, cuatro portuguesas recién elaboradas de América, el Océano Indico
y China............... y lo más sorprendente los ocho mapas datados de los
tiempos Alejando Magno.......... Aunque
este tema crea cierta controversia, por el posible error en el tiempo, sobre
Ptolomeo I rey de Egipto durante el siglo III a.C. y general del gran Alejando,
con Claudio Ptolomeo astrónomo griego del siglo II de nuestra era que vivió en
Alejandría (Egipto), trabajando en su famosa biblioteca, destruida por el
integrismo cristiano, pudiendo parte de sus legajos haber estado depositados en
los almacenes de la Biblioteca Imperial de Constantinopla. Los restos del gran
centro cultural que fue la Biblioteca Alejandrina pudieron haber sido
trasportados sin dificultad desde sus escombros a la capital turca poco después
de que el radicalismo, la intransigencia y intolerancia de los cristianos egipcios,
diesen muerte a Hipatia, mujer libre, precursora de la cultura, y convencida
pagana, de la que daré futura cuenta en otro artículo............... de los que
pendientes tengo para añadir a este blog.
Nos indica en sus notas el almirante que otros de los
orígenes de sus mapas habían sido: "los antiguos reyes del mar". Sobre
lo que algunos autores teorizan del origen de algunas informaciones sobre los
viajes marítimos de la gran armada China del Almirante Zheng He y sus expediciones a principios del
siglo XV. Otros destacan que a raíz del saqueo de Constantinopla por los venecianos durante
la Cuarta
Cruzada, fueron muchos los marineros que comenzaron a manejar mapas de
precisión justo a partir del año 1204. Otros apuntan a los Templarios y su
llegada a Tierras Santas, antiguo feudo de los Fenicios,
verdaderos precursores de la navegación por el Mediterráneo a partir del siglo
VII a.C. También existen extraños registros que señalan a la orden del Temple
como poseedora de mapas de “extrañas tierras” más allá de las Columnas de
Hércules (Estrecho de Gibraltar). Como así mismo la posibilidad de que cuando
Alejandro Magno toma la ciudad fenicia de Tiro en el 332 a .C. se apropiara de
los mapas náuticos fenicios, ya que por esa época la flota de Tiro era la más
poderosa del mundo por entonces conocido, debiendo contar con cartógrafos
capacitados y una importante biblioteca.
También se atribuye parte de sus orígenes a los judíos
sefarditas españoles, expulsados por los Católicos Reyes, que asentándose en Constantinopla
(Estambul), poseían antiguos mapas para su migración a la tierra de los dioses
blancos. Por esta época apareció la figura de Abrahán Zacuto, matemático y
astrónomo judío español que desterrado de España y posteriormente de Portugal recalaría
finalmente en la capital Otomana. Zacuto había tenido acceso a las
informaciones de los viajes de Colón y a los descubrimientos portugueses, pudiendo
haber tenido relación con Piri Reis en su nuevo destino.
Mas rocambolesca aun que las anteriores es la de que
estos mapas, junto con otros más, habrían sido entregados al cuidado de monjes
del Tíbet por los señores del polo norte, la raza Aria divina antes de que se
refugiara en la tierra interior, desde donde irradiarían su magnífico poder que
mantendría el equilibrio geomántico de la tierra, poder repetido en cientos de
mitos y leyendas orientales.
El imperio otomano
fue durante mucho tiempo cultura puente ente el Oriente más lejano y la Europa
occidental, sirviendo durante siglos de filtro de muchos de los conocimientos
de por aquel entonces. Los navegantes fenicios, la cultura griega, los propios
árabes y hasta los navegantes chinos fueron dejando un legado que en parte
nunca llegó a occidente, pero del que
Piri Reis si pudo sacar provecho para la realización de su obra.
Sean cuales fueran sus enigmáticas fuentes, Piri trabajó
durante los siguientes tres años, reduciendo los mapas que le sirvieron de base
a una misma escala, lo que era una ardua labor. Al terminarla, agregó esta
inscripción: "Los
dibujó el humilde Piri ibn Hajji Muhammad (Piri Reis), hijo
de Hadj Mehmet, conocido como el sobrino de Kemal Reis, en la
ciudad de Gelibolu (Galípoli). Dios tenga misericordia de
ambos ,en el Sagrado Mes de Muharram del año 919 (marzo de 1513 de nuestro calendario)".
De este primer
mapa fechado el 1513, dibujado sobre
pergamino de piel de gacela, solo se conserva una sesta parte de lo que pudo
ser un mapamundi completo del globo terráqueo. El fragmento que se conserva
mide 90 centímetros de largo y 65 de ancho y está centrado en el Océano
Atlántico. Debió por aquellos años ser muy útil al gobierno otomano, pues
exponían que las nuevas rutas trazadas por los navegantes lusos e hispanos
suponían un peligro para el control turco de las aéreas del Océano Índico, ante
lo cual, años después, el mismo Reis fue puesto al mando de una flota en 1551,
con la misión de repeler a las naves portuguesas que frecuentaban el Golfo
Pérsico.
El mapa muestra perfectamente:
Bretaña, la península Ibérica,
África Occidental, el océano Atlántico con infinidad de islas, parte de la
costa Norteamérica, Sudamérica y la costa de la Antártida perfectamente detallada hasta una zona por debajo de África. Como
está partido e incompleto, se piensa que debió contener también toda Europa,
Asia e incluso Australia, componiendo el primer planisferio completo del globo
terráqueo. El gran misterio de este mapa es que aparecen representadas muchas
zonas de tierra que aún estaban por descubrir siendo desconocidas en su época.
Y las recién descubiertas por Cristóbal Colón están dibujadas con cierta
exactitud. Pero lo más sorprendente no es sin embargo cómo Piri Reis pudo haber
hecho un mapa exacto de la costa Antártica 300 años antes de ser descubierta,
sino, como en el mapa se muestra su litoral, cuando este aun no estaba cubierto
de hielo.
Respecto de la parte del plano que corresponde al África
occidental, algunos caudalosos ríos atraviesan lo que hoy es el desierto del
Sahara. Actualmente tenemos conocimiento de que hace más de 8.000 años este desierto
enorme era surcado por grandes ríos que regaban fértiles praderas. Sobre la
parte correspondiente a la América austral, aparecen en él las Islas Malvinas
que no fueron observadas hasta mediados del siglo XVI, los Andes, que no se
conocerían hasta la llegada de Pizarro en 1533 y el nacimiento del Amazonas,
impensables para esta época. También la fauna pintada en el plano que coincide
con la que se localiza en esas latitudes y no descrita hasta 1598. Las grandes
islas por encima del ecuador que aparecen cartografiadas, corresponden a las
altiplanicies submarinas de los islotes San Pedro y San Pablo, sobre la Gran
Dorsal Atlántica (cuya existencia nadie sospechaba). Las anotaciones que sobre la Patagonia nos traslada no dan lugar a
discusión: “Este país es árido. Todo está
desolado y en ruinas y se dice que hay grandes serpientes […] y también se dice
que estas orillas son muy calurosas”. En él se ven las costas de la Antártida que no
se descubrirá hasta 1818. América del Sur está unida con la Antártida por un
istmo desaparecido hace miles y miles de años ( Magallanes localiza el estrecho patagónico en 1520 siete años después
de la elaboración del primer mapa). Tierra de Fuego aparece unida por
una estrecha franja al continente antártico y se correspondería a la perfección
con la parte submarina de una cadena montañosa prolongación de los Andes, que según diversos estudios
hechos con fotografía aérea, tomas bajo el agua con luz infrarroja y sondas
acústicas enviadas desde buques, se ha podido confirmar. Con estos datos se determinó que dicho puente
continental existió hacia el final de la Era Glacial. Pero la Era Glaciar
finalizó hace 11.000 años cuando los mares estaban 140 metros por debajo del
nivel actual.
Pero el elemento más sorprendente, el que más enigmas plantea,
es el de las costas de la Antártida que en él se ven, son las de la Tierra de
la Reina Maud, sin ningún atisbo de hielo. Esta proyección cartografía fue
confirmada en 1949 con los apuntes sísmicos de una expedición anglo-sueca. Aún
si quedan algunos científicos escépticos sobre este tema, planteando que el
casquete de hielo data de varios millones de años. Otros, aceptan la tesis de
que esta parte del Antártico pudiera emerger de los hielos durante
aproximadamente 10.000 años. Los perfiles costeros, bahías, islas y promontorios
del continente antártico estarían representados en el mapas de Piri Reis con
una exactitud extraordinaria.
Por si todo esto
fuera poco y para colmo de sorpresas, observando detenidamente el mapa, entre
América del Sur y África veremos la existencia una isla de gran tamaño
denominada "Antillia", rodeada de otras más pequeñas, que no existen
en la actualidad. En lo que algunos han querido identificar el mítico
continente desaparecido de la "Atlántida", del que Platón nos
traslada en sus escritos. Además, en
el plano de Piri Reis vienen marcados algunos puntos que en principio no poseían
sentido aparente, pero tras comprobar su ubicación también merecen un
comentario. Uno de ellos señala correctamente el punto de impacto del asteroide
que creó el cráter Chicxulub en el golfo de México, hecho acaecido hace mas de
65 millones de años. El otro señala con gran precisión el centro geográfico del
Triángulo de las Bermudas. Esto genera aun más el enigma y la magia de este
mapa, dejándonos perplejos a unos y recelosos a otros.
Pero aun hay más
datos interesantes en esta cartografía, como el hecho de que el mapa no es una perspectiva plana, como los que se
realizaban en la época, ya que fue elaborado con proyección y trigonometría
esférica muy avanzada, sistemas
bastantes desconcertantes en aquellos
tiempos, puesto que la Geometría
Proyectiva data de 1800. Para que se entienda, lo dibujado sería igual a sacar
una fotografía al globo terráqueo
desde una altura prudente, o como
si viéramos la tierra desde el
espacio, a algunos miles de kilómetros de distancia. El hecho lo nota Mallery en 1952 cuando ve que lo consignado era real
pero con deformaciones, que desaparecieron al trasladarse los mapas por
proyección sobre una esfera. En realidad es una vista en altura desde la
vertical de algún punto de Egipto posiblemente El Cairo o Alejandría. ¿Curioso
no?..............como para unirlo al enigma de las Pirámides.
Los misteriosos mapas elaborados por Peri Reis estuvieron
olvidados entre los innumerables legajos del Palacio de Topkapi en Estambul,
hasta que en 1929 fue recuperado por B.
Halil Eldem, director del Museo Nacional Turco, el cual encontró por casualidad
dos fragmentos del mapa trazado por cartógrafo. Hallándose en la actualidad
custodiados en el Museo Topkapi Sarayi de ese mismo palacio, aunque muy pocas
veces suelen estar expuestos al público. En el libro "Kitab-i Bahriye ", donde se
encontraba el plano, hay un comentario marginal, en el que Piri anotó, "Un
mapa de esta clase no lo posee nadie hoy en día". El mapa contiene hermosos
dibujos de vistosos colores, acompañados de notas que reseñan relevantes descubrimientos:
“La
región se conoce con el nombre de Antilia. Está del lado por donde se pone el
sol. Dicen que hay cuatro tipos de loros: blancos, rojos, verdes y negros. La
gente se los come y luego se hacen tocados con las plumas de loro. Hay una
piedra, parece pedernal. Es muy dura”.
En la actualidad, el mapa con los contornos orientales de
Sudamérica constituye un auténtico icono nacional para Turquía, tanto es así
que aparece en el reverso de los billetes de diez de liras.
Posteriormente en 1528, actualizando la información a
partir de mapas portugueses, en base a los descubrimientos de Gaspar Corte Real,
Piri Reis dibujo su segundo planisferio, del que desgraciadamente solo se ha
encontrado hasta ahora un pequeño trozo hermosamente ilustrado de parte de
América del Norte, Groenlandia, la
península del Labrador, Terranova,
parte de Canadá y la costa oriental de Norteamérica, en el que ya
aparece Florida y Cuba adquiere forma de isla.
El libro "Kitab-i Bahriye"
Kitab-i Bahriye
(Libro de las Materias Marinas), es la gran obra escrita por Peri Reis y
a la que dedicó gran parte de su vida, tardando en confeccionar su primera
edición diez años de investigaciones, de
1511 a 1521. En él se resumen los conocimientos, tanto cristianos como otomanos
sobre el Mediterráneo medieval, a través de un total de 132 planos portulanos
(gráficos y mapas) muy precisos que describen los puertos y ciudades
importantes del mar Mediterráneo, el
famoso mapa de 1513, así como información detallada sobre la navegación. En
él encontramos reseñas pormenorizadas sobre los principales puertos, bahías, golfos,
cabos, penínsulas, islas, estrechos, vientos, corrientes marinas y refugios
ideales del Mediterráneo, junto con datos sobre la población local de cada
país, de las ciudades y de los aspectos curiosos de su cultura, así como
técnicas de navegación y aclaraciones relacionadas con la astronomía,
convirtiéndose en uno de los más afamados libros de marinería de la época. Se
incluyen comentarios como: “la ciudad de
Venecia tiene un área de 12 millas…consiste en partes de tierra y “an ear” de
mar. El agua es en algunas zonas poco profunda y en otras, mucho. Los
venecianos construyeron su ciudad sobre pilones en las zonas poco profundas…”
Hay treinta anotaciones sobre el mapa
del mundo, veintinueve de Turquía y una en árabe.
La obra se divide
en dos secciones, la primera dedicada a la información sobre los tipos
de tormentas, las técnicas de utilización de la brújula, el astrolabio y el
compas, los mapas portulanos con información detallada sobre los puertos y
líneas de costas, los métodos de orientación por medio de las estrellas y las
características del grandes océanos y las tierras que las rodean. Destacando
los descubrimientos en el Nuevo Mundo realizados por Cristóbal Colón y los
viajes de Vasco da Gama y otros marineros portugueses en su camino a la India y
el resto de Asia.
La segunda sección
se compone enteramente de portulanos y guías de cruceros. Cada tema contiene el
mapa de una isla o costa. Comenzando con la descripción del estrecho de los
Dardanelos, continuado con las islas y costas del mar Egeo, el mar Jónico, mar Adriático,
mar Tirreno, mar de Liguria, la costa francesa del mediterráneo, las Islas
Baleares, las costas de España, las costas de Al Ándalus (reino de
Granada), el estrecho de Gibraltar, las
Islas Canarias, las costas del norte de África, Egipto y el río Nilo, el
Levante y la costa de Anatolia. Esta sección también incluye descripciones y
dibujos de los monumentos característicos y edificios singulares de cada
ciudad. Así como la información sobre su autor, indicando las razones por las
que prefiere reunir toda las reseñas en un libro, convirtiéndolo en un
verdadero atlas, en vez de dibujar un solo mapa, en el que no habría espacio en
el que plasmas tanta información y detalles.
Cuando el almirante turco describe en su libro las costas
de Al Ándalus del Reino de Granada "los castillos de Malika (Málaga) y Almeriye (Almería), en el Andalusia, que están en
las costas del famoso país de Granada’’, nos deja una nota histórica
''el único hecho notable es la conquista
del territorio por los castellanos’’, y aunque se trate de un apunte somero,
no parece en absoluto un dato ingenuo, sino que hay una finalidad política y estratégica en
su anotación.
Una nueva versión ampliada y revisada fue elaborada por
Piri entre los años 1524 y 1525. En ella plasmó las cartas náuticas y mapas
portulanos de las travesías, dibujados durante sus recorridos alrededor del mar
Mediterráneo con su tío Kemal Reis. Esta edición, de 434 páginas y 290 planos,
fue presentada como regalo al sultán Suleiman el Magnífico en 1526 y en
ella podemos ver una dedicatoria en verso en la que contaba la historia de un astrónomo que se llamaba Kolón..., que
salió en busca de Antyle... la cual descubrió.
Los mapas que
contiene son obras maestras de la miniatura turca, estando realizados con un
estilo perfecto e iluminados con panes de oro y plata. Piri Reis quiso dar un
herramienta útil a sus contemporáneos para navegar con seguridad por el mar,
comenzado su obra con una sencilla pero categórica nota: “Las palabras vuelan y los escritos permanecen” y ciertamente con
su magnífica obra consiguió perdurar a través del tiempo hasta nuestros días.
“El Libro de las
materias marinas” está considerado el primer Derrotero (mapa de rutas) de la
historia por la envergadura y la
amplitud de sus conocimientos. Se convertía con el tiempo en una herramienta de
navegación imprescindible para los marinos ya que, aunque esa obra más
ornamentada y mejorada, estuviera en manos del Sultán, circulaban copias más
sencillas, en cuanto a su decoración, que eran el instrumento de cualquier
barco otomano que navegase por el Mediterráneo.
Pincha en la imagen de abajo si quieres ver los hermosos mapas portulanos elaborados por Piri Reis en su libro Kitab-i Bahriye.
Pincha en la imagen de abajo si quieres ver los hermosos mapas portulanos elaborados por Piri Reis en su libro Kitab-i Bahriye.
Un siglo después
de la muerte de Piri Reis, durante la segunda mitad del siglo XVII, se confeccionó
una tercera versión del libro incluyendo nuevos mapas, manteniendo los textos de la segunda pero con
la cartográfica actualizada, en su mayoría copias de
obras italianas y holandesas del siglo anterior. Estos mapas fueron mucho
más precisos y muestran el Mar Negro que no se incluyó en el original.
Comprobaciones científicas del Mapa de Piri Reis
No han sido pocos
los científicos y estudiosos que han intentado descifrar el misterio del mapa
del almirante otomano, buscando explicaciones lógicas y aceptadas comúnmente.
Después de su
recuperación en 1929, fue el teutón Paul Kahle quien en 1931 lo presento
a la sociedad científica internacional, sobre la base de que la única referencia
cartográfica del viaje de Colon al nuevo mundo, se hubiera encontrado en los
archivos del Palacio de Topkapi en Estambul. Durante los años cuarenta del siglo pasado, una serie de museos y bibliotecas
adquirieron copias de estos fragmentos del mapa de Piri Reis a escala ampliada.
En 1953 un
oficial de la marina turca envió, para su estudio, el mapa de Piri Reis al Instituto Hidrográfico de la Marina de los
Estados Unidos. M.I. Walters, Ingeniero
Jefe de la Oficina, pidió ayuda Arlington H. Mallery, capitán de marina y cartógrafo una autoridad en mapas antiguos, especializado en viejas cartas marinas. El mapa en cuestión fascino inmediatamente a los dos científicos,
no pudiendo ocultar su admiración ante la exactitud de las proporciones y
distancias entre el Antiguo y el Nuevo Mundo. Ambos investigadores observaron
también que, o bien Piri Reis no utilizó las coordenadas habituales en su
tiempo, o bien consideró realmente que la Tierra era redonda y lo tuvo en
cuenta al trazar su mapa, dejando perplejos a los dos estudiosos que decidieron
investigar las cosas a fondo. No sólo los contornos de la costa americana, sino
también los de la Antártida, correspondían con toda exactitud a los que hoy
conocemos gracias a la ciencia moderna. Encontrando que donde el almirante turco consignaba unas islas
frente a la costa, corresponderían a picos subglaciares descubiertos por la
Norwegian-Swedish-British Antarctic Expedition de 1952.
Después de un largo estudio, Mallery descubrió el método
de proyección utilizado. Para comprobar la exactitud del mapa, hizo una rejilla
y transfirió el mapa de Piri Reis en un globo: el mapa era totalmente exacto.
Afirmó que la única manera de dibujar un mapa con una precisión tal era
mediante topografía aérea, pero... ¿quien hace 6.000 años podría haber
utilizado aviones para dibujar la tierra?
Durante el año
Geofísico Internacional, 1957, se interesó también por los mapas el padre
Lineham, de la Compañía de Jesús, antiguo director del observatorio astronómico de Weston, cartógrafo de la
Marina Estadounidense y miembro
integrante de las expediciones de la marina norteamericana a la Antártida. Su conclusión fue la misma: los mapas
(especialmente la zona de la Antártida) son increíblemente precisos, llegando a
ofrecer datos que a nosotros
únicamente nos constan después de las expediciones antárticas de suecos,
británicos y noruegos.
Años más tarde,
el veterano cartógrafo, el profesor Charles H. Hapgood, después de revisar
algunas de las copias de los mapas, hacía público un comunicado a la comunidad
científica: “Tras realizar exhaustivos estudios sobre las cartografías creadas
por el cartógrafo Piri Reis a principios del siglo XVI, muestra líneas costeras
que tuvieron que ser registradas y cartografiadas antes de que el continente
antártico quedase completamente cubierto por el hielo. Cuyos contornos
concuerdan a la perfección con las líneas de costas marcadas por los
cartógrafos actuales".
Hapgood quiso demostrar que el mapa de Piri Reis, se
representa en geometría plana, conteniendo las latitudes y longitudes en ángulo
recto en una tradicional "cuadricula", sin embargo, es obviamente
copiado de un mapa anterior que fue proyectado utilizando trigonometría
esférica. No sólo los primeros creadores de mapas sabían que la Tierra era
redonda, sino que conocían su perímetro errando el cálculo en tan solo 50
kilómetros.
Hapggod envió su colección de mapas antiguos, no solamente
el de Peri Reis al matemático Richard W. Strachan, del Instituto de Tecnología
de Massachusetts. Hapggod querían saber exactamente el nivel de matemáticas que
se necesita para elaborar los mapas de la fuente original. Strachan respondió
en 1965, diciendo que el nivel tenía que ser muy alto. De hecho le comento, que
a fin de elaborar estos mapas, los autores tuvieron que saber acerca de la
trigonometría esferoidal (técnica no conocida hasta mediados del siglo XVIII),
la curvatura de la tierra, los métodos de proyección, un conocimiento que es de
un nivel muy alto.
La forma en que el mapa de Piri Reis muestra la Tierra de
la Reina Maud, sus costas, sus ríos, cordilleras, mesetas, desiertos, bahías,
ha sido confirmado por la expedición Británico-Sueca de 1949 a la Antártida
(según lo dicho por Olhmeyer en su carta a Hapggod); Los investigadores,
utilizando sonar y sondas sísmicas, indicaron la situación de las bahías y los
ríos, etc. estaban debajo de una capa de hielo de cerca de una milla de espesor.
Charles Hapggod en 1953, escribió un libro llamado
"Earth's shifting crust: a key to some basic problems of earth
science", donde elaboró una teoría para explicar cómo la Antártida había
estado libre de hielo hasta el año 4.000 antes de Cristo. La teoría es la
siguiente: "La razón por la que la Antártida estuvo libre de hielo, y por
lo tanto mucho más cálida, es que su ubicación no era el polo sur. Se
encontraba aproximadamente a 2,000 millas más al norte".
Todos los
investigadores: Walters, Mallery, Lineham, Hapgood y Strachan, aseguran sin
ningún tipo de vacilación que, los mapas de Piri Reis fueron trazados a gran
altura y elaborados a partir de un punto situado sobre la Ciudad de El Cairo. A
conclusiones parecidas llegó el científico espacial francés y colaborador de la
NASA Maurice Chatelain, quien aseguraba que estos mapas representaban una
proyección plana de la superficie esférica de la Tierra tal y como podría ser
vista hoy por un astronauta situado a una gran altura sobre Egipto.
Curiosamente, una foto obtenida por un satélite sobre la vertical de El Cairo a
una altura de 4.300 Kilómetros, muestra la misma deformación de las costas que
las copias de Piri Reis.
El ex capitán de las Fuerzas navales británicas y
cartógrafo Gavin Menzies en su libro 1421: The Year China Discovered The World.
Presenta la teoría de que la masa terrestre meridional del mapa de Reis es
realmente la Antártida y que está basada en cartas chinas anteriores. El
almirante Hong Bao habría cartografiado esta costa a las órdenes del legendario
almirante Zheng He unos setenta años antes de que Colón descubriera América. La
expedición habría tenido como objetivo colocar a todo el planeta bajo el
control tributario del emperador chino. La teoría de Menzies ha sido
desacreditada por la historiografía científica.
Louis Pauwels y Jacques Bergier en su libro "El
retorno de los brujos" de 1960, ante la inexistencia de hielo en la costa Antártica,
popularizaron la idea de que Piri Reis había usado para la confección de su mapa, otros muy antiguos, levantados por
alguien capaz de volar. ¿Habrá sido trazado partiendo de observaciones hechas a
bordo de una nave volante o espacial? ¿O serán notas tomadas por visitantes
venidos de Fuera ? Se preguntaban hace casi cincuenta años quienes pusieron de
moda la búsqueda de visitantes de otros mundos en el pasado.
Inverosímil es también
la teoría del escritor e investigador Erick Von Däniken, que en una de sus
obras nos habla de entidades alienígenas que han estado visitando nuestro mundo
desde hace milenios, dando pie a la creación de las primeras civilizaciones y
por consiguiente, a la sociedad actual. Von Däniken nos comenta que para
la elaboración del mapa se usó tecnología espacial, máquinas voladoras de mundos
extraterrestres que, según él, se ocultan tras los dioses de las antiguas
tradiciones. Sólo eso explica, a su juicio, la inclusión de la Antártida y que
tanto las costas como el interior de los continentes estén reflejados con
“singular precisión; las cadenas de montañas, los picos, ríos, lagos y
altiplanicies están diseñados con absoluta exactitud”.
En antiguos
textos babilónicos se narra que los Dioses, los hijos de Anu, alcanzaron la
región de Sumeria a través de los cielos desde su mundo natal, Nibiru. Tal vez
los conocimientos de estos distantes viajeros fueron pasando de generación en
generación hasta llegar a manos de Piri Reis, trasladándolos a sus mapas para
que permaneciesen. Sumeria, en la actualidad es la tristemente castigada Siria,
que hace frontera en su norte con Turquía.
Otros eruditos
han intentado desmitificar los enigmas del mapa de Piri Reis. Imago
Mundi, una de las más importantes revistas sobre la historia de la cartografía,
jamás dedicó un artículo al mapa del Almirante Turco. Los datos descritos en las cartografías del Bahriye siguen siendo un
misterio que todavía no ha sido descifrado. En la actualidad no existen
evidencias históricas que sustenten que la carta de Reis procede de
"antiguas civilizaciones" o de culturas desconocidas. El mapa de Piri
Reis es considerad en la actualidad como una extraordinaria y bella compilación
de todo el conocimiento geográfico de la Europa Medieval. Solo el tiempo nos dirá algo sobre su
misteriosa creación, mientras tanto aquí os dejo los datos y las dudas.
Hoy en
día, conocido cada recóndito lugar de este planeta, solo nos queda por
descubrir los enigmas del universo, los agujeros negros, las galaxias y gradualmente
se conformaran los mapas de ellas.....pero eso ira llegando poco a poco, y
tendremos que esperar para poderlos ver......................aunque lo tengamos
que hacer tras el cristal del escaparate de alguna vieja papelería.
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Pablo Font
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miércoles, 8 de enero de 2014
- Bárdenas Reales (Navarra) ............. Vedado de Eguarás y Rincón del Bú
Corrían los primeros años del siglo XV y el reino de Navarra
(antes de Pamplona) llevaba funcionando cerca de 600 años. Al "Noble"
rey Carlos III de Navarra, casado con Leonor, una castellana de la Casa Trastámara,
se le ocurre buscar consorte para su hija Blanca, eligiendo a Martín "El
Joven", rey de Sicilia aunque originario de Aragón. La joven infanta, educada
refinadamente en las dependencias del recién erigido recinto palaciego de Olite,
con anhelos de un príncipe azul y desposorio con amor, reniega del pretendiente
de su padre. Y aquí es donde comienza la leyenda.
La princesa Navarra que representaba lo más selecto de la
nobleza ibérica por aquellas épocas, viviendo dichosa su tiempo de juventud, no
era de extrañar se opusiera a los arreglos maritales que su padre acordó para
unir los linajes de Navarra y Aragón. Martín hijo del rey de Aragón fue el
pretendiente destinado para Blanca, mostrando ésta su más enérgico rechazo pues
ni siquiera conocía a su propuesto marido. Su padre, consciente de buscar el
mejor destino para su reino, no dudó un instante en escarmentar la
conducta de su hija enviándola al
castillo de Peñaflor, en medio de la soledad y la aridez de Las Bárdenas Reales
de Navarra, a unas 6 leguas de distancia de Olite, capital del reino. En ese desamparado
lugar permaneció encerrada y aislada, confinada en la torre de la solitaria fortaleza
durante dos meses, recibiendo como único sustento pan y agua. Un humilde pastor
de la zona se apiadó de la infortunada doncella, reconfortándola con queso,
leche y amigable conversación.
Pasado el tiempo, convertida Blanca en reina, se acordó
de aquel ocasional aliado otorgándole como compensación a sus cuidados la
propiedad de las tierras protagonistas de su forzada clausura, que con el paso
de los años se le conocería como Vedado de Eguarás. Según la interpretación
popular de la leyenda, ello explicaría que estas tierras correspondan hoy al
término municipal de Valtierra del que están separadas territorialmente, en
lugar de estar incluidas en Las Bárdenas al que corresponderían desde un punto
de vista lógico.
Parece ser que la infanta recapitulo en su encierro, pues
en 1402 se ofició el forzado casamiento, mas no hubo tiempo para el amor, dado
que el rey Martín trajinaba implicado en diferentes guerras, y la pasión
conyugal no concibió ningún vástago que alegrara la vida de nuestra princesa
navarra. Martín el Joven falleció en 1409 víctima de la malaria y su enlutada
viuda se encontró sola en tierra extraña. En ella continuó algunos años, los
mismos que tardó su padre en negociar un segundo matrimonio de conveniencia,
convirtiendo su vida sentimental en una verdadera calamidad, motivada en gran
parte a la agitados tiempos que pusieron fin a la Edad Media; provocando con su
descendencia la desaparición de reino de Navarra y la anexión al de Castilla
por parte de los "Católicos Reyes".........pero esto ya es otra
historia.
Otras crónicas
refieran la leyenda a Blanca II de Navarra, hija de la anterior. Pero según
otros escritos, no fue en Peñaflor donde, también por un pacto casamentero de
su padre, estuvo recluida, si no en una casa torre de la localidad alavesa de Lukiano, acogida por la noble familia de los Gereña. Creándose
con ello una nueva leyenda, la de "La Encontrada"
..................seria esta también otra historia que contar.
Once "Blancas"
de sangre real hubo en la historia de Navarra, no es extraño por ello que a
falta de legajos, los curiosos por las leyendas se hagan un lio con
ellas.........yo también,................ ya no se cual es la que pudo estar
recluida en el Castillo de Peñaflor. Sea cual sea aquí queda la fábula de la
triste historia de una reina sin amor.
El Castillo de Peñaflor tiene el atributo de ser la única
fortificación medieval que no ha sido alterada su fisonomía desde su
construcción en el siglo XIII. Formado por una pequeña torre central que
servía de atalaya, tres torres
más pequeñas y un recinto
amurallado donde se alojaba una reducida guarnición, del que hoy solo queda la
ruina de su torre. El fortín se alza sobre un erosionado cabezo situado en el
corazón del Vedado de Eguarás y por ende en medio de las Bárdenas Reales.
Construido, igual que otros castillos bardeneros (Mirapeix, La Estaca (o
Santa Margarita), Sancho Abarca, Aguilar,
Peñarredonda, Sanchicorrota), por el rey Sancho VII el fuerte en el siglo
XIII, para preservar las lindes con el reino Aragón y reprimir el creciente
bandolerismo que asolaba la zona.
De caprichoso equilibrio en lo alto del cerro, parece un prodigio
que haya llegado hasta nuestros días. No obstante, esta bella silueta se
encuentra en grave riesgo de perderse para siempre. Hasta hace quince años, se
podía ascender hasta la torre sin gran apuro, hoy para conseguirlo hay que
escalar su tramo final, desde la que se domina todo el contorno del Vedado de
Eguarás.
Situado bajo la meseta de La
Estroza, entre Valtierra y Arguedas, en una depresión del terreno, cuyos límites son los acantilados del Plano,
Candévalos y los desérticos parajes de la Blanca, el Vedado de Eguarás
con una extensión de 497,79 ha. representa aproximadamente solo el 1% del
territorio de las Bárdenas Reales. Está protegido por unas
pequeñas elevaciones de entre 329 y 372 metros que lo separan y
diferencian del resto de su entorno, constituyendo un oasis dentro de toda la
aridez esteparia del contorno,
ya que en él ha crecido a lo largo de los siglos una densa vegetación natural
de bosque mediterráneo, compuesta por: pino carrasco, coscoja,
escambrón, lentisco, enebro, romero y sabina, como así mismo otras especies endémicas como sisallo, tamariz
y el ontinar. En los cortados del Plano, que parecen una muralla natural,
anidan además el buitre, el alimoche, y el águila real; pudiéndonos encontrar
en él: culebra bastarda, gato montés y jabalí. Declarado Reserva Natural en 1987, en su pequeño bosque, de tan
solo 350 ha. se criaba abundante caza de perdices, jabalíes, conejos y liebres,
siendo escenario de escenario de múltiples cacerías reales y posteriormente coto de caza. Además de su riqueza natural,
el vedado de Eguarás ofrece unas parajes sorprendentes, atrayendo hacia este singular
enclave cada vez a más paseantes y cicloturistas, muchos de ellos
"gabachos" del otro lado del pirineo.
El Vedado no ha formado
nunca parte de los territorios que los congozantes (nombre con el que se conoce
a las poblaciones con derecho de explotación de las Bárdenas Reales) tenían
derecho a aprovechar, habiendo sido siempre finca independiente. Inicialmente,
propiedad a los reyes de Navarra, que solían usarla como territorio de caza, fue cedido en 1357, durante seis años y 60
libras anuales de arriendo, por el entonces rey Carlos II a García Bartolomé de
Roncal. A finales del siglo XV
el Vedado junto con Valtierra, paso a ser propiedad del condestable Mosén Pierres de Peralta, teniéndose constancia que en 1530, durante el reinado de Carlos V,
su propietario era el noble tudelano Juan de Eguarás del que tomaría su
nombre. A mediados del siglo XIX pertenecía al Conde de Parent. Los dueños actuales son los condes de
Cascajares, que explotan el vedado desde hace varias generaciones. En el interior de esta área
podemos encontrar como únicas construcciones: las ruinas del castillo de Peñaflor,
bajo este y en sus cercanías la Casa de Guardas y tres corrales para ovejas: el de la Blanca, el de la Barrera y el del
Chopo.
Para acceder hasta él, después de un hermoso amanecer
desde Tudela, nos adentramos en las Bárdenas por Arguedas, hasta el Castildetierra.
Partimos caminando (está prohibido el paso de los vehículos a motor) desde la
Cabaña de Aguirre, situada a 1,3 Km. de Castildetierra, donde dejamos el coche
para comenzar el recorrido. La mayor parte del mismo trascurre por pistas
agrícolas sin mayor dificultad que salvar nada más comenzar en Barrando Grande,
en el que encontraremos seguramente un buen barrizal que atravesar. Sin ningún
problema cruzaremos el Barranco del Vedado, continuando por la pista que
abandonaremos al ver el Corral de la Blanca, dirigiéndonos en su dirección e introduciéndonos
ya en el Vedado, llegando a los pies del Castillo. Lo rodeamos, continuando en
dirección oeste hasta la Casa de Guardas, desviándonos a la izquierda a un par
de centenares de metros de esta, rodeando los cerros de "La quemada",
llegando a la pista que nos llevara nuevamente hasta las proximidades del
Corral de la Blanca, volviendo sobre nuestros pasos hasta donde tenemos
aparcado el coche. Un recorrido de unos 12 km. tranquilo, donde poder pasar una
buena mañana.
El Rincón del Bú
Otro de los rincones sugerentes que podemos encontrar en
Las Bárdenas es el Rincón del Bú, zona declarada y protegida como Reserva Natural
desde 1986. Se trata de una pequeña zona de 460 ha. situada entre la parte sur
de la Blanca, casi ya en la Bárdena Negra, al norte de la carretera que une Tudela
con Ejea de los Caballeros. Su paisaje
está formado por potentes barrancos, arcillosos acantilados, quebradas llanadas,
así como planas mesetas y cabezos de singulares formas, con una original
orografía donde la erosión ha tallado con dureza el relieve, ofreciendo una visión de formas
espectaculares que no le dejarán indiferente al visitante. Su pobre vegetación,
desprovista prácticamente de arbolado y característica
de los lugares áridos, está compuesta fundamentalmente por: romero, tomillo, ontina, sisalla, saladares,
espartales y sabinar, donde no será difícil observar aves rapaces como
el águila real, buitre, alimoche, alcaraván, ortega, ganga o alondra, destacándose
el búho real, que cría en los cortados de su territorio y al cual debe su
nombre.
Al contemplarlo desde
la altura, nos parece haber llegado a lugares lejanos en la distancia y hasta podríamos
imaginar jurasicos tiempos, gracias a su árido paisaje que nos ofrece unas espectaculares
vistas. En sus proximidades se encuentra parte de un poblado medieval y
el cerro denominado "Balcón de Pilatos", un promontorio mesetario, de los muchos que por la zona hay, desde el
que poder observar de forma privilegiada
el vuelo de las rapaces que surcan los limpios cielos de la zona. Su
nombre seguramente proviene de “puy lato” o cerro ancho.
Para acceder al
Rincón del Bú hay que coger la carretera NA-125, que va de Tudela a Ejea de los
Caballeros. En el punto kilométrico, 17,3, donde la Cañada Real de los
Roncaleses cruza la carretera, donde hay una explanada y se sitúa la Cabaña de
los Catalanes. Continuando por la pista agrícola hasta la Cabaña y balsa de
Cabezogancho, donde giraremos a la izquierda, hasta llegar a la pista del
barranco de Santa Catalina, el cual recorreremos hacia la derecha hasta que su
estado nos lo impida y tengamos que aparcar el vehículo, a unos 4,4 km. de
haber dejado la carretera.
La ruta se inicia en dirección norte, siguiendo la vía
pecuaria ahora trasformada en pista, hasta llegar al cartel indicativo (si existiera)
de La Reserva Natural del Rincón del Bú. Desde el panel informativo descendemos
al Barranco de Valfondo, el cual tendremos que abandonar para ascender a la
Plana de Sagasti, por unas aristas arcillosas y después una fuerte pendiente. Justo
al otro lado de coronar estas aristas, en la cabecera del Barranco Chimorra, se
sitúa el denominado Rincón del Bú, es cual lo divisaremos perfectamente desde
la cumbre de la Plana de Sagasti, punto más alto de todo el recorrido con unas
estupendas vistas de toda la zona. Cruzamos la plana en dirección este hasta
introducirnos en un nuevo barranco que descenderemos, con continuas y obligadas
salidas y entradas en él. A su mitad encontraremos "El Rinconcito"
curiosa y seca cascada que forma un estrato rocoso con una poza de azul intenso
en su fondo. Continuando saldremos al Barranco de Valfondo, en lugar próximo al
cartel informativo, y tras retomar nuestros pasos volver al inicio de este
interesante paseo.
Menos tranquilo que el recorrido anterior, de unos 11 km.
es solo aconsejable para senderistas experimentados, acostumbrados a caminar
por malos terrenos y con soporte de GPS y los tracks de la ruta cargados, pues
gran parte de su itinerario es por barrancos y terrenos sin camino, no estando
en absoluto señalizado.
Dos nuevos enclaves, con su magia asociada, en medio de
uno de los desiertos menos conocidos de esta piel de toro que habitamos.
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Pablo Font
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viernes, 3 de enero de 2014
- Rajasthán (India)..........el País de las Mil y una Noches
El verde paisaje y los exultantes campos cultivados del
territorio de los sijs, del que hasta ahora habíamos estado disfrutando, poco a
poco se va trasformado en un panorama más áspero y sórdido en el que las líneas
del horizonte son prácticamente planas, la vegetación va paulatinamente
desapareciendo y la sequedad empieza a ser nuestra incesante compañía; comenzando
a percibir como esa arena fina y melosa se va adueñando gradualmente de nuestro
espacio visual, adentrándonos en una atmosfera diferente a todo lo anteriormente
vivido en nuestro periplo por este singular país. Atrás quedaron los bosques y los
tormentosos ríos de las estribaciones del los Himalayas, también los rasgos
diferenciados de los altivos sijs y las contagiosas sonrisas tibetanas de los
lugares ya recorridos, pero aun así entramos en un nuevo espacio encantado.................
Hemos partido del Punyab, camino hacia ese irremisible sur donde se sitúa el Rajasthán.
Situado en el noroeste de la India, el territorio Rajasthani
es la esencia del exotismo del país. Aunque Indostán es un territorio enorme
con cantidad de paisajes diferenciados, esta región representa la imagen
onírica de esa India que todos hemos tenido alguna vez en nuestra imaginación, el reino de
los maharajás de esas antiguas películas de cine en las que estos singulares
gobernantes compartían poder con el Imperio Británico, con sus suntuosos
palacios repletos de elefantes y abundancia de lujos y placeres, o incluso a
épocas más antiguas, a la india del siglo V, la de los cuentos de "Las Mil
y una Noches". Lugar, donde las antiguas historias y leyendas cobran vida,
de orgullosos hombres de grandes bigotes, cubiertos con enormes turbantes, y engalanadas
mujeres adornadas de elaboradas joyas, ceñidas con coloridos y refinados saris.
Rajasthán es la tierra de los rajputs (hijos de
reyes), tradicional y aguerrido clan guerrero, protector de su tierra, su
familia y su dignidad, que rigieron
este territorio del subcontinente indio durante más de un milenio, conforme a
un código de honor equivalente al de los caballeros feudales occidentales del medievo.
De ascendencia "aria", su historia habla de un romántico sentido del
orgullo y del honor que todavía hoy sigue vivo; su coraje y su concepto de la dignidad
llegaba a tal nivel, que ante una derrota, se sometían al “jauhar”, un ritual
de inmolación en el que las mujeres de estos maharajás y sus hijos, se
arrojaban a una pira funeraria y ellos salían al encuentro del enemigo, en
busca de una muerte segura. En la actualidad viven con la nostalgia de su
esplendoroso pasado, aferrados a un estatus señorial y de dominio, abolido por
el gobierno en 1971, pero que en cierto grado, aun detentan sobre las
comunidades más rurales.
Estos feudales hindús, gobernaron la región desde
aproximadamente el siglo VI, instaurando diversos reinos que resistieron las incursiones de tucos y musulmanes
hasta llegado el siglo XVII, en el que prácticamente toda la india quedó
dominada por los "mogoles", regida desde el sultanato de Delhi. Si
bien algunos de estos antiguos
reinos no fueron totalmente sometidos, lo que hizo modificar la actuación de
los invasores hacia ellos, creando lazos matrimoniales, confiándoles cargos
políticos y militares, y otorgándoles una cierta autonomía, pero manteniéndoles
como reinos vasallos. Con la decadencia del imperio mogol en el siglo XVIII,
los rajputs recuperaron parte de la independencia que más tarde, en 1818,
pondrían en manos del Imperio Británico a cambio de autonomía local y
protección frente al nuevo peligro invasor, los Marathas, que llegaron a ocupar la importante ciudad de Ajmer en el
siglo XVIII.
Los príncipes rajput lograron conservar ciertos
privilegios después de la independencia de india en 1947, cosa que no agradaba
mucho a los nuevos gobernantes. Alrededor de 565 maharajás hindúes y nababs
(gobernadores) musulmanes gobernaban como soberanos absolutos y hereditarios
sobre aproximadamente 100 millones de habitantes, un tercio del territorio de la
India. Príncipes como el Maharajá de Cachemira o el Nizam de Hyderabad
gobernaban estados tan poblados y extensos como algunos de los países europeos.
Entre ellos se encontraban algunos de los hombres más acaudalados del mundo,
como también soberanos con peculios tan modestos como los de un comerciante de
bazar. Calculándose que cada uno de ellos poseía de media: unas 6 esposas, 11
títulos nobiliarios, alrededor de 10 elefantes, entre 3 y 4 Rolls-Royce, 3
vagones de tren privados y unos 23 tigres abatidos en distintas cacerías.
Tras la abolición de sus títulos y prebendas por la
Primera Ministra Indira Gandhi en 1971, empezó
el declive de estos feudales del siglo XX. Fue entonces cuando muchos de estos
maharajás se vieron forzados a convertir sus palacios y fortalezas, en algunos
de los cuales aun viven los descendientes de estas castas medievales de antaño,
abriéndolos al público, transformándolos en seductores hoteles de lujo y permitiendo
su entrada a los curiosos visitantes que nos acercamos a ellos.
La antigua Ruta de
las Indias
Las leyendas de "Simbad el Marino" (siglo IX),
las de su homologo el terrestre "Sindbad
el mozo de cuerda" (siglo VIII)
y sobre todo el "Libro de Las Maravillas del Mundo" (siglo XIII) con
el relato del periplo de Marco Polo, nos hablan de lugares exóticos, de mercantes
que hablan desconocidas lenguas y de naves que retornan colmadas de nuevas
especias. Esto desarrollo un floreciente comercio con oriente, creando largos y
complicados itinerarios para atraer a occidentes tan preciados y desconocidos
elementos.
Así se crearon la Ruta de las Especias y la de la Seda,
que desde el siglo VII, gracias a los intermediarios árabes, facilitó descubrir
nuevas especias a los refinados paladares europeos, que no solo se usaban para sazonar
y condimentar los platos y guisos, también se utilizaban en la
preservación de los alimentos, para confeccionar fragancias y perfumes,
elaborar afrodisiacos, para su uso en la medicina de entonces. y con fines
místicos o sagrados. Fue gracias a las especias que India y Europa
se encontraron, lo que dio paso a un fructífero comercio de
todo tipo, no en vano las especias eran llamadas “el oro de India” y por ello
se buscaban nuevos itinerarios en la búsqueda del otro ‘Dorado’ el oriental.
Es conocido que el interés del viaje de Cristóbal Colón era intentar llegar a
las Indias por occidente, pero sin quererlo (o sabiéndolo), se encontró un
nuevo continente en el camino.
Todo comenzaba en las Indias Orientales, en Ceilán,
Sumatra o Java, donde se cosechaba clavo, pimienta o nuez moscada, que mas
tarde eran trasportados hasta el golfo de Bengala. Estos recorridos que en un
principio se realizaron por mar, para después llegar a El Cairo, Damasco o
Constantinopla, a través del Golfo Perico o el Mar rojo, para posteriormente
llegar por Mediterráneo mar a los principales puertos comerciales de aquel
entonces de Venecia o Génova.
Después de la invasión islámica del Indostán y la unificación de toda la zona
con la llegada del Imperio Mogol (musulmanes), estos itinerarios en gran parte marítimos
se sustituyeron por derroteros terrestres
más seguros y menos arriesgados, creándose las "Rutas de Caravanas", desplazando
los antiguos recorridos por otros que atravesaban el territorio de Rajasthán,
convirtiéndose durante la Edad Media estos áridos territorios en lugares de
significativo trasiego, en los que florecieron ciudades y fortalezas de importancia
que protegían el comercio de enfrentamientos bélicos, piratas, salteadores o
pugnas locales, generándose así mismo un potente desarrollo en las vías de
comunicación.
Ya no fueron solo especias las que circulaban por las
nuevas vías de comunicación, sino todo tipo de mercancías. La población de Mandawa,
encrucijada de las rutas del Rajasthán, situada
al norte de Jaipur y Ajmer en pleno corazón de la región de Shekhawati,
se convirtió en un lugar de trueque en la que se intercambiaba entre otros
productos, la seda china por el opio afgano. Gracias a este prospero comercio se
desarrolló enormemente, donde los potentados mercaderes construyeron fastuosas
residencias "havelis" decoradas con vistosos colores, hoy casi abandonadas
al desaparecer este característico transito de antaño y haberse trasladado el
comercio fundamentalmente a los puertos de Bombay o Calcuta, hecho que sucedió
en tantas otras poblaciones de todo este territorio, como confirmaremos en
nuestros paseos por Bikaner, Jaisalmer, Jodhpur y Jaipur, verdaderos museos
vivos de su pasado esplendor.
Bikaner, encrucijada de la ruta de estas caravanas, fue
el primer contacto con una ciudad del Rajasthán, la más importante de las
situadas en el desierto de Thar, aunque en la actualidad es bastante más
modesta que antaño. Es los tiempos de su mejor esplendor, a sus pobladores les
gustaba deleitarse con los placeres terrenales, habiendo documentación escrita
en la que se relaciona el abundante uso de opio y asha que en ella se consumía.
El "asha" es un apreciado licor, elaborado con azafrán y rosas
destiladas que le dan su característico color, al que se añaden perlas molidas,
polvo de oro y plata, así como sesos de oveja o cabra, siendo muy apreciado por
sus intensas cualidades afrodisiacas.
Son afamados sus
camellos, contando con la granja más grande de Asia de estos rumiantes. 200 de
estos, fueron entregados a los Británicos en 1842 para las campañas militares
en Afganistán. Esto y los paisajes que
estamos recorriendo, me hace rememorar la inolvidable película John Huston
"El hombre que pudo reinar", interpretada magníficamente por Sean
Connery y Michael Caine, basada en el
libro del nobel de literatura Rudyard Kipling. Sin duda una de las
mejores films de aventuras, y que recomiendo a todo el mundo.
En Bikaner, además de poder apreciar la arquitectura
"raiput", visitamos el fuerte Junagarh "Viejo Fuerte", el barrio
donde se concentran los "havelis", su bazar lleno de actividad y el
templo jainista de Bhandasar con su genuino gurú, al que
alguien sacó parecido con Almodóvar. Sobre estos atrayentes lugares no me voy a
entretener en pormenores, pues cualquier guía escrita los relacionara mucho
mejor que yo, solo indicar que fue aquí, en esta ciudad, donde comenzó la india
hacerse más patente y genuina, donde empezamos a ver aglomeraciones humanas, y donde fuimos espectadores de platea sobre un
gran atasco, justo en el enclave principal de la urbe, provocado por una vaca
que con toda tranquilidad, sin ninguna molestia por parte del gentío y campando
a sus anchas era la reina del trafico, sin que ningún conductor o viandante
hiciera el menos atisbo de caso al guardia urbano que intentaba contralar
aquella daliniana situación.
En el ocaso de la tarde nos acercamos a
cenar al recomendable The Laxmi Niwas Palace, el palacio del Maharajá,
hoy convertido parte de él en hotel y restaurante, era la noche del 11 de septiembre, "Diada de
Catalunya", día en el que los barretinos formaron la cadena humana por la
independencia, entre Le Perthus y el Rio Sénia en la Plana de Vinaroz. En él
nos encontramos con un grupo de catalanes (en el nuestro todos lo eran menos
nosotros), la algarabía y los cantos dominaron por momentos el espacio del
hermoso patio en donde nos situábamos, invitándome a participar con ellos del
evento; la escena, fue para mí, no menos surrealista que la de la vaca, ya que
uno no entiende muy bien de banderas y menos de fronteras.
A unos 30 km. al
sur de Bikaner se encuentra
Desnouk. Conocida por el templo de Karni Mata habitado por ratas. Al entrar se
las puede ver moviéndose en total libertad, ya que aquí se los considera
animales sagrados.
Las carreteras por estas zonas no están muy saturadas de
tráfico, transitando perfectamente por ellas, no obstante las medias de nuestro
conductor en el mejor de los casos, son de 50 km/h. llegando en algunos días de
ruta por las montañas a ser de 30 km/h. Con este ritmo nos daba tiempo de sobra
a extasiarnos de la vida cotidiana de sus gentes a través de las ventillas,
observando escenas del campo y de las poblaciones por las que cruzábamos,
comprobando que gran parte del tránsito rodado se debía a la multitud de
peregrinos y peregrinajes que de continuo se realizan en este fervoroso país.
Un día al comienzo de nuestra actividad habitual (dejarnos llevar por el
conductor), nos sorprendió una pequeña aglomeración de circulación rodada, ni
más ni menos que eran unos de esos romeros que se dirigían hacia algún lugar
sagrado a entregar su ofrendas, pero de tan singular forma que todo viandante
se paraba a contemplar la forma de hacerlo, en vez de caminar o en vehículos
como el resto de los humanos, estos iban rodando por encima del asfalto
solamente protegidos por una alfombra móvil que otros compañeros iban
instalando y protegidos de la inclemente solana, por otro par de paisanos que
con una especie de lona les facilitaba una compasiva sombra, a su alrededor
otras tantos bailaban al son de la música, que emanaba desde unos enormes
altavoces, soportados por un vehículo de no sé qué siglo, el cual les servía de
apoyo. Surrealista la escena a más no poder, como tantas otras que a través de
nuestro recorrido pudimos contemplar en este enorme y curioso país.
Después de vivir esta dadaísta escena, llegamos a
Jaisalmer "El Fuerte de la Colina
de Jaisal". Totalmente amurallada con 99 torreones, se eleva a 35
mts. de altura sobre la colina de Trikuta, dominando desde sus almenas,
troneras y barbacanas la ciudad baja y un gran panorama del árido Thar, en
medio del cual se halla, donde entre callejas estrechas y sinuosas se halla la
fortaleza y el palacio de los maharajás, en el alfeizar de su puerta, la siniestra
imagen de las huellas de las manos de las mujeres que se arrojaban a la pira
cuando sus maridos morían. La llamada Ciudad Dorada por el color de sus
edificios que le da la arenisca amarilla, es
uno de esos enclaves en los que parece haberse parado el reloj del tiempo, pero
ha sido convertida en un parque temático de las compras, plagada e
invadida de baratijas y quincallería, sobre el que este curioso viajero que os
relata considera que no hay tanto turista para todo el género aquí expuesto,
aun así atractiva y sugerente. En ella se puede encontrar alguna tranquila terraza
en donde tomar un té o una correcta cena como la del Lake View Restaurant, local del Hotel Surja, en
On Fort Kotari Para, o alguna otra desde
la que contemplar los exquisitos relieves de los tejados y cúpulas del
interesante complejo que forman los siete templos jainistas situados en medio
de su casco antiguo. Uno de los momentos más emotivos lo vivimos aquí......................
era por la mañana, estábamos en el pequeño templo hindú de Lakshminath,
donde un grupo no muy numeroso de feligreses, pero que colmaban el templo, realizaban
una ofrenda "puya" muy especial entre canticos y alabanzas...................
algo mágico envolvía el ambiente.
Por la parte baja de la urbe, caminamos sus calles en
busca de los "havelis", esos palacetes, con sus preciosas celosías, que
construyeron los antiguos mercaderes de seda, y que ahora prácticamente
abandonados son ocupados por gentes humildes que se dividen sus habitáculos por
familias, toda vez que la legendaria Jaisalmer no es ni sombra de su esplendoroso
pasado, ya que las rutas de antaño tampoco pasan por aquí, al igual que en
Bikaner, condenadas ambas al olvido y al abandono. Nos acercamos a la orilla
del lago Gadi Sagar, donde
lugareños dan comida a los insaciables peces gato al pie de las escalinatas de
sus templos, y esperamos la hora del crepúsculo para acercarnos a los
"cenotafios" (mausoleos sin tumbas) de Vyas Chhatris,
para desde ellos ver como el sol se despide del día en un lugar tan tranquilo y
sereno como este, con excelentes vistas de la ciudad, custodiada por su
magnífica fortaleza que durante casi novecientos años ha sido castigada y azotada
por los vientos del desierto cercano.
Otra de las tardes nos acercamos hasta la aldea de Khuri situada a 45 km. de Jaisalmer, para contemplar
desde sus proximidades, en las dunas del este desolado paisaje de arenas,
otro magnífico y colorido atardecer. Mientras llegaba la hora del ocaso
paseamos por sus yermas calles, en las que se asientan viviendas de adobe con tejados de ramas, contemplando el
trascurrir de estas menesterosas gentes y su vida cotidiana, en la que nos
saludan pudorosas y recatadas mujeres que medio ocultan su rostro con
traslucidos velos al vernos, siendo también recompensados con la algarabía de
los niños a nuestro rededor, sus sonrisas y sus intensas miradas a través de
esos enigmáticos ojos negros complementan estos instantes guardados en mi
imaginación.
Interesante es la leyenda que relata al origen del
desierto de Thar: En los escritos del Ramayana, se señala que cuando el dios
Rama tuvo que cruzar el océano con su ejército en busca de su esposa, raptada
por rey demonio Ravana, decidió usar un arma de fuego para secar el inmenso mar.
Todas las criaturas que habitaban en él asustadas por sus vidas le suplicaron
que no lo hiciera. Pero era imposible convencerle, decidiendo disparar al mar
distante; resultando ser ese mar el lugar en donde se encuentra actualmente el
desierto de Thar. A pesar de que esta fabula es pura mitología, curioso es
saber que en distintas excavaciones realizadas en este desierto, se han
descubierto fósiles que indican la existencia de vida marina en el pasado.
Continuando nuestro transitar por estas baldías tierras
llegamos a Jodhpur. Situada igualmente en el desierto de Thar, a mitad de camino
entre Jaisalmer y Jaipur, en la estratégica ruta que comunicaba Delhi con
Guyarat, beneficiándose durante el siglo
XVI del próspero tráfico de opio, seda, cobre, café y dátiles que por
ella trascurría. Pudiéndose todavía hoy
sentir ese aroma del pasado en sus atiborrados bazares, así como en la cálida
hospitalidad y simpatía de estas gentes del desierto.
Se la conoce en la actualidad como la Ciudad Azul, por el
color con que están pintadas de forma mayoritaria sus casas, que originariamente
era utilizado por brahmanes en sus viviendas, extendiéndose posteriormente al
resto de la población, porque se decía que ahuyentaba el intenso calor y los molestos
mosquitos. Está dominada por la altiva y poderosa fortaleza de Mehrangarh, emblema de Jodhpur y uno de los mayores de la India, el
cual recorrimos en súbita y efímera visita. A su entrada, también podemos apreciar el grabado que muestra las
palmas de las manos representando a las doce viudas de un maharajá, que en 1845
se arrojaron a la pira funeraria de su difunto esposo.
Dentro de sus fortificación se encuentra, entre otros múltiples
edificios, el palacio de maharajá. La potente construcción domina el centro de la ciudad, ocupando 5 km.
sobre una colina a 125 m de altura,
orgullosa de no haber sido nunca conquistada. Sus murallas de de 36 mts. altura y 21 de
ancho, han soportado innumerables asedios e incluso
una guerra de cincuenta años con el Imperio Británico. En uno de sus patios, un camarero junto a una
mesa repleta de refrescos nos propone si queremos tomar algo, manifestándonos,
que para los foráneos son gratis, toda vez que pagamos una entrada mucho más
cara y por ello el maharajá nos recompensa con un bebida. Desde sus
baluartes, bajo nuestros pies, observamos
unas increíble vistas de la ciudad y sus añiles tonos. En el distancia, la planicie da paso al
desierto del Thar, una tierra árida, parajes antaño transitados por mercaderes con
sus caravanas de camellos, algunos para comerciar y otros para acarrear
especias. Sobre estos baluartes Aldous Huxley, absorto ante este visual espectáculo,
subrayó en su diario, "… desde
los bastiones del fuerte de Jodhpur uno oye cómo deben hacerlo los dioses desde
el Olimpo, a quienes cada palabra pronunciada por el infinitamente habitado
mundo de abajo llega de manera clara e individual para ser registrada en los
libros de la sabiduría".
Al atardecer, descendemos caminando hacia el barrio
antiguo de la ciudad, rodeado por una muralla de 10 km. Transitamos por un laberinto de sinuosas
calles con la Torre del Reloj como centro neurálgico. Sus casas lucen sus
fachadas de azul celeste, como si
fuera un Belén de Navidad, paseamos entre la cotidianidad de
sus gentes, cruzando calles, recorriendo
bazares, saludando a hombres que charlan en las puertas de sus casas y sonriendo a mujeres de
vistosos y coloridos saris, que desde
sus ventanas observan como su universo inmediato trascurre a sus pies.
La multitud abarrota los espacios y dificulta nuestros pasos a cada instante,
bacas y cabras moran a sus anchas, pero el vigor y el espíritu de la urbe nos
absorbe. Todo ocurre mientras el día se despide y la ciudad parece abrazarte
con su ajetreo,.................. es como haber retrocedido en el tiempo a unos
siglos atrás.
Jodhpur es un lugar interesante para comprobar la calidad
de sus coloridos saris, es también conocida por su laca, títeres, zapatillas de
piel de camello y alfombras, donde adquirir te de buena calidad y encontrar
todas las mágicas especias de India, pudiendo localizar todo tipo de productos
en el Sardar Bazaar, un buen lugar para visitar, pasear y pasar el rato. Para degustar
el famoso "pyaaz ki kachori" con su "chutney" de tamarindo
y de postre los deliciosos "laddoos" o un refrescante "lassi" como
complemento perfecto de una cena Rajasthani, deberíamos acercarnos al Jharokha,
restaurante del Hotel Haveli, situado
en Makrana Mohalla muy cerca de la Plaza del Reloj, con unas magnificas vistas
de la fortaleza iluminada en la noche.
Por carreteras de segundo nivel, camino de Pushkar,
paramos en Merta, colorida y ajetreada población alejada del turismo, donde el
sabor de la india se nos hizo más intenso y genuino. Polvo, gestos, miradas y
sonrisas fueron nuestra compañía, durante nuestra corta estancia en ella mientras
disfrutábamos de unos zumos recién elaborados de naranja con granada.
Existe la creencia de que los dioses liberaron un cisne
con una flor de loto en el pico, con el compromiso por parte de Brama, el dios de cuatro cabezas, de que donde
el ave dejara caer la flor haría un gran sacrificio, cayendo en la actual
Púshkar, eso ha motivado que esta población sea una de las cinco ciudades más sagradas
para los devotos hinduistas, siendo una de las ciudades más antiguas de la
India, desconociéndose la fecha de su fundación. Asentada a orillas del Lago
Púshkar, al que los peregrinos acuden para realizar sus baños rituales en
alguno de sus 52 "ghats", que plenos de actividad y colorido
circundan completamente la lamina de agua. Púshkar acoge infinidad de templos,
el más afamado en el dedicado a Brahma que data del siglo XIV, existiendo muy
pocos templos dedicados a este dios en todo el mundo, desarrollándose por las
calles de sus alrededores sonoras, coloridas y festivas procesiones. También
afamada por la Feria Anual del Camello, al que acuden camelleros desde cientos
de kilómetros a la redonda, siendo muy populares durante su celebración entre
los meses de octubre y noviembre las carreras de camellos que se llevan a cabo
durante ella. Existe en su calle principal y más comercial, no muy lejos del
lago un restaurante de comida española, "Laura's Café", el cual defrauda y no es por mi parte
aconsejable. No así la localidad, en la que se puede sentir el ambiente de la
india mas real y autentica.
Camino de Jaipur, pasamos por Dudu para acercarnos hasta Lapodiya,
pequeña aldea donde nos alojamos en la casa del Sr. Lakshman Singh, agradable y
familiar lugar, pero en el que sufrimos un enorme calor durante nuestro
merecido descanso nocturno. Nuestro anfitrión, nos enseño a la mañana
siguiente, su ingenioso y premiado
sistema para recoger las aguas de lluvia, mediante unas charcas denominadas
"chowkas", mejorando el aprovechamiento hídrico en el de regadío de
tierras cultivables. Visitamos así mismo una cooperativa de mujeres que se
autofinancia a base de microcréditos. Sentados en el suelo del poche de la casa
de una de ellas, y engalanadas con sus áureos pendientes de aro en la nariz,
nos explicaron su forma de funcionar, proporcionándose prestamos unas a otras, como ayuda a su
economía familiar.
Jaipur, capital del Rajasthán, es apodada la "Ciudad
Rosa" por el característico color de sus casas, aunque no siempre gozo de
ese rosáceo matiz. Fue en 1883 con la visita de Alberto de Sajonia, consorte de
la reina Victoria de Inglaterra, cuando se engalanó la ciudad de ese tono,
conservándolo hasta hoy en día en que es ya obligatorio, creando una
característica y personalidad propia que podemos comprobar en toda su parte
antigua, donde sus fachadas con ventanales elaborados en celosía, dan un toque singular
a esta urbe.
Visitamos el City Palace (Palacio de la Ciudad), extraordinario
complejo de edificaciones y patios construidos en arquitectura rajasthani y mogol, que ocupan la séptima
parte del interior de la muralla de la vieja ciudad, en el que aun hoy en día
parte de él sirve como residencia del maharajá. Es sin duda uno de los lugares
imprescindibles de ver en Jaipur, y donde nos encontramos con un grupo de
monjas de Teresa de Calcuta, con sus inconfundibles vestimentas............ completando
con ellas la colección de atuendos religiosos en nuestro periplo hindú.
Muy próximo al
palacio se halla Jantar Mantar, el Observatorio Astronómico mandado
construir en 1716 por Jai Singh II y modelo de precisión para su época. No se
trata de un edificio en sí, ni se encuentra en el interior de un edificio, más
bien es como un parque urbano lleno de sorprendentes y enormes construcciones
astrales: relojes de sol, astrolabios, esferas armilares, estructuras
zodiacales, etc., todas de un formidable
tamaño.
El Maharajá Sawai Jai Singh II, nació el 3 de noviembre de 1688, un año después de la
publicación de los Principios de Newton, accediendo al trono con tan solo 11 años, compaginando
sus estudios y formación con los
de la gobernanza. Guerrero, diplomático, culto, erudito
y gran aficionado a la arquitectura y a las ciencias, en especial a la
astronomía, mando construir 5 observatorios similares al de Jaipur por toda la
India (Delhi, Benarés, Ujjain, Mathura y Jaipur). Conocía y había estudiado las obras de Newton, de John Flamsteed y
Domenico Cassini, creando una edad de oro en las artes, el urbanismo y
la arquitectura, fundando en 1728 la ciudad de Jaipur, sobre novedoso, simétrico
y astral diseño.
Por detrás del observatorio, casi en la esquina de las
calles donde se sitúa el bazar Tripolia y Hawa Majal road, se encuentra el
famoso y afamado Palacio de los Vientos,
"Hawa Majal", uno de los símbolos de Jaipur e imagen que
encontraremos en todos los quioscos de postales. Tras franquear unos hermosos
patios que se encuentran es su trasera, accedemos a un edificio de cinco pisos; los dos superiores,
más estrechos, dibujan la cola de un pavo real, uno de los animales que en la
India tiene un valor simbólico. Es apenas una curiosa y bonita portada de trabajadas
celosías en rosa y blanco, por donde las damas y esposas del maharajá, para las que fue construido,
podían observar el exterior sin ser vistas a través de sus numerosos miradores
repletos de casi un millar de ventanas. Para unos impresionante y majestuoso, a
mi me dejo una sensación de cierta decepción, permaneciendo en mi retina los "havelis"
de Jaisalmer y sus laboradas fachadas,
me parecieron mas autenticas; este repintado y perifollo edificio, se me
asemejó más a una tramoya de película.
A pocos pasos se sitúa el Ishwari Minar Swarga Sal (Isar
Lat), elevado minarete y uno de los puntos de referencia más
importantes de la ciudad. Erigido para dominar toda ella en 1749 por Sawai
Ishwari Singh,
hijo de Jai Singh II (el que construyó el observatorio astronómico), para
conmemorar la victoria frente a su hermanastro Madho Singh I. Está situado cerca
de la Puerta Tripolia, una de las siete curiosas y magníficas puertas que tiene
la muralla que rodea la ciudad antigua. La entrada se encuentra
por la parte de atrás siguiendo un callejón unos 50 metros, siendo posible
subir hasta su cúspide, desde donde se pueden obtener unas estupendas vistas de
la ciudad y de los alrededores de Jaipur. Pero al que no pudimos ascender por
estar en obras, no obstante, a notar nuestra decepción ante este hecho, un piadoso y gentil ciudadano se nos ofreció
a enseñárnoslo desde la terraza de un templo hindú situado enfrente, en
Tripolia Bazar.
Recorremos sus animados bazares, hasta llegar al aconsejable
restaurante LMB (Laxmi Mishthaan Bhandar),
situado en Johari Bazar road, donde comer
su bien preparada comida vegetariana, lograda a través de correctas
recetas hindús. En la tarde paseamos tranquilamente a "nuestra bola",
sin someternos a la disciplina grupal, dejándonos cautivar y perder por esta
ciudad rebosante de vida, actividad y color. Llegando hasta Mirza Ismail (ML) road, con sus joyerías,
tiendas de marca internacional y boutiques de moda, como si tal cual camináramos
por las madrileñas Serrano u Ortega y Gasset. Encontramos un sitio para tomar
una cerveza, complicada y no muy fácil labor en esta ciudad, era la cafetería
del Hotel Imperial, el lugar no podía ser de lo mas sicodélico y extraño, ni
una sola mujer había es su oscuro interior, solo alumbrado por tenues neones de
intenso azul y rojo, como si se tratara de un "lucecitas" de
carretera, pero con las luminarias dentro. A pocos pasos de este antro, se
ubica Raj Mandir, el más grande, ostentoso y famoso cinema del país, como un merengue rosa, hortera a más no
poder, donde visionamos una de esas interminables películas románticas y
bailonas de Bollywood, donde cada beso es una algarabía
de gritos y aplausos, subiéndose a las butacas los espectadores locales, al mínimo
atisbo sugerente de la proyección........................ todo un espectáculo, mucho
más que el propio filme.
En las cercanías de Jaipur, a tan solo 11 km. se
encuentra la población de Amber y su grandiosa fortaleza, a la que también
llegamos pillados de tiempo y de la que pudimos recorrer sus dependencias
mientras el sol comenzaba a esconderse por detrás de los cerros de su alrededor.
El Fuerte Amber domina desde un
altozano la pequeña localidad a la orilla de un ajardinado lago, una ciudad que
se muestra blanca y azul sobre la boca de una rocosa garganta, al abrigo de
tres colinas, a través de las cuales los rayos del sol tan sólo consiguen colarse
por turnos. Ya en pleno atardecer descendimos entre grupos de monos
hasta la aldea, en la que visitamos el baori (pozo de agua) de Panna Meena ka Kund, junto a un grupo de jóvenes que jugaban al críquet,
deporte nacional en India.
Ya en la oscuridad de la tarde avanzada y tras un breve
recorrido en autocar conseguimos llegar hasta Nahargarh Fort, para ver Jaipur
desde la altura y en la noche. Tomando plácidamente unas cervezas en su
terraza, oyendo bajo de nosotros el ajetreo de la ciudad y los canticos fervorosos
de los hindús; mientras a nuestra espalda, parte del grupo discutía sobre la
propina que había que dar al chofer del autocar y su ayudante, a los que solo
por llegar hasta aquí desde el Fuerte Amber, arañando el vehículo con la
vegetación de los arboles de la carretera y por la atención que hacia nosotros
tuvieron durante todo el viaje, se la tenían con creces ganada................,
pero la pelaaaaaaaa, es la pelaaaaaaaaaaaaa.
Rajasthán es un país
dentro de otro, un mundo árido y dulce a la vez, lleno de color y escenas
irrepetibles, con gentes humildes devotas de sus dioses, un lugar donde el
tiempo parece detenido hace cientos de años................... donde el viajero
al recorrerlo parece estar viviendo la realidad del cuento de Las Mil y una Noches.
Publicado por
Pablo Font
en
20:48
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comentarios
Etiquetas: - Rajasthán (India)..........el País de las Mil y una Noches
martes, 31 de diciembre de 2013
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