miércoles, 13 de octubre de 2010

- Delta del Orinoco..............la tierra de los Waraos (Venezuela)

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¿Qué me trae a estas tierras 500 años después de que el primer Europeo se acercase a ellas?............. intuyo que venir a estos lugares, es por la pretensión que todo humano tenemos de escudriñar lo que nos es diferente, de recorrer espacios, conocer gentes y tierras distintas, de ver con nuestros propios ojos lo desconocido; aunque ya imágenes de todo el planeta las podemos ver por este magnifico medio que es Internet. Pero aun así nos faltan las sensaciones, los colores reales, los tiempos y hasta los olores con los que siempre somos regalados al acercarnos a lugares lejanos y dispares, de los que a diario tenemos en nuestra próxima y monótona cotidianidad; serán entonces estos elementos los que me han traído por aquí,.......... a tierras americanas.

Ya hace tiempo que tenia ganas de acercarme a estas latitudes tropicales, mas de 35 años han pasado de cuando tuve por primera vez referencia de estos parajes a través de Félix Rodríguez de la Fuente, por su serie televisiva “La Aventura de la Vida” durante su viaje al Cerro Autana en diciembre de 1973. Años mas tarde tuve noticias de ascensiones a otros Tepuis por parte de alguna que otra expedición, y por ultimo la invitación, que no pudo ser, de mi amigo brasileño Marcio Tosi para descender el Amazonas y subir después al Roraima Tepui. Por fin he logrado que todos esas llamadas en el tiempo se pudieran ahora hacer realidad, que mis botas patearan esas tierras y mis sentidos se llenaran de todo lo que esta enorme fuerza de la naturaleza nos muestra en el interior de un país como Venezuela.

Con estas notas comienzo una serie de artículos a través de los cuales intentare relatar lo vivido en aquellas tierras, que por su singularidad y grandeza destacan sobre otros lugares de nuestro gastado planeta. Ocho trayectos en aviones y avionetas, doce recorridos en lanchas, canoas o curiaras, seis itinerarios en todo terreno, cuatro en automóviles, dos de ellos en un pomposo Ford Lincoln del 92 y seis rutas a pie, alguna de ellas de intensidad, han sido necesarios para poder conocer estos sitios llenos de un encanto único. La grandiosidad de Venezuela, la dificultad de sus vías de comunicación y las distancias entre ellas, hacen necesario la utilización de trasportes poco convencionales para movernos por este país. Desde esta pagina quiero agradecer a Luis Guillermo y Mary de Adrenaline Expeditions, por su esfuerzo en conseguir que nuestro periplo fuera lo mejor posible y que su trato personal se acercase incluso a sentirnos con ellos como en familia, recomendando a todos los que estéis interesados en recorrer estos lugares os pongáis sin dudarlo en sus manos.

Siempre intento organizar los viajes de tal manera que los lugares a recorrer sean de menor a mayor interés, pretendiendo conseguir que la sensación al regresar de ellos sea la más intensa posible, por eso plantee como primer sitio a visitar el Delta del Orinoco, pero al recorrer esta inmensidad de agua y vegetación, al conocer a sus pobladores, al ver sus formas de vida y los recursos con los que viven, mis impresiones sobre este lugar se vieron incrementadas sobre las expectativas que de él había obtenido en las informaciones recopiladas, consiguiendo acrecentar de una manera considerable la imagen que de este lugar tenia antes de haberlo recorrido.

El Delta de Orinoco se forma a partir de la unión de los dos grandes ríos de Venezuela el Orinoco y el Caroní, muy próxima a la ciudad de Puerto Ordaz. Comprende un enmarañado laberinto de 40.000 km2, creado por mas de 300 brazos, formando los canales por los que discurren sus aguas hasta el océano Atlántico, tributando un caudal de unos 18.000 m3 por segundo y aportando 10 millones de toneladas de sedimento al océano, añadiendo cerca de 40 metros de nuevas tierras por año y creando en su desembocadura un espacio de unos 350 km. de longitud, para darnos una idea, la distancia aproximada entre Madrid y Zaragoza. Su extensión hizo pensar a los primeros exploradores españoles que se trataba de un mar.

Aunque Cristóbal Colón el 3 de agosto de 1498, durante su tercer viaje, desembarcó por fin en tierra firme americana, en la costa venezolana, por la zona del golfo de Paria, cerca a la desembocadura del Orinoco denominándola Tierra de Gracia, no surcó su río, ni conoció su delta. Fue Alonso de Ojeda en compañía de Juan de la Cosa y Américo Vespucio (de aquí le viene el nombre al continente) quienes en 1499 divisaron su desembocadura. Vicente Yañez Pinzón en 1500 descubrió el Delta, bautizando al gran río como “Río Dulce”. Pero fue Diego de Ordaz comendador de la orden de Santiago, capitán de Hernán Cortés y a la sazón rapiñador de los indígenas mejicanos, quien en 1532 remontó el Orinoco hasta la confluencia con el río Meta, siendo el primer europeo reconocido como explorador del delta, sin embargo sus intenciones eran las de encontrar “El Dorado”, leyenda creada por las informaciones que los aborígenes le habían dado sobre la existencia de una gran riqueza de oro mas allá de la confluencia del río Meta. El 23 de junio de 1532, Diego de Ordaz entro por Pedernales con doce navíos y 400 hombres guiado por un indígena de nombre Taguato; esta expedición después de haber llegado al pueblo de Uriparia continuo remontando hasta cerca de la desembocadura del río Meta, afluente del Orinoco, actualmente en la frontera de Venezuela y Colombia. Se atribuye a Diego de Ordaz la fundación en 1532 de ciudad de Santo Tome de Guayana, cerca de la desembocadura del río Caroní con el Orinoco, próxima a donde se encuentra hoy la actual ciudad de Puerto Ordaz.

Mas tarde en 1561 descendiendo el Orinoco, vuelve a pasar por el delta camino de Isla Margarita, otro personaje singular, Lope de Aguirre, apodado indistintamente El Loco, El Tirano, El Traidor, Peregrino, Príncipe de la libertad o La ira de Dios. Formaba parte de una expedición gobernada por Pedro de Ursúa en busca nuevamente de las riquezas de El Dorado, al no encontrar rastro alguno del legendario territorio, el descontento resultante fue aprovechado por Lope de Aguirre para organizar una insurrección, asesinar a Ursúa y tomar el mando de la expedición, posteriormente se dedica a ejecutar y asesinar a diestro y siniestro, ya sean soldados a sus ordenes, como indígenas pobladores, se le atribuyen 72 muertes, hasta su hija fue estrangulada con sus propias manos. Así mismo declara por escrito su rebeldía al rey español, el ortodoxo, católico y poderoso Felipe II, declarando la guerra al imperio español y proclamándose Príncipe de Perú. Simón Bolívar dejó escrito que la rebelión de Lope de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América.

Sobre este extraño personaje os aconsejo la extraordinaria película “Aguirre la cólera de Dios” que Werner Herzog realizo en 1972, basada en el diario escrito por fray Diego Gaspar de Carvajal, que participó directamente en la gesta, siendo este el único testimonio que se conserva de esta demencial aventura, llevando a un grupo de personas, cegadas por la codicia y dispuestas a cualquier traición, a navegar por los caudalosos y peligrosos ríos hasta que se encontraron, cara a cara, con la tragedia.

También Ramón J. Sénder, se sirvió de las notas del fraile para escribir en 1968, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, en la que de una forma prodigiosa nos narra los hechos protagonizados por el rebelde y paranoico Aguirre.

Pasados 150 años de estos hechos trágicos, llegaron a estas tierras en plan mas sereno los Padres Capuchinos Catalanes, ya no con la intención de encontrar la ciudad de oro, sino la de evangelizar a las culturas indígenas pobladoras de estos dominios y convertirlas en mano de obra productiva, en contraposición de lo que hicieron sus hermanos Jesuitas mas al norte evangelizando influenciados por las teorías Roussonianas.

El jesuita Padre Gumilla, es quien escribe en 1731 “El Orinoco ilustrado y defendido”, la primera descripción de la cultura indígena de los Waraos.

El devenir de las guerras por la independencia frustró el desarrollo de las misiones. El 17 de Mayo de 1817, los dieciocho misioneros capuchinos que se hallaban recluidos en la Misión de Caruachi, fueron lanceados y macheteados y sus restos arrojados al Caroní. Posteriormente, el 16 de Octubre de 1817, el General Manuel Piar fue fusilado en Angostura. Las misiones fueron transformadas en fincas ganaderas, cesando toda su estructura industrial. Terminado así la historia de las misiones capuchinas catalanas.

Los Waraos

Tribus asiáticas penetraron en América por el estrecho de Bering llegando hasta Alaska cuando estos dos continentes aun estaban unidos por un istmo, extendiéndose después hacia el E y el S, camino de las llanuras centrales de Norteamérica. Desde allí se diseminaron a México, Centroamérica y Suramérica, pudiéndose establecer que los primeros asentamientos que se instalaron en territorio venezolano datan de aproximadamente 17.000 años a. C. Es difícil establecer la fecha en que estas tribus se establecieron en bajo Orinoco. No obstante, se asegura que la antigüedad del Warao en el Delta se remonta a unos 17.000 años.

La reciente historia de este territorio la han hecho los indígenas Waraos (gente de las canoas), que según su tradición oral, llegaron al Delta huidos de otras tribus más belicosas, obligándoles a aislarse en estos parajes. Inicialmente fueron pescadores, cazadores y recolectores, posteriormente pasaron a ser agricultores con la introducción de semillas y otros productos desde la isla de Trinidad y de Guyana. Los Waraos continúan siendo parte importante de este espacio, aferrados en su cultura y adoptando nuevas actividades que les proporcionan una mejora económica. Se calcula que actualmente la población de waraos es de unos 37.000 de los cuales unos 30.000 hablan en su idioma.

Su actividad tradicional ha sido siempre la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres, teniendo próximo a su choza un “conuco”, especie de huerto del que también se abastecen. La cultura de estos indígenas sigue ligada a la planta del moriche que les proporciona alimento, bebida, casa y ornamentos. Actualmente, muchos de ellos se han transformado como obreros del campo, prestando sus servicios en fincas agrícolas, o bien en tareas relacionadas con el turismo o la construcción.

Los Waraos han sido paganos durante el transcurso de su existencia, rindiendo culto al sol, la luna, las aguas, a los cuales atribuían poderes especiales. Al comenzar las misiones cristianas sus dogmas se fueron modificando y muchos se convirtieron al catolicismo, pero aun hoy en día siguen vigentes esas creencias, sobre todos en los que viven más apartados de la sociedad. No se puede decir que el matrimonio entre los Warao carezca de formalidad por no existir una ceremonia como tal. No hay un noviazgo previo, la mujer acostumbra a escaparse con la pareja elegida, bajo las sombras de la noche. Los Waraos no son promiscuos por naturaleza, normalmente hacen vida marital solamente con la pareja que han tomado como esposa y normalmente lo hacen muy jóvenes, especialmente la mujer que en la mayoría de los casos contrae matrimonio en su etapa de pubertad.

La muerte para ellos es considerada en dos aspectos: como un hecho natural (si se produce durante la vejez) o como intervención de espíritus que hacen daño a las personas. El rito de la expiración se hace en la actualidad mediante enterramiento, pero antes se colocaba el cadáver dentro de una urna, esta se llevaba a un lugar fuera del poblado o se dejada en la misma casa del muerto sobre estacas a un metro de altura, en este caso la vivienda era abandonada totalmente.

El recorrido

La inmensidad de estos parajes se nos hace mas acusada al adentrarnos en su interior, dentro de él es donde notamos la enormidad de este territorio, el agua es todo, aun lo que parece tierra firme también está en gran parte inundado. El agua es su sistema de comunicación, el agua es el elemento que les da vida, el agua regula su clima, el agua mantiene su vegetación y el agua modela la multitud de canales, que han conformado semejando a Venecia, el nombre del país, Venezuela.

Habiendo salido temprano de Puerto Ordaz, comenzamos nuestro recorrido desde la aldea de San José de Buja, aquí nos introducimos en el liquido elemento, del cual prácticamente no saldremos hasta varios días después con nuestra partida, recorremos los caños sorprendidos por la vegetación que observamos a nuestro rededor, en donde de forma mimética se esconde una abundante y variada fauna. Caño Buja se convierte en nuestra principal autopista fluvial y el Orinoco-Eco-Camp nuestro refugio, desde este campamento bien situado, en el que encontramos la acogedora austeridad de sus instalaciones, partiremos a los recorridos por los brazos acuáticos del Orinoco; por las mañanas antes o después de tomar el desayuno en una curiara a remo (canoa elaborada a mano vaciando un tronco y dándole forma de piragua), recorriendo en silencio los canales, solo acompañados por los ruidos de la selva que a esa hora se esta despertando, rompiendo sutilmente a nuestro paso el espejo que las tranquilas aguas forman a nuestro alrededor. Posteriormente ya en lancha a motor, descubrimos por el caño Nanarima, en dirección a Río Tigre, una parte de sabana despojada de la vegetación selvática que nos había acompañado durante toda la ruta, aquí en la mas absoluta soledad encontramos unas construcciones, se trata de una granja de búfalas, las cuales dedican su leche a la producción de queso, allí me encuentro con un joven y nuestras palabras se cruzan, me dice que le encanta su trabajo y que le gusta vivir en ese lugar, que no hecha de menos los sitios habitados y que solo los fines de semana abandona el lugar para ir a San José de Buja a pasar el rato, me comenta, siempre con una agradable sonrisa en sus labios, que aquí nunca le falta comida, pues el dueño se encarga de mandársela y siempre hay, con él viven un viejo y una chica joven madre de dos hijos, que al parecer es una de las esposas que tiene el propietario de la granja, un señor ya mayor que no vive con ellos. Comienza a atardecer, mientras probamos el queso y tomamos un te, el cielo se convierte en un espectáculo adornado con toda la gama posible de tonos azules, las nubes, en la despedida del Sol nos regalan unas imágenes únicas que no solo las cámaras de fotos recogen, también nuestros sentimientos.

Al día siguiente navegamos rumbo Este, camino de Caño Buja para desviarnos a Caño Danto, hoy haremos a pie un corto recorrido por la selva, Antonio nuestro guía warao, nos introduce por un enrevesado maremagnum de vegetación, todo esta prácticamente encharcado, aquí nos enseña algunas plantas y su utilidad, como conseguir agua de ellas y las características de otras para usar como medicinas, como alimento o también como detergente. De la nada, los waraos con unas simples hojas confeccionan una cesta, hacen un vaso o un envoltorio. Nos muestra el moriche, árbol sagrado y proveedor del warao, de él toman sus frutos, sacan almidón, hacen guarapo (una bebida) y extraen su fibra, que luego lavan, secan al sol y la hilan para dedicarse a tejer sus hermosas cestas y las resistentes hamacas. Una experiencia es probar los gusanos del moriche, son blancos, gruesos y de unos cuatro centímetros, tienen un sabor parecido al coco. Una vez que derriban la planta, dejan el tronco en el suelo y al mes ya pueden sacar hasta un kilo de gusanos, proporcionándoles proteínas y grasas, comiéndolos crudos, vivos o también fritos.

Al regreso desde la selva, en la canoa algunos intentan pescar pirañas y hasta lo consiguen, nos servirán para cenar. Ya camino de retorno al campamento el cielo se cubre y barrunta tormenta,........ ya creo que si, justo al instante de desembarcar, se pone a llover,............... y de que manera. Escampa ya en la tarde y volvemos a salir para intentar ver atardecer desde unos de los caños próximos, el cielo esta gris y aun llueve un poco, la lancha recorre solitaria a media luz el canal, sus aguas son de nuevo espejos que nos reflejan la realidad de la selva, pero con otra luz, mas oscura, mas serena, mas tranquila. Paramos en la intersección de dos caños para intentar captar ese momento de la puesta de sol, pero este hoy no se ha dejado, como contrapartida somos regalados por otro momento mágico, dos niñas warao salen de su choza en la orilla del río y se acercan en una pequeña curiara hacia nosotros, casi no hay palabras, solo miradas y sonrisas, vienen a ver si les podemos dar algo de gasolina, pero se entretienen un rato con nosotros, a lo lejos están los suyos en la choza, el humo de su hoguera indica que preparan la cena, creo que el conocimiento del castellano que tienen es muy limitado, pues contestan con dificultad a las preguntas que les hacemos, nos tocan y las tocamos, unos chicles y un poco de refresco es el regalo que les podemos dar, ellas nos han regalado su presencia y su sonrisa.

Amanece de nuevo, hoy desayunamos muy temprano, queremos visitar los asentamientos waraos que Antonio nos había comentado la noche anterior y no están cerca, partimos por el Caño Buja camino de Caño Mánamo, el mas grande de toda la zona, que llega hasta la desembocadura en el Atlántico. En la orillas vamos observando aisladas construcciones de chozas “janokos” en donde los waraos tienen su hábitat y forma de vida, en gran mayoría idénticas a las de sus antepasados, levantadas con troncos de madera y techos a dos aguas cubiertos de hojas de temiche (palmera), abiertas completamente al exterior sin ninguna pared que las proteja, ubicadas generalmente en las orillas del río y levantadas sobre palafitos, de tal manera que el piso quede siempre por encima de las mareas marinas que hasta aquí llegan, son de lo mas simple, un solo habitáculo donde cohabitan todos los miembros de la familia, donde cocinan y duermen, eso lo hacen en hamacas que por estas latitudes llaman “chinchorros”, elaborados por las mujeres mediante un laborioso proceso con la fibra del moriche (palmera). En el piso hay grandes fogones para cocinar, protegiendo las maderas con una capa de barro. El río les sirve de comunicación, de él sacan el agua y el resto de sus necesidades esta en la selva, en la cual están inmersos.

Durante nuestro recorrido seguimos viendo estas gregarias construcciones a uno y otro lado del caño, hasta que llegamos a Yabinoko una pequeña agrupación de janokos que forman una diminuta aldea, mas adelante pasamos por Boca Tigre (Tobe Aroko), apenas media docena de cabañas y entramos en Caño Mánamo que aquí se muestra en toda su inmensidad, hasta 800 m. llega atener de ancho en algunos de los sitios. Mas adelante descendemos y visitamos el núcleo de La Culebrilla compuesta por unas 40 familias y cuya comunidad esta especializada en la confección artesana de cestería, aquí podremos adquirir chinchorros de moriche, así como pulseras y collares que venden la niñas waraos, un lugar interesante de visitar y la más organizada de todo el Delta, los indígenas están comenzando a sembrar tirite, lágrimas de San Pedro y otras fibras usándolas en la artesanía para que esta sea sostenible.

A una media hora esta la comunidad de Winamorena, pero ya se nos hace tarde y tenemos que regresar porque finaliza nuestro recorrido por el Delta, no sin llevarnos una sensación agradable de estos lugares y sobre todo de sus gentes, los indígenas Waraos, que aun en el siglo veintiuno y pasando por delante de sus casas lo que entendemos nosotros por “modernidad”, siguen manteniendo en gran parte una vida en común con la naturaleza, orgullosos de mantenerla y felices del medio en el que residen.

Desde aquí quiero enviar un especial agradecimiento a Antonio y su hijo Jesús, indígenas Waraos, por su compañía y enseñanzas.

lunes, 19 de julio de 2010

- Vignemale.........La Montaña del Conde Russell (Pirineo Francés)

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Recorrer de nuevo estos valles me llena de recuerdos, memorias de treinta y tantos años atrás, de amigos perdidos en el tiempo y otros perdidos para siempre, añoranzas de cuando el desafió de la verticalidad era una forma de vida, años de cándida demencia en los que no solo nos conformábamos retando la escalada de altas cumbres, también aspirábamos a poder cambiar el mundo. Alguno menos de los veinte años debería tener cuando mis botas pisaron por primera vez estos valles, y parece que nada en su alrededor ha cambiado, salvo que el mango de los piolets que ahora se utilizan ya no es de madera.

Cauterets, población situada a los pies de estas montañas sigue siendo la misma villa decadente de siempre, con la arquitectura típica de las poblaciones-balneario del siglo XIX, si acaso ahora al cruzarla la he visto mas ajada, algunos de estos bellos establecimientos hoteleros que la identifican han cerrado y la urbe aun con su incesante transitar me parece menos aristocrática y mas marchita que por aquel entonces.

Su nombre le viene de "Caoutares" manantiales de agua caliente y el esplendor a esta villa pirenaica le surge de sus afamadas termas, ya usadas en tiempos de los romanos. Siendo durante la estancia de Margarita de Navarra, en 1539, cuando Cauterets adquirió notoriedad. Durante el siglo XIX por ella paso gran parte de la aristocracia no solo francesa, también del resto de Europa, nombres como los de George Sand, el cardenal Richelieu, Chateaubriand, Claude Debussy, Gustave Flaubert, Napoleón III, Eduardo VII de Inglaterra y hasta nuestro Alfonso XIII, amén de la canonizada Bernadette Soubirous (la chica de Fátima), Víctor Hugo que también la visitó en 1843, comentó al llegar a Cauterets:

“Vengo del mar y estoy en la montaña. Solo es, por decirlo así, cambiar de emoción. Las montañas y el mar hablan al mismo lado del espíritu. Este valle es apacible, el escarpamiento es silencioso. El viento calla. De repente, en un recodo de la montaña aparece un torrente. Es el ruido de la pelea y tiene su aspecto”
El encanto de estas poblaciones y estos valles del otro lado del Pirineos es magnifico, pero lo que me hace volver aquí es la grandeza de sus montañas, sobre todo el Vignemale, macizo calcáreo de imponente grandiosidad e inhóspita belleza, que descubrimos en su inmensidad a medida que ascendemos por el valle de Gaube camino del refugio de las Oulettes, desde su puerta el espectáculo es único, formamos parte de un escenario majestuoso, en donde los espectadores somos como minúsculas hormigas; delante de nosotros la verticalidad lo domina todo, paredes de mas de 900 mts. y glaciares rotos por el tiempo llenan nuestra vista, que a cada momento del día cambian de color y sus formas, siendo al atardecer cuando se tornan mas siniestras aun si cabe.

El Vignemale, denominado Comachibosa en tierras aragonesas, es la montaña de los Pirineos Franceses, es la de mayor altura al otro lado de esas fronteras que separan estados, pero que por aquí unen a gentes de la misma condición, embelesados por estas rocas y el magnifico entorno de esta naturaleza sobrecogedora e imponente. No es la cumbre más alta de los Pirineos, pero es sin duda la montaña más sugestiva. El glaciar de Ossoue, por el que se asciende a su cima, es el más importante de toda la cordillera, sus imponentes paredes de roca junto con sus eternos hielos, la han hecho digna de ser considerada la más alpina de todas las cumbres de Pirineo.

La primera ascensión al Vignemale es atribuida al guía Henri Cazaux y su cuñado Bernard Guillembert en 1837, aunque es muy posible de que anteriormente fuera coronado en 1792 por los cartógrafos Simón Guicharnaud y Capdevielle. La primera mujer en alcanzar esta cima en 1838 fue inglesa Anne Lister acompañada por los guías Henri Cazaux, Jean Pierre Sanjou y Jean Pierre Charles. Cuatro días después la ascendió el Príncipe de Moskowa. Su impresionante cara norte fue ascendida en 1933 por Henri Barrio y Robert Bellocq.

Pero esta cumbre tiene un personaje propio, un personaje único como no ha ocurrido con ninguna otra gran montaña, el Vignemale es la historia de Henry Russell Killough, el Conde Russell. De origen irlandés pero nacido en Toulouse en 1834, aristócrata atípico, dedico su juventud a recorrer gran parte del mundo, visitando América del sur, Cabo de Hornos, Rusia, Siberia, China, Tibet y el Himalaya, Japón, Estados Unidos, Canadá, hasta recorrió las tierras de Australia y Nueva Zelanda, de todos los lugares visitados relato en sus escritos las experiencias vividas y hasta parece que de ellos se sirvió Julio Verne para algunas de sus obras como Miguel Strogoff o retratarle en la Vuelta al Mundo en ochenta días a través del personaje Phileas Fogg. Pero su pasión eran las montañas y concretamente el Pirineo, el cual veía a diario desde la ventana de su morada en la población de Pau, sentía admiración por los precursores del pirineismo como Ramond de Carbonnières o Vicent de Chausenque y como ellos se dedico a recorrerlas y a escribir sobre ellas, en multitud de artículos y en numerosos libros.

Vestido con un original ropaje al cual se había habituado en sus viajes por oriente, calzado de las botas de clavos que mandaba fabricar a propósito y ayudado por su bastón de fresno, era persistente en sus recorridos por los Pirineos de uno y otro lado, recorre los Montes Malditos, asciende entre otras cumbres al Cilindro del Marboré, Balaitús, Aneto, Coronas, Posets, Cotiella, Picos del Infierno; fue cofundador y secretario de la primera entidad pirineísta, creada en 1864, la "Société Ramond", siendo director de su revista en 1866 y también colaboró en la fundación del Club Alpino Francés. Introdujo el saco de dormir en el elemento alpino, tomando esta practica de un guardia de aduanas español al que vio cobijarse envuelto en un saco confeccionado con el vellón de varias ovejas, se hizo fabricar uno similar con las pieles cosidas de seis corderos, pesaba alrededor de tres kilos y el Conde lo probó confortablemente una fría noche en la cumbre del Aneto. En sus largos recorridos serranos nunca falto en su mochila el "chartreuse", el ponche y unos cigarrillos.

Siendo el Macizo del Vignemale, al que ascendió por primera vez en 1861, el que le cautivo del todo, llegando a conseguir una concesión en propiedad por un periodo de 99 años, de 200 hectáreas de rocas y glaciares situadas a más de 2.300 mts. de altitud, a los que convertiría en su segunda casa. En ellos mando construir varias grutas, donde pasar sus veladas montañeras, en 1881 crea cerca del puerto de Cerbillona, la primera de las grutas que mandaría ubicar, situada a 3.195 metros, por encima del glaciar de Ossoue y capaz de albergar a siete personas, se la conocería como Villa Russell, a esta se le añadirían en 1885 durante su duodécima ascensión la Gruta de los Guías y un año después finalizo la Gruta de las Damas. Posteriormente mando crear la Gruta de los Enfermos y muy próxima a ella dos nuevas grutas que formaran el grupo de las tres conocidas por el nombre de Bellevue, muy próximas al actual refugio de Baisselance. En 1892 mandada excavar unos veinte metros por debajo de la cumbre de la Pique Longue (3.298 m) en el Vignemale la Gruta del Paraíso, esta es sin duda el “vivac-abrigo” más alto de toda la cordillera.

“Así es como entiendo la felicidad. Nunca he amado la vida civilizada”
También quiso conseguir que su montaña superase los 3.300 mts. y mando construir en la cumbre de Gran Vignemale una torre de piedra de mas de tres metros, pero afortunadamente la sabia naturaleza al paso del tiempo volvió a poner las cosas en su sitio, esa naturaleza también la he sufrido y he podido sobrecogerme en su cumbre oxidada de pirita, de cómo los rayos de las tormentas que nos enviaba el Dios Zeus, jugaban al azar con nosotros, mientras trepábamos camino de su cima.

Russell realizo 33 veces la ascensión al Vignemale, la ultima fue el 8 de agosto de 1904 de la que queda una fotografía histórica. Cinco años más tarde, el 5 de agosto de 1909 muere en Biarritz, dejando su legado del Vignemale al Club Alpino Francés.

Esta definición que de él he encontrado, es el compendio de una vida dedicada a las montañas:

“Vivió la montaña con la pasión de un enamorado y con el recogimiento franciscano de un místico. En la soledad y la belleza de los espacios agrestes de los Pirineos, persiguió una elevación espiritual que al descubrimiento de lo nuevo añadía un deseo de fundirse con la naturaleza en su estado más puro y genuino. En el esfuerzo de las largas caminatas, supo apreciar con sensibilidad exquisita toda la poesía que atesoran las piedras, las nieves, las aguas y los bosques de las hermosas montañas pirenaicas”
Comparto plenamente la admiración de este pionero por estas alturas, sobre las que en su libro “Recuerdos de un montañero” escribió:

"He visto bastantes montañas: el Himalaya, los Andes, los picos fúnebres de Nueva Zelanda, los Alpes y el Altai; todas, más nevadas que ahora. Durante toda mi vida he amado, yo diría que he adorado a las montañas, ascendiéndolas con pasión. Puedo comparar entre sí a muchas de ellas; pero, por ciego que sea el amor, creo tener razón al admirar más que nunca a los Pirineos, a su cielo tan azul y limpio, a sus hielos resplandecientes, a sus aspectos vaporosos, a las llanuras ardientes y aterciopeladas adormecidas en su base bajo el sol más hermoso, y a esas aguas maravillosas que escapan de las nieves con furor, para calmarse enseguida sobre céspedes horizontales y serpentear en silencio entre tapices de flores tan raras y encantadoras que apenas nadie osa caminar sobre ellas. En la naturaleza pirenaica existe una poesía extrema, una armonía de formas, colores y contrastes que no he visto en ninguna otra parte"



Si Russell quedo tan impactado por esta montaña no fue por mera casualidad, sino porque sus espectaculares siluetas, vistas ascendiendo desde el Valle de Gaube, son capaces de cautivar a cualquier visitante, sea este montañero o no. Solo espero que algún día algunos de los que leéis estas paginas os acerquéis a recorrer estos caminos y os llenéis de la naturaleza y grandiosidad que rezuma por cualquiera de sus valles y cumbres.

martes, 15 de junio de 2010

- Memoria Historica

sábado, 15 de mayo de 2010

- Wadi Rum..... el desierto de Lawrence de Arabia

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Al sur del todo de Jordania, a no muchos kilómetros de Petra, próximo ya a la ciudad de Aqaba y en la linde de Arabia Saudí; esos limites creados artificialmente, fronteras uniformemente rectas que definen países, pero que no delimitan pueblos; aquí en medio de la nada esta el desierto de Wadi Rum. Un punto mas en un plano, una tierra estéril de las que abundan en nuestro planeta, una parte de ese Oriente no muy lejano a nosotros que ha estado olvidada hasta no hace mucho y que hoy es uno de los lugares más visitados junto con Petra de todo el reino hachemita, visitas como la nuestra de gentes multicolores que por un poco espacio de tiempo queremos llenarnos de toda su grandiosidad y árida belleza.

Wadi Rum es un desierto diferente a todos los que hasta ahora mis ojos han podido percibir, no son esas inmensidades de planicies pétreas o arenosas, Rum esta formado por una continuidad de alineados valles (wadis) arropados por formaciones aisladas de esbeltas montañas trágicamente erosionadas por el viento, verdaderos paraísos para los deportistas que batallan con la gravedad. Un lugar único por su áspera belleza y completa aridez, en donde sus orgullosas rocas no impiden dejarnos esa sensación de grandiosidad y soledad de este espacio al que hemos llegado y del que solo traemos referencias de su orografía y situación, así como algunas reseña historia o turística.

En la actualidad es un espacio natural protegido, al que hay que acceder a través de un Centro de Recepción, desde el que divisamos “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, original montaña que debe su nombre al libro de memorias de Lawrence de Arabia.

Cruzamos la aldea de Rum, donde se termina la línea negra de asfalto, pasando a un mundo nuevo, casi fantástico, aquí es donde verdaderamente comienza el espectáculo, a nuestros costados enormes formaciones pétreas nos dan la bienvenida a esta naturaleza inerte, pero que estuvo habitada desde tiempos remotos como muestran los grabados y dibujos que en sus rocas encontramos. Transitamos por arenas de cambiantes colores que desde los púrpuras a los dorados, se extienden entre las moles rocosas hasta donde nuestra vista llega alcanzar, solo el cruce con algún otro Toyota que como nosotros ha llegado hasta aquí para llenarnos de esta grandiosidad, rompe este paisaje deshumanizado.

Nos dirigimos hacia las laderas del Jebel Khazali, en él recorremos un estrecho y corto siq (barranco) donde contemplamos los primeros grabados e inscripciones talmúdicas en las rocas, respiramos la soledad de la tarde, nada a nuestro alrededor nos molesta o estorba, todo lo que nos rodea es una paz sugerente que nos invita en esta hora de la tarde a acercarnos hacia unas rocas cercanas para ver en su esplendor como el Sol de estas latitudes se despide poco a poco del día, regalándonos unas vistas a nuestro alrededor únicas y unos instantes difíciles de olvidar.

Al rededor de una hoguera, una sabrosa sopa de lentejas y un apetitoso guiso de pollo con verduras, nos preparan para pasar la noche en uno de los campamentos perfecta y estratégicamente instalados en medio del desierto, el nuestro emplazado al abrigo del Jebel Khazali, en una situación privilegiada, mirando hacia el este y con unas vistas grandiosas sobre el Ghor al Ajram (Valle del Ajram) y las montañas que lo delimitan. Un lugar idoneo desde el que contemplaremos en noche cerrada como aparece lentamente la silueta de la luna y por la mañana nos riega con sus primeros rayos el astro rey.

Un nuevo día nos entrega su luz disponiéndonos a recorrer estas planicies rotas por las altas rocas, de nuevo al zarandeo del Toyota camino del pequeño arco rocoso de Rakabat al Wadak, al que ascendemos, seguimos por el valle hasta llegar a Umm Fruth, este puente es mucho mas grande y majestuoso que el anterior, lo trepamos hasta su vértice y descubrimos un panorama impresionante, a nuestros pies los wadis arenosos y en la lejanía las espectaculares formaciones rocosas que llenan el espacio hasta donde se pierde la vista.

Retornamos sobre nuestras rodaduras y tomamos ahora dirección norte hacia las proximidades del desfiladero Barrah, aquí nos detenemos a ver las ruinas de lo que los lugareños denominan Casa de Lawrence, solo un tapial en piedra al aprisco de una roca queda de la construcción; continuamos hasta llegar a las faldas del Jebel Annafishija, en donde admiramos la mejor colección de grabados e inscripciones talmúdicas y nabateas de toda la zona, camellos, formas humanas, pastores, cazadores y otras figuras de un estilismo y plasticidad asombrosas, las han datado de una antigüedad del siglo II a.C. siendo realizadas por camelleros de la tribu Thamud de Arabia Saudita, haciendo reseña a este lugar como paso obligado en la ruta de las caravanas. Un poco mas adelante nos detenemos en una enorme duna de un intenso rojo salmón, de la que disfrutamos un rato jugando entre sus arenas.

Partimos de nuevo recorriendo ahora el Wadi Umm Ishrin, arena y color, mas arena y mas color, las nubes hacen que este escenario se transforme en algo mágico, donde las paredes rocosas hacen de tramoya o bambalinas y en donde nosotros somos los únicos espectadores de esta obra sin figurantes. Los escarpes pétreos cambian los predominantes tonos rojizos según la luz que reciben dependiendo de la hora del día, condicionando un paisaje singular y único.

Pasamos por un pequeño poblado nómada de beduinos, situado a los pies del Jebel Rum (la montaña más alta de Jordania, con 1754 m.), para conocer lo que denominan el “Manantial de Lawrence”, este lo divisamos en medio del escarpe rocoso, fácilmente visible por la existencia en el lugar de un tupido árbol, como es lógico no muy abundantes a nuestro alrededor. Aquí en las jaimas montadas, mas para los visitantes que para su uso cotidiano; los autóctonos, que se autodenominan descendientes del profeta Mahoma, nos ofrecen un te elaborado a base de salvia y cardamomo entre otras hierbas, debiendo de reconocer que yo no muy aficionado a estos brebajes me supo especialmente atrayente.

Todo esto forma parte de esa naturaleza árida y dura que conforma este desierto, pero Wadi Rum es más, no se puede visitar esta zona sin disfrutar de su noche, su nombre lo dice Wadi Rum, Valle de la Luna. La oscuridad del ocaso da paso a un firmamento de estrellas como nunca había visto, el cielo se convierte en el techo de un espectáculo asombroso, que da paso a la salida de la luna por encima de las cumbres que nos rodean, solo nos acompaña el silencio, ese “sonido” que solo en los desiertos he sido capaz de percibir, haciendo que todo lo que te rodea sea mas próximo e intenso, teniendo la sensación de poder acariciar con la punta de tus dedos esos puntitos de luz que están en el firmamento.

Nos despedimos de este trozo de planeta con ganas de volver para poder dedicarle mas tiempo a recorrerlo, llenándonos de esas sensaciones que estas tierras yermas nos han producido y que incitaron a Lawrence de Arabia a escribir “Los Siete Pilares de la Sabiduría” en plena contienda mundial, allá por las primeras décadas del siglo pasado, dándonos a conocer este lugar, trasladándonos los misterios y las soledades del desierto de Rum.

“existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día... esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad”
Thomas Edward Lawrence

miércoles, 12 de mayo de 2010

- Saladares de Atienza y Sigüenza

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La sal ha sido históricamente un elemento fundamental para los humanos desde la antigüedad, presente no solo en el agua que bebemos y en los alimentos que tomamos, necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo y enriquecer al paladar lo que guisamos en nuestros pucheros. La sal ha sido, hasta el descubrimiento del frigorífico, el componente fundamental para la conservación de los alimentos, siendo objeto en tiempos pretéritos de monopolios, impuestos e incluso guerras, pudiendo llegar a ser un tipo de moneda; la palabra “salario” se deriva del pago en sal de trabajos realizados. Gandhi en la india utilizo la sal como forma de rebelarse contra el dominio Imperial Británico que tenia el monopolio de tan valioso mineral, por cierto el único que es comestible para los humanos.

Visto esto, no es de extrañar que desde las primeras civilizaciones, se buscasen sitios próximos a donde existiera para crear asentamientos estables, y en la zona en donde hoy nos toca hurgar la hay; el alto Henares, arropado por sus acólitos afluentes el río Dulce y el río Salado no se escapó de ello, concretamente este ultimo. En tierras altas de la Alcarria , entre las poblaciones de Atienza y Sigüenza, encontramos un verdadero rosario de explotaciones salineras, en total unas doce, que desde tiempos inmemoriales han sido utilizadas para obtener el preciado cristal.

La mas importante y extensa de todas estas salinas es la de Imón, de la que se cuenta que ya los romanos se proveían de ella. Hay referencias sobre su provecho en el siglo X, utilizándola los reyes de entonces para conceder prebendas a clérigos y nobles. Alfonso VI concretamente concedió en 1139 al obispado de Sigüenza su explotación, bastantes años mas tarde, en el siglo XVIII Carlos III, el rey alcalde, fue el verdadero impulsor y modernizador de este salar, obras de aquel entonces que aun hoy se mantienen en pie.

Fueron las de Imón no solo las mas importantes salinas de la zona, junto con las de La Olmeda, Gormellón, Bujalcayao y Carabias; eran por entonces la mayor industria de sal de toda la península, hasta la puesta en marcha las de Torrevieja en Alicante.

Para darnos una idea de su dimensión, abarcan una extensión de unas 12 hectáreas (unos 12 campos de fútbol), cuenta con cinco norias para la extracción de agua, de las que se conservan cuatro, existen tres grandes almacenes para la sal y enseres de mas de mil metros cuadrados cada uno, recocederos, calentadores y unas mil albercas donde se almacena el agua y donde se deseca para la obtención de la sal, de las que salían al año mas de 3.600 toneladas, un 7% de la producción de toda España en el siglo XVIII.

La obtención de sal en Imón finalizó en 1996, siendo abandona su explotación en el año 2002. Hoy lo que nos queda de aquellos años de intensa actividad son solo las ruinas de sus almacenes, pozos y secaderos desvencijados condenados al olvido, así como el abandono de acequias, canales y albercas que aunque se mantienen en mejor estado, no dejan de causarnos una sensación de desidia y dejadez. Hoy esta singular devastación, que sin embargo no deja de causarnos encanto al enseñarnos su desnuda hermosura, han sido declaradas por la Junta de Castilla la Mancha como Bien de Interés Cultural.

Una cancioncilla popular de la aldea nos deleita los oídos:

No hay carretera sin puente,
desierto sin arenal,
ni muchachita en Imón
que no tenga gracia y sal.

Imón es hoy una pequeña aldea de solo 40 habitantes, que sobrevive en parte de las instalaciones turísticas creadas por el interés de sus saladares.

Bien merece una visita sosegada este trozo de Alcarria, que además de sus laminas saladas de Imón, Rienda y La Olmeda, nos depara sorpresas como Riva de Santiuste donde los ojos, nos llevaran lejos la vista desde su altivo castillo de origen musulmán, o la pequeña aldea de Pozancos, situada en un estrecho valle, encontrándonos arropada su iglesia románica del siglo XIII, donde esta sepultado Martín Fernández otro Arcipreste de Hita, pero no Juan Ruiz el del “Libro del Buen Amor” del que no se sabe ni donde ni cuando nació, ni donde ni cuando murió y ni siquiera si era Arcipreste, al que algunos le creen enterrado en el monasterio de San Francisco de la capital alcarreña, pero nunca en Pozancos, como aseveran informaciones que he podido comprobar, faltas del mínimo rigor histórico.

También hay que recorrer las calles de Palazuelos, totalmente rodeado por sus más de dos kilómetros de muralla del siglo XV, que le hacen llamarse la “Ávila alcarreña”. Castillo y murallas fueron mandadas construir por Iñigo López de Mendoza, primer Marques de Santillana y asemejan en su estilo, solo en su estilo al de Manzanares el Real (Madrid). Muy cerca de esta población, tan solo a 1,5 km. encontramos una nueva y magnifica sorpresa, Carabias, pequeña población pero que acoge en su interior una iglesia románica del siglo XIII con un hermoso atrio porticado, único en toda la provincia, un lujo para nuestras vistas.

Al mismo tiempo invitaros a de recorrer la traza urbana de las siempre interesantes e historicas localidades de Atienza y Sigüenza, la primera con su auténtico sabor medieval en sus calles y plaza, de la del Doncel que decir, disfrutar de un paseo por sus empinadas calles a la sombra de su soberbio castillo.

Con el sabor en los labios de la sal regalada por esas tierras del norte de Guadalajara, medito sobre la vida de los que durante años acarrearon ese mineral a gran parte de las dos Castillas.

martes, 4 de mayo de 2010

- Flores y mas flores ............ Real Jardín Botánico de Madrid

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Fue Felipe II quien ordenó construir el primer Jardín Botánico en Madrid estando este emplazado en Aranjuez, iniciativa que se desarrollo a instancias de Andrés Laguna, botánico, farmacólogo y medico personal del monarca. Persona interesada en su tiempo por la ciencia, bautizándose en su honor un árbol, la “lagunaria” conocido vulgarmente como “pica-pica”.

Posteriormente Fernando VI trasladó el jardín a Madrid, situándolo a orillas del Manzanares, en la Huerta de Migas Calientes, lo que actualmente es Puerta de Hierro y donde siguen existiendo hoy los viveros municipales. En él se calcula que podía haber unas 2000 plantas, fundamentalmente de la Península Ibérica, que fueron recolectadas por José Quer, cirujano y reconocido botánico de la época.

Carlos III rey de España, Nápoles y las dos Sicilias, el llamado “Mejor Alcalde de Madrid”; salvando las distancias con Don Enrique Tierno, los dos dignos de envida de nuestro adverso Gallardón (“excelentísimo” alcalde de la villa y corte, que nos esta dejando un agujero (económico entre otros) en Madrid superior al que se comenta de Grecia, pero del que los PePeros ni comentan); fue el que en 1774 y debido al crecimiento del situado a las orillas del Manzanares, ordenase su traslado al Paseo del Prado, entre el Gabinete de Historia Natural o Salón del Prado (actual Museo del Prado) y el Prado Viejo de Atocha (Atocha), quedando inaugurado en 1781. Resaltando éste nuevo eje de la ciudad, señorial y distinguido, donde se dejaban ver en sus paseos la gente guapa de la época. Se encargó su diseño al arquitecto real Francisco Sabatini y a Juan de Villanueva arquitecto del Prado y el Observatorio Astronómico, los dos construidos en sus inmediaciones; el talud existente el la zona se solventó con la ejecución de las terrazas escalonadas que hoy existen, ejecutándose también el Pabellón de Villanueva y la Puerta Real, situada en el Paseo del Prado y actualmente cerrada.

En los inicios del siglo XIX el Real Jardín se había convertido en uno de los más importantes botánicos de Europa, principalmente por las colecciones científicas que tenia depositadas y al trabajo de su director, Antonio José Cavanilles. Al mismo tiempo que desarrollaba su labor científica, el jardín era visitado durante la primavera y el verano por la burguesía madrileña proporcionando de forma gratuita plantas medicinales a sus demandantes.

La Guerra de la Independencia trajo funestos años al la vida del jardín, parece ser que otros menesteres atraían la atención de los gobernantes, el abandono y la dejadez dieron paso a su deterioro, solo el interés de su director Mariano de Lagasca, hizo que minimamente se pudiera medio conservar, intentando mantenerlo al nivel de las tendencias científicas que por aquel entonces suscitaban por el resto de la Europa ilustrada.

Siendo director del jardín Mariano de la Paz, se hicieron en 1857, importantes reformas que hoy todavía podemos ver, como son la terraza superior a la que se le confirió de un diseño isabelino, mas acorde con aquella época y la estufa fría o “estufa de las palmas” (invernadero), que aunque interesante, no es comparable con la que podemos ver en el Parque de Eduardo VII de Lisboa, mas solemne y grandiosa que la de aquí. También le dotó de un zoológico que doce años mas tarde se trasladaría al Retiro, convirtiéndose en lo que algunos conocimos como “La Casa de Fieras”. Hermosos recuerdos de niñez aun me traen ese oso loco y los libidinosamente activos monos, que en su enorme foso contemplaban mis infantiles ojos algunas mañanas de domingo.

La década de 1880 a 1890 también fue funesta para el Real sitio, en 1882 se le segregan los terrenos necesarios para construir lo que hoy conocemos en la plaza de Atocha como Ministerio de Agricultura. En 1893 se traza la calle de los libreros (popularmente conocida como cuesta de Claudio Moyano), producto de estas modificaciones son esquilmadas dos hectáreas de las diez que tenia en su origen y para colmo, en el año 1886 son abatidos por un enorme vendaval 564 árboles de un importante valor.

En el primer tercio del siglo pasado retoma la institución sus labores científicas, fundamentalmente en el campo de la micología (estudio de setas y hongos). Pasando en 1939 a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al que hasta la fecha forma parte. En otoño de 1942 es declarado como Jardín Artístico.

La falta de agua y financiación, generan en décadas sucesivas su penuria, abandono y declive, motivados por el desinterés del “régimen” y el desprecio de todo lo relacionado con la ciencia durante los años grises de nuestra reciente historia, esto provoca su deterioro y el cierre definitivo en el año 1974. Restaurado y abierto al disfrute publico en 1981, cuando los días se tornaron de nuevo a ser luminosos y coloreados, haciéndolo coincidir su reapertura con el II Centenario, en el que se inauguró su flamante nuevo invernadero, que seduce a los visitantes con su colección de cactus treidos de lugares tan distantes como son los desiertos de Namibia y Sudáfrica.

El actual diseño del Jardín tras la restauración iniciada en 1978, recupera su estado original neoclásico en las dos terrazas inferiores, manteniendo la terraza superior el diseño romántico de mediados del siglo XIX..

En 2005 se amplio el jardín en aproximadamente una hectárea, creando la “terraza de los Laureles”, con unas vistas espléndidas de todo el complejo, lugar donde esta ubicada la colección de bonsáis que a su salida de Moncloa, el ex-presidente del gobierno Felipe González donó en 1996 al Jardín Botánico, integrada esta en su mayoría por árboles autóctonos de la Península Ibérica. Desde entonces la exposición se ha ido ampliando, contando hoy en día con un gran número de variedades.



A lo largo de los más de sus 250 años de historia el Botánico ha participado en expediciones científicas de relevancia, siendo el depositario de los materiales recogidos en ellas, colaborando durante los siglos XVIII y XIX en campañas importantes como: la de Pehr Löfling al río Orinoco (Venezuela) (1754-1756), la expedición botánica de Hipólito Ruiz López al Virreinato del Perú (Chile y Perú) (1777-1788), el periplo de José Celestino Mutis en Nueva Granada (Colombia) (1783-1808), la de Juan de Cuellar a Filipinas (1785-1795), la Expedición al Virreinato de Nueva España (Méjico) de Martín de Sessé y Lacasta y José Mariano Moziño (1787-1803), la magnifica expedición científica por todo el mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794), la expedición de Baltasar Manuel Boldo a Cuba(1796-1802) y ya en el siglo XIX la Comisión Científica del Pacifico (1862-1866), donde participó a instancias del Real Jardín el botánico Juan Isern Batlló.

El Real Jardín Botánico de Madrid cuenta en la actualidad con unas 5.000 diferentes especies de árboles y plantas de todo el mundo, gozando un muestrario de árboles exclusivos. Entre estos prodigios sobresalen algunos como el olmo del Cáucaso, cedros del Líbano, parasoles de China, árboles de Júpiter, el tejo, el almez, el madroño, el pino carrasco o el ciprés, considerado el ejemplar más antiguo del jardín, que alcanza casi la edad del mismo, y posiblemente el árbol mas fotografiado de todo el botánico, una palma Canaria. Aumentando el numero de sus visitantes cada temporada, llegando en el pasado año a los 400.000.

Entre sus colecciones destacan un herbario con más de un millón de pliegos, la biblioteca y el archivo, con cerca de 10.000 dibujos y 2.500 mapas. Destacando dentro de su labor didáctica los cursos y asesoramiento de micología (setas y hongos) durante los meses de otoño.

Recorrer este rincón, ya añejo de Madrid, aledaño al encantador paseo que conforma el del Prado, visitarlo en primavera cuando rabian por salir los brotes de sus plantas y las flores visten sus mejores atuendos, o en otoño cuando la paleta de color de sus hojas hace que nos deleitemos con sus matices ocres y las dalias nos sorprenden con sus vistosos colores, incluso resulta sugerente transitarlo un día frío de invierno, de esos en los que Madrid es cubierto por el regalo del manto blanco de la nieve, ........... es algo por lo que merece la pena vivir próximo a esta ciudad, que nos están convirtiendo en plástico, intentando quitarle ese sabor tan castizo y autentico del que Madrid no quiere desprenderse.