miércoles, 11 de marzo de 2026

- Cisco en las Cuevas de Soria

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Una vez más los amigables, animosos y dispuestos vecinos de las Cuevas de Soria se han congregado en las proximidades de Izana, en un pequeño encinar a orillas del viejo camino que unía esta aldea con la de Camparañón y a mitad de trecho entre la Fuente Cailla y el Cerro de Castilrreño (con su castro celtíbero), para celebrar de nuevo la “fiesta del cisco”. Oficio carbonero que ocupó a gran parte de su población durante los aciagos y crudos días de invierno soriano, que para bien redundaría como complemento a sus exiguos pecunios conseguidos con esa agricultura de subsistencia que durante aquellas épocas era generalizada en estos austeros paramos sorianos. Actividad que se desarrolló hasta bien avanzado la medianía del siglo pasado. 

Cisco o picón es una variedad de carbón vegetal producido en menudillo, el cual se usaba surtir los braseros con los que se calentaba la gente durante gran parte del siglo. Escogiendo para ello las ramas más finas en la poda de encinas (justo las que no sirven de leña para calentar chimeneas o fogones), sobre las que se realiza un proceso de quema, en cierto modo engorroso y algo expuesto, debiendo elegir para ello un situado al abrigo de los vientos y un día propicio para que “Eolo” no fastidie la tarea.



Su elaboración se produce a través de un procedimiento de combustión incompleta, al carbonizar intensamente cualquier tipo de madera (en el caso de las Cuevas “encina / carrasca”), por medio de un sistema de seudo-incineración al aire libre (sin horno), realizando mediante la elaboración de un pilar o montones de ramajes finos en forma de “cono”, al que se le introduce un elemento combustible, en este caso paja, llegando a alcanzar a máxima actividad temperaturas de entre 400 y 700 grados.



Todo esto se realiza en ausencia de aire, tratando que la pila de leña absorba la mínima cantidad de oxígeno evitando así la combustión directa y absorbiendo toda la humedad de la madera, dando como resultado final, un elemento tizoneado, sólido, poroso, frágil y poco pesado, con un elevado contenido en carbono, muy cercano al 98%.

 Mi abuelo fue uno de esos personajes que se dedicó a transportar con su carro el carbón vegetal desde las Cuevas de Soria hasta la estación del ferrocarril de Quintana Redonda para ser trasladado a los lugares donde se le daría uso, en algunos casos Madrid. Pudiendo llegar a ser el mismo cisco que abastecería el brasero de la casa de mis padres en el castizo Madrid, y del que aún me vienen a la mente los sabañones que ese explícito calor me producción en mis jóvenes pies (tendría por aquel entonces entre cuatro y seis años) en aquella mesa camilla con faldones, que era el único elemento calorífico de toda la vivienda.
 
A los cuevanos; gentilicio con el que se conoce a los habitantes de las Cuevas de Soria; nunca les faltó materia prima para realizar estas actividades a lo largo del tiempo, pues cuentan entre su territorio con uno de los más densos encinares de la provincia de Soria, el que se ubica en la alomada y enigmática Sierra Inodejo. Que observamos cubriendo el horizonte desde buena parte de la geografía del poniente soriano, pues no en vano su extensión logra alcanzar unas 3000 Ha. prácticamente pobladas de espeso e intrincado encinar. De las tupidas laderas cubiertas de carrasca casi la mitad se sitúan en la población de las Cuevas con una extensión de cerca las 1.200 Ha. Donde aún podremos encontrar, si nos adentramos en su espesura, restos de las carboneras que se realizaron en el pasado.

Os invito a que repasando estas páginas curioseéis las fotos de esa celebración que los vecinos de Cuevas de Soria rememoran cada segundo domingo de marzo, si los “elementos” atmosféricos son propicios…….. teniendo la certeza de que además seréis bienvenidos y agasajados con unas migas sorianas de pastor.