martes, 18 de noviembre de 2014

- Valle del rio Omo (Etiopia) - Tribus: Tsemay - Benna - Ari - Mursi - Hamer - Karo

 
Viajar en el tiempo es una constante en las aspiraciones del ser humano; el volver a épocas pretéritas o trasladarnos al futuro pudiendo ser espectador de la historia, ha sido uno de los retos en la evolución del hombre. Vivir acontecimientos sucedidos con anterioridad o inmiscuirse en los que puedan acaecer, es un desafío al que algunas mentes insignes han dedicado sus conocimientos y sus reflexiones desde hace cientos de años; y no es tan complejo hoy en día hacer ese viaje al pasado, solo con acercarnos a otras latitudes, comprobar sus culturas y sus formas de vida, nos hará realidad ese periplo onírico. El tiempo, ese espacio impersonal que nos marcan los relojes, está detenido en algunas partes de este planeta que habitamos, es el caso de las tribus del sur etíope, las asentadas a las orillas del rio Omo, ancladas en un remoto ayer como si el tictac de las manillas allí no existiera. 

Nos acercamos a la zona más aislada del ya por si remoto sudoeste etiópico, a las márgenes del río Omo, donde hasta hace muy poco no había accesos decentes, y visitarla era una verdadera odisea, ya que hasta la segunda mitad del siglo pasado estaba prácticamente incomunicada con el mundo exterior. El hecho de ese aislamiento ha producido, como en otros lugares de áfrica, que las costumbres de los individuos que habitan en ella no hayan evolucionado y mantengan costumbres de tiempos remotos, en algunos casos próximos a los albores de la civilización; teniéndose evidencias científicas de que sus pobladores han habitado de forma permanente esta apartada región por más de 100.000 años. Aunque un auge del turismo en estas zonas está modificando sustancialmente sus ancestrales conductas.  

El río Omo discurre por el territorio etíope de norte a sur a lo largo de 760 km. su rápido curso salva un desnivel de 2.650 m. brotando sus primeras aguas desde una altura de unos 3.000, en los valles occidentales de las montañas Guraghe; cerca de la aldea de Anige, a unos 90 km. al suroeste de Addis Abeba y a unos 50 al noroeste del lago Ziway; desaguando en el Lago Turkana a 360 m. de altitud, formando un delta fluvial, al cual su descubridor, el conde Samuel Teleki, le bautizó con el nombre de lago Rodolfo en honor al príncipe heredero del imperio austrohúngaro, hijo de la afamada Sissi. 

La parte inferior de su curso fue durante miles de años lugar de encuentro para las diversas culturas y grupos étnicos que emigraron hacía esa región, formando hasta finales del siglo XIX el límite oriental de los antiguos reinos de Janjero y Garo, en que fueron anexados a la actual Etiopia. El primer europeo que se aventuro por estas latitudes (curso bajo del rio Omo) fue el parmesano Vittorio Bottego en 1896, muriendo en 1897durante una escaramuza con los "oromo" cerca de la población de Girami. Un par de años después llegaron las expediciones de: Henry Herbert Austin, Wolda Giyorgis y Alexander Bulatovich, estas dos últimas saqueando las tribus allí asentadas, sumiéndolas en la más absoluta miseria. 

Su cuenca; al igual que la del rio Awash (donde se han encontrado los restos de los homínidos más antiguos del planeta "Lucy" y "Ardi", con 3.5 y 4,4 millones de años de antigüedad), es interesante arqueológicamente, y afamada por los restos paleontológicos en ella encontrados. Habiéndose excavado varios yacimientos, que datan del plioceno y pleistoceno, apareciendo en ellos fósiles de homínidos pertenecientes a los géneros "homo" y "australopithecus", también utensilios confeccionados con cuarcita, el más antiguo de unos 2,4 millones de años. Dando asimismo su nombre a Omo 1 y Omo 2, los dos cráneos más antiguos (195.000 años) de "homo sapiens" localizados hasta la fecha en todo nuestro planeta. Debido a esto y su rica variedad étnica, el bajo valle del Omo, fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1980. 

Comparten este territorio unos 18 grupos étnicos diferenciados (tsemay, benna, ari, bashada, mursi, bodi, hamer, karo, arbore, surma, nyangatom, bume, dassanetch o galep), de los aproximadamente 45 que habitan el suroeste etíope. Muchos de ellos seminomadas que viven en la actualidad del pastoreo y la agricultura, ya que la caza ha disminuido mucho, además de estar regulada en la actualidad por las reglamentaciones de los Parques Nacionales de Omo y Mago, ocupando cada uno de ellos una margen del rio, que los divide y delimita.  

Tras cruzar la calurosa llanura de Woito, la carretera asciende por tierras de los "tsemay y "benna", y pasando por Key Afer y Kako llegamos a Jinka, en las proximidades del rio Neri, tributario del Mago, que a su vez lo es del Omo. Actuando como capital comercial y administrativa de la zona, Jinka es además de punto de encuentro de algunas de las tribus de este territorio, la última localidad en la que aprovisionarse si pretendemos adentrarnos en los espacios del Parque Nacional de Mago.
 
Partimos de ella para seguir conociendo las tribus del sur etíope, de las más originales y genuinas que pueden verse en todo este continente de dermis negras. Caminando desde nuestro alojamiento, el "Rocky Recreation Camping"; del que no quiero hacer comentarios sobre sus aseos, pues con esto está todo dicho; visitamos un poblado "ari". Esta etnia, al estar muy próximos a zonas en las que ya el "asfalto" ha llegado, sus miembros están muy influenciados ya por las costumbres occidentalizantes, aunque mantienen gran parte de sus tradiciones y antiguas formas de vivir. Visten ropa "actual", de esa que les llega de nosotros, de la que metemos en los contenedores de reciclar………. siiiiiiiii…, del que no tiene color asignado, del que vemos como sacan con un gancho las camisetas y otros ropajes para sacudirse la crisis los afectados por los de "el país va cojonudo". Pero sigamos; iba contándoos sobre las formas de vida de los "aris"; viven en cuidadas chozas de barro techadas en paja, rodeados por exuberantes cultivos en medio de una densa vegetación, ocupando las tierras más fértiles de toda esta zona, propiciando ser el grupo más boyante en la región. A sus mujeres se las reconoce con facilidad, pues suelen llevar un pañuelo anudado a la cabeza y las adolescentes visten unas curiosas faldas hechas de las hojas del falso banano llamado "enset". También son excelentes alfareras, y habilidosas en la forja de utensilios de hierro. 

Nos acercamos al mercado semanal que se celebra los jueves en Key Afer, donde somos abducidos por el ajetreo y el colorido que desborda su actividad. Todos los tonos imaginables deambulan a nuestro alrededor; aris, bennas y tsemays fundamentalmente, comprar, venden, intercambian o simplemente se relacionan, en un espectáculo lleno de vida y bullicio, donde nuestra presencia nada impide y donde contemplamos gran parte de la realidad de estos pueblos que hasta no hace mucho vivían en otra época lejana. Muchachos y muchachas pasean y ríen, algunas "buscavidas" requieren nuestras fotos para sacarse algún "birr" (la moneda del país), pero sobre todo los puestos en el suelo, modo tradicional de trueque, en el que semillas, harinas, cereales, cuencos de barro, quincallas, pieles y otros elementos pasan de mano en mano. Son las mujeres "benna", con sus tocados y trenzados cabellos cubiertos por la característica calabaza a modo de sombrero, y las "tsemay" con sus vistosas vestimentas y abalorios, las que más sensación causan a nuestras fascinadas neuronas. Un espectáculo único de actividad, viveza, tonalidad y algarabía que se desarrolla a nuestro alrededor con la mayor naturalidad. 

Toca ahora acercarnos hasta los "mursi", para lo cual dedicaremos gran parte del día, pues hay que recorrer gran parte del Parque Nacional de Mago por sinuosas pistas, que no siempre están es un estado aceptable, pero tenemos suerte y en algo más de un par de horas llegamos a su amplio territorio. Esto sí que es volver al pasado, un tiempo sin precisar en qué época estamos, como si de estar en los albores de la civilización se tratara. Esta tribu de mirada fija y rudos gestos, orgullosa y guerrera, tuvo y tiene fama de belicosa, hasta el punto que unas semanas antes de nuestra visita el acceso a estos territorios estaba cerrado a los visitantes, pues en un contencioso con la tribu "vecina" de los "bodi", motivado por el uso de unos pastos para el ganado, había producido tres muertes; debiendo por ello ir obligatoriamente acompañados por dos "rangers" armados, por si alguna conflictividad se pudiera originar. Destacar que si bien siguen viviendo prácticamente como en la época del bronce, han sustituido las lanzas, los arcos y las flechas por modernos rifles: el AK- 47 ruso (Kaláshnikov), el europeo G3 o el americano M16. En otra época disfrutaban matando, desvalijando a sus enemigos e incluso cortándoles sus testículos que mostraban como trofeo, hoy en día aunque temidos sus formas son más tranquilas, dejándose retratar por los foráneos que hasta ellos acudimos, siempre que se pague por ello, lo cual comporta un grado de tensión y hostigamiento al negociar su precio, siendo esto su principal fuente de ingresos en la actualidad. Esta presión se trueca en desazón hasta el punto de sentir incomodidad, deseando abandonar el enclave por el agobio, un verdadero pesar pues el ambiente que nos rodea, los personajes y sus gestos son únicos e irrepetibles. 


Visitamos la aldea de "Hayloha", a nuestro encuentro salen sus moradores: las mujeres engalanadas de estrafalarios adornos: grandes pendientes de colmillo de facocero (jabalí etiope), coloridas pinturas, escarificaciones en la piel, y sobre todo y más llamativo, con su boca perforada para colocarse sus platos labiales, lo mismo que hacen con sus orejas, para con ello representar su posición social. Se desconoce el motivo de este ornamento bucal, habiendo quien teoriza sobre que esta práctica comenzó en tiempos de la esclavitud, intentando impedir que los negreros somalíes capturasen a las mujeres mursi, ya que las deformidades que les producían impedía su venta en los mercados de esclavos. 


Los hombres, dedicados fundamentalmente al pastoreo, van prácticamente desprovistos de ropajes, llevando como única vestimenta una manta que conservan durante toda su vida. Mostrándonos a través de su corpulenta desnudez coloridas pinturas, con las que decoran sus cuerpos, y múltiples escarificaciones con dibujos geométricos en su piel como muestra de valor, fuerza y agresividad. Pudimos observar durante nuestra visita el rito de extraer sangre de una vaca viva para bebérsela, utilizando para ello arco y flechas, hendiendo de esta manera la arteria del animal. Al igual que otras etnias de la zona realizan ceremonias para el reconocimiento de llegar a la edad matrimonial; en este caso se llama “thagine”, llevándose a cabo después de las cosechas, consistiendo en un duelo entre varios jóvenes batiéndose con largos varas de madera llamadas “donga”, poniendo a prueba su valía, habilidad y fortaleza, siendo recompensados con la admiración de las muchachas casaderas y el prestigio del resto de la tribu.

Nos trasladamos a pequeña población de Turmi, donde hacemos base para visitar a otra etnia del bajo Omo, los "hamer", acercándonos para ello hasta el poblado "Assille Kebele", a 20 km. de Turmi, en la ruta a Woito, por el territorio "arbore". Para llegar hasta él, debemos vadear un ancho rio, que a la vuelta, en la oscuridad de la noche y crecido por las lluvias, tenemos que cruzar a pie y medio en cueros, ya que los todoterrenos que nos trasportaban no lo podían atravesar su cauce. Adornados con un sinfín de abalorios y detalles, los "hamer" son un pueblo orgulloso, reacio a los nuevos tiempos, fiel a sus tradiciones, pero acogedor hacia sus visitantes, rasgos esenciales que definen su forma de ser. Los intentos de ser sometidos en tres ocasiones durante los siglos XVIII y XIX por tribus vecinas, para afianzar su expansión territorial, ha creado en esta etnia un especial sentido de supervivencia, forjando el poderoso e individualista temperamento de esta etnia. Aún hoy en día, se trasmiten oralmente de padres a hijos las incursiones habidas entre las tribus vecinas.



Polígamos y presumidos, los hombres "hamer" van con el torso semidesnudo mostrando su musculatura y las escarificaciones de los brazos, visten una minúscula falda liada en la cintura, así como unos complejos y llamativos casquetes de arcilla en el pelo, decorados a veces con plumas o vistosas cuentas. Y para no perjudicar su curioso peinado van provistos de una especie de apoyacabezas denominado "borkota", que les sirve a la vez de asiento, del que apenas se separan en su vida cotidiana. 

Las mujeres llevan una especie de falda, adornada con coloridas piezas de vidrio de multitud de colores, que ellas mismas confeccionan con pieles de cabra; la parte delantera lleva unas piezas metálicas para hacer de peso y en la parte posterior lleva un corte alargado que llega prácticamente al suelo. Sobre sus desnudos pechos lucen una especie de bandolera a manera de collar, elaborada con las conchas de cauri que provienen de intercambios con tribus cercanas al Índico, así como llamativos adornos en los lóbulos de las orejas y gran cantidad de aros metálicos en las muñecas y por encima de los tobillos. También portan un par metálicas gargantillas en sus cuellos que nunca se podrán quitar, siendo tres en el caso de las casadas, en este caso de cuero de la que despunta una especie de cilindro férrico en su parte delantera; las más jóvenes llevan una cinta en la cabeza que sujeta una fina especie de chapa ovalada sobre su frente, resaltando su cuidado y vistoso peinado, elaborado con pequeñas trenzas que untan de tierra roja engrasada con manteca.  


Pero lo que más llama nuestra atención y repulsa, son las cicatrices y marcas, que orgullosas lucen en sus espaldas, ya que la flagelación de sus cuerpos forma parte de su cultura y tradición, tal y como pudimos comprobar "in person" durante la fiesta del "Ukuli Bula" o Salto del Toro. Un rito iniciático o ceremonia de tránsito entre la pubertad y madurez de los hamer, en la que, durante los tres días de celebración que dedican a ello, el aspirante “ukuli” debe demostrar que ya es hombre “maz” y merecedor de ser reconocido como tal por el resto de la comunidad; que de una forma u otra participa mayoritariamente del festejo. En él, las mujeres en edad lozana del poblado inician el ritual con melosas e insinuantes canciones, bailan, gritan, cantan y haciendo sonar sus cornetas.

Engalanadas con aretes de cascabeles colocados bajo sus rodillas, y sin dejar de salta ni un solo instante, los hacen resonar incesantemente, al tiempo que entrechocan los aros de acero que llevan enroscados a modo de tobilleras. Entre tanto, algunas de ellas se separan del grupo comenzando a provocar a los jóvenes haciendo sonar sus pequeñas trompetas, les chillan e insultan, al tiempo que les tienden unas finas y cimbreantes varas, con las que les demandan ser azotadas, discutiendo entre ellas por ser flageladas en primer lugar. Los muchachos, con forzada y hosca actitud, fustigan con el latico las desnudas espaldas de sus suplicantes. El chasquido de cada latigazo fluye por los oídos de todos los asistentes. La rama cimbrea el costado de la muchacha, fundiéndose en su cuerpo hasta que la punta alcanza su espalda, rasgando la piel hasta sangrar; sin mostrar en ello el más insignificante gesto de dolor; volviendo sin pestañear y con el rostro impávido al griterío del resto del grupo. Dura, cruel y masoquista escena que se repite una y otra vez a lo largo del ceremonial, mostrando con ello el valor, la fortaleza física, el orgullo de las féminas y un símbolo de status superior. Cuantas más marcas tallen el cuerpo de las hamer, más merecedoras de respeto y consideración tendrán del resto del poblado, pudiendo acceder a un mejor acomodo marital. 

Finalizado tan infame y siniestro ritual, el “ukuli” será pintado con carbón y colorida manteca por alguno de sus familiares o amigos, que posteriormente formando un circulo a su alrededor le despojan de sus vestimentas dejándole en cueros; a continuación el brujo de la tribu le empapa el cuerpo con las vísceras de una cabritilla recién sacrificada. Consintiendo el siguiente paso, el seleccionar un grupo de reses, entre 6 y 12, para caminar variar veces por encima de ellas, recorriendo en inestable equilibrio, desnudo y descalzo los lomos de las vacas. Operación que si es realizada con éxito le proporcionara su nueva posición hombre casadero. 


Es interesante ir también a visitar otro de los sugerentes mercados de esta zona; el que cada sábado se celebra en Dimeka, población situada a 30 km. al norte de Turmi; donde se allegan a mercadear principalmente los hamer. Como sucede al acercarnos a estos rústicos bazares que semanalmente se instalan en estas rurales poblaciones, vemos a cantidad de mujeres acarreadas como mulas, desplazándose hasta él a vender, cambiar o trapichear sus mercancías. Este tribal zoco se extiende por buena parte de la localidad, y aunque no es muy extenso,la animación es grande, con un constante trasiego de gentes yendo y viniendo. Dispuesto por zonas: la de los tenderetes de sorgo, los de verduras, leña, ganado, artesanía y souvenires, etc. destacando a la entrada, donde venden la arenisca roja con que las mujeres hamer se acicalan el pelo o la piel,  o la zona de los utensilios de barro.



También desde Turmi partimos para realizar el último de los recorridos étnicos, y así completar nuestro viaje al pasado. Por dificultosa pista; en la que somos sorprendidos por enormes termiteros y hermosos arboles decorados con las flores denominadas "rosas del desierto", y los inevitables pinchazos en las ruedas a los que con asiduidad nos vemos sometidos; nos acercamos hasta la misma margen del rio Omo, ya casi en su parte final de su curso, que se nos presenta rodeado de verdes bosques. Allí sobre lo alto de su cauce, custodiado por un potente acantilado que forma uno de sus poderosos meandros y en medio de una magnifica panorámica con el Parque Nacional de Omo al fondo, se halla la aldea de "Kolcho", donde habitan los "karo".   
 



Estos antiguos cazadores, hoy prácticamente agricultores, forman una de las etnias con menor población de Etiopía, apenas los mil individuos. Bien relacionados con sus contiguos los hamer, que cuidan de su ganado a cambio de obtener sorgo; sus aldeas están compuestas por simples y cónicas chozas, llamadas “ono”, elaboradas de ramas y paja, las cuales tienen que reconstruir varias veces al año por la voracidad de las termitas que hemos visto existen en su entorno. De los mismos materiales son los graneros, aunque de menor tamaño y elevados del suelo por unos pilotes. En un velado lugar del poblado está el “marmar”, lugar sagrado en donde realizan los rituales más significativos, al cual sólo tienen acceso los miembros de la tribu que estén casados.  
Pero lo que más nos llama la atención de estos sujetos nada más llegar, y donde más desarrollan el sentido de una estética singular, es en las pinturas de sus cuerpos y especialmente sus caras, con bocetos que van desde delicados y elaborados diseños a toscos pero impactantes bosquejos. Legando a su máxima expresión con las pinturas faciales y pectorales, en las que armonizan los tonos blancos, negros, amarillos, ocres o rojos; llegando algunos sujetos de la tribu a complementar su ornato con vegetales y flores, e incluso piercings hechos con los más variopintos materiales: clavos, chapas de refrescos, imperdibles, etc..  


Las mujeres se realizan unos cortes en la piel, frotándose e introduciendo ceniza en ellos, produciéndose unas artísticas escarificaciones en los brazos y pecho, intentando con ello resaltar su belleza y seducción. Al igual que los hamer, los karo también saltan los toros para llegar a la madurez y poderse casar, pero estos le llaman "pilla", siendo una de las ceremonias más importante que celebran. 


Otra singularidad que les caracteriza es la libre sexualidad entre sus jóvenes, pero comporta de quedar embarazadas, que el recién parido sea abandonado al considerarlo “mingi” (maldito). De la misma manera actúan cuando un nacido tiene alguna malformación o rareza y no alcanza pautas de normalidad, como el desarrollo de los dientes superiores antes que los inferiores; dejándolos desasistidos hasta morir, en la supersticiosa creencia de que atraen desgracias y fatalidad a la familia así como al resto de la tribu. Comentar también sobre este tema, que las mujeres "tsemay" dan a luz a orillas del río sin ayuda de nadie y sin ser vistas, provocando una gran cantidad de muertes en los partos, por lo cual, en estos momentos hay una ONG trabajando en la zona para mentalizar a la gente e intentar cambiar este hábito.  


Desde la perspectiva que nos ofrece la altura en la que estamos sobre el rio, divisamos en la lejanía en dirección norte una gran depresión. Son los terrenos reservados a la "Ethiopian Sugar Corporation", para crean una de las mayores plantaciones intensivas de caña de azúcar de toda áfrica, creando para ello impactantes y potentes sistemas de riego que irreparablemente conllevan la creación de grandes obras hidráulicas en el cauce del rio Omo.

Ya existen y están en funcionamiento las represas Gibe I y Gibe II, en el curso alto de su cauce. Pero la construcción de la denominada Gibe III (a las que seguirán la Gibe IV y Gibe V) en estas zonas, con 243 mts. de altura y 610 de longitud y con una planta hidroeléctrica asociada de 1.870 megavatios, la más grande de toda áfrica, producirá un impacto tan brutal en la zona, que cantidad de grupos conservacionista y "ongs" internacionales, han puesto el grito en el cielo, organizando una petición "online" contra el proyecto de esta presa, en base a su impacto ambiental y en defensa de los derechos humanos de sus habitantes, a los que se les está quitando sus territorios con artimañas y engaños por parte de las autoridades etíopes. Solo con la puesta en marcha de los dos primeros embalses, el lago Turkana, en el cual desagua el rio, que se alimenta de él en un 90%, ha visto reducir su nivel de forma alarmante, habiendo aumentado el grado de salinidad por la escasez del flujo de agua, lo que producirá en un tiempo no muy lejano la miseria y hambruna a los pobladores de sus riberas. 


Estos modos de vida han sido retratados con enorme acierto durante años por el  fotógrafo teutón Hans Silverter, realizándose sobre ellos algunos videos, merecedores ser vistos, que nos muestran el arte de la pintura corporal de estos pueblos.

 

En estas tierras del sur etíope la globalización ha llegado de sopetón, las nuevas infraestructuras en loor del progreso, y la cantidad de foráneos multicolores que llegamos a este lugar introduciendo en sus vidas elementos ajenos a su cultura, que les induce a dejar de utilizar sus utensilios tradicionales, sus ropajes y adornos naturales de hueso o madera, sustituyéndolos por correas de reloj, tapas de bolígrafos u otros elementos curiosos y extraños para ellos, están consiguiendo que estas arcaicas culturas desaparecerán no tardando, dando paso a la "modernidad". Observar a estas tribus en su entorno natural es una experiencia inolvidable y única, una amalgama de nuevas sensaciones, y uno de los espectáculos más singulares e increíbles que podamos imaginar, pero es de temer que las costumbres ancestrales de estas gentes, su manera de vivir y comportarse, sus rudimentarios utensilios, su organización social, etc. están trágicamente desapareciendo de forma excesivamente veloz. Un viaje al pasado que no tendrá posibilidad de realizarse en un futuro relativamente próximo.




sábado, 8 de noviembre de 2014

- Miedo

¿Miedo a que tienen, a perder son mamoneos, sus prebendas, sus negocios sucios, las poltronas; y porque quieren trasladarnos su miedo al resto de la población?, si con ver las noticas con las que nos despertamos cada uno de los días, estamos curados de espanto. Tiene miedo a que esto cambie y que además funcione.
 
Todos los días aparecen artículos en la prensa "que yo leo", sobre la situación actual, y buscando algunos de los que con excelente criterio suele sorprenderme Juan José Millas, que algunas veces he dejado por aquí, era mi intención volver a traerle hasta aquí, para haceros participes de él, pero no he encontrado nada de sus párrafos que me llamara sustancialmente la atención. Sin embargo he encontrado este del poeta Luis García Montero, aparecido en publico.es el pasado jueves 6 de noviembre, y que por su actualidad lo quiero compartir con vosotros, además de amenizarlo con algunos sugestivos dibujos de El Roto.
 
!Dime que temes y te diré quien eres!
 
Saber lo que da miedo, lo que produce pánico, ayuda a conocer el carácter de las personas. 

Las encuestas sobre la intención de voto de la ciudadanía han dado mucho que hablar en la última semana. Y hablando se entiende la gente. Hasta el catastrofismo, las amenazas y las profecías de epidemia electoral sirven para iluminar la realidad. Las convulsiones que provoca el ascenso fulgurante de Podemos nos enseñan mucho sobre la situación de la Democracia y la Prensa tradicional en España. A la luz de las encuestas, se perfila también una idea de lo que se piensa de Europa entre los padres y las madres de la Patria. 

1.- La Democracia. La quiebra del bipartidismo es presentada por políticos y periodistas como una amenaza populista contra el Gobierno responsable. Se trata de un peligro para la Democracia. Este miedo nos obliga a plantearnos de inmediato qué idea de Democracia sostienen las personas asustadas. 

Por lo visto hay muchos políticos y comentaristas para los que una Democracia es una máscara perfecta, el disfraz de la desigualdad. El rigor democrático significa para ellos que 16 familias con apellido de élite acumulen en España el mismo dinero que 14 millones de pobres. La seriedad supone aceptar que un Gobierno conceda obras públicas por valor de 22 millones de euros para que en sus cajas B y C entren más de 4 millones de monedas negras. La madurez implica que un presidente calle o mienta por costumbre. 

Más todavía. Según ellos entienden, la profesionalidad es negociar con los bancos leyes hipotecarias para el desahucio descarnado, injusto y sin amparo de las personas engañadas por una gran estafa inmobiliaria. La responsabilidad económica es pactar con las élites una liquidación vertiginosa de los derechos laborales. Es utilizar y favorecer el paro como argumento para deteriorar los salarios y los contratos laborales. Es llamarle demagogia a la verdad. 

Esta es la idea de Democracia que defienden todas las voces aterrorizadas por un posible cambio. Su miedo los distingue de buena parte de la población que tiene otras preocupaciones. Está asustada por el desempleo, la pobreza, la corrupción política y las mentiras electorales. 

2.- El Periodismo. La quiebra del bipartidismo molesta a un amplio sector de la realidad mediática española. Hay muchos matices. Repiten profecías catastróficas los periodistas y tertulianos acostumbrados a llamar la atención con calumnias, insultos, mentiras y disparates al servicio de los poderes más reaccionarios. Escriben editoriales rotundos los medios que han confundido la información con las especulaciones económicas. 

Pensaban, además, que ser importantes significaba tener un partido o una familia política a su servicio. Ahora pierden las cuentas de sus especulaciones, sus políticos y su clientela. Para ellos la quiebra del bipartidismo es también la constatación de que nuevos modos de información han roto su hegemonía.

La mentira o la manipulación de la verdad: esta es la idea de Periodismo que defienden todas las voces aterrorizadas por un posible cambio. Llama la atención la facilidad con la que han cobrado protagonismo los tontos de baba en el panorama mediático. La producción industrial de tontos es un síntoma tan indicativo como la facturación de calumniadores. Sus ideas de España se distinguen por fortuna de una ciudadanía que está cansada de una realidad llena de miserias y mentiras. Es una suerte que las indignaciones no hayan alimentado aquí el fascismo, sino la ilusión de un cambio democrático del sistema. 

3.- Europa. Cada vez que se utilizan los nombres de Venezuela o de Bolívar como amenaza de catástrofe contra lo europeo, no sólo se simplifica el debate sobre Venezuela o el bolivarismo, sino que se afirma una determinada idea de Europa. Hay gente aterrada porque piensa que Europa, igual que la Democracia y el Periodismo, es el ámbito perfecto para que la ley del más fuerte imponga sus corrupciones, mentiras y abusos económicos. Por otra parte, algo muy frágil debe ser Europa si no es capaz de equilibrar el voto libre de la ciudadanía y la seriedad democrática. 

¿Quién puede plantear la España del PP o del bipartidismo como modelos de seriedad europea y democrática? Dime a qué le tienes miedo y te diré quién eres. Vamos a ser serios, pero de verdad.
La noticia de ayer: Monago se va a ver a su chica 32 veces en avión con mi dinero (y el tuyo).

La noticia de hoy: Otro diputado también del P.P. que hacía lo mismo, con la misma (chica), ha dimitido. Monago, dice que va a devolver el dinero (entre grandes aplausos de sus compis peperos).
 
Moraleja: No tengas miedo a que se tengan que ir con el rabo entre las piernas, seguro que cuando estén fuera, las noticias con las que nos despertamos serán menos sobrecogedoras.

jueves, 6 de noviembre de 2014

- Camino del Río Omo (Etiopía) - Tíbus: Alaba - Dorze - Gamo - Konso

Pincha aquí si quieres ver las fotos de las "Tribus del sur etíope - Alaba - Dorze - Gamo - Konso", si quieres verlas en pantalla completa pulsa en la tecla "F11"

El sur, ese sinónimo generalizado a zona pobre y deprimida, identificado con aridez y sequia, con exceso de sol y caliente, atrasado e incomodo, haragán y bullicioso, ese sur del que tantos cicateros hablan y escriben no existe. Como peculiares nortes hay, en todas las partes del planeta existen sures diferenciados; los "Estados Juntos" (USA) lo tienen, la culta Europa también, nosotros en esta piel de toro lo tenemos; todos los días los medios comunicativos nos lo recuerdan, cual estigmatizados, como si fuéramos el culo del mundo, y cada sur tiene además su propio sur; nosotros somos el sur de Europa y nuestro sur es África. Todos, cada uno de nosotros llevamos un trozo de ese sur dentro de nuestro ser; ese enigmático "Sur" plasmado por Víctor Erice, o como versaría Benedetti, y al que cantara Serrat "el sur también existe". Un sur "sin papeles", que tratamos de desgajar de ese norte suyo con alambradas de "concertinas", con la esclavitud en la civilización del siglo XXI, con fronteras que intentamos hacer infranqueables con nuevas e inhumanas leyes; intentando parar lo imparable, el ansia de mejora en un mundo que se cree mejor y que después se descubre como más infame que del que llegas. Un norte insolidario que da la espalda cuando le interesa a leyes, credos y derechos humanos……….. un norte despiadado para los del sur. 

A ese sur de nuestro sur nos dirigimos, al meridión de Etiopia, a ver algunos de los pueblos más nativos del planeta, al valle del bajo Omo, el rio que acoge algunas de las tribus más originales del continente negro. Un trozo de tierra a ambas orillas, "dejado de la mano de dios", y cuyos accesos hasta hace no mucho eran prácticamente inexistentes. Hasta allí marchamos cruzando medio país; lejanos montes, lagos volcánicos y un campo perfectamente aprovechado y verde son nuestra compañía. Rostros de expresión autentica que se cruzan a nuestro paso, algarabía de niños en cada parada, colores entremezclados en cada rincón, y sensaciones de ir acercándonos poco a poco hacia un mundo del pasado.


A medida que descendemos por el imaginario mapa etíope, la impresión de estar en otro tiempo es apreciable, y aunque el color de la tez es el mismo, van cambiando las vestimentas, las formas de vida, sus hábitos, sus abalorios, las casas (chozas), y hasta los credos; solo trastoca esta constante las poblaciones de cierto nivel, donde las formas llamadas occidentales van ganado terreno, convirtiéndose en un apéndice más de lo que hemos podido observar en el resto del país que hemos visitado.  

Comienza este efecto nada más dejar la ruta principal, que dirigiéndose a Kenia dejamos a nuestra izquierda. Al poco de transitar ya comprobamos conjuntos de chozas habitadas por los "alaba": cabañas de barro, pintadas de geométricos y vistosos colores, con techado de paja rematados con la media luna. Influenciados por el islam y conversos musulmanes de hoy en día, sus varones; protegidos del ya incesante sol con un elevado y curioso gorro pajizo; poseen (acertada palabra en esta y otras latitudes) varias esposas, algunas de las cuales con los ojos vidriosos, como pude comprobar durante nuestra visita, son signo inequívoco de su irreprimible grado de desventura. 

Antes de llegar a Arba Minch nos desviamos, para ascender por sinuosa pista hasta rondar los 3.000 mts. donde se sitúa la aldea de Chencha. En ella habitan los "dorze", con sus características moradas de más de 12 metros de altura que con forma de elefante, están construidas con las hojas del bambú. Nos trasmiten sus costumbres, su forma de vida y su hospitalidad, ofreciéndonos “kocho" la original injera elaborada a base de "enset" o falsa banana, y una especie de aguardiente al que llaman "arake". Al retorno somos obsequiados con un bello atardecer, con arco iris incluido, sobre las hermosas vistas que desde la altura divisamos de los lagos Abaya y Chamo, así como del Parque Nacional Nechisar, que formando un istmo entre ellos, los integra más que separarlos. 

El amanecer en Arba Ming, capital de la comarca, es sorprendente y fantástico, las vistas desde nuestro lugar de pupilaje son espectaculares. Con una inmensa alfombra que forman las copas de los arboles a nuestros pies, el astro rey comienza a surgir por encima de las lejanas cumbres tiñendo de dorado las calmas aguas de los lagos, en medio de una placidez que asemeja el edén, ese es nuestro despertar de hoy. Recorremos en barca el estuario del Chamo, donde nos acompañan: aves (pelícanos blancos, cigüeñas, ibis, garzas, cormoranes, águilas, el precioso martín pescador malaquita), hipopótamos y algún tempranero pescador tripulando su "ambatch" (embarcación extremadamente ligera, similar a las que se pueden ver representadas en las tumbas de los faraones egipcios). Pero sobre todo sobre salen sus cocodrilos, esos enormes y sutiles reptiles que aquí alcanzan a medir más de siete metros y 730 kg. de peso (de los más grandes del continente africano) y que a nuestro rededor merodean. 

A no mucho de abandonar Arba Minch, sorprende considerablemente nuestra atención unos artesanales cilindros de paja, que suspendidos de las ramas de los árboles resultan ser colmenas. Atravesamos el territorio de los "gamo" a los que observamos durante nuestra ruta en sus agrícolas labores diarias, pero sobre todo pastoreando su gran cabaña vacuna. Paramos en una de sus aldeas, para desde un puente contemplar como discurre su cotidianidad, vemos como acarrean agua a sus espaldas desde el cercano rio, se asean en él o lavan la ropa. El chiquillerío a nuestro alrededor que nuestra visita genera es abrumadora; nos saludan, nos dan las mano, nos atosigan con peticiones de difícil complacencia, pues nos quedaríamos desnudos si satisficiéramos sus ruegos, pero sobre todo somos regalados con unos infinitos gestos de sonrisa, unas sonrisas que nos acompañaran por toda esta parte de África. 

Más adelante entramos en territorio de los "konso", que aunque algo occidentalizados, pues las carreteras ya han llegado hasta ellos, mantienen una estructura social de lo más compleja a la vez equilibrada de entre todas las etnias que por aquí se asientan. Habitan en las laderas de las montañas o en lo alto de colinas, formando poblados protegidos con empalizadas de tres y cuatro metros de altura. Apiñadas entre laberínticas callejuelas de tierra, sus moradas se componen por un conjunto de redondas chozas de madera y piedra con elaborados y peculiares techos, estando resguardas entre sí, con altas vallas hechas de ramas de acacia, a los que se accede tras pasar una apertura a modo de túnel. Un recinto compuesto principalmente por: un granero, un establo y diversas cabañas donde residen el cabeza de familia, el primogénito y la mujer más anciana. Existiendo en la aldea lugares y edificaciones comunes en donde celebrar reuniones y ritos, como por ejemplo la manera de medir la edad, que a diferencia del resto de los mortales, la cuentan por el tamaño de las piedras que pueden llegar a levantar.  

Conforman este grupo étnico unos 300.000 individuos, que diseminados en 48 villas, puede que sean los primeros africanos en practicar un tipo de agricultura característica, toda vez que cultivan hasta el último palmo de terreno, aterrazando las laderas en forma de bancales. No existe entre ellos estructura de estado o autoridades, siendo cada aldea regida por su propio consejo de ancianos. Los konso, conservan una antigua y rica cultura conservada a través de su música, sus danzas, en la elaboración de los coloridos y vistosos tejidos de algodón, que podemos apreciar en las faldas de las mujeres, así como en el culto a sus ancestros, pudiendo observar cuando recorremos entre sus poblados y aledaños, unas totémicas esculturas de madera atestadas de símbolos fálicos, llamadas “waga” con la que honran a sus muertos. Que según su tradición fúnebre, permanecen momificados en una cabaña durante nueve años, nueve meses, nueve días y nueve horas, antes de ser sepultados.  

Visitamos el poblado de "Kamole", para después dirigirnos a Karat-Konso su capital y aldea principal, en ella descansamos, tomamos unas cervezas, y reponemos nuestros sufridos estómagos mientras recomponen los pinchazos de las ruedas, producto lógico de los maltrechos caminos recorridos. En sus alrededores, a 17 km. y pasando por la aldea de Fasha; en la que si es sábado día de mercado veremos el trasiego de sus gentes; nos encontramos ante nuestra vista unas espectaculares formaciones de tierra, un espectáculo geológico poco visitado por los foráneos, un fenómeno natural sorprendente y poco usual, al que llaman "Gesergio". Se trata de unas enormes cárcavas producidas por la erosión, una cadena continua de afiladas crestas y torres de arena, esculpidas por el agua a través de los años, ocupando una garganta habitualmente seca, como si de una miniatura del Cañón del Colorado se tratase. Esta comparativa viene a cuento, pues su "onírico" parecido a una hilera de rascacielos, ha llevado a los lugareños a bautizar este lugar como el “Nueva York” de Etiopía. 

Cuenta la tradición oral de los konso, que en tiempos pasados, un jefe local al despertar se encontró con que le habían robado sus tambores sagrados. Pidiendo el favor de los dioses, estos atendieron sus ruegos horadando con sus manos la tierra en el lugar en donde habían sido escondidos, formándose de esta guisa la curiosa formación. Aun hoy en día, jóvenes ladronzuelos de la zona son llevados hasta aquí para recordarles que a las divinidades no le gustan los rateros, mostrándoles los resultados de lo que les puede acontecer. 

Seguimos nuestra ruta subiendo y bajando montes poblados de acacias durante bastantes kilómetros, pero siempre disfrutando de excelentes panorámicas. Desde la altura divisamos la amplia depresión de Woito, un verdadero desierto en el que se hace notar en tan solo unos minutos una fuerte elevación de las temperaturas, pues en tan solo un par de decenas de kilómetros se descienden casi mil metros. Poco antes de llegar a la pequeña aldea que da nombre a este agujero, atravesamos el río que marca la frontera entre el territorio de los "konso" y los "tsemay". En esta amplia llanura entre montañas, se está cultivando una inmensa plantación de algodón, que como todas las de este tipo que se ejecutan actualmente en el país, está en manos de los que construyen las nuevas infraestructuras de Etiopia……… los chinos. 

Camino de Jinka, nos topamos con un desagradable y trágico accidente de carretera (hecho no inusual en este país), producto de la situación de las calzadas, de estado de los vehículos, de la fatalidad, y de la forma de conducir o de cuanto "chat" hayan masticado los conductores, suceso que provocó sollozos en alguno de nuestros choferes.
 
Entramos ya en la región del rio Omo, una zona salvaje y casi deshabitada, recorrerla se convierte en una experiencia única, pero eso lo dejo para otros párrafos que no tardeando estarán por aquí.

lunes, 3 de noviembre de 2014

- Gran Valle del Rift (Etiopía)

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Como si una enorme cicatriz se tratara, la Gran Falla o Valle del Rift ,divide en dos la antigua Abisinia condicionando su geografía y definiendo su sinuoso relieve. Apreciable desde la Luna, esta colosal hendidura en la superficie terrestre fue estudiada por primera vez en 1893 por el explorador y geólogo escocés John Walter Gregory; y aun hoy en día los científicos, no llegan a refutar plenamente como las fuerzas subterráneas de hace miles de años originaron este fenómeno natural. En un lejano fututo, esta tremenda grieta de más de 7.000 km. partirá de norte a sur todo el occidente africano, pues partiendo desde Mozambique, se extiende por Tanzania, Uganda o Kenia, cruza Etiopia y Djibouti, continuando por el mar Rojo, Sinaí, mar Muerto, hasta llegar la misma Siria por el valle del Jordán. Formándose en millones de años una nueva plataforma continental, una flamante y enorme isla independiente, en el levante de este inmenso territorio de la estirpe negra. Quien llegue a poder contemplar la inmensidad de este valle, quedara atraído por la variada diversidad que en él se acoge.

Además de ser el origen del ser humano; pues es allí donde se han hallado los restos de los homínidos más antiguos del planeta: "Lucy - Denkenesh" (3.5 millones de años) o "Ardi" (4,4 millones de años); aquí que se encuentra uno de los territorios más inhóspitos del Planeta, la depresión de Danakil o Triangulo de Afar, un desierto de 150.000 km2 anexo mar Rojo. Un enorme saladar en el que todavía podemos encontrar volcanes activos, y donde la superficie del suelo se encuentra a más de 120 m. por debajo del nivel del mar, con temperaturas que pueden alcanzar los 54°, llegando a resultar abrasadoras.

Desde los tiempos del "pangea", hace unos 200 millones de años, los continentes que ahora conocemos formaban uno solo, comenzado a expandirse, proceso que aun continua, producido por el movimiento continuo de las diferentes placas tectónicas que forman nuestro maltratado planeta. Su origen está relacionado con procesos de fricción, desgaste y posterior inmersión de la corteza terrestre, en una línea de significativa debilidad geológica, que se generó en la noche de los tiempos, como consecuencia de la separación de las distintas placas de la corteza terrestre existentes entre la península Arábiga y África. Generando una enorme actividad telúrica, como demuestran los numerosos volcanes que por la zona hay, varios de ellos en plena actividad. Algunos de estos ya extintos, son actualmente lagos, que como un rosario se extienden longitudinalmente a lo largo del áfrica oriental, sobresaliendo en la zona etiópica los de: Chamo, Abaya, Hawassa, Shalla, Abidjatta, Langano, Ziway, Koka, Besaka, entre otros de menor tamaño. Teniendo una gran importancia para la economía del país, siendo fundamentales para la alimentación de la población local que vive en sus alrededores. 

Esta inmensa fisura que corta en dos todo el Cuerno de África, en Etiopia no solo parte el país, divide las zonas climáticas, su ancestrales culturas, sus formas de vida y hasta fragmenta el concepto religioso de sus gentes: un noroeste cristiano y un sureste islamizado. La depresión que forma, está custodiada por la gran meseta del macizo etíope, al cual divide en dos partes, destacando al norte los montes Simien y al sureste las montañas Bale, sobresaliendo en ambas cumbres que superan los 4.000 mts.

Nos proponemos franquear, de sur a norte, toda esta fractura de la corteza terrestre en el territorio etíope; desde casi la frontera del vecino país keniano, hasta el golfo de Adén en la árida Djibouti; un recorrido cercano a los 1.800 km. con variedad de climas, escenas y paisajes.

Nos acercamos para ello al sur del país, en las proximidades de Kenia y en tierras de los "borena", para comenzar esta ruta circundando y descendiendo el Cráter del Sod o Chew Bet (casa de la sal), un verdadero agujero negro en medio de este árido paisaje, una visión casi lunar. Este volcán de unos 230 m. de profundidad por debajo de la vasta planicie, acoge en su interior un salífero lago de aguas prácticamente negras, en el que los habitantes de la aldea próxima (Soda) se dedican de extraer la sal con sistemas totalmente primitivos, no utilizando ningún artilugio mecánico, siendo son sus únicos aparejos sus manos y unos cubos. Cargados como mulas, con calzado inapropiado, y bajo un calor asfixiante; así un día tras otro, hombres y mujeres suben y bajan varias veces al día el estrecho, zigzagueante y accidentado camino que por la ladera del cono desciende el precipicio, para extraer la sal, su bien más preciado. 

Por detrás del cráter, no muy alejado, apenas 10 km. por una pista en no muy buen estado, nos acercamos a uno de los llamados "pozos cantarines", del que los "borena" sacan agua a una profundidad de unos 50 mts. para saciar la sed de sus rebaños. La forma de como la que sacan del pozo hasta un abrevadero elevado es todo un espectáculo, ya que desde las profundidades se forma una cadena humana, pasándose cubos de unos a otros, al tiempo que tararean canciones, de ahí su nombre. 

Partimos dirección norte camino de Awassa, siendo una pertinaz niebla nuestra inseparable compañía, transitando una carretera asfaltada (Addis Abeba - Nairobi), prácticamente insufrible, interminable, llena de curvas, y baches, solo amenizada en algunos tramos de mejor visibilidad por un paisaje tropical lleno de intenso verdor. 

Cruzamos la población de Dila (donde hay una buena pastelería, en la que sirven exquisitos zumos y batidos), y donde nos podemos desviar para visitar los interesantes campos de las estelas de Tutu Fella y Tutito. Conjunto funerario de formas fálicas, que con una antigüedad de más de 1000 años, eran usadas para el señalamiento de las tumbas. Llegados a Awassa, entramos en el recorrido de los "lagos cráteres", una sucesión encadenada de extintos volcanes de tamaño considerable, que ahora están laminados por las aguas. 

Awassa, situada en la orilla de uno de ellos, es la tercera ciudad de Etiopia. Moderna, entendiendo por moderno, lo que puede ser este término en este país, es una urbe dinámica y punto de paso de las rutas del sur para la vecina Kenia y del este hacia las montañas Bale. Su principal atractivo es el lago con hermosos atardeceres, y el animado mercado de pescado "Fish Market", que en sus orillas se celebra cada mañana. 

Continuando hacia el norte, se halla Shashemene, en donde existe una comunidad "rastafari", regentada por gentes originarias de Jamaica que llegaron a Etiopía en 1930, en la que su único interés es poder ver algunos coloreados dibujos de su patriarca, el Emperador Haile Selassie y del cantante reggae Bob Marley, además de podernos fumar un porrete, invitación de la casa. 

Cruzamos por entre los lagos Abyata-Shala y Langano. Los primeros han sido declarados Parque Nacional y el Langano con un inconfundible tono achocolatado, aunque para algunos sea de color oro, es lugar de reposo y fines de semana, para las clases acomodadas de la capital etíope, un lugar agradable donde pasar una velada. Más adelante se encuentran el lago Ziway con una importante vida animal, sobre todo avícola, lugar muy interesante para los pajareros y no muy alejado del el lago Koka que se halla a continuación. Paramos en Nazret (Adama) para comer y conseguir "Amarula" una crema de licor sudafricana (17º), que elaborada con azúcar, nata y el fruto del árbol del elefante  o marula, que similar al irlandés Bailey's,  nos sentó fenomenalmente en nuestro anterior recorrido africano por sus tierras australes.

Tras pasar el lago Besaka, llegamos al Parque Nacional de Awash, que recorreremos en la tarde, visitando a la mañana siguiente sus cataratas. El rio Awash lo cruza, siendo en las orillas de su curso inferior donde se han encontrado los restos de nuestros antepasados más antiguos, y que ya sin ningún tipo de duda, eran oscuros…….. siiiiiiiiiiiiiii, los rostros pálidos descendemos originalmente de seres de piel negra, negra como el carbón.  

Tomamos dirección este, para introducirnos en la Etiopia más musulmana, para llegar hasta Harar, la mítica ciudad musulmana y quinta del Islam. La ruta recorre la cordillera de los montes Ahmar, donde durante varios kilómetros sigue el perfil de la misma montaña con vistas a ambos lados, donde se extienden las inmensas llanuras del Danakil al norte y el Ogadén al Sur. A sus márgenes vemos a los orgullosos "afar", vendiendo sacos de carbón vegetal y los primeros camellos. El paisaje es impresionante y grandioso, estamos en las montañas Chercher a más de 2.000 metros de altitud; y aunque la travesía no cunde, por la cantidad de curvas que se suceden una tras otra a través esta espectacular carretera de montaña; todo es verde a nuestro rededor, salpicado con pequeñas aldeas de chozas. Cruzamos poblaciones, donde el colorido de las vestimentas de sus mujeres es sorprendente, comenzando a vislumbrarse lo que será una constante en esta zona del este etiópico. Entre aisladas plantaciones de maíz, observamos cantidad de cultivos de “chat", esa planta estimulante que se mastica por sus efectos alucinógenos, y uno de nuestros primeros contactos con el mundo de esta droga autorizada que no nos abandonará hasta el final nuestro periplo en Djibouti. 

Llegamos en hora tardía a nuestro destino en Harar, solo con tiempo para poder acercarnos a observar una de las singularidades de esta ciudad, la de dar de comer a las hienas, cosa que acontece absolutamente todos los días del año, en un oscuro lugar entre las puertas de Sanga y Erer a las afueras del recinto amurallado. Hay varias creencias sobre el origen de esta insólita práctica, convertida ya casi en rito. Una de ellas se remonta a finales del siglo XIX, cuando después de la celebración del año nuevo musulmán, se dejaban los restos sobrantes de las comidas para que fueran aprovechados por los leones y hienas que rondaban por las afueras de la ciudad.  La otra se refiere a la hambruna que asoló esta zona del país también en el siglo XIX y que según la cual, las hienas eran alimentadas hasta saciar en tiempos de bonanza, para que en tiempos de escasez no atacaran a personas o animales. Aunque se ha dado el caso, que en alguna ocasión las hienas se han engullido a algún beodo que privado por la ingesta alcohólica, ha quedado inconsciente en la calle.
 
Había oído y leído tanto sobre este hecho que me lo imaginaba medio turisteado, y nada mas lejos de la realidad. Alumbrado únicamente por las luces de los coches que hasta aquí se acercan a verlo, un señor con un saco repleto de despojos, llama a estos carroñeros y repulsivos animales, que a través de sus guturales sonidos acuden a la llamada de su valedor, quien uno a uno van comiendo todo lo que se les da. Los "faranji" (turistas) que nos acercamos hasta allí, observamos con perplejidad el espectáculo desde una prudencial distancia y cuando la cosa ya esta medio calma y los repulsivos animales están medio saciados, el maestro de ceremonias nos invita también a participar del espectáculo dándoles también su sustento nocturno. 

Situada en un estratégico enclave en lo alto de la montaña de Ahmar, Harar; conocida también por Harrar, Harer, Adari, o Adaray; es una antigua ciudad musulmana que de verdad impresiona. Declarado su casco histórico Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el 2006, uno se siente en él como un viajero del pasado, como si el tiempo se hubiera detenido siglos atrás. Fundada en el siglo VII, la llamada “Gey” (ciudad) por sus habitantes, no adquirió notoriedad hasta 1520 cuando el emir Abu Beber Mohamed ubicó en ella su capital, convirtiéndose en un centro comercial, religioso y cultural, por donde transitaban todas las mercancías procedentes de Etiopía, India y Oriente Medio, sobre todo marfil, oro, tabaco, azafrán, café, y hasta esclavos. Pero ocho años más tarde en 1528, el líder musulmán Ahmed ibn Ibrahim alias “Gragn” (el zurdo) comenzó una atroz guerra santa contra el emperador cristiano Lebna Denguel, asolando todo cuanto encontró a su paso, hasta que en 1541 con el auxilio de los portugueses consiguió vencer y dar muerte al sarraceno en la batalla de Wayna Daga. Que aun así, consiguió conservar la creencia del Islam en el interior de sus murallas a pesar de estar rodeados de poblaciones cristianas, permaneciendo como foco de rebeldía hasta 1887 en que definitivamente fue sometida por Menelik II, manteniéndose desde entonces la unidad del estado. 
De toda esta época guerrera siguen presentes sus cerca de 3,5 km. de muralla, cercando una superficie de más de un km2. convertida en el infranqueable símbolo de la ciudad. Su acceso estuvo vedado durante muchos siglos a los infieles (los no musulmanes), siendo el explorador y traductor británico Richard Francis Burton, quien simulando ser un mercader turco, en 1885 fue el primer europeo que logró penetrar en la ciudad, permaneciendo en ella durante diez días. Después llegó el poeta y filibustero francés Arthur Rimbaud, quien estuvo viviendo durante diez años en ella, dedicado al lucrativo y nada honorable negocio del tráfico de armas y esclavos. 

Afamada como la localidad de las 99 mezquitas y los 300 morabitos, su verdadero carácter no se encuentra en sus templos, sino en sus estrechas y laberínticas callejuelas, en sus habitantes, en las decenas de desamparadas viudas, tullidos, enfermos y lisiados que esperan la limosna de los fieles en los rededores de las mezquitas, en sus casas enlucidas de colores, en sus callejeras escuelas coránicas donde los niños recitan una y otra vez las enseñanzas del Corán; señas de identidad de una urbe que prosperó como lugar de confluencia entre los mercados de mas allá del Mar Rojo y los del interior de África Oriental.   

Los "harari", su población autóctona que viven dentro de la muralla, llamándose a sí mismos “gey usu” (pueblo de la ciudad), mantienen todavía su propia identidad, distinguiéndose del resto del país en su lengua, en el atuendo de sus mujeres, y hasta en la forma de entender la vida. De mayoría musulmana (75%), en ella se puede evidenciar la viabilidad de la mezcla de culturas y religiones, ya que la convivencia pacífica entre creyentes cristiano-ortodoxos, islámicos y animistas, es palpable. Conviviendo sus mezquitas perfectamente con los templos cristianos, todo un modelo a seguir de respeto y tolerancia. 

Se accede a la histórica cuidad a través de alguna de las originarias cinco puertas (mas tarde se añadieron dos mas), que representando los pilares del Islam, acogen en su interior la mayor concentración de mezquitas en todo el mundo, que perfectamente integrados entre las intrincadas y estrechas callejuelas empedradas de su casco antiguo, con las características y pétreas viviendas de dos pisos que  prodigiosamente aún conservan de forma mayoritaria su estilo desde hace siglos, con sus coloridas fachadas encalas de blanco o en tenues colores, sus patios, sus ventanas y puertas biseladas en filigranas de madera, y sus barandas de madera que apenas soportan ya el paso del tiempo, mostrándonos un conjunto de todo lo que representa la arquitectura árabe. Un juego de luces, sombras y volúmenes, escenario de la intensa vida de sus moradores. 

Acompaña nuestra visita Abdul, quien lo fuera también de Javier Reverte, ese gran conocedor del áfrica y que tan magistralmente la retrata en sus libros. Aunque las guías nos suelen aconsejar comenzar la visita por la plaza de Feres Magala, centro neurálgico de la ciudad desde el que se irradia toda su organización urbana, se debe improvisar, paseando sin rumbo fijo por sus callejuelas observando y fisgoneando entre los patios de sus tradicionales viviendas. Harar se siente orgullosa de mostrar a los viajeros que hasta ella se acercan, sus principales monumentos: El Palacio de Hile Selassie, El palacio del gobernador o Ras Makonnen, y la controvertida casa de Rimbaud o residencia Rambo, pues se desconoce dónde habitó el poeta galo, pero que el Ministerio de Cultura Francés ha recuperado y trasformado en museo.  

Lo más atrayente y sugestivo de esta ciudad es la gran actividad comercial que se realiza en sus calles y mercados, ya sea en el cristiano, el musulmán, el de camellos o el de reciclados. En donde vemos como se agrupan por gremios; por un lado los herreros, por otro los sastres, los carniceros, etc. y donde las mujeres ya sean "oromos", "somalíes" o "ahmaras" exponen sus productos. Pero sobre todo destaca en ella su color: los vistosos tintes en las vestimentas de sus mujeres, las distintas gamas pastel de sus casas y esa luz limpia que todo lo llena y hace que sus matices sean más intensos. Al recorrerla nuestros ojos se llenan de esos vivos tonos acercándonos a un irreal mundo que solo se encuentra plasmado en las obras de delicados pintores, un colorido que nos envuelve en cada uno de sus recónditos rincones y que es la esencia de toda la ciudad. 

Ya solo nos queda acercarnos Dire Dawa, de la que dista tan solo 54 km. La ruta discurre a través de un asombroso panorama sobre la escarpadura del Gran Valle del Rift. El paisaje, que hasta ahora era verde, con tierras donde se cultivan algunos de los mejores granos de café de Etiopia, se va tornando árido y yermo a medida que nos aproximamos a la segunda ciudad de etiopia, preludio de lo que nos deparara nuestra ruta camino del final del periplo a orillas del mar Rojo. Paramos en Aweday, para provisionarnos del imprescindible "chat" que luego nos ayudaría para comprar las voluntades de los funcionarios en ambos lados de la frontera con Djibouti.
Al "Chat", cuyo nombre común es “catha edulis”, se le conoce por multitud de calificativos: khat, quitapenas, o incluso “flor del paraíso”, pues la masticación de las hojas de esta arbustiva planta, que segrega un agrio brebaje, consigue que sus asiduos consumidores se transformen en casi deidades, ya que su ingestión provoca, como toda droga, una inicial euforia, para después sumir al sujeto en la mayor de las miserias. Bienestar, ímpetu, inapetencia, vigor, agudeza, inspiración y otras muchas más, son los efectos del consumo de este estimulante, pero una vez que su efímera sensación ha pasado, vienen las consecuencias negativas y sus secuelas, ya que su consumo continuado crea una poderosa adicción (superior a la de masticar hojas de coca), originando en el organismo humano resultados devastadores: daños mentales, alteraciones cardiovasculares y gastrointestinales, úlceras, insomnio, anorexia y para rematar hasta impotencia sexual. Consiguiendo su uso, arruinar prácticamente a una generación; tal y como ocurrió en nuestro país con la "heroína" durante la década de los 70 y 80 del siglo ya pasado; topándonos por las calles a gran cantidad de gente tirada por la ingestión de este alucinógeno. 

Etiopía, es uno de los principales productores mundiales de "chat", convirtiéndose su obtención en el principal competidor del café, ya que mientras este ha visto reducidas sus exportaciones a la mitad, las de chat se han duplicado. Siendo así mismo su cultivo menos laborioso y exigente, consiguiendo los campesinos con su comercialización, mayores y más rápidos beneficios que a través del café. 

El principal mercado de chat se encuentra de Dire Dawa, de donde cada día salen entre cinco y siete toneladas de esta droga que se distribuye por todo el país, e incluso se exporta a Yemen y Somalia por vía aérea. Pasear por los mercados en donde se consume esta droga, es una actividad que entraña cierto riesgo, aun acompañado de un local, sobre todo si eres tienes la tez clara y encimas vas armado cámara fotográfica.  

Dire Dawa es una reciente y moderna urbe, fundada en 1902 como importante parada intermedia del mítico tren Addis Abeba- Djibouti, habiéndose generado por ello un rápido y pujante desarrollo, convirtiéndola en un potente centro de distribución comercial del país. Dividida por el cauce de su seco rio, que delimitando la parte antigua o Megala y la nueva Kezira, podemos encontrar en ella el palacio de Haile Selassie, o el tradicional y multiétnico mercado de Kefira, que situado en su viejo barrio musulmán, provee a todos los pueblos de la región; siendo el centro más importante de toda Etiopia para el mercadeo “tolerado” del contrabando procedente del vecino Djibouti. Pero quizás lo más interesante de esta ciudad sea su estación ferroviaria, en la cual disfrutamos de unas de las fiestas más importantes que se celebran en todo el país.  

Durante el mes de Meskerem (primer mes del año etíope, del 11 septiembre al 10 de octubre, pues aquí se sigue utilizando el calendario "Juliano"), tiempo en que termina la época de lluvias y los campos se tornan de un verde astur, gran parte del país se tiñe de unas flores amarillas (Bidens Macroptera) que son llamadas "Meskel" por los locales; muy parecidas a nuestras margaritas amarillas. Celebrándose cada 27 de septiembre (dieciséis días después del año) la gran fiesta del Meskel o Fiesta de la Cruz, en conmemoración del hallazgo en el año 326 de la verdadera cruz de Cristo por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, el que como en otros artículos de este blog he reflejado (Noia y Compostela), remodelo el credo cristiano, creando lo más parecido a CRISTO. S.A. Parece ser, que estando en Jerusalén buscando reliquias de Jesús de Nazaret, la santa bizantina prendió una hoguera, rogando a Dios que le mostrara el camino para encontrar la cruz verdadera; señalándole el humo la dirección correcta donde hallarla.  

Es por ello, que al atardecer de la víspera de ese día, en cada población etíope se enciende una "demera" (conjunto de estacas de madera, apiladas y rematadas por una cruz).Durante esta fiesta cristiano-ortodoxa se entonan cánticos y plegarias, así como bailes en la que participan cientos de asistentes, situados alrededor de la enorme pira. Es una fiesta tan significativa, que gran cantidad de individuos, ya sean hombres, mujeres, niños, acuden con sus atadillos de ramas a depositarlas en el gran montón. Formándose un gran corro a su alrededor, en el que en su interior se sitúan; por un lado los clérigos que presiden la ceremonia perfectamente ataviados para la ocasión, portando sus curiosas y originales cruces; y por otro los llamados “dabtara”, grupos de diáconos y monjas que acompañados con el ritmo de grandes tambores, ejecutan cánticos en honor de San Yared, acompasados con lentos movimientos y ondulantes. 

Durante el transcurso de esta original y sorprendente ceremonia, podremos movernos libremente dentro del círculo humano, siendo invitado por los lugareños a participar activamente hasta el punto de salir en las pantallas televisivas, que al efecto estaban instaladas, para que la muchedumbre congregada pudiera visionar con cierta inmediatez la gran fiesta en todo su conjunto. En el ocaso del día, cuando la autoridad religiosa prende la demera, la gente, entre toques de tambor, canticos y alabanzas, comienza a dar vueltas alrededor de la misma como enloquecidos por momentos. A medida que la hoguera se consume, llega el momento en que la cruz que la remata cae al suelo, pendiendo de como lo haga, se auguran los acontecimientos que acaecerán durante el año recién comenzado. 
 

Con la gran fiesta del Meskel, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco a finales del año pasado, nos despedimos de Etiopia. Un pueblo de contrastes y etnias, de ancestrales cultos, colorido y vital, sorprendente y diferente al resto de áfrica, fiel a sus tradiciones, orgulloso de su historia y expectante ante su futuro………. un curioso país que se debe visitar.