martes, 9 de febrero de 2016

- Pote gallego con lacón - plato único

Estamos en plenos carnavales, siendo época de preparar un buen potaje de cucharón, y aunque este año no haga mucho frio apetece a los estómagos en estos días tristones, grises y de niebla. Además ya hacía tiempo que no os ponía por aquí alguna reseña o receta de perolo y cacillo, y nada mejor para ello que hacer uso de los grelos, siendo en esta época cuando las hojas de las nabizas están en su mejor esplendor, además de ser este periodo de máscaras (el "entroido" gallego) preludio de la cuaresma, donde los apetitos carnales anteceden a la obligada abstinencia.
“El labriego gallego, en Carnavales,
toma lacón para olvidar sus males".

Para ello me propongo preparar un buen "pote", distintivo gastronómico en el norte peninsular, muy relacionado con la cocina humilde y representativa en las modestas mesas de Galicia (pote gallego) o en la asturiana (pote de berzas). Deriva de los años del hambre y la escasez, siendo sin ninguna duda la comida característica de la hambruna y las carencias de la Galicia de hace varios siglos, cuando el único guiso que se podría "meter al cuerpo" era seguramente: caldo de agua con grelos o berzas, pan negro de centeno, castañas, huesos de las matanzas, algo de unto y para de contar. Como decía en su libro "La Cocina Práctica" (editado por primera vez en 1905) el ilustre personaje Manuel Puga y Parga “Picadillo”, que entre otros cargos tuvo el de ser un gran entendido de la gastronomía gallea: “El verdadero caldo gallego no es lo que nos describen muchos autores culinarios, ni lo que con tal nombre nos dan en Madrid y otros puntos, haciendo intervenir en él profusión de carnes e infinidad de embutidos”.  

Realmente el autentico caldo gallego no llevaría los celebrados lacones o salazones de cerdo, las carnes frescas, los chorizos y todo ese ingenio culinario que ha hecho trasformar esta receta, que aún dándole un emboque más sublime, le despoja de lo que tiene de humildad, de ahí el obvio refrán gallego: "Alegría, alegrote, que anda o rabo do cocho no pote" (Alegría, alegrote que hay rabo de cerdo en el pote). Debiendo distinguir entre “Caldo” y “Pote”, siendo el caldo una simple la mixtura de patatas, judías, verdura y unto, y en el mejor de los casos algún hueso salado que le aporte regusto, mientras que el pote es lo mismo pero con el añadido de las carnes y los demás elementos. Fue el paso del tiempo y la mejora en la vida de la Galicia rural, la que hizo evolucionar y complicar este guiso en aras del sabor y la copiosidad. 

Este "moje" simple y escueto, fue la base nutritiva más importante, junto al pan y la leche, que tuvieron los gallegos a lo largo de los siglos, siendo otros sustentos habituales del ayer de estas tierras, el cocido gallego, el lacón con grelos, la gallina o el cordero, pero estos ya para ser servidos en celebraciones especiales: fin de la siega, vendimias, matanzas, navidades, etc. Fue el escritor Ángel Muro quien afirmaba ya por el año 1895: "…la felicidad doméstica de los gallegos no sería tal sin el caldo y el pote gallego, sin las filloas, sin las morcillas de sangre, sin el pulpo, sin las empanadas, sin el queso de tetilla…”. No hace mucho que el 75% de la población de estas tierras vivía en el ámbito rural, obteniendo sus productos en las más bien pequeñas huertas de producción limitada y poco variada. 

Este puchero o potaje, es uno de los platos de cuchara mejores de toda nuestra geografía, siendo motivo en gran parte de ello, sin duda, los grelos, esos recios y verdes brotes del nabo, que llenos de sabor impregnan al caldo ese toque amargo y rancio tan característico, sin desdeñar el resto de los añadidos que participan en dar a este caldo su gusto tan singular.

El buen pote se preparaba, cosa hoy prácticamente impensable, en el perol que le da su nombre al plato, el ancestral “Pote”. Utensilio empleado en las cocinas tradicionales (lumbre baja) para cocer alimentos durante prolongados periodos de tiempo, generalmente guisos o estofados, y que colocado al arrimo de la chimenea o bien en vivo fuego solía verse colgado de una cadena, aunque lo más común era vérsele en pie sobre sus tres patas metálicas arrimado a las ascuas. Generalmente elaborado en hierro fundido, proporcionaba un sabor característico a sus guisos, siendo muy reputadas las pitanzas elaboradas en esta cacerola con aspecto de olla, soportada con tres patas para ser arrimada a las brasas del fuego. 

Distintivo de vida desde la época celta, su nombre le llego de la francesa "pot" penetrando a estas tierras a través del Camino de Santiago, derivando la palabra potaje de los alimentos elaborados en el pote. En los tiempos del Imperio Romano y en las riveras de del Rin, los artesanos del barro grababan la palabra "Pottus" en las cazuelas fabricadas en sus alfares. Estas antiguas calderas de arcilla y las posteriores de cobre o hierro, fueron sustituidas a principios del siglo XIX por los recipientes de hierro fundido. 

El pote utilizado en Galicia es de hierro y con forma abombada, más ancho por su parte central (vientre) que por su embocadura y base. Posee tres pies, dos asas pequeñas y un semicircular arete para trasportarlo ó pender sobre el fuego. Su hermano mayor el "caldero", formaba junto con el arpa y la maza la simbología de Dagda, calificativo irlandés del Teutatis galo, dios del que descendían los celtas y regidor del Mundo Inferior. Apodado el “caldero de la ciencia” ó “de la adivinación”, del caldero nadie se marchaba insatisfecho, hasta los muertos en batalla resurgían si eran arrojados en él. Su condición sagrada se da por cierta, siendo muchos los estudiosos que localizan entre sus leyendas la raíz concreta de la historia del Grial, habiendo sido signo y símbolo del seno materno, de dónde surge la vida. Ahora, este utensilio que dio de comer por siglos y siglos a toda Galicia, se usa más en decoración y jardinería (como maceta) que en la cocina. 

El Pote Gallego y sus elementos:
Los grelos y nabizas
El verdadero pote o caldo, el que tendrá un sabor pleno se debe hacer con grelos o nabizas, siendo los que le aportarán un cierto y característico amargor como ninguna otra verdura. Aunque no los debemos confundir, ambas son las hojas del nabo, solamente cambia en el momento de recolección. Sembrados los nabos a mediados de septiembre, las primeras hojas comestibles salen entre octubre y diciembre, son las llamadas nabizas que aunque también se utilizan para preparar estos guisos, normalmente se le daba al ganado. Los grelos se deberán recoger en el momento anterior a la floración, entre enero y marzo, cuando aparecen los primeros brotes de las flores, proceso denominado en Galicia por "grelar". Esto coincide con la época de Carnaval siendo cuando los grelos están en su punto justo. La nabiza es la misma hoja pero recolectada desde octubre-noviembre hasta mediados de enero, consiguiendo ser más jóvenes y con menos aspereza al ser más tiernos. 

La inclusión del nabo a los cultivos gallegos aparece ya documentada en el siglo XIII a través de diversos documentos testa mentales y de trueque vecinal. Desde entonces estas hortalizas han resultado indispensables en alguno de los pucheros más distintivos de la cocina galaica, estableciendo un componente singular con respecto a los fogones tradicionales de otras comarcas. Dentro de la cultura popular son muchas los cantares, acertijos, proverbios y refranes, que se refieren a esta planta o a los platos que se preparan con ella, enumerando reconocimientos e ideas tomadas de toda sociedad gallega.

Es la verdura fundamental de estos guisos durante su época (enero y febrero), pudiéndose hacer fuera de él también con berzas que se cosecha durante todo el año, pero más recia y no tan sabrosa, y como último recurso con acelgas, pero ni de coña es lo mismo. A la hora de cómpralos hay que fijarse en que sean tiernos y frescos, que estén tiesecillos y presentando siempre un color verde intenso, habiéndolos de cocinar rápidamente porque palidecen y se amustian en poco tiempo, debiendo eliminar las hojas amarillentas, agujereadas, feas o blandas.
 

Las judías
También llamadas fabas o alubias, se deben usar las de la tierra, siendo las de Orense las que tienen mejor fama, pero valdrían también las de León, aunque valen cualquiera que sea de buena calidad. Debiendo ser una judía pequeña, de las que llaman de riñón, pudiendo caber en una cuchara 5 o 6 unidades de esta legumbre. 

La patata
Traída desde las Américas después de la llegada a sus costas del Almirante de la Mar Océana, la patata fue cultivada con fines gastronómicos en nuestro continente por primera vez en Francia, teniendo que pasar casi doscientos años desde su introducción en el siglo XVI, por la creencia de que era perjudicial para la salud. Y es que lo es, sus partes exteriores: tallo, hojas, flores y fruto, así como también los brotes tiernos de los tubérculos son tóxicos, pudiendo producir diversos daños incluso, la muerte si se consumen en abundancia. No siendo hasta mediados del siglo XVIII, cuando encontró su medio ideal en los suelos gallegos, hasta entonces su utilización en estos humildes guisos, cuando no existía este tubérculo, se hacía con las castañas "balocas", que recolectaban en otoño y se dejaban secar. A partir de entonces se uso en toda Europa como alimento básico paliado las sucesivas hambrinas, al igual que en Rusia donde su población también adquirió su consumo de forma habitual, además de obtener de ella el "vodka", su bebida nacional. 

De la misma familia que el tabaco, y oriunda del altiplano peruano en donde ha sido sembrada y consumida al menos desde hace mas de 8.000 años, hoy se ha convertido en el segundo alimento en la dieta de nuestro mundo. Contiene potasio, es coadyuvante y copiosa en vitamina C, calcio y fosforo. Pero, es principalmente rica en hidratos de carbono, resultando junto con los azucares, la fuente fundamental de energía para la perfecta actividad de nuestro cuerpo. Bajan la tensión arterial, diuréticas, ayudan con los problemas de depresión y reuma, son buenas para la cistitis y para la inflación de la próstata, desintoxicantes y antiescorbútica. Tomarlas a menudo proporciona serenos sueños y calma los espasmos y calambres, sirven también para los ojos cansados e irritados aliviando las inflamaciones, colocándolas en rodajas crudas sobre los parpados.

Para nuestro potaje elegiremos preferiblemente patatas gallegas, pero no es fácil de conseguirla, y aunque ponga que lo son, dudaremos si donde las adquirimos no son de confianza. La patata de Valderredible en el sur cántabro, también puede valer, estando considerada como las mejores del país. Y las de piel roja (dentro tiran más a blancas que a amarillas) suelten soltar mas fécula para engordar el caldo, pero quedan bastante enteras, teniendo que alargar la cocción para que se deshagan un poco. 

El unto
Imprescindible en un buen pote o caldo gallego es el "unto", consistente en la grasa blanca que cubre las paredes del intestino delgado del cerdo, al que se le agrega sal gorda, doblándolo posteriormente consiguiendo una especie de bola a la que se ahúma y se deja enranciar, obteniendo su característico color amarillo pardo. Una vez madurado es cuando se usa para ensalzar el pote gallego, “caldo que no lleva un poco de unto no está en su punto”. Es de ciencia culinaria Gallega, que durante el invierno las hortalizas de verdes hojas al cocer requieren algo de grasa porcina para darle untuosidad, sino se la añadimos saldrá un caldo insulso y sin chispa. 

Hay quien con este sebo ya medio hervido hace un "rustrido", no confundiendo con el clásico refrito de ajos con pimentón. Siendo ni más ni menos, que recoger el unto con la tapadera del "pote" (operación no complicada pues esta especie de grasa siempre queda en la parte de arriba flotando), y apoyando la tapa sobre el borde del destapado perolo espachurrarlo con un cucharon, haciendo soltar su aceitosa viscosidad en el pote y desmenuzándolo en pequeños trozos, que devueltos al caldo se racionaban al azar en los platos al ir a servir. 

Los salazones del cerdo.
El “Lacón” (del latín lacca) vocablo típicamente gallego, procede de las extremidades delanteras de un cerdo joven y blanco, que como en el caso los jamones se ha procedido a curar, pero durante tan solo un mes. Se suelen comercializar pequeños en piezas enteras de alrededor de un kilogramo, soliendo estar en salazón, aunque yo los consigo curados sin sal en FERPAL, calle Arenal, 7 en Madrid, lo que me ahorra tenerlos un par de días en agua.  

Para que nos aporte untuosidad al caldo no olvidemos algo de tocino salado (unos 300 gr), pudiéndole echar también una oreja de cerdo y algunas costillas curadas. Si deseamos más consistencia, añadamos también unos huesos de rodilla, otros de jamón y si se quiere alguno de espinazo. 

La carne fresca de vacuno
Un buen trozo de Churrasco (falda de res cortada transversalmente), no siendo importante que sea un “bicho” joven, es más, sería preferible que tenga algunos años para que la carne no se deshaga, pudiéndose sustituir por morcillo. Estas carnes del norte peninsular se pueden adquirir en una antigua casa de productos asturianos y gallegos de Madrid llamada A. Suarez, situada en la calle Alcalá, 303. 

Así lo preparo
Ingredientes: 
- 3 Lacones.
- 4 Morcillas gallegas o asturianas.
- 6 Chorizos gallegos o asturianos.
- 500 grm. de churrasco o morcillo.
- 2 Manojos de grelos, uno si es grande.
- 3 Buenas patatas (1000 grm.), peladas y cascadas
- Un trozo de Unto.
- Media cucharilla de pimentón dulce.
- Tres hojitas de laurel.
- Un par de huesos de espinazo o costillas de cerdo.
- 3 huesos de jamón.
- 3 huesos rodilla o caña.
- 500 grm. alubias blancas.
- Un buen trozo de tocino partido por la mitad
- 7 litros de agua. 

El trabajo:
Dejar en remojo las judías la noche de la víspera, y también, pero separados de estas en otro recipiente para que no cojan la sal y se puedan encallar, el espinazo o costilla de cerdo y los lacones, (si son salados) unas 48 horas antes, cambiándoles el agua tres veces al día.

Se debe hacer en hoya grande y para bastante gente pues sale mejor, debiéndolo cubrir de agua por lo menos tres veces del volumen que nos ocupen las carnes. 

Comienzo preparando el caldo, dejando hervir los huesos, los lacones, el tocino y las puntas de jamón, al comienzo cocer fuerte y pasado unos minutos bajar el fuego y mantenerlo un buen rato. 

A la hora u hora y media, se le echa las judías y las hojas de laurel, despumando de vez en cuando.  

Mientras se van haciendo las alubias se pone a calentar una sartén pequeña con un poco de aceite de oliva, donde echaremos el unto para derretirlo. Una vez disuelto, separamos la sartén del fuego, poniendo una buena punta de cuchillo de pimentón, dándole unas vueltas y volcándolo todo en la olla con el caldo. 

Cuando las judías, están ya algo blandas, se añaden los grelos y los chorizos, dejándoles cocer unos 40 minutos, mientas preparamos las patatas. 

A los grelos les he quitado los tallos, los he cortado a mano, los he lavado en el fregadero con abundante agua templada, y los he puesto a escaldar unos 4 minutos (hay quien no escalda los grelos cociéndolos directamente, pero el caldo queda más fuerte).  Esto les quita fuerza y algo del sabor áspero de su emboque, soltando un caldo de tono verdoso, que bien vale para echarlo a las plantas (esto lo podemos hacer unos días antes, pues una vez escaldados y fríos, se pueden guardar con todo el agua de la cocción en la nevera hasta 3 días, conservando todo su verdor y propiedades, consiguiendo que no se nos pongan feos desde la compra hasta su preparación). 

Al lavarlos, se deben restregar bien con las manos, como cuando iban las mujeres adecentar las ropas al rio o a los lavaderos de los pueblos, bien frotados con las manos, como si fueran los cuellos de las camisas. Consiguiendo así que pierdan gran parte de su aspereza y queden más cremosos. La importancia del blanqueo de los grelos es fundamental, ya que aún después de ser frotados y luego blanqueados, el agua sigue quedando con un cierto tono verdoso. 

Preparamos las patatas en pequeños cachelos (lo cual servirá para que se deshaga aportando cuerpo al pote), debiéndolas "chascar" en vez de cortar, es decir, no las cortamos hasta el final sino que a mitad del corte rompemos la patata para que quede un corte irregular, así la patata soltará la fécula haciendo que el caldo engorde mejor. Cuando se añaden las patatas, previamente habrá que subir el fuego y añadirlas poco a poco para no cortar la cocción de los grelos, consiguiendo así que queden más mantecosos. Si se para la ebullición la verdura se acartonará, no quedando con su característica melosidad por mucho que los dejemos hervir, esto es muy importante para que nos quede un candoroso caldo. Es por ello que debemos mantener una temperatura constante, siendo sencillo en las actuales cocinas eléctricas o de gas, no así en las antiguas de leña. 

Estas se harán en unos 20 - 25 minutos, dependiendo de la calidad de la que dispongamos, en este caso mío cuando mejor me ha salido este plato, es con las que alguna vez me ha obsequiado mi tía "Goya", siendo cultivadas en la vega de Arcos de Jalón (Soria), antaño importante estación ferroviaria ubicada a la salida de la hermosa hoz que el rio ha cincelado en los alrededores del pintoresco pueblo de Somaén. Las mocillas las hiervo aparte, para que no suelten la grasa en el caldo y las añado cuando están casi hechas las patatas. 

Yo no le añado sal, por lo que deberemos comprobar su fortaleza y rectificar al gusto de cada uno, toda vez que al echar productos curados en salazón estos sueltan la sal justa para darle el punto a los grelos a las patatas y por añadidura al caldo. 

Se sirve bastante caliente, previamente retirados los huesos, en dos fuentes; una para el pote con las verduras y otra para las carnes, tomando primero el caldo y después las consistencias. El caldito se sirve en "cunca" (cuenco) de barro para calentar el estomago, y debería "sorberse" con cuchara de boj finamente pulida. Y como acompañamiento es de recibo tomar un tinto gallego de esos de la Ribeira Sacra, un "mencia" orensano recio y fresco, de los que logra rascar algo el gaznate colaborando a pasar los grasos elementos del tan esplendido condumio. 

Preparar mejor de un día para otro, toda vez que el pote (y otros guisos) mejoran con el sosiego de la noche, incluso en alguna aldea gallega, de esas de la Galicia interior o profunda, preparan aun el pote preparándolo sobre lo que queda de uno anterior. 

Se trata de una receta muy sencilla que podemos degustar si no nos queremos liar, en el restaurante Casa Gallega (C/Bordadores 11 de Madrid) próxima a la Puerta del Sol (lugar del que ya he hecho referencia en el artículo de este blog "Luces de mi ciudad".

Es recomendable y casi imprescindible que, cuando elaboremos este plato, sobre pote. Pero con la salvedad de que de estas sobras, calentaremos únicamente la parte que vayamos a consumir, ya que si no éste fermentará y ello nunca es de recibo. Además con este sobrante se pueden preparar unas ricas "filloas"………….. pero eso ya os lo contare otro día……………. que os sepa sabroso……….. y feliz "queimada".

viernes, 5 de febrero de 2016

- Arte rupestre............... en Madrid

- Pincha aquí si quieres ver las fotos del "Arte Rupestre en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid", si quieres verlas en pantalla completa pulsa en la tecla "F11"

Bajo este título no pretendo resaltar el arte de los primeros "grafiteros" en la comunidad de Madrid, que si los hubo, y aunque no comparables con otras zonas hispanas, tenemos y tuvimos (pues algunos ya han desaparecido) restos de estos rasgos rupestres del paleolítico en lugares tales como: La Pedriza, La cueva del Reguerillo (Patones), la cueva de  Pedro Fernández o "Sima de las Yeseras" (Estremera), o los localizados en las proximidades de las vegas del Jarama y el Lozoya.  

Mi interés, es mostraros el trabajo de recopilación de estas figuras coloreadas en las rocas de la geografía de nuestra piel de toro, que realizaron a principios del siglo pasado algunos amantes de este arte primitivo. Una colección de calcos y láminas reproduciendo el arte rupestre del paleolítico ibérico, encargadas hace algo más de 100 años por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, y que conservadas en los archivos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, este los ha expuesto a través de una cuidada y magnifica selección, para que los ojos de los profanos podamos admirar como nuestros antepasados ya usaban los trazos y los colores en las paredes de sus moradas.
 
La curiosidad por este tipo de esquemático arte paleolítico, comenzó a desarrollarse en el último tercio del siglo XIX. Siendo el controvertido descubrimiento de la Cueva de Altamira en 1879 el comienzo del estudio de este tipo de expresión artística, del que en principio dudaron nuestros vecinos los "galos", pues "como podía ser que un país al sur del suyo y de gentes medio civilizadas, tuvieran este extraordinario y prehistórico conjunto pictórico, el de mayor extensión conocido hasta el momento". Llegando hasta sugerir que fue su descubridor el que las había pintado, "toda vez que las tribus antiguas y salvajes no debían disponer de concepto artístico, siendo el progreso evolutivo el que nos hace llegar a la actualidad, pues si el arte es símbolo de civilización debería haber aparecido en las últimas etapas humanas y no en pueblos primitivos de la Edad de Piedra". No siendo hasta comienzos del siglo XX cuando se reconoció su valor y autenticidad, estando considerada como la "Capilla Sixtina" del arte rupestre, y de la cual existe una magnífica reproducción de su techo en otros de los museos madrileños, el recién remodelado Museo Arqueológico Nacional. 

Es poco después de esa consideración internacional, cuando en nuestro país también se genera el interés por estos dibujos, y cuando en 1912 se decide iniciar una recopilación de ellos. Encargándose de sus copias y calcos al organismo mencionado (CIPP), guardándose en el Museo de Ciencias Naturales sus resultados, que ahora se han sacado por primera vez a la luz para gozo y disfrute del público en general.  

Es durante esas décadas de principios del siglo XX cuando se desarrolla el ciclo más activo en cuanto a hallazgos de arte rupestre en la Península Ibérica, lo que propicio la traslación grafica, a través de copias directas en papel o calcos de gran parte de esas obras. Permitiendo conservar aunque sea descriptivamente algunas de estas ilustraciones, que por su emplazamiento en apriscos y oquedades, no han logrado sobrevivir al paso del tiempo habiendo desaparecido de su ubicación original, bien por el deterioro de la naturaleza y el paso del tiempo, también por los actos de vandalismo, la desidia o descuido de la acción humana. Entre estos dibujos ya desgraciadamente desaparecidos, están los de la Caverna del Bullón (Cádiz) que solo pueden observarse a través de las reproducciones exhibidas en esta muestra. 

Nos acercamos a ver la exposición "Arte y naturaleza en la Prehistoria" de la mano de nuestra amiga e investigadora del museo Ana Camacho; que después de enseñarnos, recrearnos y documentarnos sobre sus batinelas (crustáceos cavernícolas emparentados con las gambas, pero de un milímetro de tamaño), siendo una de las tres únicas científicas que hay en el planeta estudiando a estos minúsculos camarones cueveros; nos traslada por los recovecos del museo hasta las salas de la exposición. 

La exhibición aglutina una buena selección arte rupestre compuesta por reproducciones tanto de pinturas paleolíticas como de arte levantino, esquemático e incluso ibérico y medieval de prácticamente toda la geografía española: como la cueva La Vieja (Albacete), Los Letreros (Almería), El Castillo (Cantabria) o la zona de Morella la Vella o la Valltorta (Castellón), así como el Tajo de las Figuras (Cádiz) y el abrigo grande de Minateda (Albacete). 

Un insigne trabajo de más de 20 años realizado entre 1912 y 1936, abortado en su continuidad por la sublevación militar franquista contra la Republica. Siendo las manos fundamentalmente de Juan Cabré Aguiló y Francisco Benítez Mellado, las que hoy, más de 100 años después, nos permiten admirar los primeros bocetos de arte realizados por el ser humano en nuestro país, algo que difícilmente puede ser observado en la naturaleza en su conjunto. Los casi 120 calcos y dibujos incluidos en la muestra, han sido conservados y seleccionados de los más de 2.000 existentes en los archivos del museo (la más completa colección de arte rupestre español y la mayor de esta temática custodiada en una institución de este tipo), calculándose que entre sus fondos se conservan en la actualidad, aproxi­madamente más de un centenar localizaciones o ubicados con pinturas rupestres. 

Este histórico legado fue creado con el objetivo de mantener estas joyas artísticas en el recuerdo, siendo realizado en laminas de variada naturaleza y en distintos soportes de papel, tanto a mano alzada como a través de la copia directa o calcos de las mismas, siendo trazadas con tinta china, grafito, aguadas a color o carboncillo, entre otras diferentes técnicas. Siendo destacable entre ellas, el ejem­plar más grande de la colección, ejecutado en un único lienzo continuo de más de 7 metros, correspondiendo a las pinturas del Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz - Teruel), realizado por Ca­bré a tamaño natural. 

Esta recopilación de tan arduo trabajo, se exhibe intentando recrear un contexto similar al de los situados donde fueron creados, con la finalidad de trasladar los ejemplos más representativos de los periodos y temáticas que conforman el prehistórico patrimonio artístico español. Una muestra única, original y de alto valor histórico, que representando la primera expresión artística de los pobladores de hace 40.000 años, nos va enseñando los diferentes tipos de objetos e imágenes que incitaron al ser humano en la antigüedad por decorar las cuevas y abrigos de nuestra geografía: animales, misteriosos y enigmáticos signos o símbolos e incluso iconografías de sí mismo. 

Ante nuestra mirada resurgen ancestrales secuencias de caza y ritos mágicos, a los que se suman enigmáticos símbolos como puntos o espirales de los que solo nos queda adivinar su sentido, tal vez religioso o iniciático. Como pueden ser las reseñables figuras de la Cueva de la Vieja en Albacete (declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1998), donde se representa una de las escenas más enigmáticas del arte rupestre levantino. Donde se puede observar un complejo conjunto de arqueros dirigidos por unos chamanes, en lo que semeja ser un rito relacionado con la caza.
 
 
Llamándonos sobre manera la atención, el mural (de casi 4 metros de largo por 1,50 de alto) de la Cueva de la Araña en Bicorp (Valencia), que representa a una peculiar forma de recolectad la miel con una sorprendente plasticidad de movimiento. De ella, a principios del siglo XX Eduardo Hernández-
Pacheco nos deja unas notas: “En la principal de las covachas pintadas, una pequeña y profunda cavidad o agujero de esta clase forma parte de la composición que representa la recolección de miel por dos hombres que trepan por una escala de cuerdas, figurando el agujero la cavidad de la peña donde vive el enjambre.”…… "Son pasmosas lecciones de seguridad en el trazo, de sencillez en la línea, de justeza en la expresión realista...” 

El estudioso e ilustrador Juan Cabré, al contemplar el esplendor de las pinturas paleolíticas de la Cueva del Pindal (Cantabria) en 1915, nos deja como anotación: “Consérvase unas treinta (figuras), a cual más perfectas y bellas, ejecutadas con gran maestría. 

Es la referencia que Lope de Vega hace el siglo XVI, la primera reseña escrita de existencia de pinturas rupestres en España, concre­tamente a las descritas en el “Canchal de las cabras pinta­das” de las Batuecas. No siendo hasta finales del siglo XVIII, cuando se efectúan las primeras copias de estos dibujos, hechas por el párroco de Montoro (Cordoba) Fernando López de Cárdenas, remitiendo las copias al Real Gabinete de Historia Natural (el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales), sin que se sepa en la actualidad donde están. 

En verdad interesante es el recorrido y la visualización de estos excepcionales calcos, realizados por estos pioneros de la ciencia rupestre, intrépidos eruditos y enamorados pintores, que a caballo entre la ciencia y el arte, recorrieron caminos y ascendieron trochas para dejarnos este legado que hoy podemos admirar. Podemos completar la visita recorriendo alguna otra sección de este magnífica e histórica institución. Y si queréis ver el cuadernillo publicado por el museo sobre el evento, podéis hacerlo a través de este enlace pinchando aquí.


La exposición se puede visitar hasta el 19 de mayo de este año, seguro que al terminar no saldremos defraudados de lo que en ella podemos observar……… e incluso aprender.

sábado, 19 de diciembre de 2015

- El Sur Islandés………… entre los hielos y el mar (Islandia)

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Despertando de nuevo en un brumoso día comenzamos a circular los territorios del sur islandés, diferentes a todo lo anteriormente visto, completando nuestras últimas etapas por este país de gélidos paisajes, que como antítesis han sido cincelados por el fuego de sus volcanes. Un recorrido a través de una carretera que discurre por la estrecha franja de terreno disponible entre las nieves perpetuas y la azulada planicie marina, por las orillas de los hielos que se precipitan hacia el mar, cruzando una tras otra las numerosas lenguas glaciares que desparrama el grandioso Vatnajökull.  

Vatna = agua y jökull = glaciar, es el nombre que los islandeses han puesto al mayor glaciar de Islandia y el segundo de Europa, unos 3.300 k3. de hielo, bajo los cuales existen siete amenazantes y activos volcanes, siendo el Grímsvötn el más revoltoso de todos ellos.
Precisamente la cumbre más elevada de Islandia, el volcán Hvannadalshnjúkur con sus 2.100 m. está situada en la periferia sur del glaciar, próxima al Parque Nacional de Skaftafell. No fue hasta el año 1875, cuando un grupo formado por un inglés y varios islandeses atravesó el glaciar de sur a norte, teniendo estos exploradores la coincidencia de poder observar al norte del glaciar la tremenda erupción del Askjá que se produjo en esos días, comunicándoselo a los granjeros asentados el área del lago Mývatn, situados algo más al norte.  

El gran glaciar islandés, al igual que el resto de las masas heladas de estas latitudes, ha sufrido en los últimos tiempos un incesante y progresivo retroceso, producido por el calentamiento global de planeta. En 1958 se calculaba que contaba con algo más de 8.500 km2, de superficie mientras que en 1980 se habían reducido a 8.300, calculándose que ahora no llegan a los 8.100. 

Atravesando uno tras otro estos ríos de hielo, y aunque la más potente de todas estas lenguas heladas Skeidararjökull se sitúa más al oeste, llegamos hasta la más llamativa de todas ellas Breiðamerkurjökull. Es aquí donde los hielos han cincelado el terreno formando la sugerente e impresionante laguna de Jökulsárlón, inmensidad de icebergs desprendidos de su inmediato vecino helado formando ante nuestra vista un soberbio caos. Este lugar; prácticamente inexistente a principios del siglo pasado, es producto del por algunos (negacioncistas) inexistente cambio climático que está haciendo retroceder las masas heladas del planeta de forma estrepitosa y preocupante; es ahora uno de los más frecuentados de toda la geografía isleña, convirtiéndose en un verdadero "parque temático" del agua en sus distintos estados (liquido y solido), por lo que aconsejo a los huidizos de las muchedumbres que lo visiten a
tempranas horas del día, cuando las multicolores gentes aun no son lo suficientemente abundantes, pudiendo de esta manera recrearnos mejor en el espectáculo de los hielos flotando por las tranquilas y gélidas aguas de esta aplacible lamina de color turquesa-turbio. Esta laguna glaciar no es la única que podemos encontrar, algo más adelante una desviación por pista de tierra nos llevará hasta Fjarsárlón y Breidarlon, que son igual de espectaculares pero mucho menos concurridas.  

Llegados a Skaftafell, centro principal de información del Parque Nacional del mismo nombre, realizamos u recorrido que nos llevara toda la mañana. Primero ascendemos hasta el mirador de Sjónarnípa, donde se divisa en toda su magnitud la lengua glaciar de Skaftafelljökull, que con sus 2 km. de anchura y 10 de longitud observamos bajo nosotros desde la elevación a la que hemos ascendido. Toca ahora acercarse hasta la
escondida cascada de Svartifoss "la cascada negra", que con espectaculares e invertidas columnas de basalto perfectamente geométricas, sus paredes asemejan los tubos de un enorme órgano. Posteriormente visitamos la lengua de hielo de Svínafellsjökull, por la que realizamos un entretenido paseo entre sus grises grietas, teñidas en gran parte por las cenizas de las erupciones de cientos de años.
 
Abandonamos el Parque Natural de Skaftafell ya en la tarde en dirección hacia la puesta del sol. Atravesamos las negras planicies de Skeiðararsandur formadas por los sedimentos y grava provenientes del arrastre de los glaciares que se extienden hasta la costa. Estas inmensas llanuras de con más de 50 km. de largo por unos 20 de ancho, se han debido en gran parte por el
desbordamiento que periódicamente realiza la laguna que forma en el interior del Vatnajökul el activo volcán Grímsvötn al derretir el hielo por el calor que desprende. De hecho la acepción islandesa "sandur" sirve para definir en el resto del mundo este prodigio geodésico. Merece la pena parar en medio de estos deshumanizados rasos para sentir la hermosa desolación de su paisaje, donde hasta parece que se puede acariciar la soledad. 

Nada más pasar este negruzco paisaje desértico y ya en tierra fértil pasamos por Núpsstaður. Una vieja granja del siglo XIX que queda a nuestra derecha, en medio de un hermoso entorno y bajo la esbelta montaña de Lómagnúpur, donde aún se mantienen en pie algunos antiguos
edificios con el tejado de turba, típicos de las granjas de Islandia en los siglos pasados. El más notable de ellos es la capilla protestante de San Nicolás, una de las pocas iglesias de césped que quedan en el país. Convertida esta zona al protestantismo en el siglo XVII, fue una de las primeras edificaciones católicas en el siglo XIII.  

Poco más adelante y también en un idílico lugar, nos topamos con la Cascada de Sidu, o como aquí la nombran Foss á Síðu. A orillas de la misma carretera y por encima de las granjas Vesturbær y Asturbær, se sitúa esta bella caída de agua que nos hace parar por su hermosa situación y fotogenia.  

Casi sin darnos cuenta atravesamos Kirkjubæjarklaustur, literalmente “iglesia-granja-convento”, que con sus apenas 160 habitantes esta localidad es prácticamente el único centro habitado de relieve en los casi 300 km. que separan las poblaciones de Höfn y Vík í Mýrdal. Gran parte de los visitantes que por aquí pasan únicamente se entretienen en sacar algunas fotos de una especie de suelo formado por pentagonales columnas basálticas conocidas como Kirkjugólfið o Kirkjugólf (literalmente suelo de la iglesia), que como su nombre indica se asemeja a la planta
de un templo. Pero para este curioso que os relata estas notas, lo que más me llamo la atención al documentarme a cerca de estos sitios es su historia, comentándose sobre este lugar, que monjas venidas de la verde Irlanda ya vivían aquí antes de formarse los primeros asentamientos en las ciudades islandesas. Un convento católico de monjas benedictinas fue creado en este lugar en 1186, que sobrevivió hasta mediados del siglo XVI, cuando se implantó en Islandia la Reforma Protestante. 

Como curiosidad, comentar que otra de las seis "cuevas cantarinas" a las que me referí en el artículo dedicado a la Península de Snæfellsnes se encuentra en las proximidades de la población. De igual nombre que la mencionada (Sönghellir), en el interior de la oquedad solían cantar las religiosas al recibir a los monjes que vivían en el monasterio cercano de Thykkvabæjar, sobre el que comentare más adelante.  

Estas monjas pertenecientes a la orden de San Benito (ora et labora), parece ser que se dedicaban a algunas cosas más que al rezo y el trabajo, pues el monasterio ganó cierta notoriedad en el siglo XVII, cuando se difundieron rumores de relaciones inapropiadas entre las monjas y los frailes de otra no muy lejana abadía. Algo de cierto debió de haber, pues en sus proximidades se pueden encontrar las rocas de Systrastapi, donde la tradición señala que en su cima fueron enterradas dos monjas después de ser quemadas en la hoguera por violar los "códigos de ética". Fue en 1343 cuando la hermana Katrin, religiosa de este monasterio, es declarada culpable de herejía, calumnia y fornicación, siendo la primera persona condenada a ser quemada en una estaca en Islandia. Se la acusó de que había vendido su alma al diablo por medio de una carta manuscrita, también de haber maltratado el pan consagrado lanzándolo a través de la puerta de 
las letrinas, así como de tener relaciones carnales con numerosos hombres y de difamar al Papa de Roma. Curiosamente y durante estos años, siendo abadesa de Kirkjubæjar  Agatha Helgadóttir se sucedieron extraños acontecimientos, como los fuertes "gemidos" que se escuchaban con frecuencia en el suelo de los dormitorios y en el comedor, ocurridos durante el verano de 1336, sin que se encontrase "explicación" alguna a ellos. 

Apenas 6 km. de haber sobrepasado Kirkjubæjarklaustur, una desviación a la derecha de 3 km. nos acercara hasta el Cañón de Fjaðrárgljúfur. Espectacular garganta que el ahora mermado rio Fjaðra ha ido excavando en las rocas durante los últimos 10.000 años, dejándonos una abertura similar a una sinuosa grieta de 100 m. de profundidad y algo más de 2 kilómetros de largo. Acercarnos hasta ella y pasear por su vértice a estas horas con la luz de media tarde, adivinado al fondo la línea de mar cercano, se convierte en uno de esos momentos mágicos con los que nos regala la fascinante y variada naturaleza de estas tierras. 

 
Circulamos ahora por las amplias llanuras Eldhraun, un desierto de lava que se extiende ante nuestra vista hasta prácticamente el infinito, con curiosas rocas de escoria revestidas por un espeso manto de musgo.  El panorama es algo chocante por el contraste de colores, y el caminar por este lugar genera una sensación rara, pues los pies se hunde unos veinte centímetros, es como caminar por un paisaje nevado pero más amortiguados nuestros pasos al hacerlo. Este extraño y surrealista lugar es producto de la erupción del cercano Laki a finales del siglo XVIII. 

Laki o Lakagígar (cráteres de Laki) es una fisura volcánica situada entre los glaciares Vatnajökull y Mýrdalsjökull, formando parte de un sistema eruptivo compuesto por una fisura de 25 km. de longitud en donde se localizan un total de 135 cráteres. En la mitología nórdica los volcanes eran un símbolo del bullicioso dios Loki, el dios del fuego, la destrucción y el caos. También para los primeros cristianos que ocuparon estos territorios durante el siglo XII y que contemplaron las erupciones del Hekla y Laki les pareció algo siniestro, pues le denominaron como las "puertas del infierno" o "la prisión de Judas".  Esta enorme cicatriz es uno de los signos del potencial destructivo de los ímpetus geológicos de este planeta que habitamos, generando durante el siglo XVIII una de los mayores desastres de la reciente historia europea. 

En 1783, y durante 8 meses, el Laki estuvo activo y en plena erupción, provocando la mayor emanación de lava ocurrida en el mundo durante los tiempos en que se tiene constancia histórica, 14 km3 de lava basáltica y nubes letales. El suceso, conocido también como Skaftáreldar "Fuegos de Skaftá" o "Síðueldur", produjo casi un kilometro cubico de cenizas, proyectándose el magma incandescente hasta los 800-1400 m. de altura. Originándose un brutal desfiladero volcánico con más de 130 cráteres sobre la nueva fisura creada. 

Esta potente y nefasta erupción, forma ya parte de la memoria colectiva de los habitantes de esta isla, y aunque no causó sustanciales trasformaciones en el relieve del sur islandés sí que produjo serias secuelas, ocasionando perjuicios de gran importancia. Habiendo sido afectado o exterminado gran parte del
ganado: el 50 % de vacas, 75 % de caballos y el 80 % de las ovejas, fenecieron intoxicadas por los gases tóxicos. A lo que se añadieron devastadoras epidemias que afectaron a una cuarta parte de la población, pereciendo por las consecuencias de la erupción unos 9000 habitantes, causando el peor desastre en la historia del país. Generando así mismo, uno de los sucesos climáticos más trascendentales y con mayores secuelas sociales del último milenio en el resto del planeta. Los gases ocasionados se elevaron hasta altitudes próximas a los 15 km. generando por toda la europa occidental una permanente calima, a la que se denominó como la "bruma de Laki". 

La colosal nube de cenizas que formó, ocasionó una hambruna en todo el mundo que duró tres años, sucumbiendo por ello aproximadamente 6 millones de individuos. Estimándose que la nube de cenizas causada por la erupción, fue responsable de las malas cosechas en Francia durante este periodo, siendo una de las causas de la Revolución Francesa de 1789. Siendo conocido en Gran Bretaña el verano de 1783, como el "sand-summer" (verano de arena) debido a las cenizas que hasta allí llegaron. También se apunta a este hecho para justificar el bajo nivel del agua en el río Nilo durante 1783, lo que originó que muchas tierras agrícolas no pudieran ser cultivadas, ocasionando a una hambruna que redujo la población de Egipto en un veinte por ciento. 

Hoy, pasados más de 350 años de estos desoladores acontecimientos, todo este lugar podría generarlos la sensación de pertenecer a otro planeta, un lugar sin apenas vida, donde las tonalidades dominantes de su contorno poco tienen que ver con las que concebimos como usuales en estos parajes. Su observación desde el punto más alto (818 m.) es un sugestivo panorama desde el que se contempla toda esta área de intensos tonos verdes, descubriendo ante nuestros ojos la hilera de cráteres, algunos de ellos ocupados por lagunas. Siendo precisamente los sedimentos de las escorrentías de la zona del Laki, las que han creado en la costa el estuario del Kúðafljót donde se ubica la zona de Álftaver, nuestro próximo destino y pernocta. 

El azar, pues no estaba previsto, nos llevó hasta la granja-albergue de Nonna og Brynjuhús en Þykkvabæjarklaustur, área de Álftaver, sitiada a unos 50 km. al oeste de Kirkjubæjarklaustur, y donde al llegar, hora ya de recogerse de sus labores agrícolas, pudimos observar a algunos de sus moradores, altos, corpulentos, desgarbados y con rasgos más cercanos a los australopithecus o al protagonista de la Matanza de Texas, que al resto de las gentes que hemos podido contemplar por el resto de nuestro periplo isleño, todo lo contrario que la señora que nos atendió en este lugar, una agradable y grandona dama simpática y atenta, llegando casi por casualidad a la "Islandia profunda". En un país, donde prácticamente casi todos los lugares están horadados por el turismo (Islandia con unos 330.000 habitantes prevé este año 2015 la llegada de 1.500.000 turistas), y donde el uso de la tarjeta de crédito es casi único y obligado sistema de pago, donde como simple ejemplo se usa para utilizar los retretes públicos, y donde la conexión a internet se extiende hasta los sitios más
insospechados y aislados; en este lugar no hay  "datafono" y la conexión a la famosa red de redes una utopía. Su interés precisamente radica en esto mismo, en la discordancia con el modernismo que ha actualizado al país en las últimas décadas, presentándonos la imagen de la Islandia rural de los últimos años del pasado siglo, genuina y autentica. Es aquí también donde durante mediados del siglo XII, se instaló el monasterio de Þykkvabæjarklaustur, esta vez de masculinos hábitos, hábitos para vestir, y "hábitos" en sus relaciones con las vecinas monjas que anteriormente he comentado, y que al igual que su colindante pasó a mejor vida después de la "Reforma". Perteneciente la orden de los agustinos, su primer abad fue Þorlákur Þorhallsson quien fue canonizado después como San Torlak, patrono católico de Islandia. Siendo también en este cenobio donde en el siglo XIV, el monje Eysteinn Ásgrímsson compuso el poema "Lilja" (El Lirio), una de los más famosos poemas medievales de Islandia. 

Acostumbrados ya a la variable climatología de estas latitudes, no nos extraña el desapacible recibimiento con el que nos agasaja en una nueva mañana la población de Vík í Mýrdal, sobre la que destaca y su fotogénica iglesia, que parece colocada a posta en lo alto de la población para ser retratada. Desde su negra playa distinguimos una de las postales típicas de Islandia, las siluetas marinas de las rocas Reynisdrangar o los "trolls" de piedra de Vík. Pues la leyenda dice que los picudos peñascos de basalto se formaron cuando dos trolls (duendes) arrastraban un barco de tres mástiles hasta la costa, pero cuando la luz del día les iluminó se convirtieron en las agujas de roca. Son en realidad un grupo de pilares pétreos de aspecto monolítico que emergen del mar castigados por el continuo oleaje marino. 

Nos acercaremos hacia sus proximidades rodeando el monte Reynisfjall, llegando hasta la playa de Reynisfjara, que con sus arenas negras, está catalogada como una de las 10 más hermosas del planeta. Es aquí en su extremo este y frente a las rocas de los trolls, donde encontramos las perfectas columnas basálticas de Reynishverfi, un lugar aislado a la orilla del mar, pero con una bien servida cafetería, incluida señal "wifi".

Divisamos desde aquí y no muy lejano el farallón que sustenta el faro de Dyrholaey. Esta vez en sus acantilados no encontramos a ningún frailecillo, siendo uno de los lugares donde se pueden observar a estas coloridas, curiosas y confiadas aves, pero el ventarrón que soplaba hasta el punto de tener que luchar contra viento para tenernos en pie, les hizo como a nosotros desistir de su presencia y poder posar ante nuestras cámaras fotográficas. 

Siguiendo por la carretera principal unos 12 km, un desvió a la izquierda de algo menos de 4 kilómetros transitando de nuevo por esas planicies negras, nos acercará hasta el mar en Sólheimasandur. Aquí encontramos los abandonados restos de un avión accidentado, un C-47 Skytrain también conocido como "Dakota", que formando parte de la marina de Estados Unidos, a finales de 1973 tuvo que aterrizar en este lugar al haberse quedado sin combustible. Los miembros de su tripulación no sufrieron daños reseñables y un cuando el incidente fue reseñable, como muestran los restos allí depositados. Las alas y la cola han desaparecido, estando lo que queda de él lleno de agujeros, con las ruinas de su fuselaje cubiertas de arenas negras que el tiempo y el viento han convertido en compañeras perpetuas. 

Retornados a la ruta principal recorremos el escarpe Siða, una extensa zona constituida por una línea de acantilados paralelos al cercano mar, que en la remota época glaciar formaron la antigua línea de costa. Pasada la glaciación, cuando la masa de hielo se fue retirando, la tierra se “elevó” al dejar de soportar el enorme peso del hielo, provocando que la línea de costa avanzara algunos kilómetros. Es en este curioso escalón, donde hoy podemos admirar una ingente y variada cantidad de magníficas cascadas entre las que destacan: Skógafoss, Seljalandsfoss, Gljúfrafoss. 

Skogafoss, con abundante y ancho caudal es una cascada realmente impresionante (60 metros de altura y unos 25 de anchura), se sitúa en un magnífico anfiteatro natural al fondo de un pequeño valle, y en las proximidades de la pequeña y tradicional aldea de Skógar, donde aún se mantienen en pie algunas de esas encantadoras cabañas rurales con sus verdes tejados de turba. La visión de esta catarata en un día soleado, dibujando un arcoíris sobre la nube de agua que desprende, convierte al lugar en pura magia. Cuenta la leyenda que uno de los originarios habitantes de la zona, el vikingo "Þrasi Þórólfsson", ocultó un tesoro en una cueva situada detrás de la cascada, que muchos años después fue hallado por lugareros de las cercanías, pero solo consiguieron un encontrar un añillo. 

Es aquí, justamente en este lugar, donde termina el sendero Laugavegur, uno de los trekkings más afamados del planeta, que durante 6 días recorre de norte a sur estas salvajes e inhóspitas tierras heladas, y partiendo de las coloridas montañas de Landmannalaugar transita entre los glaciares Mýrdalsjökull y Eyjafjallajökull.  

Es precisamente este último glaciar y el volcán que existe en su interior el que produjo en el año 2010 el caos aéreo en medio mundo, al tener que ser cerrados gran cantidad de los aeropuertos de media Europa, divido a la gran cantidad de cenizas que expulsó y que se extendieron por los cielos del viejo continente. Pero también en esta zona del sur islandés esta erupción produjo potentes daños, motivados por el inesperado y poderoso deshielo de las aguas del glaciar y las
brutales emanaciones de cenizas, que sobre todo afectaron a la granja Þorvaldseyri situada a su base. Pero "no hay mal que por bien no venga", y la familia Eggertsson dueños de la explotación agrícola supieron pasar de la tragedia al negocio, creando a orillas de la principal carretera de Islandia un centro de información (Þorvaldseyri Visitor Centre) sobre el adverso suceso, que posiblemente sea ahora su principal aporte de recursos en vez de la agricultura. Aparte del pago de la entrada y un fabuloso merchandising, en el que no faltan los jabones de cenizas de volcán y abalorios elaborados con las lavas, se puede visionar un video con las excelentes imágenes y tomas ocurridas durante los días de esta catástrofe que desoló toda esta zona del sur de la isla. Es aquí, donde podrían aprender nuestros Bárcenas y Rajoys de turno para promocionar sus planes de emprendedores, lástima que por estas latitudes, lejanas a la neutral y útil Suiza, no se acerquen. 

Continuamos dirección poniente en busca de más cascadas topándonos con Seljalandsfoss. Bella y elegante caída de agua que forma el río Seljalandsá con los deshielos de los glaciares situados en su cabecera. Curioso es también su emplazamiento pues detrás de sus 60 m. de caída existe un sugestivo, mágico y rociado sendero, pudiéndose observar desde su reverso una imagen sorprendente, pudiendo llegar al "encantamiento" si es al atardecer. 

Apenas caminando unos 700 m. hacia el norte, descubrimos la cascada de Gljúfrafoss también conocida por la "Cascada Escondida", ya que se encuentra oculta al final de un estrecho cañón por el que discurre el de agua. El espectáculo en el interior del barranco es extraordinario e inesperado, aunque bastante húmedo, pero su descubrimiento meceré la pena. Pudiendo además a la salida, contemplar frente a nosotros el archipiélago de las Islas Vestmann, un regalo más de este lugar.
 
Ya camino de retorno a Reykjavik, la silueta del Hekla nos va despidiendo de Islandia, territorio en el que todo es grande menos su extensión y sus caballos. Una isla que posee la cascada mas copiosa de Europa, que cuenta con el glaciar mas grande de continente europeo, separados una y otro por un extenso y extravagante desierto de lava, y lugar donde contemplar los paisajes mas sugerentes y variados que uno puede imaginar. Un territorio en que los contrastes del fuego, hielo, agua y verdor son espectaculares e intensos. Donde las poderosas fuerzas destructivas de la naturaleza: erupciones, inundaciones y tempestades se han aliado en un intento de tallar su carácter, consiguiendo solo cincelar su geografía, pero sin lograr domar a sus moradores que una tras otra han conseguido superar los estragos de sus demoledoras intenciones, ahora trasformadas en salvaje naturaleza. Siendo únicamente su visión real, mucho mejor que estas letras manuscritas, la mejor forma de trasmitir la sensación de sus paisajes. Islandia....... hay que verla, hay que vivirla.